martes, 30 de mayo de 2017

Análisis y significado de VERGARA de Pérez Galdós


 

    


                                                           Baldomero Espartero
                                                



 
                                                                         
                                                                     Rafael Maroto
 
 
 
 
 
 
 
 
INTRODUCCIÓN



Los Episodios Nacionales ocupan aproximadamente la mitad de la obra galdosiana y constituyen la primera y la última de las etapas de su carrera literaria. Los 46 episodios están formados por cinco series de narraciones. Las cuatro primeras de diez títulos y la última, ya en los años de vejez del autor, por sólo seis.

Los 46 episodios abarcan setenta y cinco años de la historia de España, desde 1805 (Trafalgar) hasta 1880 (Cánovas). La primera serie se publicó entre 1873-1875; la segunda de 1875-1879 y tras diecinueve años de silencio publica la tercera serie de 1898-1900; la cuarta de 1902-1907 y la quinta de 1907-1912.

Así explica Galdós en sus memorias la génesis de los Episodios:



Siento pasar el 70, 71, y a mediados del 72 vuelvo a la vida y me encuentro, sin saber por qué sí o por qué no, preparaba una serie de novelas históricas, breves, amenas. Hablaba yo de esto con Alvareda, y como le decía que no sabía qué título poner a esta serie de obritas, José Luis me dijo:

- Bautice usted esas obritas con el Nombre de Episodios Nacionales. Y cuando me preguntó en qué época pensaba iniciar la serie, brotó de mis labios, como una obsesión del pensamiento, la palabra Trafalgar.1



Pérez Galdós tiene un propósito general con la escritura de los Episodios:”Presentar en forma agradable los principales hechos militares y patrióticos del periodo más dramático del siglo, con objeto de recrear (y enseñar también, aunque no gran cosa) a los aficionados a esta clase de lecturas”.2

Nuestro novelista fiel siempre a la máxima: historia magistra vitae, descubre su preocupación política ante los hechos y conflictos tan cercanos de la España que le tocó vivir. Y además de su propósito ejemplificador, revela sus consideraciones personales sobre los hechos, sus firmes convicciones liberales, su antibelicismo y su amor al pueblo español.

Los Episodios Nacionales no son historia propiamente dicha, sino novela histórica, utilizada en ocasiones como fuente histórica. Pero, ¿ cómo se fusionan la historia y la ficción?; pues esto dice Galdós en 1910, cuando estaba trabajando en Amadeo I: “Ahora estoy preparando el cañamazo, es decir, el tinglado histórico…Una vez abocetado el fondo histórico y político de la novela, inventaré la intriga”3.



Parece deducirse de esta declaración, que lo primario en el proceso de creación es la visión histórica, y que la novela, la ficción es un ensamblaje a posteriori. Así opinan algunos críticos como Pedro Laín Entralgo y Gómez de Baquero.

Hans Hinterhauser afirma que si bien en el conjunto de los Episodios tuvo presente lo histórico como punto de partida, sin embargo, “la primera preocupación artística del novelista debió ser lograr una simbiosis entre historia y ficción”4.

Ricardo Gullón resuelve la cuestión entre lo histórico y lo novelesco de esta forma:



Que los Episodios Nacionales no son historia sino novela es una verdad incuestionable, sólo controvertible desde otra certeza, muy difundida y aceptada, que pudiera enumerarse así: en ninguna obra puede aprenderse mejor la historia de España que en los Episodios Nacionales5.



En efecto, Galdós, consulta las fuentes históricas: libros de historia, crónicas, diarios y hasta a algún testigo superviviente de los hechos. Pero el novelista, que si bien es fiel a los hechos, a su vez, manipula esos materiales, escogiendo unos, desechando otros y magnificando algunos.

La trama novelesca juega un doble papel. Por un lado se funde con la historia para actuar de contrapunto (Fago-Zumalacárregui). Por otro la historia como marco y cuadro temporal de los hechos, y la trama como espejo del trasfondo social de los mismos. El lector sabe que tiene en sus manos una novela, aunque vea en ella su preocupación por la historia reciente de España, y quizá le incite a consultar un manual de Historia o una monografía.



GÉNESIS DE LA TERCERA SERIE



Al final de Un faccioso más y algunos frailes menos, último episodio de la 2ª serie, hace Galdós esta declaración:



Basta ya. Aquí concluye el narrador su tarea, seguro de haberla desempeñado imperfectamente (…). Los años que siguen al 34 están demasiado cerca, nos tocan, nos codean, se familiarizan con nosotros (…). Quédese, pues, aquí este trabajo, sobre cuya última página (…) hago juramento de no abusar de la bondad del público, añadiendo más cuartillas a las diez mil y pico de que constan los Episodios Nacionales. Aquí concluyen definitivamente éstos6.



No obstante, diecinueve años más tarde, en 1898, inicia con Zumalacárregui la 3ª serie de sus interrumpidos episodios, que continuaría con dos series más. Así justifica, Galdós, la continuación de los EE. NN. en las primeras líneas de Zumalacárregui:



Al terminar Un faccioso más y algunos frailes menos, la segunda serie de los Episodios Nacionales, hice juramento de no poner la mano por tercera vez en novelas históricas. ¡Cuán duramente veo ahora que esto de jurar es cosa mala…! (…). A los diez y nueve años, no justos, de aquel juramento, los amigos que me favorecen, público o lectores, (…) me mandan quebrantar el voto, y lo quebranto; me mandan escribir la Tercera Serie de episodios, y la escribo7.



A pesar de estas declaraciones, la mayoría de los estudiosos señalan que fueron razones económicas las que le empujaron a escribir esta Tercera Serie. El mismo Galdós confirma en sus Memorias, que había quedado arruinado con los gastos del juicio con su socio editor, Miguel de la Cámara:



Ved aquí lo más esencial del laudo (que dictó don Gumersindo de Azcárate): En primer lugar me reconocía la total propiedad de mis obras (…). Disuelta la sociedad, el laudo me imponía la obligación de abonar a mi contrario una parte bastante crecida de la liquidación por anticipo que mi socio me había prestado. Por tal concepto yo tenía que pagar a toca teja ochenta y dos mil pesetas.8



Sin embargo no fueron sólo razones económicas las que empujaron a Galdós a escribir esta 3ª serie. Se sumaron, también, a las razones económicas, condiciones ideológicas personales y preocupación patriótica. Hinterhauser, (1962, p. 51), valorando la explicación económica, añade dos razones coadyuvantes: la posición ideológica y las circunstancias históricas, que dieron lugar a la crisis del 98, que ya estaba a las puertas. Y además pretendía en su nueva serie: “disecar la sociedad contemporánea desde un punto de vista histórico, ético y crítico nacional”. José F. Montesinos admite las razones económicas junto a las patrióticas: “una meditación amarga, desesperada, sobre las torpezas, tal vez evitables, pues emanaban del mismo ser español”9.

Galdós abre, pues, la 3ª serie con Zumalacárregui en la primavera de 1898 y a finales de 1900, la cierra con Bodas reales. Parece que don Benito hubiera vuelto a su pujante juventud. Además esta 3ª serie refleja la experiencia de Galdós como novelista, ofreciendo más variedad en cuanto a temas y personajes. Las dos primeras series presentaban un personaje único en torno al cual se desarrollaba la trama novelesca inmersa en el hecho histórico, en cambio en esta tercera serie no puede hablarse de un protagonista único, ya que Fernando Calpena, es protagonista en algún episodio (Mendizábal, De Oñate a La Granja, Vergara) y en otros ocupa un papel relevante (Luchana, La campaña del Maestrazgo, La estafeta romántica); pero en otros no aparece, como en Zumalacárregui, y Bodas reales. Así mismo destacan como protagonistas otros personajes como D. Beltrán de Urdaneta, Santiago Ibero o figuras históricas como Zumalacárregui, Mendizábal, Cabrera Espartero o Maroto.

Lo que sí dice, Galdós, en sus Memorias, es que una vez concluido el laudo con su socio :

Viéndome dueño de mis obras, resolví establecerme como editor de ellas en el número 132 de la calle Hortaleza, piso bajo (…). El considerable desembolso que tuve que hacer para liquidar las resultas del pleito obligome a sacar de mi caletre los elementos necesarios para salir del paso. Como el trabajo no en arredraba, al contrario, era mi mayor delicia, acometí la tercera serie de los Episodios Nacionales (O. cit, p. 105)



Don Benito, pues, comienza a escribir el primer episodio de esta tercera serie en abril de 1898: Zumalacárregui. Galdós en sus Memorias nos da noticia del viaje que hizo por Navarra y Vascongadas al efecto:



Queriendo documentarme para el estudio de esta figura y de otras, acudí a mi amigo don Juan Vázquez de Mella (…).Amable en extremo don Juan, me dio cartas para visitar diferentes pueblos y personas de Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra. Con las cartas (…) me dirigí a Cegama, Azpeitia, Pamplona, Puente la Reina, Estella, Viana y otras poblaciones que fueron teatro de las guerras civiles. En Cegama visité a don Miguel Zumalacárregui, sobrino carnal del famoso caudillo, que murió en aquella villa el 24 de junio de 1835, al volver malherido del primer sitio de Bilbao. El bondadoso y simpático don Miguel me recibió en su casa (…), mostrándome la estancia en que su tío entregó su alma a Dios. Vi la cama, cubierta con una colcha de damasco amarillo. Completaban el decorado de la alcoba las armas y el retrato del héroe10.



Para el resto de la geografía de Navarra Galdós utiliza el Diccionario geográfico de Pascual Madoz, y no comete errores de relevancia.

A veces un corresponsal le envía datos concretos sobre una villa, como señala Rodolfo Cardona en >>Apostillas a los Episodios Nacionales de Hinterhauser<<, en Anales Galdosianos III, 1968, pp. 119-142, en las que el profesor Cardona aporta un número considerable de materiales desconocidos que arrojan bastante luz sobre la elaboración de los Episodios. En concreto tiene interés el plano de Oñate, que Galdós guardaba entre sus papeles y se lo había enviado don José Mª de Aguirre, seguro un erudito local, que le informó con exhaustividad.

También contó Galdós con fuentes librescas: libros y folletos políticos, estudios de costumbres y periódicos en los que podía encontrar la información histórica y la materia novelable, entre ellos: Historia general de España de Modesto Lafuente; Estudio histórico de las luchas políticas del siglo XIX (1899-1880) de A. Fernando de los Ríos, Historia de Cabrera y de la Guera Civil en Aragón, Valencia y Murcia (1845) de D. Calvo Rochina y la Historia de la guerra civil de Antonio Pirala.

Sobre personajes manejó los tomos de Galería de personajes célebres contemporáneos (1841-1845) de Nicomedes Pastor Díaz y F. de Cárdenas, Vida y hechos de Zumalacárregui (1845) de Zariategui, Espartero: Historia de su vida militar y política y de los grandes sucesos contemporáneos (1843-1845) de José Segundo Flórez y la autobigrafía del general Fernández de Córdova, Memorias íntimas (1886).

