miércoles, 21 de octubre de 2015

ANTONIO PEREIRA O LA MAGIA DE CONTAR


 

                                                                                        Yo pecador, confieso y canto

                                                                                                    A. Pereira

                                                                                   ( Del monte y los caminos)


                                                                           

                                                                   





 Antonio Pereira, Villafranca del Bierzo, 1923- León, 2009

Villafranca del Bierzo viene a ser por su dedicación a la cultura la Atenas berciana; pues allí ha surgido una pléyade de poetas, prosistas y hombres de letras, en general, como Balbino Álvarez de Toledo, Luis López Álvarez, Ramón González-Alegre, Ramón Carnicer y en la actualidad el inestimable y premiado poeta Juan Carlos Mestre.

Además la música también tiene presencia permanente en Villafranca, pues Cristóbal Halffter, madrileño, que vino a vivir a la capital cultural del Bierzo por propia voluntad, ha creado y sigue creando parte de su obra allí.

Otro hito importante, consecuencia de la anterior efervescencia literaria, es la Fiesta de la Poesía anual villafranquina, a la que acuden las figuras más señeras de la provincia y de España. Esta Fiesta de la Poesía, promovida por Antonio Pereira, comenzó a mediados de los años 60 y se siguió celebrando año a año hasta la muerte de Pereira. Y por supuesto no deja de causar extrañeza dedicar una fiesta, tan prolongada en el tiempo y con tanto éxito a algo tan minoritario como la poesía. No cabe duda que la honda tradición cultural villafranquina ha sustentado y alimentado con tesón el fuego sagrado de la creación poética.

En el Madrid de principios del siglo XX había varios ramones (Ramón Menéndez Pidal, Ramón Pérez de Ayala y Ramón Gómez de la Serna), y sólo uno de ellos se alzó con el apelativo en mayúsculas, RAMÓN y fue Ramón por antonomasia, Ramón Gómez de la Serna; pues igualmente en León desde la década del 70 tenemos 3 antonios poetas (Antonio Pereira, Antonio Gamoneda y Antonio Colinas) y creo que por ternura, por cercanía y por maestría, Pereira se ganó el ANTONIO con mayúsculas, a pesar del Premio Cervantes, 2006, de su compañero y amigo, Gamoneda. Y Antonio Colinas, más joven, nacido en La Bañeza en 1946, consagrado y premiado poeta, todavía le queda recorrido vital y creador. Así pues, Antonio Pereira será el ANTONIO leonés por antonomasia.



APUNTE BIOGRÁFICO.

Antonio Pereira González nació en Villafranca el 13 de junio (festividad de San Antonio) de 1923 en el barrio de “El Otro lado o de “La Cábila”. Sus padres, José Pereira Villar y Claudia González Medrano tienen una tienda de ferretería, que será cantada en el poemario Del monte y los caminos.

Asiste a clase a las escuelas nacionales y en 1931 ingresa en la academia del sacerdote don Manuel Santín, en la que le había precedido el también escritor y paisano Ramón Carnicer. En dicha academia se prepara para el ingreso y luego los cursos de bachillerato, iniciado en 1933 y terminado en 1940 con el examen de estado en Oviedo.

Pero ¿cómo nació su vocación de escritor? Pues Antonio Pereira debió sentirse deslumbrado por don Manuel Santín, que, además de profesor era escritor, que había publicado artículos en periódicos de León y La Coruña y también escribió una novela que presentó al Premio Nadal. El alumno resultó muy estudioso y lector inteligente.

Un hecho, aparentemente trivial, el que a los once años le pusieran gafas, el convierte en un niño retraído, lector voraz y gran observador, ya que no puede competir con sus compañeros en los juegos y travesuras.

Desde luego Pereira fue muy precoz a la hora de publicar, con 12 ó 13 años ya publicaba en un periódico que se llamaba El Sembrador, editado por los Operarios Diocesanos, curas que se dedicaban a administrar los seminarios y eran los encargados de la formación de los nuevos sacerdotes.

Don Antonio Carvajal Álvarez de Toledo, villafranquino, poeta y periodista, amigo de la familia de Pereira, iba por la ferretería y leía sus versos y eso le sirvió de acicate con 13 años para decidirse a publicar en el Diario de León. Así acompañado de una carta de presentación de don Antonio de Carvajal, envía un artículo al Diario de León solicitando su publicación. La carta que recibió del director del periódico le llenó de satisfacción, esto le decía: “Enhorabuena a un valiente como usted que a los trece años se atreve a lanzarse a la palestra del periodismo”.

Y más adelante comenta Pereira: “Así empezó todo. Acaso parezca excesivo lo de “todo”. Pero cuanto ha configurado el nervio central de mi historia de hombre está allí. La actividad que más me ha consolado en la vida, arranca de aquella carta fundamental. Y el resto de mis oficios y vicisitudes, ya no iban a ser otra cosa que postdatas…”1

En aquella preadolescencia se iba despertando en él la pasión literaria y encontró un espacio propio, casi mágico, la imprenta de su tío y padrino, Tomás Nieto, que, además de impresor, tenía la librería, y allí leyó en la trastienda, el precoz “lletraferit” las obras completas de Vargas Vila, cargadas de un erotismo finisecular, las Sonatas de Valle-Inclán y hasta Los Cantos de Maldoror del Conde de Lautreamont (Isidore Ducasse).

Termina el bachillerato, a comienzo de los años 40 con 17 años y estando en Villafranca se publicó en el Boletín Oficial del Estado un curso especial para obtener el título de maestro nacional para los excombatientes de la guerra, pero que también estaba abierto a otros estudiantes. Pues bien, en un año obtuvo el título de maestro, profesión que no ejerció nunca. El hecho de que no estudiase una carrera superior justifica que se hable de él como autodidacta, a lo que siempre ha contestado Pereira: “¿Pero quién, en cuanto escritor no es un autodidacta? Enseñan algunos griego, latín, filosofía, gramática… Pero a crear escribiendo, lo que se dice a crear…”2.

A partir de entonces (comercio y literatura) su profesión será la de viajante comercial, tarea que le permitirá recorrer los pueblos y ciudades del noroeste y ejercitar sus dotes de observador, que luego reflejará en sus poemas y cuentos.

En 1947 gana su primer premio literario, otorgado por el Ayuntamiento de León por un texto de carácter histórico:"Bosquejo geográfico e histórico sobre el partido judicial de Villafranca del Bierzo", que fue publicado después por entregas en el Diario de León. La entrega del premio, dotado con 300 pesetas y un objeto de arte, se realizó en el Teatro Principal, donde coincide con Victoriano Crémer, ganador de la Flor natural, hecho, que evocará años después con emoción contenida:



Pero hubo algo que entrañó para mí mucho más que el premio, me apasionó ver a Victoriano Crémer premiado con la flor natural (…) Aquello fue el principio de una incorporación mía al ambiente literario leonés de aquellos tiempos, tan lleno con la figura irrepetible de Antonio de Lama, con los nombres también de Castro Ovejero, Gamoneda (…)3.



Al año siguiente publica en la revista Alba (La Coruña-Vigo), "Sonetos del Bierzo",gracias a su amigo y paisano, Ramón González Alegre, director de la revista, en cuyos números 4, 5 6 y 12 seguiría colaborando.

Por fin en 1949 abandona Villafranca y se establece en León, donde inicia un negocio dedicado a la venta al por mayor de artículos de electricidad (electrodoméstico menor) y del hogar, actividad que alterna y compagina con sus comienzos poéticos.

Ese mismo año entra en contacto con los miembros de Espadaña y en el número 38 publica sus “Poemas del estío”, tres sonetos amorosos: "Sed en los labios", "Misa de doce" y "Dos, uno, siete, siete" (Facsímil de Espadaña, León 1978, p. 796).

Conoce, pues, a Victoriano Crémer, a Eugenio de Nora, a Luis López Anglada, a Castro Ovejero, pero, sobre todo, a don Antonio González de lama, de quien siempre se consideró un amigo y por él se incorporó a las tertulias de la Biblioteca Azcárate. También conoció entonces a un jovencísimo poeta Antonio Gamoneda, que llegó a publicar un poema en el penúltimo número de Espadaña, nº 47, como sabemos la revista publicaría un número más y cerró en enero de 1951.

Los años siguientes entre 1951-1964 tenemos que destacar su matrimonio en 1951 con Úrsula Rodríguez Hesles, andaluza de Jaén, sobrina del profesor, especialista en Azorín, Ángel Cruz Rueda. Antonio y Úrsula se conocieron en la cola del cine “Crucero”, cuando esperaban para sacar la entrada para ver “Casablanca” en 1950.

Úrsula, mujer culta, ha traducido del francés, Tartarín de Tarascón de A. Daudet y del inglés, El príncipe feliz y otros cuentos de Oscar Wilde. Ha sido una fiel compañera, que le inspirará poemas como"Úrsula ciudad" de El regreso y "Elección de la amada de Antología de la seda y el hierro.

Publica su primer cuento, "Cuento de Navidad" en Diario de León, el 23 de diciembre de 1957. Resulta simpática la publicidad adosada al final del cuento de Almacenes Olmedo, tienda del ramo textil que ya no existe en la actualidad.

Los años siguientes consigue varios premios de ámbito regional: “Flor natural del Ayuntamiento de León”, premio del Ayuntamiento de Villafranca; al mejor proyecto de folleto de propaganda turística<< y otros.

Fuera del ámbito provincial consigue en 1962 la “Flor del Jazmín Real de Plata” con su "Canto a Fray Junípero Serra", cuyo 250 aniversario de su nacimiento se celebraba en Palma de Mallorca, adonde viaja a recoger el premio y conoce a Camilo José Cela, presidente del jurado, con quien entabla una amistad duradera; y por último en 1963 obtiene la “Flor Natural de los juegos florales de Avilés” por el poema "El mar", incorporado a Situaciones de ánimo.


POEMARIOS DE ANTONIO PEREIRA




                                                               
                                                                                                    
                                                            
                                                                                                                                     






En 1964 publica su primer libro de poesía El regreso en la editorial Adonais de Madrid. El libro fue presentado al Premio Adonais de Poesía, quedando entre los finalistas. Además el poeta leonés César Aller, que conocía a Luis Jiménez Martos, director de la colección, influyó en su publicación.


El regreso lleva una dedicatoria a Úrsula, su mujer y una cita de la "Epístola moral a Fabio":
Triste de aquel que corre y se dilata
Por cuantos son los climas y los mares4.
Todo el libro es una exaltación del retorno (Homero y Virgilio); es un canto a lo cercano, a la ciudad, a la rutina doméstica, a la costumbre, al oficio de vivir (mestiere de vivere, mestiere de poeta) con la familia y con los vecinos. El regreso a la costumbre proporciona un bienestar pacífico y alegre y una seguridad vital, cifrada en la afirmación de las raíces.

Veamos dos fragmentos de poemas, que nos confirmen lo anterior. Esto dice Pereira en el "Pórtico" de El regreso: "Afirmación de vecindad":



Soy de una tierra fría pero hermosa./ Aquí la nieve, la esperanza helada

De que se alumbre cada madrugada/ El destino difícil de la rosa.

Y me basta. Me basta si esta cosa/ Que nombramos amor o sueño o nada

Se la puedo contar a quien me agrada,/ A quien conmigo está y reposa.



Y el propio regreso físico lo manifiesta así:

Cuando corono el alto del Portillo/ Quien guarda la ciudad; y Dios la guarda,

Me digo: Estoy en casa, estoy seguro/ Hasta para morir o lo que cuadre

(…)

Me acerco en paz, -¿pero es que estuve lejos-/ Al confuso rumor que se reparte

Por la calles en sombra/ Cuando se hacen misterio los portales.

