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martes, 4 de diciembre de 2018

EL TÓPICO DEL BEATUS ILLE EN LA LITERATURA ESPAÑOLA


EL TÓPICO DEL BEATUS ILLE1 EN LA LITERATURA ESPAÑOLA



                                                            Quinto Horacio Flaco
 
 
El Beatus ille, la composición más famosa de Horacio, es un elogio de la vida campestre, apartada de las molestias e inconvenientes de la ciudad.

El poeta expone una larga lista de ocupaciones que hacen deseable la vida en el campo, en contacto con la naturaleza que ofrece sus dones: sombra para el descanso, el canto de los pájaros, el susurro de los manantiales, la diversión de la caza y la curación de la angustia del espíritu.

Por otra parte, si a todo eso añadimos la compañía de una buena esposa a la vieja usanza: casta, trabajadora y buena cocinera; pues poco más se puede pedir.

Esta exposición, sin duda sincera del poeta, está encerrada dentro del marco de la ironía crítica, propia del género epódico al que pertenece el poema; pues por los cuatro versos finales (Haec ubi locutus faenerator Alfius) nos enteramos que todo este elogio de la vida campestre está puesto en boca del prestamista Alfio, quien, a pesar de sus alabanzas de una vida distinta, prefiere seguir con la rutina de siempre prestando su dinero a interés en la ciudad.

Desde luego la alabanza del labrador que vive en el campo cultivando las tierras que heredó de sus padres (paterna rura) está en la misma línea del O fortunatos nimium sua si bona novint/ agricolas, quibus ipsa, procul discordibus armis/ fundit humo facilem vietum justisima tellus.2 de las Geógicas II de Virgilio, que seguro que Horacio, al escribir el épodo (beatus=fortunatos), lo tuvo presente.

 
 
 
                                                          El Marqués de Santillana
 
El tópico tiene su eco en la alabanza de los oficios serviles que se hace en La comedieta de Ponça del Marqués de Santillana a finales de la Edad Media:

Benditos aquellos que con la açada

sustentan sus vidas y biven contentos,

y de quando en quando conocen morada,

y sufren pacientes las lluvias y vientos3

 
 
                                                            Garcilaso de la Vega
 
 
Y ya en la plenitud renacentista la canción del pastor Salicio en la II Égloga de Garcilaso de la Vega abunda en el tópico de la vida retirada:

SAL: ¡Cuán bienaventurado

aquel puede llamarse

que con la dulce soledad s’ abraza,

y vive descuidado

y lejos d’ empacharse

en lo que al alma impide y embaraza!

No ve la llena plaza

ni la soberbia puerta

de los grandes señores,

ni los aduladores

a quien la hambre del favor despierta

no le será forzoso

rogar, fingir, temer y estar quejoso.4



Dentro de la prosa didáctica y la literatura moral renacentistas la obra de Fray Antonio de Guevara, Menosprecio de corte y alabanza de aldea es un tratado de moral encaminado a destacar las ventajas de la vida retirada sobre la exposición en la ciudad. El libro ha sido considerado como una típica manifestación de las corrientes renacentistas que preconizaban el retorno a la naturaleza y ponían en valor la vida campestre.

Su elogio de la vida campesina no se basa en los criterios horacianos, sino en razones prácticas: comodidad, la calidad de la comida, el placer del vino. Y junto con ese elogio de la vida campestre, se desarrolla el menosprecio de la vida cortesana, fuente de todos los vicios. Fray Antonio de Guevara dirigía sus consejos a los modestos hidalgos urbanos, que habían emigrado del campo a la ciudad, cuyo éxodo intentaba detener o incluso hacer que volvieran a gozar las excelencias de la vida campesina.

El autor llevó siempre una vida cortesana por lo que hace pensar que su menosprecio de corte sea insincero y de esta forma conectara, además, con la ironía de Alfio del Beatus ille horaciano.

 
 
 
 
                                                       Fray Luis de León
 
 
Fray Luis de León, además de traducir el Beatus ille, lo adaptó y lo recreó- haciendo caso omiso de los cuatro versos finales de Alfio-, en su “Canción a la vida retirada”:

¡Qué descansada vida

la del que huye del mundanal ruido

y sigue la escondida

senda por donde han ido

los poco sabios que en el mundo han sido5



Claro que la vida retirada en el campo que canta Fray Luis no implica ser agricultor, sino evitar el tráfago de la vida universitaria salmantina, y si acaso cultivar un pequeño huerto para el consumo propio, así:

Del monte en la ladera

por mi mano plantado tengo un huerto

que con la primavera

de bella flor cubierto

ya muestra en esperanza el fruto cierto. vv. 41-45.



                                                                  Lope de Vega
 
 
Lope de Vega en Pastores de Belén roza el tópico, así:

Dichoso aquel que en un comprado

la vida solitaria apura

y entre las mieses y verdura

sin que tenga jamás parado.