La crítica también ha señalado otras fuentes de tipo artístico entre las que destaca la pintura como Lectura de José Zorrilla en el estudio del pintor de Esquivel, la Orgía de Cabrera y los suyos en Burjasot de Manuel Miranda ( los carlistas vistos por los liberales) o El abrazo de Vergara y los retratos de los generales carlistas Zumalacárregui, Ramón Cabrera y Rafael Maroto y del general cristino Baldomero Espartero y por último los retratos de la reina regente, María Cristina de Nápoles, Isabel II y Carlos Mª Isidro, el pretendiente, hermano de Fernando VII.



Con este acopio de fuentes Galdós comienza a escribir el primer episodio de la serie en abril de 1898: Zumalacárregui, pero ya tenía en la mente los nueve títulos más que configuran esta tercera serie: Mendizázbal, de Oñate a La Granja, Luchana, La campaña del Maestrazgo, La estafeta romántica, Vergara, Montes de Oca, Los Ayacuchos y Bodas reales.


Los cinco primeros episodios fueron escritos en un año. Así, Zumalacárregui: abril-mayo 1898; Mendizábal: agosto-septiembre 1898; De Oñate a La Granja: octubre-noviembre 1898; Luchana: enero-febrero 1899 y La campaña del Maestrazgo: abril-mayo 1899.

Los otros cinco, don Benito los fue escribiendo sin descanso durante un año y dos meses. La estafeta romántica: julio-agosto 1899; Vergara: octubre-noviembre 1899; Montes de Oca: marzo-abril 1900; Los Ayacuchos: mayo-junio 1900 y Bodas reales: septiembre-octubre de 1900.

Fue el propio Galdós quien, recuperados los derechos de autor, editó esta tercera serie por su cuenta con esta razón social: MADRID. OBRAS DE PÉREZ GALDÓS, C) HORTALEZA, 132. Impresos en Madrid por Establecimiento Tipográfico de la Viuda e Hijos de Tello y además con el sello de BENITO PÉREZ GALDÓS en tinta azul debajo del Copyright: “Es propiedad. Queda hecho el depósito que marca la ley. Serán furtivos los ejemplares que no lleven el sello del autor”11

La cronología que abarca esta tercera serie es de 1883 a 1846, periodo agitado de la vida española, que incluye la primera guerra carlista durante la Regencia de Mª Cristina y su finalización con el Convenio de Vergara, la Regencia de Espartero, su caída, la mayoría de edad de Isabel II, la subida al poder de Narváez, que inaugura la década moderada y el matrimonio de la reina (Bodas reales).



VERGARA

 
 
                                                                                                               
                          
                         
                                                                      Portada de la 1ª edición, 1899
 
 
                                                         
 
                                                                     
Comienza este 7º episodio siguiendo la estela del episodio anterior, La estafeta romántica, todo él epistolar, con 10 cartas: dos de D. Pedro Hillo (sacerdote castrense del ejército cristino) a los Sres. de
Maltrana en las que les informa de su participación en los últimos auxilios a diez desdichados, mandados fusilar por el general Espartero por sediciosos y asesinos del general isabelino Ceballos de la Escalera. Uno de ellos resultó ileso por azar; entonces Pedro Hillo intercede y los capitanes piden el indulto a Espartero, que lo concedió en el acto. El afortunado era el bilbaíno Buenaventura (el nombre es significativo) Iturbide, al que, una vez indultado, metieron en la cárcel.

A continuación viene una carta de Pepe Iturbide (hermano de Buenaventura) a su padre Casiano Iturbide de Bilbao. Y Galdós comienza a urdir la primera subtrama del episodio relacionando a Pepe Iturbide con Zoilo Arratia y con Eustaquio de la Pertusa.

Pepe Iturbide se encuentra en la cárcel junto con Zoilo Arratia (Luchu) y Eustaquio de la Pertusa, aragonés fuerista y colaborador de los carlistas. Estos tres sujetos están en la cárcel por desertores y espías de los carlistas. También le informa que su hermano Ventura (el resucitado) se encuentra en la misma cárcel y pide a su padre que use sus influencias ante los generales Van-Halen y Espartero para que los liberen.

Fernando Calpena escribe tres cartas a su madre doña Pilar de Loaysa, éste y el presbítero D. Pedro Hillo se encuentran en Vitoria hospedados en casa del canónigo Sr. de Socobio. En estas cartas informa a su madre de la vida cotidiana, más que de asuntos políticos. No obstante recibe una carta del encarcelado Zoilo Arratia, esposo de Aura (antiguo amor de Calpena), en la que le pide que use sus influencias para liberarle de la cárcel y celebrar un duelo romántico. Calpena le confiesa a su madre que el contenido de la carta no le afecta, porque ya ha superado esa etapa y ha descubierto que “la felicidad es clásica.” En la carta también le habla de D. Esutaquio de la Pertusa, que estuvo preso en la cárcel de Miranda junto con Zoilo Arratia y José Iturbide. D. Eustaquio está libre y los otros continúan en prisión y es el autor caligráfico de la carta retadora de Zoilo.

Este de la Pertusa es un desertor múltiple, tanto de la causa de Isabel como de la Causa de D. Carlos; y ahora está afiliado a las banderas de la paz; trabaja por la terminación de la guerra con pactos. D. Eustaquio está libre porque tiene buenas relaciones en ambos bandos y sus compañeros siguen presos, porque no tienen quien les ampare. Ante esta injusticia F. Calpena le promete a su madre que volverá a Miranda a poner en libertad a los dos inocentes: Zoilo y José.

Don Eustaquio de la Pertusa- dice Calpena a su madre- estudió para cura, recibió las órdenes menores y dejó la iglesia por las armas, militó en las filas de los urbanos y luego en las de Cabrera; y por su paso por el seminario recibió en apodo de El Epístola.

Hay una única carta de doña Pilar Loaysa a su hijo fechada en Madrid, enero de 1938 en la que invita a su hijo a que logre la libertad de Zoilo Arratia.

Una novena carta de D. Beltrán de Urdaneta a F. Calpena, Villarcayo, enero, en la que le recuerda el fusilamiento de los 9 en Miranda y le informa de la toma de Morella por los carlistas de Cabrera.

Y una décima y última carta de don Beltrán de Urdaneta a F. Calpena, La Nestosa, febrero. Don Beltrán le nombra con el hipocorístico: Chiquio y le habla de la toma de Balmaseda por Espartero con quien conversó una media hora y le preguntó por él y parece que prepara el futuro protagonismo de Calpena en el episodio.

Termina, pues, la colección de cartas y un narrador omnisciente en 3ª persona toma la palabra.

Esto dice el narrador:

Agotada la colección de cartas que un Hado feliz puso en manos del narrador de estas historias, (lo que no ha sido flojo alivio de tan rudo trabajo), su afán de proseguirlas revistiendo de verdad la invención y engalanando lo verdadero (…) Favorecido de otro Hado benéfico, de los muchos que andan entre gente de pluma, tuvo las suerte de adquirir en su primera salida conocimientos muy útiles, y allá van del magín al papel.12

Y entran, de nuevo, en escena F. Calpena y Pedro Hillo, que abandonan Vitoria y se dirigen a Briviesca donde se encontraron Pilar Loaysa, condesa de Arista y madre de Calpena, como tenían concertado. Doña Pilar iba a instalarse en Medina de Pomar. Convinieron que D. Pedro Hillo no le acompañara por tener la salud quebrantada. No obstante doña Pilar agregó a la servidumbre de Calpena a Juan Urrea, joven guipuzcoano, conocedor de la topografía del país, así como de Navarra y la Rioja Alta.

Regresó F. Calpena a Miranda con el deseo de liberar a Zoilo Arratia. Se entrevistó con O´Donnell y después de arduas negociaciones entró en la cárcel de Miranda con la orden a raja tabla de libertad para los presos Zoilo Arratia y José Iturbide.

Aquí empieza la resolución de una de las tramas que viene del episodio anterior: La estafeta romática, el triángulo amoroso formado por Aura, Zoilo Arratia y F. Calpena.

José Iturbe pone en conocimiento de Calpena que Zolio se casó con Aura el día de la toma de Luchana y se marchó con ella a vivir a Bermeo. Por otra parte Aura se enteró que F. Calpena vivía y se trastornó con la noticia, se escapó y tardaron un mes en encontrarla en unas condiciones deplorables.

Zoilo Arratia interceptó la carta de Calpena a Aura y cuando la leyó se perturbó más que su mujer y decidió venir a Miranda para proponerle que se hiciera el muerto otra vez y así su mujer, Aura, entraría en razón y pudieran vivir en paz. F. Calpena le dice que tenga paciencia que el tiempo todo lo cura, además ya no te la disputo.

Una moneda al aire ( la cara, La Guardia y la cruz, Treviño) decidió que Calpena, Zoilo Arratia, José Iturbide, Sabas y Urrea se drigieran a La Guardia.

Se estaba preparando con fortificaciones Peñacerrada por los carlistas, que por su posición topográfica era una fortaleza natural. La expedición de Calpena se encuentra con la columna de Santiago Ibero, que está limpiando de facciosos los caseríos de la sierra de Toloño y se une a ella. Pronto se encuentran con el general Martín Zurbano.

Por orden del general Zurbano, los cinco expedicionarios se enrolan en su división como soldados cristinos, si quieren disfrutar de alimentos y amparo, que en breve recibió la orden de reunirse con el ejército de Espartero con objeto de atacar Peñacerrada, plaza bien fortificada por los carlistas al mando del general Guergué, que después de duros combates será tomada por las fuerzas de Espartero.

Depués de la toma de la plaza, don Baldomero fijó su cuartel en Baroja. Mandó llamar a F. Calpena y hablaron largamente de la situación de su madre en Medina de Pomar.

Zoilo Arratia demostró su arrojo y valentía, de tal modo que Zurbano le dijo: “Eres capitán”. Calpena era consciente de la valentía de Zoilo y le recomienda que no se exponga tanto, que tiene el compromiso de entregarle a a su familia, sobre todo a Aura, sano y salvo. Zoilo le confiesa. “Cómo hemos venido a ser amigos usted y yo” (p. 115), con lo cual el tópico romántico se desvanece aún más y se produce el primer abrazo.

Espartero se va a Logroño a ver a su esposa; pero deja recado que quiere hablar con Calpena para un asunto muy importante.

 
 
                                                             
                                                                   Carlos Mª Isidro
 
 
Como consecuencia de la derrota de Peñacerrada, D. Carlos Mª Isidro, el pretendiente, nombró General del ejército del Norte a D. Rafael Maroto, en sustitución de Guergué.

Maroto se estableció en Estella y reorganizó los batallones y dio ánimo a los de Labrada para que se defendieran con denuedo y vigor, que él iría en su socorro y se batiría con el otrora compañero de fatigas americanas (guerras de independencia) Baldomero Espartero, pero no hubo tal enfrentamiento.

Regresó Espartero a Viana y F. Calpena solicitó audiencia a Espartero, que le fue concedida al instante y fue invitado a cenar. Después de la cena hablan en privado y después de ensalzar sus buenas cualidades, le comunica que quiere encargarle una misión, pero no le dice cuál, por el momento.