Y digo, ¡cuánto os amo!/ A vosotros los cien mil habitantes

De esta ciudad que ni siquiera nombro,/ Porque todos lo saben

Su nombre de carbón redondo y puro, /de trenes en la noche palpitante,

duro como una espada,/ que parte en dos el corazón del aire.




Del monte y los caminos (1966) fue presentado al Premio de Poesía de Guipúzcoa (1964), con lo que ya estaba escrito en el momento de la publicación de El regreso, llegando a ser finalista con La señal de José Batlló, que obtuvo el primer premio. José Batlló era el editor de “El Bardo” de Barcelona, una reciente colección de poesía, que había publicado un libro de Gabriel Celaya, Vicente Aleixandre, Gloria Fuertes y Pedro (entonces) Ginferrer. Batlló se encargó de publicar el libro y vio la luz en 1966.

El libro lleva una dedicatoria: “A mi padre que trabaja el hierro. A mi madre”. El poeta sigue mirando a sus raíces, a sus vecinos y a su padre, de oficio ferretero. El libro pretende ser un canto a la gente sufrida del monte, que acuden como clientes a la ferretería paterna. Hay nostalgia y ensoñación del pasado familiar y entonces nacen esos poemas elementales al sonido de los clavos en la balanza:



Todo sonaba en la tienda/ enemiga del silencio:

Los clavos sobre el platillo/ de la balanza cayendo

Y el choque de las caderas/ redondas de los pucheros.



A pesar de todo el poeta no se deja ganar por la ensoñación y habla de la vida dura de esos hombres del monte, que viven aislados en la aldea, parcos en palabras y acostumbrados a la soledad.

Cancionero de Sagres (1969), fue publicado en la colección "Arbolé" de Madrid, el 23 de diciembre de 1969 en los Talleres Grafinter.

Este poemario de temática lusitana, lleva una cita de Jean Cocteau: “Traer no un documento, sólo la música”; y una dedicatoria : “A los Pereira de la otra raya”.

Todo el libro tiene un carácter viajero, el viaje es estimado, porque se regresa. El poeta anota sus impresiones por diferentes lugares de Portugal: Peñafiel, Évora, Lisboa, riberas del Mondego, la sierra de Marao. Se recrea en la belleza del paisaje, pero también refleja la vida dura de los tipos humanos que va encontrando: el pastor, el emigrante, el vendimiador; así lo refleja:

¿Oporto, Sir…?

Aunque cinco copas beba/ lo que no sueña milord

Es la sed de quien vendimia/ en Oporto bajo el sol.



Y el viaje que supone el regreso se cumple en la mente del poeta en el último poema:

"Lo digo por don Antonio", en el que el paisaje de Sagres retorna a León y al amigo, que le espera:

Cuando en Sagres escucho una campana/ vuelvo León adentro. (…)

Ahora sale el amigo (…)

Orilla el río. / Pienso que está pensándome, esperándome

Quien se echaría al campo una mañana/ si no supiera que alguien le defiende

la plaza y la costumbre, el vino alegre/ del regreso (…)



Dibujo de figura (1972), publicado por la colección barcelonesa “El Bardo” en 1972.

En la contraportada del libro se ofrece una foto de Pereira y una nota autógrafa en la que se refiere a los escritores de Villafranca, a su esposa Úrsula y a su situación valetudinaria, esto dice:

Este de hoy es mi cuarto libro de versos. Quiero seguir, espero seguir, pero al fin cosa de Dios, de los cirujanos de las transaminasas… Este invierno no está siendo bueno que digamos, pero tengo mucha fe en la primavera. Úrsula está conmigo.



Se trata de un libro autobiográfico de su adolescencia y juventud. El verso adopta un tono narrativo y coloquial en el que aparece el ingenio y el fino erotismo ‘diocesano’ del Pereira narrador. Hay cierta afinidad con la narrativa del autor, como él mismo subrayó al recoger su obra poética hasta ese momento con el título de Contar y seguir (1972).

En cuanto a la forma se aleja de los metros tradicionales, predomina el verso libre, puntuación desordenada y se nota cierto prosaísmo.

Contar y seguir (1972), publicado por Plaza y Janés, dentro de la colección "Selecciones de Poesía" en noviembre de 1972, teniendo una segunda edición en septiembre de 1974. Lleva un prólogo del catedrático Miguel Dolç titulado:"El único libro de Antonio Pereira" e incluye los cuatro libros publicados anteriormente y añade dos cuadernos inéditos: “Situaciones de ánimo” y “Memoria de Jean Moulin”.

“Situaciones de ánimo” consta de 13 poemas dedicados a su paisano y amigo Ramón González Alegre y fue escrito en 1962 y en los años siguientes, lo que explica la pervivencia del romance, aunque ya aparece el verso libre.

Los motivos centrales, como reza el título, son los recuerdos familiares, el dolor físico frente al sufrimiento moral, el amor a la madre y a la casa.

“Memoria de Jean Moulin” se compone de 4 poemas en verso libre y fueron escritos en París en 1968. Lleva una cita de André Malraux: Il etait le chef d`un peuple de la nuit.

Antología de la seda y el hierro (1986), publicado por la Diputación de León, en su colección "Provincia" nº 86, el 31/10/1986.

Una “nota del autor” precede a los 48 poemas, 37 ya publicados y 12 inéditos; dice así:



Este libro no ofrece el espectáculo de una evolución a lo largo del tiempo. Tampoco quiere ser un conjunto de mis mejores poemas, y sí una antología personal, organizada con una libertad esquiva a la explicación y al razonamiento.



Raros y no olvidados (1987) es un conjunto de 10 poemas no publicados en libro antes y pertenecientes a diversas épocas; pues va desde 1948, "Nocturno en la Colegiata"; a 1987,"Poema para Ángel Barja", y fueron publicados en la revista Astúrica, del Centro de Estudios Astorganos, “Marcelo Macías” en 1987.

Una tarde a las ocho (1995) inaugura la colección villafranquina, “Calle del Agua”. La obra es diseño de Juan Carlos Mestre y Miguel Ángel Varela y sale a la luz en la celebración de la XXX Fiesta de la Poesía en Villafranca, los días 17 y 18 de junio de 1995, en el 72 aniversario de Antonio Pereira.

Son 16 poemas presididos por una cita de Automoribundia de Ramón Gómez de la Serna: “…para que no sean tan sórdidas los ocho de la tarde”.

Este poemario ofrece la novedad de un poema en prosa: "Sesenta y cuatro caballos". El resto de los poemas están escritos en verso libre y sin puntuación. Los poemas suelen ser breves, excepto, "Prescripciones del vino", que tiene 44 versos.

En cuanto a la temática suele ser el hombre con sus preocupaciones, recuerdos, manías, aversiones ("Odio a los autos") y la solidaridad ("Prescripciones del vino"). El vino es intimidad y solidaridad entre los que alternan, sentados o de pie ante un vaso de vino al final de la tarde con el jornal ganado, sin prisas y con una mirada de cariño hacia las cosas y hacia los hombres. Beber el mismo vino es símbolo de unión y camaradería, de vecindad, signos ya evocados en los primeros libros de Pereira.

Después de 1995 un largo silencio se produjo en la producción poética de Pereira, pues hasta 2006 no volvió a publicar poesía.

Meteoros. Poesía, 1962-2006, Calambur, Madrid, 2006, con el diseño de portada del Juan Carlos Mestre. En cuanto al título sus poemarios serían meteoros luminosos, que simbolizarían la luz purísima que arroja toda la poesía de Pereira.

Así pues, en 2006 reunió toda su obra poética anterior y añadió un nuevo libro: “Viva voz”, que son 32 poemas de índole celebrativa ,“como aportación inédita al panorama de mi poesía”, dice Antonio Pereira5; aunque cuatro de los poemas en prosa habían sido publicados como microrrelatos en Picassos en el desván (1991), y que a juicio del autor pueden leerse como poemas, lo que supone una prueba más de la proximidad entre el cuento y la poesía. Estos son los títulos de los poemas en prosa: "Lenta es la luz del amanecer en los aeropuertos prohibidos", "La violinista", "La esquela" y "El escalatorres".

Al final de esta edición de su poesía completa, Meteoros, inserta un texto en prosa titulado: "El poeta hace memoria", que viene a ser como su poética.






 NOVELAS DE ANTONIO PEREIRA



Reconocido ya como poeta, con tres libros publicados, se adentra en el mundo de la novela con la oportunidad que le brindó la editorial barcelonesa Plaza y Janés. Y entre 1969 y 1978 se publican sus tres novelas.

La primera Un sitio para Soledad aparece en 1969 en la colección "Prosistas de Lengua Española" de la citada editorial. La novela había sido presentada al Premio Nadal 1968, quedando bastante bien situada, el premio lo ganó ese año Álvaro Cunqueiro con El hombre que se parecía a Orestes. Pereira intentó publicarla en la editorial Destino, pero como ya conocía a Enrique Badosa, poeta y director literario de Plaza y Janés, pues decide mandársela, que la aceptó con relativa facilidad.

La novela se vendió bien, puesto que se reeditó y pasó después a la colección “Reno”, que llegaba a todos los puntos de venta en aquellos expositores cilíndricos, que el comprador hacía girar hasta elegir el título que le convenía; “como consecuencia de esto tuve abiertas las puertas de aquella casa”- dice Pereira6.

Un sitio para Soledad, la primera novela de un poeta, que sólo había publicado un libro de cuentos: Una ventana a la carretera en 1967, puede considerarse realista y psicológica, un poco al modo galdosiano, Soledad nos trae a la memoria a Tristana y a Tormento de Galdós.

La novela está dividida en tres partes, la primera retrata el ambiente rural de la Venta del Cruce que resulta frustrante para Soledad, que ve en la capital de provincia el modo de escapar de aquellas limitaciones.

La segunda parte transcurre en Francia, primero en una villa francesa y luego en París, lugares que han colmado sus aspiraciones; sin embargo añora el mundo rural que ha dejado.

La tercera parte se inicia con el regreso a la Venta del Cruce, que no podrá ser un retorno definitivo. La Soledad que conoce el lector, ya no hace honor a su nombre, ni su vida está en el pasado que ha idealizado; después del desencanto emprenderá un viaje cuyo destino no conocerá el lector.

La segunda novela, La costa de los fuegos tardíos, publicada en 1973 y en la misma editorial, sitúa la trama en la Costa del Sol, Marbella, Fuengirola y refleja el ambiente frívolo de la Costa del Sol, contraponiéndolo con la realidad de los trabajadores que acuden allí a trabajar del interior de la península y su Costa del sol viene a ser para ellos una “costa de sol a sol”. La vida de estos trabajadores nada tiene que ver con el mundo placentero protagonizado por personajes de condición acomodada, la jet set.

La novela se estructura en secuencias independientes conectadas por la presencia del mismo narrador. Por eso dice Pereira que se trata de una novela fallida:



La costa de los fuegos tardíos, podría considerarse más bien una colección de relatos, (…) hubiera sido más fiel a los propósitos del autor. Si escribías una novela, podían publicártela antes o después. Pero si escribías un libro de cuentos había editores que ni se molestaban en leerlo.7



País de los Losadas, Plaza y Janés, 1978, ha recibido muy buenas críticas, Santos Alonso señala que “puede considerarse como una de las novelas más importantes de los últimos años, que no ha tenido la repercusión que merece”8. La novela se vendió bien y también apareció en la colección “Reno”; posteriormente en 1999 fue editada por Espasa-Calpe.

Novela con apariencia de experimentación formal, pero con predominio de la narración, el gusto por contar está muy por encima de la experimentación de la época.

