lunes, 22 de febrero de 2016

ADULTERIO EN LA INCÓGNITA Y REALIDAD de Galdós

                                                                                                       


 

En la mitología clásica abundan las historias truculentas de engaños, traiciones, relaciones ilícitas y adulterios. El más conocido de los deslices adúlteros de los dioses del Olimpo es, sin duda, la famosa historia del adulterio de Afrodita esposa de Hefesto con Ares, que ha inspirado a poetas (“Los amores de Marte y Venus”) y pintores (“La fragua de Vulcano” de Velázquez en el Museo del Prado)1.

Pero la infidelidad conyugal de más trascendencia en la mitología griega fue el abandono de Menelao, rey de Esparta, por su esposa Helena, que huye con su amante, Paris, a Troya, después de que éste violase las leyes de la hospitalidad. Esta trasgresión (adulterio) dio lugar a la llamada Guerra de Troya entre griegos y troyanos con victoria de los primeros. Y que los acontecimientos desencadenados por este adulterio dieron a Homero material narrativo suficiente para componer los dos cantos épicos fundacionales (Iliada y Odisea) de la literatura occidental.

Y no deja de ser curioso que una vez concluida la guerra Helena regresa con Menelao y aparentemente no sufre castigo. Helena es una de las pocas mujeres adúlteras que no paga por su trasgresión de las leyes y por tanto, podemos ver en ella una clara prefiguración de la femme fatale, seductora y destructiva cuya belleza hechicera la exime de recibir un castigo ejemplar.

Donde también encontramos mujeres adúlteras es en la Biblia. En los diez mandamientos, el sexto y el décimo condenan explícitamente el adulterio (Éxodo, 20): “No cometerás adulterio. No codiciarás la mujer de tu prójimo (…), ni su criada”.

Las leyes del Deuteronomio (22), dicen así respecto del “Adulterio o fornicación”: “Si se sorprende a un hombre acostado con una mujer casada, ambos morirán (…); así quitarás el mal de Israel”. Así pues en el Antiguo Testamento el ejemplo más llamativo es la seducción de Betsabé por el rey David (Samuel, 11). En este caso nos encontramos a la víctima, la mujer casada seducida. Los versículos bíblicos cuentan que Betsabé acudió a la llamada del rey David y fue suya, a pesar de pertenecer a Urías, su esposo legítimo.

En el Nuevo Testamento se abre la vía del perdón cristiano para la mujer pecadora. En el evangelio de San Juan (8): “La mujer adúltera”, Jesucristo la libera de ser lapidada con estas célebres palabras: “El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra contra ella”. Después Jesús le dice: “Tampoco yo te condeno; vete, y no peques más”.

Pero no será este el tenor que se seguirá aplicando en el trato social del adulterio de la mujer y la literatura llevará a cabo su representación a lo largo de la historia. Será, sin embargo, en la novela realista del siglo XIX cuando cristaliza el género con Madame Bovary de Gustave Flaubert, que es la novela que representa por antonomasia el adulterio femenino en la segunda mitad del siglo XIX. La perspectiva se centra en la mujer adúltera y se le otorga por primera vez voz propia.

Los únicos que han pretendido acabar con la desigualdad de las relaciones de pareja, el matrimonio y el adulterio burgués son los nihilistas rusos, que lo reflejarían en sus manifestaciones literarias. En efecto el pensamiento de los nihilistas rusos preconiza muchas de las ideas anarquistas de Bakunin, que se difundieron por Europa a principios del siglo XX. Estos llevarían a cabo la abolición del adulterio en la sociedad y por tanto, en la literatura. Plantean una sociedad utópica de hombres y mujeres libres en la que la infidelidad conyugal es lícita y plenamente admisible; entonces esta infidelidad de la mujer anarquista, dejaría de suministrar materia novelable atractiva, porque se habrían acabado las relaciones de dependencia y dominio entre los sexos. Aunque en las manifestaciones literarias los personajes de ficción, que deberían reflejar los ideales del hombre y la mujer nuevos, se comportan aún como personas llenas de antiguos prejuicios.

Sin embargo la trama triangular había llegado a un grado notable de ‘automatización’ a finales del siglo XIX, de tal forma que se agota como patrón narrativo. Y ya en el siglo XX con el divorcio admitido y la incorporación de la mujer al trabajo, pues la trama adulterina ha perdido parte del potencial conflictivo.

Pero adentrémonos en el estudio de las dos novelas, La incógnita y Realidad” de Galdós que responden de una manera original, como veremos, al patrón de la novela de adulterio. Parece ser que la génesis de estas dos novelas fue un suceso real: El crimen de la calle Fuencarral, que actuaría de intertexto. Este crimen ocurrió en Madrid a principios de 1888 y en él una señora rica fue asesinada en dicha calle. Se acusó del crimen a la criada que vivía con la víctima. En principio la criada confesó su culpabilidad, pero luego declaró que tuvo un cómplice y en sus declaraciones cambió varias veces el nombre del cómplice. La criada fue condenada a muerte y el proceso despertó el interés del público por el cinismo de la asesina y todos los periódicos aprovecharon el suceso para aumentar sus ventas. El mismo Galdós escribió entre el 19 de julio de 1888 y el 30 de marzo de 1889 seis crónicas para el diario bonaerense La Prensa. Galdós relató el crimen desde su condición de periodista a los lectores argentinos, pero quedó sorprendido por la capacidad de fabulación de la asesina que no confesó la verdad ni en el momento de su muerte. La astucia de la asesina llevó a Galdós a reflexionar acerca de cómo percibimos y conocemos la realidad y estas observaciones quiso plasmarlas en estas dos novelas. La incógnita, que fue escrita durante el proceso y Realidad al concluir. La historia de estas dos novelas es bastante sencilla y común: el adulterio de Augusta Cisneros de Orozco, y el suicidio de su amante, Federico Viera, por sus remordimientos de conciencia.

No deja de ser significativo que la novela de adulterio burguesa sea, por excelencia, la novela del adulterio femenino, ya que el adulterio masculino goza de gran tolerancia social, siempre que la relación extramatrimonial se llevara con discreción y no supusiera la dilapidación del patrimonio familiar.

En estas dos novelas que tratan el mismo tema, aunque de modo diferente, el adulterio femenino sirve de metáfora de las ansiedades colectivas de una sociedad en época de cambios. Adulterar según el diccionario de María Moliner es quitarle a una cosa su pureza mezclándose con algo y esa mezcla supone una trasgresión imperdonable desde el punto de vista de la sociedad patriarcal.

La mujer adúltera presenta un desafío al significado del matrimonio y de los roles sexuales, ya que pone a prueba la familia como institución, la maternidad y la transmisión de la propiedad, que son los pilares de la sociedad burguesa.

El adulterio de Augusta sirve de metáfora de las ansiedades colectivas de una sociedad en una época de inestabilidad. En su rol de mujer adúltera, Augusta se identifica con el caos que amenaza al orden social burgués. Como Emma Bovary se enamora de otro hombre para huir del aburrimiento de la vida burguesa, demasiado ordenada según ella: “Me ilusiona el desorden (…) Es cierto que me atrae el misterio, lo desconocido. Lo claro y patente me aburre (…) Por qué me enamoraste tú grandísimo tunante? Porque eres una realidad no muy clara” ( R.II, ix )

Augusta acepta y admira a su marido, pero no le ama. Para ella el adulterio no significa nada malo, pues considera que el amor verdadero es un sentimiento legítimo.

Pero veamos el desarrollo de las dos novelas, La incógnita y Realidad, publicadas ambas en 1889 por la imprenta “La Guirnalda” de Madrid, plantean la misma historia, pero enfocada desde dos perspectivas distintas y con una técnica literaria diferente. Son pues dos textos complementarios, que enriquece el uno al otro y se deben leer seguidos, de hecho tanto la edición de Cátedra (2004) como la de Akal (2009) ofrecen las dos novelas en un solo tomo. Galdós le da a estas dos novelas la forma epistolar y dialogada con el empeño de experimentar con la escritura, con el afán de profundizar en el análisis de la realidad y todo ello sin estridencias, dentro de la praxis habitual del canon realista-naturalista (Etapa espiritualista). Realidad viene a ser un híbrido entre novela y teatro. De hecho el drama Realidad se estrenó en 1892 con la consiguiente adaptación para la escena y Mª Guerrero interpretó a Augusta.

 
 
 
 
 
 
Pues bien, La incógnita es una novela compuesta íntegramente por cartas de un único narrador, Manuel Infante, a un destinatario D. Equis; mientras que en Realidad intervienen los mismos personajes, pero es una novela dialogada.

En La incógnita quien nos da la versión de los hechos es Manuel Infante, testigo de la acción, cuyo principal interés por los sucesos ocurridos radica en que se está enamorando de Augusta. Es diputado por Orbajosa y mantiene correspondencia con su amigo orbajosense X (“A. D. Equis X, en Orbajosa”) y comienza la correspondencia en “Madrid, 11 de noviembre” y termina con la única carta “De Equis a Infante, Orbajosa, 24 de febrero”.

La historia se nos cuenta a través de sus cartas. Desde un principio Manolo Infante advierte a su corresponsal que le va a mostrar los hechos desde un punto de vista subjetivo. Infante que frecuenta la casa de los Orozco en Madrid, sospecha que Augusta, mujer de Tomás Orozco, tiene un amante. Intenta descubrir quién es. Llega a creer que puede ser el joven Federico Viera, gran amigo suyo, pero éste le disuade de su sospecha. La muerte de Federico en extrañas circunstancias conmociona a todo Madrid; se comentan las más variadas versiones y en todas figura Augusta.

Manolo Infante trata de investigar las causas de la muerte de Federico. Recurre a “la Peri”, antigua amante de Federico que no le despeja la X. Surgen más hipótesis, alguien dice que el autor de la muerte es Orozco, quien se encontraba fuera de Madrid esa noche en la finca Las Charcas. Ante la imposibilidad de resolver el problema, Infante decide volver a Orbajosa.

Las dos últimas cartas plantean una rara pirueta inverosímil, en la que Galdós rompe con el mundo real que ha regido toda su obra. Manuel Infante recibe un paquete de su amigo orbajosense X que contiene una novela en forma de diálogo titulada: Realidad, novela en cinco jornadas. D. Equis le escribe por primera vez y le dice que ha guardado sus cartas en el arca de los ajos y las cebollas y que estos productos naturales han ordenado los datos y elaborado una posible explicación del asunto.

Así Realidad se nos ofrece como la metamorfosis de las cartas de Manolo Infante en novela y le dice X: “no te quemes las cejas averiguando quién ha compuesto eso. La realidad no necesita nadie que la componga; se compone sola” (LI, XLII, 24 de febrero).

Lo primero que se advierte en La incógnita es que el título es equívoco e incluso irónico, porque no hay una incógnita, sino varias. La primera es la del destinatario de las cartas, denominado precisamente X (la incógnita algebraica): “Equisillo, Equis de mis entretelas”. La otra incógnita es la planteada por la muerte de Federico Viera, ¿suicidio o asesinato? Otra incógnita suscita el comportamiento se Augusta, ¿ tiene un amante? Tomás Orozco, el marido de Augusta, ¿es un santo laico, un hipócrita o un embaucador? Las dos últimas cartas son ajenas a la trama argumental urdida en torno a las incógnitas planteadas por la muerte de Federico y constituyen el nexo de unión con la novela siguiente Realidad, donde en forma dialogada se irán despejando las incógnitas.

REALIDAD:


 
 
Augusta Cisneros y su marido Tomás Orozco no tienen una auténtica comunicación. La joven esposa tiene relaciones amorosas con Federico Viera, hombre joven, atractivo y aristócrata, pero impecune. El orgullo de clase le impide aceptar ayuda de nadie, salvo de su amiga Leonor, “La Peri”, una prostituta. Federico no se siente unido a Augusta más que por el deseo; no hay confianza entre ellos. Piensa dejarla porque le molesta que siempre le esté ofreciendo dinero; además sufre al ver que está engañando a Orozco, un santo, un hombre elevado que intenta ayudarle. Orozco había heredado una gran fortuna conseguida a base de estafas por su padre, que era socio de Joaquín Viera, padre de Federico, el amante de su mujer. Y de ese origen ilícito de la fortuna le viene a Orozco esa manía espiritualista de perfección.