Por fin Espartero le encarga la misión a Calpena. Primero tiene que incorporarse a las fuerzas de Diego de León. Después un arriero, Martín Echaide, que comercia y vende a los soldados de uno y otro bando, declarado neutral, le entregará un mazo de puros habanos. Martín Echaide le dirá: “D. Fernando, vámonos” y tendrá que seguirle y, por supuesto, disfrazarse de arriero y su criado también y se encaminan a Logroño. En una aldea, D. Fernando y su criado Urrea emplearon gran parte de la noche en disfrazarse de buhoneros, con las ropas que Echaide les facilitó. Asimismo se cambiaron el nombre, D. Fernando en Aquilino Orcha, “Quilino”, natural de Briviesca y Urrea en Francisco “Muno”.

Componían la cuadrilla de Martín Echaide 4 personas: Echaide, El Santo Barato (de 60 años), “Quilino” y Francisco Muno, dos mulos y dos borricos más la mercancía. La 'comitiva' llegó a Estella una tarde de octubre y Calpena tomó nota de la situación política en el bando carlista. Echaide colocó la carga y tomó otra.

Siguieron camino de Oñate hacia Vergara, donde estaba acuertalado el ejército de Maroto.

Martín Echaide le entregó 4 botellas de aguardiente para que se las llevara a una señora muy principal, doña Tiburcia Esnaola, en cuya casa estaba el general Maroto, que ante la contraseña. “Inquisivi”, le manda pasar. No se informa al lector del contenido de la conversación.

Partió, de nuevo, la comitiva para Logroño a dar nuevas a Espartero y a media legua de Logroño, Echaide le dice a Quilino y a Urrea, que se quedaran a dormir en una venta, mientras él avisaba a Espartero, que le dio orden que le esperasen en Fombona, en una finca propiedad de doña Jacinta , su mujer.

Espartero y Calpena conversan paseando por el jardín de la finca y el contenido de la conversación no se muestra en su totalidad. Espartero apunta que no puede admitir que D. Carlos conserve los honores de rey y su mujer de reina, tampoco puede admitir todos lo grados del ejército carlista, si acaso la mitad. No obstante le insta a que vuelva con una nueva embajada con unas condiciones más afinadas para que la negociación de paz llegue buen puerto.

En Durango F. Calpena se encuentra con D. Eustaquio de la Pertusa, el “Epístola”, quien le conoce a pesar del disfraz. Conversan y Calpena le dice que su estancia en Durango de debe a un asunto amoroso: la búsqueda de Aura, esposa de Zoilo Arratia. Pertusa le dice que Aura se encuentra en el barrio de Curuciaga y hasta allí le conduce.

Pertusa hacía proselitismo por “Paz y fueros”, conspiraba.

Una vez más Galdós muestra su habilidad en componer tramas y combina la actividad política de Calpena con sus inquietudes personales (Zoilo-Aura).

Pertusa y Calpena van a visitar a dos señoras sesentonas, que viven cerca de Aura. ”Las niñas de Morentín”, doña Rita y doña Marta, de la Causa naturalmente, que reconocen a Calpena y les dice que trae un encargo para las señoras de D. Beltrán de Urdaneta, a quien conocían del año 1805 en Tudela. El encargo en cuestión consistía en una dádiva de la herencia de D. Beltrán y a las dos señoras les corresponde una onza (una pelucona).

No conformes con el traje y la educación las dos hermanas, Calpena les confesó, que iba disfrazado de esa guisa para disimular la cantidad de dinero que portaba. Una vez convencidas las hermanas les piden hospedaje para una noche con el fin de observar en la casa contigua a Aura y efectivamente Aura aparece con un hijo en brazos.

El niño era el vivo retrato de Zoilo Arratia. Aura ha curado su desvarío dando vida a otro ser.

Pertusa y Calpena conversan con la niñas de Morentín y se despiden con intención de volver, pero D. Fernando da por concluido el asunto, que fue avistar a Aura curada con su retoño.

Calpena y Pertusa se separan. D. Fernando va al parador de Pinondo a reunirse con Urrea y Echaide. Se dirigen a Vergara, donde había llegado Maroto con su ejército y el pretendiente con su corte errante. Se produce una entrevista entre el rey y Maroto con resultado nulo por la indecisión del monarca pretendiente.

“Quilino” va a entrevistarse con Maroto con un barrilito de aceitunas para la señora doña Tiburcia Esnaola. Le abre una criada y la señora le presentó un papel con la contraseña: “Inquisivi” y debajo: “Aquí no puede ser. Váyase a Estella” (p. 229). Así pues, parte, de nuevo, la cuadrilla de arrieros para Estella.

Calpena intenta localizar a Zoilo Arratia, enrolado en la división de Zurbano; pero fue apresado, el ya capitán bilbaíno, por los carlistas con otros 10. Su padre D. Sabino Arratia también andaba buscándole y moviendo influencias para llevarlo a casa.

Ya cerca de Estella, se enteraron que había entrado Maroto con su ejército y había un gran revuelo producido por los “impostólicos” en contra de Maroto. El motivo fue que habían interceptado unos papeles en los que se decía que Maroto y Espartero firmaban la paz, transigiendo Espartero con los grados militares y Maroto aceptando la Constitución.

Pero Maroto sofocó la rebeldía, nunca mejor dicho, “manu militari”, pasando por la armas a los generales Guergué, García y Sanz, el Brigadier Carmona, el Intendente Uriz y el oficial D. Luis Ibáñez.

 
 
                                                                    
 
 
Calpena sigue con la obsesión de Zoilo Arratia y busca a su padre, D. Sabino, que lo encuentra rezando en el Santuario del Puy. El padre de Zoilo reniega de la guerra y dice. “Y todo por un papelito, la Pragmática Sanción” (p. 238). Zoilo está preso en el Santo Hospital, le dice el padre a Calpena.

Echaide acompañó a Calpena a la residencia de Maroto y entró “Quilino” con una caja de puros abierta y dentro un papel que decía: “Inquisivi”.

Maroto, recién levantado, recibe a Calpena, que como emisario de Espartero, le expuso sus condiciones. Maroto le propone que D. Carlos abdique en su hijo Sebastián, que gobernaría al alimón, con su prima Isabel, algo inaceptable para Espartero. Sin embargo hay necesidad del cese de la guerra y que se produzca el abrazo entre los dos espadones.

De la entrevista Calpena consigue una orden a raja tabla de Maroto para excarcelar a Zoilo Arratia . Avanza, pues, la subtrama amorosa hacia su resolución.

Encontró a D. Sabino Arratia durmiendo en el parador y medio delirando, con lo que decidió liberar él mismo a Zoilo. Martín Echaide le dijo que no se dejara ver en el asunto y encarga a Urrea, que vaya con la orden al Hospital y sin ninguna dificultad trajo a Zoilo del brazo, que, en seguida, conoció a Calpena, a pesar del disfraz.

Tomó alimento, descansó y Calpena le comunica que su mujer Aura está curada y, además, es padre y vive en Durango. También le presentó a su padre, que con emoción se abrazaron y partieron para Durango. Aquí se produce otro abrazo del episodio.

Regresa la comitiva buhonera a Logroño y avisan a Espartero si puede recibir a Calpena en Fombera; pero Espartero ordenó que D. Fernando ya podía quitarse el disfraz y visitarle en el palacio de la plazuela de San Agustín.

Fue invitado a comer por Espartero y a la hora del café bajaron al jardín a parlamentar.

Don Baldomero no se cree las componendas de los dos reyes de Maroto, que lo que quiere es una situación de ventaja para dictar una paz con los fueros.

Espartero da la orden a su ejército de partir al encuentro de Maroto. En premio a sus buenos servicios le lleva a ver a su madre, que está en Medina de Pomar. Allí la saluda y la abraza (nuevo abrazo del episodio).

Comienza una fuerte ofensiva contra el ejército de Maroto, dirigida por O' Donnell y con la participación del propio Espartero. Tenían cercado Guardamino, cuando Espartero recibió un emisario de Maroto con las condiciones para rendir el fuerte: entrega de su artillería, municiones, pertrechos y víveres y después canjear el mismo números de liberales por facciosos. Gran victoria, pues, de Espartero.

Maroto se internó en Vizcaya y Espartero fijó en Ramales su Cuartel General.

Larga entrevista de Calpena, sin disfraz, con un Maroto abrumado, indeciso y propicio a la paz honrosa.

Se celebra una entrevista a finales de junio en Miravalles entre Maroto y Lord John Hay, que tiene instrucciones de su gobierno para proponer la paz a Espartero; pero no hubo acuerdo de paz.

Maroto propuso a Espartero por el conducto del Comodoro Hay, el cese de las hostilidades. Espartero no aceptó y dirigió su ejército desde Amurrio hasta Vitoria. Venció en Villarreal y limpió de facciosos todas aquellas alturas.

Se dirigieron a Oñate, cuna y sepulcro de la Causa. Avanzó Espartero hasta Durango y entró en la villa sin pegar un tiro.

Apareció en Durango D. Eustaquio de la Pertusa y le informa que los Arratia se han ido para Bilbao.

Espartero ordenó a Calpena que fuera al Cuartel General de Maroto y se instalara allí.

Se produce un encuentro entre el rey Carlos y Maroto. El rey le dice que tienen que hablar. Maroto le contesta que tiene los cuerpos formados y tiene que dar una orden muy precisa y regresa a Villarreal.

Fernando Calpena se entrevista con Maroto con la consabida contraseña: “Inquisivi”. El general carlista le pide opinión si debe ir a la entrevista prometida al rey Carlos V. Calpena le contesta que sí. Maroto acudió a la cita real y le hizo demostraciones de lealtad a la Causa.

Llegó Zabala, conocido de Calpena, con la orden de Espartero de parlamentar con Maroto, que se negó a recibirlo. Largo tiempo le llevó a Calpena convencer al General y al fin accedió.

Por fin el día 25, a las seis de la mañana se reunieron en la venta de Abadiano, entre Durango y Elorrio, D. Baldomero Espartero con el brigadier Linaje y el coronel inglés Wilde por el bando constitucional y D. Rafael Maroto y el general Urbistondo por el bando absolutista. No hubo acuerdo, porque se querían imponer los fueros.

Volvió Maroto a Guipúzcoa y de improviso se presentó el Rey con su escolta en el Cuartel General, mandó formar a los batallones, pasó revista y les arengó. Soltó su perorata, que traía bien aprendida; pero no hizo impacto en la tropa, que lo que quería era la paz.

Don Carlos reúne a su Consejo de adictos y opinan que debe situarse en un punto cercano a la frontera para poner a salvo su persona.

Calpena y Uhagón acuden a visitar a Maroto, el día 26, después de la revista real y le encuentran turbado y apocado e intentan convencerlo para que firme el convenio.

Maroto, en su desvarío, mandó marchar a los negociadores con amenaza de muerte; pero en esto entra en escena el general Simón de la Torre, que informado del estado de Maroto, les tranquilizó en cuanto a sus vidas.

Torre y Maroto conferenciaron y salieron con sus tropas para Azpeitia.

Espartero avanzaba por el interior de Guipúzcoa; había entrado en Vergara, donde le acogieron con deseosas demostraciones de paz.

Maroto de Vergara pasó a Oñate, donde le recibieron con palmas. En Villarreal se presentó el Conde de Negri con una orden del Rey para que entregase el mando; cosa que ni Maroto ni de la Torre hicieron el menor caso en aquella situación. Con lo cual el Rey tomó el camino de la frontera francesa.

Ante esta presión del Rey, Maroto, Torre y Urbistondo toman la decisión de firmar el convenio de paz, que se había presentado de Abadiano.