El argumento de la novela lo podríamos resumir así: la familia de los Losada (familia ubicada en el noroeste leonés) está formada por Jacobo Losada y su sobrino José Mª. La novela se inicia con la muerte del tío, cuya noticia recibe el sobrino en Alemania, donde es profesor. El viaje a España de José Mª para hacerse cargo de la herencia del tío, le trae a la memoria sus relaciones de amistad, de familia o la vida municipal de aquellos años.

Entre los objetos heredados por el sobrino hay un cuaderno de notas de Jacobo Losada que le permite contar la aventura vital de su tío (en realidad se trata del viejo pretexto del manuscrito encontrado al modo cervantino) y todo ello para dar verosimilitud al relato. Entonces es cuando la novela inicia la innovación formal, dado que el narrador, José Mª en primera persona entra en el presente de la novela que él mismo está escribiendo sobre su tío, basándose en el cuaderno. La novela está escrita en 3ª persona y en pasado; por otro lado refleja textualmente fragmentos narrados en 1ª persona por su tío, entresacados del cuaderno y que en la novela van entre corchetes. Mediante este mecanismo de saltos del pasado hasta el presente y la recuperación de los recuerdos, el lector va conociendo la aventura vital de Jacobo Losada antes de la guerra civil, sus andanzas en Madrid, los recuerdos de la República y la sublevación de 1936, las acusaciones contra él por sus artículos periodísticos, su ocultación, las peripecias de la fuga, su exilio en Francia y su cautiverio en un campo de concentración.

La parte última de la novela se centra en el narrador, José Mª Losada y la acción es coetánea: viaja a España y tras el entierro de su tío, se propone llevar a cabo los planes socioeconómicos que había dejado sin realizar su tío, Jacobo Losada; los inconvenientes le obligan a tomar una postura no comprometida y convertirse en una persona débil, que solo ve la solución en la huida de los problemas.

Dice Antonio Pereira en la entrevista que le hace el sabio apócrifo de Ardón, Sabino Ordás:

José Mª Losada, (…) encuentra unos papeles, recurso narrativo archisobado y que aquí el propio autor pondrá en solfa…mientras lo utiliza. Y este hallazgo, junto con algunas confidencias y deducciones propias, revelará al actual Losada que él mismo es un huido, como lo fuera su antecesor, en otro orden de cosas, pero un huido…9



Esta sería su última entrega como novelista, a pesar de haber demostrado unas dotes extraordinarias como narrador de hondo aliento en País de los Losada. ‘Sostiene’ Pereira con su ingenio característico los motivos del abandono de la novela:



Para componer una novela o un largo ensayo hay que echar culo en la silla, pasar horas sobre los folios tratando de remedar o interpretar la vida mientras la vida está fluyendo en la calle. O sea que en los orígenes acaso me ha dado por escribir cuentos a causa de que soy un hombre ‘disipado’ (…), ejerciendo seriamente la literatura, pero simultaneándola con otros oficios, traslados, traqueteos por muchos ámbitos.10



CUENTOS, RELATOS Y MICRORRELATOS



                                                                     



Antonio Pereira es hasta 1967 fundamentalmente un escritor dedicado a la poesía; además no está adscrito a la generación (1ª promoción de posguerra) que por edad le correspondería y su incursión en el cuento es más bien tardía. La temática de su producción cuentística no responde al criterio del “realismo social” de los narradores de la generación del medio siglo: Aldecoa, Fernández Santos, Medardo Fraile, Carmen Martín Gaite, Ana Mª Matute.

También se le ha relacionado a Pereira con algunos narradores leoneses: Luis Mateo Díez, José Mª Merino y Juan Pedro Aparicio; y quizá hay alguna afinidad en la recreación del espacio provincial leonés (Celama, el Noroeste) y en la recuperación de la memoria histórica de la región, pero Pereira ha manifestado que su pertenencia al grupo no ha pasado del afecto, dice : “Mi camino fue independiente, y lo sigue siendo sin perjuicio de la amistad y fraternidad que me une, ahora, con esos paisanos míos”11.

Lo que está bastante claro es que Pereira abandona la novela y su silencio poético es prolongado, dedicándose a reeditar con alguna adición de poemas inéditos y concentra todo su esfuerzo creador en el cuento, donde ha alcanzado el reconocimiento de lectores y de la crítica.

Preocupado por la teoría narrativa nos ha dejado un decálogo del cuento en el "Prólogo" de Me gusta contar (1999), este decálogo recuerda el de Horacio Quiroga, Cortázar o Julio Ramón Ribeyro. De este decálogo destacamos los siguientes puntos:

1. Lo primero es tener una historia que contar.

3. Extender la historia mientras no peligre el sagrado efecto único (Poe)

5. Que siempre haya expectativa. ¡Algo va a ocurrir!

9. El novelista puede ser altanero. El cuentista debe ser cordial y amistoso.12



Vayamos ahora realizar un estudio sistemático de cada libro de cuentos para apreciar la evolución narrativa de Pereira.

Una ventana a la carretera (1967), obtuvo el premio Leopoldo Alas de cuentos y fue publicado por la editorial Rocas de Barcelona en 1967, reeditado más tarde con ocho cuentos inéditos con el título de Historias veniales de amor por Plaza y Janés en 1978.

Una ventana a la carretera alude, ya desde el título, a una especie de observatorio o atalaya de la vida ciudadana con unos personajes de la vida cotidiana y con unas experiencias concretas, que han quedado grabadas en el recuerdo del autor.

Los cuentos recrean situaciones propias de la España de los años 50 y 60 y están localizados en el noroeste de España; se habla de una ciudad que no se nombra, pero que el lector pude identificar con Villafranca.

Pereira, pues, ha seleccionado episodios de la vida diaria, personajes de sus recuerdos y experiencias concretas. Y todo ello con una prosa realista, que permite la tendencia del autor a la sugerencia y a los silencios, los cuales contribuyen al humor, a la ironía y al erotismo como recursos destacables.

El tono humorístico puede verse en algunos cuentos: "Los Cedilla", "Cirujeda","El tío Candela" y "El fuero y el huevo". El erotismo será el tema principal de  "Una ventana a la carretera", "Santa Bárbara cuando truena" o "Hermosa primavera Sr. Director".

Otro aspecto llamativo de UVC es el final sorprendente de algunos cuentos. Así la narración de un cuento sigue una determinada dirección y el lector comprueba que el final da un giro inesperado (final sorprendente o efecto único). De esta forma en "Rabanillos", el narrador en 3ª persona nos presenta a un personaje cuyo único tema de conversación son las mujeres. Mediado el relato califica a Rabanillos de “célibe”, algo que no concuerda con su fama de conquistador y al final nos dice. “Rabanillos conserva el andar fachendoso y conquistador. Sólo cuando amenaza la lluvia se resiente del tiro que le dieran en la entrepierna, cuando lo del Ebro”.

Así pues, realismo, sugerencia y silencios, así como humor, ironía y erotismo conforman las bases de la escritura de Pereira.

El ingeniero balboa y otras historias civiles (1976), fue publicado por la editorial Magisterio Español en su colección "Novelas y Cuentos", Madrid, 1976.

El ingeniero Balboa… es su segundo volumen de cuentos y está formado por cuatro narraciones extensas, las que debemos calificar de relatos. En este libro se produce una evolución narrativa de Antonio Pereira, muestra una gran preocupación formal y técnica, un poco deudora del experimentalismo en la novela de los narradores hispanoamericanos de aquellos años.

Pereira siempre preocupado por la técnica narrativa, adoptó aquellas novedades formales, que chocaban con la imagen realista y lineal de su primer libro de cuentos. ¿Y de qué modo afectaba a la comprensión lectora? Esto dice Santos Alonso:



Lo que en los cuentos anteriores era pura sugerencia, aquí se transforma en opacidad que el lector tendrá que desvelar. La persona narrativa ha cambiado de la tercera a la primera persona. Este mecanismo supone un enriquecimiento de perspectivas con la ruptura de la linealidad en el relato. Es la conciencia del narrador la que ordena o desordena los datos del pasado y del presente que se interfieren en los saltos típicos de la memoria.13



El primero de los relatos "Informe sobre la ciudad de N***"; es un recorrido por la memoria del narrador, cuyos recuerdos evocan una capital de provincia, su administración y su casino; y aunque la ciudad del relato es inventada, ofrece datos para su identificación, que no es otra que Villafranca del Bierzo, que fue capital de provincia de enero de 1822 a octubre de 1823.

No obstante el relato resulta difícil de comprender por la ausencia de puntuación de las frases, lo que complica la identificación de los distintos narradores; la nueva edición de 1989 soluciona este problema con la incorporación de puntos suspensivos, cada vez que cambia el narrador. También se ofrece información adelantada que el lector comprenderá más tarde; y por último el constante cambio de narrador- el hombre que recuerda los episodios de su niñez- y el testimonio del viajante de almanaques, que es quien realiza el informa.

"Matar la mosca cuando empieza" narra dos viajes paralelos en París y Portugal: dos acciones en contrapunto en las que el escritor rompe consciente el ritmo de la escritura, porque le asaltan estímulos del entorno, en este caso la actividad comercial. La forma narrativa es variada, heterogénea como la realidad que está contemplando.

"Las erotecas infinitas" en este cuento ensaya la técnica narrativa de las “cajas chinas” o de las “muñecas rucas”, es decir un relato dentro de otro relato y así sucesivamente.

El relato se inicia con la historia de una eficiente secretaria, que, casualmente descubre en la librería del despacho de su jefe, una segunda línea oculta de libros de contenido erótico, uno de ellos,  "Las erotecas infinitas" le llama la atención y comienza sus lectura. Los protagonistas, a su vez, anunciarán la lectura de otro libro y así irán apareciendo las diversas historias.

En realidad se trata de ironizar sobre algunos textos eróticos, folletines rosa y algunas historias con apenas contacto con la realidad. Por eso el texto termina abruptamente; ya que nos damos cuenta que todo lo anterior forma parte de un libro que una pareja madrileña está leyendo en la cama una mañana de domingo.

"El ingeniero Balboa"… “necesita ser releído para poder captar sus diversos matices”, dice González Boixo, 2004:35. La historia narra los amores de un joven de unos 20 años con una mujer 10 ó 12 años mayor que él. El protagonista relata, muchos años después, una historia amorosa que no ha podido olvidar con el paso del tiempo; y que sigue recordando en la UVI de la clínica de la Concepción.

Hay un triple destinatario de su narración: Lena, en el recuerdo; las enfermeras que le atienden y algunas veces a un hipotético lector. Una innovadora técnica narrativa exigirá la colaboración del lector. La anticipación de acontecimientos, algo normal en el recuerdo del narrador, resulta enigmático para el lector. Además el lector deberá estar atento a los sucesivos cambios narrativos, que introducen situaciones distantes en el tiempo y que se intercalan en el relato sin mediar aviso.

Pereira con esta técnica narrativa intentaba acomodar el relato al punto de vista del personaje, un enfermo grave, cuyos recuerdos se superponen a su situación presente. Por otra parte, el narrador se identifica con el joven Pereira, como lo atestigua la ferretería paterna, sus inicios poéticos y su barrio “del otro lado”, lo cual no quiere decir que esta historia de amor tenga nada de autobiográfico. Pero este recurso de mezcla de ficción y realidad, que se convertirá en una constante en sus cuentos, no deja de ser otro recurso innovador, también utilizado por Jorge Luis Borges.

Los brazos de la i griega (1982), editorial Niega, Gijón, 1982. En esta colección de cuentos, Pereira abandona las técnicas experimentalistas de El ingeniero Balboa por lo que desaparece la opacidad narrativa.