El padre de Federico Viera, Joaquín Viera regresa a Madrid, dispuesto a dar un sablazo a Tomás Orozco. Quiere cobrar un pagaré, que ya ha prescrito, de una sociedad de seguros, La Humanitaria de la que fueron socios. Tomás Orozco no le da la razón; pero para aliviar su conciencia decide entregar el importe del pagaré a los hijos de Joaquín Viera, Federico y Clotilde.

La generosidad de Orozco abruma a Federico. Además Cornelio Malibrán ha descubierto el piso que tiene alquilado con augusta. Los amantes discuten a propósito del dinero. Federico se pega un tiro en el costado y revólver en mano obliga a Augusta y la criada que le dejen salir y oyen cómo dispara de nuevo y muere.

Al día siguiente Augusta finge que se ha enterado de la noticia. Todos murmuran que ella algo tuvo que ver, pero ella lo niega.

El interés de Realidad radica en la forma original con que Galdós plantea el tema del adulterio. La novela hablada Realidad presenta la infidelidad de la esposa, el marido lo sabe y espera estoicamente que ella lo confiese, sin tomar ninguna resolución violenta para reparar su honor.

Augusta reconoce los méritos de su marido, lo admira, siente cariño hacia él, pero no le ama. Para ella el adulterio no significa nada malo, pues considera que el verdadero amor es un sentimiento legítimo. Con el convencimiento de que su amor es legítimo, Augusta, la casada infiel, es una criatura amoral, indiferente a las normas de la sociedad en que vive; sin embargo tanto su marido Tomás Orozco, como su amante, Federico Viera son dependientes de esas normas. Augusta, por su parte, vive y piensa como un espíritu libre.

Además en la mayoría de las novelas de adulterio la heroína termina castigada con la muerte por violar la institución del matrimonio; en Realidad es al contrario, la adúltera sobrevive sin ser castigada y es el amante el que muere por su mano. Federico Viera se suicida porque no puede vivir sabiendo que ha ultrajado el honor de su amigo y protector. Se siente inferior al marido de Augusta, que soporta la infidelidad de su mujer y todavía quiere ayudarle económicamente.

En la vida de Federico hay dos mujeres, Augusta y “La Peri”, con Augusta comparte su cuerpo y con “La Peri” sus confidencias. Para Federico, Augusta es una mujer dominadora que trata de comprar su fidelidad y confianza con dinero, que sale de las arcas de su marido. Galdós nos presenta una inversión de roles en la novela Realidad; generalmente en las novelas de adulterio la mujer se ve acorralada y sin dinero y recurre al hombre para solucionarlo; en Realidad es el hombre quien no tiene dinero y además está endeudado; y siente su amor propio herido cuando Augusta le ofrece compartir con él sus bienes: “Soy rica. ¿ cómo voy a soportar que vivas en la miseria? Yo quiero compartir contigo mi bienestar, a la faz del mundo si es preciso. No me avergüenzo de ello” (R. II, x ).

A Federico esta oferta le parece una humillación y se siente indigno por saber que engaña a un hombre de moral superior. Federico se siente prostituido como “La Peri” y no acepta la degradación. En Realidad sucede lo contrario que en Madame Bovary, donde Emma se suicida porque su amante le niega el dinero para pagar sus deudas; mientras que Federico se suicida porque se siente deshonrado al recibir la oferta monetaria, toma conciencia de su desclasamiento económico.

Tienen interés las relaciones desinteresadas entre Federico y “La Peri”, ésta es una prostituta que en una época fue amante de Federico, pero ahora es su confidente y además le presta dinero para pagar sus deudas. Estos favores los acepta el infatuado Federico de “La Peri” y no de uno de su clase social: “Por nada del mundo acepto yo, de un amigo de mi clase, ciertos favores. ¿Por qué los acepto de ti, sin que mi decoro se sienta herido? No puedo explicártelo claramente (…) ¿Se funda quizá en nuestra degradación”( R. II, v)

Feal Deibe califica a Federico de héroe calderoniano: “Es el amante, y no el marido quien se ajusta a la tradición. Lo prueba dándose muerte a sí mismo, ya que según el modelo calderoniano el amante debe morir. Al no matarlo el marido, el amante se mata a sí mismo. De tal forma se identifica con el marido engañado, y así se entiende muy bien el abrazo final de los dos hombres (de Orozco y la imagen de Federico) y la exclamación de aquel a este: “Eres de los míos”2.

La identificación del marido y el amante en su desprecio por la adúltera es el producto de los prejuicios del rol de la mujer y su lugar en la sociedad. Para los hombres del círculo de Augusta la mujer casada debía ser fiel a su marido, de lo contrario se la consideraba una prostituta destinada a satisfacer los instintos sexuales del hombre.

Realidad refleja la fascinación que siente Augusta por todo aquello que se aleja de la rutina insoportable de la vida diaria. Augusta tiene buena posición económica, pero considera que la vida burguesa y ordenada, como esposa fiel de Tomás Orozco, no le proporciona los placeres de la sorpresa o de lo repentino. La adúltera confiesa su culpabilidad a la sombra acusatoria de su esposo de esta forma: “Bendito sea lo repentino, porque a ello debemos los pocos goces de la existencia. ¿Hemos nacido acaso para este tedio inmenso de la buena posición teniendo tasados los afectos como las rentas (…). Y lo peor es que la educación puritana y meticulosa nos amolda a esta vida, desfigurándonos lo mismo que el corsé nos desfigura el cuerpo” (R, I,viii).

Galdós nos presenta en Realidad el adulterio femenino como un acto de rebeldía contra las normas sociales que oprimían a la mujer. Pone el foco en la educación basada en la hipocresía, que sólo se preocupaba del “qué dirán”. Sin duda la novela constituye una dura crítica a los valores morales y sociales de la sociedad burguesa de finales del siglo XIX.

El tema del adulterio es presentado en sus novelas desde diferentes perspectivas. En La de Bringas describe los problemas de una mujer de clase media, que se degrada por motivos económicos. Rosalía Pipaón comete adulterio para pagar sus deudas. En Lo prohibido el tema es tratado desde el punto de vista del seductor. José Mª Bueno de Guzmán, rico heredero seduce a sus primas casadas. En cambio en La incógnita y Realidad se presenta el tema del adulterio desde una perspectiva más liberal y más compleja. Tenemos un marido excepcional (un santo laico), un amante que se suicida por honor y una mujer sexualmente libre, que ama el placer. Lucha por su amor, que le parece legítimo y no siente culpabilidad por su infidelidad.

En cuanto a los personajes sólo Augusta había sido destacada en La incógnita, mientras que la personalidad de Orozco y Federico quedaba un tanto difusa.

Pues bien, a pesar de ser Augusta la “mala”, la trasgresora, resulta un personaje atractivo y Orozco un personaje negativo. A esto ayuda, en parte, el hecho de que la figura de Augusta esté presuntamente basada en Emilia Pardo Bazán, con quien Galdós mantenía una apasionada y secreta relación, cuando escribía estas dos novelas. Dice doña Emilia en una carta a Galdós, que empieza así: Men are men, the best sometimes forget y está fechada en “Sábado”: “Me he reconocido en aquella señora (Augusta) más amada por infiel y por trapacera”3. Carmen Bravo Villasante deduce: “Psicológicamente es posible identificar a Galdós con el personaje de Orozco, ya que la Pardo Bazán se ha reconocido en Augusta”.

 
 
 
 



 
 
 
 
                                                                   
 
 
 
La simpatía de Galdós por Augusta no es sentimental, sino que ha creado un personaje lleno de valores humanos, aunque la sociedad y los hechos parezcan demostrar lo contrario. Su falta principal es el adulterio y no ha sido una inclinación premeditada, sino un hecho al que sus condiciones vitales la han empujado. Los ideales de perfección de su marido y sus obsesiones por anular lo material han descuidado las necesidades afectivas y libidinosas de su esposa: “Augusta no entiende de esas perfecciones; me lo ha dicho. Es humana y no le hace maldita gracia parecerse a los serafines”( R. IV, xvi)

Las relaciones maritales entre los Orozco son prácticamente nulas y Augusta se ve abocada al adulterio, pero la elección no ha sido buscada conscientemente: “Puedo asegurarte que yo misma no me doy cuenta cómo he llegado a esto. Se ha hecho solo, se ha arreglado como se arregla la realidad, (…) sin intervención de nuestra voluntad, o al menos, por mera obra del sentimiento, que todo lo añasca”, dice Emilia-Augusta (Cartas a Galdós, p.82).

Augusta, como mujer inteligente, es consciente de su situación, y aunque la religión y la sociedad condenen su falta, ella no siente culpa, ni se siente angustiada por el adulterio cometido. “¿Te asombras que no me disculpe?- le dice a la sombra de su marido: “no siento en mí la menor culpa”.

Pero el matrimonio Orozco-Augusta no siempre ha sido irregular. Lo que ha ocasionado la defección amorosa es la manía de perfección de Orozco, que raya en lo patológico. Esto dice Augusta al respecto: “Los santos deben estar en el cielo. La tierra dejárnosla a nosotros los pecadores, los imperfectos, los que gozamos, los que sabemos paladear la alegría y el dolor” (R.I,viii).

Los ideales de perfección de Orozco son comentados con profusión tanto en La incógnita como en Realidad. Todo el círculo de amistades opina sobre ellos, unos a favor y otros en contra. Para unos es un hombre digno de admiración, para otros un hipócrita, incluso un fanático para otros. Y Augusta personaje terrenal, vitalista, no entiende la esencia de la perfección y busca explicaciones racionales que la llevan a dudar del buen juicio de su marido: “Has dejado de ser hombre, si él fuera más hombre y menos santo”, quizá ella no se hubiera visto empujada al adulterio.

En este afán de perfección de Orozco, la crítica ha visto un acendrado narcisismo (una personalidad narcisista) y cuando la libido se torna narcisista, los deseos sexuales se abandonan y se sublima todo lo considerado material.

Tomás Orozco es un personaje complejo, que desconcierta la lector, del mismo modo que desconcierta a Manuel Infante. Primero nos lo presenta como el hombre más completo que existe. Después duda de todas sus perfecciones y al final de La incógnita le trata de embaucador: “Este Orozco, ¿qué clase de hombre es? Explícamelo tú entusiasta de sus virtudes (…), cuando éstas se presentan en tal grado de perfección, éntranme ganas de dudar de ellas, o de tenerlas por papel bien estudiado y aprendido para embaucar al mundo” (LI.,XXXVIII, 19 de febrero).

Sólo en la última jornada de Realidad, muerto el amante Viera, Orozco abre su alma

y permite descubrir su patología. Su idea de superioridad (perfección) se hace manifiesta y con ella su desprecio por Augusta. Le pide que confiese su infidelidad con el objetivo de humillarla: “No tiene alma para nada grande- piensa Orozco de Augusta. Si me confiesa la verdad (…), la perdono y procuraré recuperarla” (…). Pero Augusta no confiesa y es evidente que Orozco no siente amor, ni celos, ni enojo. Su único interés es la elevación moral de ella, dice Augusta: “¿Ese perdón vale? El perdón de quien no siente; ¿es tal perdón? (…) Su santidad me hiela. Yo no confieso, no confesaré” (R.V, xii).

Más adelante se produce un diálogo mudo entre la pareja, donde la oposición entre los sentimientos de ambos es manifiesta: “Orozco: (…) Nada existe más innoble que los bramidos del macho celoso por la infidelidad de la hembra”, y Augusta responde:

”Si en él viera yo el noble egoísmo del león que se enfurece y lucha por defender su hembra me sería fácil humillarme y pedirle perdón”. (R.V,xii)

En la última escena la preocupación de Orozco es que no trascienda socialmente lo que sucede en casa (la realidad): “Que nadie advierta en ti el menor cuidado, la menor pena por lo ocurrido en tu casa. Para tus amigos serás el mismo de siempre” (R. V,xiii). Postura narcisista, pues.

