lunes, 8 de marzo de 2010

ANÁLISIS Y ESTRUCTURA DE "RETAHÍLAS" de Carrmen Martín Gaite

Carmen Martín Gaite, Salamanca, 1925- Madrid, 2000

Carmen Martín Gaite nos da noticia de la génesis de “Retahílas” en la última página de la novela: “Empecé a tomar los primeros apuntes para esta novela en junio de 1965, en un cuadernito al que llamo, para mi gobierno, “cuaderno-dragón” por un dibujo que me había hecho en la primera hoja un amigo que entonces solía decorar mis cuadernos.
Terminé su redacción definitiva la tarde del 31 de diciembre de 1963, en mi casa de Madrid” .
No obstante la referencia más explícita a la composición de “Retahílas” la da la autora en una entrevista de 1970, donde habla de un doble argumento:”El de la ruina y el de la búsqueda de interlocutor. Nunca se escuchan historias mejor contadas que las que se cuentan a un interlocutor casual (…). Mi novela querría ser un diálogo muy difícil entre dos personas de distinta edad,(…) que se han visto obligadas a pasar juntas una noche con un pretexto casual. Poco a poco se van escuchando una a la otra (…), se van haciendo interlocutora la una de la otra” .
También el germen de esta novela estaría en un ensayo de la salmantina que da título a todo un libro:”La búsqueda de interlocutor y otras búsquedas” de 1973. Así “Retahílas” sería una especie de aplicación novelesca de lo que allí se expone como un grave problema humano e intelectual y en ambos, artículo y novela, se usa la misma cita del P. Martín Sarmiento:”La elocuencia no está en el que habla, sino en el que oye; si no precede esa afición en el que oye, no hay retórica que alcance, y si precede, todo es retórica del que habla”(p.12).
Carmen Martín Gaite había publicado su última novela,”Ritmo lento” en 1962, así pues guardó silencio en lo que se refiere a la novela durante 12 años, renovada y mejor pertrechada para el oficio vuelve con “Retahílas”, que se publica por la Editorial Destino en la colección “Ancora y Delfín” en 1974.

Pero veamos cuál es su argumento: En el pazo familiar de Louredo, tía (Eulalia) y sobrino (Germán) coinciden cuando acompañan a la abuela y bisabuela respectivamente mientras agoniza. Conversan ambos durante una noche de agosto y se cuentan sus vidas y sus experiencias.
La novela está formada por seis capítulos centrales monologados alternativamente por cada uno de los dos protagonistas: Eulalia y Germán, a los que se añaden un preludio y un epílogo narrados en 3ª persona.
Cuenta el preludio la llegada de Germán al pazo familiar, donde no había estado desde los tres años, para acompañar a su bisabuela moribunda, Matilde, marquesa de Allariz. La anciana vivía en Madrid y su nieta Eulalia la ha trasladado a Galicia para que muera allí. Lleva siempre a su lado un baúl de recuerdos, su memoria. La hija de Matilde, Teresa, madre de Eulalia, tenía un carácter débil. Su marido la dominaba. Tuvieron dos hijos, Eulalia y Germán (padre). A la muerte de Teresa, el marido se despreocupó de sus hijos y se trasladó a América. Se casó de nuevo, pero mató a su mujer y se suicidó.
Eulalia tiene 45 años y está separada de su marido desde hace diez, pero lo recuerda constantemente. No tienen hijos. Germán, padre del sobrino, con quien habla, quedó viudo cuando sus hijos eran pequeños. Entonces se casó con la institutriz, Colette, con quien Eulalia no se llevaba bien y los hijos no la quieren.
A lo largo de la noche, en el salón del pazo, Eulalia cuenta a su sobrino los momentos más importantes de su vida. Le habla de las lecturas de su infancia, de la muerte de su madre, de la amistad con su cuñada Lucía, madre de Germán y de su hermano Germán. Sigue hablando del fracaso de su matrimonio con Andrés, de sus amigos y de su viaje a la India. Cansada por lo avanzado de la noche, se queda dormida sobre Germán.
En las retahílas de su sobrino conocemos cómo ha llegado a Galicia procedente de la costa catalana. Antes había estado en Londres, pero se aburría. Había pasado la noche anterior con su amigo Pablo y le llegó el telegrama de su tía Eulalia, tomó el avión para Madrid y después para Galicia. Habla de su madre, de su padre y de su madrastra, de su amigo, de su hermana Marga y de su novia Esther. Se siente feliz en la comunicación con su tía Eulalia.
Juana Failde, la criada, vive en el pazo desde los 7 años. La abuela pidió que la trataran como a uno más de la familia. Tiene la misma edad que Eulalia, pero está mucho más avejentada. Dispone de plenos poderes en la casa, pero no los usa. Cuando tía y sobrino se duermen después de sus retahílas alternadas, Juana entra para anunciar la muerte de Matilde . Son las cinco menos diez de la madrugada.
Este es el esquema de los componentes de la familia:

Ramón casado con Matilde (abuela-bisabuela), marquesa de Allariz
/
Teresa casada con marido innominado (difunto)
/
EULALIA (interlocutora) casada con Andrés (sin hijos)
Germán casado con Lucía (1ª mujer,difunta); 2ª mujer, Colette
/
GERMÁN (interlocutor)
Marga
Juana Failde, la criada.

ESTRUCTURA:En la novela hay un antetexto con una dedicatoria: “Para Marta y sus amigos”(…) y en la página siguiente se anotan las definiciones de la palabra “retahíla”, dadas por el diccionario de la RAE , por el de Joan Corominas y por la misma autora. “Yo debo añadir(…) el sentido figurado de “perorata, monserga o rollo” (…) con que he oído emplear esta palabra desde niña en Salamanca”. En la página siguiente vienen dos citas que hacen referencia a la comunicación, la primera de Fray Martín Sarmiento y la segunda en francés de Brice Parain.
A partir de ahí hallamos una disposición tripartita con un Preludio y un Epílogo que enmarcan el cuerpo central o diálogo de tía y sobrino. Este cuerpo central o cuadro consta de once retahílas pronunciadas por Eulalia (seis) y por Germán (cinco), ocupando el doble de extensión las de Eulalia. Ella es la que conduce el diálogo, porque tiene más que contar, más edad y por ende más madurez. Eulalia inicia y cierra el diálogo. La intervención de cada personaje se marca en el inicio de los capítulos con las iniciales del que habla: E y G, seguidas de un número en letra: E.Uno. G.Uno, de tal forma que llegan a G.Cinco y E.Seis, las once retahílas, la E.Seis muy breve.
Las retahílas empiezan con un guión en el párrafo inicial para marcar el cambio de interlocutor. Los capítulos (retahílas o parlamentos) están enlazados entre sí por una misma palabra, expresión o idea que se retoma como “hilo” que fuera hilvanando la historia, así termina E.Uno: (…) “arrugando la frente lo mismo que estrujamos un trapo” y así comienza G.Uno: –“Quítate la mano de la frente, anda no tienes arrugas”. Estos enlaces sirven para que un personaje dé entrada al otro, a la vez que encadenan los monólogos entreverados como fases de un diálogo .
En el Preludio se nos presenta a Germán, la causa de su viaje, el lugar al que llega y el momento del suceso. Interesa como fuente de información. Su estilo es decimonónico, costumbrista, parece como si estuviéramos leyendo una novela de doña Emilia Pardo Bazán: “Ya había atardecido completamente. Un resplandor rojizo daba cierto tinte irreal, de cuadro decimonónico a aquel paisaje” (p.16).
En el Epílogo, volvemos a la realidad conociendo la hora, los detalles del lugar y el aspecto de Eulalia. Con el cierre del baúl, Juana, la criada, cierra la novela. Entre ambos capítulos referenciales, el cuerpo central de las once retahílas será el ámbito de la memoria de Eulalia y Germán, tía y sobrino.
En el proceso narrativo de “Retahílas” hay tanto evocaciones como reflexiones de Eulalia y de Germán; así Eulalia reflexiona sobre el pasado, el tiempo y la muerte, sobre su soledad, sobre Juana, sobre su juventud junto a Lucía y sobre su vida matrimonial. Germán en sus retahílas habla de su soledad infantil y de Eulalia; de la comunicación ideal al evocar a su amigo pablo; de la amistad de Harry con su padre; del desamparo que sintió al perder a su madre y su necesidad de Eulalia.
Martín Gaite ha sabido crear dos personajes de carácter semejante pero con voces distintas, cuyas principales diferencias proceden de la edad. La madurez de Eulalia hace que sus reflexiones sean más numerosas y más profundas; pero lo más interesante es el cambio que se produce en el sobrino. Su discurso evoluciona, y lo que en las primeras retahílas son más bien, evocaciones de personas conocidas, en las últimas reflexiona sobre temas abstractos como el misterio de la vida, el poder de la palabra o la magia de la literatura.

ESPACIO: “Retahílas” se sitúa en una aldea gallega no identificada, aunque sabemos por la autora que es San Lorenzo de Prior, a cinco kilómetros de Orense, pueblo de la madre y donde Marín Gaite pasaba los veranos hasta los 25 años, que se vendió la casa. En la aldea se ubica el pazo familiar de Louredo, casi en ruinas, rodeado de un jardín y envuelto en un ambiente misterioso. Dentro de la casa, en el piso superior, al lado del dormitorio donde agoniza la abuela, está la sala que ocupan Eulalia y Germán en su vigilia. Estamos, pues, en un espacio interior propicio para el diálogo. Entre la alcoba y el salón hay una cortina de terciopelo en vez de una puerta. La habitación-salón no se describe hasta el final y los elementos que contiene son mínimos: un piano, libros por el suelo, un sofá y poca luz, para centrar la atención en lo que dicen los personajes: “aislados en su castillo inexpugnable de palabras” (p.190), en el cual permanecerán hasta que su conversación se apague.
Hay un espacio abierto en la novela el monte del Tangaraño (Endemoniado), donde se pierde Eulalia en su esfuerzo por huir de la muerte, que ronda la casa y la encuentra en el bosque en forma de jinete: “era un caballo negro,(…) y encima iba un jinete con un sombrero raro y unas ropas oscuras” (p.26). Su regreso precipitado al pazo nos indica que es imposible escapar del pasado.
También la alusión a la fuente del pueblo, construida por el abuelo Ramón, según en la inscripción:”A D. Ramón Sotero, la sociedad de agricultores de N…como gratitud. Año de 1898” (p.17), el lugar donde acaba la carretera se convierte en un símbolo de su destino.
La búsqueda de claves personales es la razón que lo empuja a regresar al paisaje de la infancia. Tras permanecer toda la noche en las sombras del pazo familiar, saldrán a la luz del nuevo día transformados con más conocimiento de sí mismos gracias a las retahílas pronunciadas.

TIEMPO: En “Retahílas”, la acción comienza un anochecer de agosto y termina al alba del día siguiente, unas seis horas (tiempo reducido, pues, como en “Cinco horas con Mario” o en “El Jarama”), con menciones precisas del paso del tiempo: “tuve que echarme al monte en plena tarde, a las seis” (22), “Es que es muy tarde está amaneciendo”(185), “sobre la mesilla el reloj marcaba las cinco menos diez”(188). Junto al tiempo objetivo que va avanzando, la cronología cobra un sentido metafísico de empujar hacia la muerte a la anciana, como anuncia su reloj: “la señora lo llevaba siempre consigo dondequiera que fuese (…) la esfera venía rematada en la parte superior por una figura de la muerte con manto y guadaña” (p.188).
Hay que considerar el marco temporal de la noche, porque la nocturnidad propicia la conversación más que el día, y además las horas pasan más lentas, no hay interrupciones y el plazo es más largo.
Además del marco temporal de una noche, tenemos que considerar el tiempo evocado, que se remonta hasta 1898, fecha de la inscripción de la fuente a la que llega Germán en el Preludio y en las retahílas el tiempo se expande hacia el pasado, de modo que tía y sobrino consiguen enhebrar una charla en la que el pasado les ayuda a interpretar el presente. Los recuerdos unas veces se remontan a tiempos lejanos y en otras a momentos más cercanos. Y si bien el tiempo presente que viven los protagonistas es muy reducido, el tiempo evocado se expande y así consiguen construir personajes reflexivos.

