martes, 3 de mayo de 2016

FRANCISCO UMBRAL EN ( Y ) LEÓN


                    



                                                                                 No tengo miedo nombraros
                                                                                 ya con vuestros nombres
                                                                                 cosas vivas, transitorias.
                                                                                 (Unidas sois un acorde
                                                                                 de la eternidad; dispersas
                                                                                 -nota a nota, nombre a nombre
                                                                                  fecha a fecha-, vais muriendo
                                                                                  al son del tiempo que corre)

                                                                         José Hierro de Cuanto sé de mí (1957)







 
                                                      Umbral en su época leonesa
 
 
 
 
 
 
 
 
Alejandro, Francisco, Jerónimo Pérez Martínez, Madrid, 1932-2007



La familia materna del futuro escritor, Francisco Umbral, estaba formada por el matrimonio compuesto por Claudio Pérez Ruiz y Mª Luisa Martínez Blanco, naturales de Valencia de Don Juan (León) y se habían casado en la parroquia del pueblo en 1895. El matrimonio tuvo cuatro hijos: Mª Consolación (a la que todos llamarán Maruja, costurera) (1899), el segundo hijo fue un varón y en cierto modo el preferido de los padres, Claudio (1902), después nació Ana Mª ( a la que llamará Umbral “May”) (1905) y la última fue Josefina (1907), compañera de juegos y más tarde confidente de May.

Las estrecheces económicas y sobre todo la falta de futuro para los cuatro hijos empujan a los padres a trasladarse a Valladolid en 1923, May tiene, pues, 18 años.

Don Claudio Pérez Ruiz ingresó como empleado municipal en la inspección del consumo del grano que entraba en la ciudad. Era, pues, el empleado del fielato de la cuesta de la Maruquesa a las afueras de Valladolid:



El abuelo en su lejana administración, entre un fielato y una fábrica de harinas, entre unos consumos y una presa por donde entraba y salía el agua de las profundidades.1



Con este empleo el severo don Claudio podrá mantener, no sin estrecheces, a su familia.

La familia Pérez Martínez tomó en alquiler el piso bajo de la plaza de San Miguel, 11, un barrio céntrico, pero colindante con el barrio de Tablares (“aquel barrio de meretrices y lagartos”)2 donde se hallaban los prostíbulos de la ciudad, tantas veces literaturizado por Francisco Umbral, que imaginará ser el amante y confidente de aquellas mujeres de la vida en sus travesuras infantiles y adolescentes.

Al poco tiempo de llegar a Valladolid doña Mª Luisa Martínez Blanco tomaría una muchacha de servicio, entonces el servicio no suponía una carga excesiva, cualquier familia de posición mediana o incluso modesta, disponía de una criada para el cuidado de los hijos y para realizar las tareas caseras. Esta criada fue Inocencia Prieto González, la Ino, tan citada por Umbral y entró a servir en casa de los Pérez Martínez de joven. Inocencia estuvo en la casa hasta 1939, que se casó con un sargento de Infantería, Gabriel Fernández González, destinado a Vigo.

La biógrafa de Umbral, Anna Caballé, visitó la modesta casa de Inocencia en una barriada de Valladolid, ahora habitada por su hija Pilar, y ésta, orgullosa, le mostró un ejemplar de la primera edición de Los males sagrados (1976), enviado a su madre por el escritor con la siguiente dedicatoria: “ A mis queridos Inocencia y Gabriel, con un abrazo. Paquito”3 .

May tenía un temperamento sociable y una elegancia natural, a diferencia de su hermana Maruja, la modista, más casera. Allí en Valladolid estudió mecanografía y taquigrafía y completaba su cultura con lecturas por su cuenta. Y en seguida empezó a trabajar en la empresa de electrodomésticos AEG, recién instalada en la ciudad; pues el sueldo del padre no era suficiente para costear los gastos de los cuatro hijos.

Su hermana pequeña Josefina, tan afín a ella, apenas tuvo tiempo de tomar la temperatura a la ciudad, pues murió poco después de llegar la familia a la ciudad, en 1925 con 18 años. Umbral ha recreado muchas veces la figura de aquella hermana de su madre, a la que nunca conoció. La llamaba la tía Algadefina, que es un cruce de Josefina y Algadefe, un pueblo del Páramo bajo de León y adoptó ese nombre por pura eufonía. Esto dice Umbral de la tía Josefina:



La tía Josefina era la hermana pequeña de mi madre, había muerto en los años veinte tuberculosa en una alcoba de la casa. Había una foto enorme de ella, sí, y era muy mona, una monada, con su melenita. Yo la había visto toda la vida, y de pronto en la tuberculosis, que estaba mucho tiempo solo (…), empecé a verla. ¡Qué personaje!. Y comenzó el mito (…). Todo a partir de aquella foto. Me inventé un personaje.4



La última evocación imaginaria: “La tía Algadefina” la publicó en su página literaria de El Cultural de El Mundo el 27/02/2002.

Unos años más tarde, en 1931, May queda embarazada y el padre, hombre casado o influyente, se desentiende del hijo y se mantuvo el secreto sobre la identidad del padre de Francisco Umbral.

Manuel Jabois en el diario El País de Madrid, 20/02/2015, informa fehacientemente que el padre de Francisco Umbral fue Alejandro Urrutia, abogado cordobés, poeta modernista y empresario venido a menos.

En efecto, Alejandro Urrutia, hombre casado, ya tenía un hijo, Leopoldo Urrutia, el futuro poeta Leopoldo de Luis, cuando conoció a Ana Mª Pérez. Alejandro Urrutia había ido a Valladolid para trabajar como abogado del Banco Hispanoamericano.

Después, en la capital del Pisuerga, dirigió unos laboratorios farmacéuticos de la familia, que no tardaría en arruinar. Allí tuvo como secretaria a Ana Mª Pérez Martínez, que convirtió en su amante; la dejó embarazada y se desentiende del hijo.

El abogado cordobés era amigo del alcalde de Valladolid, Antonio García Quintana y recomendó a la madre de Francisco Umbral para su ingreso, como funcionaria, en el Ayuntamiento en 1932. También se sirvió de sus contactos para que Alejandro Francisco Pérez Martínez se colocase de botones a los 14 años en el Banco Central de Valladolid.

Así pues, el poeta Leopoldo de Luis y Francisco Umbral son hermanos de padre. Jorge Urrutia, poeta, traductor y profesor universitario es hijo de Leopoldo de Luis y por lo tanto sobrino de Umbral.

Por último Alejandro Urrutia murió en los años 50 sin conocer el éxito literario de su hijo no reconocido: Francisco Umbral.

Cuando murió Leopoldo de Luis en 2005, Francisco Umbral acudió al tanatorio y le pidió a su sobrino, Jorge Urrutia, que le dejara a solas unos momentos con su hermano.

Umbral murió en 2007 y Jorge Urrutia acudió a dar las condolencias a la familia y Maria España le dijo: -“A ti era al que más quería”.

En aquella época una mujer soltera embarazada suponía un drama para cualquier familia por el temor a las habladurías y a la difamación. Había, pues, que tapar la ‘falta’ como se decía.

Poco antes de dar a luz viajaron a Madrid madre e hija y se hospedaron en casa de su hermano Claudio, casado con Josefa Perelétegui Sánchez, que tenían dos hijos José Antonio y José Luis, cuyas vidas, sobre todo la de este último estarán unidas a los avatares del escritor.

Para Ana Mª (May) no había otra opción que tener a su hijo fuera de Valladolid, lejos de las murmuraciones de los vecinos y sobre todo de la severa mirada paterna . Por lo tanto Ana Mª acudió a dar a luz al hospital benéfico de la Maternidad, situado en la calle Mesón de Paredes, 80, en el entonces castizo y hoy multirracial barrio de Lavapiés de Madrid.

Ana Mª dio a luz un varón en secreto, y en el ambiente sórdido del hospital benéfico, el día 11 de mayo de 19325. El único apoyo que tuvo fue el de la madre, que se hospedaba en casa de su hijo Claudio. Permanecieron en la Maternidad tres días y el niño fue inscrito en el Registro Civil con los apellidos maternos, se le puso los nombres de Alejandro, Francisco, Jerónimo Pérez Martínez. Al tercer día de vida fue bautizado en la capilla de la Maternidad, dependiente de la parroquia de San Cayetano. Umbral, entonces, no fue bautizado en la pila bautismal de Mariano José de Larra, como a él le gustaba contar, en la iglesia de la Palma y tampoco nació en la concurrida calle de la Ribera de Curtidores, en pleno Rastro de Madrid, sino un par de calles más allá.

El regreso a Valladolid con la criatura resultaba problemático, puesto que nadie se ha enterado de su embarazo y el padre de May, el recto don Claudio, sigue negándose a aceptar la situación y el padre del futuro Umbral se ha desentendido.

La abuela, doña Luisa, solucionará los problemas del ocultamiento. El niño se criará con una nodriza en Laguna de Duero, un pueblo que dista 6 Km. de Valladolid y así la abuela podrá vigilar de cerca la crianza y al mismo tiempo se mantendrán las apariencias de normalidad en la casa. Allí en Laguna de Duero permaneció Paquito, como le llaman desde el principio, hasta el verano de 1936. Entonces la madre y la abuela encontrarán la forma de incorporarlo a la familia, aprovechando la visita de los primos madrileños, José Luis y José Antonio y es presentado como un hermano de éstos.

José Antonio Pérez Perelétegui, en la presentación del libro de Francisco Umbral, El tiempo reversible, en el círculo de Bellas Artes de Madrid, el 29 de abril de 2015, contó cómo Paquito se hizo la cicatriz en la mejilla izquierda. Esto dijo el primo de Umbral, vivíamos en un piso bajo (el de la Plaza San Miguel, 11) y la casa tenía un patio dividido por una verja formada por lanzas. Paquito quiso saltar al patio vecino y se hirió en la mejilla y no lo llevaron a la Casa de Socorro a darle unos puntos.

Así pues, el chirlo de Umbral en la mejilla izquierda, no se produjo en un a reyerta, ni defendiendo a un amigo, sino que fue consecuencia de una travesura a los seis años.

Paquito había pasado los 4 primeros años de su vida lejos de su madre y por supuesto de su padre. Y ahí puede encontrarse la clave emocional de su obra literaria: esa experiencia traumática de hijo huérfano, teniendo madre al menos. Hasta entrada la adolescencia no supo que su madre era su madre, era la tía May. Cuando lo supo había que seguir guardando las apariencias por los enormes prejuicios que pesaban sobre las madres solteras y los hijos ilegítimos.

Una de las navidades de los años que Paquito estuvo con la nodriza en Laguna de Duero, las pasó con la tía May en León. En efecto la tía Socorro está casada con un hermano de don Claudio, Avelino Pérez Ruiz, que tiene un hijo llamado Santiago Pérez Martínez. El primo Santiago (el primo Paulo en El hijo de Greta Garbo) es el gerente del Servicio Municipal de Aguas de León, así los verá el autor:



El abuelo Avelino o la abuela Socorro, tíos/abuelos (…) padres del primo Paulo, soltero, sobrio, jugador, trabajador, hombre de noche y naipe, voz de tabaco y reuma, secretamente enamorado de mamá.6



En 1935 los parientes de Paquito (Avelino y Socorro, y su hijo Santiago) viven en la céntrica calle de Ordoño II de León en un chalet de dos pisos. En la planta baja están las oficinas del Servicio de Aguas y en la primera planta la vivienda. Y aquí pasarán la Navidad Paquito y su madre, la ‘tía’ May. Los tíos abuelos tratan a Paquito con afecto y le regalarán el triciclo, que cita en sus libros, que Umbral imaginará que fue un regalo de su padre. Así verá Umbral a la tía Socorro en El hijo de Greta Garbo:



La tía Socorro sacrificando pavos, gallos, conejos (…) en navidades, o por el santo del primo Paulo, así la veía yo, ayudada de criadas, la mujer fuerte que era, hermana de mi abuela, esa dureza escriturística, contrarreformista y tan cercana a la dureza de las protestantes7.