Y más adelante:

¡Cuán bienaventurado

aquel puede llamarse justamente, sin tener cuidado

de la malicia de la gente

a la virtud contraria,

la suya pasa en vida solitaria!6

Asimismo el urbano Lope de Vega en El villano en su rincón, en una canción de la comedia trata el tópico, coincidente, por otra parte, con la segunda Égloga de Garcilaso citada:

MÚSICOS:

¡Cuán bienaventurado

aquel puede llamarse justamente,

sin tener cuidado

de la malicia y lengua de la gente,

a la virtud contraria

la suya pasa en vida solitaria!

Caliéntase el enero

alrededor de sus hijuelos todos,

a un roble ardiendo entero,

y allí contando diversos modos

de la extranjera guerra,

duerme seguro y goza de su tierra.7



Juan Labrador ( El villano…) o figuras semejantes como los protagonistas de Peribáñez, El alcalde de Zalamea o Fuente Ovejuna son campesinos ricos, que defienden con vehemencia su honor y su estatus, y que, en cierto modo, reflejan una realidad social. Este elogio del villano está en consonancia con el desarrollo económico de la España de entonces.

Lope de Vega, cantando las excelencias de la vida campesina, contribuyó a crear una buena imagen del labrador rico, por ser uno de los pilares más firmes del sistema político a través de los impuestos.

 
 
 
                                                          Luis de Góngora
 
 
Luis de Góngora parte de un refrán popular (Ande yo caliente y ríase la gente) y elabora un poema homenaje (letrilla burlesca) a la vida tranquila, alejada de las intrigas de la corte:

Traten otros del gobierno

del mundo y sus monarquías

mientras gobiernan mis días

mantequillas y pan tierno;

y las mañanas de invierno

naranjada y agua ardiente,

y ríase la gente.



Como en dorada vajilla

el Príncipe mil cuidados,

como píldoras dorados;

que yo en mi pobre mesilla

quiero más que una morcilla

que en el asador reviente,

y ríase la gente.8

En esta segunda estrofa notamos un eco, acaso voluntario, de la “Vida retirada” de Fray Luis de León:

A mi una pobrecilla

mesa, de amable paz bien abastada,

me baste; y la vajilla

de fino oro labrada

sea de quien la mar no teme airada. (vv. 71-75)

La dorada vajilla y la pobre mesilla revelan la influencia de Fray Luis de León, pero las píldoras, el asador y la morcilla son gongorinos. Sin duda Góngora leería las poesías del agustino durante los cuatro años de estudiante en Salamanca y Fray Luis catedrático.


A continuación ofrecemos el texto latino del Beatus ille horaciano:


>>Beatus ille qui procul negotiis,

tu prisca gens mortalium,

paterna rura bobus exercet suis,

solutus omni faenore,

neque excitatur classico miles truci,

neque horret iratum mare,

forumque vitat et superba civium

potentiorum limina.

Ergo aut adula vitium propagine

altas maritat populos,

aut in reducta valle mugientium

prospectat errantes greges

inutilisque falce ramos amputans

feliciores inserit,

aut presa puris mella condit amphoris,

aut tondet infirmas oves;

vel cum decorum mitibus pomis caput

Autumnus agris extulit,

tu gaudet insitiva decerpens pira

certantem et uvam purpurae,

que muneretur te, Priaqpe, et te pater,

Silvane, tutor finium.

Libet jacere modosun antigua ilice,

modo in teneci gramine;

labuntur altis interim ripis aquae,

querentur in silvis aves

frondesque lymphis obstrepunt manatibus,

somnos quod invitet leves,

at cum tonantis annus hibernus Jovis

imbres nivesque comparat,

aut trudit acres hinc et hinc multa cane

apros in obstantes plagas,

aut amite levi rara tendit retia,

turdis edacibus dolos,

pavidumque leporem et advenan laqueo gruem

jucunda captat praemia.

Quie no malarum, quas amor curat habet,

haec inter obliviscitur?

Quodsi pudica mulier in partem juvet

domum atque dulces liberos,

Sabina qualis aut perusta solibus

pernicis uxor Apuli,

sacrum vetustis exstruat lignis focum

lassi sub adventum viri

claudensque textis cratibus laetum pecus

distenta siccet ubera,

et horna dulci vina promens dolio

dapes inemptas apparet;

non me Lucrina juverint conchylia

magisve rhombus aut escari,

siquos Eois intomata fluctibus

hiems ad hoc vertat mare;

Non Afra avis descendadt in ventrum meum,

non attagen Jonicus

jucundior quam lecta de pingissimis

oliva ramis arborum

aut herba lapathi prata amantis et gravi

malvae salubres corpori,

vel agna festis caesa Terminalibus

vel haedus ereptus lupo.

Has inter epulas tu juvat pastas oves

videre properantes domum,

videre fessos vomerem inversum boves

collo trahentes languido

positosque vernas, ditis examen domus,

circum renidentes lares<<.