PERSONAJES: Tenemos, por una parte, los personajes secundarios que son: Doña Matilde, marquesa de Allariz, anciana centenaria que agoniza, casada con el indiano Ramón Sotero. Su hija Teresa se casó con un marido, que no se nombra y tuvieron dos hijos: Eulalia y Germán Orfila, que crecieron junto a una huérfana recogida en el pazo, Juana Failde, a la que luego abandonan como a la casa. El marido innominado de Teresa, al morir ésta, se largó a Venezuela con un dinero que no le correspondía, porque era de bienes gananciales, allí se casó, mató a su esposa y se suicidó. Eulalia se casa con Andrés y tras diez años de matrimonio sin hijos, se separan. Germán (padre) se casa con Lucía, tienen dos hijos Germán y Marga. Germán enviuda y se casa con la institutriz Colette.
Pero los dos personajes protagonistas de las novela son tía Eulalia y sobrino Germán.
Eulalia en el momento presente es una mujer madura de 45 años separada, que no encontró en su marido Andrés al interlocutor ideal. Germán con 20 años tampoco encontró a nadie con quien conversar, sobre todo desde que murió su madre y su padre se volvió a casar con Colette.
Ambos han regresado a la casona familiar, ella a enfrentarse con su pasado y él a recordar el lugar de sus veraneos infantiles; y mientras esperan la muerte inminente de su abuela y bisabuela, descubren que han encontrado el interlocutor ideal.
Eulalia es una intelectual, independiente, irresponsable, contraria a la maternidad, quería vivir libre; pero al hacer balance de su pasado reconoce sus errores y le confiesa a su sobrino: “llevo más de un año haciendo revisión de mis errores y aguantando a pie quieto la soledad; la tuya de esos años me duele como los hijos que me negué a tener y que ahora desearía, echo de menos todo lo que no he sido capaz de dar”(156).
A Germán le interesa escuchar, más que decir, y que alguien le cuente historias de su madre para llenar el vacío que le causó su muerte. Eulalia y Germán comparten la desorientación. En sus vidas ambos se han rebelado ante los patrones convencionales buscando ser auténticos, aunque el precio haya sido la soledad. Pretenden la salvación por la palabra, por el diálogo; y esta necesidad de comunicarse es lo les hace distintos a los demás: “Todo la noche en vela, (…) aislados en su castillo inexpugnable de palabras, un hilo de palabras fluyendo de Eulalia a Germán, volviendo de Germán a Eulalia, retahílas pertenecientes a un texto ardiente e indescifrable” (p.190).
Otro personaje que tiene cierta relevancia es la criada, Juana, por sus relaciones íntimas con Germán padre y por ser víctima del abandono de su familia de acogida. Lo que se destaca de ella es, sobre todo, los ojos: “son los ojos por donde se le sale todo lo que no dicho de veinte años acá, los ojos la traicionan y gritan por ella.”(85)

SIGNIFICACIÓN: “Retahílas” irrumpe en el panorama literario español cuando ya el movimiento realista estaba finiquitado por haberse politizado en exceso y por sus carencias estéticas. Luis Martín-Santos había dado el aldabonazo en 1962 con “Tiempo de silencio”: La misma Carmen Martín Gaite perteneció a aquel grupo de novelistas que dio un testimonio válido en su momento y aportó obras de evidente calidad: “Entre visillos”(1958) y “ Ritmo lento”(1963). La renovación formal de las técnicas narrativas presentadas por “Tiempo de silencio” se radicaliza y da lugar a una corriente experimentalista en la que los novelistas se centran en la novedad de la forma y olvidan la trama, el retrato de los personajes, el espacio y el tiempo concretos.. Fruto de ello surgió un tipo de novela poco atractiva para el lector medio, que no la entendía y que le aburría por el escaso hilo argumental de algunas novelas.
Pues bien, la autora consciente de la necesidad de nuevos modos de narrar presenta una historia que se entiende con relativa facilidad y que trata de asuntos de interés para los lectores. Aboga por una literatura que transmita reflexiones, emociones y placer estético de un modo claro, sin estridencias. En resumen la suya es una apuesta por recuperar a ese lector hastiado de los usos narrativos sociales y experimentalistas. La crítica es unánime al aceptar la calidad y la oportunidad de la novela y la buena acogida por el público lector.
“Retahílas” presenta una comedida renovación narrativa, adaptada a los tiempos y los temas que tratan son los que más preocupan al hombre: la vida, la muerte, la decadencia, el paso del tiempo, el amor, la soledad, las relaciones personales y la familia. Pero hay un tema clave que centra la novela: la comunicación, la búsqueda de interlocutor.
Ya el mismo título, “Retahílas”, que Martín Gaite glosa en el antetexto, es significativo, porque hace referencia a una comunicación insistente; así como las dos citas que le siguen: “La elocuencia no está en el que habla, sino en el que oye” de Martín Sarmiento y “Cada vez que estamos angustiados, es el lenguaje quien nos aporta la salvación necesaria” de Brice Parain. También hay que tener en cuenta el nombre de la principal protagonista, Eulalia, que significa bien hablar y Germán, cuyo significado hermano, será propicio para la confidencia; con todo esto Eulalia con más edad y más experiencia iniciará la conversación (las retahílas) para que su sobrino las continúe y complete.
La figura de Eulalia se erige como centro de la novela (protagonista principal). El contenido de su conversación versa sobre su pasado personal y el encuentro con Germán coincide con el fracaso de su matrimonio. Tiene 45 años y está en crisis.
Eulalia comienza la primera retahíla hablando de la ruina y compara su propia vida con las goteras, las grietas y la carcoma del pazo:”Son como las arrugas de la cara las grietas de una casa, que existen cuando empiezan a importar” (40). Las retahílas inciden en la decadencia de las cosas, de las personas, del lenguaje; sin embargo frente a esa decadencia la autora deja constancia de que es posible la comunicación interpersonal, la salvación por el lenguaje, y a pesar del tono melancólico de los diálogos, es una obra que transmite esperanza e ilusión.
Pero, ¿cuáles son los temas que Carmen martín Gaite va desgranado en la novela’ Pues principalmente el tiempo y la rememoración del pasado. Así Ricardo Gullón dice que el tema central de la novela “es el tiempo y su efecto sobre las personas” . Luis Suñén defiende que “toda la novela es indagación sobre la profunda necesidad de comunicarse” ; para Santos Sanz Villanueva el problema que late en el fondo”es el de la incomunicación, el aislamiento de la persona y la necesidad de realización fuera de sí mismo” .
En la novela Germán y Eulalia rememoran sus vivencias y el deseo de contarlas es tan elocuente, que casi llegan a volver a vivir sus antiguas frustraciones, sus sueños y sus desamores. “Retahílas” es una conversación sobre la familia, las relaciones humanas, el paso del tiempo y el amor. Ricardo Gullón dice: “El argumento de la obra pudiera resumirse en una breve frase: la vida como tema de conversación” (O.cit, p.83) y más adelante el mismo Gullón pronuncia su retahíla más brillante a “Retahílas, que dice así:”Fragmentación formal, disolución de la cronología en la continuidad del presente narrativo, clausura en el espacio verbal, consistencia del personaje (…), signos de modernidad (…).”Retahílas” es, sin duda, una novela de nuestro tiempo, inserta en la línea de cambio sin estridencias, de la alteración lograda con pasos de fieltro” (O.c.89).
Recapitulando la novela es una defensa del diálogo como medio de autodescubrimiento a partir de una conversación sobre las claves de la vida entre dos seres que anhelan una realización individual a través del conocimiento de sí mismos.
Eulalia y Germán buscan las claves que les ayuden a aclarar el estado en que están sumidos; y casi de modo inconsciente, uno y otro, “alter ego”, desdoblado de la propia Martín Gaite, convienen en establecer el método para conocerse a sí mismos y lo fijan en tres pilares. El primero el diálogo que es la base de cualquier entendimiento humano y ese diálogo debe producirse con el interlocutor adecuado y en condiciones óptimas. Segundo en ese diálogo se debe hacer una reflexión sobre los valores esenciales del ser humano: la comunicación, el amor, la maternidad, el tiempo, el olvido, la familia. Y tercero creen que toda persona es el resultado de su pasado, por lo tanto habrá que revisar y analizar el tiempo vivido.
Reflexiones y recuerdos próximos y remotos tienen su cierre en el simbolismo final. La llegada del caballo blanco en la retahíla “E.Seis”:”Quieto, ven, agacha la cabeza. Es el caballo. ¡Qué cerca se oye ahora” (p.187), el mismo que imaginó Eulalia en “E.Uno”: “era un caballo negro (…), y encima iba un jinete con un sombrero raro y ropas oscuras” (p.26), lo que concede a la novela una estructura circular donde todo queda hilvanado. Ese caballo de la muerte para la abuela centenaria será el ave Fénix para Eulalia y Germán. El tránsito de la abuela y bisabuela servirá para renovar la estirpe y orientar las vidas de tía y sobrino.
La novela fue muy bien recibida por la crítica y por el público lector, de tal forma que no ha dejado de editarse desde 1974.
La lectura 36 años, después de publicada, resulta gratificante y a mí me ha producido entusiasmo por la sinceridad de las reflexiones.

Ediciones de “Retahílas”:
Editorial Destino. Colección Áncora y Delfín, 1974 (1ª edición)
Destinolibro, 1979 (Prólogo de Emma Martinell)
Destino. Clásicos Contemporáneos Comentados (Comentado por Adolfo Sotelo), 1996
Círculo de Lectores, 1989 (Prólogo de Rafael Conte)
Editorial Planeta. Clásicos de nuestro tiempo) . Barcelana 1989
Bibliotex. Las 100 mejores novelas en castellano del siglo XX. (Prólogo de Paula Izquierdo). 2001
Editorial Siruela. ( prólogo de Manuel Rivas), 2009

Novelas de Carmen Martín Gaite:
El balneario (1955), Entre visillos (1958), Ritmo lento (1963), RETAHÍLAS (1974), Fragmentos de interior (1976), El cuarto de atrás (1978), Caperucita en Manhattan (1990), Nubosidad variable (199)9, Lo raro es vivir (1996), La reina de las nieves (1997), Irse de casa (1998) y Los parentescos (2001), inconclusa, editada por Belén Gopegui.

BIBLIOGRAFÍA:
Alemany Bay Carmen. “La novelística de C.M.G. Diputación de Salamanca, 1990
Jurado Morales José.”La trayectoria narrativa de Carmen Martín Gaite. Edit Gredos. Madrid, 2003
Martín Gaite Carmen. “Retahílas”. Bibliotex. Barcelona, 2001
“ “ Destino (Comentado por Adolfo Sotelo). Barcelona 1996
“ “ Crítica (Ed. De Montserrat Escartín). Barcelona, 2002
Martinell Emma. “Al encuentro de C. M. G. Homenajes y bibliografía”. U.de Barcelona, Facultad de Filología,1997


Madrid, 4 de marzo de 2010

Anastasio Serrano

ESTUDIO DESCRIPTIVO DE "CINCO HORAS CON MARIO de Miguel Delibes

Miguel Delibes, Valladolid, 1920

La primera noticia sobre la génesis de “Cinco horas con Mario” la tenemos en una carta del 2 de agosto de 1965 de Miguel Delibes a Joseph Vergés, su editor en Destino, esto dice Delibes:”He iniciado una novela (…) en la que una viuda joven ante el cadáver de su marido (…) evoca su vida de matrimonio, que abarca, más o menos, los “25 años de paz”. El monólogo de esta mujer y los reproches al marido darán por el gusto a los censores, pero, al propio tiempo, espero que quede bien claro que la conducta de éste es la honrada y la justa a despecho de tópicos e hipocresías” .
Después viene el envío del original al editor y el pase por la censura, que es aprobada en su integridad. La novela sale de imprenta el 3 de enero de 1967 y le son enviados varios ejemplares a su autor, aunque en la 1ª edición figure 1966.
En un principio Miguel Delibes pretendía convertir a Mario , trasunto imaginario de sí mismo, en el principal protagonista de la novela narrada en 3ª persona a la manera tradicional, que reflejara el enfrentamiento entre Mario y Carmen vivos en el seno del matrimonio. Proyecto que tuvo que abandonar al darse cuenta de que aplicaba al relato una fórmula equivocada, que afectaba a la autenticidad del carácter de Mario (intelectual progresista y católico posconciliar) y además impedía enmascarar sus opiniones y por tanto sortear la vigilancia de la censura. Esto dice Delibes: “En “Cinco horas con Mario” me paré a las cien cuartillas, porque aquello no funcionaba con Mario vivo. Afortunadamente esta vez vi la luz, ayudado por la censura, porque lo que decía Mario no lo iba a permitir la censura y en esta ocasión me sirvió para encontrar la solución: matar a Mario y verlo a través de su mujer, cuyos juicios eran oficialmente plausibles” .

Pero intentemos adentrarnos en la leve trama argumental:Estamos ante la biografía de Mario y Carmen, contada por esta última, la noche en que cumpliendo la tradición, vela su cadáver. Mario, catedrático de Instituto de una capital castellana, intelectual inconformista, liberal y católico posconciliar, acaba de morir a los 49 años, el 24 de marzo de 1966, según reza en la esquela. El primer capítulo describe el ambiente de los familiares, allegados y amigos que vienen a velar el cadáver a dar el pésame.
Después Carmen, su mujer y protagonista-narradora inicia una larga reflexión o diálogo mental a solas ante el cadáver de su marido, que no le puede responder. Y a lo largo de estas cinco horas y 27 capítulos con escasa continuidad de unos a otros, Menchu va reviviendo e hilvanando los recuerdos de su vida en común.
Carmen siempre defiende una mentalidad conservadora y tradicional. Por el contrario va desvelando la personalidad de Mario, un hombre sencillo, que se desplaza en bicicleta (nada de comprar un “Seiscientos”), que escribe novelas pacifistas y publica artículos en el periódico. Mario es un hombre íntegro, que desde su puesto de catedrático nunca quiso aprovecharse de recomendaciones, ni siquiera para conseguir un piso de protección para su numerosa prole (5 hijos). Mientras que Carmen mide la dignidad de las personas por lo que tienen. No soporta carecer de una cubertería de plata, ni tener un “Seiscientos”. Su antiguo pretendiente, Paco, nuevo rico, en cambio, tiene un “Tiburón” rojo. Un asunto de conflictividad conyugal la tiene preocupada y es su relación con Paco. Se encontraron, cuando ella estaba en la parada del autobús y la llevó a las afueras en el flamante coche , la besó y la abrazó, pero no pasó nada más.
El comportamiento de Mario con Carmen tiene también sus sombras, con la supuesta infidelidad con Encarna, y sobre todo la incapacidad de comunicación con su mujer, manifestada en la noche de bodas: “Pero tú te acostaste y “buenas noches”, como si te hubieras metido en la cama con un carabinero”.Pero en Carmen hay un anhelo de explicarse ante Mario por el no consumado adulterio con Paco y obtener el perdón de su esposo.
La novela llega a su fin cuando sacan el ataúd tras la noche de velatorio en un capítulo, a modo de epílogo, que se aleja de la perspectiva de Carmen y se narra ya en 3ª persona. Interviene el hijo mayor, Mario y con su nueva mentalidad aporta esperanzas para las nuevas generaciones.