Los temas de los cuentos se centran en la vida cotidiana. Y en cuanto al espacio narrativo aparecen dos ámbitos: el territorio del Noroeste y el espacio cosmopolita (Italia y Marruecos). Pereira utiliza su experiencia viajera para localizar sus ficciones.

En cuanto a la técnica narrativa, la mayoría de los cuentos están escritos en 1ª persona por lo que conecta más directamente con el lector.

El humor y la recurrencia a la sorpresa están presentes en estas narraciones. También hay una mezcla de humor y erotismo suave, discreto, que algunos críticos han calificado de “erotismo diocesano”, expresión muy querida por el autor y atribuye tal calificación a Ramón de Garciasol: “ha querido advertir en algunos momentos de mi narrativa cierto erotismo al que más que provinciano habría que llamar diocesano”14.

El síndrome de Estocolmo fue publicado por la editorial Mondadori, Madrid, 1988 y obtuvo el Premio Fastenrath de la Real Academia Española, lo cual facilitó su difusión y la atención de la crítica. Para la publicación de El síndrome de Estocolmo echó su cuarto editorial a espadas el leonés Rogelio Blanco, asesor de la editorial Mondadori a la sazón.

Lo primero que llama la atención de esta colección son las localizaciones exóticas: Moscú, Puerto Rico, Brasil, París, el Caribe y Lisboa; sin embargo los narradores y personajes proceden de las tierras del Noroeste, que, por diversos motivos viajan a esos lugares.

La evolución narrativa de Pereira, en esta nueva entrega, podemos calificarla de natural, de continuidad, la principal novedad sería la implicación del autor en la narración (autor ficcionalizado, le llama Ricardo Gullón), aspecto que ya vimos con anterioridad en El ingeniero Balboa. El lector descubre que, veces, el narrador en 1ª persona coincide con el autor y una vez que el lector ha identificado al personaje con el autor, deberá seguir el pacto de un texto de ficción.

Algunos lectores llegaron a preguntarle al autor por las circunstancias del secuestro en Puerto Rico, "El síndrome de Estocolmo", creyendo que había sido real, a lo que contesta Pereira: “Lo que yo escribo son ficciones”.

Se notan aquí como novedades, la presencia de elementos fantásticos y la introducción del tema de la literatura dentro de la literatura. En efecto la reflexión sobre la literatura, el arte de crear y el homenaje a los escritores- la metaliteratura en suma- serán en lo sucesivo frecuentes en su narrativa.

Picassos en el desván (1991), también publicado por Mondadori, Madrid, 1991.

Este nuevo libro presenta como novedad la brevedad de sus narraciones, alguna sólo tiene 10 líneas ("La violinista"). Pereira ha ido adelgazando el texto, buscando una mayor intensidad en el relato, depurándolo de elementos accesorios como las descripciones y las digresiones. Estos cuentos proponen una historia sin llegar a desarrollarla; por lo tanto necesitan la complicidad del lector.

Siete microrrelatos incluye en este libro, distribuidos de forma alterna con narraciones también depuradas, pero un poco más extensas. De estos 7 microrrelatos, cuatro los recogió- como hemos visto- en su obra poética completa, Meteoros, considerándolos prosa poética. De esos cuatro destaca : "Lenta es la luz del amanecer en los aeropuertos prohibidos", cuyo largo, prolijo título contrasta con la brevedad del cuento (12 líneas).

En general el resto de los cuentos se sitúan en el espacio narrativo del noroeste y con una técnica narrativa más depurada. La anécdota suele ser mínima y la sorpresa final justifica el relato.

La reflexión sobre la literatura- metaliteratura- se acentúa en este libro. Se presentan personajes que son escritores, como Paco Lourido o Pepín Ramos, "el poeta inspirado"de "Lenta es la luz…" o cuando se plantea el acto puro de la creación en Picassos en el desván concluye: “y el novelador ni caso, busca que buscarás argumento para una novela río”.

Las ciudades de poniente, Anaya y Mario Muchnik, Madrid, 1994. Esta obra obtuvo el Premio de Narrativa Torrente Ballester, convocado por la Diputación de La Coruña.

En este nuevo libro no se observan diferencias significativas con respecto del anterior; aunque si un tono más sobrio, que se refleja en la menor presencia del humor y el erotismo.

La mayoría de estos cuentos están situados en ese territorio del Noroeste, que predica el título y cronológicamente en los años 50 y 60.

Por cierto el título Las ciudades de Poniente no responde al de un cuento concreto, a diferencia de todos los libros anteriores, que siempre un cuento daba nombre al libro.

En el cuento "El asturiano de Delfina" se define ese pretendido espacio narrativo simbólico:

El Noroeste es un país grande. Es la Galicia de los libros antiguos y de los fabuladores de hoy, pero también la Asturias de La Regenta y la Sanabria de San Manuel Bueno, y, por supuesto, el Bierzo y los de Astorga, digamos que hasta el Torío para que quede dentro la catedral de León.



Todos estos lugares están presentes en los primeros cuentos de Pereira y son el marco adecuado para hacer el retrato de una sociedad, que sólo perdura en la memoria.

El cuento "El asturiano de Delfina" es el que mejor refleja el mundo y la actitud del escritor; pues nos da una visión del León de aquel tiempo y nos habla de la personalidad de don Antonio, sin duda González de Lama, uno de los fundadores de la revista Espadaña. También hace referencia a la Fundación Sierra Pambley, que tuvo su sede en Villablino. Claro que estos detalles locales los aprecian sin dificultad los lectores leoneses; pero no así los foráneos.

Lo que si se nota en este libro es un aumento de las narraciones metaliterarias, donde se reflexiona sobre el acto narrativo. Como en "Cuadros para una exposición": "(...) mejor si el cuento no pone el nombre de la ciudad ni de nadie", o en "El hombre de la casa", donde el narradoe dice:"Yo no desconfiaré del lector hasta tal punto y le diré para esta historia que era enero..." 
En general en varios cuentos se plantean cuestiones literarias de personajes interesados por la lectura o por la escritura.

Cuentos de la Cábila (2000), fue publicado por Edilesa, León, 2000.

La colección "Los libros de la Candamia" de Edilesa está formada por una serie de volúmenes, algo así como una Biblioteca de Autores Leoneses, en la que los escritores han plasmado su memoria personal. No se trata de autobiografías o memorias propiamente dichas, sino de que los escritores den vida a sus recuerdos en un marco más o menos ficcional; propuesta que Pereira cumple a la perfección en Cuentos de la Cábila.

“La Cábila” o “El otro lado” son dos denominaciones del barrio villafranquino, donde Pereira pasó su niñez y primera juventud, periodos que la memoria del autor selecciona para estos cuentos.

Los recuerdos de la adolescencia y juventud sirven al autor para recrearse en tiempos ya lejanos, conjugando la realidad y la ficción. Un ejemplo de este doble juego lo tenemos en el cuento, "La Orbea del coadjutor", en el que un periodista le llegó a preguntar si lo que contaba era verdad, a lo que Pereira contestó, lo que viene a ser como un epítome de su poética narrativa:

“Yo soy el autor del libro, no soy el protagonista, aunque los dos nos parezcamos mucho. Pero esto, ni usted ni los lectores me lo van a creer, de manera que le voy a contestar como si yo hubiera ido a mocear a Cacauelos en la bici prestada. Sí el coadjutor de la colegiata era un santo, me absolvió, siguió dándome caramelos y hasta algún cigarrillo”15.



El lector tiene ante sí una obra de ficción, aunque incorpore materiales autobiográficos. Los cuentos de la Cábila son relatos amables de un veterano narrador, en los que vierte sus recuerdos con una visión optimista de la vida y con ese humor pereiriano tan personal.

Después de este libro y en la misma línea publicó Cuentos del noroeste mágico (2006), 3 cuentos y La divisa en la torre (2007), más extenso y un último cuento "Bradomín" (2008).

Todos estos cuentos y relatos de Antonio Pereira fueron publicados con el título: Todos los cuentos y con prólogo de Antonio Gamoneda por la editorial Siruela, Madrid, 2012, y al final del voluminoso tomo en"A modo de colofón" dice:



La presente edición de T.C. de A. Pereira recoge el conjunto de la narrativa breve, que, teniendo en cuenta las múltiples versiones y variantes publicadas del escritor, han sudo supervisadas y fijadas textualmente de manera definitiva para esta edición por su viuda y albacea literaria, Úrsula Rodríguez Hesles (p. 893)



ANTONIO PEREIRA, PERIODISTA

                                                              
                                                                    



Antonio Pereira, como vimos al principio, con 13 años mandó un artículo al Diario de León, acompañado de una carta de recomendación de don Antonio de Carvajal Álvarez de Toledo; pues bien en dicha carta le reclamaba al director del diario, Don Filemón de la Cuesta, el carné de periodista, si era aceptado su artículo y esto es lo que le contesta el director: “ya ve usted yo llevo bastantes años en el periodismo, dirijo un diario y nadie me ha dado nunca carné de ninguna clase”16.

Unos años más tarde en 1950, ya con 27 años, inicia sus colaboraciones periódicas en el Diario de León, con un artículo semanal y su sección llevaba el título de "Atalaya, ya se sabe posición alta desde donde es fácil observar lo que pasa. Lo del carné, lógicamente, lo obvió como don Filemón.

Bastantes años después empezó a publicar un artículo semanal en La Vanguardia Española de Barcelona, bajo el epígrafe de "Oficio de mirar", que tiene mucho que ver con "Atalaya";, dicha colaboración duró de 1969-1970.

En 1973 comienza en el diario Proa de León una columna semanal con el título de "Hojas de Papalaguinda", nombre popular de la calle de León donde residía Pereira, denominada hoy avenida de la Facultad de Veterinaria.

Más adelante consolidaría con éxito su labor periodística, colaborando tanto en periódicos de ámbito nacional como ABC, Ya, Informaciones y la ya citada ,La Vanguardia Española, como en los periódicos provinciales: La Hora Leonesa y Diario de León.

En 1983 publica en La Hora Leonesa un artículo semanal (los domingos) bajo el título: "Cuaderno abierto", colaboración que termina en 1984 con la desaparición del diario: A partir de estas fechas las colaboraciones periodísticas serán muy escasas, centrándose en el relato breve.

Una breve recopilación de sus artículos ha sido publicada en los libros: Reseñas y confidencias (1995) y Crónicas de Villafranca (1997), ambos publicados por la Diputación de León.



CONCLUSIONES

Antonio Pereira hizo su entrada en la literatura de forma tardía en 1964 con su libro de poesía El regreso, bien es verdad que ya en los últimos años de la década del 40 había publicado sus versos en la revista Alba (la Coruña-Vigo) y en Espadaña. Esta aventura poética culminó con la publicación de toda su poesía en 2006, Meteoros, Poesía, 1962-2006.

En su poesía no hay cambios bruscos. Va pasando de las estrofas clásicas (soneto, romances, cuartetas, tercetos) al verso libre y al poema en prosa.

Pero, ¿qué es para Pereira la poesía? Pues la creación poética es consolación de los estados de ánimo, no se trata de un acto de comunicación o conocimiento como es habitual. Cuando el poeta crea, se consuela y opera del mismo modo en el lector. La originalidad de este punto de vista es indudable, así como la independencia de criterio que lo ha diferenciado de los poetas de su tiempo; Pereira es un poeta sin generación.

Dice Pereira: “La poesía más que conocimiento o comunicación es para mí una tregua de consolación (…). Utilizando una frase de Gómez de la Serna, yo diría que la poesía es un espacio que Dios nos concede para que no sean tan sórdidas las ocho de la noche”17.