Estamos ante dos personajes uno aparentemente bueno y el otro malo. Pero las apariencias pueden ser engañosas. Orozco, el santo laico, paradigma de la perfección humana tiene una personalidad patológica. Y Augusta la mujer adúltera, mentirosa y causante de la muerte de Federico Viera, es un personaje lleno de valores humanos, víctima de su perfecto marido y de la hipócrita sociedad en que viven. Galdós se hará esta pregunta en El abuelo años después: “El mal…es el bien” o el bien…es el mal, naturalmente.

En cuanto a Federico Viera, el amante, es un hombre que vive anclado en el pasado. Sueña con la vuelta a la sociedad estamentaria y se niega a adaptarse al nuevo sistema de valores. Sus amigos le reprochan su orgullo, que mantiene por encima de todo, aunque pase hambre. Este orgullo aristocrático se refleja en la actitud con su hermana Clotilde, que la obliga a estar recluida en casa porque no tiene dinero para hacer vida social; y tampoco le perdona su fuga con el hortera Santanita, aunque sea, activo, emprendedor y logrero. Federico no soporta que se salten las barreras que separan las clases sociales. Su amor propio rayano en lo patológico es lo que provoca su ruptura con Augusta (suicidio). No soporta la bondad de Orozco, cuando le está ultrajando. Tan grande es su obsesión que incluso aparece la sombra de Orozco y conversa con ella. En el fondo Viera se siente atraído por su rival y lo tiene tan idealizado, que se suicida en un arranque de dignidad. Don Ricardo Gullón sugiere la atracción homosexual entre Orozco y Viera.

Federico Viera se encuentra entre la espada del deshonor y el muro de la pobreza; y esto aumentado por los amores de Clotilde con Santanita, un hortera de bolera, aunque logrero emprendedor; y por lo tejemanejes de su padre, el sablista Joaquín Viera. Su padre influye en la decisión de Orozco de entregar el pagaré a Federico y a Clotilde, lo que precipita el desenlace del suicidio de Federico.

Toda la catástrofe le sucede a Federico por estos motivos: 1º es un señorito arruinado que necesita dinero; 2º su hermana que se desclasa casándose con el hortera Santanita; 3º la aparición de su padre adicto al sablazo y 4º Malibrán (ancora il Malibrán) descubre el piso donde se ven Viera y Augusta y avisa al marido de la infidelidad de Augusta.

Augusta no comprende la actitud de ninguno de los dos. Es una mujer sensual, sin aspiraciones morales. En cierta medida la mujer adúltera sirve de mediadora de la relación entre los dos hombres-amante y marido- permitiendo el vínculo entre los dos hombres, que es superior al vínculo con la mujer amada.

Para Federico el adulterio en sí tiene poca importancia, puesto que la falta se le imputa a la mujer casada, según la mentalidad patriarcal. Sin embargo Augusta con su vitalismo e independencia está dispuesta a abandonar todas las leyes por el amor libre, hecho que causa inquietud a Federico. Augusta pretende enaltecer el adulterio, convirtiéndolo en una relación burguesa, estable y ordenada con un marido consentido. Pero a Federico, hombre de honor y tradicional, lo que le preocupa es el marido ofendido, que, además, es su benefactor. No soporta su superioridad moral, la perfección narcisista de Orozco y por honor se suicida.

Hay otra figura femenina, Leonor, “La Peri”, prostituta con la que Federico tuvo relaciones; y ahora hay entre ellos sólo amistad pura. Es la única persona en quien confía Federico, es su confidente y acepta su dinero sin sentirse degradado.

Por último el matrimonio de la hermana de Federico, Clotilde con el hortera emprendedor, Juan Santanita representa el igualitarismo de la emergente clase media.


CONCLUSIÓN:

Si hacemos una glosa de los títulos de las novelas que hemos analizado, nos encontramos con La incógnita, que no es una, sino varias y Realidad, que tendría que despejarnos todas las incógnitas; pero tampoco lo cumple; pues no sabemos quien es “X”, el destinatario de las cartas de Manolo Infante. Y aunque Tomás Orozco se entera del adulterio de su mujer, ella no le confiesa la ‘realidad’.

En cuanto al significado de los nombres de los protagonistas, Augusta, la esposa de Tomás Orozco, es una adúltera augusta, egregia e ilustre por la libertad que se toma en una sociedad tan pacata. Tomás, el incrédulo marido, negará hasta tres veces el adulterio de su mujer por el “qué dirán”. Augusta sigue con su marido, se restaura el orden; y si acaso el único castigo que recibe es quedar privada de su amante.

Tenemos también a Cornelio Malibrán y Orsini, personaje secundario, que es quien descubre el piso donde se ven Augusta y Federico, y claro con el nombre que tiene, no es extraño que actúe de “mercurio” de la infidelidad (de los cuernos).

Leonor, amiga y confidente de Federico Viera, este nombre fonéticamente tiene algo en común con honor, quizá el que, a toda costa, quiere defender Federico, evitando el matrimonio de su hermana y no aceptando dinero de Augusta. Pero quizá nos interesa más su sobrenombre, “La Peri”, en La incógnita (LI. XVIII, 6 de enero), Manolo Infante la califica de “moza de esas del partido”, una prostituta, y que el origen “del apodo se encontraría en el misterioso lexicón de la gente del bronce” (Ibídem); pues bien, aún hoy se le llama a una mujer casada o soltera de costumbres licenciosas así: ¡Esa es una peritorda!; y de ahí podría venir lo de “La Peri”; porque Leonor no es una “peripatética”.

Por lo que respecta a las innovaciones literarias, La incógnita es una novela epistolar con un único punto de vista y una mínima participación del destinatario. Quizá Galdós siguió la tradición de la novela epistolar europea del siglo XVIII (Richardson, Goethe y Ch. de Laclos con Les liaisons dangereuses). En España Juan Valera también empleó la carta como artificio novelesco en la primera parte de Pepita Jiménez (1874).

Realidad es la primera novela dialogada de Galdós, que tendría como antecedente La Celestina. Los personajes con sus diálogos presentan la realidad, a veces con elementos antirrealistas como los apartes, soliloquios y monodiálogos (que es un diálogo interno con otra persona que puede estar presente físicamente o ausente). Otro elemento teatral antirrealista es el uso de las sombras, como las que utilizó Shakespeare en Hamlet y Macbeth. Vemos, pues, que para llegar a la pura realidad, tiene que transgredir el realismo de la época.

Se trata de dos novelas urbanas basadas en la sociedad madrileña de la Restauración, tal como venía haciendo Galdós: novelar la sociedad madrileña. Los personajes son de clase alta con ligera participación de personajes populares. Espacio, pues, madrileño y tiempo reducido en Realidad; mientras que en La incógnita el tiempo dura 4 meses según el envío de las cartas.

Referente al tema del adulterio don Benito plantea el triángulo amoroso de una forma original, una mujer Augusta que lleva la iniciativa y que quiere darle estabilidad a su relación y un amante Federico, hombre de honor, que no soporta la situación de ofender al marido de Augusta por ser un hombre de moral superior y además recibir dinero de él; por eso se suicida, cuando la castigada debía haber sido Augusta.

¿Recibe castigo Augusta? Pues en cierta medida sí, porque queda privada de su amante, se restaura el orden y su matrimonio sigue tal cual, evitando el qué dirán.

En el trasfondo autobiográfico es doña Emilia quien se ve reflejada en el personaje de Augusta y Galdós psicológicamente en Tomás Orozco.

Tal vez la mayor complejidad de las dos obras analizadas está en los personajes Tomás Orozco, marido de Augusta y Federico Viera, su amante. Ambos constituyen el doble perfil de la cara del dios Jano (pasado y futuro), Tomás es un hombre ansioso de perfección que mira al futuro; Federico es un inconforme, un inadaptado que mira al pasado, que sueña con la antigua sociedad aristocrática. Leonor, confidente de Federico, es una víctima de la sociedad burguesa y Augusta es el vehículo de descomposición de la familia burguesa. Ambas mujeres coinciden en la atracción por Federico Viera, pero para Federico una es la amiga confidente y la otra es la amante, y cuando Augusta invade el terreno de Leonor, “La Peri”, ofreciéndole dinero, se produce el conflicto.

Personajes complejos, tanto Orozco como Federico, que Augusta y Leonor no alcanzan a comprender las sutilezas de sus afinidades en el ámbito de la perfección. La coincidencia de ambos en el afán de perfección la expresa Federico en el deseo que comunica a la Sombra de Orozco: “Nos haremos pastores, marchándonos a una región distante, donde impere la verdad absoluta” (R.IV,xvi) y le contesta la sombra.“Eso sí”.

Esta identificación de los dos hombres, por encima de sus destinos y conductas tan diferentes, queda sellada en el abrazo con que termina Realidad, le dice Orozco a la Imagen de Federico: “Eres de los míos. Te admiro, y quiero que seas mi amigo en esta región de paz en que nos encontramos. Abracémonos” (R. V,xiii). Se produce la fusión con la imagen de Federico.

BIBLIOGRAFÍA:

Acosta de Hess, Josefina. Galdós y la novela de adulterio: Edit. Pliegos. Madrid, 1986

Bravo Villasante. Biografía de doña Emilia Pardo Bazán. R.de Occidente. Madrid, 1962

Pardo Bazán Emilia. Cartas a Galdós (1889-1890). (Prólogo y edición de Carmen Bravo Villasante). Edit. Turner. Madrid, 1978

Pérez Galdós, Benito, La incógnita y Realidad, Edición de Francisco Caudet, Cátedra, Madrid, 2004

- Edición de Rodolfo Cardona, Editorial Akal, col. Nuestros Clásicos, Madrid, 2009



                                                 Portada de Ediciones Akal, Madrid, 2009






 


                                           Anastasio Serrano







      












 1 . Homero. Odisea. Edit. Cátedra. Letras Universales. 13ª edición. Madrid, 2002. Se relata en el Canto VIII, vv. 266-369 y en la Literatura Española del siglo XVII. Cueva Juan, de la. Fábulas Mitológicas y Épica Burlesca”. (Edición de José Cebrián García). Editora Nacional. Madrid, 1984 (pp. 117-153)

2 . Anales Galdosianos. XII, 1977. Feal Deibe Carlos. “Honor y adulterio en Realidad” (pp.47-62)

3 . Pardo Bazán Emilia. Cartas a Galdós (Prólogo de Carmen Bravo-Villasante) .Turner. Madrid, 1978 (pp. 79-81) y ( p. 8)

lunes, 25 de enero de 2016

RELACIÓN ILÍCITA en INSOLACIÓN DE E. PARDO BAZÁN




 




 
 
 
 
La posición social de la mujer en el siglo XIX lo mismo en sus funciones de casada, que de soltera no era nada halagüeña; pues existía el control de la sociedad, de la familia y del marido, que reprimían cualquier atisbo que intentase salir de la norma.

No obstante no todas las mujeres eran desgraciadas en tal ambiente, las había conformistas y acomodaticias que se adaptaban a esa manera de vivir sin pensar que en un ambiente libre su vida podía mejorar. También están las que procuran guardar las apariencias y no escandalizar, pero con ciertos deslices; para éstas conculcar las normas sociales no es una tragedia, sino una válvula de escape de su naturaleza debido a las circunstancias. Por último hay otro grupo de mujeres, minoritario, que no se conforma con lo que le rodea y se rebela contra las normas de una sociedad que consideran injusta. Se trataría de un tipo de mujer anticonvencional, que quiere vivir con la libertad que tradicionalmente ha tenido el hombre y están dispuestas a ser libres en el aspecto sexual, a recibir educación, a desempeñar una profesión y mantenerse por sí mismas.

Dentro de este último grupo tendríamos a Francisca de Asís Andrade, la protagonista de Insolación. La marquesa de Andrade se comporta con independencia casi masculina; para ella las normas sociales, los prejuicios tradicionales no son un obstáculo para ser libre, aunque, al final, se evite el escándalo de la transgresión con el anuncio de la boda con Diego Pacheco.

Doña Emilia Pardo Bazán publicó la novela Insolación ( Historia amorosa) en 1889 en la imprenta de los sucesores de Ramírez y Compañía con ilustraciones de José Cuchy y está adscrita a la estética realista.