Maroto que está dispuesto a la paz, duda que la acepten algunos cuerpos de ejército, sobre todo los guipúzcoanos. Calpena (siempre negociador) le advierte, que antes de firmar debe hablar con los jefes y oficiales y explicarles las condiciones de paz.

Llegaron de Oñate, Torre y Urbistondo con Zabala y Linaje con el convenio, que Maroto firmó en el acto.

Asimismo la doble comisión le propuso, que al día siguiente, el 30 de agosto, se reunieran en Vergara, los dos ejércitos con sus caudillos al frente, para dar forma solemne a la firma de la paz: el llamado ABRAZO DE VERGARA.

Se entrevistan Maroto y la Torre con Espartero; y Maroto le dice que las tropas se niegan a cumplir lo pactado, si no se respetan los Fueros provinciales en su integridad. Espartero se frustra, pero la Torre se compromete en 24 horas a convencer a los vizcaínos y ayudado por Urbistondo y el Brigadier Iturbe logran convencer a las tropas después de leerles el art. 1º de Convenio: “El General Espartero recomendará al Gobierno el cumplimiento de su oferta de comprometerse (…) a proponer a las Cortes la concesión o modificación de los Fueros” (p. 323).

Simón de la Torre trataba de reducir a los vizcaínos, Urbistondo a los castellanos; pero el Brigadier Iturbe no logró convencer a los guipuzcoanos, que enterados de la vaga promesa del art. 1º, se negaron a firmar, gritando, ¡traición, traición! Hubo que convencerlos uno por uno a jefes y oficiales..

Al fin el 31 de agosto desfilan hacia Vergara los batallones reacios, precedidos de los castellanos.

A las afueras de Vergara, en una campa, formó el ejército de Espartero y ante él fue desfilando el ejército faccioso. En un momento dado apareció Espartero con su Estado Mayor, mandó a sus soldados armar bayonetas y otro tanto hizo Maroto. Espartero con voz marcial arengó a las tropas, terminando así: “Abrazaos, hijos míos, como yo abrazo al general de los que fueron contrarios nuestros. Juntáronse los dos caballos, los dos jinetes, inclinando el cuerpo uno contra otro, se enlazaron en cordial apretón de brazos” (p.326),. Con este acto terminaban seis años de guerra civil.

 
 
 
                                                                             
                                                              El Abrazo de Vergara
 
 
 
 
Don Carlos Mª Isidro, los mismos días 30 y 31 de agosto, seguía emitiendo proclamas desde Andoaín y Lecumberri, acusando a Espartero de rebelde y a Maroto de traidor.

Y lógicamente al conocer la firma de la paz se produjo la desbandada y “sálvese quien pueda”. La Corte y sus fieles seguían en Elizondo y Espartero, incansable, les persiguió. El batallón cántabro, último en la fidelidad, defendió con bravura las posiciones de Urdax, que fueron rendidas por Zabala, dando por terminada en la misma frontera (en Dancharinea) la guerra del Norte.

El Rey y la Reina, familia y servidumbre emprendieron la fuga para refugiarse en Francia. Seis años antes había entrado D. Carlos por el mismo lugar, siendo recibido por Zumalacárregui.

Fernando Calpena y Santiago Ibero, militar romántico, testigos de la última refriega de los valientes cántabros, no pudieron más que alabarles. De regreso al Cuartel General de Espartero en Elizondo expresaron su alegría por el término real de la guerra civil; pero se muestran escépticos respecto del futuro, creen que se trata de una tregua, que se debe alargar lo más posible. Vinieron dos guerras carlistas más.

Y a modo de epílogo el narrador indica lo siguiente:

En opinión del carlismo Maroto quedó como el prototipo de la traición y la perfidia. No es justo.

Otro fue, sin embargo, el tratamiento del Gobierno de Isabel II, que recompensó a Maroto con un alto cargo militar.

El brazo eclesiástico, firme apoyo de la facción, no perdonó a Maroto su cooperación en la consecución de la paz.

Como muestra de esta intransigencia clerical cuenta Galdós la siguiente anécdota- rigurosamente cierta-: Su hija Margarita Maroto fue a confesarse de sus pecados una mañana y cuando terminaba la confesión, el sacerdote le preguntó su nombre y cuando se lo dijo, el cura se levantó irritado y con voces destempladas, le negó la absolución.

Y así termina la anécdota y el episodio Vergara: “¿Se pone en duda este hecho? Pues de él puede dar testimonio Doña Margarita Maroto, viuda de Borgoño, (…) que aún vive. Reside en Valparaíso” (p. 332).



ESTRUCTURA

El contenido narrativo de Vergara se presenta en 38 capítulos numerados en romanos y un breve epílogo señalado con un espacio en blanco y una línea horizontal.

La primera parte está formada por 10 cartas, que vienen a ser- como se ha dicho- una continuación del episodio anterior: La estafeta romántica, no en vano ésta termina con una carta de octubre de 1837 y Vergara comienza con otra de la misma fecha.

En la tercera carta (capit. III). “De Pepe Iturbide a su padre Casiano Iturbe, residente en Bilbao”, Galdós comienza a urdir la 1ª subtrama (el triánguilo amoroso de Zoilo-Aura-Calpena) relacionando a Pepe Iturbide con Zoilo Arratia y Eustaquio de la Pertusa, que se encuentran en la cárcel por espías de los facciosos.

La segunda parte abarca del capítulo XI al XVII, ya narrados en 3ª persona.

Se produce el encuentro de Fernando Calpena con su madre doña Pilar de Loaysa.

Se perfila la resolución del triágulo amoroso: Zoilo-Aura-Calpena, con la intervención afanosa de Calpena, cuya reacción ante la actitud de Zoilo Arratia no es nada romántica.

Otro acontecimiento importante es la sustitución del general Guergué por Rafael Maroto en el ejército carlista.

Fernando Calpena se entrevista con Espartero y éste le dice que quiere encomendarle una misión.

La 3ª parte va del capítulo XVIII al final; es la más extensa y en ella se narran los hechos de armas y todas las vicisitudes protagonizadas por Fernando Calpena, Martín Echaide, Maroto y Espartero para la consecución de la paz.

También se produce la liberación de Zoilo Arratia con lo cual ya se pudo reunir con su mujer Aura y el triángulo quedó resuelto.

Y como elemento estructurante del episodio son los continuos viajes de la cuadrilla de Martín Echaide.

Y hay una 4ª parte, a modo de epílogo, que viene a ser la valoración de Maroto por los carlistas como traidor y el reconocimiento de su contribución a la paz por el Gobierno de la Regente Mª Cristina.

También se muestra la intransigencia del clero, firme partidario del carlismo



PERSONAJES



Históricos (militares):

    • del bando constitucional: Baldomero Espartero, Zurbano, O' Donnell, Juan Zabala, Pedro Pascual Uhagón.
    • del bando carlista: Rafael Maroto, Antonio Guergué, Simón de la Torre, Urbistondo e Iturbe (brigadier)y el pretendiente D. Carlos Mª Isidro.
    • neutrales: Lord John Hay, “Lorchón”, comodoro inglés mediador entre ambos bandos y Wilde, coronel inglés, comisionado por su gobierno para estudiar la guerra.

Ficticios: Santiago Ibero (militar romántico)

- Femeninos: Aura, esposa de Zoilo Arratia, Pilar de Loaysa, madre de F. Calpena, las niñas de Morentín (Rita y Marta), doña Tiburcia Esnaola.

Personajes principales:

Protagonista: F. Calpena con su cuadrilla de arrieros: Martín Echaide, Juan Urrea, el “Santo Barato” y Sabas de San Pedro, y, por supuesto, los personajes históricos Maroto y Espartero, que interactúan con los ficticios.

Personajes secundarios:

Zolilo Arratia y su padre D. Sabino, Buenaventura Iturbide y José Iturbide, hijos de Casiano, bilbaínos, Eustaquio de la Pertusa, el Epístola, D. Pedro Hillo, sacerdote y D. Beltrán de Urdaneta, gran conspirador.



SIGNIFICACIÓN



La época histórica que narra Vergara es el final de la primera guerra carlista, cuyo origen se produjo a la muerte de Fernando VII en 1833 sin sucesor varón. Entonces se disputaron la sucesión al trono su hermano Carlos Mª Isidro y su hija recién nacida, la futura Isabel II, representada, entonces, por su la reina regente, Mª Cristina, y todo como consecuencia de la derogación de la Ley sálica, que impedía que las mujeres accedieran al trono, en caso de haber varones con derechos dinásticos (hermanos, sobrinos, etec).

Al lado del pretendiente, Don Carlos, se alinearon los sectores más conservadores de la sociedad española; pues el hermano del rey, ya era la cabeza visible de la línea más dura del régimen.

Pues bien, en una reunión celebrada el 13 de septiembre de 1832, presidida por el absolutista Tadeo Calomarde, se acuerda ante la sorpresa general, que gobierne Mª Cristina como regente. Fernando VII firma la habilitación de su mujer como regente.

Don Carlos Mª Isidro impugna esta habilitación y así nace el carlismo. Los liberales, antes perseguidos por Fernando VII, defendieron los derechos de Mª Cristina como regente y los de su hija Isabel.

Y Galdós, fiel a su idea de relacionar historia y ficción, va a narrar el final de la primera guerra carlista.

En 1838 el ejército del Norte del general Espartero, superior en hombres y en armamento al ejército carlista avanza por las provincias vascongadas.

Los carlistas tenían, como única ventaja, el conocimiento del terreno, lo que les permitía las emboscadas, la guerra de guerrillas y los golpes de mano; porque el arraigo de las ideas tradicionalistas del absolutismo en las zonas rurales iba declinando por la pesada carga económica que suponía el mantenimiento de las tropas. Por todo lo cual el deseo de paz iba calando en la población.

Don Carlos Mª Isidro nombró a Rafael Maroto general de la región del Norte en sustitución de Guergué. Maroto era un militar de carrera, veterano de las guerras independentistas americanas, como su oponente Espartero, y su fuerza residía en la capacidad de arengar a sus tropas.

Por otra parte, odiaba a la camarilla clerical de D. Carlos, al igual que muchos combatientes y la gente decente. Pronto se vio envuelto en una lucha a vida o muerte con una corte que había de tildarle de traidor a la Causa del carlismo.

Maroto destituyó a Tejeiro, jefe de los absolutistas clericales, lo que trajo una guerra civil interna. En febrero de 1839 la crisis latente se convirtió en contienda sangrienta. Maroto mandó fusilar a seis de sus enemigos militares, aliados de Tejeiro y de la facción más absolutista de la corte. Tejeiro y los apostólicos tuvieron que exiliarse.

La lucha interna fue tan intensa que se decía que Maroto había envejecido 10 años en dos días. Y para evitar la venganza de los “apostólicos”, apoyados por Cabrera desde Aragón, Maroto tuvo que elegir entre ser fusilado por su propio bando o pactar con sus enemigos.

Espartero iba penetrando en territorio carlista en una carrera triunfal y el anhelo de paz por el hartazgo de la guerra, iba calando en los vascos, siempre que se respetaran los fueros.