Haec ubi locutus faenerato Alfius,

jam jam futurus rusticus,

omnem redegit Idibus pecuniam,

quaerit Kalendis ponere.9

Traducción literal.

Feliz aquel que lejos de los negocios, como los antiguos, labra la hacienda heredada con bueyes propios, libre de toda usura (sin hipotecas); ni como soldado es despertado por el duro clarín, ni teme al mar embravecido, ni tiene que ir al foro, ni al altanero umbral de los señores poderosos.

Así pues, o enlaza a los empinados chopos los viejos pámpanos de la vides o contempla en el estrecho valle la errante vacada mugidora y podando con la hoz los ramos inútiles injerta otros más fecundos, o guarda la miel exprimida en ánforas limpias o esquila a las dóciles ovejas.

O bien cuando el otoño en los campos alza la cabeza adornada con las sabrosas manzanas; ¡cómo se alegra vendimiando los perales que él injertó y las uvas que compiten con la púrpura, con las cuales te obsequiarán a ti Príapo, o a ti padre Silvano, custodio de los campos!

Le agrada tumbarse bajo una vieja encina o bien sobre la grama viciosa; mientras tanto se deslizan las aguas de las elevadas riberas; gorjean las aves en los bosques y hacen ruido las hojas con las aguas que manan, lo cual invita a suaves sueños.

Pero cuando el invierno trae lluvias y nieves; o acomete por doquier con muchas perras a los crueles jabalíes hacia las redes fijas o tiende redes ralas con pértiga sutil, engaño para lo voraces tordos y caza con un lazo a la tímida liebre y a la inquieta grulla, alegre caza.

¿Quién entre estas cosas no se olvida de los cuidados enojosos que trae el amor?

Pues si, además, una mujer púdica atiende por una parte la casa y los dulces hijos como la mujer Sabina o la esposa del Apulo activo, tostada por mil soles, que cuando llega el varón cansado, enciende el sagrado fuego con leña vieja (seca) y encerrando el alegre rebaño en el aprisco hecho de mimbre entrelazada, ordeña las ubres repletas y sacando vino nuevo de la dulce cuba prepara manjares caseros (no comprados); no me agradarán más las ostras del lago Lucrino ni el rodaballo o los escaros, si una tormenta de invierno tronando en las olas orientales trae algunos hacia este mar; no comeré gallina africana ni francolín jónico con más gusto que la aceituna recogida de las ramas repletas o que la planta de la acedera, que crece en los prados, o las malvas salutíferas para el cuerpo enfermo, o que una cordera sacrificada en las fiestas Terminales o que un cabrito arrebatado al lobo.

Entre estos manjares , cómo agrada ver que las ovejas apacentadas vuelven presurosas a casa, ver los bueyes cansados, que traen sobre su lánguido cuello el arado vuelto del revés, y los hijos de los esclavos, enjambre de casa rica puestos alrededor de los resplandecientes lares.

Habiendo hablado esto el usurero (prestamista) Alfio, ya pronto futuro campesino, recogió todo su dinero en los Idus y ya intenta ponerlo a interés en las Kalendas.



BIBLIOGRAFÍA

Fray Luis de León, Poesías, edición y notas del padre Ángel Custodio Vega, editorial Planeta, Barcelona, 1977.

Garcilaso de la Vega, Poesías castellanas completas, edición de elías L. Rivers, Clásicos Castalia, Madrid, 1972 (2ª edición)

Góngora Luis de , Letrillas, edición de robert James, Clásicos Castalia, Madrid, 1981.

Horati, Carmina Selecta, edición preparada por V. Zuloaga C.M.F:, Lauria,5, Barcelona, 1948.

Lope de Vega, El villano en su rincón, edición de Juan M.ª Marín, Cátedra, Letras Hispánicas, Madrid, 1999 (3ª edición).

- Pastores de Belén, edición de Antonio Carreño, cátedra, Letras Universales, Madrid, 2010.

Marqués de Santillana, Poesías Completas I, Serranillas, cantares y decires. Sonetos fechos al itálico modo, edición de Manuel Durán, Clásicos Castalia, Madrid, 1975

Virgilio, Las bucólicas y las geórgicas, La Crítica Literaria, Madrid, 2011.





Madrid, 23 de noviembre de 2018



Anastasio Serrano







1.- Pertenece a los Épodos, llamado así porque al verso largo, sigue uno corto; la estrofa es yámbica: se compone de un senario y cuaternario yámbicos

2.- Virgilio, Las bucólicas y las geórgicas, La crítica Literaria, Madrid, 2011: ¡Cuán felices son los labriegos si conocen todos sus bienes. Lo son, en efecto, lejos de la discordia y de las armas, cultivando la tierra, que siempre prodiga en justicia una subsistencia fácil!