ESTRUCTURA:
Miguel Delibes dedica “Cinco horas con Mario” a su amigo José Jiménez Lozano. Tras la dedicatoria la novela se abre con una esquela, como las que aparecen a diario en los periódicos. Así pues, este primer texto literario nos presenta a Mario muerto.
A partir de aquí la novela se divide en tres partes bien diferenciadas, la primera y la última escritas en 3ª persona, que actúan a modo de prólogo y epílogo y enmarcan la parte central, la más extensa, que constituye el largo monólogo de Carmen Sotillo ante el cadáver de su marido.
La esquela tiene una misión informativa: dar a conocer del fallecimiento de alguien. Sin embargo como primera página de una novela es un texto imprevisto, no literario, un “collage”, que Delibes ha sabido aprovechar con finalidad literaria y sorprender al lector. La esquela de Mario Díez Collado nos presenta a los personajes que irán apareciendo en la novela y también muestra el mundo lleno de convenciones en el que se mueven los protagonistas. También ofrece la esquela datos de interés social como el lugar y la hora de la misa de alma, la hora de la conducción del cadáver, la dirección de la casa mortuoria y hasta la imprenta que ha confeccionado la esquela:”Gráficas Tello”.
La primera parte, que actúa a modo de prólogo, constituye una descripción, tanto física como humana de la casa mortuoria y del mundo exterior que acompaña a Carmen. Esta parte está narrada en 3ª persona y la presencia del narrador es evidente, enjuicia, valora y hasta se permite una broma culta como llamar a los empleados de la funeraria “los muchachos de Carón” .
Las cinco horas con Mario, la parte central, son el núcleo de la novela y en ellas toma la palabra Carmen sin que se advierta ninguna interferencia del narrador.
Abandonan la sala Valen y Vicente y Carmen le dice a su hijo Mario: “-Mario(…) acuéstate (…) Quiero quedarme a solas con él. Cierra la puerta. Ha apagado todas las luces menos la lámpara de pie que inunda de luz el libro que ella acaba de abrir” (p-32).
El lector se sumerge durante cinco horas- un tiempo que puede coincidir con la duración de la lectura de la novela- en la conciencia del personaje-protagonista, que de modo desordenado, hace recuento de su vida. No se trata de un monólogo seguido, sino que las cinco horas aparecen distribuidas en 27 capítulos numerados con romanos, que cada uno de ellos se abre con una cita de la Biblia en cursiva. Se trata de textos subrayados por Mario, que luego releía: “Mario-dice Carmen a Valen-leía sobre leído, sobre lo señalado. Yo ahora cogeré el libro y será como volver a estar con él. Son sus últimas horas, ¿te das cuenta?” (p-30). Carmen, saltando de un libro a otro, va leyendo distintos pasajes y esa lectura será el desencadenante de su discurso mental. Por lo demás el discurso de la viuda repite una y otra vez los mismos motivos con leves variaciones de contenido.
Con las palabras finales (capit.XXVII), pronunciadas en voz alta y presa de una gran excitación, Carmen implora el perdón de su marido muerto por el conato de adulterio con Pedro en el “Tiburón” rojo.
El epílogo está formado por conversación entre Carmen y su hijo mayor, Mario, a quien había mandado a descansar cinco horas antes. La entrada en escena del hijo supone una tercera perspectiva superadora de las dos representadas por su padre y su madre. Edgar Pauk dice: “Esta parte es la más débil de la obra, por cuanto no es necesaria e interrumpe una perfecta estructura irónica” . Sin embargo Delibes concedía una importancia decisiva a esta parte: “A mí me interesaba particularmente el epílogo, para suavizar, con la intervención del hijo, el contenido pesimista de la novela” .
El mensaje antimaniqueo de la obra: “Todos somos buenos y malos, mamá” (p-251), dirá Mario Hijo, abre las puertas a la esperanza, a la reconciliación. De esta manera el fracaso de Mario padre en su intento de llevar a cabo sus ideales queda compensado por la esperanza de que su hijo siga luchando por ellos.

En cuanto al tiempo, “Cinco horas con Mario”, es una novela de tiempo reducido. Al principio la esquela sitúa la novela en un día concreto: el 24 de marzo de 1966, fecha de la muerte de Mario y la acción de la novela terminará a las diez de la mañana del día siguiente, cuando se produzca la conducción del cadáver. El tiempo del relato es muy reducido , entre doce y catorce horas (3 horas, el prólogo, 5 el monólogo y 4 el epílogo).
Otra cosa es el tiempo evocado en la parte central, que se ensancha hasta alcanzar los 23 años de matrimonio y más atrás, como la infancia de Menchu, su ambiente familiar, los años de noviazgo, toda la vida de Carmen Sotillo.
Referente al espacio también es limitado y se amplía en la evocación. La esquela sitúa en un lugar preciso la escasa acción de la novela: “Casa mortuoria: Alfareros,6, principal derecha”, de una ciudad de provincias. Este espacio real se reduce aún más las 5 horas del diálogo sin respuesta de Carmen, se trata de un cuarto cerrado, el despacho de Mario, convertido en capilla ardiente. La evocación de la viuda amplía el espacio de la casa a la ciudad, que no se nombra, pero se trata de Valladolid, ciudad natal de Delibes. Se habla en la novela de los soportales, la Acera, el Atrio, la fuente del Ángel, la Pajarera y el Pinar, lugares estos fácilmente identificables para quien conozca Valladolid; y dentro de la ciudad, el Instituto, lugar de trabajo de Mario, el periódico, donde escribe, casas de amigos, cines y cafés. Sólo Madrid y la Gran Vía aparecen como lugares evocados fuera de la ciudad provinciana.

PERSONAJES:
Carmen, hija de buena familia (“de clase media más bien alta”) con un padre monárquico convencido, ha asimilado los valores que le fueron inculcados en su ambiente familiar y su fidelidad a ellos es casi absoluta (clasismo, autoritarismo, individualismo y énfasis de las apariencias: “quiero y no puedo”). Tiene una mentalidad convencional, la que corresponde a las costumbres de la pequeña burguesía provinciana.
Para ella la religión es una convención más, una serie de ritos que hay que seguir por costumbre. Nuestra protagonista no busca la absolución de su conato de adulterio en la confesión, como sería normal para cualquier católica de la época, en vez de confesárselo a su marido; sin embargo ella necesita que Mario la perdone.
En cuanto a la sexualidad no se muestra como una reprimida, aunque tampoco lanza las campanas al vuelo: “de sobra sabes que a mí esas porquerías ni frío ni calor (XXIV-216). Carmen no es frígida, sino que se queja de la falta de delicadeza de Mario en las relaciones sexuales. En este terreno se muestra progresista, lamenta no haber podido usar las píldoras anticonceptivas: “las píldoras esas, ya ves, cuando una ya está deformada cargada de hijos” (XVII-163). Mario tiene una posición más conservadora y machista: el matrimonio utiliza el método Ogino, el único permitido por la iglesia católica. Mario no tiene en cuenta que ella no desea una familia numerosa: “No soy de tener muchos hijos”(XIII-132). Carmen le recrimina a Mario su indiferencia hacia ella como persona y como mujer, que es admirada por otros hombres. También le reprocha su falta de erotismo en las relaciones sexuales, en las que sólo busca su propio placer: “que en seguida se te pasa y a una la dejas con la miel en los labios, ni disfrutar” (XIV-141). No siente asco por el sexo, lo que reclama es que no sea un acto puramente mecánico-reproductor, sino que esté asociado a los sentimientos. El hombre que la atrae, Paco, es seductor y cariñoso, es el prototipo de una virilidad convencional asociada al triunfo social, simbolizado en el Citroën DS “Tiburón”(por la forma del morro).
Siendo así las cosas, ¿por qué se enamoró de Mario?, que ni era atractivo, ni varonil, ni rico. Carmen se sintió atraída por su aspecto desvalido: “Yo me decía: ese chico me necesita (…) Luego sí, lo reconozco, me colé de medio a medio, como una tonta” (III-49). Se casó con Mario por amor, un amor basado en su instinto maternal y protector.
Lo que no nos cuenta Carmen son los momentos de felicidad en la vida del matrimonio. La suya es una selección negativa. De la boda sólo recuerda que no pudo ir de blanco y la no consumación del amor la noche de bodas. Nada dice de las alegrías derivadas del nacimiento de los hijos. Carmen desea el perdón de su marido muerto y abandona la cantinela negativa y le confiesa su amor: “Sólo he sido para ti” (XXVII-245)
En lo que se refiere al conflicto ideológico, Mario y Carmen son muy distintos, pero no antagónicos. Los dos representan dos variantes de la mentalidad pequeño-burguesa provinciana en los años 60: una más avanzada y la otra más conservadora.
Las discrepancias entre Carmen y Mario son más de orden pragmático que ideológico. Ella le recrimina que sea tan idealista, ingenuo e intransigente con los poderes fácticos de la ciudad, lo que le ha impedido sacar provecho para su familia (el piso de protección y el cargo de concejal por el tercio cultural). Define a Mario con tres palabras: “testarudo, iluso y holgazán” (XXVI-235), frente a “perseverante, idealista y poco práctico, que había dicho la grafóloga de “El Correo”.

Todo lo que sabemos de Mario lo sabemos por una mujer que se siente hondamente frustrada e injustamente postergada por su marido.
Mario es un católico posconciliar, pero sin llegar a posiciones radicales. Defiende a los más humildes, pero sus ideales solidarios no se canalizan a través de asociaciones o grupos cristianos de base.
En cuanto a las ideas políticas, Mario no es un militante clandestino ni ostenta una ideología marxista (socialista o comunista). Pertenece al bando de los vencedores de la guerra civil, lo que pasa es que no se siente cómodo en él.
La familia de Mario es de ideas liberales. Sus dos hermanos, uno murió en el frente con los nacionales, y el otro fue fusilado por los franquistas por sus ideas republicanas. Esta tragedia familiar es un símbolo de conflicto fratricida en que se convirtió la guerra civil y Mario quiere acabar con la división entre vencedores y vencidos.
Las relaciones de Mario con el régimen son conflictivas: se rebela contra el fraude electoral y contra la censura. Pero, a pesar de ello, escribe en la prensa y publica libros. Es un disidente que actúa en solitario. Sus conflictos no son de índole política, sino que derivan de su filosofía inconformista de la vida, que le lleva a rechazar el incipiente consumismo: el SEAT 600 por el que suspira Carmen.. El conflicto entre Mario y la sociedad que lo rodea, cuyos valores defiende acríticamnete Carmen, es básicamente ético, de valores, que se agudiza por la falta de libertad.
Mario no es el hombre perfecto, sino que también tiene contradicciones entre sus ideales y sus actuaciones; y quizá esas imperfecciones hagan más creíble al personaje. Entre los defectos de Mario tendríamos la falta de afecto y la valoración de su mujer. Carmen queda reducida a las tradicionales funciones de la mujer en la sociedad patriarcal: objeto sexual, ama de casa y madre de sus hijos. Es cierto que su matrimonio no fue feliz, pero la culpa no es sólo de Carmen. Mario no colabora en las tareas domésticas, ni en el cuidado de los niños. La educación que les da no es autoritaria, y a Carmen le parece permisiva. En resumen las ideas avanzadas de Mario sobre la religión y la sociedad no son del todo consecuentes con su vida privada, que funciona con unos roles muy convencionales y con una carencia de afecto entre la pareja.
Resulta llamativa la escasa o nula información de su labor como profesor de instituto, su dedicación profesional principal. En su esquela no figura su profesión. Ni siquiera se menciona qué asignatura imparte. Ningún ex alumno acude a su velatorio. No sabemos cuál es su talante como profesor, cómo se relaciona con sus alumnos.
Mario aparece como una figura compleja y contradictoria sobre la no están de acuerdo los que le conocen: Bertrán, el bedel del Instituto, lo define como “un hombre cabal” y la nota necrológica de “El Correo” dice: “Descanse en paz un hombre bueno”. En el epílogo encontramos tres opiniones bien distintas: “ un revolucionario” (Arronde, el boticario), “un hombre íntegro” (Moyano), “un Tartufo, que no era íntegro por serlo, sino para echar en cara a los demás que no lo eran” (Oyarzum).
Mario enfrentado a una mujer dogmática, que se rige por unos pocos principios, porque nadie la educó para otra cosa, se muestra tolerante y abierto al diálogo, pero también intransigente con sus principios, muy distintos de los de su mujer; sensible a los problemas de los marginados y a la injusta distribución de la riqueza.
Mario Díez Collado-“callado” durante el monólogo- es una figura compleja: Catedrático, periodista, escritor de novelas de contenido pacifista y asiduo de una tertulia. Es un intelectual en un medio hostil. Católico posconciliar y enemigo de los convencionalismos, hombre de gustos sencillos, como ir a su trabajo en bicicleta y liarse sus propios cigarrillos de picadura.
En el aspecto humano, en la relación de pareja, Mario en los 23 años de matrimonio nada ha hecho por elevar el nivel cultural de su mujer y romper la incomunicación. Rodeado por sus libros ha aceptado como normal, que su mujer se dedicara a las tareas domésticas sin despertar en ella inquietudes religiosas o culturales. Y algo hay de contradictorio en quien se preocupa de los menos favorecidos-pobres, locos, presos, prostitutas- y no es capaz de ver la marginación en que vive su mujer.
Por tanto podemos concluir que desde un punto de vista ideológico puede ser para muchos un modelo de intelectual honesto e idealista, pero no podría decirse otro tanto frente a su esposa.
Entre los personajes secundarios tendríamos en primer lugar a familia de Carmen, el padre y la madre, a quienes admira y siente vergüenza de su hermana Julia, porque tuvo que marcharse a Madrid después de tener un hijo con un italiano, Galli Constantino.
De la familia de Mario no se salva nadie. El padre era prestamista, José Mª era rojo y Elviro un escuchimizado.
De los cinco hijos del matrimonio, destaca Mario, el hijo mayor, tan parecido al padre. Doro, la muchacha de la casa ,admira a su señorito.
Carmen admira a quines tienen un cargo importante o tienen buena posición social, así Antonio, el Director del Instituto; Higinio Oyarzum, un hombre de sociedad, pluriempleado con 5 ó 6 cargos y a Arronde, el boticario.
Sin embargo admiran a Carmen, Eliseo San Juan, el de la tintorería, con su eterna cantinela: “qué buena estás, qué buena estás” y Paco Álvarez. Paco , símbolo del ascenso social rápido, un nuevo rico, que deslumbra a Carmen con sus millones, su coche de lujo y sus viajes. Un hombre atractivo de frases lentas y pausadas, que fuma cigarrillos rubios y se perfuma con colonia cara. Podría decirse que es la contrafigura de Mario.
Valentina, Valen es su mejor amiga y quien mejor la comprende. Casada con Vicente Rojo, pertenece a una de las mejores familias de la ciudad. Esther es una amiga de toda la vida, pero no goza de las simpatías de Carmen. Es muy moderna, muy leída, se las da de intelectual, casada con Armando y admira a Mario.
Los amigos de Mario, sus contertulios son : Moyano,”el de las barbas”, don Nicolás, director de “El Correo”, un ser aborrecible, de la “cáscara amarga”; y Aróstegui que en el epílogo se refiere a Mario como un “Hombre íntegro”.
Otros personajes que aparecen fugazmente en el relato son Hernando de Miguel, a quien Mario rechazó un lechazo; Crescente, el de la tienda de ultramarinos, siempre al acecho con el motocarro y Maximino Conde, cuya vida amorosa hubiera resultado un excelente argumento para una novela comercial.