Uno de los temas de su poesía es el regreso, por un lado se da la necesidad del viaje para conocer nuevas gentes y nuevos lugares, que no siempre es gratificante y produce la urgencia del regreso a la costumbre, a la rutina, a la ciudad, a la casa, a la esposa.

Otros dos temas recurrentes son la vecindad, la vida del pueblo o la ciudad, la ayuda a los vecinos y la observación de la vida cotidiana, que no necesariamente ha de ser en presente, sino que puede ser un regreso a las vivencias de la niñez a los recuerdos familiares o vecinales.

El erotismo y el humor son otros dos elementos constantes en la obra pereiriana. Pereira irónico y tierno maneja el erotismo con tal maestría que provoca la sonrisa del lector. Y el humor, tan personal, a veces socarrón, lo encotramos en sus cuentos.

Utiliza un lenguaje austero, libre de toda retórica, taraceado, a veces, de algún cultismo o extranjerismo.

Pereira escribe al margen de escuelas o generación, si bien se pueden apreciar leves influencias del romancero, de Antonio Machado, de García Lorca, de César Vallejo, de Leopoldo Panero o Pablo Neruda, pero sin alterar el estilo propio. La poesía de Pereira está impregnada de humanidad, ya que será el hombre individual o colectivo el protagonista de todos sus poemas. Y este humanismo lo logra Pereira siguiendo la tradición e incorporándose paulatinamente a la modernidad con moderación.

El apócrifo Sabino Ordás dice: “(…) la obra de Pereira es luminosa y clara, transida de emociones y paisajes entrañables, de los que se entregan gratificaciones a primera vista, exigiendo sólo nuestra complicidad de lectores no contaminados”18

¿Poeta o narrador? Ambas cosas, si bien la disciplina del verso le proporcionó recursos muy valiosos para el relato, como economía verbal y poder de sugerencia de las palabras.

Preguntado Pereira cómo le gustaría que le recordasen ‘después’, contesta que “como poeta lírico, cuanto más lírico mejor”19.

En cuanto al oficio de escritor Pereira confiesa: “A mí no me gusta escribir, lo que me gusta es haber escrito”20; lo que hay que matizar, advirtiendo la ironía en estas dos frases. Lo que quiere decir es lo satisfecho que se siente cuando ha terminado un trabajo.

Paralelamente a la publicación de sus poemarios cultivaba la narrativa breve y la novela. El cuento literario tiene mucha afinidad con el poema, y además la poesía de Pereira tiene ingredientes narrativos y el componente biográfico tiene importancia tanto en sus poemarios como en sus cuentos.

Tres contribuciones hizo a la novela- como hemos visto-, una de corte tradicional, realista y galdosiana, Un sitio para Soledad. La segunda, La costa de los fuegos tardíos, fallida según el propio autor; y la tercera, País de los Losada es una novela más lograda, rinde culto a la experimentación formal de la época, pero el gusto por contar una historia supera con creces la innovación formal.

Pero el género que nunca abandonó fue el cuento y el relato breve desde 1957 que publicó su primer cuento en el Diario de León hasta su último cuento, "Bradomín" (2008). No en vano Luis Mateo Díez ha dicho: “De todos los autores que conozco el que más ‘cuento’ tiene es Pereira” (Filandón, 12/3/2000, p. 6. Pereira ha llegado a ser un verdadero maestro del cuento, del relato y aún pionero del microrrelato.

Ya hemos visto la evolución de su cuentística partiendo de una prosa realista con los típicos ingredientes pereirianos del humor, la ironía y el erotismo diocesano. Contribuye al experimentalismo formal con los cuatro relatos del El ingeniero Balboa y otras historias civiles, lo que chocó con la imagen de escritor realista y lineal de su primer libro de cuentos.

Los siguientes libros abandonaron las técnicas experimentales y los temas se centran en la vida cotidiana, situada en el espacio del Noroeste y, a veces, en espacio cosmopolita. Si acaso se nota la implicación del autor en la narración (el elemento biográfico) y la reflexión sobre la literatura- metaliteratura- frecuente en sus últimos libros de cuentos.

En su libro Picassos en el desván, Pereira ha ido adelgazando el texto hasta llegar al microrrelato, alguno con diez líneas. Y en Cuentos de La Cábila el elemento autobiográfico tiene preponderancia dentro de la ficción.

Se quejaba Pereira de que le habían encasillado en especialista del cuento, porque en España no se pueden hacer bien dos cosas a la vez: “En España te pueden reconocer una cosa (…); pero que hagas bien dos cosas, eso de ninguna manera”21. Pereira, pues, se postula también como poeta (“cuanto más lírico mejor”), género en el que inició sus pasos y que nunca abandonó.

En cuanto a los premios literarios a nivel local y provincial obtuvo su primer premio en 1947 del Ayuntamiento de León por su trabajo: "Bosquejo geográfico e histórico sobre el partido judicial de Villafranca del Bierzo", premio con el que se incorporó al ambiente literario leonés.

Respecto a sus libros premiados tenemos:

Una ventana a la carretera, Premio Leopoldo Alas de Relatos Cortos (1966)

El síndrome de Estocolmo, Premio Fastenrath de la Real Academia (1988)

Las ciudades de Poniente, Premio de Narrativa Torrente Ballester (1994)

Meteoros, Poesía, 1962-2006, Premio Quevedo del Ayuntamiento de Madrid (2006).

Reconocimientos:

Hijo predilecto de Villafranca del Bierzo (1975)

Premio Leonés del año (1985)

Premio de Castilla y León de las letras (1999)

Doctor Honoris Causa por la Universidad de León (2000).

El día 15 de septiembre de 2014, a los cinco años de su fallecimiento, el Instituto de Estudios Bercianos le dedicó un homenaje en Villafranca con la lectura de algunos Cuentos de la Cábila y la proyección del cortometraje, La bici del cura, basado en el cuento, “La Orbea del coadjutor". Se hizo entrega a los asistentes de un folleto sobre la vida y la obra de Pereira titulado,  Volviendo a la Cábila de mi autoría y de un sello de correos de un retrato realizado por José Carralero. Por último se descubrió una placa en la puerta de su casa natal en la calle Concepción, 3, lugar de paso de peregrinos, en la que se puede leer un poema dedicado a ellos. Cristóbal Halffter descubrió la placa y pronunció un breve discurso.

El día 11 de marzo de 2015 se descubrió otra placa en honor de Antonio Pereira en el inmueble de la Avedida de la Faculatad, 19 de la ciudad de León, donde vivió y escribió parte de su obra. En el acto intervinieron el rector de la Universidad de León, el Alcalde y la viuda de escritor, Úrsula Rodríguez.

Su corpus poético ha sido objeto de la tesis doctoral publicada de Carmen Busmayor: Países poéticos de Antonio Pereira (1996). Asimismo los cuentos han sido estudiados por Miriam Gutiérrez Lozano: Los cuentos de Antonio Pereira: etapa costumbrista y experimentalista. (Tesis de licenciatura inédita. Universidad de Oviedo , 1994)

Su poesía reunida en Meteoros, Poesía, 1962-2006, publicada por Calambur en 2006, está a la venta. Igualmente los cuentos completos están publicados recientemente con el título, Todos los cuentos por la editorial Siruela en 2012. Una antología de los cuentos ofrece el profesor José Carlos González Boixo con el título, Recuento de invenciones, Cátedra, 2004, con un estudio exhaustivo de cada uno de los libros de cuentos

La Fundación Antonio Pereira, adscrita a la Universidad de León, cuya misión es estudiar y difundir la obra del escritor, tiene una gran actividad como mesas redondas, presentación de libros y edita una colección de libros: "Breviarios de la fundación Antonio Pereira";, con el quinto título ya publicado en 2015.

Por último lo que nunca le ha faltado a Antonio Pereira es el afecto continuado de sus lectores.

Y como regalo para los futuros lectores ofreceré estas tres muestras de la lírica pereiriana:




LA PLAZA MAYOR

Traspasada de silencio/ la Plaza Mayor está.

Por siete calles delgadas/ derrama su soledad

Mientras dos ángeles vuelan/ con celo municipal.

(…)

Equilibrio de la Plaza/ Mayor, recinto cabal,

Con norma de simetría/ perfecta de vecindad.

(de El regreso (1964))


LENTA ES LA LUZ DEL AMANECER EN LOS AEROPUERTOS PROHIBIDOS

Una vez estaba en la taberna el poeta inspirado haciendo su papel de poeta inspirado. Todos lo respetamos mucho en sus esperas de voz misteriosa, aunque nunca se le haya visto una página terminada. Vino un parroquiano de la taberna con la alegría lúcida de los primeros vasos, y fisgó el renglón que campeaba en la hoja:

Lenta es la luz del amanecer en los aeropuertos prohibidos

El verso hermosos, todavía único, con que iba a arrancar el poema.

El parroquiana suspiró:

-Es un buen empiece, poeta. Pero, ahora qué.

( de Viva voz, en Meteoros, 2006)

y

TARDES EN LOS JERÓNIMOS
Cuánta alegría perdida
¡quién me pudiera decir!
pensando cielos de plomo
si luego nunca los vi.

Los ruidos que me espantaban
era el aire en el jardín.
La muerte de cada noche
venía ... y no era para mí.

Cada vez que estuve triste
por lo que fuera a ocurrir
perdí un puñado de rosas.
¡Ahora lo puedo decir!

...Cuando no me quedan rosas.
Ahora que ya no es abril.
(de Cancionero de Sagres, 1969)

 
 
 
 
 
 
 
                                               


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
BIBLIOGRAFÍA

Alonso Santos, "Antonio Pereira, en Literatura leonesa actual. Estudio y Antología, Junta de Castilla y León, Valladolid, 1986, pp. 115-116

Busmayor Carmen, Países literarios de Antonio Pereira, Universidad de león, 1996

"Epístola moral a Fabio"; de Fernández de Andrada (1575-1648), en Poesía de la Edad de Oro II. Barroco, edición de José Manuel Blecua, Castalia, Madrid, 1984, p. 115

Fernández Fulgencio, "Entrevista a Antonio Pereira" en El Mundo/ La Crónica, 19/01/2003, p. 76.

Martínez García Francisco, Historia de la literatura leonesa, Everest, León, 1982

Pereira Antonio, "Las otras hojas de Papalaguinda", Pliegos sueltos de la Estafeta, nº 69, 1974.

- Reseñas y confidencias, Breviarios de la calle del Pez, Diputación de León, 1985.

- Correspondencia de Antonio Pereira con la “Asociación Prometeo de Poesía” (Madrid): 1981-1985; 1 carpeta (16 hojas). Donado por la Asociación Prometeo en 2008. Depositada en la Biblioteca Regional de Madrid “Joaquín Leguina” con la Signatura: DP- Arc. 43/4

- "Reflexiones de un escritor de cuentos", Congreso Internacional de escritores castellano-leoneses, hispanoamericanos y portugueses (Actas coordinadas por Gonzalo Santonja), Valladolid, Sociedad V Centenario del Tratado de Tordesillas, 1995, pp. 167-170

- Me gusta contar, Taller de Mario Muchnik, Anaya, Madrid, 1999

- Recuento de invenciones, edición de José Carlos González Boixo, Cátedra, Madrid, 2004.

- Meteoros, Poesía, 1962-2006, Calambur, Madrid, 2006

- Todos los cuentos, Siruela, Madrid, 2012.

Piedra Antonio, "Antonio Pereira, una señal perdida", en El Norte de Castilla, 4/02/1995, p. VII.

Rodicio Maribel, "Antonio Pereira y La costa de los fuegos tardíos2, en Proa, 1/09/1973.