3Marqués de Santillana, Poesías Completas I, Serranillas, Cantares y decires. Sonetos fechos al itálico modo, edición de Manuel Durán, Clásicos Casstalia, Madrid, 1975, p. 248

4Garcilaso de la Vega, Poesías castellanas completas, edición de Elías L. Rivers, Clásicos Castalia, Madrid, 1972, (2ª edición), p. 136, vv. 38-50

5Fray Luis de León, Poesías, edición y notas de Ángel Custodio Vega, editorial Planeta, Barcelona, 1977, p. 9, vv. 1-

6Lope de Vega, Pastores de Belén, edición de Antonio Carreño, Cátedra, Letras Universales, Madrid, 2010, pp. 131 y 166.


7Lope de Vega, El villano en su rincón, edición de Juan María Marín, Cátedra, Letras Hispánicas, Madrid, 1999 (3ª edición), p. 159

8Góngora Luis de, Letrillas, edición de Robert James, Clásicos Castalia, Madrid, 1981, pp. 115-116

9Horati, Carmina Selecta, edición de Zuloaga, C.M.F., Textos “Palesttra”, Laura, 5, Barcelona, 1948, pp. 81-85

lunes, 13 de noviembre de 2017

LOS BURLADEROS DE LA REPRESIÓN SEXUAL


 







                                                          Orfeo y las bacantes







 
 
 
En los años 50 y 60 del siglo XX las mujeres llegaban vírgenes al matrimonio, pero muy sobadas, bien magreadas diríamos.

El ‘hambre’ sexual estaba presente en la vida cotidiana, a pesar de la represión. En las aglomeraciones de gente y en los grandes almacenes había magreadores habituales que contaban, a veces, con el beneplácito de algunas mujeres necesitadas de contactos.

En los tranvías y en el metro nació la figura del ‘rabero’, que se adosaba al trasero generoso de alguna hembra y allí hacía las delicias de Onán; aunque algunas veces se encontraba con el aguijón (alfiler) presto de la mujer recatada o sin ganas de broma.

Por otra parte para satisfacer esa hambre de sexo había casas de tolerancia en el centro de las ciudades y en los denominados barrios chinos con casas de citas, bares de prostitución y de alterne y los cabarets; la afluencia a estos lugares era periódica y regular y se intensificaba los fines de semana.







Fuera del ámbito del barrio chino las pajilleras desarrollaban su labor en los descampados, haciendo la faena de pie y dejándose tocar por el interfecto.

En los cines, en las filas de atrás, también actuaba alguna lumi, ya en el ocaso, aliviando con mano presta el aquelarre hormonal de los jóvenes. Más adelante (años 60 y 70) este alivio lo practicaban los homosexuales, ya no a paja que te crió, sino haciendo felaciones, rodilla en tierra, a los novios que venían calentados por sus novias y futuras madres de sus hijos.

Aparentemente la moral estaba tan respetada, que hasta los serenos velaban por la honorabilidad de las parejas de novios, que se besaban, a hurtadillas, en lugares oscuros, en los portales y en los parques. El chuzo era más o menos rígido según la moralidad del sereno.

Se decía que algunas señoritas ponían su cuerpo a disposición del joven que les gustaba, con tal de que el virgo quedara intacto, tal era la obsesión del españolita/a por el himen. Se daba el caso que algunas señoritas llegaban a ofrecer el amor del revés con tal de no mancillar su honra, digo virgo.

El recato de la mujer era tan intenso que los recién casados, en la noche de bodas, la mujer no se desnudaba en presencia del marido y le recibía en la cama debajo de la sábanas desnuda y con un clavel en el monte de Venus.

Este era el sumo aprecio de la virginidad en la mujer y en el hombre. Lo de los magreos y otras prácticas no importaban, con tal de ofrecer la rosa intacta al celtíbero de turno.

















 

jueves, 30 de junio de 2016

VISITA INESPERADA


           



En pleno solsticio de verano y leyendo la autobiografía de RAMÓN Gómez de la Serna, que él titula, como es sabido, Automoribundia, oigo que tocan con los nudillos en una de las puertas de mi domicilio en Madrid. Me tomo las debidas precauciones; observo por la mirilla e inicio un breve diálogo a través de la puerta y antes de abrir, le pregunto, si es un hombre de bien, a lo que responde afirmativamente.

Le abro la puerta, se presenta, me dice su nombre: Enrique Merino, que vivió con sus padres en mi domicilio actual en los años 40 y que después fueron a vivir a Menorca por el destino de su padre y el piso lo ocupó su tía, Manuela Cano MERINO, a quien yo se lo compré hace ya 25 años.

Le muestro la casa, muy cambiada en cuanto a su morfología y él iba recordando el lugar e incluso el daño de alguno de los muebles de entonces.