Así pues, el abuelo Claudio había emigrado a Valladolid y el tío/abuelo, Avelino Pérez a León, vamos viendo que la vinculación familiar de Francisco Umbral con León es casi total, porque en Valladolid no tienen familia.

A finales de 1932 se convocan dos plazas de administrativo en el Ayuntamiento de Valladolid. Se exige soltura en mecanografía y taquigrafía. Ana Mª se presenta a las pruebas y saca una de las plazas. Ingresa como funcionaria de carrera del Ayuntamiento en abril de 1933.

El alcalde de la ciudad, Antonio García Quintana, la reclamó como secretaria por su habilidad como taquimecanógrafa y Ana Mª trabajará hasta 1940 en la secretaría de la Alcaldía. Umbral ha politizado la relación laboral de su madre con el Ayuntamiento, hablando de represalias políticas, que nunca tuvieron lugar, pero que le han permitido dar una explicación plausible a su pretendida conciencia de marginado social.

La familia Pérez Martínez era católica y conservadora. La posible rebeldía de May se debió estrictamente a su relación (desliz) con un hombre, posiblemente casado, que se desentendió totalmente de la paternidad. Esto fue suficiente para justificar la pose de malditismo de Umbral.

May en 1938 contrae otra vez la tuberculosis y la envían a un pueblo de León, Noceda, a respirar el aire puro de la montaña. Sigue convaleciente todavía en 1940 y pide una excedencia por razones de salud y agota el permiso. Pero un hecho aciago cierra este periodo de su vida, que es la muerte de su severo padre en abril de este año con setenta y cinco años, así lo recrea Umbral: “Al abuelo lo veía muy vivo en su muerte de hornacina, muy cotidiano con su traje de consumos”8.

En cuanto a la formación escolar de Francisco Pérez podemos decir que se matriculó a Paquito en una escuela pública instalada en el edificio del ya desaparecido Teatro Pradera, la escuela se llamaba “José Zorrilla”, pero era más conocida como “La gota de leche”, porque junto a ella había un centro benéfico, que en los primeros años de posguerra, se dispensaban botellas de leche a las madres lactantes.

Se trataba de una escuela pública, gratuita a la que acudían los chicos de los barrios más humildes de la ciudad (Delicias, Los Pajarillos, La Magdalena, San Pedro Regalado, donde inició su labor pastoral el ínclito don Marcelo González Martín, futuro Cardenal Primado).

En la única fotografía disponible de su etapa escolar aparece con sus compañeros de aula con el maestro sentado, el mapa de España y el globo terráqueo, tendrá Paquito unos once años (1943). El escritor siempre se ha referido a su experiencia escolar en términos de extremada pobreza material e intelectual: maestros torpes y malignos, que no le comprenden.

Sin embargo el paso por la escuela, por la enseñanza oficial, fue breve, como los documentos relativos a su filiación no permitían guardar el secreto de su origen, que era hijo de madre soltera y, además, que ésta era funcionaria del Ayuntamiento, pues May siguió ocultando la verdad. Si se hubiera hecho público que tenía un hijo, probablemente la hubieran expulsado del Consistorio, porque la moral del franquismo penalizaba este tipo de situaciones.

Las lecciones de su tía/madre y las lecturas voraces en la biblioteca municipal colmarían las necesidades académicas del joven Paquito. Lecturas de Salgari, de Harry Stephen Nelly, autor de novelas policiacas como Noches de ladrones, el Romancero gitano de García Lorca, con la página arrancada de la “Casada infiel”, ya había actuado, quizá un censor espontáneo, el Cántico de Jorge Guillén, Juan Ramón Jiménez, Valle-Inclán y Ramón Gómez de la Serna, serán sus guías.

Para completar su formación lo matriculan en una academia privada, donde estudia rudimentos de contabilidad, mecanografía, que tan útil le sería, inglés, francés y las reglas básicas de redacción. Lo suficiente para dar el salto al mundo laboral en el Banco Central.

Francisco Umbral creció en la mentira social y biográfica. Y eso explica que en su escritura autobiográfica se presente como víctima de una situación que él no pudo controlar. Aunque, por otra parte, él también se ha encargado interesadamente de velar sus orígenes, reelaborándolo literariamente de forma obsesiva.

En el verano de 1946 el Banco Central de Valladolid publica un anuncio en El Norte de Castilla convocando tres plazas de ordenanza. Umbral tiene catorce años, pide los impresos y firma la solicitud para presentarse a la oposición. Su madre le ayuda a preparar la prueba y moverá algún hilo con algún conocido con responsabilidad en el Banco:



Mamá escribió cartas, mandó recados, hizo llamadas, recibió visitas y me colocaron en una oficina (…) me maravillaba el poder que tenía mamá en la ciudad, las influencias que sabía mover9.



En Agosto de 1947 ingresa en el Banco Central junto con Antonio Medina y José Luis Aguja. Aún hoy los antiguos compañeros lo recuerdan con su uniforme gris y las letras “BC” cosidas en el bolsillo. El trabajo en el banco era bastante llevadero, repartir la correspondencia, encender la calefacción, hacer recados y cobrar letras a domicilio.

Su madre estaba muy satisfecha con el trabajo de su hijo y seguro que ya había puesto en antecedentes a Paquito, y el problema de mostrar los documentos que acreditan su identidad es relativo, aunque el trámite se debió hacer con la máxima reserva. Estaba entonces de subdirector del Banco Central en Valladolid Alfonso Escámez, murciano de Águilas, que llegaría a ser presidente del Central.

A pesar de haber ingresado en el mundo laboral con horario de mañana y tarde, su vocación literaria no corría peligro, esto confesó Umbral en Fulgor de África:



El secreto estaba en enviar solo una mínima parte de sí mismo a cumplir con el oficio y ganar el sueldo, reservándose el resto, en cuerpo y alma para escribir10.



Paquito vestía con pujos de dandy y siempre llevaba un libro bajo el brazo. Pasea por la calle Santiago, Recoletos y el Campo Grande. Acude al Colegio Mayor de los Luises, verdadero centro intelectual y social de los jóvenes vallisoletanos, donde juega al billar, al ajedrez y podrá ver películas los domingos en el cineclub. También asistía a los cenáculos literarios del Bar Cantábrico, la Casa Cervantes o la Casa Zorrilla, sede del Ateneo, donde puede verse con don Francisco de Cossío, el poeta Francisco Pino, el sacerdote y periodista José Luis Martín Descalzo y Luis López Álvarez.

En la Granja Terra departe cada tarde con Guillermo Díez, Miguel Ángel Pastor y Antonio Medina, se prestan libros prohibidos y no se pierden un recital de poesía.

El 8 de diciembre de 1953 muere May:



Mi madre había muerto a los cuarenta y cuatro años (tenía en realidad 47), posguerra civil, llena de abrumaciones, enfermedades y fracasos, cuando yo más la quería, cuando empezaba a descubrirla11.



Una tuberculosis crónica acabó perjudicándole seriamente el corazón y murió de miocarditis. En la familia se recuerda que fue Ino, la criada, quien se atrevió a decir en voz alta: “Paco tú eres el que más lo sientes porque se ha muerto tu madre”. El entierro se celebró al día siguiente en la parroquia de San Miguel.

La muerte de May supuso un antes y un después en la vida de Paco, ya con veintiún años, queda huérfano por completo, otra orfandad sufrirá ya adulto, Francisco Umbral, cuando quede huérfano de hijo, Francisco Umbral Suárez (Pincho), que murió el 24 de julio de 1974 a los cinco años de edad, suceso recreado por Umbral en Mortal y rosa, publicada en 1975.

Sin embargo Paco no ha vivido el vínculo materno con plena satisfacción, como hemos ido viendo, por la circunstancias de la paternidad no aceptada y por guardar las apariencias delante de la sociedad. Pero, sobre todo, esa insatisfacción le viene, porque su madre ha muerto antes de que él le haya podido demostrar tu talento artístico.

Dos años después de la muerte de su madre, en 1955, Francisco Pérez Martínez publica su primer artículo en la revista del SEU leonés de la facultad de Vetereinaria ARCO, gracias a la intervención de su primo José Luis Pérez Perelétegui, responsable de prensa del SEU en León. El artículo se titula, “La mañana”, y trata del despertar de la ciudad, experiencia que el escritor bisoño puede percibir cada mañana antes de las ocho, de camino al Banco Central desde su casa. Paco con veintidós años ha comenzado su cuenta atrás con el firme propósito de dedicarse a escribir de un modo profesional, diremos que encuentra su vocación inevitable en la literatura.

La prosa deslumbrante de Paco llamó la atención de Carlos Campoy García, redactor jefe de El Norte de Castilla y de Miguel Delibes, que se había hecho cargo de la dirección del periódico en 1958, y lo llamaron para la sección: “las Artes y las Letras”, en la que también colaboran César Alonso de los Ríos, José Jiménez Lozano, Ángel Mª de Lera, Ignacio Aldecoa y el propio Delibes.

El primer artículo firmado por Francisco Pérez Martínez en El Norte de Castilla se titula “Tres actitudes de la lírica española contemporánea”, en él repasa las tendencias poéticas que conviven en la España de los 50 y señala los nombres de Leopoldo Panero, Luis Rosales, Blas de Otero y, por encima de todos, José Hierro.

Francisco Pérez sigue trabajando en el Banco Central hasta que su primo José Luis Pérez Perelétegui, que había convivido con él en Valladolid y conocía bien sus inclinaciones literarias, le ofrece un puesto de administrativo en LA VOZ DE LEÓN, de la cual era director desde octubre de 1957.

Así pues, Paco deja su trabajo en el Banco Central, donde sus posibilidades de promoción son bastante bajas, para entrar en una emisora del Movimiento en León. Y en abril de 1958 toma el tren para León con una carta de recomendación de Miguel Delibes para el poeta y periodista burgalés, afincado en León, Victoriano Crémer. Su novia España Suárez Garrido sale a despedirlo a la estación.

 
 
 
                                          Umbral con Miguel Deibes y Manu Leguineche.
 
 
 
 
 
Ganó la plaza por concurso (el presidente era su primo José Luis) y con bastante diferencia del resto de los opositores en la prueba de mecanografía, su futura herramienta primordial.

Paco encajó muy bien en la emisora desde el principio. Tenía un trato afable con todo el mundo y al cabo de unas semanas dejó sus tareas administrativas para incorporarse como guionista y realizador de la emisora, aunque su categoría laboral fuera de administrativo. Se le pagaban los complementos (los suplidos) por las colaboraciones.

En la emisora coincide con Luis del Olmo, Mª Teresa Martín Villa (hermana del político de la UCD Rodolfo Martín Villa) y con Mª Jesús Álvarez Moro, “la voz más maravillosa que yo he conocido”, en opinión de Umbral. Al poco tiempo Luis del Olmo y Mª Jesús Álvarez, como después Francisco Umbral, darán el salto a Madrid.

Francisco Pérez escribe guiones de programas, aunque también dispondrá de espacios propios donde leerá sus artículos. En la emisora de la competencia RADIO LEÓN, de la Cadena SER, triunfaba Victoriano Crémer, figura indiscutible del periodismo leonés, con el programa “Luces de la ciudad”. El director de la emisora, su primo José Luis pensó que un Umbral debutante y descarado podía competir con Victoriano Crémer, a quien había sido recomendado por Delibes.

Y lo primero que hizo Paco en la emisora fue cambiarse el nombre de Francisco Pérez Martínez por Francisco Umbral, nuestro escritor ha decidido desprenderse de sus anodinos apellidos, Pérez Martínez. La primera vez que firmó con su nuevo nombre fue la noche del 29 de mayo de 1958, que leyó un sentido artículo dedicado a Juan Ramón Jiménez -uno de sus guías literarios- que había fallecido en la madrugada de aquel mismo día en Puerto Rico. Al terminar, el locutor/articulista, de voz grave, leyó el pie de firma: Francisco Umbral.

Después ya apareció en la prensa local (Diario de León, Proa, La Hora de León) la programación de la emisora y figuraba Francisco Umbral como responsable de la sección de medianoche titulada :“Buenas noches”.