Torcida Álvarez Jaime, "Conversación con Antonio Pereira", en el Filandón de Diario de León, 24/02/1991, p. 31.





Anastasio Serrano































































































































1 . Pereira Antonio, "Principio quieren las cosas" de su libro Reseñas y confidencias, Breviarios de la calle del Pez, Diputación de león, 1985, pp. 19-21

2 . Pereira Antonio, "Las otras hojas de Papalaguinda", Pliegos sueltos de la Estafeta;, nº 69, 1974

3 . Busmayor Carmen, Países literarios de Antonio Pereira, Universidad de León, 1996, p. 21

4 .Poesía de la Edad de Oro II. Barroco, Edición de José Manuel Blecua, Castalia, Madrid, 1984, p. 155. Fernández de Andrada (1575-1648), "Epístola moral a Fabio", vv. 124-125. Blecua ofrece la variante: “Mísero aquel…”.

5 . Pereira Antonio, "El poeta hace memoria", en Meteoros. Poesía, 1962-2006, Calambur, Madrid, 2006, p. 359

6 . Torcida Álvarez Jaime, "Conversación con Antonio Pereira";, en El Filandón, Diario de León, 24/02/1991, p. 31

7 . O. C. Filandón, 24/02/1991, p.31

8 . Alonso Santos, "Antonio Pereira", en Literatura leonesa actual. Estudio y Antología, Junta de Castilla y León, Valladolid, 1986, pp. 115-116

9 ."A modo de prólogo: “Sabino Ordás entrevista a Antonio Pereira";, en Reseñas y confidencias de Antonio Pereira, Diputación de León, 1985, p. 11

10 . Pereira Antonio, "Reflexiones de un escritor de cuentos", en Congreso Internacional de escritores castellano-leoneses, hispanoamericanos y portugueses (Actas coordinadas por Gonzalo Santonja), Sociedad del V Centenario del Tratado de Tordesillas, Valladolid, 1995, pp.167-170

11 . Piedra Antonio, "Antonio Pereira, una señal perdida";, en El Norte de Castila, suplemento de Letras, 4/02/1995, p.VII

12 . Pereira Antonio, Me gusta contar, Selección personal de relatos, Taller de Mario Muchnik, Madrid, 1999, pp. 10 y 11

13 . Alonso Santos, >>Pereira<<, en Literatura leonesa actual. Estudio y antología, Junta de Castilla y León, Valladolid, 1986, p. 111

14 . Pereira Antonio, "Nota con algunos nombres", en Los brazos de la i griega, editorial Niega, Gijón, 1982, p.

15 .El Taller de Edilesa. Revista de Libros (León), núm. 7, 2000, p. 8

16 . Pereira Antonio, Reseñas y confidencias, Breviarios de la calle del Pez, ,Diputación de León, 1985, p. 21

17 . Pereira Antonio, Meteoros, Poesía, 1962-2006, Calambur, Madrid, 2006, p. 355

18 . >>Sabino Ordás entrevista a Antonio Pereira<<, Reseñas y confidencias , A. Pereira, León 1985, p. 9

19 . Rodicio Maribel, "Antonio Pereira" y Las costa de los fuegos tardíos, en Proa, 2/09/1973

20 . Pereira Antonio, "Las otras hojas de Papalaguinda", en Pliegos sueltos de la Estafeta, nº 62, 1974

21 ."Entrevista de Fulgencio Fernández a Antonio Pereira", El Mundo/La Crónica, 19/01/2003, p. 76

22 . Asociación Prometeo de Poesía, (Madrid) >>Correspondencia de Antonio Pereira, 1981-1985<<, 1 carpeta (16 hojas), depositada en la Biblioteca Regional de Madrid “Joaquín Leguina”. Donación de la Asociación Prometeo de Poesía en 2008. Signatura: DP-Arc. 43/4


jueves, 18 de diciembre de 2014

LITOGRAFÍA DE TOULOUSE-LAUTREC, AMBASSADEURS: ARISTIDE BRUANT (1892, color, 134 por 92, colección particular, París)


                                                                                                        
                                 
                                      
Aristide Bruant (1851-1925), poeta y chansonnier, animador de diferentes cabarés parisinos, comenzó a tener fama como cantante en “Le Chat Noir” de Montmartre.

Como muestran sus fotografías vestía chaqueta y gabán de terciopelo negro, camisa y bufanda rojas, botas altas, bastón y sombrero de ala ancha. Acompañado de su guitarra cantaba un repertorio de poemas realistas y sarcásticos de contenido social. Se inspiraba en las capas urbanas más empobrecidas: la clase trabajadora, los indigentes y las prostitutas.

Bruant tuvo un enorme éxito, lo que le permitió alquilar en 1885, “Le Chat Noir”, que le cambió el nombre por Mirliton y lo convirtió en un nuevo punto de encuentro de artistas, poetas y bohemios del arrabal parisino. El Mirliton estaba decorado con obras de los artistas que lo frecuentaban; y Bruant les permitía exponer sus cuadros, como fue el caso de Toulouse-Lautrec.1

Además de actuar y dirigir el cabaré Mirliton, Bruant actuaba en otros cabarés de moda que lo contrataran. En 1982, cuando era la principal atracción del Ambassadeurs de Los Campos Elíseos, tuvo que amenazar con suspender su actuación para que el director del local, colgara en las salas del cabaré copias del cartel: AMBASSADEURS, aristide Bruant dans son cabaret, diseñadas por Toulouse-Lautrec. Más tarde consiguió que el cartel apareciera en todos los quioscos de París.

El cartel tenía como objetivo publicitar la actuación de Bruant en el Ambassadeurs, el mejor café-concierto al aire libre de París.

Su firme resolución contribuyó tanto a la popularidad de Toulouse-Lautrec como a la suya propia, aunque no logró que el pintor cobrara los honorarios por esta litografía.

La fuerte personalidad de Aristide Bruant domina la imagen, formada por la bufanda roja en el centro del cuadro. La bufanda articula todos los elementos: el rostro del cantante, la mano enguantada con su característico bastón de palo, y la oscura silueta que parece que le mira desde el fondo. También le permite enmarcar el bloque tipográfico del ángulo inferior derecho, así como subrayar el título del cartel y todo ello lo logra con tres colores primarios: rojo, amarillo y azul.

Bruant defendió con pasión este cartel, que acuñó para siempre su emblemática figura neorromántica.

Aristide, ya en el ocaso de su carrera, se retiró a una casa de campo en Coutenay, en compañía de su esposa, Mathilde Turquini d’ Or, cantante de la Ópera Cómica. Y en 1924, un año antes de su muerte, a los 73 años, grabó sus canciones más famosas en un disco gramofónico.

BIBLIOGRAFÍA

Toulouse-Lautrec, Grandes Maestros de la Pintura, Editorial Sol 90 S. L., Barcelona, 2008 (Diario Público).

Posterbook, Henri de Toulouse-Lautrec, Taco Verlagsgesellchaft and Agentur, Berlín, 1988.


                                                                                                                                                               


1 . Henri Toulouse-Lautrec (1864-1901) fue un cronista de excepción de la noche parisina de finales del siglo XIX. Supo plasmar el ambiente y los peculiares protagonistas de los cabarés, music-hall, cafés-concierto y prostíbulos de Montmartre, con el célebre Moulin Rouge a la cabeza. Es famosa su litografía de 1891 : MOULIN ROUGE: Concert BAL, Tous les soirs: LA GOULUE.. Fue tal su habilidad y su ingenio, que convirtió el cartelismo ( la mera publicidad de un espectáculo) en un estilo pictórico.
                                                ANASTASIO SERRANO
                                              

martes, 17 de junio de 2014

LAS VANGUARDIAS LTERARIAS HISPANAS II





El Ultraísmo (1918-1923)
 
 
 
 
 
 


                                              

 
 
 
 
 
El ultraísmo es un movimiento literario nacido en España en 1918 con decidida intención de enfrentarse al modernismo, corriente que había dominado la poesía en lengua española desde finales del siglo XIX.
Este movimiento tiene unos antecedentes en Ramón Gómez de la Serna, Juan Ramón Jiménez, Rafael Cansinos-Asséns, sin olvidar el magisterio ideológico de José Ortega y Gasset y Vicente Huidobro, que, como se sabe, llegó a Madrid en el verano de 1918 y transmitió su arte nuevo a un pequeño círculo de amigos, que algunos de ellos (Gerardo Diego, Larrea, Guillermo de Torre) se integrarían en el ultraísmo.
Guillermo de Torre habla de la trascendencia de las reuniones en casa de Huidobro en Madrid: “En su casa vi los primeros libros y revistas de las escuelas que luego darían pródigas y discutidas cosechas (…) Allí se incubó originariamente el óvulo ultraísta”1.
El creador del término, “ultraísmo”, fue Guillermo de Torre, que dice:
Ultraísmo era sencillamente uno de los muchos neologismos que yo esparcía a voleo en mis escritos de adolescente. Cansinos-Asséns se fijó en él, acertó a aislarlo, a darle relieve (…) El hecho es que Cansinos-Asséns se posesionó del término. Y “Ultra” tituló un breve manifiesto escrito por él2.
El ultraísmo nace en los últimos meses de 1918 entre un grupo de jóvenes con inquietudes literarias en el Café Colonial de Madrid, en torno a la figura de Rafael Cansinos-Asséns.
Cansinos publica el “Manifiesto Ultra” en el otoño de 1918 en estos términos:
Los que suscriben, jóvenes que comienzan a realizar su obra, y que, por eso, creen tener valor pleno de afirmación, de acuerdo, con la orientación señalada por Cansinos-Asséns (…), necesitan declarar su voluntad de un arte nuevo que supla la última evolución literaria: el novecentismo. (…)
Respetando la obra realizada por las grandes figuras de este movimiento, proclamamos la necedad de un ultraísmo (…). Nuestra literatura debe renovarse, debe lograr su ultra, y en nuestro credo cabrán todas las tendencias sin distinción (…) Por el momento creemos suficiente lanzar este grito de renovación y anunciar la publicación de una revista que llevará este título de Ultra, y en la que sólo lo nuevo hallará acogida. Jóvenes rompamos por una vez nuestro retraimiento y afirmemos nuestra voluntad de superar a los precursores. Y firman este manifiesto: Xavier Bóveda, César A. Comet, Fernando Iglesias, Guillermo de Torres, Pedro Iglesias Caballero, Pedro Garfias, J. Rivas Panedas, J. de Aroca3.
El ultraísmo es en gran medida un “ismo” formado por la síntesis de elementos futuristas, dadaístas, con incrustaciones de cubismo, expresionismo y creacionismo, si bien fue un movimiento predominantemente poético.
Del cubismo, el ultraísmo tomó la disposición tipográfica especial, imitando los caligramas de Apollinaire. Del futurismo tomó el culto por la velocidad y las máquinas modernas.
La aportación del expresionismo llega al ultraísmo de la mano de Jorge Luis Borges, que había vivido durante la I Guerra Mundial en la neutral suiza y conoció la poesía germana. En las revistas ultraístas Borges tradujo y publicó poemas expresionistas e informó sobre autores y características del movimiento. Publicó poemas propios con cierta influencia expresionista.
El creacionismo de Huidobro, después de su llegada a Madrid en 1918, ya se ha dicho que fue el óvulo, el detonante del ultraísmo. Ha habido cierta identificación entre el ultraísmo español y el creacionismo; pero hay que aclarar que el creacionismo es una escuela con un contenido teórico y el ultraísmo es un movimiento abierto a todo lo nuevo, sería, pues, un movimiento ecléctico. Rivas Panedas en su artículo “Protesto en nombre de Ultra”, rechaza la pretendida identificación de este modo: “…el creacionismo, es algo bien concreto, al menos una cosa muy concreta al lado de nuestro Ultra, que no nos cansamos de repetir, que no es un dogma ni un modo. El creacionismo sí”4.
Además de Rafael Cansinos-Asséns, “inductor de entusiasmos”, el personaje clave y teórico del movimiento ultraísta fue Guillermo de Torre, el futuro cuñado de Jorge Luis Borges (se casa con Norah Borges), que redacta en 1920 el “Manifiesto Ultraísta Vertical” (publicado como suplemento en la revista Grecia, nº 50, 1 de noviembre de 1920) y en 1923 publica su poemario Hélices. También publica, como es conocido, Literaturas europeas de vanguardia (1925), donde informa de todos los movimientos vanguardistas europeos y su repercusión en España.
Jorge Luis Borges, residente a la sazón en España también contribuye al desarrollo del ismo, exponiendo los principios ultraístas en un artículo publicado en la revista Nosotros (1921) de Buenos Aires, que son:
  1. Reducción de la lírica a su elemento primordial: la metáfora.
  2. Tachadura de las frases medianeras, los nexos y los adjetivos inútiles
  3. Abolición de los trebejos ornamentales, el confesionalismo, las prédicas y la nebulosidad rebuscada
  4. Síntesis de dos o más imágenes en una que ensanche así su facultad de sugerencia.