Entre tanto iniciamos un diálogo fluido y le pregunto por su profesión, lugar donde vive, así como yo le digo la mía; me manifestó que era profesor emérito de Geología de la universidad de Bloomington (Indiana), que había estudiado Ingeniería de Minas en Madrid y el doctorado en Geología en EE. UU. Yo le manifesté que tenía alguna referencia de la universidad de Bloomington en el campo de las letras y en un momento dado llamó por el móvil a su mujer, que se quedó en la acera por no atreverse a ‘invadir’ un domicilio particular.

Se presentó con su nombre y apellido compuesto: Consuelo López-Morillas, y claro, yo le dije, si era hija del hispanista y catedrático Juan López-Morillas (Jódar, Jaén, 1913- Austin, Texas, EE. UU. 1997), me contestó que sí; le mostré un libro de su padre, cuando pasamos a mi gabinete: Kausismo: Estética y Literatura, Antología, Selección y Edición de Juan López-Morillas, E. Labor, Barcelona, 1973.

Ella, a su vez, me dijo que era profesora universitaria emérita del Departamento de Español y Portugués de la universidad de Bloomington y especialista en literatura aljamiada.

Y al preguntarle por la carrera universitaria de su padre, me dijo que había profesado en la universidad de Brown en Providence (Rhode Island) como catedrático de Literatura Española y Literatura Comparada hasta su jubilación en 1978. Después aceptó una invitación de la universidad de Texas en Austin para ocupar la cátedra de Ashbel Smith Profesor of Spanish y se jubiló en 1989 a los 75 años.

Después de jubilado se dedicó a traducir a los grandes novelistas rusos del siglo XIX, mientras que su mujer, Frances Mapes había traducido al inglés obras de Pérez Galdós, Camilo José Cela, Delibes y Jorge Luis Borges.

 
 
                                                           Juan López-Morillas 
 
 
 
 
 
 
El profesor hispanista Juan López- Morillas centró su campo de investigación en el movimiento krausista español, la Generación del 98 (Unamuno), la Institución Libre de Enseñanza (Francisco Giner de los Ríos) y la Literatura comparada.

Y como estamos en el tiempo de las cerezas (el temps de les cireres), si tomamos la imagen del puñado de cerezas cogido de un cesto de mimbre, tendríamos primero la ciudad de Bloomington en Indiana y en el mismo estado y a pocas millas, se encuentra la ciudad de Nashville, donde hay un museo dedicado a Dillinger (Enemigo público Número 1) con objetos y fotografías de víctimas, cómplices y secuaces.

Como es sabido, y coincidiendo con la gran depresión de 1929, Dillinger asalta bancos, secuestra y asesina a un total de 14 personas, por lo cual era considerado el enemigo público número 1, pero la Dama de Rojo (Anna Sage) le denunció con el fin de evitar su deportación, la siniestra rumana servirá de cebo al antihéroe en la emboscada que le costará la vida. Fue abatido por la policía en 1934.

Una urna de cristal contiene el canotié, las gafas rotas, las entradas del cine y las prendas de vestir manchadas de sangre.

 
 
 
                                                            Victoriano Crémer
 
 
 
 
 
 
Pues bien, el poeta leonés, nacido en Burgos, Victoriano Crémer (Burgos 1907- León, 2009) le dedica un poema al famoso gánster, tras la película de W S. Van Dyke, John Dillinger, emenigo público número 1 de 1934, titulado “Fábula de persecución y muerte de Dillinger”, el poema pertenece al libro: Tacto sonoro, León, 1944.

El poema comienza con una serie de metáforas irracionales e imágenes visionarias:

"Las plataformas de los rascacielos vuelan

en una embriaguez desorbitada de espejos y cristales",

en las que podemos sentir los ecos lorquianos de Poeta en Nueva York y cuando describe al personaje, resuena algo del Romancero gitano:

"¡Dillinger! –Vara de acero,

ojos de lagarto al sol-

entre un salva de balas

se quebró como una flor".

Además, el largo poema responde a una estructura cinematográfica con una puesta en escena de voces corales, cuyo objetivo es ensalzar al personaje, mostrar el espacio en que suceden los hechos e intensificar la proximidad de la tragedia; al final vuelve la irracionalidad poética y las imágenes surrealistas y termina el poema con la subasta del sombrero de Dillinger en el club del banquero Vanderville, como esguince irónico del orden establecido ( la noria del dinero que no se detiene):

"Y en el club del banquero Vanderville

-sudorosas papadas en reposo-

subastan un sombrero verdi-claro

en millares de dólares…"

 
 
 
 
                                                              Ricardo Gullón
 
 
 
 
Retirando otra cereza traería a don Ricardo Gullón (Astorga, 1908- Madrid, 1991), que precedió Juan López-Morillas como profesor en la universidad de Texas en Austin

Profesó de 1960 a 1975, pasando luego a la de Chicago, hasta su jubilación en 1983; y todavía con 80 años daba cursos de doctorado en la universidad de Davis (California).