Pero el programa que le dio más notoriedad fue el titulado “El piano del pobre”, que se emitió por primera vez el 6/01/1959 a las 10,55 y con una duración de 5 minutos. Su título venía de una melodía de Jean Patachou, que tomó como sintonía, que servía para abrir y cerrar el programa. Solía tratar algún tema de la vida leonesa y se fue haciendo un espacio entre los oyentes de LA VOZ DE LEÓN. Umbral seguía con el programa “Buenas noches” y los cinco minutos oficiales se habían convertido ya en media hora en el programa “Buenos días” (de 9,15 a 9,45).

Umbral según el director de la emisora se convirtió en el personaje más importante de LA VOZ DE LEÓN y dio lugar a que le encargaran la dirección de un programa titulado “Radio-Revista”, que se hacía en directo (por lo tanto no pasaba la censura previa) los lunes por la noche y con público asistente. En este programa se desarrollaba una especie de concurso titulado “Dentro o Fuera” con temas tan interesantes como el derecho al seguro obligatorio por enfermedad. La idea se había tomado del diario Pueblo de Emilio Romero. La mecánica era sencilla se llevaba a una serie de personas cualificadas para que opinaran sobre el tema y al final el público votaba. El resultado dejaba el asunto dentro o fuera, aprobado o rechazado.

El programa tenía éxito porque Umbral lo conducía muy bien. Una semana propuso Umbral el tema de los cabarets (en el programa llamados con el eufemismo Salas de fiesta12) que eran muy frecuentados en aquella época de represión sexual, aunque denostados por la sociedad bien pensante. El programa estuvo muy animado, se votó y el tema quedó “dentro” (aprobado) por dos votos de diferencia, para escándalo de algunos sectores sociales, sobre todo el eclesiástico.

Al domingo siguiente el obispo de León, don Luis Almarcha, criticó en su homilía al programa “Dentro o Fuera”. Entre los fieles estaba el director de la emisora, al que poco después se le invitó a visitar el obispado y tener una charla con don Luis. José Luis Pérez Perelétegui le sugirió al obispo repetir el programa, aunque con otros invitados, esta vez con miembros de Acción Católica, que se emplearon a fondo para que resultado final fuera el pretendido por el obispo: Fuera.

Y esta vez ganó el Fuera por un voto; pero Umbral sobre la marcha al ver que los cabarets quedaban fuera (rechazados), hizo una pirueta y sumó los votos del segundo programa con los del primero, de tal forma que las ‘salas de fiesta’ volvieran a quedar “Dentro” para sorpresa de todos con un margen de un voto. Aquí vemos una primera muestra del Umbral rebelde y trasgresor.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
La anécdota corrió por toda la ciudad, la fama de Francisco Umbral creció y el director de LA VOZ DE LEÓN creyó que era el momento de competir con Victoriano Crémer y le ofreció un nuevo espacio, a la mismo hora de “Luces de la ciudad”, el programa de Victoriano Crémer en RADIO LEÓN-SER. El programa de Umbral se llamó “El tiempo y su estribillo” y funcionó muy bien, llegó a igualar a Crémer en nivel de aceptación. Umbral demostró que había captado a la perfección la idiosincrasia del leonés, para ello dio frecuentes paseos por la ciudad, especialmente por el Barrio Húmedo, por los bares, tabernas y figones más tradicionales de la ciudad, fruto de esos paseos serían las colaboraciones en la radio de La crónica de las tabernas leonesas13, que publicó en 1962, ya en Madrid, en la Revista de la “Casa de León”, Órgano del Instituto de Estudios Leoneses (tres entregas, mayo, junio y julio de 1962).

Se recuerda al Umbral de esta época, como un joven que cuidaba mucho su imagen, que paseaba mucho por el centro de la ciudad y que se hizo amigo de las gentes de la literatura, en especial con el grupo de los vinculados a la ya extinta Espadaña: don Antonio González de Lama, Crémer, Antonio Gamoneda (también futuro Premio Cervantes como Umbral), César Aller, Alfredo Marcos Oteruelo, Antonio Pereira y su otro primo José Antonio P. Perelétegui.

También publicaba los textos que escribía para la emisora en el Diario de León con ligeros retoques; realizaba reseñas de escritores y ganó el primer premio literario, que culminaría en el Premio Cervantes el año 2000. Fue un concurso de cuentos que convocaba el Diario de León, ubicado en la calle Pablo Flórez, y lo ganó con el relato titulado “La paloma en el negociado”. En el jurado estaban don Antonio González de Lama, Alfredo Marcos Oteruelo y el poeta César Aller. (6 de enero de 1961).

 
 
 
 
 
 
                                 Umbral (en el centro) con su primo José Luis (a su izquierda)
 
 
 
 
 
 
 
Al llegar a León, Umbral, se alojó en casa de sus primos en la avenida del Padre Isla, 61.

Francisco Umbral ya bien instalado en la emisora y publicando artículos en el Diario de León, con los complementos que cobra, puede casarse con España, la única novia que se le conoce en Valladolid y así poner fin a la separación forzosa de un año y medio. Umbral y España Suárez Garrido se casan el 8 de septiembre de 1959 en Valladolid, lugar de residencia de la novia, según es costumbre. Contraen matrimonio canónico en la iglesia de San Martín. Umbral tiene 27 años y España 23.

Habían empezado a salir hacia 1953, cuando murió la madre de Paco. Eran casi vecinos, ella vivía en la calle de San Diego, 6, pero se conocieron en el paseo de Recoletos, junto al Campo Grande. España era una chica delgada, rubia, muy bella.

España había nacido en Santa Eulalia de Tábara, un pueblo del norte de Zamora, el 3 marzo de 1936, hija de Domingo Suárez Ferrero, jornalero y de Bernarda Garrido Gómez. Los padres de Domingo eran unos modestos labradores, pero Bernarda era hija del capataz de Requejo, Feliciano que era el encargado de la finca llamada dehesa de Requejo, antigua propiedad de Don Francisco Fernández-Blanco y Sierra Pambley14. Aquí volvemos a tener la conexión con León, con la labor escolar, agrícola e industrial de este prócer liberal y filántropo leonés, con propiedades agrícolas en Hospital de Órbigo, Villablino y esta dehesa de Requejo en Zamora.

Parece ser que el padre de España era muy inquieto políticamente, patriota republicano convencido y con el triunfo político del Frente Popular en 1936, bautizó a su hija con el rotundo nombre de España, con el prescriptivo nombre de María delante.

Domingo fue movilizado como reservista en 1937 y pasó la guerra en el Regimiento de Farnesio en Valladolid y en 1939 se reenganchó en el ejército, siguiendo la carrera militar hasta su jubilación.

Una vez casados Paco y España se instalan en la ciudad en la calle Comandante Zorita, 5. En el mismo edificio vivía su primo y promotor José Luis Pérez Perelétegui. Allí se acomoda la pareja con sus primeros muebles, unos pocos libros y toda la gran ilusión de iniciar una vida independiente y pequeño-burguesa. Umbral y España hacían muy poca vida social. El escritor ha confesado a Eduardo Martínez Rico hacia el año 2000:



-¿Cómo era tu vida social en León?

-¿Mi vida en León? Muy aburrida: la radio, el periódico, una ciudad aburridísima y muerta, nada un rollo15.



 
                                      Umbral y su mujer María España durante un baile
                                       en león en 1961. 
 
 
 
 
 
Umbral sigue con su trabajo en la radio, sus artículos en el Diario de León, que reproducen prácticamente lo leído en la emisora, tienen cada vez más relevancia, de tal forma que desde el 1 de octubre de 1960 su artículo en la página literaria, se presenta con una foto del escritor (medida poco frecuente en la época) y que demuestra el prestigio que va teniendo Umbral en León. La sección se titula “Escribe Francisco Umbral” y en ella hace reseñas elogiosas de poetas como Victoriano Crémer, César Aller o Gabriel Celaya.

Francisco Umbral es ya un referente cultural en la ciudad e inicia la colaboración en el Círculo Medina, dependiente de la Sección Femenina de Falange, cuya directora era Delfina García Cela. Se encarga de las relaciones culturales y, por lo tanto, invita a los conferenciantes, los presenta y modera los debates. Esta actividad le permitirá ponerse en contacto con personas de la categoría de Emilio Romero (director del periódico Pueblo), Leopoldo Panero, Jaime de Armiñán, Gerardo Diego, Dámaso Santos, Tico Medina… Mientras tanto irá midiendo sus posibilidades de trasladarse a Madrid, meta obligada de casi todos los literatos que han triunfado en España.

Uno de los invitados al Círculo Medina fue José Hierro, que era ya un poeta consagrado en 1960: Premio Adonais (1947), premio Nacional de Literatura (1953) y premio Nacional de la Crítica (1958) y fue presentado al público habitual del Círculo el 4 de enero de 1960. José Hierro era, entonces, el encargado del Aula pequeña del Ateneo de Madrid e invita a Umbral a una lectura en el Ateneo en un ciclo de lecturas llamado “Poesía y cuentos”, el día 16 de diciembre de 1960. Umbral anuncia este pequeño evento en el Diario de León, dándole una gran importancia a este viaje iniciático, consciente de que muy pocos superan la barrera provinciana. Será el primer viaje del escritor a la capital, donde había nacido. Allí tanteó sobre el terreno sus posibilidades de asentarse en Madrid.

Dio su lectura en el Aula pequeña del Ateneo con muy escasa asistencia, apenas media docena de personas, pero no le afectó. Él lo recrea así en La noche que llegué al Café de Gijón:



La primera noche que entré en el Café de Gijón puede que fuese una noche de sábado (…) Yo había llegado a Madrid para dar una lectura de cuentos en el aula pequeña del Ateneo, traído por José Hierro, y encontré, no sé cómo, un hueco en uno de los sofás del café (…)

El aula pequeña tenía una lamparita de luz, un vaso de agua y unos balcones antiguos –cerrados naturalmente- que retemblaban con el paso de algún camión por la estrecha calle del Prado16.



Después de la lectura acompañó a José Hierro a la ronda de vinos con patatas bravas y el vaso de leche de Umbral. Se quedó un par de días en Madrid, entró por primera vez en el Café de Gijón y comprobó que ese era su lugar, la meta de sus aspiraciones literarias.

Ya dijimos que Umbral colaboraba en la programación cultural del Círculo Medina17 organizando las conferencias, presentando a los ponentes y moderando los debates. Pues ahora asumirá una nueva responsabilidad: colaborar con las actividades del cineclub, que dirigía su otro primo José Antonio Pérez Perelégui. El cineclub había empezado a funcionar el 13 de noviembre de 1960 con la película, “El chico” de Charles Chaplin. Las sesiones se desarrollaban los domingos por la tarde en el Teatro/cine Emperador. En la primera programación se anunciaron las siguientes películas: “¡Viva Zapata!”, “Orfeo”, “Belleza maldita” y “Un americano en París”.

Pues bien, el 8 de enero de 1961 se proyectó en el cineclub la película “Orfeo”, dirigida por Jean Cocteau en 1950 y basada en un texto suyo. Los periódicos anunciaron el pase de la película y el coloquio corría a cargo de Francisco Umbral. Y desde luego comentar una película tan personal y difícil como “Orfeo”, en la que la referencia al mito de Orfeo, se combina con una elaboración onírica y surrealista del personaje principal, tenía sus dificultades de comprensión, incluso para un público cultivado.

La película no gustó, se produjeron comentarios negativos y murmullos durante la proyección. Umbral no tuvo en cuenta la actitud del público o quizá confió demasiado en sus posibilidades de convicción; pero lo cierto fue que aquello se convirtió en un guirigay, con silbidos y abucheos de protesta para el conductor del coloquio.

Aquella misma noche en su programa de radio reaccionó con violencia, desquitándose de la humillación sufrida. Y al día siguiente en una entrevista a una joven pintora también el tono fue de provocación para la sociedad leonesa bien pensante. Umbral estaba crecido, porque había ganado el concurso de cuentos del Diario de León y también porque acababa de regresar de su viaje iniciático de lletraferit al Ateneo de Madrid, lo que le daba confianza en su talento. A los que le habían abucheado en el cineclub los trata de labriegos ignorantes, que no sabían apreciar al escritor. Umbral en ese momento, se identifica con Jean Cocteau, de modo que defendiéndolo, se defenderá a sí mismo.