Asimismo los objetivos creativos del ultraísmo son:
Eliminación de la rima; imágenes y metáforas chocantes e ilógicas con temas del mundo del cine, el deporte o los adelantos técnicos; uso abundante de neologismos, tecnicismos y palabras esdrújulas; reducción de la lírica a su elemento primordial: la metáfora y una tendencia a establecer una disposición tipográfica nueva de las palabras del poema, pretendiendo de ese modo una fusión entre la plástica y la poesía.
Los poetas ultraístas se expresaron más en revistas de conjunto que en obras individuales. Entre estas revistas tenemos:
CERVANTES de Madrid, (1916-1920), que no nació ultraísta, dirigida en principio por Francisco Villaespesa. En enero de 1919 pasó a formar parte del movimiento ultraísta y la dirigió Rafael Cansinos-Asséns. Colaboran en ella en su segunda época: Pedro Garfias, Adriano del Valle, Gerardo diego, Eugenio Montes, Juan Larrea, Guillermo de Torre, J. Rivas Panedas, R. Lasso de la Vega.
GRECIA (Sevilla y Madrid, 1918-1920), aparece en Sevilla, el 12 de octubre de 1918, su fundador fue Isaac del Vando-Villar; a partir de 1919 empieza a incluir colaboraciones ultraístas. Sus colaboradores son: Adriano del Valle, Miguel Romero, Rogelio Buendía y Pedro Raida; Cansinos-Asséns, Guillermo de Torre, Jorge Luis Borges, Lasso de la Vega.
Grecia de traslada a Madrid en 1920, donde publica siete números, en los que refleja con bastante exactitud el ultraísmo en sus primeros pasos.
COSMÓPOLIS (Madrid, 1919-1922), publicada en Madrid por Enrique Gómez Carrillo, con intención de acercamiento entre los escritores españoles e hispanoamericanos. Colaboraron, Cansinos-Asséns, Jorge Luis Borges. Gómez Carrillo creó una sección permanente para Guillermo de Torre: “Literaturas novísimas”, donde fueron apareciendo algunos de los estudios, que luego pasaría revisados a su libro “Literaturas europeas de vanguardia”.
REFLECTOR (Madrid, 1920), fue su director el poeta José Ciria y Escalante y su secretario Guillermo de Torre. Alcanzó un solo número. Colaboraciones de Ramón Gómez de la Serna, poesías de Saupoult y Eluard, un caligrama humorístico de Francisco Vighi, un artículo de Jorge Luis Borges sobre el “Manifiesto Vertical” de Guillermo de Torre, además de los grabados de Norah Borges y Rafael Barradas.
ULTRA (V---LTRA) (Madrid, 1921-1922), 24 números. No figuraba el nombre del director, decía: “Ultra no tiene director, se rige por un comité directivo anónimo.”; en la realidad estaba dirigida por Humberto Rivas. Ultra destacaba por su belleza tipográfica, empezando por el arcaísmo “V”LTRA.
Tiene como colaboradores a Cansinos-Asséns y RAMÓN en cuanto a la prosa, y la crítica literaria de Guillermo de Torre. Luego vienen las colaboraciones poéticas de J. Rivas Panedas, Gerardo diego, José de Ciria y Escalante, César A. Comet, Pedro Garfias, Adriano del Valle, Lasso de la Vega, “Luciano de San Saor” (Lucía Sánchez Saornil), Ernesto López Parra y los hermanos Rello; en fin la plana mayor del Ultraísmo.
En Ultra también se da la colaboración de los artistas plásticos: los poacos Jahl y Paszkiewicz, el uruguayo Barradas y Norah Borges, que ilustran las portadas y el interior de la revista.
Hubo también otra revista del mismo título, Ultra en Oviedo, que empezó a publicarse en noviembre de 1919, dirigida por Augusto Guallart y como colaboradores Cansinos, Gonzalo de Alvear, Joaquín de la Escosura y Luis Zubillaga. Salió un año antes que Ultra de Madrid, aunque tuvo mucha menor repercusión. La revista Grecia, ya en su etapa ultraísta, saluda la aparición de la Ultra ovetense: “Ultra con Cervantes y Grecia, ha venido a formar el triángulo lírico, como irisa luminosos en la oscuridad del novecentismo. ¡Hermanos, Hurra por nuestro Ultra!”5.
TABLEROS (Refundición de Grecia). Revista Internacional de Arte, Literatura y Crítica (Madrid, 1921-1922). Publicó 4 números. Su director fue Isaac del Vando-Villar y su secretario J. Gutiérrez Gili. Tuvo como colaboradores a los mismos de la revistas ultraístas: Guillermo de Torre, Antonio Espina, Borges, Gerardo Diego, Lasso de la Vega, RAMÓN, Rivas Paneda, Luis Mosquera, Rogelio Buendía y los pintores Jahl y Barradas.
HORIZONTE. Arte,literatura, crítica. (Madrid 1922-1923). Publicó 4 números. Fueron sus directores Pedro Garfias y José Rivas Panedas y director artístico, Wladislaw Jahl. En ella además de los escritores ultraístas, Eugenio Montes, Pedro Grafias, Rogelio Buendía, colaboran los poetas de la nueva generación del 27: Alberti, Guillén, Dámaso alonso, Lorca, Gerardo Diego; y otros poetas anteriores como Antonio Machado y José Moreno Villa.
Todavía surgió una revista más del ultraísmo, cuando ya declinaba, PLURAL (Madrid, 1925), 2 números, dirigida por César A. Comet, en la que colaboran los ‘antiguos’ ultraístas y da paso a dos novelistas, Benjamín Jarnés y Valentín Andrés Álvarez, que se incorporan, después, a la Revista de Occidente.
También tuvo carácter vanguardista la revista RONSEL (Lugo, 1924, dirigida por el poeta y profesor Evaristo correa Calderón.
Citamos la revista ALFAR (La Coruña, 1921-1926). Revista de Casa América-Galicia, dirigida por el cónsul de Uruguay en La Coruña Julio J. Casal. A partir de 1925 se titula Alfar y allí se publicó hasta ser transplantada a Montevideo en 1929 y duró hasta la muerte de su director en 1954.
Y ya casi rebasando el límite de las vanguardias está LA GACETA LITERARIA, fundada por Ernesto Giménez Caballero y Guillermo de torre en 1927 y duró hasta 1931. Desde sus páginas se dio publicidad a toda la modernidad de aquella década de los 20.
Por último la GACETA DE ARTE (1932-1936) de Tenerife, dirigida por Ernesto Westherdahl, difundió en el plano artístico todas las novedades del momento
Los ultraístas también se expresaron en las veladas o recitales poéticos en los que daban a conocer sus poemas y tuvieron, a imitación de los futuristas y dadaístas, no poco de provocación.
La primera velada ultraísta se celebró en el ateneo de Sevilla, el 2 de mayo de 1919 y fue organizada por los colaboradores de la revista Grecia, con la asistencia del gran “Condestable” del Ultra, Rafael Cansinos-Asséns. Intervinieron en el acto Pedro Luis de Gálvez, Pedro Garfias, Miguel Romero y Juan González Olmedilla.
ADRIANVS (Adriano del Valle) que escribe la crónica de la velada en la revista Grecia, concluye de esta guisa: “El acto terminó dentro del mayor entusiasmo”.6
Pedro Garfias, que interviene en el acto, no es tan optimista, y así escribe en la revista Cervantes: “¡Oh, las admiraciones confusas y las hipócritas sonrisas!”, que suscitaron estos jóvenes ultraístas, “ante los filisteos, de frente lisa y ojos turbios”; y concluye: “Hemos celebrado nuestra fiesta del Ultra, y han sido los hermanos de Grecia quienes se han sacrificado primeramente ante el ara”.7
Una nueva velada tiene lugar el 2 de marzo de 1920 en el ateneo sevillano. Será Pedro Garfias en solitario, presentado por Adriano del Valle, quien leerá sus poemas ultráicos. Una vez terminada la velada según nos cuenta Juan González Olmedilla en “La epopeya del Ultra” en la revista Grecia, Pedro Garfias, Adriano del Valle e Isaac del Vando-Villar salieron por la calles de Sevilla a “festejar el nuevo éxito de incomprensión”, que esa noche había obtenido Pedro Garfias, lanzando contra las ventanas del cronista de la ciudad, Satiago Montoto, patatas y panecillos duros.
La tercera velada ultráica, que ya se convirtió en un calvario, se celebró en Madrid, en el salón “Parisiana”, el 28 de enero de 1921. El programa fue bastante ambicioso, pues, junto a la lectura de poemas, hubo una parte dedicada a la música y otra a la pintura. Y ante un público despectivo y burlón, fue desfilando toda la nómina del ultraísmo: Bacarisse (presentador), Humberto Rivas, Rivas Panedas, Borges, Garfias, Eugenio Montes, César A. Comet, Gerardo diego, Lasso de la Vega (que pretendió leer un poema en francés), Tomás Luque, López-Parra, José Ciria y Escalante y los hermanos Rello .
Apareció una crónica en La Voz de Madrid: “Del Madrid funambulesco”, de M. A. Bedoya en clave grotesca y ridiculizante: “En plena apoteosis del disparate Los ultraístas dieron anoche una función de gala”.
Cansinos, por su parte, escribe:”Todos, en general, están muy satisfechos, porque la velada fue un escándalo…Guillermito con su voz gangosa, celebra: -hemos hecho rabiar a los saurios…ha habido insultos, tomates…Luchas cuerpo a cuerpo…magnífico (…)¡Que éxito!”8.
La hostilidad mostrada en la velada del salón “Parisiana” no amilanó a los ultraístas, que convocan una segunda velada en el Ateneo de Madrid para el 30 de abril de 1921. Leyeron los ultraístas sus poemas en la Sección de Literatura del Ateneo y según la crónica de Ultra, nº 10, 10/05/1921: “La velada fue un éxito clamoroso para nosotros, a pesar de las protestas de una exigua minoría retardataria y obtusa”; pero ya no se atrevieron a repetir la experiencia
Aunque los ultraístas publicaron su obra en hojas sueltas y en revistas minoritarias, también editaron algunos libros de versos, así tenemos: Imagen (1922) y Manual de espumas (1924) de Gerardo Diego; Hélices (1923) de Guillermo de Torre; Poemas póstumos (1924) de José de Ciria y Escalante; La sombrilla japonesa (1924) de Isaac del Vando-Villar; El ala del sur (1926) de Pedro Garfias; Sed y Urbe (1928) de César M. Arconada; Talismán de distancias (1934) de César A. Comet y Primavera portátil (1934) y Los gozos del río (1940) de Adriano del Valle, estos dos libros están formados por poemas compuestos entre 1920 y 1923.
Valoración y fin del Ultraísmo
Guillermo de Torre comenta la disolución del Ultra:
El movimiento Ultraísta, (…) como bloque colectivo, destinado a ejercer una acción conjunta y a mantener un estado de espíritu radical y renovador, pudo (…) considerarse disuelto al dejar de publicarse (…) Ultra en la primavera de 1922, y tras el primer golpe a la solidaridad sufrida un año antes, con ocasión de la segunda velada ultraísta (…) Por otra parte, el objetivo esencial: marcar una ruptura neta con la generación anterior, negarse a ser epígonos para asumir el gesto de hermes (…), habría quedado explícita y ampliamente logrado. ¿A qué, pues, prolongar innecesariamente la asociación ocasional y el gesto común que unificaba, en ciertos casos, espíritus disímiles?9
Los críticos e historiadores, en general, no han valorado con justicia el movimiento Ultra, que quedó eclipsado por la gran aportación poética de la Generación del 27. Tempranamente Dámaso Alonso hizo una primera revisión sosegada del Ultraísmo en un artículo titulado, “Góngora y la literatura contemporánea”, escrito en 1927, que pasará al libro, Estudios y ensayos gongorinos, esto dice Dámaso alonso:
En enero de 1919 surge el grupo Ultra formado por unos cuantos jóvenes (…) que, ante el escándalo de la literatura oficial (la modernista), propugnan y practican el nuevo credo nacido en Francia. (…) colaboran en revistas de tradición rubeniana (…) (Grecia y Cervantes); dan borrascosas veladas poéticas; fundan una hoja decenal ULTRA, de forma, tipografía e ilustraciones desconcertantes para el buen público español… El grupo se disuelve, con la muerte de la revista Ultra, el año 192210.
Valora, Dámaso Alonso, que Ultra supo romper con los restos apelmazados del modernismo y en consecuencia, “todos los poetas actuales (1927), aun los más alejados de esta tendencia, son deudores (…) a Ultra, y de este movimiento hay que partir cuando se quiera hacer la historia de la poesía actual”11.
El fracaso del ultraísmo había consistido en no querer usar de estas adquisiciones (se refiere a las conquistas formales de la poesía tradicional), y al mismo tiempo en no haberlas sabido sustituir. No se improvisan las maestrías del verso: Ultra no pudiendo dominar un nuevo ritmo, eludió todo ritmo (…) De igual modo, para sustituir las sensaciones ópticas tradicionales (colorido, plasticidad), se entregó al burdo juego del caligrama12.
Años más tarde, Dámaso Alonso en su artículo, “Una generación poética”, incluido en Poetas españoles contemporáneos, insiste en los aspectos negativos del grupo:
Trajo aquel grupo más que su chillón y efímero entusiasmo: los experimentos realizados con la imagen (imagen múltiple), la actividad para ligar poéticamente elementos muy distantes entre sí de la realidad (…), el ennoblecimiento del humor, mejor dicho de cierta alegría deportiva y despreocupada…El ultraísmo movimiento fracasado, alimenta, aunque sea en pequeña parte, una de las más intensas generaciones de nuestra historia13.
Aun teniendo en cuenta esta valoraciones negativas, tenemos que reconocer el esfuerzo de renovación y ruptura de los ultraístas, que abrieron muchas posibilidades, que fueron aprovechadas por la generación siguiente. El paso de la poesía post-modernista a la de la generación del 27 no se puede explicar sin reconocer la aportación de los poetas ultráicos, que abrieron nuevos caminos par a la renovación de la expresión lírica.
Dámaso Alonso, ya más ponderado nos dice de Ultra:
No se le hace justicia a este movimiento. Apenas produjo nada durable. Pero si él difícilmente se puede explicar la poesía posterior. Una parte del público rechazará siempre lo literariamente heterodoxo o innovador, sin comprender que sin esas sacudidas la vida de las letras se enmohece, que aun para la renovación de la literatura, dentro de los cauces tradicionales, son necesarias de vez en cuando, esas arriscadas aventuras.14
El ultraísmo, en suma, inaugura los movimientos de vanguardia en España. Se opone al modernismo, muestra rebeldía y trata de renovar la poesía. Se abre a lo nuevo, a la vida moderna; incluye en los temas de su poesía aviones, locomotoras, rascacielos, deporte.
Produce imágenes y metáforas en cascada. Muestra su irracionalismo, su experimentalismo, su indefinición y su iconoclastia. Destaca por su espíritu lúdico y el humor, que siguió la otra generación del 27 (López Rubio, Jardiel, Tono). Aporta una tipografía singular caligramática.
El ultraísmo fue un movimiento de superación de la lírica vigente (la modernista), con una voluntad de renovación, un ir “más allá” como su nombre indica.
En cuanto a la difusión de la poesía ultraísta en antologías, si bien al principio, tuvo poca fortuna, pues no aparece en la Antología de Gerardo Diego (1932). En la Antología de la poesía española y americana d Federico de Onís (1934), se acepta el término ultraísmo, pero se aplica con poco rigor. Había que esperar a la segunda mitad del siglo XX para que se publiquen antologías solventes como, La poesía de la vanguardia española (Antologia) de Germán Gullón (1981), Poesías y Poética del Ultraísmo de Francisco Fuentes Florido; Poesía española de vanguardia (1918-1936) de Francisco Díez de Revenga (1995). Y ya en este siglo, Las cosas se han roto (Antología de la poesía ultraísta) de Juan Manuel Bonet (2012).
Y, por otra parte, algunas revistas ultraístas se ha reeditado en facsímil o están digitalizadas por LA Biblioteca Nacional, como Grecia, Cosmópolis y ULTRA.
Para terminar el ultraísmo sirvió de transición entre el modernismo y la generación del 27 y Guillermo de Torre concluye: (El ultraísmo) “En suma, el canto del cisne de la literatura desinteresada antes de que atronaran el aire los rugidos de la literatura tendenciosa”15 .
Ofrecemos a continuación una breve muestra de poesía ultraísta.