Las negociaciones de paz fueron lentas y complicadas y se llevaron con el mayor sigilo. La posición militar de Maroto era cada vez más difícil; porque el Quinto Batallón navarro se rebeló contra el acuerdo de paz y D. Carlos Mª Isidro hizo un último intento de arengar a las tropas.

Por fin el 29 de agosto, Maroto abandonó todos los intentos de salvar los derechos dinásticos de D. Carlos y firmó en Convenio de Vergara, que puso fin a la guerra y reconocía a Isabel como legítima reina.

El Convenio ponía a salvo los fueros de las provincias y los grados de los militares carlistas.

Resistió Navarra, pero Espartero puso en fuga a los restos del ejército carlista en Urdax.

Hasta aquí la parte histórica del episodio. Veamos la parte ficcional.

La villa de Vergara (Guipúzcoa), capital del Alto Deva, que da nombre al episodio, es el lugar donde se produce el abrazo de Espartero y Maroto, que pone fin a la primera guerra carlista, el 31 de agosto de 1839. Dos días antes habían firmado el Convenio en Oñate, que llevaría al abrazo ecuestre de los dos generales con las tropas formadas de ambos ejércitos en una campa de Vergara.

Estos deseos de paz ya los había anunciado don Beltrán de Urdaneta, gran conspirador, en su última carta a F. Calpena: “en la presente guerra no hay más que un tejer y un destejer continuo, y un tomar y dejar territorios. Cruel sangría derrama la vida de la patria (…) y si no se la cierra pronto, las venas no contendrán más que miseria y podredumbre” (p. 66).

Don Beltrán también apunta, ante tanto desvarío, una salida regeneracionista por el trabajo y la agricultura:

Cuando la realeza falla, cuando la milicia es impotente, inepto el cleriguicidio, incapaz la aristocracia, veamos, hombre, veamos si aparece algo grande y fuerte en medio del surco de la tierra, allí por donde anda la reja del arado. (p. 62)

Así pues estamos ante una novela histórica con ingredientes ficcionales, donde como en episodios anteriores involucra a los personajes de ficción en hechos reales: Fernando Calpena interviene activamente en la consecución del convenio de Vergara.

A este respecto Clarín dice: “El lector menos avisado (…) sigue la lectura con el clásico afán de saber en qué parará aquello. Se sane en qué paró, pero no cómo; a lo menos no como el autor nos va a servir los pormenores estéticos de las escenas históricas”13.

De este modo, además de la trama principal histórica, ya conocida desde el título como señala Clarín, se narran otras subtramas ficcionales coadyuvantes de la trama principal.

Así tenemos una primera subtrama que es la resolución del triángulo amoroso: Zoilo-Aura-Calpena.

Hay una segunda subtrama que es la búsqueda de Zolilo Arratia por su padre D. Sabino y la última subtrama sería la relación materno-filial entre F. Calpena y su madre doña Pilar de Loaysa, condesa de Arista.

Y como elementos coadyuvantes a la resolución de esta 1ª subtrama tendríamos a Martín Echaide y su cuadrilla de arrieros, en especial F. Calpena y don Eustaquio de la Pertusa como colaborador ocasional.

Elementos coadyuvantes de la segunda subtrama: D. Sabino Arratia, “las niñas de Morentín” y sobre todo F. Calpena, que es quien logra de Maroto la orden de excarcelar a Zoilo Arratia.

Elementos coadyuvantes de la tercera subtrama: las cartas de Calpena a su madre y la intervención de Espartero, que facilita el encuentro de Calpena con doña Pilar de Loaysa, su madre.

Si en la trama principal se produce el famoso abrazo de Vergara, abrazo de paz sincera por el momento. Pues en el resto de las subtramas se van produciendo abrazos paralelos entre Zoilo Arratia y F. Calpena, que pone fin a la rivalidad ente ambos.

El abrazo paterno filial entre D. Sabino Arratia y su hijo Zoilo, cuando es excarcelado, que supone para ambos la paz histórica y familiar.

El abrazo de Zoilo Arratia y Aura, su mujer, ya curada de su desvarío y con su retoño.

El abrazo de doña Pilar y F. Calpena supone un impulso a resolver la subtrama del triángulo amoroso y sobre todo la contribución a la firma de la paz.

Y habría un último abrazo desilusionado entre Santiago Ibero y F. Calpena, que no creen que la paz sea duradera



BIBLIOGRAFÍA:

ALAS, LEOPOLDO (Clarín), Ensayos sobre Galdós, Taurus, Madrid, 2001

ARENCIBIA, Yolanda (ed.), Zumalacárregui, Publicaciones del Cabildo Insular de Gan Canaria, Las Palamas, 1990.

AVALLE ARCE, Juan B., >>Zumalacárregui<<, en Cuadernos Hispanoamericanos, 250-252, Madrid, 1971.

BACHILLER CORCHUELO, >>Benito Pérez Galdós y su obra<<, en Por esos mundos, julio, 1910.

BONET, Laureano, Galdós. Ensayos de crítica literaria, Editorial Península, Barcelona, 1972.

CARDONA, Adolfo, >>Apostillas a los Episodios Nacionales de B.P.G. de Hans Hinterhauser<<, en Anales Galdosianos, III, 1968.

CASALADUERO, Joaquín, Vida y obra de Galdós, Editorial Gredos, Madrid, 1974.

GULLÓN, Ricardo, >>La historia como materia novelable<<, en Anales Galdosianos, V, 1970.

HINTERHAUSER, Hans, Los Episodios Nacionales de B.P.G., Editorial Gredos, Madrid, 1963.

MONTESINOS, José F. Estudios sobre la novela española del siglo XIX. Galdós III, Editorial Castalia, Madrid, 1972

PÉREZ GALDÓS, Benito, Zumalcárregui, Establecimiento Tipográfico de la Viuda e Hijos de Tello, Madrid, 1900.

  • Memorias de un desmemoriado, Visor Libros/Comunidad de Madrid, 2004
  • Un faccioso más y algunos frailes menos, Alianza Editorial, Madrid, 2005.
  • Vergara, Establecimiento Tipográfico de la Viuda e Hijos de Tello, Madrid,1899 (1ª edición).

PENAS VARELA, Ermitas, La tercera serie de los EE. NN. de Benito Pérez Galdós, Edit Academia del Hispanismo, Vigo (Pontevedra), 2013.

TRONCOSO Dolores, Episodios NN. Tercera Serie. Cristinos y carlistas, Destino, Barcelona, 2007.

Madrid, 21 de mayo de 2017

Anastasio Serrano





                                                    
                                                   Mª Cristina de Borbón, Regente



                                                              Isabel II
                                                                  
















1 . Pérez Galdós, Benito, Memorias de un desmemoriado, Visor Libros/Comunidad de Madrid, Madrid, 2004, p. 34. José Luis Alvareda fue político, periodista, vicepresidente de las Cortes y Ministro. También fue personaje en el episodio Amadeo I

2 . Pérez Galdós, Benito, >>Observaciones sobre la novela contemporánea en España<<, en Galdós. Ensayos de crítica literaria de Laureano Bonet, Península , Barcelona, 1972, p. 74

3 . Bachiller Corchuelo: >>Benito Pérez Galdós. Confesiones de su vida y de su obra<<, en Por esos mundos, julio, 1910

4 . Hinterhauser, Hans, Los Episodios nacionales de B.P.G., Editorial Gredos, BRH, Madrid, 1963, p. 229

5 . Gullón, Ricardo >>La historia como materia novelable<<, en Anales Galdosianos V, 1970, p. 23

6 . Pérez Galdós, Benito, Un faccioso más y algunos frailes menos, Alianza Editorial, Madrid, 2005. pp. 242-243

7 . Pérez Galdós, Benito, Zumalacárregui, Establecimiento Tipográfico de la VIUDA E HIJOS DE TELLO, C) San Francisco, 4, Madrid, 1900, 2000 ejemplares. Todas las citas textuales serán de esta edición, indicando el capítulo y la página, p. 5

8 . OP. Cit. Memorias de un desmemoriado, p. 104

9 . Montesinos, José F., Estudios sobre la novela española del siglo XIX. Galdós III, Editorial Castalia, Madrid, 1972, p. 16

10 . Pérez Galdós, Memorias, O. Cit. pp. 105-106

11.- Pérez Galdós, Benito, Vergara, Establecimiento tipográfico de la Viuda e Hijos de Tello, Madrid, 1899 (1ª edición). Ejemplar de lectura y notas textuales. p. 2

12.- O. Cit. Vergara, p. 68

13.- Alas, Leopoldo (Clarín), Ensayos sobre Galdós, Taurus , Madrid, 2001 (p. 284)

miércoles, 22 de febrero de 2017

LAS MUJERES DE ANDRÉ BRETON: Simone Kahn, Jacqueline Lamba y Elisa Claro




           
         



 
 
 
 
 
 
 
 
 
André Breton nació el 19 de febrero de 1896 en Trinchebray (Normandía). Era hijo único de Marguerite- Marie-Eugénie Le Gougès y de Louis-Justin Breton, policía.

Y efectivamente la primera mujer en el ámbito del ser humano es la madre, Margarita, que era profundamente religiosa, frente al ateísmo de su padre, Louis. Además las relaciones afectuosas entre madre e hijo fueron ‘deficitarias’.

Breton, años más tarde, describió a su madre como autoritaria, trivial, resentida y preocupada por la integración social y el éxito. A pesar de todo mantuvo contacto regular con sus padres, mediante cartas y visitándolos en verano; pero con su madre la relación estuvo marcada por el resentimiento.

El primer amor, la primera mujer de André Breton fue su prima, por parte de madre, Manon, quien, supuestamente, le inició en la sexualidad.

Madaleine-Marie-Loise Le Gougès, Manon, diminutivo que le puso el propio Breton, era un muchacha precoz, madura y provocativa y la relación que tuvo con su primo, no fue más que un flirteo.

El padre de Manon, Louis, único hermano de Marguerite, era médico de carrera y había prestado sus servicios en Argelia, Túnez y Bélgica, razón por la cual Manon era una jovencita mucho más viajada y sofisticada que la mayoría de las chicas de su edad. Además se había convertido a los 15 años en una morena seductora y la atracción no tardó en llegar.

Estamos en 1915 y Manon visitó a Breton en Nantes, se hospeda en una habitación contigua a la de Breton y pasan parte de la noche en el balcón contemplando las estrellas; después de cuatro horas el joven Breton no había podido superar la timidez. A la mañana siguiente, la joven decepcionada le escribió una carta reprochándole su timidez.

Breton en una carta a su amigo, André Paris, estudiante de Farmacología le dice:

“¡Bah! Dormí con Manon el domingo: Una noche entera. Ya no la amo más (…) Estoy educándome en pos de un platonismo absoluto. ¡La mujer es un apura belleza plástica!, que requiere una contemplación muy casta1.”

¿Cómo podemos interpretar esta confesión? ¿Mera fanfarronería o que la experiencia sexual no había estado a la altura de sus expectativas? Breton con 17 años no estaba preparado para una relación física con Manon. Sin embargo sigue con su fanfarronería y dice que le produjo más placer negándole la omnipotencia de su encanto, que haberla poseído.