Todo el monólogo de Carmen se apoya en la ficción de que Mario puede oírla. De ahí la importancia de la función apelativa del lenguaje. Vocativos, a veces cariñosos, otras peyorativos o burlescos: “Cariño, hijo, borrico, adoquín, zoquete, pedazo de holgazán”. La llamadas de atención en imperativo son muy frecuentes:“oye, di, fíjate, entérate, toma ejemplo” y también la exclamaciones y preguntas retóricas: ¿eh?, ¿no lo sabías?, hala, qué horror”.
Pero donde Delibes se muestra maestro del idioma es en el lenguaje coloquial de Carmen. Delibes, mientras escribía la novela, realizó un proceso de inmersión lingüística para captar y reproducir los giros, los ritmos y las modulaciones de una mujer de la clase media provinciana. El discurso de Carmen fluye con naturalidad, con autenticidad, sólo comparable a los diálogos de “El Jarama” de R. Sánchez Ferlosio.
El habla de Carmen es convencional y reproduce tópicos, estereotipos y clichés lingüísticos. Buena parte de esos tópicos proceden de su madre: “Mamá siempre lo decía”. Se trata de ideas conservadoras, que defienden que las cosas son como son y siempre han sido así, por lo que es absurdo cambiarlas. Veamos algunos ejemplos: “Cada uno debe arreglárselas dentro de su clase con se hizo siempre” (V-66); “siempre hubo ricos y pobres, Mario” (VI-70); las cosas tienen que ser así porque así han sido siempre” (XV-146).
Para reforzar estos tópicos conservadores, Carmen recurre a las frases hechas: “no es oro todo lo que reluce”, “sin decir oste ni moste”, “sin ton ni son”; a comparaciones fosilizadas: “más visto que el TBO”, “más terco que una mula”, da más guerra que un hijo tonto”; a refranes: “el que tiene padrino se bautiza”, “cada oveja con su pareja”.
Y para dar más autenticidad al habla de Carmen, Delibes reproduce errores gramaticales, propios del habla de Castilla: laísmo, loísmo y leísmo: “la hice daño”, la agradasen las esquelas”, con qué cara voy a contestarlos”, “aún les hay”. También usa Carmen el artículo delante de los nombres propios: El don Nicolás, el Aróstegui, el Moyano”.



SIGNIFICACIÓN:
El título de la novela “Cinco horas con Mario” no se ajusta totalmente a la verdad, después de leída, esas cinco horas son ,en realidad para el lector “Cinco horas con Carmen”. Hecha esta observación Carmen y Mario ambos son coprotagonistas del relato, si bien el autor parece que quiere privilegiar a Mario, ya desde el título.
En lo que se refiere a los nombres tenemos por una parte a Carmen (nombre de mujer, verso latino y quinta con jardín del Albaicín granadino), pero sobre todo es un nombre muy común de la mujer española. También aparece en la novela con el diminutivo Menchu. El apellido Sotillo, diminutivo de soto, significa terreno algo elevado a la orilla de un río con árboles. Así pues de su nombre y de su apellido podemos deducir que nuestra protagonista es una mujer corriente y ramplona de la pequeña burguesía provinciana.
En cambio Mario Díez Collado, su nombre no es tan común ni castizo como el de Carmen; y el segundo apellido COLLADO designa una elevación del terreno sin árboles, según lo cual la figura de Mario quedaría más elevada que la de Carmen.
El tema central de “Cinco horas con Mario” es la incomunicación de los dos personajes Carmen y Mario, que representan a las dos Españas que se enfrentaron en la guerra civil. Y esta incomprensión es por ambas partes. Hay un rechazo y una intolerancia a las ideas del otro, porque todas las ideas de Carmen tampoco son negativas. La novedad de la novela consiste en analizar desde dentro de un personaje las ideas y la mentalidad de las clases medias españolas que se sentían a gusto con el régimen. Delibes utiliza la ironía para comunicarse con el lector o éste realiza un contramonólogo para captar el mensaje.
Carmen con su monólogo trata de justificarse y defenderse ante Mario y así sus ataques se vuelven contra ella, es el juego de la ironía. Es egocéntrica, poco culta, anticuada, dominadora, sólo se preocupa de lo superficial y de lo material; mientras que Mario, tiene una buena biblioteca, lee, comparte opiniones, es honesto y lucha por los derechos de los más desfavorecidos. De esta forma consigue Delibes criticar las estructuras de los años 60 de forma indirecta, sorteando la posible censura y plasmar el choque de dos mentalidades: la de Carmen de ideas conservadoras, espíritu reaccionario, prejuicios, hipocresía y convenciones sociales y la de Mario de ideas y actitudes abiertas, progresista, intelectual, tolerante compasivo y justo.
“Cinco horas con Mario” se leyó, cuando se publicó, como un hiato entre los católicos tradicionales y los posconciliares. Más tarde, en la transición, se hizo una lectura política: el conflicto ideológico entre las dos Españas, Carmen se identificaba con el franquismo y Mario con el antifranquismo y en la actualidad hay una tendencia a fijarnos más en el aspecto humano de la pareja.
También tiene importancia como documento sociológico y el gran valor del lenguaje coloquial de Carmen.
La novela es pesimista y amarga, de una estructura novedosa en el fondo y en la forma. Y el mensaje final, cuyo portavoz es Mario hijo, abre una puerta a la esperanza y a la reconciliación de las dos Españas y de los individuos.
“Cinco horas con Mario” fue muy bien recibida por la crítica, Guillermo Díaz-Plaja en ABC (1967), Joaquín Marco en “Destino”(1967), José Domingo en “Ínsula” (1967), todos destacan el valor del lenguaje coloquial de Carmen, la carga política, la ironía y la crítica a la anquilosada sociedad del momento e Isaac Montero en la “Revista de Occidente”(1968) habla de “la descripción del limbo femenino y burgués español”.
La novela, a su vez, fue bien recibida por los lectores, de tal forma que en dos años salieron 3 ediciones, la primera con 35.000 ejemplares. Se ha editado 32 veces en la colección “Ancora y Delfín de “Destino” hasta 2004, después de editó en Destinolibro;
También ha sido editado por Salvat (1971), por Orbis (1984), por el Círculo de lectores (1984), en 1995 se editó en la colección “Clásicos Contemporáneos Comentados” de Destino, con una espléndida introducción de Antonio Vilanova , que en 2004 se edita la 9ª edición, por Planeta(1996) y por la Colección Austral en 2007.
El mismo Delibes, asombrado ante la reacción de los lectores comentó a Javier Goñi (Ob. Cit. pp.84-85): “No sólo no tuve ningún problema con esta novela, sino, que, además, nadie se reconoció en ella, esto es lo que más me chocó, personas de las que yo había tomado frases enteras, discursitos, tics, pues nada, me decían lo bien que lo habían pasado leyendo mi novela, cuánto se habían reído, cuánta razón tenía, y yo no salía de mi asombro”. ¿Entonces?.
Las traducciones también han sido numerosas: al rumano (1970), al checo (1972), al inglés (1972), al ruso (1975), al alemán (1976) y al italiano (1982).
Además de todo el éxito de crítica y de ventas en 1979 se estrenó en Madrid una adaptación teatral de “Cinco horas con Mario”, realizada por Delibes, una versión resumida y actualizada. Suprime las citas bíblicas, los personajes secundarios, reduce los recursos lingüísticos coloquiales, añade acotaciones teatrales y dinamiza el monólogo. Esta versión fue interpretada por la actriz Lola Herrera con gran éxito de público por toda España.
En 1981 se estrenó la película “Función de noche” dirigida por Josefina Molina y protagonizada por Lola Herrera y su ex marido Daniel Dicenta. Esta película no era un versión para el cine de la novela, sino un documental de la crisis de pareja. Así pues el tema planteado en la novela ha ido evolucionando hacia la crisis de pareja en detrimento del contexto (renovación del catolicismo, desarrollismo, franquismo).

NOVELAS DE DELIBES:
La sombra del ciprés es alargada, 1948; Aún es de día,1949; El camino, 1950; Mi idolatrado hijo Sisí, 1953;La hoja roja,1959, Las ratas, 1962; CINCO HORAS CON MARIO,1966; Parábola Del náufrago, 1969; El príncipe destronado,1973; Las guerras de nuestros antepasados,1975; El disputado voto del señor Cayo,1978; Los santos inocentes, 1981; Tres pájaros de cuenta,1982; Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso,1983; El tesoro, 1985; 377ª, madera de héroe, 1987; Señora de rojo sobre fondo gris,1991; Diario de un jubilado, 1995 y El hereje,1998.

BIBLIOGRAFÍA:
.Alonso de los Ríos César.”Conversaciones con Miguel Delibes”. Destino. Barcelona, 1995
.Edgar Pauk.”Miguel Delibes: Desarrollo de un escritor(1947-1974). Edit. Gredos. Madrid, 1975
.Medina-Bocos Amparo.”Cinco horas con Mario” de Miguel Delibes. Guía de lectura. Edit Alhambra.Madrid, 1989.
.Sobejano Gonzalo.”Novela española de nuestro tiempo”. Edit. Prensa Española. Madrid, 1970
“Cinco horas con Mario” (Versión teatral)Selecciones Austral Madrid, 1981.
.Villanueva Darío. “Estructura y tiempo reducido en la novela”.Edit Anthropos. Barcelona,1994.

Madrid, 4 de febrero de 2010.









Portada de la 1ª edición, 1966

sábado, 12 de diciembre de 2009

ESTUDIO DESCRIPTIVO DE "EL FULGOR Y LA SANGRE" de I. Aldecoa

Ignacio Aldecoa, Vitoria, 1925, Madrid, 1969

Ignacio Aldecoa comenzó a escribir poesía, luego publicó diversos libros de cuentos y en 1954 publica su primera novela: “El fulgor y la sangre”, que fue finalista del Premio Planeta, siendo la novela ganadora:”Pequeño teatro” de Ana Mª Matute. La novela tendría una continuación, aunque con una acción distinta en “Con el viento solano” .
Aldecoa había proyectado escribir tres trilogías que no completó. La primera, “La España inmóvil”, dedicada al mundo de la Guardia Civil, los gitanos y los toreros. A esta primera trilogía corresponden “El fulgor y la sangre”(1954) y “Con el viento solano” (1956). La segunda trilogía estaba dedicada a los hombres del mar y escribió, “Gran sol” (1957) y trata del mundo de los pescadores de altura y la tercera pensaba dedicarla al mundo de la mina y a los trabajadores del hierro, pero ni siquiera la comenzó.
Para el comienzo de la escritura de la novela se produjo una génesis externa que motiva la situación novelesca inicial. Así explicaba Aldecoa el primer fogonazo de su novela: “Dando vueltas por Castilla, sin rumbo, yendo con Josefina por la carretera de Extremadura, en Maqueda vi un castillo dentro del cual había un Cuartel de la Guardia Civil. Aquello fue el primer golpe del tema. Luego vino la coincidencia de una noticia periodística, de esas tan corrientes, de reyertas de gitanos, y ya estuvo allí la idea de la novela” ( en “Pueblo”, 5/5/1957: “Así trabaja Ignacio Aldecoa de Julio Trenas”).

Pero veamos cuál es su argumento: En las afueras de un pueblo de Castilla la Nueva, en el cuartel de la Guardia Civil(construido dentro de las murallas de un castillo) viven un cabo (comandante de puesto) y cinco guardias civiles con sus familias. La historia se ordena en 7 capítulos titulados con las horas que van desde el mediodía de un ardiente verano (el fulgor) hasta el crepúsculo, cuando se recibe la noticia por teléfono, que uno de las dos parejas, que prestan servicio en la feria, ha sido asesinado (la sangre), sin especificar el nombre. Se enteran primero las esposas de los guardias que están en el cuartel, y éstas han de preparar a las otras para la noticia. Las tensas horas de la espera son interrumpidas por el narrador para contar el pasado de las mujeres , una a una, antes de ser esposas de los guardias civiles. Las presenta desde la infancia hasta el presente y a cada una de ellas le dedica uno de los capítulos, alternando el pasado (tiempo evocado) con el tiempo presente (vivido), que rompen la tensión de la espera.
Al atardecer (crepúsculo) traen el cadáver del cabo Francisco Santos, el único soltero del cuartel, a quien un gitano le ha disparado un tiro de pistola en la feria del pueblo. La vida sigue. El guardia Baldomero recibe la orden de perseguir al asesino y piensa en él, imaginándoselo en la noche, miedoso y sin rumbo: “Un hombre caminaba en la noche, a través de los campos, sin dirección fija, azuzado por el miedo” .