Don Ricardo Gullón, además de escritor y crítico literario, como profesor centró sus investigaciones en la teoría de la literatura (estudios sobre la novela), galdosiano primigenio y estudioso de Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Unamuno y Cernuda.

Luego le tocaría el turno a Consuelo López Morillas, maestra en Jódar (Jaén) de varias generaciones, hija y nieta de maestros, fallecida en Jódar en 1993, toda una saga de docentes, que se prolonga ya más de un siglo.

Doña Consuelo era hermana del hispanista y catedrático Juan López-Morillas, suegro de Enrique Merino, inquilino de mi piso en los 40/40 y padre de su mujer, la también hispanista, Consuelo López-Morillas. Además el Instituto de Enseñanza Secundaria de Jódar lleva el nombre de “Juan López-Morilas”; y como hemos visto, la labor docente se lleva a cabo a uno y otro lado del Atlántico.

 
 
                                                         Luisa Sofovich y RAMÓN
 
 
 
 
 
 
Y ya por último para cerrar el círculo o gastar la última cereza prendida, por aquello de la lectura de Automoribundia de RAMÓN, sería la visita que Horacio J. Spinetto (Boletín RAMÓN, nº 20, 2010) realizó en 1989 a la casa que habitaron RAMÓN Gómez de la Serna y su esposa Luisa Sofovich en la calle Hipólito Irigoyen, nº 1974, 6º “LL” de Buenos Aires.

Pues el inquilino, que ocupaba el departamento de RAMÓN, Luis Francisco Borra, con su esposa e hijo, le mostró la casa y, orgulloso, le regaló un recibo del gas, que continuaba llegando a nombre de Ramón Gómez de la Serna.

Vemos, pues, que, pesar del paso del tiempo transcurrido (muere en 1963), el espíritu de RAMÓN continua rondando por el barrio de Balvanera.

Yo no puedo mostrar ningún recibo de los suministros de luz y gas, porque las compañías españolas, más eficientes, obligan a cambiar el nombre; lo que si heredé de Manuela Cano MERINO, fue el número de teléfono.

Hasta aquí este, ya prolongado, excurso, fruto de la grata visita inesperada.

Consuelo y Enrique, ¡Hasta la próxima!



Anastasio Serrano

Madrid, 29 de junio de 2016

lunes, 18 de enero de 2016

ELOGIO DE LA CRÍTICA URGENTE





                               Yo diría que la crítica literaria enriquece la literatura

                                                         JORGE LUIS BORGES





La labor del crítico literario consiste en informar sobre la obra que juzga; tiene que interpretarla: cuál es su mensaje, qué nos transmite, cuáles son las innovaciones formales y por último valorarla.

Si seguimos el criterio de Dámaso Alonso (Poesía Española, Gredos, 1993), dice que el primer conocimiento de la obra literaria es la intuición del lector.

Las obras literarias no se escriben para los comentaristas y para los críticos, sino para el lector; y continúa Dámaso Alonso: a ambos lados de la obra literaria hay dos intuiciones: la del autor y la del lector.

Pero hay un segundo conocimiento de la obra, el del crítico, que es un lector con una capacidad de lectura muy intensa. Sería, pues, el lector excepcional que tiene una capacidad intuitiva, totalizadora sobre la obra que lee; y, además, tiene una gran capacidad expresiva, comunicativa y de escritura de esas intuiciones y las transmite. Así pues, informa, interpreta y valora y su juicio sirve de guía para los lectores.

El crítico es ese lector ideal, que frente a una obra literaria auténtica, llegará a una intuición semejante a la que expresó el autor; y frente a una obra inauténtica descubrirá, en seguida, la falta de intuición artística por parte del creador. La misión del crítico consistirá en discernir entre una obra literaria y un producto meramente editorial. Pero, ¿cómo tiene que ser el crítico, ese lector ideal? Pues, lógicamente, tiene que tener una sólida formación literaria y un abundante caudal de conocimientos y un gusto literario muy educado.

Todos los teóricos de la crítica literaria urgente manifiestan, que el crítico no tiene que perder la ingenuidad del lector (la intuición de D. Alonso), la primera impresión de lectura y a partir de ahí enriquecerla con razones críticas y técnicas y adentrarse en la complejidad de la obra literaria.

El crítico no debe ‘contar’ la obra, sino analizar su estructura, sus rasgos literarios nuevos y hacer un juicio valorativo final.

Por otra parte, el crítico tiene que ser un buen escritor, tiene que transmitir con claridad técnica la valoración crítica, sin jergas.

Otro asunto que nos interesa dilucidar entre las funciones del crítico sería primordialmente separar el grano de la paja, es decir, las obras literarias de los productos editoriales. Debe prevenir al lector de la publicidad de las editoriales, que incluso en colecciones de prestigio, colocan un éxito de ventas.