 
 
 
                                                        Simone Kahn (1921-1929)
 
 
 
 
 
 
La primera esposa de Breton fue Simone Kahn y la conoció a finales de junio de 1921, mientras paseaba por los Jardines de Luxemburgo con Thèodor Fraenhel y su prometida, Bianca Maclés (ambos eran íntimos de Simone)

Simone era una muchacha morena y encantadora de 23 años. Había nacido en Iquitos (Perú), donde su familia, judíos alsacianos, había prosperado con la industria de explotación del caucho y luego regresaron a París e invirtieron su fortuna. Había pasado la mayor parte de su vida en París, asistiendo a prestigiosas escuelas y desarrollando una amplia cultura en filosofía y literatura.

Breton se fue de vacaciones a Lorient (lugar de residencia de sus padres) en julio y desde allí le escribió casi a diario. Las cartas consistían en una difusa exploración de sí mismo, un intento de presentar su persona. Simone le servía de espejo y volcó toda su interioridad en estas misivas.

El amor de Breton a Simone se incrementó con la visita que le hizo en septiembre en el pueblo de Sarreguimines, en la frontera alemana, donde Simone vacacionaba con su prima Denise. Durante varios días disfrutó de la compañía de Simone y les leyó a Lautreaumont y les habló de la poesía moderna con tal sensibilidad y convicción, que ambas quedaron cautivadas.

Cuando Breton regresó a Lorient, él y Simone ya se habían comprometido para casarse.

Pero Breton tuvo que vencer dos obstáculos que se le presentaban; por parte de sus padres, la novia judía (Marguerite era archicatólica), por parte de los Kahn la diferencia de clase, burgueses enriquecidos con el caucho de Perú. Y además el padre de Simone, Félix Kahn observaba que su futuro yerno no tenía el porvenir despejado y tampoco daba muestras de querer remediarlo. Sin embargo, Breton está empeñado en su amor y en su compromiso con Simone.

A finales de año, la señora Techarel le presentó al modisto y mecenas Jacques DOUCET, ya sexagenario, diseñador exitoso en competencia con Coco Chanel.

Doucet tenía una extensa colección de arte y de libros raros y necesitaba un experto que le asesorase y para ello contrató a Breton.

Breton, pues, ya tenía un sueldo mensual de 500 francos para subvenir los gastos de la vida en pareja y comenzó a escribir cartas-informes para Doucet sobre las futuras adquisiciones de las tendencias artísticas del momento.

Ya había pasado un año desde su compromiso y los padres de Simone quieren conocer al joven Breton. La velada consistió en una cena en las casa de los Kahn en la exclusiva zona de Avenue Niel. La bienvenida de los futuros suegros no fue más allá de la tibieza.

Finalmente Doucet le ofreció a Breton la dirección de la biblioteca a tiempo completo con un salario de 20.000 francos, que frente a los 6000 del principio, suponían una seguridad económica importante.

Con esta nueva situación los padres de Simone dieron el consentimiento, a regañadientes, para que se celebrara la boda en el registro civil del distrito 17ª de París, actuando de padrino Paul Valery. Louis Breton, su padre, asistió al enlace; pero su madre no se sintió con ánimos para ir.

Los Kahn, a pesar de las reservas con respecto al novio, asignaron a su hija un anticipo mensual contra la herencia. También le dieron a Simone una dote respetable, que ella invirtió en obras de arte. De esta forma, y con el salario de Breton, la estabilidad económica estaba asegurada.

Después de un breve periodo de luna de miel regresaron a París y vivían, bien en la casa de los Kahn en la avenue Niel o en el hotel de Breton en la rue Delambre.

Breton reeprendió su trabajo de asesor artístico del cauto mecenas Doucet. Cuando Breton quería que Doucet comprara una obra determinada, tenía que escribir una carta-informe elogiando la pieza y adulando el buen gusto del modisto. La perseverancia de Breton dio sus frutos, ya que durante los siguientes 5 cinco años enriqueció la colección de Doucet con obras de Rousseau, Picasso, De Chirico, Duchamp, Picaba y Miró.

Por esta época, diciembre de 1921, Breton se empeñó en adquirir la obra maestra de Picasso de 1907, Les Demoiselles d`Avignon, obra que marca el origen del cubismo. Dos años tardó Breton en convencer Doucet para que adquiriera Les Demoiselles en 1923. El precio de compra fue de 25.000 francos- muy por debajo de su valor de mercado- y en 12 pagos mensuales.

A final de año regresó a Lorient con Simone para buscar la tranquilidad, frente al frenesí parisino y aclararse las ideas frente al colapso de Dadá.

El 1 de enero de 1922 Breton y Simone alquilaron su primera casa, un apartamento de dos habitaciones en la rue Fontaine, 42, distrito 9, entre la Place Blanche y Pigalle y como anécdota en los bajos de la casa había un cabaret con el nombre de “Le Ciel et L`Enfer.

Esta dirección sería su domicilio en París el resto de su vida; si bien a fines de los años 40 se mudaría a un piso más amplio en los bajos de la rue Fontaine, 42. Así pues, este domicilio se convirtió en un símbolo y en él se desarrolló buena parte de la historia del surrealismo.

La pareja, junto con su domicilio estable, adquirió hábitos de vida estables: trabajo en la biblioteca de Doucet y reuniones diarias de café con el grupo; y a una hora prudente se retiraban a dormir.

Breton, por su parte, se dedicó amueblar y decorar el estudio con obras de Ernst, Picabia, Man Ray, Derain, Dichamp, Picasso, De Chirico, Braque y Seurat; y también con máscaras de África y Oceanía, muñecas fetiche y objetos insólitos encontrados al azar.

Durante toda su vida, Breton sería un ávido coleccionista de arte, comprando siempre que su economía se lo permitía o vendiendo una obra para adquirir otra.

El matrimonio de Breton estaba basado en el respeto y el afecto mutuos. Simone se sintió deslumbrada por la energía y la creatividad de Breton, la riqueza de su pensamiento y su habilidad para expresarlo y la especial personalidad de poeta, que la había atraído desde el principio.

Pero, a pesar de su complicidad intelectual y emocional, la unión de los Breton estaba marcada por separaciones frecuentes. En los primeros años estas separaciones fueron a causa de Breton, por razones literarias o editoriales (aislarse para escribir o supervisar la edición de una revista).

Con el tiempo, marido y mujer tomaban sus vacaciones por separado y esta actitud no supuso, en principio, distancia emocional.

Breton se apoyaba en Simone por su buen juicio y su penetrante intuición. Valoraba su amplia cultura, su capacidad de relación y su excelente ojo para el arte (después de la Segunda Guerra Mundial, dirigirá con éxito dos galerías de arte en París).

Simone en 1925 se fue de vacaciones a Megère, un pueblo cerca de la frontera suiza, con su hermana Janine y su amiga y confidente Morise. El motivo de la partida, además del disgusto por las tareas que se le asignaban en la oficina surrealista, fue, sobre todo, por el idilio-pasión de Breton con una morena de 26 años, llamada Lise Meyer.

Lise Meyer se había casado con Pierre Meyer, rico heredero y se había suicidado poco después de su matrimonio. Rica y bien relacionada, solía hospedar en el salón de su casa a los mecenas parisinos. Tenía ambiciones literarias y había publicado, bajo el pseudónimo de Lise Deharme, poemas, cuentos y novelas de contenido erótico.

En el aspecto personal era extremadamente coqueta y sabía cómo impresionar a los hombres con su encanto físico y personal. Lise, presintiendo una conquista fácil atrajo al líder surrealista a una pasión sin esperanzas. De hecho a ella le importaba mucho menos el amor verdadero que la conquista.

Lise, no cabe duda, se sintió halagada por el interés de Breton, a quien admiraba en el plano intelectual; pero no tenía intención de cambiar de vida y adaptarse a la del poeta. Por todo lo cual, Lise nunca llegó a ser amante de Breton.

Breton le confesó estos devaneos a Simone, quien pensó que este amor se marchitaría por sí solo.

Sin embargo la relación con Lise Meyer ya duraba dos años y medio y, lógicamente, estaba perjudicando la armonía matrimonial. Simone comprobó que no era una pasión pasajera.

En julio, para evitar los estados de ánimo de Breton, Simone abandonó la rue Fontaine por un pueblo de Normandía, en compañía de Ives Tanguy y su esposa, Max Morise y Marcell Noll. El detonante que motivó la partida fue una discusión sobre el ‘amor sublime’ de Breton por Lise.

Breton distanciado de su esposa y con ganas de olvidar sus sentimientos hacia Lise se va de vacaciones a la costa de Normandía cerca de Dieppe. Allí recibió las visitas de Aragon y Nancy Cunard, que estaban a 15 minutos de distancia de su hotel. Lise había alquilado una villa en Pourville y también visitó a Breton; pero éste no logró atraer los sentimientos de Lise; de hecho Lise se casó con su amante de turno, el pionero de la radio Paul Deharme y acabó el cortejo.

El resultado principal de la estancia de Breton en la costa de Normandía, no fue emocional, sino literario; porque allí fue donde redactó la mayor parte del libro que le tenía obsesionado los últimos ocho meses: la historia de su encuentro con Nadja; Nadja2.

Breton se reconcilió con Simone en 1928; pero una nueva joven entra en la órbita de Breton, se trata de Suzanne Fernande Muzard, nacida en el suburbio de Aubevilliers de París en 1900. La tal Suzanne era la amante del novelista y ensayista Emmanuel Berl, que estaba casado. Seducido por la belleza física de Suzanne y por su sensualidad, que contrastaba con el afecto casi platónico de Simone y los coqueteos distantes de Lise.

Breton se las arregló para tener un encuentro a solas y después hicieron una escapada al Midi. Suzanne dejó una nota de despedida a Berl. Y de todo ello Breton informó a Simone y de su estado de ánimo pletórico. Simone mostró de nuevo signos de aceptación: había sobrellevado la tormenta de Lise casi tres años y por lo tanto también podía superar la de Suzanne.

La relación con Suzanne, no obstante, fue bastante tumultuosa con idas con Berl y venidas con Breton. Suzanne quería garantías de seguridad emocional y le pidió a Breton que se divorciara de Simone.

Ante esta situación, primero Lise y ahora el devaneo con Suzanne, Simone informó a Breton, que Suzanne no era más que un amorío más, de tantos pasados y futuros y que su vida en común había llegado a su fin e iniciaron el proceso de divorcio.

Breton en una comida con Simona se enteró que su esposa había mantenido relaciones sexuales prolongadas con Max Morise, lo que le reprochó por la falta de claridad. Simone juró creer que Breton sabía lo de Morise; aunque siempre había pedido discreción a sus compañeros.

El 1 de diciembre de 1928 Suzanne se casó inesperadamente con Berl. Breton no se había dado cuenta que Suzanne estaba haciendo las mismas peticiones a los dos amantes. Berl, cuyo divorcio había concluido recientemente, estaba legalmente asequible antes que Breton.

No obstante Suzanne, cuyo matrimonio con Berl no había arreglado nada, regresó a vivir con Breton a la rue Fontaine, 42 en enero de 1929; y reordenó el estudio, cambiando el mobiliario, escondiendo pinturas, libros y manuscritos en un intento de establecer su dominio.

Suzanne después de pasar los primeros meses de su matrimonio en la rue Fontaine, 42, se fue una vez más con su marido Berl. Pero Breton persuadió otra vez a Suzanne para que regresara y se fueron de vacaciones a la Île de Sein (Bretaña).