ESTRUCTURA : “El fulgor y la sangre” está estructurada en 7 capítulos, cada uno con su título, que van señalando el paso del tiempo; que va del “Mediodía”(primer capítulo) al “Crepúsculo” (el 7º). Además cada capítulo está dividido en dos tipos de secuencias; unas van separadas por asteriscos que van alternando y marcan el tiempo vivido(presente) y el tiempo evocado. El otro tipo de secuencias se separan por medio de espacios en blanco y las encontramos tanto dentro del tiempo vivido como en el evocado. Dentro del tiempo vivido separan espacialmente, mientras que en el evocado la separación es tanto espacial como temporal.
Los capítulos llevan títulos, que señalan las horas del día, comenzando por el “Mediodía, Dos de la tarde, Tres de la tarde, Cuatro y media, Seis de la tarde, Siete de la tarde y Crepúsculo”. El primero y el último abren y cierran la intriga del relato primario de la novela, cuya duración aproximada es de unas nueve horas, desde unos minutos antes del mediodía hasta el crepúsculo de un atardecer veraniego del mes de julio. Y también es el tiempo aproximado que un lector normal emplearía en la lectura de toda la novela.
Al principio, “Mediodía”, se recibe en el castillo, que sirve de Casa-Cuartel a la Guardia Civil en un innominado pueblo de Castilla-La Mancha(“El timbre del teléfono corrió nervioso las cuatro paredes” (27), una vaga y funesta noticia: “han matado a uno de los nuestros. Ha sido en el campo. Un pastor ha llevado la noticia al pueblo. Hubo esta mañana lío en a feria” (27). Las parejas Baldomero Ruiz y Cecilio Jiménez, Guillermo Arenas y el cabo Francisco Santos han salido por la mañana de servicio para la feria de un pueblo cercano, cualquiera de ellos puede ser la víctima, solo al final se resolverá la angustiosa espera, cuando llegue al cuartel el cadáver del cabo, el único soltero del cuartel. El asesino fue un gitano borracho que armó una zaragata en la feria y al ser perseguido por las dos parejas alcanzó con un tiro de pistola al cabo Francisco Santos, huyendo después.
En los cinco capítulos centrales la acción del relato primario es lineal y escueta: Ruipérez y Pedro, pareja de servicio en el cuartel comunican la noticia a sus respectivas esposas y éstas a las tres mujeres de los guardias que han salido de servicio a la feria. Y no sucede más. Y es que a Aldecoa no le interesa el potenciar el “suspense”, sino utilizar el suceso como pretexto para presentarnos cinco historias, las de la cinco mujeres de los guardias, desde su infancia hasta el momento presente. A cada una de ellas dedicará un capítulo alternando el relato del tiempo vivido y del tiempo evocado.
Así a las “Dos de la tarde” conocemos la vida pasada de Sonsoles, huérfana, interna en un colegio de monjas, acogida, después, en casa de unos tíos paternos, donde conocerá al guardia Pedro Sánchez. En el capítulo siguiente, “Tres de la tarde nos informa de la suerte de Felisa, hija de un obrero, madre de 4 hijos y esposa de (Regino) Ruipérez. “Cuatro y media de la tarde”, aquí entra en escena María Ruiz, maestra de profesión, hija de un militar retirado y esposa de Baldomero Ruiz (matrimonio sin hijos). A las “Seis de la tarde” el narrador nos informa de Carmen, peluquera madrileña, de familia obrera, que se casa con Cecilio Jiménez. A “Las siete de la tarde” se nos ofrece la historia de Ernesta, hija de un labrador pobre extremeño y esposa de Guillermo Arenas.
Sonsoles recuerda el asesinato de su padre el 5 de mayo de 1937. El padre de Felisa fue detenido el mismo 18 de julio de 1936 y estuvo varios años en la cárcel. María asistió en el pueblo de la sierra, donde ejercía de maestra, al fusilamiento del cura. Carmen vivió la guerra en Madrid y Ernesta y vio la recluta de los mozos del pueblo para la guerra. Todos estos relatos evocados (analepsis) rompen la tensión de la espera y la desvían hacia unas vidas vulgares, cuyos ideales, frustraciones y esperanzas nos quiere transmitir, que es, al fin y al cabo, la vida de una generación traumatizada por la experiencia de la guerra civil y el castillo (casa-cuartel) actúa como metáfora de la existencia. El mismo Aldecoa lo dice en una entrevista: “Yo he visto y veo (…) cómo es la pobre gente de España. No adopto una actitud sentimental ni tendenciosa. Lo que me mueve, (…) es el convencimiento de que hay una realidad española, cruda y tierna, a la vez, que está casi inédita en nuestra novela” .
Al final,”Crepúsculo”, se produce el desenlace y se cierra la acción comenzada en “Mediodía”. Sigue la estructura alternante del tiempo vivido y el evocado. En el tiempo presente la acción avanza linealmente hasta la llegada del cadáver del cabo al cuartel y en el tiempo evocado el propio cabo Francisco Santos relata su vida antes de ingresar en la Guardia Civil.
Llega el nombramiento del nuevo cabo y la orden de perseguir al asesino.
La naturaleza de despide en un horizonte de sangre: “vaca desollada lo llamaban los campesinos”
Sin embargo el verdadero estructurador de la novela es el tiempo.

TIEMPO: El tiempo vivido está rigurosamente marcado a lo largo de la novela por la alternancia en la guardia de los dos números que han quedado de servicio en el cuartel: “Ruipérez dijo, mirando a su reloj:
- Ya es la una menos cuarto. Voy a relevarte” (28)
Pero además de las horas del reloj que van marcando los relevos, está el movimiento del sol, desde el mediodía hasta el poniente, que va marcando con su sombra, el paso lento del tiempo, con menos exactitud, pero con más densidad significativa. Así tenemos la metáfora del hombre reloj de sol: “Las doce con las dos agujas, el fusil y el hombre, unidas, sin sombra” (22-23). Y poco antes del crepúsculo: “Del servicio, (…) meditaba Ruipérez, mientras el fusil y el hombre formaban una larga sombra en el umbral de la puerta del castillo” (280).
Además hay otro recurso para mostrar el paso del tiempo en los personajes, como las referencias al aspecto físico de las mujeres, así. “En la cabeza de Sonsoles aparecieron las primeras canas. El trabajo cotidiano, monótono, igual, la desgastaba suave, paulatinamente” (54). Pedro al contemplar a su mujer observa. “Sus amplias caderas, sus grandes nalgas, sus gordas y toscas piernas, en otro tiempo, recordaba, ágiles y bien formadas.¡Cuánto podía el tiempo!”(60) y por último María al mirarse en el espejo exclama: “Estoy vieja, pensó, vieja y cansada, si siquiera hubiera tenido un hijo…”(157).
Luego ya vendría el tiempo presente que viene marcado por los títulos de los capítulos: mediodía , dos de la tarde hasta el crepúsculo, que forman las 9 horas de espera en el cuartel, que han constituido la anécdota generadora del relato y éstas se ensanchan hacia el pasado de las mujeres con un alcance de hasta 20 años atrás.
En efecto se da una alternancia entre el tiempo vivido y el tiempo evocado como principio organizador de las secuencias narrativas. El tiempo vivido (el presente) es la tensa espera en el cuartel desde el mediodía hasta el crepúsculo y tiene un tratamiento lineal. En el primer capítulo, “Mediodía”, se nos cuenta la noticia que reciben por teléfono -“El teléfono, como objeto mortuorio, sobre una repisa”(25)- : han matado a uno de los guardias que han salido de servicio, pero no se sabe a quién.
El segundo plano de la ficción, el tiempo evocado, se descompone en cinco historias, las de las cinco mujeres que habitan la casa-cuartel y son cinco historias que intercalan en las horas del tiempo vivido del mediodía al crepúsculo y esto permite al narrador evocar las biografías de las cincos mujeres, que son las protagonistas de lo evocado. En el paso de la narración del tiempo vivido al evocado no se da ningún tipo de cambio de perspectiva narrativa, es el mismo narrador en 3ª persona, situado fuera del relato (heterodiégetico). Se trata, pues, de un narrador objetivo de la novela moderna, que renuncia a la omnisciencia narrativa, que no sabe más que los personajes.
Las analepsis permiten introducir, en las horas de espera monótona del cuartel, la vida de las cinco mujeres, de sus familiares y de los guardias. Los relatos evocados empiezan en la infancia de las mujeres y el narrador da noticia de tres hitos importantes de la España reciente: la proclamación de la 2ª República en 1931; la revolución de octubre de 1934 y la guerra civil de 1936.
El narrador observa el mundo a través de sus ojos-y con la memoria-de sus personajes, de esta forma nos ofrece la vivencia que de esos hitos históricos ha tenido cada uno de los personajes y su pervivencia en la memoria y en el destino posterior de los mismos.
Conocemos la historia de todos los habitantes del cuartel a través de las cinco analepsis, pero falta la “pre-historia” del cabo Francisco Santos, el único soltero de los guardias del cuartel; por tanto la vida del cabo tendrá que contárnosla él mismo. Así pues, en el último capítulo,”Crepúsculo”, el cabo Santos cuenta a su pareja, el número Guillermo Arenas,la historia de su infancia cuartelera, de su vocación de músico militar truncada por la guerra civil. Pero en el tiempo vivido del último capítulo el cabo Francisco Santos está muerto y no es verosímil que los muertos cuenten historias. Aldecoa recurre a una anacronía de segundo grado: desde el tiempo vivido, al crepúsculo cuando la comitiva fúnebre penetra en el cuartel, retrotrae la ficción a la mañana de ese mismo día, cuando las dos parejas (Baldomero y Cecilio), Francisco Santos y Guillermo descienden del cuartel para la feria y el cabo Francisco Santos distrae la monotonía de la marcha con el recuerdo de la adolescencia. Sería, pues, un relato dentro del relato.
El ritmo narrativo es uno de los recursos que Ignacio Aldecoa utiliza para reflejar la monotonía y la lentitud de la espera. El ritmo del tiempo vivido es lento, mientras que el del tiempo evocado es mucho más rápido, pues es el relato por lo menos de unos 20 años, desde la infancia de las mujeres hasta sus bodas. El relato del tiempo vivido es continuamente suspendido por el relato evocado y así prolonga su duración y hace que el tiempo vivido tenga un ritmo todavía más lento.

EL ESPACIO: La acción de la novela se desarrolla en un pueblo de Castilla La Nueva, dentro del perímetro de un castillo convertido en Casa-Cuartel de la Guardia Civil, situado en lo alto de una loma y cerca del pueblo. Tan solo el asesinato se produce en la feria del pueblo vecino.
Luego a través de las evocaciones de los personajes, sobre todo de las cinco mujeres y el cabo, se nos presentan otros espacios tanto rurales como urbanos. Cabría destacar entre ellos a Madrid. Esos dos espacios nombrados tienen un valor simbólico importante para la novela. El castillo simboliza la monotonía, la soledad, el cumplimiento del deber y la falta de futuro. Madrid, en cambio, simboliza la salida, el espacio soñado y deseado, la libertad para los personajes y el futuro para sus hijos.
Además el castillo-cuartel (las murallas) comprendería el espacio de toda España y simbolizaría la situación político-social de los años 50 y extendiendo más el diámetro de la circunferencia simbolizaría la existencia humana (el “ser para la muerte”) de las corrientes existencialistas de la época.

PERSONAJES. En “El fulgor y la sangre” el protagonista es colectivo y lo forma el grupo de habitantes de la casa-cuartel con un pasado similar, con sus diferencias, un presente común y un previsible destino análogo. Los leitmotives son la soledad, la monotonía, la desesperanza, el hastío y la necesidad del traslado.
Pero, a pesar de ello, tenemos personajes principales en lo individual, que son las cinco mujeres, después los 6 guardias civiles y con mucha menos importancia los niños.
Los personajes secundarios del tiempo vivido serían el cura, el alcalde y el cartero.
Los personajes del tiempo evocado constituyen una prolongación de las mujeres en su entorno familiar durante su infancia o adolescencia; entre ellos tendríamos a Juan Martín, padre de Felisa, el hermano mayor de Felisa y Paulino.
Las mujeres: Felisa era la mujer de Ruipérez, trabajadora desde muy joven. A Sonsoles le gustaba mucho hablar con Felisa. Tiene bondad, egoísmo y religiosidad. María es la más culta e inteligente, maestra de profesión, que no ejerce por los sucesivos traslados de su marido. Está frustrada en su maternidad. Carmen, histérica y agresiva con hábitos arrabaleros. Ernesta es la más joven de todas, infantil y con falta de personalidad.
Los hombres están menos caracterizados. A (Regino) Ruipérez, porque no le gusta que le llamen por el nombre, le gusta la caza y a Baldomero la pesca. El cabo Santos suele ser inflexible con la ordenanza y todos aparecen encadenados al deber. Todos tienen estas cualidades: honestidad, gravedad y una formación patriótica y militar acorde con los tiempos.
En cuanto a los niños, ninguno destaca por una personalidad definida. Son inocentes, ingenuos y se entregan a los juegos y a las travesuras, aún siendo hijos de guardias, ajenos a las preocupaciones de los mayores.
Por último el personaje de los gitanos es marginal. Se les presenta como hábiles y astutos en la trata de ganado, además de pendencieros e impulsivos en sus reacciones.
Estos personajes son perdedores materiales y morales, todavía en la postguerra, perteneciendo al bando vencedor y representándolo desde puestos de autoridad. Pero ¿qué ganaron estos vencedores? ¿Son vencedores o vencidos?
Una constante marca la vida de estos personajes: la necesidad del traslado, salir del castillo, buscar otra realidad, aunque pueda ser parecida, sobre todo pensando en el futuro de los hijos y Madrid está en el deseo de todos.