PEDRO GARFIAS
DOMINGO
Los campanarios
con las alas abiertas
bajo el cielo combado

En los cristales
hay bandadas de luz

Y las coplas anidan en los árboles

Las veinticuatro horas
Cogidas de la mano
Bailan en medio de la plaza

Y el sol alborozado voltea la mañana
(de El ala del sur, 1926)

TORMENTA
Rota La arboladura
Las nubes pedieron su ruta

Y el horizonte avanza como una escarpadura

Las horas
           soles apagados
                               ruedan
                                       por el azul
                                                     al mar

Yo solo                     con la noche

Las nubes deshojándose
Y el viento     rezando     los árboles

(de El ala del sur, 1926)
…………………………….. …………………. …………………..

JOSÉ RIVAS PANEDAS
VLTRA
INTERIOR
Los espejitos se desmayan
                    en el vientre de la madre

Mientras la hora
Duerme sobre la lámpara

La paz del hogar
Levantó su tienda de plumas

Y del reloj
Se van desprendiendo los minutos
Como gotas de miel

Es hora de dormir

Al apagar la luz
El cuarto se cierra como un libro
( Publicado en V—LTRA, 17/03/1921)
………………………. ……………… ……………….

GUILLERMO DE TORRE
AUTUMNAL
Sobre el más alto mástil del horizonte
              Un avión modula su obertura
                          Al ritmo helicoidal
Asteroides velivolentes
   Aterrizan en las antenas del Zodiaco
              En el rectángulo del Sagitario
              Se espeja la deshiscencia otoñal

OTOÑO RÍTMICO EMERGE DE UN CORAZÓN
ASTRAL
(…)
La escenografía autumnal
          Es creada por los árboles tramoyistas
Quien enrolla ese telón
          De mustias hojas jaldes
Allá en la lejanía sideral
          Mi alma exulta pleonéxica

UNA VENTOLINA AURIRROSADA FLUIDIFICA
EL VIVIR.
(Publicado en Grecia, 1919)
………………………… ……………….. ………………
ADRIANO DEL VALLE
SIGNO CELESTE
¡Mía era la estrella!                                                ¡Mía…!

Por
   las
      escalas
                áureas
                        dejan
                               huellas
                                         de
                                            luz
                                                los
                                                    pies
                                                          rosados
de las estrellas blancas
   que llegan peregrinas desde un poniente bárbaro.
El hacha de al Luna
   tiene sangre de un Sol decapitado
    que hundió su cabellera
      en los mares del trópico
       para apresar a los bajeles náufragos.
        Las manos del Silencio

DEVANAN EN LA RUECA DEL ZODÍACO.

BIBLIOGRAFÍA
Alonso Dámaso, Estudios y Ensayos gongorinos
-Poetas españoles contemporáneos
Cansinos-Asséns, Rafael, la novela de un literato II, Alianza II, Madrid, 1985
Torre Guillermo de , Literaturas europeas de vanguardia, Caro Raggio, Madrid, 1925
-Guillaume Apollinaire, su vida, su obra, las teorías del cubismo, Poseidón, Buenos aires, 1946
-Historia de las literaturas de vanguardia, Guadarrama, Punto Omega, Madrid, 1974.
Videla, Gloria, El ultraísmo. Estudio sobre los movimientos de vanguardia en España, Gredos, Madrid, 1974 (2ª edición).

 
 

                                                                                                                 
                                                                                                                                                                           
                                                                                                                                                                                                    

                                                                         
    
 
 
 1 . Torre Guillermo de, Guillaume Apollinaire,. Su vida, su obra, las teorías del cubismo, Poseidón, Buenos Aires, 1946, p. 19
2 . Torre Guillermo de, Historia de las literaturas europeas de vanguardia II, Guadarrama, Punto Omega, Madrid, 1974, pp. 210-211
3 . Manifiesto publicado en la prensa de Madrid (otoño de 1918) y en la revista Grecia, nº XI, año II, Sevilla, 15 de marzo de 1919. Cita tomada de El ultraísmo de Gloria Videla, Gredos Madrid, 1974, pp. 35-36
4 . Rivas Panedas J. “Protesto en nombre de Ultra”, en Cervantes, septiembre de 1919, p. 145. cita tomada de El ultraísmo de Gloria Videla, p. 105
5 . Grecia, nº XXXII, año I, 1919, p. 9. Cita tomada de El ultraísmo de Gloria videla, p. 58
6 . Adriano del Valle, “La fiesta del Ultra, en Grecia XV, 1919. Nota tomada de El ultraísmo, de Gloria Videla , p.75
7 . O. cit, pp. 76 y 77 .
8 . Cansinos-Asséns, Rafael, La novela de un literato, II,Alianza Tres, Madrid, 1985, p. 337
9 . Torre Guillermo de, Literaturas europeas de vanguardia, Caro Raggio, Madrid, 1925, p. 81
10 . Alonso Dámaso, Estudios y Ensayos gongorinos, Gredos, Madrid, 1982 (3ª edición), p. 553
11 . O. cit., p. 554
12 . O. cit, p. 556
13 . Alonso Dámaso, Poetas españoles contemporáneos, Gredos, Madrid, 1988 (3ª edición aumentada), pp. 162-163
14 . O. cit., p. 234, Poetas españoles contemporáneos
15 . O. cit., p. 280, Hª de las literaturas de vanguardia II