El mismo día 9 de enero en su programa de sobremesa de la VOZ DE LEÓN, “El tiempo y su estribillo”, continuó cargando contra el público leonés.

El Diario de León, haciéndose eco de las declaraciones de Umbral, publica un editorial titulado: “Pensamos”, en el que reprueba el comportamiento del público en el pase de “Orfeo”, en estos términos:



(…) tan mal les sentó que la emprendieron contra el pobre Cocteau y contra en no menos pobre presentador de la obra, que, a pesar de sus esfuerzos expositivos, no logró ver al público el auténtico mensaje poético.

Y termina: ¿Qué pensaremos de un pueblo en el que la poesía produce risa y el disparate lágrimas?

Diario de León, 10/01/1961, pág. 1



El martes, día 10 de enero, aparece una larga carta al director de Proa, Federico Miraz, firmada por Delfina García Cela, la directora del “Círculo Medina” y responsable de la Sección Femenina de Falange en León, que se titula “Un malentendido que debe deshacerse”, en la que entre otras cosas dice:



Belleza y realidad en una conjunción que no consideramos armónica y que acaso lo sea, pero que el señor Umbral no supo en ningún momento transmitir: sus palabras se perdieron en “bellísimos, estupendos y poéticos”, que unió a una serie de tópicos que pueden ser empleados con “Orfeo” y con cualquiera otra clase de películas de la misma o parecida factura ( PROA, 10/01/1961, pág. 6 )



Francisco Umbral le contestó con brillantez argumentativa en su programa de sobremesa, defendiendo sus puntos de vista y entre otras le dice en “Carta abierta a Delfina García Cela”:



Al hacer la presentación de la película y de Jean Cocteau (…), empecé por situar a Cocteau en la órbita gideana del acto gratuito y del arte por el arte, derivando luego al arte como juego (…), según el ejemplo que quise establecer en mi afán de poner la cosas claras, fáciles y cercanas al público del cineclub. En la cinta de “Orfeo” diferencié tres planos de creación: el realista, el surrealista y el truculento, analizando los tres por separado y destacando virtudes y defectos de la película (…) Al finalizar la proyección aún puntualicé las fidelidades e infidelidades del filme al mito de Orfeo, el simbolismo de los espejos (…), el sentido de algunas metáforas utilizadas en el guión (…) y mucho más lejos hubiera llegado de no ser por la actitud del público.18



El periódico Proa tomó cartas en el asunto cargando contra el escritor por sus descalificaciones a los leoneses tras el incidente del pase de “Orfeo” y el director, Federico Miraz, explicaba en un largo artículo titulado: “Más respeto para el pueblo leonés”:



(…) me obliga (…) saltar a la palestra. En defensa, claro está, de algo tan legítimo, de tanta dignidad como es el buen nombre, la buena fama de un pueblo de tan alto latido histórico y actual como el leonés.

Recoge en su alegato alguna de las afirmaciones de Umbral contra lo leonés y concluye:

Parece increíble (…) que se pueda ofender así donde se come el pan y se vive. Yo, que no he mojado la pluma en el tintero cuando de referencias por este estilo se hicieron a mí o los que conmigo trabajan, pido a Francisco Pérez Umbral (…) más respeto para el público, para el pueblo de León, de hoy, de ayer, y de hace ciento veinticinco años.

Lo que menos se puede ser en la vida es ser agradecido. Y sinceramente creo que Umbral debe estar –y ¡mucho!- agradecido a este buen pueblo leonés. (PROA, 11/01/1961, pág. 9)



La actitud de don Federico era un tanto recelosa ante la emisora, que pocos años atrás dirigía él mismo y de la que se había visto desplazado por el primo de Umbral, José Luis Pérez Perelétegui. También se esconde la rivalidad entre el Diario de León, donde colaboraba Umbral y el Proa, diario del Movimiento, así como el recelo entre las dos emisoras locales.

Aquella polémica sirvió como disculpa para que Francisco Umbral, que ya le rondaba desde hacía tiempo, decidiera el desembarco en Madrid.

Su último comentario en el programa “El tiempo y su estribillo”, rebaja el tono de la polémica, contemporiza y prácticamente se despide con este tenor:



Lleva uno algún tiempo ejerciendo como apasionado de todo lo leonés y de todo leonesismo. Si he dicho lo que se me atribuye la contradicción es manifiesta con todo lo que vengo escribiendo, día tras día, en función de rendido leonesista. Dentro del amor puede equivocarse uno, mas no por eso deja de amar; discutible es mi labor, pero no el amor que hay en ella.

Amor y labor que a León y los leoneses debo. (O. Cit. de Anna Caballé, p. 163)



Después del episodio de “Orfeo”, la popularidad de Umbral creció notablemente por lo que el Diario de León anunció dos días después del incidente: “Francisco Umbral colaborador de Diario de León” y tendrá su sección, “La ciudad y los días”, en la que tratará de reflejar la actividad semanal de la ciudad. La sección es diaria (pronto empezó con la disciplina del artículo diario, luego serían más) y trata los temas locales:

decisiones municipales, celebraciones, películas estrenadas y el intenso frío del invierno en León por aquellos años.

Pero poco tiempo durarían estas colaboraciones diarias, porque el 6 de febrero de 1961 le sustituye en la columna :”La ciudad y los días”, el periodista Juan Urbano. Y el 6 de febrero se publica la partida de Umbral en la primera página



“F. Umbral a Madrid”.- En las primeras horas de la tarde ha salido para Madrid nuestro ilustre colaborador y entrañable amigo Francisco Umbral (…) Registramos la noticia con el consiguiente dolor, por cuanto FU llegó a nuestro periódico recientemente y en el breve espacio de tiempo que ocupó la tribuna “La ciudad…” supo tomarle el pulso a la urbe, con indudable acierto y categoría. FU desempeñará en la capital de España un amplio programa de codiciado trabajo en prensa y en radio, donde su firma se valora y se estima (Diario de León, 6/02/1961, pág. 1)).



Umbral se marcha de León como una salida natural, que ya había preparado con su lectura en el aula pequeña del Ateneo, invitado por José Hierro. No cabe duda que el detonante fue la carta de la directora del “Círculo Medina”, Delfina García Cela, por su actuación en la presentación de “Orfeo” y los posteriores comentarios; y también porque perdió el prestigio de su labor durante los dos últimos dos años y medio. Finalmente le dice a su primo, que le defendió en la polémica: “Mira yo necesitaba un pretexto para irme a Madrid y ya lo tengo, de modo que me voy” (O. Cit p. 166).

Dos años y medio pasó en León Francisco Umbral, periodo que podemos considerar como la prehistoria literaria del futuro brillante columnista y centenario escritor de novelas y libros de ensayo.

Así pues, respondiendo al título de este artículo, “Francisco Umbral en (y) León” podemos destacar las siguientes conexiones con la ciudad:

La familia materna del escritor procede de Valencia de Don Juan, es por tanto coyantina.

En León vive el tío Avelino Pérez (hermano de su abuelo Claudio) y Socorro con su hijo Santiago, el jefe del Servicio de Aguas de León en los años 30, con ellos pasaron Paquito y su madre/tía May unas navidades.

Sus primos José Luis y José Antonio Pérez Perelétegui, hijos de tu tío Claudio viven en León y alientan el inicio de la carrera literaria de Umbral.

Su mujer Mª España es nieta del capataz de la dehesa de Requejo en Santa Eulalia de Tábara (Zamora), propiedad de don Francisco Sierra-Pambley, prócer y filántropo leonés.

En cuanto su carrera literaria, publicó su primer artículo, “La mañana” en la revista leonesa ARCO del SEU, gracias a la intercesión de su primo José Luis. A León vino Francisco Pérez Martínez a trabajar como administrativo a LA VOZ DE LEÓN, también invitado por José Luis, que era el director. Después colaboró en la programación cultural del “Círculo Medina” y en el cineclub, que dirigía su otro primo, José Antonio.

Así como sus colaboraciones periodísticas en el Diario de León.

En nuestra ciudad adoptó su nuevo nombre, pasó de Francisco Pérez Martínez a Francisco Umbral, después, ya en Madrid, se le llamó “Pacoumbral”.

Podemos, pues, afirmar que Francisco Umbral veló las armas literarias y nació como escritor en León.

Su carrera posterior es de sobra conocida. Ha ganado todos los premios literarios, pese a que la crítica le achaca que no es un novelista puro, pero sí un excelente e indiscutido columnista: el Nadal de novela, el González Ruano de periodismo, el Nacional de la Crítica, el Nacional de Literatura y el Premio Cervantes (el Nobel de la Lengua Española). El único galardón que no consiguió fue el ingreso en la Real Academia de la Lengua.

Francisco Umbral murió en Madrid el 29 de agosto de 2007 con 75 años.



BIBLIOGRAFÍA

Caballé, Anna, FRANCISCO UMBRAL, El frío de una vida, Espasa-Calpe, Madrid, 2004

Martínez Rico, Eduardo, UMBRAL: vida, obra y pecados. Conversaciones, Editorial Foca S. L. Tres Cantos (Madrid), 2001.

Formica, Mercedes, Espejo roto. Y espejuelos, Huerga y Fierro, Madrid, 1998

Umbral, Francisco, Crónica de las tabernas leonesas, Edición facsímil, El Mundo/La Crónica de León, 2004, prólogo de Fulgencio Fernández.

  • El hijo de Greta Garbo, Destino/Planeta, Barcelona, 1998
  • Fulgor de África, Seix y Barral, Barcelona, 1989.
  • La noche que llegué al Café de Gijón, Destino, Barcelona, 1978 (2ª edición)
  • Los cuadernos de Luis Vives, Barcelona, Planeta, 1996
  • Los males sagrados, Destino, Barcelona, 1976

DIARIO DE LEÓN, PERIÓDICO REGIONAL CATÓLICO:

“Pensamos” (Editorial), 10/01/1961

“La ciudad y los días” de Francisco Umbral, 12/01/1961, pág. 3

“La ciudad y los días” de Juan Urbano, sustituto de Francisco Umbral, 6/02/1961

“F. Umbral a Madrid”, 6/02/1961, pág. 1.

PROA:

“Un malentendido que debe deshacerse” de Defina García Cela, 10/01/1961, pág. 6

“Más respeto para el buen pueblo leonés” de Federico Miraz, 11/01/1961, pág. 9












  1 . Umbral Francisco, Los males sagrados, Destino, Barcelona, 1976. (p. 2)
2 . Umbral Francisco, Memorias de un niño de derechas, Destino, Barcelona, 1972, (pág. 17)

3 . Caballé Anna, Francisco Umbral. El frío de una vida, Espasa-Calpe, Madrid, 2004 (p. 63)

4. Martínez Rico, Eduardo, Francisco Umbral: vida, obra y pecados. Conversaciones, foca Ediciones, Tres Cantos (Madrid), 2001, (pág. 31)

5 . Siempre figuró y figura como fecha de nacimiento el año 1935 en las solapas de sus libros: “Francisco Umbral nace en Madrid en 1935 y lleva más de treinta años dedicado profesionalmente a la literatura y al periodismo”, dice en la solapa de El hijo de Greta Garbo, Destino/Planeta, Barcelona, 1998. Además de su biógrafa, Anna Caballé, él mismo nos da una pista en la crónica titulada: “Juego de bolos en Villa Evarista”, y dice así: “Desde 1932- que es un bonito año en que se fue el rey de España y vino al mundo el cronista”. Estamos en los primeros 60 del siglo XX y aún no había tendido ese velo de misterio sobre su biografía y nos da su verdadero año de nacimiento. Cita tomada del prólogp de Fulgencio Fernández de Crónica de las tabernas leonesas de Francisco Umbral, El Mundo/La Crónica de León, 2004. (p. 25)

6 . Umbral Francisco, El hijo de Greta Garbo, Destino/Planeta, Barcelona, 1998 (p. 74)

7 . O. Cit. EHGG, p. 116

8 . O. Cit. EHGG, p. 248

9 . Umbral Francisco, Los males sagrados, Destino, Barcelona, 1976, p. 158

10 . Umbral Francisco, Fulgor de África, Seix y Barral, Barcelona, 1989, p.