SIGNIFICACIÓN: Jesús Mª Lasagabaster, en “La novela de Ignacio Aldecoa: De la mimesis al símbolo”. SGEL. Madrid, 1978, propone tres niveles de significación en “El fulgor y la sangre”:
1. El nivel tópico-anecdótico en el que “El fulgor y la sangre” es una novela sobre la Guardia Civil.
2. El nivel socio-histórico que haría referencia a la historia contemporánea de la España inmóvil.
3. El nivel filosófico-existencial, en el que el espacio-tiempo de la vida en el castillo casa-cuartel se convierte en metáfora universal de la existencia humana.
En cuanto al primer nivel la intención de Aldecoa no es representar el tópico de la guardia civil y el gitano, sino destruirlo, dándole sentido. En efecto en este nivel tenemos el tiempo real de la anécdota que son la nueve horas que van del mediodía al crepúsculo, de un día del mes de julio de 1952. Sobre ese tiempo vivido se asienta el primer estrato semántico de la novela: la monotonía alienante de la vida en un aislado cuartel de la Guardia Civil en un pueblo de Castilla La Nueva. Esta monotonía se ve alterada por la muerte de un guardia por un gitano, cuando hacía el servicio en la feria de un pueblo cercano. La noticia, que se comunica por teléfono, va sacudiendo a la gente del cuartel, primero a los dos guardias y luego a las cinco mujeres.
A la hora del crepúsculo el guardia Ruipérez, desde el puesto de guardia, descubre que en las angarillas, dos campesinos sostienen el cadáver del cabo Francisco Santos. En este nivel tópico-anecdótico el novelista se ha fijado en la vida diaria del cuartel, en el traslado como única salida para el porvenir de los hijos, los riesgos del oficio y la conciencia del deber; y todos estos elementos contribuyen a hacer verosímil la historia que se cuenta. Según esto “El fulgor y la sangre” puede ser considerada como una novela sobre la Guardia Civil.
Pero hay otro sentido más importante, que se produce a medida que avanza la escritura del texto novelesco. Así tendríamos el nivel socio-histórico y mediante las cinco historias de las mujeres, la vida del cuartel se inserta en un devenir histórico. Aldecoa sitúa-como se ha dicho- la acción de la novela en el presente histórico, en la tarde del 22 de julio de 1952 y por medio de las “pre-historias” de los personajes da perspectiva y significación histórica a lo ocurrido ese día en el cuartel.
Todos los habitantes adultos del cuartel han sufrido la guerra, algunos, incluso, han sido combatientes (Pedro, Cecilio,Ruipérez) y de la dureza de la guerra este colectivo humano ha coincidido en la vida dura del cuartel y en este sentido podemos decir que el cuartel es la imagen literaria del resultado histórico de la guerra civil. Es como si las murallas del castillo en ruinas, donde está ubicado el cuartel se ensancharan hasta abarcar toda la extensión de España y los habitantes del castillo son la generación que en la España de 1952, en plena autarquía, desea y sueña una salida hacia la libertad.
Probablemente Aldecoa ha plasmado en la ficción novelesca sus propias frustraciones y su amargura de intelectual, nacido en 1925 y condenado a vivir dentro de las murallas de ese castillo simbólico.
El castillo (casa-cuartel) del “El fulgor y la sangre”, monotonía y angustia para las mujeres, presente sin futuro para sus hijos, vendría a ser una interpretación metafórica de la España de los primeros 50, vista con los ojos de Aldecoa, intelectual y escritor para quien el oficio de escribir se identificaba con el tener una actitud ante el mundo (“Ser escritor es, antes que nada, una actitud en el mundo” .Luis Sastre. Entrevista a I. Aldecoa, en “Destino”, dic. 1955).
En este espacio-vida ,el cuartel funciona a nivel claramente connotativo, los personajes pierden su individualidad, se socializan y pasan a significar una situación colectiva. Pasan a ser la pobre gente de España, marcada por la guerra, y condenada a vivir, entre la frustración y la espera, el hastío material y espiritual, limitado a los lados por las murallas y por arriba por inmenso cielo azul.
Y por último el nivel filosófico- existencial: La casa-cuartel como metáfora de la existencia. Así el espacio del castillo., con sus connotaciones de encierro, de aislamiento, soledad y angustia se convierte en espacio-límite, donde el hombre es enfrentado a su propia condición humana. Sobre ese espacio desolado del castillo sobrevuela la realidad de la muerte, unificando los diferentes tiempos de la historia; el presente sacudido por la noticia del asesinato del cabo y convertido en angustiosa espera, hasta conocer la identidad del guardia muerto; el pasado, cuya evocación de la guerra, que mata vidas o trunca proyectos de vidas, y el futuro, donde la muerte se identifica con el traslado (llega la noticia del traslado del cabo Francisco Santos) ,y como dice Carmen: “Parece que se han dicho: ésos se tienen que quedar aquí hasta que se mueran”(198).
El desenlace es agridulce, de alivio momentáneo, porque ninguna de las mujeres ha quedado viuda, pero su vida sigue abocada, de nuevo, al sufrimiento, la soledad y la angustia del presente. El nombramiento del otro cabo supone el restablecimiento del orden alterado y cierra cualquier esperanza a la novela.
“El fulgor y la sangre”, novela social, existencial y neorrealista, se encuadra dentro del realismo simbólico en el que los espacios, las historias y los personajes no se definen por lo que son, sino por lo que significan, así el castillo actúa como metáfora de la España de los años cincuenta y de la condición humana en general
La novela, por otra parte, fue muy bien acogida por la crítica más responsable (Alborg, J.L.,1962, Nora, 1973, Soberano, 1975, Lasagabaster, 1978, Sanz Villanueva, 1980, Esteban Soler, 2004) y desde su publicación en diciembre de 1954 ha sido reeditada por la editorial Planeta en múltiples ocasiones; también ha sido publicada por el Círculo de Lectores, 1969 y por Espasa-Calpe, 1996 y 2004; y es una pena, que una obra de calidad literaria indudable, esté descatalogada en este momento (diciembre de 2009).

NOVELAS DE IGNACIO ALDECOA:

El fulgor y la sangre(1954), Con el viento solano(1956), Gran Sol (1957), Parte de una historia (1967)

BIBLIOGRAFÍA:
. Aldecoa Ignacio. “El fulgor y la sangre” (prólogo de José Manuel Caballero Bonald)
Colección Austral. Madrid, 1996. Ejemplar de lectura y citas.
. Esteban Soler Hipólito. “Configuración y lectura de El fulgor y la sangre : Publicaciones de la U. de Málaga, 2004
. Lagasabaster, Jesús Mª. “La novela de Ignacio Aldecoa: De la mímesis al símbolo”.SGEL. Madrid, 1978
. Lytra Drosoula. “Aproximación crítica a Ignacio Aldecoa” (Compilación e introducción)Selecciones Austral. Espasa-Calpe. Madrid, 1984
. Nora Eugenio de .”La novela española contemporánea (1939-1967)”. Segunda edición ampliada. Gredos, Madrid, 1973
. Villanueva Darío.“Estructura y tiempo reducido en la novela”. Anthropos. Barcelona, 1994.


Madrid, 3 de diciembre de 2009

miércoles, 28 de octubre de 2009

NUEVA LECTURA DE "LA FAMILIA DE PASCUAL DUARTE"



Camilo José Cela, Iria Flavia (Padrón), La Coruña, 1916- Madrid, 2002


El futuro premio Nobel de Literatura 1988 escribió “La Familia de Pascual Duarte” entre 1940 y enero de 1942 en la oficina del Sindicato Nacional Textil, donde trabajaba como escribiente. También escribió la novela en casa de su novia (Mª del Rosario Conde Picabea con quien se casaría en 1944) y la concluyó en su casa, en la cama, con motivo de una seria enfermedad: “A fines de 1941 (…)caí enfermo. Mi novela estaba no sé si casi terminada o aún por su mitad, o poco más. Lo cierto fue que el día de Reyes de 1942 llamé a mi madre, le pedí los cuadernos donde la iba escribiendo y redacté-para poner punto final- las cartas del cura y del guardia civil”[1].

Una vez terminado el manuscrito viene la búsqueda obligada de editor, que fue laboriosa. Y uno de los primeros lectores y entusiasta del manuscrito fue José Mª de Cossío, a quien regaló y dedicó el manuscrito: “Para José Mª de Cossío, culpable máximo de que esto haya llegado a publicarse, con un abrazo de Camilo José Cela (firma). Fecha en números romanos 1941”[2]. Cossío trata de buscar editor. Pero en el peregrinaje por la editoriales, Cela, cita tres rechazos: la Revista de Occidente, que aduce que hay escasez de papel; Afrodisio Aguado: usted todavía es joven y puede cambiar de oficio; Ediciones Cigüeña de Fermina Bonilla: “-Mire, su libro está muy bien, pero yo no se lo puedo editar(…) de su libro no se vendería más allá de diez o doce ejemplares” (Ob. Cit, 14); pero antes de que prosperaran las recomendaciones de José Mª de Cossío con el editor catalán José Janés, se cruza el joven médico Rafael Aldecoa, hijo del general Aldecoa fundador de la Editorial Aldecoa de Burgos y le dijo:“Yo te la edito”(15)

Así pues, continúa C.J.C.. “Pascual Duarte nació para mí (…), el 28 de diciembre de 1942 (…) en un garaje que hay en la calle Alenza, número 20 (…)y que se llama Continental-Auto” (15), línea de autobuses que hace el servicio de Madrid a Burgos y viceversa, transportando viajeros y equipajes. Ese día C.J.C. recibió 100 ejemplares de la edición corriente y 10 en papel de más calidad.

Ya tenemos en la calle la 1ª edición (tan deseada) de “La familia de Pascual Duarte” impresa en Burgos, en la imprenta Aldecoa, Diego de Siloé, 20, Burgos. La portada lleva una viñeta sobre un dibujo de Domingo Viladomat, donde se ve a Pascual Duarte afanado con sus cuartillas y aparece, también, una horca diminuta. Se tiran 1500 ejemplares. La crítica le fue favorable (Enrique Azcoaga, Juan Sampelayo, Miguel Pérez Ferrero, Ernesto Jiménez Caballero). Pío Baroja también elogia la novela, aunque se había negado a prologarla: -“No, mire, si usted quiere que se lo lleven a la cárcel vaya solo, que para eso es joven. Yo no le prologo el libro”(17).

Antes C.J.C. había leído algún capítulo a sus amigos en el Café de Gijón y pocos días antes de su publicación había aparecido el primer capítulo en “El Español”.

La 2ª edición, también por Aldecoa, salió en noviembre de 1943 y fue la que retiró la censura; pero en 1945 fue autorizada otra vez. Luego vendría la edición de Emecé en Buenos Aires, que sería la 3ª y la cuarta edición vería la luz en 1946 en la editorial Zodiaco con prólogo de Gregorio Marañón. Esta edición de Zodiaco es casi idéntica a la 1ª con alguna corrección hecha por la mujer y colaboradora del novelista, estos son los cambios: 1ª edición: “la senté a la grupa de la yegua del señor Vicente, que para eso me la había prestado” y en la edición de Zodiaco: “la senté a la grupa, que enjaecé con los arreos del señor Vicente, que para eso me los había prestado”(25), porque no era lógico que P. Duarte llevara a su mujer, Lola, en su viaje de novios en la yegua del señor Vicente y que luego la matara Pascual a puñaladas en la cuadra, como consecuencia del aborto de su mujer. También Pedro de Lorenzo (“Y al oeste Portugal”) advierte: 1ª edición: “Al tren lo fui a coger a Trujillo” y en Trujillo no hay tren; edición de Zodiaco: “Al tren lo fui a alcanzar en Don Benito”(26,27).

Después vendría la 1ª edición en la editorial Destino (Colección Áncora y Delfín, nº. 63), que sería la 5ª, en 1951, que se considera definitiva y sale el artículo: “Andanzas europeas y americanas de Pascual Duarte y su familia”, que había publicado C.J.C. en la revista “Bibliofilia” de Valencia en ese mismo año y el prólogo de Gregorio Marañón. No obstante C.J.C. en “Pascual Duarte en limpio”, dice: “Su texto original queda fijado(…) en esta edición y a ella procuraré remitirme siempre que lo necesite”[3], y firma esta introducción el 23 de agosto de 1960 en Palma de Mallorca; aunque luego CJC consideró la versión definitiva el tomo 1º de la O.C. en Destino en 1962.

Después de que la crítica le fuera favorable, el 2 de enero de 1943 le dieron un banquete en el Café nacional de la calle Toledo de Madrid. Asistieron al agasajo José García Nieto, Enrique Azcoaga, Víctor Ruiz Iriarte (a quien dedica la novela editada), Fernando Diaz-Plaja, Pedro Mourlane Michelena y otros.

También tuvo críticas desfavorables en torno a su moralidad, no a su calidad literaria, así la revista “Ecclesia” dice:”Obra literaria notable; no se debe leer, más que por inmoral (…) por repulsivamente realista” (1944)[4]. En 1952, el Secretariado de la Junta Nacional de Acción Católica mantenías aún su calificación de: Dañosa. No se debe leer.

Realizado este recorrido por la andadura inicial de “La familia de Pascual Duarte”, veamos cuál es su argumento:

Pascual Duarte es un campesino extremeño, tiene 55 años y espera en su celda ser ajusticiado e inicia así la escritura de sus memorias: “Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo”[5]. Ha nacido en un pueblo de Badajoz, Torremejía, cerca de Almendralejo. Es hijo de una mujer desabrida y violenta y de un padre áspero, brusco y alcohólico, que muere el día que la madre da a luz un nuevo niño.El medio sórdido y miserable en el que se cría parece ir determinando su vida. Los cinco primeros capítulos nos informan de la vida de Pascual y de su difícil infancia. El capítulo sexto es una reflexión del condenado sobre la muerte y la felicidad de vivir. En los capítulos restantes se suceden los crímenes.

Primero viola a su novia y la deja embarazada. Se casa. Apuñala a la yegua porque su mujer ha perdido el niño que llevaba en el vientre de una caída del animal. Tiene un segundo hijo que morirá a los once meses. Vive Pascual con su madre, su mujer y su hermana ,que ejerce la prostitución.

En el capítulo 13 hay una nueva pausa reflexiva. Pascual se confiesa con el capellán de la cárcel. Continúa el relato de su pasado y cuenta cómo se marcha a Madrid y luego a La Coruña, en busca de trabajo. Dos años después vuelve al pueblo y encuentra a su mujer preñada del “Estirao”. Muere su mujer y mata al “Estirao”. Por este crimen cumplió una condena de 3 años. Sale por buena conducta y regresa al pueblo. Se casa ahora con Esperanza, una mujer que le ha buscado su hermana. La madre le hace la vida imposible, y Pascual, incapaz de controlar el odio que siente hacia ella, la asesina. Aquí se acaba la confesión, pero en la dedicatoria se nos cuenta que después mató al cacique del pueblo, el conde de Torremejía, amigo del receptor de las memorias. Por este crimen Pascual Duarte es condenado a muerte.

Estructura:

El artificio formal aleja al autor del texto y al mismo tiempo permite esa intimidad de la 1ª persona que tanto ha contribuido al logrado tono del relato.

Por otra parte la estructura de la novela es el cuadro que Cela enmarcó con 8 documentos complementarios, simétricamente dispuestos, al principio y al final de las memorias.

Veamos los cuatro primeros:

Una “Nota del transcriptor”(narrador ajeno al relato principal)en cursiva, que nos informa de cuándo y dónde encontró el manuscrito y en la que nos presenta a Pascual Duarte como “un modelo de conductas; un modelo no para imitarlo, sino para huirlo”(100).

Una “Carta anunciando el envío del original” dirigida a don Joaquín Barrera López, amigo del conde de Torremejía, víctima del último asesinato de Pascual, fechada el 15 de febrero de 1937 en la cárcel de Badajoz, donde espera la condena a muerte.

Una “Cláusula del testamento ológrafo otorgado por Don Joaquín Barrera López”, cuyo narrador es ajeno al relato, y que hace verosímil el hallazgo del manuscrito en una farmacia de Almendralejo a mediados de 1939.

Luego hay un cuarto documento que es la dedicatoria por parte de Pascual Duarte: “A la memoria del insigne patricio don Jesús González de la Riva, Conde de Torremejía, quien al irlo a rematar el autor de este escrito, le llamó Pascualillo y sonreía” P. D.