La marquesa de Andrade, Asís Taboada sufre una terrible jaqueca, producida por una resaca etílica. Francisca Asís es una viuda joven de 32 años que se encuentra, por casualidad, cuando el día de San Isidro iba a oír misa a las Pascuazas, con el joven gaditano, Diego Pacheco, a quien había conocido la víspera en la tertulia de la duquesa de Sahagún. Con una confianza inusitada, pues apenas se conocían, deciden ir a la feria del Santo y almorzar en la pradera. Un sol abrasador (insolación) y la mezcla de bebidas alcohólicas provocan un profundo mareo en la protagonista, que necesitará varias horas para reponerse y regresa a casa de noche.

Pero la insolación no es sólo el conjunto de síntomas físicos que sufre la viuda de Andrade tras su salida a la pradera de San Isidro con Diego Pacheco; sino que representa simbólicamente los escrúpulos, la culpabilidad y la ansiedad de una mujer que se siente juzgada por la sociedad y por sí misma.

Asís Taboada se da cuenta que ha tenido un resbalón con un joven que es un vago y un calavera según la Sahagún. Además comprueba en carne propia la tesis determinista del comandante Gabriel Pardo, según la cual, la conducta de los españoles se vuelve bárbara y sigue los instintos bajo la influencia del medio climatológico (el calor). Pero la condesa de Andrade confiesa para sus adentros la atracción que siente por Diego Pacheco.

Luego realizan una excursión a las Ventas del Espíritu Santo, que culmina con el enfado de la pareja. Decide, entonces, la marquesa marcharse a Vigo; pero llega de visita el comandante Pardo y luego aparece Diego Pacheco; y el comandante se da cuenta de las relaciones del gaditano con Asís Taboada y Gabriel Pardo abandona la casa.

En el capítulo final se hacen las paces. Se entrega la protagonista a su insistente galanteador y se anuncia el compromiso de boda. Desenlace, pues, tan abrupto como el comienzo de la novela.

En la novela Insolación, si bien el narrador es omnisciente y cuenta la historia en 3ª persona, sin embargo del capítulo II al VIII cede la palabra a Asís Taboada, la protagonista, que relata mentalmente los siete capítulos citados en 1ª persona y retrospectivamente.

Un aspecto a destacar de la novela es la competencia lingüística de los personajes. El narrador utiliza un lenguaje culto trufado de algún coloquialismo. Los personajes pertenecen a dos estratos sociales: la clase alta y el pueblo y ofrecen una variada gama expresiva según su procedencia geográfica, cultura y situación económica.

La duquesa de Sahagún y Pacheco son gaditanos, pero mientras la primera muestra en el habla una modalidad estándar, tal vez por sus años de permanencia en Madrid, el segundo habla con los rasgos del andaluz occidental.

La protagonista, Asís Andrade y Gabriel Pardo, a pesar de ser gallegos, también hablan un castellano estándar sin ninguna muestra de galleguismos.

Las gitanas de la buenaventura emplean términos del caló y los demás miembros de las clases populares-los chulos, la chica del figón, las pitilleras- muestran un habla vulgar llena de incorrecciones, como ejemplo: “¿Qué vus pensais? Pus una conocí yo, casáa con un personaje de los más superferolítico… (…) y andaba como caa cuala, con su apaño”1.

También tienen interés la descripción de la feria de San Isidro y la excursión a las Ventas del Espíritu Santo, verdaderos cuadros de costumbres.

La novela fue considerada escandalosa por algunos críticos de la época, que sólo vieron en ella un tema atrevido en exceso. A José Mª Pereda le parece muy mal que la marquesa se vaya a la romería del Santo con un caballero al que ha conocido el día anterior. Luego la dama se mete con él en figones y merenderos y para más “inri” la señora toma jerez y manzanilla y se emborracha.

Clarín, que por estas fechas ya no tenía buenas relaciones con la Pardo Bazán, arremete contra la novela en un “Palique”, donde dice que la obra le parece “la menos digna de encomio de cuantas ha escrito doña Emilia” y más tarde en un “Folleto literario” al hacer la crítica de Morriña, se refiere a Insolación calificándola de “antipático poema de una jamona atrasada de caricias” (O. C. p.16) .

Algunos críticos contemporáneos hicieron una interpretación naturalista de la novela, ya que observaron que el comportamiento de la marquesa de Andrade estuvo condicionado por el medio climático, que provoca una conducta bárbara en las gentes del país, lo cual nivela las clases sociales que actúan de la misma manera, tesis defendida por Gabriel Pardo (cap. II).

Otros críticos actuales (Hesse,1980, Heminway, 1983 y Marina Mayoral, 1987) prestan atención al estudio de la psicología de los personajes y las tesis feministas y tiran por tierra el mito determinista. En efecto surge el deseo amoroso y su voluntaria aceptación por parte de Francisca de Asís, lo cual conlleva un enfrentamiento con su mentalidad y con los códigos sociales establecidos. Lo dice bien claro la protagonista: “No andemos con sol por aquí y calor por allá. Disculpas de mal pagador (…) Mi pecado gordo en frío, sin circunstancias atenuantes y con ribetes de desliz chabacano” (O.C. 47) y más adelante dice la marquesa: “Mareo, alcohol, insolación…¡Pretextos, tonterías!...lo que pasa es que me gusta, que me va gustando cada día un poco más, que me trastorna con su palabrería…y punto redondo (…) y nada que no me desenredo” (O.C. 135).

La marquesa viuda de Andrade participaba en fiestas, saraos y relaciones sociales para hacer su vida más divertida, pero el aburrimiento se había apoderado de ella y sus naturales ganas de vivir ya habían sido reprimidas en su matrimonio desigual. Ante esta situación Pacheco, el meridional, supondrá para ella la resurrección, la juventud, la vida y también la pasión y el atractivo sexual.

Desde el punto de vista de la intimidad amorosa, el feminismo ha defendido la postura de la marquesa como defensora del placer erótico y de la complacencia en el amor carnal. Asís decide entregarse a Pacheco y romper con los tabúes religiosos y sociales. Hay que tener en cuenta que doña Emilia defiende en esta época (1889) la equiparación entre la moral sexual masculina y femenina, siguiendo a los krausistas. Escribió 4 artículos bajo el título, “La mujer española” para la publicación londinense Fornightly Rewiew, que luego aparecería en La España Moderna (1890).

A este respecto de la desigualdad moral entre hombres y mujeres dice el comandante Pardo: “A nosotros nos enseñan lo contrario; que es vergonzoso para el hombre no tener aventuras, y hasta queda humillado si las rehuye”( O.C. 119). Lo cual hoy día 127 años después todavía la sociedad, en cuestiones de moral, utiliza medidas distintas para hombres y mujeres.

Pero ante todo Insolación es una novela de amor (Historia amorosa), que desarrolla como tema fundamental la evolución íntima de Asís Tabeada, el nacimiento de una pasión amorosa que tiene su origen en la atracción física y que acaba transformando la vida del personaje. La marquesa, a pesar de las admoniciones de la voz narradora, tiene todo el derecho a ser feliz con el hombre que le gusta y a enamorarse de un calavera, de un pillo guapo, de un perezoso, ignorante y sensual.

La decisión de casarse, como consecuencia del enamoramiento, la toman los dos amantes en el transcurso de la noche y de forma inopinada, abrupta, sin pensárselo. El hecho de acabar la novela en boda puede parecer una concesión a la moral de la época para lidiar a la censura, pero se acepta. Es cierto que los protagonistas se conocen sólo desde hace cinco días, pero la impresión del lector es la de un periodo mayor.

La idea del matrimonio le ha servido a la autora para cubrirse las espaldas y ofrecernos la escena más atrevida de la novela: Asís abre la ventana de su dormitorio, “despeinada, alegre, más fresca que el amanecer, abre de para en par, sin recelo más bien con orgullo” (…) y se asoma a ella con su amante. “Pacheco está allí también, y los dos se asoman, juntos, casi enlazados, como si quisieran quitar todo sabor clandestino a la entrevista, dar a su amor un baño de claridad solar, y a la vencindad entera parte de boda... Diríase que los futuros esposos deseaban cantar un himno a su numen tutelar, el sol” (O.C. 166).

La marquesa de Andrade se comporta ante el amor y el placer (deseo sexual) con una soltura impropia de una mujer de su época. Pero hay algunas circunstancias que ayudan a esa toma de posición. En efecto, no se trata de una jovencita inexperta, sino que es una viuda de 32 años con independencia económica y goza de libertad sin tener que rendir cuentas a su marido. Además pertenece a la clase alta, y hay más tolerancia que en la clase media. Asís Taboada no se propone subvertir el orden social, no es un revolucionaria, es más bien conformista, pero tampoco está convencida que haya que cumplir las normas sociales al pie de la letra.

Diego Pacheco, el galanteador, invita a la marquesa a la pradera de San Isidro y van a comer a una fonda y esta es la reacción de nuestra heroína: “(…) la idea me asustó; me pareció indecorosa y vi (…) sus dificultades y riesgos. Pero al mismo tiempo, allá en lo íntimo del alma, aquellos escollos me la hacían belicosa, apetecible, como es siempre lo vedado y lo desconocido. ¿Era Pacheco algún atrevido, capaz de faltarme, si yo no le daba pie? No por cierto”(O.C. 69). Hay, por tanto, dos fuerzas dentro de la mente de la Asís Taboada, por un lado la idea de ir a comer con un joven atractivo y simpático es tentadora, pero, a la vez, es transgresora, porque no es la conducta esperada de una dama de su categoría. Para conciliar ambas fuerzas, la viuda confía en el honor de Diego, que es un caballero.

La Asís no busca protección, ni posición económica. Ella es rica y libre. Su matrimonio con un hombre mayor, quizá fue por seguridad, pero ahora es el amor lo que la lleva a conocer a otro hombre y cuando Diego Pacheco le propone pasar la noche juntos, ella no duda y dejando a lado las normas religiosas y sociales, le dice, -“Quédate”. El instinto sexual vence, después de una lucha interna en el alma de la marquesa.

Gabriel Pardo, personaje secundario, liberal, muestra su estrechez de miras cuando comprueba que su amiga Asís Andrade recibe la visita de Diego Pacheco: “me ha engañado la viuda…Yo que la creía una señora impecable” Y más adelante se dice para sus adentros: “¡Se despejó la incógnita¡ Y decir que no hará dos semanas que se conocieron en casa de Sahagún!...¡Mujeres!” (160). Es decir, la reacción del gallego liberal es la típica masculina, que a la hora de la verdad, es tan intransigente como la sociedad que tanto critica por falta de tolerancia. La autora criticará a través de la conducta de Gabriel Pardo a todos esos liberales españoles, cultos, hombres de mundo, que abogaban por una educación para la mujer igualitaria con la del hombre, pero puestos a prueba son tan intransigentes como la sociedad cerrada y estrecha en la que viven.

Doña Emilia nos presenta en Insolación” a una mujer que se burla de la sociedad con su relación prematrimonial, que al final sale premiada con la boda, en vez de castigada por transgresora. Y en el epílogo asegura que el hecho ha sido “una atrevida infracción de todo lo que no debe, ni puede infringirse” (165); y para que no recaigan en el extravío, necesitan la bendición del cura para santificar sus relaciones.


Insolación es una buena muestra de un feminismo incipiente. La viuda de Andrade se toma más libertad de la que su sociedad le ofrece. Y al igual que el hombre disfruta del amor.



José Lázaro Galdeano
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
En cuando al fondo autobiográfico de Insolación podemos decir que a finales de mayo de 1888 doña Emilia visitó la Exposición Universal en Barcelona, unos días después de que Benito Pérez Galdós, compañero sentimental de la autora, hubiese concluido su visita a la Exposición. Acompañaba a la condesa Narcís Oller, quien le presenta a José Lázaro Galdiano, once años más joven, navarro, refinado y culto, que logra seducir a la novelista gallega y ésta abandona a sus amigos catalanes Oller, Ixart y Sardá con quienes mantenía correspondencia.

Así las cosas, doña Emilia y Lázaro Galdiano realizan una excursión a Arenys de Mar y comienzan una relación íntima. Dice Oller: “Alguns volgueren suposar després que Insolación n‘ és un reflex” (Memories Literaries. Aedos. Barcelona, 1962).