Las relaciones con Suzanne siguieron siendo tempestuosas, casi imposibles, de tal forma que en septiembre se volvieron a separar provisionalmente, como en ocasiones anteriores; utilizándole como chantaje emocional contra su marido Berl.

El divorcio de Breton y Simona se falló en marzo de 1930 con todas las consecuencias legales a favor de su esposa. Simone se quedó con la mitad de la colección de arte y Breton se quedó con el estudio de la rue Fontaine, 42. Aunque Breton y Simone mantendrían una amistad duradera, más bien distante, la complicidad emocional e intelectual se había disipado.

También, por fin, terminó su relación con Suzanne, ruptura definitiva en enero de 1931.

Suzanne ofreció más tarde su propia versión de los problemas entre ella y Breton:

“Breton era demasiado obsequioso con sus amores, moldeaba a la mujer que amaba al punto de hacer que correspondiera a sus propias aspiraciones (…). Pero yo sólo era motivo de decepción porque no me adaptaba a lo que él quería de mí. Demasiado inquieta, solía ser presa de impulsos incontrolables de salir huyendo (…) No amaba a un hombre por la posibilidad que este tuviera de ocupar un sitio en la posteridad. Eso era demasiado para mí; mi objetivo era buscar sólo las emociones que estuvieran al alcance del corazón (…) Tal vez yo tenía la facultad de provocar amor, sin poseer el don mágico de hacerlo durar.3



 
 
 
                                                      Jacqueline Lamba (1934-1945)
 
 
 
 
                                                 Jacqueline Lamba y André Breton
 
 
 
 
 
En 1934 se produce el encuentro con Jacqueline Lamba en el “Café de la Place Blanche”. Tenía 24 años, catorce años más joven que Breton.

Jacqueline estaba desarrollando su talento como pintora (se había formado en la prestigiosa Ecole des Arts Dècoratives) y se ganaba la vida como bailarina desnuda bajo el agua en el café cantante COLISEUM de Montmartre. Esta ocupación tenía un carácter provisional, mientras ella se labraba una carrera artística.

Breton se enamoró de la imagen de la sirena desnuda, y siempre vio a Jacqueline como una ondine. Muchos años después Jacqueline contaría que Breton la presentó a sus amigos como una náyade, más que como una pintora en ciernes.

Las circunstancias del encuentro de Breton con Jacqueline las da a conocer de una forma detallada y literaturizada en su libro, El amor loco4, que elevó este encuentro a uno de los momentos más célebres de la mitología surrealista.

El encuentro, por otra parte, no fue tan fortuito como Breton parecía creer. Jacqueline estaba tratando de conocer al poeta; y frecuentó, con este propósito el “Café de la Place Blanche” durante varios días seguidos, sentándose en una mesa contigua a la de los surrealistas.

Este encuentro entre el poeta y la “ondine” se puede considerar un flechazo en toda regla; pues tres meses después de conocerse se casaron en el distrito noveno de París en agosto de 1934. Breton tenía 38 años y Jacqueline 24. Actuaron de testigos de la boda Éluard y Giacometti. Los familiares de los novios no asistieron a la ceremonia; en el caso de Jacqueline porque era huérfana.

Breton compuso para Jacqueline, la Ondine, una serie de 14 poemas de amor, bajo el título “El aire del agua”, en los que canta el renacimiento del amor conyugal, después de 10 años de incertidumbre y provisionalidad.

Así cuenta Breton, en El amor loco, el encuentro en el Café de la Place Blanche:

“Era una persona muy joven (…) Ya la había visto entrar dos o tres veces en aquel lugar, el 29 de mayo de 1934, esta mujer estaba ‘escandalosamente’ bella… (…) Una intuición muy vaga, desde los primeros instantes, me había permitido considerar que el destino de esa muchacha pudiese un día (…) establecer un vínculo con el mío5.”

Breton y Jacqueline pasaron su primera noche juntos deambulando por París: por el mercado de la carne y las verduras de Le Halles6, por el Sena y por la Torre de Saint Jacques, “de un lado a otro como un girasol”.

Pero el mayor momento de revelación poética se produjo varios días después cuando Breton recordó inconscientemente los versos de un viejo poema de Claire de terre de 1923: “Girasol”, dedicado a Pierre Reverdy, que resultó ser un poema profético:

“La viajera que atravesó les Halles a la caída del verano caminaba de puntillas (…)

Algunos como esta mujer pareciera que nadan7

Y en el amor penetra un poco de sustancia

Ella los interioriza (…)

André Breton me dijo pasa8.”

Con lo cual este poema de 1923, en cierta medida, anuncia lo que sucedería en 1934, que luego Breton denominara “La noche del girasol”.

Y esto, a la vez, refuerza la fe de Breton en el ‘azar objetivo’; y, por otra parte, es muy sintomático que Breton casi siempre escribiera sobre una relación amorosa teniendo en cuenta los principios del surrealismo.

En 1935 publicó en Minotaure su ensayo la “Nuit du tournesol”, el relato del encuentro y paseo iniciático con Jacqueline, y los presagios contenidos en el poema “Girasol”.

Breton siguió con sus actividades dentro del surrealismo. Conferencias en Praga sobre el surrealismo (marzo-abril de 1935), donde había un grupo surrealista muy activo: Nezval, los pintores Jindrich Styrsky y Toyen, así como el crítico Karen Toyen. Este grupo ya había montado una exposición de arte surrealista y había traducido las obras principales del grupo, entre ellas, Nadja y Los vasos comunicantes.

Con el grupo checo fundó el bilingüe Boletín Internacional del Surrealismo (el 1º de 4 números).

Bretón regresó a París y viajó a las islas Canarias (España) como embajador del surrealismo9. Llegaron a Santa Cruz de Tenerife a primeros de mayo y otra vez las conferencias, entrevistas y exposición de pintura surrealista patrocinadas por la revista Gaceta de Arte y Óscar Domínguez con una duración de tres semanas.

El resultado de su estancia en Canarias dejó el segundo Boletín Internacional del Surrealismo en francés y español, lo que suponía una nueva proyección internacional del movimiento.

Regresan de Canarias y resulta que Jacqueline Lamba estaba embarazada; y a pesar del estilo de vida y la inseguridad económica, Breton aceptó el regalo que la vida le había dado.

El 20 de diciembre de 1935, Jacqueline dio a luz a la única hija de Breton en una clínica del 13º distrito. Le pusieron de nombre Aube, nombre bastante insólito entonces.

Pronto surgieron las fricciones propias de la crianza de un hijo; además de la precariedad financiera y las ambiciones frustradas de Jacqueline como pintora. Breton ni se ocupaba de su hija, ni reconocía el trabajo de Jacqueline, ni su deseo de progresar como artista independiente. Lo que esperaba de Jacqueline es que se portara como la musa de un gran hombre, no que tuviera una existencia creadora propia.

Ante esta situación y con una discusión previa, Jacqueline abandona la rue Fontaine, 42 y se va al campo. Breton le escribió varias cartas conciliadoras e incluso la alentó para que siguiera pintando.

Jacqueline abandonó a Breton, dejándole a su hija de 8 meses. Esta separación duró un mes; porque Jacqueline no aceptaba los roles que le asignaba Breton: musa, compañera, ninfa acuática y prosaica niñera.

De regreso a la rue Fontaine, Breton le dijo que iba a expresar sus reflexiones paternales en un texto final para El amor loco, que consistiría en una carta. “Querida Ecusette de Noireuil” y dice así:

“En la bella primavera de 1952 cumplirás 16 años y quizá te sientas tentada de hojear esta libro (…) Suceda lo que suceda hasta que puedas conocer esta carta (…), déjame pensar que entonces estarás dispuesta a encarnar este poder eterno de la mujer, el único ante el cual me he rendido (…). Déjame creer que estas palabras, el amor loco, tendrán algún día relación con tu propio delirio (…).

Te deseo que seas locamente amada10.”

Jacqueline salió para Ajaccio (Córcega) el 1º de septiembre. No obstante esta afirmación de amor y fe de Breton en el fruto de su matrimonio, dotó al El amor loco de una coda optimista.

Jacqueline regresó de Ajaccio a mediados de octubre, reconciliándose con su marido y liberándole del cuidado de su hija; pero la situación económica de la pareja seguía siendo muy precaria.

En vista de ello Breton solicitó al Ministerio Francés de Relaciones Exteriores dar una serie de conferencias en Méjico sobre la historia de la literatura y el arte franceses con una duración de 4 meses. Una vez concedida la solicitud Breton y Jacqueline se embarcaron en Cherburgo rumbo a Veracruz en 1938.

Dejaron a la pequeña Aube de dos años al cuidado de André Masson, su esposa y sus dos hijos, en el pueblo normando de Lyons-la- Fôret.

En Veracruz fueron recibidos por un desconcertado funcionario de la embajada francesa, sin tener nada previsto para su alojamiento. Fue gracias al pintor y muralista Diego Rivera, que había ido a Veracruz para encontrarse con los Breton, quien les ofreció su propia casa y, además, llevaba un mensaje de Leon Trotski, que invitaba a Breton a visitarlo.

Breton y Jacqueline quedaron impresionados con la casa de Diego Rivera y su esposa Frida Kahlo en el elegante barrio de San Ángel. Breton al ver los cuadros de Frida Kahlo, la declaró surrealista. A Kahlo, Breton, le pareció pomposo, arrogante y latosamente intelectual.

 
 
 
 
 
 
                                                         Breton, Rivera y Trotsky 
 
 
 
 
Trotsky recibió a los Breton, a principios de mayo, en La Casa Azul con suma cordialidad. Con anterioridad, Trotsky, ya se había informado sobre la obra de Breton y el surrealismo, que veía con buenos ojos. La conversación se llevó a cabo en francés sobre temas políticos como los Procesos de Moscú.

Breton dio su primera conferencia en la Universidad Nacional de Méjico con el título de “Las transformaciones modernas en el arte y el surrealismo”; pero el resto de las conferencias se canceló por problemas políticos internos.

Fruto de todas las visitas y viajes con Trotsky fue el manifiesto fechado el 25 de julio de 1938, titulado, “Por un arte revolucionario e independiente”, firmado por Breton y Rivera, aunque este último no participó en su elaboración. Este manifiesto concluyó con el doble mandato de André Breton: “Lo que queremos: la independencia del arte- para la revolución. La revolución-para la liberación definitiva del arte”11.

Comoquiera que sea este texto condensaba y aclaraba muchas de las discusiones sobre el arte y la política entre Trotsky y Breton, un teórico de la política y un teórico del arte.

El 1 de agosto, Breton y Jacqueline se embarcaron en Veracruz con las maletas llenas de máscaras, cerámica, muñecas, exvotos, calaveras y otros objetos del arte popular. Los Breton llegaron a Boloña el 18 de agosto, donde fueron recibidos por Aube y Divonne Raton y la niña hizo pucheros durante los primeros días.

Estalló la 2ª Guerra Mundial, Francia fue ocupada por los alemanes y la zona no ocupada localizó la capital en Vichy con Petain, un anciano mariscal de 84 años, como presidente.

Breton fue movilizado como personal sanitario; pero poco después fue licenciado definitivamente.