11 . Caballé Anna, Francisco Umbral. El frío de una vida, Espasa-Calpe, Madrid, 2004, p. 114

12 . No sé qué cabarets funcionarían en León en 1959, quizá El Iris, El Holliwood y El Universal, porque El Siroco y El Yuma me parece que abrieron más tarde. Hoy ninguno está abierto. El edificio de El Universal, que estaba al principio del Paseo de la Condesa, ha desparecido, porque estaba en terreno municipal y vencería la licencia.

13 . Umbral Francisco, Crónica de las tabernas leonesas, Edición facsímil, El Mundo/La Crónica de León, 2004, con prólogo de Fulgencio Fernández.

14 . Francisco Fernández-Blanco y Sierra Pambley creó la “Fundación Sierra-Pambley” en Villablino en 1885 y contó con la colaboración de los miembros de la Institución Libre de enseñanza (ILE): Gumersindo de Azcárate, Francisco Giner de los Ríos y Bartolomé Cossío. La función de dicha institución fue crear escuelas de ampliación de estudios de primaria y agrícolas en Hospital de Órbigo y en Moreruela de Tábara; así como una Escuela de Enseñanza Mercantil y Agrícola en Villablino, cuna de una floreciente industria láctea. También creó una Escuela Industrial de Obreros en león con sección de carpintería, forja y herrería en 1903 y la Granja-Escuela del Monte de San Isidro en 1917. En la actualidad la Fundación Sierra-Pambley sigue activa con una interesante programación cultural.

15 . Martínez Rico Eduardo, UMBRAL: Vida, obra y pecados. Conversaciones, Foca Ediciones S. L., Tres Cantos (Madrid), 2001, p. 55

16 . Umbral Francisco, La noche que llegué al Café de Gijón, Destino, Barcelona, 1978 (2ª edición), pp. 9 y 10.

17 . Todavía por los años 80 (S. XX) había un rótulo en la fachada frontal del Teatro/cine Emperador que ponía CÍRCULO MEDINA y creo que también se publicaba una revista con el mismo nombre y dependía de la Sección Femenina de la Falange Española.

18 . Caballé Anna, FRNACISCO UMBRAL. El frío de una vida, Espasa-Calpe, Madrid, 2004, (pág. 157-158)

jueves, 7 de abril de 2016

LUIS ALONSO LUENGO, CRONISTA OFICIAL DE SU TIEMPO






                           (A Josefa Serrano Pérez, mi madre, IN MEMORIAM)







Luis Alonso Luengo, Astorga, 1907 – Madrid, 2003

A finales del siglo XIX Astorga era un manantial de cultura. Aparecen periódicos por doquier, entre ellos vamos a citar El Céfiro, que sale a la calle en las postrimerías del siglo XIX y tenía como colaboradores a Félix Cuquerella, de quien un crítico local decía: “Cuquerella, Cuquerella- el pigmeo de estatura- el Sansón de inteligencia”, que llegó a estrenar en Madrid algunas comedias valiosas, Pepe Aragón y Magín Revillo.

También existían otros periódicos como La Luz de Astorga de Hidalgo, El Pensamiento Astorgano, sacado por Revillo, eminentemente clerical y El Faro Astorgano de Porfirio López, padre del periodista Lorenzo López Sancho.

Pues bien, a principios del siglo XX, cuando nacen Luis, Ricardo, Juan y Leopoldo, Astorga es una pequeña ciudad que cuenta con tres periódicos trisemanales. Y en este caldo de cultivo intervienen, muy pronto, en la vida cultural los cuatro amigos. Luis fue, en cierto modo, el promotor de “La Escuela de Astorga”. Ricardo Gullón evoca esos años de adolescencia en Astorga:



La entrada en la adolescencia implicó la entrada en la poesía de la mano de Rubén Darío o, para decirlo con exactitud, de la mano de Luis Alonso, el más maduro de nosotros y el de lecturas más serias: nos contagió a Leopoldo (Panero) y a mí su fervor (…) Aún me veo con Luis paseando por la Muralla y recitando en voz alta la “Sonatina”: “Era un aire suave”1



También don Ricardo Gullón en su ensayo: “Descubrimiento de la poesía”, recordaba:



Un amigo de la infancia, Luis Alonso Luengo, poeta y hombre sensible (…) fue el compañero inseparable de aquellas tardes en que juntos y solos, nos emborrachábamos de Rubén (Darío), como de un alcohol de gran fuerza. Paseos por la Muralla en las claras tardes de primavera astorgana, cuando la vega empieza a verdear y los trigos despuntan en los campos antes de color ocre. Por qué este terruño- dice Ricardo- tan antitético a la idea de un parque versallesco artificial, con rumor de violines (…), nos empuja hacia algo en que, lejos de sentirlo quebradizo y falso, nos parecía real.2



Después del paseo por la Muralla bajaban a la Eragudina, un parque bien arbolado, y un día describe Ricardo, bien lo recuerdo, recitando el romance del “Conde Arnaldos”, sentimos un sobrecogimiento, una impresión nunca advertida tan íntimamente; la más singular que puede producir la poesía, antes difusa y ahora clarísima: las impresión de ‘misterio`: Yo no digo mi canción/ si no a quien conmigo va?

En la primavera de 1924 llegó a Astorga el Regimiento de Ordenes Militares, y don Melitón Amores, un beneficiado de la Catedral y secretario del obispo Antonio Senso Lázaro, escribió una comedia moralizante titulada: Que viene el Regimiento, estrenada el 20 de mayo en el Círculo Católico y actuaron, entre otros, Luis Alonso como capitán andaluz y Leopoldo como teniente, que nada más llegar a la ciudad se enamoran de dos chicas del pueblo.

Empujados e imbuidos quizá pedantemente por una tradición cultural astorgana que pensaban que era la suya y siguiendo las huellas de la generación modernista de El Fresco y Asturica , liderada por el poeta Félix Cuquerella y por Demetrio Monteserín, Ricardo, Juan, Leopoldo y Luis deciden publicar en el verano de 1925 el semanario La Saeta . El mismo don Melitón Amores, extremeño simpático y abierto, animó al grupo a lanzar la Saeta (Periódico humorístico-literario), “en que perpetramos nuestras primeras fechorías literarias”, dice Gullón (O. Cit. p. 26). Don Melitón con la facilidad de su pluma escribió los versos que se colocaban bajo la cabecera de la publicación: ¡¡¡LA SAETA!!!

Órgano monumental

de un don fulano de tal

que no tiene una peseta.



Y aunque teclado no tiene

porque mejor le conviene

ser órgano sin teclado

posible será que suene

más que un órgano afinado.



En cambio tiene trompetas

que en vez de lanzar sonidos

lanzarán por sus lengüetas

una porción de saetas

que a muchos dejará heridos.



En las vacaciones de Navidad de 1925, Luis Alonso Luengo y Ricardo Gullón escribieron en dos tardes, Los cuatro filetes del Apocalipsis, que parodiaba el título, que no el contenido de Los cuatro jinetes del Apocalipsis de Blasco Ibáñez. La obrita, una inocentada en verso de poca monta, se representó el 28 de diciembre en la Casa Social y lo más gracioso era un “Canto al calcetín de punto inglés”, parodia del “Canto al Mantón de Manila” que aparece en Rosa de Madrid de Luis Fernández Ardavín, obra de éxito representada en Madrid. Luis Alonso, versificador fácil e ingenioso, escribió una parodia mejor que lo parodiado:



Canto paródico al calcetín de la amada:

Calcetín prenda adorada

calcetín de punto inglés

que ceñiste de mi amada

los escultóricos pies,

que sus juanetes besaste



Canto al Mantón de Manila:

¡Mantoncito de Manila!

Rico pañuelo chinés,

que se ciñe y se perfila

de los hombros a los pies,

como si de carne fuera2



Lo de los “cuatro filetes del Apocalipsis” viene a cuento, porque los cuatro pretendientes de doña Mencía ( interpretada por Juan Panero por ser el único entre los jóvenes actores que tenía bigote), se reúnen en el “Mesón Apocalipsis”, y los cuatro, al sentirse burlados, se lían a comer 4 filetes. Y el calcetín fue la prenda que entregó a uno de los galanteadores.

En el verano de 1928 los miembros de la futura Escuela de Astorga (Luis, Juan, Leopoldo y Ricardo) publicaron el semanario Humo, ya más pretencioso que La Saeta, pues trataba de arte y letras y tenía menos intención satírica, ya que el grupo había madurado un poco.

Humo pretendía ser una revista literaria, pero sin desertar de la actualidad social y sentimental del momento y siendo fiel a la raíz astorgana de tratar de arte, historia y poesía.

Terminó Humo, no como La Saeta (que terminó como el Rosario de la Aurora), sino acabando su ciclo voluntariamente, con una fiesta literaria en el gran salón del Casino.

Durante el verano de 1929, Ricardo, Leopoldo y Luis deciden escribir y publicar un libro titulado: Guía Artística y sentimental de Astorga, su título evoca otras guías como Granada (Guía emocional) (1911) de Gregorio Martínez Sierra, que leyéndola inspiró a Manuel de Falla para componer: Noches en los jardines de España (1911) o Segovia. Itinerario sentimental (1915) de Julián Mª Otero, que no sólo pretenden dar información artística e histórica, sino interpretarla en clave de afecto.

La idea de escribir la Guía fue -dice Gullón- de nuestro excitador permanente, Luis Alonso, el único conocedor de la materia: “Luis puso la erudición, Leopoldo el rigor y Ricardo lo sentimental”. Esta Guía fue una obra conflictiva. Se mencionaba en ella la desaparición de varios objetos artísticos custodiados en la catedral. El obispo montó en cólera y llegó a amenazar con la excomunión de los autores. La amenaza no prosperó.

Gerardo Diego pasó dos vacaciones de verano, en los primeros 40, en Astorga en una casa proporcionada por Luis Alonso Luengo, la misma casa, donde a comienzos del siglo XX, había estado Concha Espina y, quizá, había concebido su novela La esfinge maragata. Fruto de sus estancia serían los 12 poemas astorganos: “Jardín de Astorga” de su libro Paisaje con figuras, que Gerardo diego publicó en 1956, que dedicaría a Luis Alonso. Pues un día, estando Gerardo Diego en la casa familiar de Luis Alonso Luengo, descubre un ejemplar de la Guía artística y sentimental de Astorga y la colección de las revistas juveniles: La Saeta y Humo, publicadas en la década del 20 por el cuarteto de amigos, Ricardo, Leopoldo, Juan y Luis; y tras leer detenidamente todo aquello, denominó esta actividad literaria “Escuela de Astorga” y publicó en el diario ABC de Madrid, entre marzo y abril de 1948, tres artículos, titulados ESCUELA DE ASTORGA. Esto dice en la tercera de ABC del 3 de marzo de 1948:



(…) hace unos veinte años, aparece un grupo de estudiantillos que agita y revuelve las aguas mansas de la ciudad dormida con una revista literaria libros de versos y una guía en colaboración (…) Los autores de esta simpática travesura de adolescencia, (…) son los hermanos Juan y Leopoldo Panero, Luis Alonso Luengo y Ricardo Gullón.



Señala Gerardo Diego, que la “Escuela de Astorga” hunde sus raíces en el “arvolorio” del que habla el poeta medieval Juan Lorenzo Segura en su Poema de Alexandre.

El poeta de la Generación del 27 denomina la actividad literaria de este grupo de amigos “Escuela de Astorga”, y no generación, porque la generación tiene un sentido temporal (Generación del 98, del 27 del 36- a la que pertenecerán los miembros del grupo-) y el concepto de escuela, además del aprendizaje, se refiere a un lugar, a una ciudad (Escuela Salmantina, Escuela Sevillana o más actual Escuela de Barcelona) que por su singularidad o por simple coincidencia sea la génesis de la actividad de sus miembros. Astorga por su tradición literaria y por su entorno mágico y con su impronta despertó la vocación literaria del grupo.