A partir de este episodio la amistad entre doña Emilia y Oller se enfría por parte de ella, deja de escribirle con la asiduidad acostumbrada. Pues bien la relación de la gallega y el navarro era del dominio público en el mundillo literario, mientras que su relación con Galdós la llevaba muy en secreto (gracias a Galdós según puede comprobarse por las cartas). El propio Oller parece ser que fue quien informó a Galdós del affaire de Arenys y doña Emilia con valentía confiesa su desliz y le pide perdón en una carta:

Hoy 26-A media noche: “mi infidelidad material no data de Oporto, sino de Barcelona, en los últimos días del mes de marzo-tres días después de tu marcha. Perdona mi brutal franqueza (…) no me resolví a perder tu cariño confesando un error momentáneo de los sentidos, fruto de circunstancias imprevistas. Eras mi felicidad y tuve miedo a quedarme sin ella. Creía yo que aquello sería para los dos culpables igualmente transitorio y accidental. Me equivoqué: me encontré seguida apasionadamente querida y contagiada.(…) Deseo pedirte de viva voz queme perdones2.

La novela Insolación reproduce en su esquema argumental el lance de amor entre doña Emilia y Lázaro Galdiano: una viuda aristocrática, de 32 años, conoce a un joven en una tertulia y al día siguiente se van con él a la romería de San Isidro. El sol y el jerez trastornan su comportamiento habitual e incurre en una serie de ligerezas que comprometen su honor a los ojos de la pacata e hipócrita sociedad de la Restauración. Y en vez de cortar la relación, llevada primero por la curiosidad y después por el atractivo de su pretendiente, la dama sigue la relación hasta que acaba enamorada de él y anuncian su boda.

La novela esta dedicada “A José Lázaro Galdiano, en prueba de amistad”. LA AUTORA. Esta valentía de doña Emilia al dedicar la novela a su amigo, recuerda un poco el gesto de de la protagonista de Insolación, cuando abre la ventana de su dormitorio y se asoma con su amante para que todos puedan verlos juntos: “y los dos se asoman juntos, como si quisiesen quitar todo sabor clandestino a la entrevista”(166). El gesto de doña Emilia es mucho más valiente, porque la marquesa protagonista en ese momento anuncia su boda, y en la Pardo Bazán hay un gesto de independencia y de desafío a la sociedad hipócrita que la rodea.

La novela ha sido considerada como un posible trasunto autobiográfico de su relación amorosa con José Lázaro Galdiano, aunque ya estaba comenzada en junio de 1887, por lo tanto no fue la excursión a Arenys la génesis de Insolación; pero parece ser que la corrección de las galeradas, realizada en fecha reciente a la relación, liga un poco la novela a relación amorosa entre la autora y el futuro bibliófilo coleccionista y editor don José Lázaro Galdiano.

Doña Emilia, superado este affaire amoroso, logró madurar una relación amistosa duradera con José Lázaro, compartida con su entorno familiar y fue asesora y colaboradora, en los primeros tiempos, de la revista La España Moderna, que fundara en enero de 1889 don Lázaro.

CONCLUSIÓN:

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El título de la novela de Doña Emilia Insolación es confuso o irónico, porque si bien se produce la insolación en la pradera de San Isidro por efecto del sol, vemos después que hay un firme deseo amoroso por parte de la protagonista, es decir se produce la relación ilícita deliberadamente.

En Insolación el nombre de la protagonista Francisca de Asís Andrade, solo el segundo apellido delata su procedencia gallega, si acaso las muestras de ‘caridad franciscana’ serían los encuentros y devaneos con Diego Pacheco. Gabriel Pardo, en cambio, es gallego, liberal y lleva el primer apellido de la autora (Emilia Pardo) y es el portavoz del naturalismo en la novela.

Doña Emilia en Insolación plantea una novela convencional, y si acaso la innovación técnica más notable es el cambio de punto de vista del capítulo II al VIII, narrados en 1ª persona por la protagonista y el resto está contado en 3ª persona por un narrador omnisciente. Abandona los temas del sacerdote enamorado, el adulterio, la crisis religiosa o la sociedad del “quiero y no puedo”, que son lo tópicos característicos de la novela de la segunda mitad del siglo XIX, y opta por el tratamiento de la relación ilícita, quizá porque ya se estaba agotando el tema del adulterio femenino y nos ofrece una novela de amor con transgresión.

Se trata de una novela urbana basada en la sociedad madrileña de la Restauración, tal como venía haciendo Galdós: novelar la sociedad madrileña. Los personajes son de clase alta con ligera participación de personajes populares. Espacio, pues, madrileño y tiempo reducido.

.En Insolación se da la relación ilícita, porque la marquesa de Andrade y Diego Pacheco no están casados; y también se nota la iniciativa de Francisca de Asís o la sinceridad reconociendo que le gusta, que le atrae el gaditano, aunque todo se intente remediar con el sacramento del matrimonio.

El trasfondo autobiográfico de doña Emilia en Insolación, ya vimos que refleja el lance de amor de doña Emilia con José Lázaro Galdiano y si bien doña Emilia se puede ver representada en la marquesa de Andrade, de ninguna manera podemos comparar a José Lázaro, bibliófilo, editor, anticuario y coleccionista con el personaje Diego Pacheco

¿Se produce alguna sanción involuntaria en Insolación? Podemos considerar que Diego Pacheco se ve obligado, con el anuncio de la boda a sentar la cabeza, como era el deseo de su padre y en este sentido le supondría una pérdida de libertad. Diego Pacheco ya anuncia que se va a presentar a diputado por Vigo con la ayuda del futuro suegro y ya tendríamos a un haragán convertido en útil presupuestívoro.
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Recientemente (del 10 de diceimbre de 2015 al 24 de enero de 2016) Insolación ha sido llevada a las tablas con una magistral adaptación de Pedro Víllora, bajo la dirección de Luis Luque en el "Teatro María Guerrero". Asís Toboada reperesentada por María Adánez y Pedro Pacheco por José Manuel Poga con gran éxito de público.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
BIBLIOGRAFÍA:

Acosta de Hess, Josefina. Galdós y la novela de adulterio: Edit. Pliegos. Madrid, 1986

Bravo Villasante. Biografía de doña Emilia Pardo Bazán. R.de Occidente. Madrid, 1962

Cook Teresa. El feminismo en la novela de la Condesa de Pardo Bazán. Diputación de La Coruña, 1976.

Jiménez Pérez, Elena “Breve acercamiento a Insolación”, en Esfera, nº 1, 2009

Pardo Bazán Emilia. Cartas a Galdós (1889-1890). (Prólogo y edición de Carmen Bravo Villasante). Edit. Turner. Madrid, 1978

-Insolación (Introducción de Marina Mayoral). Espasa-Calpe. Madrid, 2007

Soberano, Gonzalo. Forma literaria y sensibilidad social. Edit. Gredos. Madrid, 1967

Zecchi, Bárbara, “Insolación de Emilia Pardo Bazán”, en MNL, vol 122, nº 2, marzo, 2007















   











 
1 . Pardo Bazán Emilia, Insolación, (Introducción de Marina Mayoral), Espasa-Calpe, Madrid, 2007, p. 147
2 . Pardo Bazán Emilia. Cartas a Galdós (1889-1890) (Prólogo y edición de Carmen Bravo Villasante. Turner. Madrid, 1878 (pp. 23-24)

lunes, 18 de enero de 2016

ELOGIO DE LA CRÍTICA URGENTE





                               Yo diría que la crítica literaria enriquece la literatura

                                                         JORGE LUIS BORGES





La labor del crítico literario consiste en informar sobre la obra que juzga; tiene que interpretarla: cuál es su mensaje, qué nos transmite, cuáles son las innovaciones formales y por último valorarla.

Si seguimos el criterio de Dámaso Alonso (Poesía Española, Gredos, 1993), dice que el primer conocimiento de la obra literaria es la intuición del lector.

Las obras literarias no se escriben para los comentaristas y para los críticos, sino para el lector; y continúa Dámaso Alonso: a ambos lados de la obra literaria hay dos intuiciones: la del autor y la del lector.

Pero hay un segundo conocimiento de la obra, el del crítico, que es un lector con una capacidad de lectura muy intensa. Sería, pues, el lector excepcional que tiene una capacidad intuitiva, totalizadora sobre la obra que lee; y, además, tiene una gran capacidad expresiva, comunicativa y de escritura de esas intuiciones y las transmite. Así pues, informa, interpreta y valora y su juicio sirve de guía para los lectores.

El crítico es ese lector ideal, que frente a una obra literaria auténtica, llegará a una intuición semejante a la que expresó el autor; y frente a una obra inauténtica descubrirá, en seguida, la falta de intuición artística por parte del creador. La misión del crítico consistirá en discernir entre una obra literaria y un producto meramente editorial. Pero, ¿cómo tiene que ser el crítico, ese lector ideal? Pues, lógicamente, tiene que tener una sólida formación literaria y un abundante caudal de conocimientos y un gusto literario muy educado.

Todos los teóricos de la crítica literaria urgente manifiestan, que el crítico no tiene que perder la ingenuidad del lector (la intuición de D. Alonso), la primera impresión de lectura y a partir de ahí enriquecerla con razones críticas y técnicas y adentrarse en la complejidad de la obra literaria.

El crítico no debe ‘contar’ la obra, sino analizar su estructura, sus rasgos literarios nuevos y hacer un juicio valorativo final.

Por otra parte, el crítico tiene que ser un buen escritor, tiene que transmitir con claridad técnica la valoración crítica, sin jergas.

Otro asunto que nos interesa dilucidar entre las funciones del crítico sería primordialmente separar el grano de la paja, es decir, las obras literarias de los productos editoriales. Debe prevenir al lector de la publicidad de las editoriales, que incluso en colecciones de prestigio, colocan un éxito de ventas.

A veces el enfoque interpretativo de una obra literaria varía mucho de un crítico a otro y ello ha dado pie a la corriente de las lecturas múltiples, tantas como lectores, no todas las lecturas, ni las interpretaciones son igualmente aceptables.

La función del crítico tiene un alcance social, por lo tanto prodigar elogios a diestro y siniestro para no crearse enemigos, perjudica a las obras de calidad y borra toda jerarquía estética. Tampoco es cuestión que el crítico se dedique a repartir mandobles por doquier, sino que debe mantener unos postulados estéticos e ideológicos y ser ponderado en sus juicios.

Otro aspecto importante de la crítica son las publicaciones en las cuales el crítico ejerce su función orientadora, que normalmente son los suplementos literarios o culturales de los periódicos (ABC, EL CULTURAL, BABELIA, LA RAZÓN, LA VANGUARDIA), y aquí ya topamos con los intereses de los grupos editoriales, diarios que pertenecen a un grupo editorial o la dependencia de los contratos de publicidad, la competencia entre editoriales etc.; por lo tanto el primer crítico es la redacción del periódico aceptando o silenciando una obra.

También hay que tener en cuenta que estos suplementos trazan el panorama de las novedades semana a semana, con lo que la labor del crítico se ve sometida a plazos muy breves, de ahí crítica urgente, también llamada militante.

Esta crítica también se ejerce en las revistas culturales, donde con algo más de calma se escriben reseñas y críticas de libros, destinadas a un público menos numeroso. Estas revistas son, entre otras: Cuadernos Hispanoamericanos, Revista de Occidente, Ínsula, Quimera, Archipiélago.

El crítico tiene que ser exigente con los escritores de prestigio. Debe desmitificar a los escritores, cuyo prestigio de debe a razones extraliterarias y distinguir entre obras buenas o menos buenas de un escritor consagrado.

Sin embargo con los escritores que empiezan debe ser exigente, pero benévolo, no vale la pena hacer críticas muy negativas. Todo creador merece un respeto, aunque solo sea por aspirar a saltar la gran muralla que lleva a la literatura de calidad.

Por último la profesión de crítico no se estudia en ninguna facultad, el crítico es autodidacta; aunque una sólida formación académica es muy importante; pero serán las lecturas, la intuición y el buen gusto literario, los que le llevarán a escribir buenas críticas.