A veces el enfoque interpretativo de una obra literaria varía mucho de un crítico a otro y ello ha dado pie a la corriente de las lecturas múltiples, tantas como lectores, no todas las lecturas, ni las interpretaciones son igualmente aceptables.

La función del crítico tiene un alcance social, por lo tanto prodigar elogios a diestro y siniestro para no crearse enemigos, perjudica a las obras de calidad y borra toda jerarquía estética. Tampoco es cuestión que el crítico se dedique a repartir mandobles por doquier, sino que debe mantener unos postulados estéticos e ideológicos y ser ponderado en sus juicios.

Otro aspecto importante de la crítica son las publicaciones en las cuales el crítico ejerce su función orientadora, que normalmente son los suplementos literarios o culturales de los periódicos (ABC, EL CULTURAL, BABELIA, LA RAZÓN, LA VANGUARDIA), y aquí ya topamos con los intereses de los grupos editoriales, diarios que pertenecen a un grupo editorial o la dependencia de los contratos de publicidad, la competencia entre editoriales etc.; por lo tanto el primer crítico es la redacción del periódico aceptando o silenciando una obra.

También hay que tener en cuenta que estos suplementos trazan el panorama de las novedades semana a semana, con lo que la labor del crítico se ve sometida a plazos muy breves, de ahí crítica urgente, también llamada militante.

Esta crítica también se ejerce en las revistas culturales, donde con algo más de calma se escriben reseñas y críticas de libros, destinadas a un público menos numeroso. Estas revistas son, entre otras: Cuadernos Hispanoamericanos, Revista de Occidente, Ínsula, Quimera, Archipiélago.

El crítico tiene que ser exigente con los escritores de prestigio. Debe desmitificar a los escritores, cuyo prestigio de debe a razones extraliterarias y distinguir entre obras buenas o menos buenas de un escritor consagrado.

Sin embargo con los escritores que empiezan debe ser exigente, pero benévolo, no vale la pena hacer críticas muy negativas. Todo creador merece un respeto, aunque solo sea por aspirar a saltar la gran muralla que lleva a la literatura de calidad.

Por último la profesión de crítico no se estudia en ninguna facultad, el crítico es autodidacta; aunque una sólida formación académica es muy importante; pero serán las lecturas, la intuición y el buen gusto literario, los que le llevarán a escribir buenas críticas.



                 

  


         





jueves, 18 de diciembre de 2014

LITOGRAFÍA DE TOULOUSE-LAUTREC, AMBASSADEURS: ARISTIDE BRUANT (1892, color, 134 por 92, colección particular, París)


                                                                                                        
                                 
                                      
Aristide Bruant (1851-1925), poeta y chansonnier, animador de diferentes cabarés parisinos, comenzó a tener fama como cantante en “Le Chat Noir” de Montmartre.

Como muestran sus fotografías vestía chaqueta y gabán de terciopelo negro, camisa y bufanda rojas, botas altas, bastón y sombrero de ala ancha. Acompañado de su guitarra cantaba un repertorio de poemas realistas y sarcásticos de contenido social. Se inspiraba en las capas urbanas más empobrecidas: la clase trabajadora, los indigentes y las prostitutas.

Bruant tuvo un enorme éxito, lo que le permitió alquilar en 1885, “Le Chat Noir”, que le cambió el nombre por Mirliton y lo convirtió en un nuevo punto de encuentro de artistas, poetas y bohemios del arrabal parisino. El Mirliton estaba decorado con obras de los artistas que lo frecuentaban; y Bruant les permitía exponer sus cuadros, como fue el caso de Toulouse-Lautrec.1

Además de actuar y dirigir el cabaré Mirliton, Bruant actuaba en otros cabarés de moda que lo contrataran. En 1982, cuando era la principal atracción del Ambassadeurs de Los Campos Elíseos, tuvo que amenazar con suspender su actuación para que el director del local, colgara en las salas del cabaré copias del cartel: AMBASSADEURS, aristide Bruant dans son cabaret, diseñadas por Toulouse-Lautrec. Más tarde consiguió que el cartel apareciera en todos los quioscos de París.

El cartel tenía como objetivo publicitar la actuación de Bruant en el Ambassadeurs, el mejor café-concierto al aire libre de París.

Su firme resolución contribuyó tanto a la popularidad de Toulouse-Lautrec como a la suya propia, aunque no logró que el pintor cobrara los honorarios por esta litografía.

La fuerte personalidad de Aristide Bruant domina la imagen, formada por la bufanda roja en el centro del cuadro. La bufanda articula todos los elementos: el rostro del cantante, la mano enguantada con su característico bastón de palo, y la oscura silueta que parece que le mira desde el fondo. También le permite enmarcar el bloque tipográfico del ángulo inferior derecho, así como subrayar el título del cartel y todo ello lo logra con tres colores primarios: rojo, amarillo y azul.

Bruant defendió con pasión este cartel, que acuñó para siempre su emblemática figura neorromántica.