En seguida se hicieron eco de la ‘invención’ de Gerardo Diego, Victoriano Crémer y Eugenio de Nora en León y en Astorga don Augusto Quintana (el canónigo archivero), don Esteban Carro Celada (sacerdote y periodista) que escribió su tesis doctoral sobre “La Escuela de Astorga” y Lorenzo López Sancho.

En febrero de 1983, el Casa de León en Madrid organizó, a propuesta del gran investigador leonés, Florentino Agustín Díez (padre del novelista Luis Mateo Díez) un coloquio sobre la “Escuela de Astorga” con intervención de José Antonio Carro Celada, Dámaso Santos, Ricardo Gullón y Luis Alonso Luengo. Se solicitó la presencia y participación de Gerardo Diego, que no pudo asistir, porque estaba muy enfermo- moriría poco después-, pero sí envió unos folios que fueron leídos allí, en los que actualizaba el tema y hablaba de la obra posterior de los componentes del grupo. Mantiene la profunda raíz astorgana cuyo “arvolorio”- dice Gerardo- sigue dando “sombra templada e buena color” como en tiempos de Juan Lorenzo Segura.

Y por último referido a la “Escuela de Astorga”, en abril de 1993 se celebró en Astorga un congreso de ámbito universitario en el que participó Luis Alonso Luengo con una ponencia titulada: “La Escuela de Astorga desde el interior”. Dos años más tarde se publican las actas a cargo de Javier Huerta Calvo. Además este congreso se convirtió en el homenaje de todos los participantes al juvenil superviviente, con 86 años, de la escuela ‘inventada’ por Gerardo Diego.



                                     La ciudad de Astorga con el Teleno al fondo
 
 
Luis Alonso Luengo, todavía en su prehistoria literaria, se arranca en 1929 con un libro de poemas: Estampas y madrigales (Astorga, Imprenta de Porfirio López, 1929). Es el primero del grupo que publica un libro en el que demuestra que su vocación más íntima fue la de poeta, aunque después haya cultivado otros géneros. Este libro se inserta en la órbita final del modernismo, ya posterior a Rubén Darío, con ecos de Valle-Inclán o Manuel Machado. Eugenio de Nora en su artículo, “Adiós a D. Luis Alonso Luengo”, ofrece una muestra de esa estética decadente, amanerada y paródica, es este sonetillo eneasílabo titulado “Chambelán”, perteneciente al Tríptico versallesco:



Blanca peluca, azul levita

zapato al modo versallés;

más bien parece una damita

que un aristócrata francés.

Adula al rey: Por una bella

siente un amor ciego y violento,

y ella se ríe, igual que aquella

Eulalia frívola del cuento.



De los vergeles por las calle

ante las ninfas de Versalles

galante y lánguido se inclina

Y es que ensaya con paciencia

para ofrecer su reverencia

a la madama Guillotina.



Concluye Nora: “Quien ha escrito una pieza como esta es un auténtico poeta”3

O este cuarteto dedicado a Astorga (”Altiva”, como la denomina Andrés Martínez Oria en su novela: Más allá del olvido, C.E.A.Marcelo Macías, Astorga, 2007), también modernista:



Ciudad recia y altiva, que emplazada

en el borde de un áspero altozano,

tiene, olímpica, el gesto soberano

de una indómita reina destronada4



 
 
 
Luis Alonso Luengo nació en Astorga en 1907 en la calle Postas nº 2. Estudió la enseñanza primaria en Astorga con los Hermanos de la Doctrina Cristiana (los del ‘babero’), luego cuando en 1919 los frailes suprimieron la enseñanza media para dedicarse a la primaria, el grupo de dispersó: Luis Alonso se fue a los agustinos de León; los Panero a San Sebastián y Ricardo quedó en Astorga. Y en las vacaciones se volvía a juntar la pandilla para, años más tarde, realizar sus fechorías literarias- como ya se ha contado.

Estudia la carrera de Derecho en la Universidad de Valladolid, terminándola con premio Extraordinario. Realiza el Doctorado en Derecho. Se casa con Anita García Tabarro, su novia de siempre y con ella tuvo tres hijos: Luis, Fernando y Ana Alonso García. Gana las oposiciones a la judicatura con 24 años, teniendo que esperar hasta los 25, edad mínima exigible para ejercer de juez. Ingresa en la carrera judicial en 1932. Desarrolla su carrera judicial de juez y de magistrado en Benavente, Valladolid, Santander (no consta que coincidiera con Gullón como fiscal jefe en Santander) y Guadalajara, jubilándose como magistrado del Tribunal Central de Trabajo de Madrid.

Referente a su solvencia profesional como magistrado-juez Victoriano Crémer dice:



Jamás torció la vara de la justicia ni doblegó su entendimiento de la verdad ante los poderosos, y que puesto en el trance de ceder, inesquivablemente fue sostén de los humildes y adalid de la misericordia.5


Una vez que ha ingresado en la carrera judicial, Luis Alonso Luengo dedicará su tiempo libre al folclore provincial, a la etnografía, al ensayo histórico, a la novela, al periodismo, eclipsándose su producción poética, llegando a se un reconocido polígrafo.



Así pues, tres grandes ejes, de desigual importancia , van a presidir la producción literaria del astorgano: la novela, las obras históricas (biografías y ensayos) y el periodismo, género con el que se inició en el mundo de las letras y que practicó hasta el final de sus días en la prensa local, provincial nacional e internacional.

                                   
                                                                    

                                                      

Comenzaremos por la novela, la primera que publicó fue La invisible prisión, Biblioteca Nueva, Madrid, 1951, reeditada por la Diputación de León, Breviarios de la Calle del pez, 1993 y reeditada de nuevo por Edilesa, Diario de León, Biblioteca Leonesa de Escritores, León, 2007 (Presentación de Alfonso García). Ejemplar distribuido por el Diario de León.

La invisible prisión obtuvo el Premio de Novela del Instituto de Cultura Hispánica en 1950. En ella se narra la historia del indiano Santiago Villamil, que había emigrado a América abandonando a su mujer Blanca Juana Manrique, con la que se había casado, después de raptarla y a la que enviaba dinero desde América. Un buen día- pasados veinte años-, ya rico regresa el indiano a Astorga. Villamil decide instalarse en Hospital de Órbigo en busca de una vida reposada, para ello inicia la construcción de una lujosa mansión: “Villa Blanca”. Blanca Juana le perdonó el haberla abandonado y decide compartir su vida con el indiano. Más tarde por problemas de convivencia decide abandonarlo. Santiago Villamil, abrumado por los recuerdos y por las malas artes con que consiguió su fortuna, inició un comportamiento extraño, lo que unido a su inminente ruina económica, le empuja al suicidio.

Compra entonces la finca un fabricante de Mantecadas de Astorga, don Adolfo Celada para instalar una fábrica de harinas en la presa y convertir “Villa Blanca” en su casa de veraneo. Ángela una de las hijas de don Adolfo, el industrial harinero, misteriosa y retraída empieza a encontrar testimonios de la presencia de Villamil en aquella casa; entre ellos, las partituras de “6Luna llena, melodía ñáñiga”, como una aparición del indiano. Muere don Adolfo Celada y la familia arruinada por las deudas (por la rivalidad de sus dos hijos) abandona la mansión.

El tío Arturo, hijo de don Paulino, el farmacéutico, que ya se había establecido en Astorga con otra farmacia, se hace cargo de “Villa Blanca” y su industria, pero “el maleficio, que al decir de las gentes, flotaba sobre la casa de Villamil, el suicida, se había consumado por tercera vez. El tío Arturo estaba arruinado”7. Una inundación había arrasado “Villa Blanca” y entre los escombros se halló un manuscrito. “Memorias de Don Santiago Villamil”. Escritas por él mismo para triste ejemplaridad de quien las leyere y compresión de su desgraciado autor. “Villa Blanca” año de 18…” (o. cit. p.188)

Don Santiago Villamil cuenta en su memorias las malas artes con que consiguió su fortuna, embarcado en un barco negrero y asesinando a su socio y amigo Ernesto Goyeneche y luego explotando una mina de diamantes en África, que descubrió Goyeneche.. Vende la mina a una compañía inglesa y regresa a España con el afán de iniciar una nueva vida. “Pesa sobre Villamil- dice Gullón- un hechizo (…), una maldición que le empuja al suicidio y después de la muerte se cierne extrañamente sobre la quinta de sus más íntimas ilusiones”8.

El espacio donde se sitúa la trama argumental es básicamente Hospital de Órbigo, lugar donde su familia tenía una fábrica de fundas de paja- La Palillera-, donde los agricultores de la zona llevaban la paja del centeno (el cuelmo).

Son de destacar los cuadros costumbristas, que reflejan las formas de vida de una burguesía rural, como la boda riberana, las tertulias o los carnavales. Especial interés, aunque exótico, tiene la referencia a esa especie de sortilegio que las costumbres ñáñigas han incorporado a la vida de Villamil, que dotan a la novela de un aura de misterio.

En todo este ambiente rural se presenta a unos personajes principales bien definidos, tanto física como espiritualmente y para la descripción de los personajes secundarios se emplea una técnica miniaturista.

En cuanto a la técnica narrativa presenta dos niveles, una narración en 3ª persona que ofrece el narrador y el diario de Villamil o las notas de su esposa Blanca Juana, narrados en 1ª persona.

Con las bellas descripciones de las tierras del Órbigo y con la viveza de los diálogos y la ligera innovación de la técnica narrativa, Luis Alonso Luengo ha sabido “recrear el encanto de un mundo ya inexistente, de una sociedad ya abolida” (R.Gullón).

 
 
 
 
 
 
La segunda novela que publicó fue La cigüeña del Palacio: (Andanzas astorganas de un niño tímido), Imprenta Provincial de León, 1959, con ilustraciones de Llamas Gil. Un año antes la novela obtuvo el Premio Provincia de León, dotado con 10.000 pts. La novela tuvo una reimpresión a cargo de la Librería Cervantes de Astorga en 1988 para la cual Luis Alonso escribe: “Nota para la segunda edición de La cigüeña del Palacio”. Se trata de una novela corta que tiene sus raíces en los recuerdos de la niñez y adolescencia del autor, elaborados estéticamente.

En dicho prólogo señala, Luis Alonso, tres estampas como las más expresivas de la novela:

La primera la subida a la torre de la Catedral de Juanín y su grupo de amigos para ver llegar a las cigüeñas, que no logran avistar. En esta estampa estaría también la llegada de las cigüeñas: “sobre las cabezas de Arturo y de Juanín sonó un sostenido aleteo(…)

-¡Las cigüeñas, Juanín, las cigüeñas”9, y toda la ciudad detiene su quehacer para contemplarlas. Una segunda estampa es la trágica escena del pararrayos sobre el que, “ebria de amor por su nido” (p. 71), cae la “Chosca” y se clava. La tercera es aquella lucha titánica sobre el cielo de Astorga entre los grajos de la Catedral y las cigüeñas del palacio (que parece que tuvo lugar durante la niñez del autor), teniendo como protagonista a la “Chosca”. Otras dos estampas añadiríamos nosotros, la gesta de Juanín subiendo a lo alto de la azotea, donde se alzaba el pararrayos y liberó a la “Chosca”, que aún estaba viva y abriendo las alas fue a posarse en el sombrero de Pedro Mato y una última estampa sería el azar generoso de la “Chosca” dirigiendo su último vuelo al balcón de la habitación de Juanín. “Juanín (…) abrió de un golpe las contraventanas del balcón (…).Allí, caída en el balcón, estaba la “Chosca”, abierto el pico contra el cristal (p.104).

En la segunda parte del título de La cigüeña del Palacio se resume el contenido de la novela: la historia de una timidez, que termina con un arranque de valentía intrépida (liberar a la “Chosca”), todo ello narrado con un tono melancólico, próximo a la novela lírica.

La novela termina con un “Post scriptum: Cigüeñas de Astorga”, que son dos sonetos de muy bella factura, el primero titulado: “Cigüeña dormida en la mañana” y el segundo: “El vuelo sobre la tarde”, donde demuestra, una vez más, su primera vocación poética.