Los Breton, entonces toman el camino del exilio en 1941 y no sin dificultades de visa partieron de Marsella para La Martinica y de ahí para Nueva York

Al llegar a Nueva York con su esposa y su hija, se encuentra con Ives Tanguy y Kay Sage, que estaban esperándolos en el muelle. Se instalan en la ciudad e intentan llevar una vida normal en compañía de otros exiliados como Lévi-Strauss, Matta y el poeta griego Nicolaus Calamares. En Conneticut vivía André Masson con su esposa e hijos. Max Ernst y Peggy Guggenheim también saludaron a Breton en Nueva York.

Desde un principio, Breton reunió a los surrealistas exiliados e intentó adaptar el surrealismo a la realidad americana, lo cual no resultó nada fácil.

Se propuso crear una revista y como se encontró con muchos obstáculos pidió prestada la ya existente View, dirigida por el poeta Charles Henri Ford y el novelista Parker Tyler. Y ya bajo la órbita de Breton, el próximo número de View fue exclusivamente surrealista. Breton colaboró durante sus cinco años de exilio; pero no le gustaba View.

En enero de 1942 planea publicar una revista, que se llamará VVV y necesitaba un director de habla inglesa, que contaría con Max Ernst y Breton como asesores. El elegido fue David Hare, escultor y fotógrafo, de 25 años, apuesto y esbelto, que tenía afinidades con los surrealistas.

El otro problema era la financiación, que se solventó con la aportación de dos amantes del arte como Bernard Reig y Peggy Guggenheim. Salió VVV en junio, con una cubierta verde, obra de Max Ernst. Saldrían 4 números en total.

La relación con Jacqueline no iba hacia buen puerto; porque ella dedicaba todo el día a su propio arte y gozaba de relativa autonomía, ya que dominaba el inglés. Jacqueline no estaba conforme con ser la ondine, la musa de Breton.

Pero hubo un factor desencadenante del fracaso del matrimonio de Breton: en el verano Jacqueline mantiene relaciones sexuales con David Hare. Al principio se mantuvo en secreto; pero en octubre se lo comunicó a Breton y se marchó con su hija Aube al apartamento de Hare.

Breton siguió manteniendo relaciones con los dos para ver a su hija y con Hare trabajando en la revista VVV.



 
                                                         Elisa Claro (1945-1966)
 
 
 
 
                                                         Elisa Claro y André Breton
 
 
 
 
El breve exilio emocional de Breton acabó en diciembre de 1943, mientras almorzaba con Marcel Duchamp en el restaurante “Larre” y el ‘azar objetivo’ lo puso en contacto con Elisa Claro, chilena, de familia francesa, que había emigrado a los EE. UU., varios años antes. Tenía 35 años, cabello castaño, ojos claros e inteligentes. Había recibido una excelente educación, tocaba el piano y era políglota. Breton tenía 48 años. Se volvieron inseparables.

Elisa fue la musa ideal para Breton. Era vulnerable y apasionada y carente de ambiciones artísticas personales, al contrario de las otras dos esposas: Simone y Jacqueline. Elisa fue su compañera amante para el resto de su vida. Fue la musa del Arcano 17 (1944), que tiene que ver con el encuentro con Elisa y con la liberación de París.

Ante esta bonanza sentimental, Breton se divorció oficialmente de Jacqueline el 30 de julio de 1945 en Reno; y ese mismo día, en otra misma sala del juzgado, se casó con Elisa. Jacqueline se casó con David Hare y tuvieron un hijo.

En abril de 1946, Elisa y Breton regresan a Francia y en 1949 regresa de los EE. UU. su hija Aube, de 13 años para recibir una formación francesa. Breton, entonces, se mudó del piso cuarto a otro de la planta baja, que tenía una habitación más, pero siguió viviendo en la rue Fontaine, 42.

Breton a los 60 años, lógicamente, ya no tenía la energía de los 30; pero José Corti exdirector de Editions Surrealistas hizo una observación diciendo que el origen de cada obra de Breton está en el encuentro con una mujer (Nadja, El amor loco, Jacqueline…). Y desde luego desde que se casó con Elisa, ninguna mujer le sacudió emocionalmente

Jacqueline Lamba era de la opinión que la sacudida emocional de otra mujer, una nueva pasión, daría un nuevo libro de Breton.

Por entonces, a mediados de los cincuenta, entabló amistad con la cineasta Nelly Kaplan, que conoció a Breton en una exposición de arte precolombino. Breton se presentó él mismo y Kaplan le prometió enviarle una invitación para el estreno de la película, “Magirana”. Mantuvo amistad con la Kaplan durante 6 meses: paseos diarios, conversaciones en los cafés, visita al mercado de las pulgas, lo consabido. Pero la amistad de Breton con Kaplan llegó a su fin por una discusión a propósito de Philippe Soupault, amigo íntimo de Kaplan. Breton mostró una vez más su intolerancia. Breton le exigió la devolución de las cartas y la Kaplan se las devolvió hechas confetis.

También está el encuentro con Joyce Mansour, de 26 años, poeta, casada con un hombre de negocios . Joyce había publicado su primer libro de poemas, Cris en 1953. Breton encontró el libro por casualidad e invitó a su autora a visitarlo en París.

Joyce, una burguesa en toda regla, ingresó en el grupo surrealista y quedó deslumbrada por su jefe y durante una década realizó el ritual bretoniano por París. Algunos han dicho que éste fue su último gran amor; aunque más bien platónico.

Breton apreciaba a Elisa, pero con esas aparentes conquistas, creía que estaba evadiendo la vejez. Sin embargo la relación con Joyce no pasó de una mera amistad, con sus capas de coqueteo y complicidad, felicidad y melancolía.

Por supuesto, Breton no escribió el nuevo libro del impulso amoroso.

Pocos detalles hay de la vida con Elisa, su última y más duradera esposa. Sin duda ella participaba en las actividades surrealistas y acompañaba a Beton. Perece como si la edad hubiera serenado a Breton, ya que apenas tuvo dos escarceos amorosos con la cineasta Kaplan, muy breve y con Joyce más prolongado, pero eminentemente platónico.

Sí aparece su hija Aube, a quien apadrina en su boda con el poeta y pintor surrealista Ives Elléouet, por tanto su hija pasó a Aube Elléouet, que destacó en los años 70 con unos notables collages surrealistas.

La mujer como inspiración, como musa a la que se invoca (“Canta, oh musa…”). La mujer tiene la capacidad de estimular la creatividad del hombre.

La mujer como musa tiene su más alto paradigma en Gala, musa interesada. Primero de la poesía de Paul Eluard y luego musa (avida dollars) de la pintura de Salvador Dalí.

Las mujeres surrealistas, por su parte, tuvieron conciencia de sí mismas como sujetos no como objetos, sin embargo los hombres no tuvieron esa misma capacidad.

Las mujeres y los hombres surrealistas caminaron por el surrealismo por senderos paralelos y diferentes. Ninguna mujer formó parte del grupo director del surrealismo encabezado por Breton. Sólo en los años 40 (Arcano 17) Breton se da cuenta, que hay que dar a las mujeres un trato de igualdad con el hombre en todos los terrenos, también en el artístico.12

André Breton murió el 28 de septiembre de 1966 y fue enterrado el 1 de octubre en el cementerio de Batignolles. En la tumba de granito se inscribió su frase: “Busco el oro del tiempo”.

Jean Schuster, fue designado sucesor y albacea literario de Breton y se puso al frente del surrealismo.

Quizá el homenaje más notable le llegara en Mayo de 1968, cuando muchos de los lemas que cubrían las paredes tenían un cariz surrealista o prosurrealista: “La belleza será convulsiva o no será”, “Escojan, en cambio, la vida” o “Prohibido prohibir”. Pero una vez pasada la euforia general, una nueva ‘llamada al orden’ parece que se apoderó de la sociedad francesa y cuando faltó Breton nadie tuvo el prestigio, la autoridad y el carisma para señalar el rumbo del surrealismo. Jean Schuster oficialmente dio por cancelado el movimiento surrealista en 8 de febrero de 1969, lo que no quita que haya focos surrealistas repartidos por el mundo.

Hasta 2003, el estudio de Breton en la rue Fontaine, 42, permaneció intacto: los libros acumulaban polvo en los estantes, la mesa de escritorio sostenía los mismos manuscritos y las pinturas cubrían las paredes como las dejó su propietario. Elisa Breton, hasta su muerte en el año 2000, se opuso a mudarse o vender el valioso contenido del estudio.

Finalmente los herederos de Breton, incapaces de conservar en privado la colección, procedieron a subastarla.



 
 
 
                                                    Tournesol de Jacqueline Lamba
 
 
 
 
 
 
                                 André Breton en su gabinete de la rue Fontaine, 42
                      
 
 
 
BIBLIOGRAFÍA

Breton, André, Trotsky León, Rivera Diego, Por un arte revolucionario e independiente, (Edición de José Gutiérrez) El Viejo Topo, Barcelona, 1999

Breton, André, El amor loco, Alianza Literatura, Madrid, 2000

Caballero Guiral, Juncal, La mujer en el imaginario surreal. Figuras femeninas en el universo de André Breton, Publicaciones de la Universidad Jaime I, Castellón de la Plana, 2002.

Polizzotti, Mark, La vida de André Breton. Revolución de la mente, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2009.

Serrano, Anastasio, “El foco surrealista de Tenerife” en el blog: Erudición y Crítica, 2014

Madrid, 17 de febrero de 2017



Anastasio Serrano











1 . Polizzotti, Mark, La vida de André Breton. Revolución de la mente. Fondo de Cultura
Económica, Madrid, 2009, p. 40

2 . Como sabemos la relación creativa de Nadja con Breton no fue posible por la asociabilidad de ésta. Después Nadja fue ingresada en un hospital psiquiátrico con síntomas de alucinaciones y delirios de persecución. No había cumplido 25 años. Permaneció 14 meses en el hospital de los alrededores de París y luego fue trasladada en 1928 a un hospital de su Lille natal. Murió de fiebre tifoidea en 1941. No se sabe si leyó el libro que le dio fama perdurable a ella y a su autor.

3 . O. C., pp. 353-354.- La vida de André Breton

4 . Breton, André, El amor loco (Versión de Juan Malpartida), Alianza Editorial, Madrid, 2000. En el cap. IV desarrolla literariamente, al modo surrealista, dicho encuentro

5 . Breton, André, El amor loco, Alianza Editorial, Madrid, 2000, pp. 54-55

6 . Sede actual del Centro Pompidou.

7 . Como la danza, bajo el agua, de Jacqueline en el cabaré Coliseum

8 . O. C., pp. 66-67

9 . Ver “El foco surrealista de Tenerife” en el blog: Erudición y Crítica de Anastasio Serrano, 2014

10 . O. C. pp. 127, 128 y 133.

11 . Breton, Trotsky, Rivera, Por un arte revolucionario e independiente, (Edición de José Gutiérrez), El Viejo Topo, Barcelona, 1999, p. 4 (Texto definitivo)

12 . Mujeres surrealistas: Leonora Carrington, Leonor Fini, Valentine Hugo, Jacqueline Lamba, Dora Maar, Valentine Penrose, Alice Rahon y Remedios Varo. Otras surrealistas. Hielen Agar, Frida Kahlo, Meret Oppenheim, Kay Sage, Dorotea Tanning