Aristide, ya en el ocaso de su carrera, se retiró a una casa de campo en Coutenay, en compañía de su esposa, Mathilde Turquini d’ Or, cantante de la Ópera Cómica. Y en 1924, un año antes de su muerte, a los 73 años, grabó sus canciones más famosas en un disco gramofónico.

BIBLIOGRAFÍA

Toulouse-Lautrec, Grandes Maestros de la Pintura, Editorial Sol 90 S. L., Barcelona, 2008 (Diario Público).

Posterbook, Henri de Toulouse-Lautrec, Taco Verlagsgesellchaft and Agentur, Berlín, 1988.


                                                                                                                                                               


1 . Henri Toulouse-Lautrec (1864-1901) fue un cronista de excepción de la noche parisina de finales del siglo XIX. Supo plasmar el ambiente y los peculiares protagonistas de los cabarés, music-hall, cafés-concierto y prostíbulos de Montmartre, con el célebre Moulin Rouge a la cabeza. Es famosa su litografía de 1891 : MOULIN ROUGE: Concert BAL, Tous les soirs: LA GOULUE.. Fue tal su habilidad y su ingenio, que convirtió el cartelismo ( la mera publicidad de un espectáculo) en un estilo pictórico.
                                                ANASTASIO SERRANO
                                              

viernes, 27 de septiembre de 2013

LA CASA DE PANERO EN ASTORGA

                                       

                                     LA CASA DE LEOPOLDO PANERO EN ASTORGA
 




Por fin se ha abierto al público la casa de Leopoldo Panero en Astorga con una exposición colectiva de cuadros y esculturas: “Pandemia de palabras y libros”, nada que objetar sobre la exposición, sin duda un atractivo cultural para el turista.

Dicha casa fue adquirida a mediados del siglo XIX por Leoncio Núñez, tío del padre de Leopoldo, que emigró a América y volvió rico. Leoncio Núñez arregló la casa con buen gusto y con todo el confort de la época. Esta casa fue heredada por don Moisés, padre de Leopoldo.

La casa de Panero está situada a unos cincuenta metros de la catedral y la calle lleva el nombre del poeta, una placa de mármol blanco lleva inscrito:



CALLE DEL POETA LEOPOLDO PANERO,

Nací en Astorga como pesa el tormo

con una catedral desde mi cimiento

y con mi calle en sombra me conformo.

        1. Panero (de Canto Personal. Carta perdida a Pablo Neruda).



Es un edificio bastante amplio con jardín a la entrada y de arquitectura indiana, muy poco común en Astorga. Se trata de una de esas mansiones (casas de indianos) tan típicas del norte de España, en las que no faltaba nunca una palmera. En el jardín de la casa de Panero tenemos la palmera y un magnolio, además de la estatua sedente del poeta.

Pero lo que sí se echa de menos en la casa restaurada, respetando la distribución original y la madera de las galerías, son los muebles y enseres originales que se conserven en buen estado; así como todo recuerdo de Leopoldo Panero: fotos, manuscritos, primeras ediciones de sus libros y los restos de su biblioteca personal y toda la obra crítica en torno a la producción poética de Leopoldo y de su hermano Juan, también poeta

Igualmente la casa puede ser enriquecida con la obra de creación y crítica de los otros dos miembros de la Escuela de Astorga: Don Ricardo Gullón y Luis Alonso Luengo, pues los herederos de ambos parece ser que están dispuestos a hacer la donación correspondiente del legado de sus respectivos padres; así como el legado del erudito Luis Alonso Luengo y del compositor Evaristo Fernández Blanco

De la casa llama la atención la 'torre' de Panero (La estancia vacía), lugar en el que Leopoldo escribía y leía con la panorámica del Teleno al fondo; porque Leopoldo tuvo su 'torreón', abierto a los cuatro vientos, con ventanas dobles para protegerse del frío invierno astorgano, como Ramón Gómez de la Serna la torre de la calle Velázquez en Madrid o aquella otra Torre de los Panoramas que habitó el escritor modernista uruguayo Julio Herrera y Reissig en Montevideo.

Enternece pensar que en esa casa, ahora restaurada, se hospedó invitado por Leopoldo, el poeta peruano César Vallejo (Los Heraldo Negros y Trilce) durante tres días en las navidades de 1931; así como, más tarde, destacados miembros del la Generación del 27 como Gerardo Diego y Dámaso Alonso o Luis Rosales, compañero de la Generación del 36

Esperemos que en breve, la casa de Panero esté convertida en centro cultural de la Escuela de Astorga abierta a investigadores y curiosos.

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Leopoldo Panero Torbado, Astorga (León), 1909- Castrilllo de las Piedras (León), 1962. Poeta de la Generación de 1936, dentro de la poesía arraigada

Obra: La estancia vacía (1944), Escrito a cada instante (1949) y Canto personal (1953)




Casa-museo de Panero en Astorga, 2013