                 

  


         





martes, 8 de diciembre de 2015

JUAN JOSÉ, ¿MELODRAMA O DRAMA SOCIAL? de Joaquín Dicenta


 


                                                            
Calatayud, 1862 (Zaragoza)- Alicante, 1917
                                            

 
 
 
INTRODUCCIÓN

España desde 1875, fecha de la Restauración Monárquica (Mas, 1982: 14-16) en la persona de Alfonso XII, está dirigida por dos partidos que alternan rigurosamente en el gobierno de la nación: el Conservador de Antonio Cánovas del Castillo y el Liberal de Mateo Práxedes Sagasta.

Este sistema se afianza cuando Cánovas y Sagasta en 1885 institucionalizan el sistema político de los partidos turnantes y sumen al país en la monotonía y en la inoperancia social.

La estabilización política permitió algunos logros económicos y legislativos; pero también generó grandes lacras como la paralización intelectual del país, la corrupción administrativa y sobre todo el caciquismo, principal freno democrático.

En este contexto político inoperante empiezan a surgir los primeros movimientos obreros con el fin de mejorar sus condiciones laborales. Así en 1874 nace el PSOE y en 1888 Pablo Iglesias funda la UGT. La clase trabajadora se organiza, se manifiesta, presenta sus reivindicaciones y en Bilbao se realiza la primera huelga en 1889.

España vive en este final de siglo una de sus crisis más profundas de su historia con dos mentalidades enfrentadas: “idea” y “materia”: conservadurismo, casticismo y nacionalismo (idea), frente a progreso económico, liberalismo y europeísmo (materia); y como telón de fondo la debacle colonial.

El triunfo de la Revolución de 1868 (“La Gloriosa”) debía encaminar a la sociedad española por cauces democráticos y realizar la tan esperada revolución burguesa; pero la ideología conservadora, a pesar de su derrota en el 68, seguiría, en la práctica, detentando el poder, porque la clase media y la burguesía liberal pactaron con los conservadores y le dieron la espalda al pueblo.

Toda esta situación política tendría su reflejo en la producción periodística y literaria. Galdós, por su parte, que escribe desde dentro de la burguesía criticándola y que tiene como objetivo novelar la sociedad presente1 en sus obras,  como Lo prohibido (1884) o Torquemada en la hoguera (1889), en las que, por medio de alianzas matrimoniales, une a la burguesía adinerada con la vieja aristocracia, confirmando el pacto político entre la vieja clase dominante y la burguesía.

Esa burguesía logrera, que había conseguido a bajo precio edificios, fincas y terrenos rurales con las desamortizaciones de los bienes eclesiásticos y con los negocios de contratas para el abastecimiento del ejército en la guerra carlista, fue la que decoró sus caudales con títulos de nobleza, casando a sus hijos con la aristocracia empobrecida con el trasfondo político correspondiente.

Joaquín Dicenta, a su vez, aparece en Madrid en 1881, como miembro singular de la bohemia literaria finisecular, plena de escritores y artistas en busca del éxito.

En la bohemia de Dicenta tenemos que distinguir dos etapas, la primera llegaría hasta 1895, fecha del estreno de Juan José, llena de miseria y calamidades, coincidiendo con los fracasos de Los irresponsables (1890) y Luciano (1894) y la segunda desde 1895 hasta el final de su vida, en la que vivirá una bohemia más o menos dorada.

Desde luego cuando surge el teatro de Dicenta, el dueño y señor de la escena española es el Premio Nobel de Literatura don José Echegaray (1832-1916), que coloca a nuestro teatro en el pasado. Lo que hizo Echegaray fue ofrecer a la burguesía lo que ella pedía: una tenue adulteración de la verdad, dejando fuera del escenario los temas problemáticos, y ofreciendo un mundo de pasiones intrascendentes que se avenían muy bien con la moral burguesa. Sus melodramas se caracterizan por pasiones vanas, sonoridad retórica y efectismos dramáticos, como se aprecian en El gran Galeoto (1881) y El loco Dios (1900).

Ante este panorama, Dicenta concibe el teatro como un lugar donde presentar las injusticias, los vicios y los problemas que tiene la sociedad moderna con el fin de remediarlos.

La reforma que los autores teatrales finiseculares propugnaban- siendo Dicenta uno de ellos- consistía “en utilización de una escenografía brillante y expresiva, puesta al servicio de la obra (…), abandono de los efectismos melodramáticos en las obras y búsqueda de una mayor penetración psicológica”2.

Además Dicenta rompió con el verso, a medida que evolucionaba del drama romántico al realista, escribiendo en prosa.

Dicenta se inicia en el teatro bajo la influencia de Echegaray y estrena El suicidio de Werther (1888), Honra y vida (1888), La mejor ley (1889) y Los irresponsables (1890). Estas obras escritas en verso fluido, ya muestran cierta simpatía por las clases débiles y una crítica hostil hacia los poderosos.

En 1984 estrena Luciano, drama en tres actos y en prosa y ya en 1895 estrena Juan José, dentro de la órbita del teatro social, como El señor feudal, Aurora y Daniel, obras en las que refleja la problemática de los trabajadores con realismo.

Conviene, no obstante, explicar, ¿qué entendemos por teatro social? Pues el autor teatral pretende expresar ante el público una realidad, con objeto de conseguir que el espectador tome conciencia del problema opte por una reforma positiva de esa realidad.

Pues en esta etapa de la evolución teatral de Joaquín Dicenta se produce el estreno de Juan José, obra, objeto de nuestro estudio.



JUAN JOSE

 
 
                                                                     
Juan José (1895-1916) de Joaquín Dicenta
 
 
La génesis de la obra según relata el periodista Ricardo Fuente se produce en un pueblo de Castilla en 1885, donde había ido con Dicenta para participar en una conspiración republicana. Ricardo Fuente dice que estando en una vieja posada, oyeron contar a alguien un suceso que había ocurrido allí. Esa misma noche, Dicenta lo glosa en forma de artículo. El artículo lo convierte en cuento tres años después y lo incluye en su primer libro Espoliarium (1888), titulándolo “Juan José”.

En 1892 Dicenta mencionó en Tinta negra que estaba preparando una novela con el título de “Juan José”, que no publicó y en su lugar creó el drama Juan José.

El estreno de Juan José se produce el 25 de octubre de 1895 en el Teatro de la Comedia de Madrid. Es un acontecimiento insólito, pues rompe con la monotonía teatral imperante y aporta grandes dosis de modernidad.

A finales de siglo el teatro discurría por dos corrientes: la del drama realista con Enrique Gaspar y Benito Pérez Galdós y la del drama social como espejo de la problemática laboral del proletariado con L. Cano, La Pasionaria (1893); y quizá los antecedentes más inmediatos de Juan José son Teresa (1895) de Leopoldo Alas, “Clarín”, drama proletario con claros tintes revolucionarios, no logrado teatralmente y rechazado por el público y El pan del pobre (1894), adaptación que hicieron Francos Rodríguez y Félix González Llana de la obra del teatro social europeo, Los tejedores de G. Hauptmann.

Pero veamos el argumento de Juan José:

Juan José es un albañil, que está enamorado de Rosa, que trabaja en una fábrica y con las tercerías amorosas de Isidra es pretendida por Paco, encargado de la obra, donde trabaja Juan José.

Una tarde, después del trabajo, quedan en una taberna Toñuela y Rosa con Andrés y Juan José, pero éstos van a hacer una chapuza y se retrasan. Paco está en un reservado de la taberna celebrando una francachela e invita a Rosa a cantar, en esto llega Juan José, reconoce su voz y se producen los celos fundados.

Esto trae consigo un enfrentamiento con Paco y le despide de la obra. La pareja pasa necesidad, pues Rosa también había sido despedida de la fábrica y Juan José se ve abocado a delinquir; es apresado y condenado a 8 años de cárcel. Rosa no asistió al juicio, fingiendo que estaba enferma. Ya en la cárcel recibe una carta de su camarada Andrés, en la que le informa que Rosa está viviendo en la misma casa, pero en el principal con Paco, llevando una vida regalada.

Con un compañero de la cárcel, Cano, planea la huida en una conducción y Juan José se presenta en casa de Rosa y Paco. Paco está ausente, pero cuando Rosa siente sus pasos, Juan José sale a esperarlo, le reta y le mata. Rosa pide socorro por el balcón, Juan José le tapa la boca y la sujeta por la garganta e involuntariamente la mata.

Al final entra Andrés y le insta a huir, pero Juan José dice:

“¡Y “pa” que voy a huir? Mi vida era esto (Por rosa), y yo la he matado”…Acto III, escena final.



EL ESTRENO DE JUAN JOSE

El ambiente que rodeó el estreno de la obra fue algo extraño: los murmuradores del saloncillo, las peñas teatrales hicieron sus cábalas: “Es una cosa disparatada. Todo pasa entre obreros: una taberna, una guardilla, la cárcel (…). La cárcel sí; (…) donde antes los salones, los saraos, los duques (…)., ahora los zaquizamíes, las tasca, los tíos y las tías (…). Esto no puede gustar. Esto lo patean”, esto dice Francos Rodríguez del estreno3.

Además de estos temores de las habladurías de las tertulias de café, se dio la circunstancia que la actriz Maria Tubau se negó a representar el papel de Rosa, aduciendo motivos morales para interpretar a una mujer amancebada. El papel fue representado por Juanita Martínez, una actriz primeriza y el consagrado Emilio Thuiller a Juan José.

La tarde del estreno Francos Rodríguez se entrevista con su amigo Dicenta y le pregunta:

-“¿Qué tal?” -“Magnífico” – contestó.

Juan José me salva. Es carne de mi carne, sangre de mi sangre. En él cuajaron los ímpetus de mi temperamento, los rasgos de mi carácter. He aprisionado a la verdad para lanzarla al escenario; allí está clavada por mí, sujeta por mi esfuerzo, para que exprese bien lo que soy y lo que ambiciono”4.



Al estreno acudió el público habitual. Se alzó el telón y apareció una taberna de los barrios bajos, donde antes se veían salones burgueses, con cuatro jugadores de cartas en un velador. Uno de ellos, Perico tiene un periódico en la mano y deletreando con voz firme llena el espacio sonoro:

No… es… posi…ble…sopor…tar en silencio la conducta de un gobierno que así olvida los sacratísimos derechos del ciudadano. Hora es ya de que el noble pueblo español proteste de tan inicuos atentados y salga a defensa de la “libertá” y de la patria escarnecida por los secuaces de la reacción (…). ¡Hay que echarse a la calle y acabar con el hato de granujas que nos oprime! ( I, 1ª)5.



Todo lo que se vio en el escenario era nuevo, como si un ‘viento del pueblo’ hubiera barrido el ambiente hasta entonces cargado de perfumes, coqueteos retóricos y lisonjas dulzonas, lo que allí apareció fue la realidad pura.

La obra tuvo un éxito rotundo, a pesar de las dudas del preestreno y todo ello debido a la valentía de Dicenta, que supo trasladar los problemas de una clase social- digamos la burguesía- al pueblo.

Y en cuanto a la innovación teatral es el introductor del pueblo con una función muy distinta de la que le habían asignado los dramaturgos del Siglo de Oro. Los personajes de Dicenta se rebelan contra unos usos, unas instituciones y un estado vigente, porque tienen conciencia del papel que desempeñan dentro de la sociedad.

Además de incorporar al pueblo- el proletariado- como protagonista, pone de manifiesto, que éste tiene los mismos sentimientos, que la clase aristocrático-burguesa, que hasta entonces había sido la única protagonista.



ESTRUCTURA

Hay en Juan José dos estructuras, que corren paralelas y fuertemente soldadas. Una primera estructura externa, que es la que viene representada por un drama convencional de amor, pasión y celos, que genera parte de la acción dramática.

En efecto Juan José plantea la relación amorosa entre Rosa, joven obrera, aficionada al dinero y a la juerga y Juan José, albañil analfabeto, entregado en cuerpo y alma a su amor. Paco, antagonista, maestro de obra de Juan José, pretende a Rosa, que aleccionada por la “señá” Isidra, se deja llevar. Juan José confiesa a su compañero Andrés sus celos:

“Andrés: Más que tú, que no sabes lo que te pescas, porque estás “encelao”.

Juan José: Sí lo estoy Andrés, y la sangre se me enciende en el cuerpo cuando imagino que Rosa puede dejarme de querer” (I, 4ª).