 
 
 
                                                       La cigüeña del Palacio  
 
 
 
Un componente importante en la narrativa de Luis Alonso, además de su prosapia idealista, es el gusto por lo costumbrista, las descripciones de detalles y hábitos de una manera de vivir urbanos. Así describe al padre de Juanín:


Don Juan Meneses arrancó, según era su costumbre, la hoja del calendario, con el último sorbo del desayuno. Se limpió con la servilleta calada sus recios bigotes canos, no sin antes relamer con la punta de la lengua los pelos que le cubrían el labio superior, y puso en el suelo, sin levantarse del sillón, la jícara y el vaso de leche para que el gato, lamiéndolos, desayunara también. Y comenzó a liar tranquilamente un cigarro con sus fuertes dedos oscuros de nicotina. Sacudió la ceniza que al encenderlo se cayó sobre el grueso vientre, caló los anteojos de pinzas en la alta nariz y, repantigando su ancha humanidad de letrado provinciano con pleitos y casa propia, abrió “La Correspondencia de España” que la doncella le trajo y hundió su entrecejo en la lectura de las noticias políticas del día, ajeno a la desgana con que Juanín- hijo único de su viudedad- luchaba frente a él por engullir un tazón de café con leche (pp. 31-32).


Lo que no cabe duda es que esta novela corta, extemporánea, publicada en 1959, en plena etapa del realismo social, protagonizada por Juanín y su grupo de chavales, es una instantánea, un tiempo detenido de Astorga en los años 20.

Citamos, nada más, dentro de la narrativa su tercera obra titulada, Viaje en el valle de la libertad, Diputación de León, 1965.



El otro eje importante sobre el que gira la producción literaria de Luis Alonso Luengo es el ensayo histórico y las biografías históricas, la primera de ellas se titula: Santo Toribio, Obispo de Astorga (Un momento de la formación de España), Biblioteca Nueva, Madrid, 1939. En esta biografía de Santo Toribio recrea una Astorga visigótica y aparecen descripciones de su paisaje intemporal: “Discurrían ya horas invernales del año 446; ponía la nieve sobre el Teleno su capucha de algodón en rama”10. O esta otra vista panorámica que contempla Santo Toribio desde el altozano de San Justo: “¡qué emoción tan profunda para Toribio contemplar (…) su amado paisaje astorgano!: una inmensa y fértil planicie, que ahora contempla reseca y árida” (o. cit. p. 157), y la ciudad de Astorga en un alcor: “ detrás de la cual, aupándose sobre la ciudad, se diseña el Teleno trazado como leve carboncillo” ( p. 157); siempre presente el Teleno, montaña ‘mágica’ de los astures, el Fukiyama local.

Le sigue la biografía de El Gran Capitán (Don Gonzalo Fernández de Córdoba), publicada en Madrid por Biblioteca Nueva en 1942 y reeditado por Novelas y Cuentos en 1953. Quizá con esta biografía siguió la estela de la exaltación patriótica-imperial de la época.

Don Suero de Quiñones, el del Passo Honroso, Biblioteca Nueva, Madrid, 1943, reeditado con el Subtítulo Estampas del Camino de Santiago, editado por Nebrija en León en 1982. Aquí sigue la veta del pasado leonés, que había iniciado en la biografía de Santo Toribio, Obispo de Astorga, y la motivación, si antes fue su lugar de nacimiento, ahora es Hospital de Órbigo, patria chica de la familia paterna y lugar de vacaciones del escritor. Dedica el libro: “A D. Mariano Domínguez Berruela, maestro en tantas cosas y sobre todo en esta de estremecer la sombra de suero de Quiñones”.

Escribe, después, en colaboración con J.C. Villacorta y L.M. Juárez: La puente del Passo Honroso, Rollán, Madrid, 1951.

Gaudí en Astorga, Biblioteca de Estudios Astorganos, Astorga, 1960. Se trata de una monografía sobre Antonio Gaudí, el arquitecto del palacio episcopal de Astorga, en la que muestra su veta investigadora de historiador y ofrece datos curiosos como lo que cobró Gaudí por dirigir las obras: 1696,21 pesetas de las de entonces (siglo XIX).

Los Maragatos, su origen, su estirpe, sus modos, libro publicado por la editorial Nebrija, León 1980 y luego reeditado por la editorial Lancia en 1992, 5ª edición en 2006. Dice su hijo Luis Alonso García en el Prólogo a esta edición (la 5ª): “El libro de Los maragatos, uno de los más queridos de mi padre (…), quizás el más leído de los suyos se edita de nuevo en su 5ª edición por Ediciones Lancia S. A.”, y continúa: “Los maragatos de origen misterioso, como se comprueba, al analizar el libro las diversas teorías y una magia, que invade las costumbres, las danzas y los impulsos de vivir propios de los maragatos”11.

El propio autor dice refiriéndose a la Maragatería: “En el paisaje que desde Astorga se vislumbra, están dormidos los pueblos maragatos, rodeados de tierras ocres y pobres, cobijados en unos valles minúsculos que, de pronto, se hacen verdes para enmarcar unas calles y unas plazas doradas de piedras con hornacinas en los rincones, fachadas con escudos-hechos por la rica arriería de los siglos XVI al XIX- y anchos patios empedrados, coexistiendo con otras de pobre techo de paja” ( O. cit, p. 14).

Trata el autor en este libro de las costumbres de los maragatos, describiendo con todo detalle la boda maragata y el traje maragato, tanto del hombre como de la mujer. Dedica el libro segundo a la Arriería y la Emigración. La arriería (transporte de mercancías y personas) de Coruña a Madrid por el llamado “Camino Gallego” o “Camino de los Maragatos”, cuyo trazado seguía la red viaria romana de Lugo a Astorga y seguía hacia el sur por la vía romana de la Plata.

Sabemos que la arriería terminó con el trazado del ferrocarril, que cubrió el transporte de larga distancia. Sabido es, también, que concluida la arriería, los maragatos se establecieron de pescaderos en Madrid, siguiendo la tradición todavía hoy.

Los maragatos en sus correrías por España incorporaron dos platos a su gastronomía: el congrio, que ellos prepararon “al ajo del arriero” y el cocido, pero adaptado a la manera de ser maragata, que es tomar primero la ración (la viandas), después los garbanzos, patatas y col y por último la sopa de fideos.

Otro tema que trata es el de la emigración a partir del siglo XVIII a Argentina y Uruguay sobre todo.

Dedica el libro tercero a los orígenes del Pueblo Maragato y en el libro cuarto traza las rutas turísticas de la Maragatería.

 
 
 
 
 
 
 
Le sigue en orden de publicación, Historia y leyenda de la Bandera de Clavijo, Centro de Estudios Astorganos, “Marcelo Macías”, Astorga, 1984.

El teatro en Astorga. Su pequeña historia. Artes y creaciones escénicas, Santiago García Editor, León, 1986, resulta una crónica minuciosa del teatro en Astorga desde los orígenes de la ciudad hasta los años 80 del siglo XX, tanto de las producciones astorganas como de las compañías teatrales que en gira por la ciudad.

Viene después El reloj de la Puerta del Sol. Genio y figura de su constructor Losada, Comunidad de Madrid, 1990. Pues bien, el maragato José Rodríguez Losada (liberal y conspirador) regaló el reloj de la Puerta del Sol en 1886. El relojero Losada se había establecido en Londres, “Regent street”, 105, después de huir de España, perseguido por el absolutismo de Fernando VII. Pretendía el relojero Losada con el símbolo del reloj que los españoles comprendieran que su vida debía acomodarse a su tiempo (medido sin variar un minuto) y la energía de España acoplarse a la modernidad.

 
 
 
 
 
 
 
 
Cien años más tarde el Ayuntamiento de León le dedicó una calle al Relojero Losada en el barrio del Crucero.



La última gran ocupación, que también fue la primera en su adolescencia astorgana, fue el periodismo, diríamos cultural, que nunca dejó de practicar en su doble vertiente escrito y radiofónico.

Dejando atrás aquellos periodiquitos de su adolescencia, La Saeta, Humo y El Mosquito (1929), Luis Alonso Luengo publicó artículos en los diarios madrileños Pueblo e Informaciones, en los provinciales El Norte de Castilla de Valladolid, Diario de León, Proa, La Hora Leonesa y La Crónica y más asiduamente en los periódicos locales La Luz de Astorga y El Pensamiento Astorgano.

A finales de los años 40 se sintió atraído por la radio, que hasta pidió la excedencia en la judicatura. Durante algunos años desempeñó el cargo de redactor-jefe de Radio Madrid y en la Cadena-Ser. También fue director de programas de Radio Intercontinental, de ahí le vendría la amistad con Ramón Serrano Súñer, dueño de la emisora.

Siguiendo con la radio, Luis Alonso, fiel a su compromiso con Astorga, participa en la puesta en marcha de Radio Popular de Astorga de la cadena COPE, promovida por el obispo don Marcelo González Martín. Don Luis asesoró como magistrado a la sociedad promotora y con su amplia experiencia radiofónica. El 19 de marzo de 1962 comenzó a emitir Radio Popular de Astorga.

También cuando en 1980 Astorga se quedaba sin periódico local, desapareciendo las cabeceras de La Luz y El Pensamiento, solicitó de Lorenzo López Sancho la cesión de la cabecera de El Faro Astorgano, que había fundado a principios de siglo su padre don Porfirio López, ‘faro` que sigue iluminando la mente de los astorganos en la actualidad.

Pasó toda su vida, desde los 18 años, ligado con entusiasmo a los medios de comunicación escritos y orales, sin desdeñar su producción editorial.

¿Pero cómo era el periodismo de don Luis Alonso? Pues se trata de un periodismo literario, que gira en torno a tres ejes temáticos fundamentales: Astorga y la Maragatería, la literatura y el arte y la cultura hispánica. Sus artículos, bien trabajados, tratan de crear una prosa limpia y clara, dotada de ritmo y se caracteriza por su fluidez y riqueza conceptual. Su estructura gira en torno a una idea inicial que vertebra todo el artículo. Su mensaje es directo y apasionado, sobre todo en la primera época, años 30 y 40. Con el paso del tiempo este apasionamiento se irá atenuando para buscar el equilibrio y sus producciones periodísticas se van a apoyar, cada vez más, en los recuerdos, en los afectos personales y en las constantes culturales, y revelan su gran capacidad evocadora de tipos y ambientes.

Parte de ese periodismo cultural, publicado en medios astorganos sobre todo, lo reúne Luis Alonso en su libro, La ciudad ente mí. (Crónicas astorganas desde mi tiempo), donde se respira Astorga por todos los poros, es su cronista natural. Tres son los títulos de las partes en que divide el libro. “Rincones con figuras”, Astorga en la distancia y en la presencia” y “Prototipos que fueron”. En el libro se cuenta, nada menos, que casi un siglo de historia de la ciudad. En él aparecen anécdotas, semblanzas, entrevistas, crónicas viajeras, cuadros de costumbres y apuntes de crítica literaria.

Podemos destacar el artículo titulado, “Piedras trágicas”, publicado en El Pensamiento Astorgano en 1952, en el que se cuenta el derrumbe de una parte de la muralla de Astorga sobre unas humildes casas, y que comienza así:



Era aquello un aguafuerte de dantescos perfiles. El gigantesco murallón, irguiéndose- como el despertar milenario de un cíclope- se había derrumbado con inmenso estrépito de terremoto sobre las pobres casas del arrabal. (…) Fue como si los genios malignos de las murallas medievales- nuevos Sansones- las hubieran descuajado como una montaña que abriera sus entrañas en una mueca inacabada y terrible12.



O también la emocionada y última despedida de su amigo, Leopoldo panero: “-No dejes de traerme mañana una copia del “Pequeño Canto a la Sequeda”. –De acuerdo, Luisín, hasta mañana13”.

El artículo que dedicó a Esteban Carro Celada publicado en La Hora Leonesa, el 1 de septiembre de 1976, dos años después de su muerte, en el que nos da una instantánea de su hiperactividad: “aquel Carro Celada siempre de prisa por la calles de Astorga, cargado de libros y papeles, o el otro, husmeando por los archivos y bibliotecas del Camino de Peregrinos”14.