Luego ya vendría el cuadro de la novela que son las memorias de Pascual Duarte y su familia, que comprenden diecinueve piezas sin numeración en las primeras ediciones, aún en la 1ª edición de Destino de 1951, aparecen los capítulos sin numerar.

Pascual Duarte trata de revisar su vida desde la soledad de la cárcel, mientras espera que lo ejecuten. La forja de Pascual en el crimen se ve condicionada por el ambiente de degradación, violencia, pobreza y primitivismo que le rodea. Además del ambiente-la tierra pobre e injustamente repartida- la herencia le es del todo desfavorable: el padre estuvo en la cárcel por contrabandista, “era áspero y bronco”. La madre que vestía siempre de luto y se emborrachaba con frecuencia, “era desbrida y violenta”; además el padre maltrataba a la madre.

Pascual Duarte con escasa instrucción escolar, de naturaleza primitiva asiste a continuas lecciones de violencia : la del “Estirao”, chulo de su hermana Rosario, la del señor Rafael, amancebado con su madre tras la muerte de su padre, hacia su hermano Mario.

En esta situación Pascual emprende su carrera de criminal nato. Apuñala a Zacarías, tras una disputa en la taberna de Martinete el Gallo, a su regreso del viaje de novios a Mérida. Mata a navajazos a la yegua que descabalga su mujer provocándole un aborto. Mata a la perra “Chispa”, porque su mirada era el epítome de las otras miradas (la de la madre y la de Lola) y no las soporta. Mata al “Estirao”en venganza del honor ultrajado de su hermana Rosario y de su propia mujer, que esperaba un hijo del “Estirao”. Pascual mata a navajazos a su madre por los continuos reproches y por el odio contenido y sobre todo por la sinrazón: el hijo infame se venga de su propio origen. Y Pascual mata al conde de Torremejía(no se explica el motivo), corolario de su vida criminal y causa inmediata de su condena a muerte.

Los crímenes de Pascual Duarte, desde su memoria, tienen justificación narrativa. El asesinato del “Estirao”- narrado en el capítulo 16-ya está anunciado en el capítulo 3, cuando el “Estirao” cruza la cara a Rosario con una vara de mimbre:”Aquel día se me clavó una espina en un costado que todavía tengo clavada. Por qué no la arranqué en aquel momento es cosa que aún hoy no sé”(126-127).

El asesinato de su madre se va incubando por los malos tratos que la madre le da a Mario (capit,12). También la muerte de Pascualillo, el hijo de Pascual Duarte, justifica el matricidio, porque Pascual cree que se debe a una maldición de la madre y de Lola. La muerte del hijo es un hecho crucial, que obsesiona al protagonista e impide para siempre sus posibilidades de futuro.

Por último el asesinato del conde de Torremejía también tiene su justificación, no tanto social, sino porque don Jesús González de la Riva había sido a lo largo de su vida lo contrario de Pascual y por tanto ajustando las cuentas con su propio destino personal, el campesino Pascual asesina al conde de Torremejía, el cacique local. Debió ser un acto al que le condujo el odio, pero las memorias de Pascual se interrumpen de forma abrupta y no nos informan de nada. Pascual guarda silencio al respecto.

Al finalizar las memorias de Pascual Duarte aparecen 4 documentos ajenos a la narración-confesión del protagonista. Cerrado el cuadro,aún nos queda la otra parte del marco, los otros 4 documentos complementarios finales, que son:

“Otra nota del transcriptor”, en cursiva, en la que se nos informa que Pascual Duarte debió estar en la cárcel de Chinchilla por el asesinato de su madre desde el 10 de febrero de 1922 hasta 1935 ó 1936, saliendo del penal antes de estallar la guerra civil. También se nos informa que en los días de la revolución en Torremejía, nada se sabe de Pascual, salvo que asesinó a don Jesús González de la Riva, crimen por el que está condenado a muerte.

Por último el transcriptor conjetura que la carta-prólogo de Pascual Duarte a don Joaquín Barrera López coincidiría en el tiempo con la redacción de los capítulos 12 y 13 del relato de Pascual Duarte. De las pesquisas del narrador nacen otros dos documentos, a saber:

Una carta firmada por Santiago Lurueña, Presbítero, capellán de la cárcel de Badajoz y desde el punto de vista del cura los últimos momentos de la vida de P. D. fueron muy cristianos, sólo a última hora de descompuso un poco. Se trata de la opinión de un hombre desde la caridad cristiana.

Una cara firmada por Cesáreo Martín, el guardia civil que le custodió en la cárcel de Badajoz. Cesáreo Martín nos muestra una perspectiva diferente. Pascual Duarte en sus últimos momentos se comportó como un cobarde y además le tilda de loco: “De la salud de su cabeza no daría yo fe aunque me ofreciesen el Dorado, porque hacía tales cosas que a las claras atestiguaba su enfermedad” (225).

En esta carta también se habla de la misiva que Pascual Duarte escribió a Joaquín Barrera López: “-Cuando me lleven, coge usted esta carta, arregla este montón de papeles, y se lo da todo a ese señor”(226). También deducimos que las memorias de Pascual Duarte se publicarán y suponemos que el transcriptor le ha prometido un ejemplar por su colaboración , porque el guardia civil le pide otro para el teniente de la línea: “Le ruego que si le es posible me envíe dos libros, cuando estén impresos”.(227)

Y un último documento , que es la frase final del transcriptor en cursiva. ¿Qué más podía añadir yo a lo dicho por estos señores?(227) y la fecha de conclusión de la escritura: “Madrid, enero de 1942”.

Y todo este marco , siguiendo el juego narrativo que nos presenta Cela para reforzar la autenticidad del relato con el mayor apoyo documental.


En cuanto al punto de vista “La familia de Pascual Duarte” se presenta como una novela autobiográfica en la que Pascual escribe sus memorias en 1º persona, por lo que actúa como narrador-protagonista.

Además hay otros dos narradores (testigos) que fueron testigos de la muerte de Pascual: el sacerdote que le confesó, don Santiago Lurueña, y el cabo de la Guardia Civil, Cesáreo Martín; cada uno de ellos ofrece una versión diferente de la muerte de Pascual.

Tenemos otro narrador en don Joaquín barrera López (“Cláusula del testamento ológrafo…”) que tendría estas funciones: a) justificar la autenticidad del relato: “el paquete de papeles(…) atado con bramante y rotulado en lápiz rojo: Pascual Duarte” b) introducir el punto de vista del censor: sea dado a las llamas(…) por disolvente y contrario a las buenas costumbres”; aunque deja la posibilidad que si sobrevive 18 meses, quien lo encuentre disponga de él según su voluntad

Pero aún hay otro narrador: el transcriptor, que da a la imprenta las memorias de Pascual Duarte y le llamaremos el narrador oculto. Este narrador omnisciente permanece oculto para que su personaje pueda ofrecer su propia visión de los hechos.


En cuanto al tiempo podemos observar que el relato va desde la infancia de P.D. hasta el asesinato de su madre y su salida posterior de la cárcel en 1935 ó 1936 y ocupa unos 53 años, mientras que el tiempo que tarda en escribir las memorias en la cárcel de Badajoz, por el asesinato de Jesús de la Riva, es de unos 5 meses, hasta su ejecución en 1937. De hecho el protagonista da la última noticia directa de su vida en la carta que adjunta al manuscrito de sus memorias, fechada el 15 de febrero de 1937 en la cárcel de Badajoz. Al final el tiempo del relato y el tiempo del narrador confluyen. Sin embargo hay otras notaciones temporales relacionadas con la muerte de don Joaquín Barrera, el destinatario de sus memorias en mayo de 1937; el hallazgo del manuscrito a mediados de 1939 por parte del transcriptor en una farmacia de Almendralejo y por último la nota final del transcriptor en la que se incluyen las dos cartas en las que se cuenta desde diferente perspectiva la muerte de P.D., fechadas en 1942.

En general el tratamiento del tiempo no ofrece complejidades significativas, pero introduce algunos saltos temporales, como la muerte de la Chispa contada en el capítulo 1, cuando el suceso debió producirse en los capítulos 11ó 12, después de la muerte de Pascualillo o cuando en el capítulo 3 Pascual relata la juventud de su hermana Rosario, dice a principio del capítulo 4: “Usted sabrá disculpar el poco orden que llevo en el relato, que por eso de seguir por la persona y no por el tiempo me hace saltar del principio al fin.(…) ya que lo suelto como me sale y a las mientes me viene, sin pararme a construirlo como novela”(128).


Por lo que respecta al espacio, los hechos principales que se narran transcurren en el pueblo del protagonista, Torremejía, situado a unas leguas de Almendralejo, y en los penales donde paga sus crímenes o donde será ajusticiado a garrote vil (cárcel de Badajoz). También P.D. pasa días de luna de miel en Mérida, sin duda los mejores de su vida. Después probará fortuna en Madrid, donde pasa 15 días y luego va a La Coruña donde sobrevive durante un año y medio, sin poder emigrar para América por falta de dinero.Los espacios cerrados están descritos con minuciosidad y precisión, entre ellos tenemos: la casa e Pascual, la de don Jesús, que le causa admiración, la posada del Mirlo, donde pasa su luna de miel, Pascual describe la habitación que ocuparon, la taberna de Martinete, lugar de esparcimiento de la gente del pueblo y la celda que le produce agobio, frustración y tristeza. En los espacios abiertos es donde Pascual se siente bien. En la Charca donde solía ir a cazar con la Chispa, en la finca de “Los Jarales”, donde se encuentra al “Estirao”.El campo es su medio natural, le relaja, le contiene el odio y le permite soñar con la libertad, cuando está en la celda.

LOS PERSONAJES:

Pascual Duarte es el personaje protagonista de la historia y aparece en todos los capítulos. Tiene 55 años cuando escribe sus memorias. Asistió a la escuela hasta los 12 años. Se casó con la Lola en primeras nupcias, que tuvo un aborto, luego un hijo,Pascualillo, que murió a los 11 meses, por lo tanto estamos ante un individuo primario, instintivo privado de la paternidad. Después del aborto inicia su carrera de criminal matando a la yegua y un poco antes había apuñalado a Zacarías, porque había atentado contra su honor. Mata al “Estirao”por el adulterio con su mujer y por chulear a su hermana; y ya en el culmen de su carrera asesina a su madre y como colofón al conde de Torremejía.

Pascual Duarte se relaciona con todos los personajes que aparecen en el relato y tenemos un personajes principales como el padre de Pascual, Lola, El Estirao, Rosario, la madre , Jesús González de la Riva y también la perrilla Chispa y unos personajes secundarios como Santiago Lurueña, Cesáreo Martín, Zacarías, el señor Rafael, Mario, Pascualillo, la señora Engracia, Esperanza y la yegua. Hay también unos personajes anecdóticos que aparecen muy poco en estas memorias como Joaquín Barrera,Nieves La Madrileña, La Elvira, La Apacha y la madre de Lola.

Los personajes femeninos tienen mayor relevancia en el relato: Rosario, Lola ,Esperanza, la madre, la señora Engracia y hasta la Chispa y la yegua. Comencemos por la madre.

La madre(personaje innominado, es el único personaje cuyo nombre ignoramos) es “larga y chupada”, tez cetrina, mejillas hondas, desbrida y violenta. Analfabeta, Adúltera, engaña a su marido con el señor Rafael, padre de Mario; después de la muerte de Pascualillo le hará la vida imposible a P.D., junto con Rosario y Lola. Recibe fríamente a Pascual cuando vuelve de la prisión. La madre por ser la antítesis de una madre alimenta el odio del hijo, que terminará asesinándola al final de la novela.

Lola: La primera mujer de P.D. Es una campesina saludable, alta y morena de tez y de pelo, ojos con mirada profunda, carnes prietas y senos abundantes. No ama a Pascual con ternura. Su mentalidad es primitiva. No distingue entre el bien y el mal, actúa por impulsos. Es muy fuerte en ella el instinto reproductor. Tenía 21 ó 22 años cuando Pascual, con 28 ó 30, la viola en el cementerio sobre la misma tumba de su hermano, recién enterrado. Se casa embarazada y a raíz de la pérdida de sus dos hijos cambia de carácter , se vuelve agresiva y culpa a Pascual de las desgracias gritándole: “¡Parir para que el aire se lleve lo parido, mal castigo te espere!”(170). Muere repentinamente, cuando Pascual regresa de La Coruña y está embarazada del “Estirao”.

Rosario: La hermana de Pascual. Es inteligente, pero ladrona y alcohólica. Tiene claro desde muy joven que no quiere vivir las miserias de su casa y con 14 años se marcha a ejercer la prostitución. Rosario aparece en los momentos importantes de la vida de Pascual, hace de madre con su hermano Mario e incluso de Pascual, al que le brinda comprensión y compañía emocional. Rosario carece de autoestima y considera normal recibir malos tratos del “Estirao”. Acepta el mundo sin analizarlo.

Paco López, el Estirao, llamado así porque andaba muy “derechito”. Guapo mozo con un ojo de vidrio, alto, medio rubiales, juncal”. Era un rufián, vivía de las mujeres. Es un tipo violento y mantiene relaciones con Rosario y con Lola, mientras Pascual está en La Coruña. Es asesinado por Pascual.

Don Jesús González de la Riva, conde de Torremejía, que es a quien dedica Pascual sus memorias y última de sus víctimas.

Otro personaje principal que se menciona en la novela es el odio y que determina los actos de Pascual. Aparece primero en forma de rabia contenida, pero a partir de la muerte de su hermano Mario se transforma en odio. A medida que avanza el relato el odio inunda el alma y el cuerpo de Pascual. Por eso el asesinato de su madre supone para Pascual una liberación.

Luego vendrían los personajes secundarios con algún protagonismo en el relato y tendríamos al padre de Pascual, Esteban Duarte Diniz, portugués, contrabandista, de carácter áspero, brusco y muy violento; de escasa cultura, borracho y pendenciero. Solía maltratar a su familia. Sabe leer, eso le hace sentirse superior a su mujer. Su muerte coincide con el nacimiento de Mario. Su muerte se produce por la enfermedad que le trasmite un perro: la rabia. Muere abandonado por todos.

El señor Rafael, amante de la madre de Pascual y padre de Mario. Es un personaje bruto y violento, sobre todo con su hijo disminuido, Mario. Al morir el padre de Pascual se queda en la casa familiar.