El triángulo amoroso se tiñe de verdadera rebeldía social. Los celos encierran la impotencia de quien asume la inferioridad y se sabe incapaz de atar a su amada ante los estímulos lujosos que ostenta el rival, observados con fascinación y ansias de emulación por parte de Juan José para retener a su amada Rosa:



Juan José: (…) La otra mañana me fue Rosa a buscar a la obra y Paco se puso delante de ella y empezó a soltarle requiebros y a pasearle por sus ojos los “deos” llenos de sortijas, y a decirle, mirando “pa” mí (…) Que suerte tienen algunos hombres y que mal “ganá”… Yo seguía trabajando (…) y me fijaba en él (…), en mi blusa “remendá” y en su ropa nueva, en el yeso que había en mis manos y en las sortijas que había en las suyas y sentí…No sé lo que sentía entonces (I, 4ª).



Tras un enfrentamiento verbal entre patrón y obrero, Juan José es despedido con el agravante que Rosa también fue despedida de la fábrica, con lo que se colocan al borde de la indigencia. Forzado por la situación, comete un robo que le lleva a la cárcel, de donde se fuga para dar muerte a Paco y a Rosa.

Hay, pues, una venganza de sangre que aplacaría la humillación padecida por Juan José. No obstante es consciente de su última derrota, que él expresa desde una perspectiva emocional: “¡Huir!... ¿Y “pa” que voy a huir?... ¿Qué libro con huir?...¡La vida! ¡Mi vida era esto y lo he matao!” (III, 8ª).

Por otra parte en la estructura interna (el otro motor de la acción dramática) se denunciaban gran parte de las lacras sociales del fin de siglo: el drama social:

a) La inutilidad de los esfuerzos revolucionarios manifestada por los obreros no concienciados, sólo Perico y Juan José tienen conciencia de clase. Esto dice Ignacio:

“Ignacio (con desdén): Palabras, música… el tío del hiqui. Estas revoluciones del quita ese “Pa” que suba yo las aprovechan los políticos, los señores de levita…¿Son “pa” ellos? ¡Que las hagan ellos!” (I, 1ª).

b) La farsa electoral de la época y la compra de votos obreros y campesinos por el cacique:

Ignacio: “¿Por qué partido votaste?

Andrés. ¡Yo que sé!...¡Por el partido de las tres pesetas y una copa, maldito si importa aquello!” (I, 2ª).

c) La jornada laboral agotadora, que distaba mucho de las ocho horas: “de las siete de la mañana hasta “anochecío”:

Andrés: ¿Qué hay?

Juan José: “Lo que hay cuando se trabaja desde la siete de la mañana hasta “anochecío”: mucho cansancio y mucho sueño” (I, 3ª).

d) La situación social y la casi imposible reinserción laboral de un ex presidiario:

Cano: “Al salir de la cárcel vete a “peir” trabajo, acércate a la gente “honrá” y verás lo “güeno”.

Juan José: “¿Qué es lo que voy a ver?”

Cano: “Que nadie da trabajo a un “sentenciao” por robo, que nadie abre las puertas de su casa a un ladrón” (III, 1ª).

e) También se apunta el drama social del analfabetismo:

Juan José: (…) “¡Dios mío!, que desgracia tan grande los que nacen como yo… ¡Ni a leer aprenden!... ¡No les enseñan!.”.. (III, 5ª).

En esta misma línea del teatro social los escenarios y el vestuario de Juan José son un tanto inusuales para la época (taberna, guardilla, cárcel y el principal burgués) e iban a impresionar las conciencias de los espectadores burgueses, de tal forma que Juan José será el drama social por excelencia, drama revolucionario.

Así era el vestuario de Rosa y Toñuela: “mantón de lana, delantal azul, falda corta, pañuelo en la cabeza y manguitos azules en los brazos” (I, 8ª, acotación); lo mismo que Juan José y sus camaradas que vestían: blusa obrera y alpargatas, mientras que el señorito Paco, el capataz, burgués en ascenso: “capa negra y sombrero de ala ancha”.

El público del Teatro de la Comedia era burgués, acomodaticio; los abonados iban al teatro para ver y ser vistos, hacer vida social, salir en las gacetillas de actualidad y para confirmar su pertenencia a la clase social dirigente.

A este público escandalizó más la blusa obrera de Juan José, que el contenido ideológico de la obra; porque las tesis socialistas podían escamotearse y, además, Dicenta no acertó a plasmarlas con exactitud y le sobró apasionamiento romántico.

Pese a que la crítica de forma casi unánime habla de una conciencia social, sólo levemente esbozada; los sectores progresistas aprovecharon el éxito de Juan José como una bandera de sus ideas. Así Eduardo Zamacois, en 1916, propuso que adoptaran Juan José como drama simbólico para celebrar la Fiesta del Trabajo. Esto dice Zamacois:

“Últimamente (…) José de Urquía, tuvo la feliz ocurrencia de publicar Juan José el primero de mayo en La Novela Corta6, día consagrado a la Fiesta del Trabajo y la copiosisíma edición que hizo del drama y que dedicaba a los obreros españoles, se agotaba en pocas horas (…) Por qué no celebrar anualmente, en todos los teatros de España, con Juan José el aniversario glorioso denominado La Fiesta del Trabajo”7.

Lo que no cabe duda es que Juan José ante el auditorio del Teatro de la Comedia clama por la justicia social y saca a las tablas una clase social no habitual, que reclama sus derechos.



LOS PERSONAJES

Juan José es el protagonista de la obra, caracterizado por su lucha, su valentía y pundonor. Es el personaje que más elementos románticos posee: origen oscuro (hospiciano), impulsivo y apasionado en su comportamiento. La infancia padecida y la soledad crean un héroe muy próximo al melodrama o folletín romántico.

Rosa es el personaje peor tratado de la obra; se mueve a instancias de la necesidad. Su amor por Juan José variará de inmediato cuando surge la adversidad y se ve privada de lo esencial. Ese amor al ser puesto a prueba por Paco e Isidra se tambalea y cesa cuando Juan José está en la cárcel. Rosa es un personaje acomodaticio que busca la seguridad y el confort.

Paco es el antagonista, que basa su superioridad en su poder económico, dejando a su rival en el paro; transgrede la norma, desestabilizando a la pareja ‘estable’, utilizando las tercerías de Isidra. Está presentado con vigor y realismo.

Los personajes secundarios:

Ignacio tiene conciencia social, mientras que Andrés se entrega al alcoholismo y a la inercia política.

Perico cree inocentemente en la redención de la clase trabajadora, frente al cinismo del tabernero, que para que marche bien su negocio se ha de llevar bien con obreros y patronos.

Toñuela, amancebada con Andrés, es abnegada y diligente, dispuesta a sacrificarse por su pareja, frente a la frivolidad y el materialismo de Rosa, que no está dispuesta a sufrir por nadie.

Isidra encarna el prototipo de la vieja alcahueta.



ESTILO Y LENGUAJE

El lenguaje utilizado es el más adecuado para la obra, ya que está en función de la clase popular iletrada y puesto al servicio de la sociedad.

Dicho lenguaje está dotado de realismo y naturalidad, sin retórica ni pedantería. La lengua que utiliza Dicenta en Juan José es la de la calle. Hay giros populares, refranes, coloquialismos, abreviaturas, deformaciones y cierta comicidad.

Con lo cual el autor conoce bien el lenguaje popular, sin caer en excesivos casticismos. Esto supone, también, innovación lingüística, porque será el primer autor que utiliza este tipo de habla popular, y, a partir, de Juan José, surge una larga tradición, que llevará a sus últimas consecuencias, Carlos Arniches en sus sainetes, con el madrileño castizo achulapado.

La prosa de Juan José, tan real, está sacada del mismo ambiente en que viven los personajes, lo que demuestra la gran capacidad de observación y asimilación del autor.



CRÍTICA DE LA ÉPOCA

Después del exitoso estreno de Juan José, la crítica tanto conservadora como la progresista fue unánime en valorar positivamente la obra.

Pero pasados unos días la crítica tradicional empezó a mostrar su oposición a Juan José, a pesar de que seguía siendo aplaudida por el público. Esta crítica reaccionaria analizaba la obra ciñéndose a su estructura externa: amor, celos y amancebamiento. Esto dice Eneas en El Correo Español:

No queremos que el teatro sea precisamente escuela de buenas costumbres, pero al menos no lo sea de malas. Que no se ensalce el concubinato, no cohoneste el robo, ni vaya a buscar belleza en los lupanares y en los presidios8.



Y la crítica progresista se pronunciaba así:

El drama del señor Dicenta es bueno artísticamente por revelar la esencia de la virtud social de hoy en uno de sus aspectos, por ser resplandor de la verdad, por revelarnos la honda significación de un mundo. No es bueno por tener tesis socialistas, sino que tiene tesis socialistas por ser bueno9.



José Martínez Ruiz, el futuro “Azorín” dice:

Juan José, el protagonista, es el símbolo, la encarnación justísima de todo un pueblo, es el más de toda una clase que sufre la esclavitud del patrono (…), que trabaja para que otros no trabajen, que se deja la salud y la vida en la fábrica, en las minas, en los campos10.

Juan José -dice Martínez Ruiz en otro artículo- es el drama de nuestros días. Es la encarnación, el símbolo de esta sociedad fin de siglo (…), y porque es un drama que vivimos todos, algo que respiramos todos los días (…). Juan José será siempre aplaudida y considerada como una de esas obras que sintetizan toda un época. Joaquín Dicenta de ganó (…) las simpatías del pueblo, que trabaja y lucha, los aplausos calurosos de la juventud, que suspira por la verdad. Ese será el camino11.



CONCLUSIÓN

A pesar de que una parte de la crítica ha querido ver en Juan José un simple drama de amor, celos y venganza con elementos folletinescos (protagonista hospiciano, explotado de niño y analfabeto) y con la presentación novedosa de los ambientes populares (taberna, guardilla, cárcel), todo ello tratado con la misma seriedad que la burguesía en el teatro convencional y con leves atisbos de crítica social; nosotros creemos que Juan José es un drama social plenamente, ya que la circunstancia económica actúa como primera causa del desarrollo de la trama teatral.

Así Juan José es despedido por su patrón por motivos personales, no laborales, con el agravante que Rosa también es despedida de la fábrica. Incluso los personajes secundarios como Isidra, que se afana en su papel de celestina por dinero y el Tabernero, que se abstiene de opinar a favor de su negocio. Hasta Andrés, que bebe para olvidar las penas que derivan de su pobreza.

Esta problemática social se manifiesta en los siguientes puntos:

1. Los celos fundados de Juan José y la pobreza.

2. Agresión del antagonista (flirteos de Paco y Rosa) con la pérdida del trabajo de Juan José y de Rosa, que es despedida de la fábrica junto con su amiga Toñuela.

3. Superación de la agresión por parte de la víctima, que se convierte en agresor; primero la cárcel y luego la venganza: el crimen pasional.

En este sentido podíamos destacar la perfecta imbricación de la estructura externa (amor, pasión, celos, violencia y crimen) con la estructura interna (enfrentamiento entre clases sociales, sociedad injusta, paro y necesidad) que son los motores de la trama teatral en desigual medida, sino la obra no hubiera tenido tan larga aceptación y se hubiera quedado en el éxito del momento.

Pero, además, hay una serie de aspectos externos de la obra que le dan ese pretendido carácter social, a saber:

- El rechazo de la afamada actriz María Tubau a representar a Rosa, aduciendo motivos morales que le impiden llevar a las tablas al personaje, porque Rosa está amancebada. Si se hubiera tratado de cualquier comedia frívola, la Tubau no hubiera tenido ningún problema en representar el papel de protagonista.

- La expectación en los ensayos: “Es una cosa disparatada”. “Todo pasa entre obreros: una taberna, una guardilla, la cárcel. Esto no puede gustar. Esto lo patean”.

- La acotación de Dicenta debajo del Reparto: “Otra”: “Cuiden los actores que representan esta obra de dar a los personajes su verdadero carácter, son obreros, no chulos, y por consiguiente, su lenguaje no ha de tener entonación chulesca de ninguna clase.”12.

- En el banquete en honor de Dicenta por el éxito de Juan José, al que asisten más de 150 hombres de letras, alguien le sugiere que no fuera acompañado de su amante, la cantante gitana Amparito de Triana y él haciendo caso omiso a la sugerencia lee el soneto “No”, que transcribo y que refleja el temple moral de Dicenta:



Cuanto sufrí, y ¡qué solo!...Ni un amigo/

ni una mano leal que se tendiera

En busca de la mía; ni siquiera/

el placer de crearme un enemigo.

De mi angustia y dolor solo testigo, /

de mi penosa vida compañera

Fue una pobre mujer, una, ¡cualquiera!/

que hambre, pena y amor partió conmigo.

Y hoy que mi triunfo asegurado se halla, /

tú, amigo por el éxito ganado,

Me dices que la arroje de mi lado/

que una mujer así deshonra. ¡Calla!

Con ella he padecido y he triunfado./

El triunfo no autoriza a ser canalla.13



- El artículo, ya citado, que Eduardo Zamacois publica en El Liberal (9/5/1916), en el que encomia la labor de José de Urquía al publicar Juan José en La Novela Corta, titulado: “Juan José para Emilio Thuiller”, en el que dice:

“Este hecho, que acredita una vez más la inmarcesible juventud de esta obra, me sugiere la siguiente idea, que ofrezco a todos los comediantes españoles, y muy particularmente al insigne autor Emilio Thuillier: por qué no celebrar anualmente, en todos los teatros de España, con Juan José, el aniversario glorioso denominado la Fiesta del Trabajo”.


Esta propuesta fue bien acogida por actor E. Thuillier y en El Liberal de Madrid, 17/5/1916 aparece “Una carta” del actor publicada por Zamacois, en la que dice que se presta gustoso a la iniciativa.

Poco a poco esta propuesta fue calando entre los actores, como demuestra un artículo del actor Miguel Muñoz publicado en El Liberal, 8/6/1916, en el que manifiesta: “Todos los primeros de mayo- me halle donde me hallare en teatros de España o América- aportaré a este gran homenaje el óbolo modesto de mi cooperación”14.

De este modo se logró que Juan José se representara todos los primeros de mayo en España hasta 1939 y después de esta fecha en el sur de Francia por los exiliados españoles y en Hispanoamérica.

- El contenido de la carta manuscrita que Joaquín Dicenta envía a José de Urquía, autorizando la publicación de Juan José en La Novela Corta y que Urquía publicó a modo de prólogo y cuya lectura resulta dificultosa por la caligrafía de Dicenta. Esto dice l carta:

 
 
 
 
                                                                              
Carta manuscrita de Joaquín Dicenta a José de Urquía
 
 
 
 
Me pide usted autorización para publicar Juan José en La Novela Corta y dedicar el número (…) a los obreros españoles (…). Entre ellos escogí modelos para personajes de mi obra; ellos con sus dolores, con sus ignorancias, con la pobreza material y moral a que les reducían la codicia, el egoísmo y la crueldad de explotadores y viciosos, trajeron a mi corazón primero que a mi inteligencia el trágico poema de los desheredados, al cual quise dar vida en Juan José.

Mucho ha progresado el obrero español desde que escribí la obra; pero la médula de mi drama subsiste, subsistirá mientras la mujer pueda ser empujada a la prostitución y el hombre honrado al crimen, por la miseria, por el abandono y por las explotaciones sociales.

Dedicando usted, querido Urquía, mi drama a los obreros en la fecha 1º de Mayo, satisface mi deseo más firme. (…)

Joaquín Dicenta.

- Otro aspecto, no ya externo a la obra, sino referido a la personalidad de J. Dicenta, debemos destacar: cuando está a punto de morir en Alicante en 1917 pide que le entierren en el Cementerio Civil y manifestó al doctor que le atendía: “Cónstele a usted que ha llegado el fin de mi vida y que muero fuera de cualquier confesión religiosa, manteniendo mis ideales y mirando cara a cara a la muerte”.15

Estas palabras de Dicenta sugieren al crítico argentino Alberto Ghiraldo este comentario:

Así, airosa, serena, gallarda, altivamente, con un gesto certificado de su carácter irreductible, acaba de entrar en la región del misterio quien luchó durante toda su existencia por el advenimiento de una Humanidad organizada de forma más fraternal, más noble, más en armonía con las leyes naturales regidoras de los seres y las cosas”16.

-Juan José mostró un carácter nuevo, revolucionario para su época y del gran éxito inicial pasó a la posterior prohibición por parte de algunos alcaldes de ciudades como Palma de Mallorca, Mahón, Zaragoza y también sufrió la desaprobación de muchos obispos en sus diócesis.

Por todo lo expuesto creemos que Juan José es un drama netamente social.

Juan José, como era habitual entonces en las obras de éxito, generó parodias, imitaciones y derivaciones, así tenemos:

Pepito de Celso Lucio y Antonio Palomero (18945), que se estrenó en el Teatro de la Comedia, 27 días después del estreno de Juan José.

La noche del estreno de Juan José (1915), relato.

Don Juan José Tenorio de J. Silva Aramburu y Enrique Paso (1931)
(*)Juan José, drama lírico popular, en tres actos de Pablo Sorozábal (ópera), 1968. Estreno en concierto, San Sebastián, 2009; estreno absoluto, en versión escénica, Madrid, 2016.

      En cuanto a las ediciones de Juan José, tenemos la primera edición:

Dicenta Joaquín, Juan José, Florencio Fiscowich. El teatro. Colección de obras dramáticas y líricas, Madrid, 1895.

Otras ediciones.

- Sociedad de autores españoles, Madrid, 1912

- José de Urquía en La Novela Corta. Edición conmemorativa del 1º de Mayo de 1916.

- Juan José, El lobo, Sobrevivirse. Teatro selecto. Edit. Cisne, Barcelona, 1935.

- Edición de Jaime Mas, Cátedra, Madrid, 1982

- Juan José y Los Semidioses, Edición de Antonio Fernández Insuela. Col. Arriba el telón. Biblioteca Nueva, Madrid, 1998

- Edición de Fidel López Criado, Mare Nostrum, Madrid, 2005.
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(*) Pablo Sorozábal (San Sebastián, 1897- Madrid, 1988): Músico, director de orquesta y compositor de zarzuelas y óperas. Fue uno de los últimos  compositores de zarzuelas, en una época que el género empezaba a ser anacrónico; entre ellas tenemos: Adiós a la Bohemia (1933), La tabernera del puerto (1936), La del manojo de rosas (1942), Don Manolito (1943).
Operas: Katiuska, la mujer rusa (1931), Juan José (1968).
Pablo Sorozábal asistió como espectador, con apenas 13 años, a una de las múltiples reperesentaciones de Juan José de Joaquín Dicenta y quedó impresionado por el drama social de Dicenta.
Muchos años después se propondría hacer de Juan José un drama lírico social sin folclorismo con dimensiones de ópera. Él mismo denominó Juan José, drama lírico popular, en el sentido de proletario y no folclórico.
Para la adaptación del texto, sobre todo para los diálogos, contó con la ayuda de Aurora Dicenta, hija de Joaquín Dicenta.
Terminó la composición de la ópera en 1968. Intentó estrenarla en 1979 en el Teatro de la Zarzuela, pero no lo logró, por desavenencias con el Ministerio de Cultura.
Por fin en 2009 se estrenó Juan José, en versión de concierto, en el Kursaal de San Sebastián por la Orquesta Sinfónica de Musikene, bajo la batuta de José Luis Estellés. Estreno, pues, póstumo de la obra, que fue obsesión de Sorozábal hasta su muerte en 1988.
Y ahora, el 5 de febrero de 2016, se produce el estreno absoluto, en versión escénica de Juan José, en el Teatro de la Zaqrzuela de Madrid, bajo la dirección musical de Miguel Ángel Gómez Martínez y la dirección escénica de José Carlos Plaza.
Sorozábal considerana a Juan José su obra cumbre, hecha por el pueblo y para el pueblo, con este propósito comentó: "Soy un músico del pueblo y he compuesto con sentido humano. Mi música y mi teatro lírico van dirigidos a las gentes del pueblo".


 
BIBLIOGRAFÍA

Dicenta Joaquín, Juan José, La Novela Corta nº 17, revista semanal literaria, Madrid, 1 de Mayo de 1916. Dicenta autorizó la edición con una carta manuscrita que José de Urquía publicó al principio de Juan José.

- Edición de Jaime Mas, Cátedra, Madrid, 1982

- Edición de Antonio Fernández Insuela, Col. Arriba el telón, Biblioteca Nueva, Madrid, 1998

Edición de Fidel López Criado, Mare Nostrum, Madrid, 2005

Forgas Berdet, Esther, “Ideología y recepción teatral, “Lo social” en el teatro de Joaquín Dicenta” (1990), en revistas.um.es/anales/fh

Francos Rodríguez José, “El estreno de Juan José”, publicado en La Esfera, enero de 1928 (del libro Contar vejeces, que acaba de publicar el escritor), p. 12.

Mainer José-Carlos, Literatura y pequeña burguesía en España, notas (1890-1950), Cuadernos para el Diálogo, Madrid, 1972.

Mas Ferrer, Jaime, Vida, teatro y mito de Joaquín Dicenta, Instituto de Estudios Alicantinos, Alicante, 1978.

Peral Vega Emilio, “Entre denuncia y melodrama: Juan José y el teatro social de Joaquín Dicenta”, en Revista de Literatura, enero-junio, Madrid, 2008, (pp. 67-84), digitalizado en : revistadeliteratura.revistas.csic.es.

Pérez Galdós, Benito, La sociedad presente como materia novelable, Edición de la RAE, Biblioteca Nueva, Madrid, 2014

Severa Bano José y Trapero Patricia, “Sentido y estructura de Juan José”, en e.espacio.uned.es/fez/PDF.





 



  




                                                     
                                                        



1 . No hay que olvidar que el discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua de Galdós se titula: La sociedad presente como materia novelable, leído el 7 de febrero de 1897 con la contestación de don Marcelino Menéndez y Pelayo, Edición de la RAE, Biblioteca Nueva, Madrid, 2014

2 . Mainer José-Carlos, Literatura y pequeña burguesía en España, notas (1890-1950), Cuadernos para el Diálogo, Madrid, 1972, p. 30

3 . Francos Rodríguez José, “El estreno de Juan José”, publicado en La Esfera, enero de 1928 (Del libro Contar vejeces, que acababa de publicar el ilustre escritor)

4 ..Ibidem, p. 12.

5 . Dicenta Joaquín, Juan José, edición de Jaime Mas, Ediciones Cátedra, Madrid, 1982, p.73

6 . Dicenta, Joaquín, Juan José (1895-1916), 10 cts. La Novela Corta, revista semanal literaria, Madrid, 1 de mayo de 1916. Joaquín Dicenta autorizó la edición con una carta manuscrita que José de Urquía publicó al principio de Juan José.

7 . Zamacois Eduardo, “Juan José para Emilio Thuiller”, en El Liberal, Madrid, 9 de mayo de 1916.

8 . Eneas, “Juan José”, en El Correo Español, 12 de noviembre de 1895.

9 . Unamuno, Miguel de, “Juan José”, en La Lucha de Clases, 7 de diciembre de 1895

10 . Martínez Ruiz José, “Avisos del Este”, en El Progreso, 10/XI/ 1897

11 . Martínez Ruiz José, “Crónica”, en El País, 30/XII/ 1896

12 . Dicenta J., Juan José, edición de Fidel López Criado, Mare Nostrum, Madrid, 2005, p. 36

13 . Texto tomado de Dicenta Joaquín, Juan José y Los Semidioses, Introducción de Antonio Fernández Insuela, Col. Arriba el telón, Biblioteca Nueva, Madrid, 1998, p. 27.

14 . Nota tomada de Juan José, Cátedra, Madrid, 1982, p. 60.

15 . Mas Ferrer, Jaime, Vida, teatro y mito de Joaquín Dicenta, Instituto de Estudios Alicantinos, Alicante, 1978, p. 31

16 . Ibidem, p. 31. Texto procedente de Ghiraldo Alberto, “¡Y murió Dicenta!, en Dicenta Joaquín, La promesa, Sucesores de Hernando, Madrid, 1917.