Mario: Segundo hermano de Pascual. Nace cuando él tiene 17 ó 18 años. Es hijo del señor Rafael. Disminuido y murió con 10 años. Su vida está marcada por la desgracia: sufrió un sarampión atroz, a los cuatro años unos cerdos le comen las orejas, su padre le maltrata y muere ahogado en una tinaja de aceite. Sólo sonrió una vez cuando después de recibir una patada de su madre, ésta lo durmió acariciándolo.

Pascualillo, hijo de Pascual y de Lola. Sólo vivió 11 meses y frustra los sueños del protagonista: su supervivencia

Esperanza: Sobrina de la señora Engracia, la partera, será la segunda mujer de Pascual. Tenía 32 años cuando se casó con ella. Es la primera mujer a la que Pascual da un beso de amor. La madre de Pascual no la podía ver ni en pintura.

La señora Engracia, medio bruja y partera. Suele asistir a la familia de pascual y a su mujer Lola.

Don Conrado, director de la prisión de Chinchilla. Es un hombre bueno y comprensivo, que ayuda a pascual a salir de la cárcel por primera vez.

Don Santiago Lurueña, capellán de la prisión de Badajoz, que confiesa a Pascual poco antes de ser ejecutado, y al final escribe una carta al transcriptor, contando la muerte de Pascual.

Cesáreo Martín, número de la guardia civil, que conduce a Pascual al patíbulo y escribe una carta al transcriptor, siendo cabo, explicando la muerte de Pascual e interesándose por la novela cuando esté publicada: “Le ruego (…) me envíe dos libros, en vez de uno, cuando estén impresos. El otro es para el teniente de la línea”(227).

Luego hay otros personajes esporádicos o anecdóticos que apenas intervienen y son : Nieves la Madrileña, La Elvira, La Apacha, la madre de la Lola, los vecinos y el señor Gregorio (jefe de la estación) .


Lengua y estilo: Antonio Zubiarre acuñó el término de “tremendismo” para definir el nuevo estilo de la novela de Cela, y Ángel del Río lo define así: “Un realismo que acentuaba las tintas negras , la violencia y el crimen truculento, episodios crudos y a veces repulsivos, zonas sombrías de la existencia”[6]. Cela tacha el término de “etiqueta estúpida que hizo fortuna”[7] y lo define como “la sanguinaria caricatura de la realidad”.

Por otra parte esta corriente tremendista, sin el matiz peyorativo, no es nueva en la literatura española, habrá rasgos tremendistas en “La Celestina”, en la novela picaresca, en “Luces de Bohemia” y en la trilogía de Baroja “La lucha por la vida”.

En cuanto a la lengua podemos ver en “La familia de Pascual Duarte” una estupenda adaptación del lenguaje a sus personajes, como sucede con el transcriptor, el sacerdote o el guardia civil y por supuesto con el propio Pascual Duarte.

Hay un predominio del estilo coloquial con abundantes refranes y dichos populares. También es frecuente el uso de diminutivos, típicos del habla popular. Pascual Duarte los utiliza con carácter afectivo, y a veces con connotaciones despectivas.

También aparecen vulgarismos como: “Me conocía la carácter, la respeto habíasela ya perdido tiempo atrás, voy a ver de empezar de nuevo, la Rosario”.

Los diálogos son cortos y con frases sencillas y reproducen el habla viva de la gente del pueblo (sin términos malsonantes). En la novela hay un único monólogo interior, que reproduce los pensamientos y las frustraciones del personaje. Aparece en el pasaje en que Pascual contempla a su madre dormida: “Pensé cerrar los ojos y herir(…) Había que herir con los ojos bien abiertos, con los cinco sentidos puestos en el golpe(…) El tiempo pasaba y yo seguía allí, parado inmóvil como una estatua, sin acabar(…) No; no podía perdonarla porque me hubiera parido(…)No había tiempo que perder. Había que decidirse de una buena vez” (218-219).

Las animalizaciones son frecuentes y lógicamente tienen por objeto degradar al personaje. De su hermana Rosario, cuando era chica, dice: (…) la vi pegajosa y colorada como un cangrejo”(121) y de su hermano Mario: “el pobre no pasó de arrastrarse por el suelo como si fuese una culebra y de hacer ruiditos con la garganta y con la nariz como si fuese una rata” (130).

Las sensaciones olfativas están muy presentes en el relato, así declara lo que le sucedió en el viaje a la capital para entrar en quintas: “(…) anduve todo el día de Dios desazonado, venteando los aires como un perro de caza. Cuando me fui a acostar, olí mi pantalón de pana(…) Quité la almohada y apoyé la cabeza para dormir sobre mi pantalón doblado”(113).

El intencionado rusticismo de la novela esconde un tratamiento literario muy cuidado y los recursos más frecuentes son: las comparaciones, las repeticiones, enumeraciones, las metáforas, el adjetivo doble o triple y el abundante uso del diminutivo.

En cuanto a los antecedentes literarios en ”La familia de Pascual Duarte” hay ecos de la novela picaresca de “El buscón” de Quevedo y del “Lazarillo de Tormes”. Gonzalo Sobejano también ha notado huellas de Baroja (de “La lucha por la vida”), de los tintes negros de Solana, de los romances de ciego y de la tragedia rural de Valle-Inclán y García-Lorca.


Significación: Es opinión unánime de la crítica que la publicación de “La familia de Pascual Duarte” supuso el punto de partida de la anquilosada narrativa de postguerra en 1942.

Eugenio de Nora (“La novela española…” III. Gredos,1973) destaca dos aspectos principales en la novela: la prosa llena de fuerza y el truculento patetismo del asunto: la vida miserable y los crímenes execrables de un campesino extremeño.

Pero los crímenes de Pascual no son “gratuitos”, son siempre respuestas instintivas provocadas por seres más repulsivos que él, salvo el conde de Torremejía.

La presencia del mal es mucho más patente en las víctimas que en Pascual Duarte. La responsabilidad del mal, que encarna nuestro antihéroe no puede imputárselo a él solo, sino a una organización social injusta, a la miseria y a la ignorancia padecidas históricamente por el pueblo y por la sociedad rural en particular.. Por lo tanto la novela, desde el punto de vista ideológico sería difusamente social, aunque ni Pascual, ni los otros personajes tengan conciencia social.

Pedro Laín Entralgo (“El azar y el destino” en “El País”, 11/10/1984) da otra interpretación a la novela y la sustenta en tres polares: el destino, el carácter y el azar.

En efecto Pascual Duarte cree firmemente en el destino: “Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte”(109). El destino es lo que hace realmente malo a Pascual y lo ha empujado al crimen. En el destino intervienen dos factores la herencia (la constitución biológica) y el ambiente (físico, el medio social y la situación histórica) ambos negativos. Con estos presupuestos Pascual se ha formado un carácter bronco, de homicida reincidente, pero todo esto es la fatal consecuencia del mundo que le tocó vivir.

Por último el azar, que es todo aquello que nos sucede y no podemos controlar; y si analizamos algunos de los eventos de la vida de Pascual, tendremos: ¿Por qué su perra le miró aquel día? ¿Por qué la Rosario se topó con el Estirao y no con un hombre honrado? ¿Por qué él no tomó el barco para América o se quedó en La Coruña? Así pues, el azar y el destino, apoyados en el carácter primario e instintivo, empujaron a Pascual a ser un criminal, que acabó sus días condenado a muerte en el garrote vil..

Y una tercera interpretación: “La familia de Pascual Duarte” es la narración de un condenado a muerte, que confiesa sus culpas para explicar públicamente su conducta. Y ya la primera “Nota del transcriptor” advierte que esta historia “es un modelo no para imitarlo, sino para huirlo”(100). Pero Pascual a pesar de hacer un confesión pública y por tanto el destinatario serían todos los lectores, sin embargo le envía el manuscrito a un amigo de su última víctima-el Conde de Torremejía- al Sr. Barrera; y esto por una razón, porque es el único crimen sin justificación. Es el único crimen social, aunque se nos hurten las causas por las cuales remató a don Jesús.

Pascual al asesinar al conde ha encontrado un culpable distante, de otra clase social. Porque la familia de Pascual no es solo la familia de la sangre, sino la familia social, la sociedad española del momento, la que le volvió la espalda, no le dio oportunidad de emigrar y le condujo como un cordero pascual al sacrificio. Pascual Duarte es víctima de su familia carnal y de su familia social.

Porque Pascual Duarte es un hombre solo, no sólo entre las cuatro paredes de la celda, sino en la vida. Pascual sufre la soledad del emigrante (Madrid,La Coruña), , la soledad en la estación del tren al partir y al regreso, la soledad al llegar a casa y la soledad, por último, ante la muerte.

Pascual Duarte, dice el Dr. Marañón en el prólogo de la 1ª edición de Destino: “ Duarte es mejor persona que sus víctimas(…), que Pascual Duarte es una buena persona y que su tragedia es (…) la de un infeliz que casi no tiene más remedio que ser, una y otra vez, criminal” (38). Pascual nunca goza con el sufrimiento ajeno, lo que hace es disputar, herir y matar. Y a través de la crueldad asoma, a veces, la bondad , la piedad y el aprecio. Todo el aprecio de Pascual se concentra en su hermana Rosario, ella es la única de las tres mujeres enlutadas, que le dice que no está madito, porque su segundo hijo se haya malogrado:” Yo la quería con ternura”-dice Pascual. Rosario es quien le busca a su hermano una nueva esposa, deseando encauzar su vida.

Este contrapunto entre crueldad y piedad en la novela tiene una función moral de catarsis y expresa el odio contra una realidad injusta y el deseo de concordia, de amor, del hijo carnal y social en abandono.

Pascual Duarte nos habla desde su humana realidad de ente de ficción y nos pide un mundo, una sociedad en que su vida no se repita.

Por lo demás la novela fue un éxito literario y desde 1942 no ha dejado de editarse, de tal forma que hay un libro de Fernando Huarte Morton titulado:”La familia de Pascual Duarte”. Recuento del cincuentenario (1942-1992) y alguna papeletas más. Iria Flavia. Fundación Camilo José Cela, 1994, en el que se da noticia de las múltiples ediciones de la novela (208 ediciones, de las cuales 106 en castellano y 102 en otros idiomas).

La crítica también se ocupó de ella desde el primer momento y la bibliografía existente es muy abundante.

También es la obra literaria española más traducida, después del Quijote. Ha sido traducida a más de 50 idiomas, como muestra al caló (lengua minoritaria de la etnia gitana); a los idiomas españoles: catalán, 1956, gallego, 1962 y vascuence,1967 y al latín: “De familia Pascual Duarte”, (traducción de Bárbara Pastor de Arozena). Editorial Coloquio. (Edición bilingüe). Ediciones Clásicas .Madrid, 1990. Hay una edición en Braille (Barcelona, 1967).

Y en 1976, Ricardo Franco rodó el film, “Pascual Duarte”, basado en la novela de Cela, con José Luis Gómez como protagonista.


NOVELAS DE CAMILO JOSE CELA:

La familia de Pascual Duarte(19429, Pabellón de reposo (1944), Nuevas andanzas y desventuras del Lazarillo de Tormes (19449, La colmena (1951), Mrs. Caldwell habla con su hijo (1953), La catira (1955), San Camilo 1936 (1969), Oficio de tinieblas 5 (1973), Mazurca para dos muertos (1983), Cristo versus Arizona,( 1988), La Cruz de San Andrés (1994), Madera de boj, (1999)


BIBLIOGRAFÍA:

. Cardona Rodolfo.”Novelistas españoles de postguerra”. Taurus. Madrid, 1977

. Cela Camilo José. “La familia de Pascual Duarte”. Editorial Destino. Barcelona, 1951

“ “ “ “ “ Introducción de Adolfo Sotelo. Austral Narrativa. 3ª edición .Madrid, 2006

. Martínez Cachero José Mª.”La novela española entre 1939 y 1980. Historia de una aventura”. Edit Castalia. Madrid, 1986

. Nora, Eugenio de.“La novela española contemporánea” III. Edit Gredos. Madrid, 1973

. Urrutia Jorge. “Cela: La familia de Pascual Duarte”. SGEL. Madrid, 1982

. Zamora Vicente. “C.J.C. acercamiento a un escritor” Edit Gredos. Madrid, 1962

REVISTAS:

Insula, 518-519. Febrero-marzo, 1990 (Monográfico dedicado al Premio Nobel,1989)

Papeles de Son Armadans, CXLII, 1968. Gonzalo Soberano: Reflexiones sobre La familia de Pascaul Duarte ( pp. 19-58)

Cuadernos Hispanoamericanos, 337-338, julio-agosto de 1978.


[1] Cela Camilo José. “La familia de Pascual Duarte”.Ediciones Destino,1ª edición.Barcelona, 1951. En Andanzas europeas y americanas de Pascual Duarte y su familia. (pp. 7 y 8)

[2] . Facsímil del manuscrito de “La familia de Pascual Duarte”. Círculo de Lectores. Barcelona, 1990

El manuscrito de la novela al morir José Mª de Cossío pasó por donación a la Diputación de Cantabria, que lo custodió durante años en la Casona de Tudanca, hasta que en 1988, Cela lo recuperó tras un largo proceso judicial. Camilo José Cela escribió otro manuscrito de “La Familia de Pascual Duarte” para La Casona de Tudanca con la misma letra y las mismas tachaduras. En 1990 el Círculo de Lectores realizó una única edición facsimilar. Ahora el manuscrito original es propiedad de la Fundación Camilo José Cela.

[3] .Cela Camilo José.”La familia de Pascual Duarte”. Círculo de Lectores. Barceloa, 1972. pag.8

[4] Martínez Cachero, José Mª. “La novela española entre 1939 y 1980”.Castalia. Madrid ,1986

[5] . Cela Camilo José.”La familia de Pascual Duarte”.(Introducción de Adolfo Sotelo). Colección Austral Narrativa.Edit Espasa-Calpe.Madrid, 2006. Todas las citas textuales serán de esta edición. (pag.109)

[6] . Río Angel,del.”Historia de la literatura española desde 1700 hasta nuestros días”.2. Ediciones B. Grupo Z. Madrid, 1996 (pag. 537)

[7] . Amorós Andrés. “Conversaciones con Cela. Sin máscara” Revista de Occidente,XXXIII, 1971 (267-284)