Salen en estas crónicas astorganas personajes anónimos y aquellos otros peculiares como Luis, el Músico y tipógrafo o Emilio, el Pertiguero de la Catedral y nos deja este retrato de Emilio: “Alto, delgado, con cabellera enhiesta y cana, su rostro con arrugas de juventud, su fabla de hondo deje astorgano, era agudísima su mirada y muy especial su sonrisa (…) llena de ternura y bondad” (O. cit. p. 217).



Un hito importante en la actividad cultural de nuestro autor fue la de aglutinar a los leoneses de la diáspora madrileña y fundar la “Casa de León en Madrid”, con domicilio en el Paseo de Recoletos, 5 en 1951 en alquiler, presidida por el general y poeta bañezano Nicolás Benavides Moro, con Genaro Blanco Cela como secretario. Luego en 1958, con Luis Alonso en la presidencia de la Junta Directiva, la Casa de León inauguró los locales actuales en la calle del Pez, 6, esta vez en propiedad. La Casa de León en Madrid, con sus ciclos de conferencias, coloquios, estudios, colecciones de libros, folletos, artículos y exhibición del folclore, presenta los problemas y los logros de nuestra provincia en la capital.

Participó también, don Luis, en la fundación de la revista LEÓN (Revista de la Casa de León) y sus colaboraciones fueron bastante numerosas.

Un faceta de don Luis fue su condición de charlista, yo mismo lo pude comprobar, cuando por el año 1992, que se celebraba un congreso sobre el poeta peruano César Vallejo ( que había sido huésped de los Panero en Astorga en los años 30) con motivo del centenario de su nacimiento, estaba yo visitando la exposición sobre la obra de C. Vallejo en el I.C.I (Instituto de Cooperación Iberoamericana), antes denominado Instituto de Cultura Hispánica, C) Reyes Católicos, 4 de Madrid, se dirigió a mí espontáneamente, yo escotero, se presentó, yo le dije de donde era y en seguida me empezó a hablar de Hospital de Órbigo, de su novela La invisible prisión y la charla fue amena y enriquecedora, rezumaba simpatía, don Luis con 85 años. Al final se despidió y me entregó su tarjeta de visita, que aún conservo y transcribo parcialmente:

             LUIS ALONSO LUENGO

                      MAGISTRADO

Paseo del Pintor Rosales        C) Postas, 2 
28008.- Madrid                             24700.- Astorga
Teléfono ( sin prefijo)             Teléfono 

                                                            



Pero, ¿cómo era en realidad Luis Alonso Luengo? Vamos a ofrecer algunas semblanzas correspondientes a diversas etapas de su vida. Así, Ricardo Gullón, traza un retrato del amigo en la primera juventud; dice:



Este Luis joven oscilaba entre la gravedad y el nervio, entre la clama y la tensión; tomaba en serio todo empeño en que se comprometía, desde el Derecho Civil a la poesía lírica. Enamorado de un ser dulce y apacible, con quien se casó después de un noviazgo largo y tranquilo (…) Ya en la primera juventud recordaba el inmediato pasado y lo pasado con nostalgia. Vuelto hacia la historia, nos contagió un poco su pasión por el ayer, la curiosidad por las antigüedades de nuestra ciudad con rumor de mito al fondo15.



Leopoldo Panero también escribe una semblanza humana e intelectual del amigo:



Para mí Luis es como la sombra y la claridad que el espejo de los años me devuelve. Para mí está todavía vestido de primera comunión (…), estudiando Derecho Romano (…), escribiendo versos rubenianos de la mejor raíz leonesa, y ganando siempre, de año en año, las tenaces oposiciones de la vida. Para ser honrado (…) debo confesar una cosa: que durante toda mi adolescencia y buena parte de mi juventud Luis me ha sido puesto, maternalmente, como ejemplo a imitar: “Luis ha terminado la carrera (…), Luis ha ganado oposiciones a la judicatura con los primeros números” (…) Y concluye Leopoldo: En nombre de nuestra niñez, de nuestra adolescencia, de nuestra juventud y poco a poco de nuestra vejez. En nombre de los que vivan y de los que viven de otro modo. En nombre de nuestra ‘invisible prisión’, alzo mi copa y mi alegría en tu honor. Déjame, simplemente que te abrace.16



Javier Huerta Calvo, catedrático de la U. Complutense y Director del Instituto del Teatro Madrileño, leonés de Brazuelo, también traza una etopeya de don Luis:



No he conocido a un hombre más humilde- “soy el último gato de la Escuela” (de Astorga)-, ni más generoso que Luis Alonso Luengo, un caballero cabal de cuya boca jamás salió en mi presencia una mala palabra contra nadie. Lo suyo era siempre el elogio (…), la calidez de la palabra en busca de la complicidad joven, el amor a la tierra leonesa, astorgana, el respeto con mayúsculas hacia la Cultura.17



El editorial de la revista LEÓN, órgano de la Casa de León en Madrid, que con motivo de la concesión de la Medalla de Oro de la provincia de León, le dedicó un número especial en octubre de 1970, dice:

(…) el caso de Luis Alonso Luengo es el de un hombre que durante muchos años ha estado dando al procumún provincial, astorgano y a la colonia madrileña-leonesa, muchos de sus afanes, gran parte de su ilusión. Ha removido toda piedra para el engrandecimiento de la provincia. Ha despertado el sentido de la tradición para la conservación de las esencias de nuestras costumbres típicas. Teniendo ofertas más tentadoras para escribir libros que hubiera colocado de inmediato, buscó el filón leonés, orbigués, maragato, astorgano. Y de las lecturas de sus prosas se han suscitado muchas oleadas de amor por la provincia. Ha sido el gran guía de Astorga, el más competente “cicerone” para periodistas, escritores y personalidades eruditas que luego han escrito sobre Astorga, sobre León, porque allí los canalizaba Luis Alonso Luengo.. Junto con Bernardo García, Castañón, Benavides y otros, Luis Alonso (…) constituyó una casa regional (…) en el corazón de la capital de España, de la que ha sido y es alma muy invisible, pero efectiva.18

Que aunque no es una semblanza propiamente dicha, sí da cuenta de la generosidad de don Luis hacia todo lo leonés.

Referente a los cargos que ha desempeñado tenemos primero su profesión: Magistrado del Tribunal Central de Trabajo, le siguen los de Cronista Oficial de Astorga y de Hospital de Órbigo, Académico de la Real Academia de la Historia y Presidente del Consejo Superior de la Casa de León en Madrid.

Los premios y reconocimientos le llegan en seguida al polígrafo astorgano:

Licenciado en Derecho con Premio Extraordinario fin de carrera.

Luego llegarían los premios literarios:

Premio de Novela del Instituto de Cultura Hispánica, 1950 por su novela La invisible prisión.

Premio de Novela Provincia de León, 1958 por La cigüeña del Palacio.

Premio Nacional de Turismo Leonés a la colección de artículos publicados en el diario Pueblo de Madrid, 1962, en colaboración con Ángel del Campo.

Y los reconocimientos:

Medalla de Oro de la provincia de León, que otorga la Diputación, 1970

Leonés del año, 1977

Pimiento de Oro del Bierzo

Hijo Adoptivo de Hospital de Órbigo

Hijo Predilecto de Astorga, 1993

Como vemos una vida colmada de trabajo y dedicación a la provincia de León que ha sido reconocida por sus paisanos.

Y para terminar esta ya larga disertación tomaré prestadas las palabras del malogrado Esteban Carro Celada, sacerdote, periodista y escritor, que dice así refiriéndose al astorganismo de Don Luis:



Creo que para Luis Alonso Luengo la capital literaria del mundo, la capital de su corazón y sentimientos, pasa por Astorga. Lo mismo le sucedió a Leopoldo Panero, que nos dijo que el mundo giraba en torno a un punto que es el de la catedral maragata. Para Alonso Luengo, el mundo gira también sobre u euclidiano punto de apoyo. Y como el de Panero está en Astorga, pero el de Alonso Luengo un poco más abajo. Es decir hacia el sur. Concretamente en ese rabión de la ciudad, en esa cresta, en ese guirigay de cinco calles que es la Plaza de Postas. Es ese el centro del mundo de Alonso Luengo. Y desde ahí ya todo queda más o menos cercano. Desde ahí se miden los kilómetros de su corazón. Y casi entre los primeros metros, está todo León, el León de todos los tiempos.19



Luis Alonso Luengo, historiador, literato (poeta, novelista, articulista), investigador, conferenciante y humanista reconocido murió en Madrid a los 95 años y está enterrado en Astorga.







                                           Palacio episcopal de Antonio Gaudí.  
 
 
BIBLIOGRAFÍA:

Alonso Luengo Luis, Santo Toribio, Obispo de Astorga,( Un momento de la formación de España), Biblioteca Nueva, Madrid, 1939.

-: La cigüeña del Palacio (Andanzas astorganas de un niño tímido), (Reimpresión por la Librería Cervantes de Astorga), León, 1988

-: La ciudad entre mí, Ayuntamiento de Astorga, 1996

-: Los maragatos, su origen, su estirpe, sus modos, Ediciones Lancia, León, 2006 (5ª edición)

-: La invisible prisión, (Presentación de Alfonso García), Diario de león, Biblioteca leonesa de escritores, Edilesa, León, 2007

Fernández Ardavín, Luis, Rosa de Madrid, Proscenio, Madrid, 1952

Gullón Ricardo, La juventud de Leopoldo Panero, Breviarios de la Calle del Pez, Diputación de León, 1985.

VV.AA. La Escuela de Astorga (Luis Alonso Luengo, Ricardo Gullón, Juan y Leopoldo Panero), Actas del primer Congreso celebrado en Astorga los 29 y 30 de abril de 1993, Edición de Javier Huerta Calvo, Ayuntamiento de Astorga y Diputación de León, 1995.



REVISTAS.

ARGUTORIO, 17/43 (2º semestre de 2006), Astorga y 20/19 (primer semestre de 2008)

LEÓN, Revista de la Casa de león, Órgano del Instituto de Estudios Leoneses, nº 195, octubre de 1970, Madrid.

Tierras de León, nº 29, 1977.



Páginas Web:

www.cervantesvirtual.com/obras gullón: Luis Alonso Luengo: La invisible prisión




1. Gullón R. ,La juventud de Leopoldo Panero, Diputación de León, 1985, p.21

2 .Alonso Luengo, L.” La Escuela de Astorga desde su interior en la Escuela de Astorga, ed. J. Huerta Calvo, Diputación de León y Ayuntamiento de Astorga, León, 1995

2 .Fernández Ardavín L, Rosa de Madrid, Prensa Moderna, Madrid, 1926 (2º acto, p. 41)

3 . Nora Eugenio de , “Adiós a D. Luis Alonso Luengo”, en León (Revista de la Casa de León), 2003, Madrid

4 . Carro Celada J. A. “Presencia de Astorga en la obra de Juan y Leopoldo Panero, Ricardo Gullón y Luis Alonso”, en La Escuela de Astorga, edit. Javier Huerta Calvo, Diputación de León y Ayuntamiento de Astorga, 1995, (p.66)

5 . Crémer V., “Luis Alonso Luengo, leonés del año 1977”, en Tierras de León, nº 29, año 1977

6 . Ñáñigo: individuo de cierta sociedad secreta formada por negros en la isla de Cuba

7 . Alonso Luengo, L. La invisible prisión, Edilesa, León, 2007, p. 187

8 . Luis Alonso Luengo, La invisible prisión, Biblioteca Nueva, Madrid, 1951. www.cervantesvirtual.com

9 . Alonso Luengo L. La cigüeña del Palacio. Imprenta Moderna de León, 1988, p. 69

10 .Alonso Luengo L. Santo Toribio, Obispo de Astorga, Biblioteca Nueva, Madrid, 1939 ( p. 105)

11 . Alonso Luengo L., Los Maragatos, su origen, su estirpe, sus modos, Ediciones Lancia, León, 2006 (5ª edición), p. 4

12 . Alonso Luengo L. La ciudad ente mí, Ayuntamiento de Astorga, 1996, p. 39

13 . Alonso Luengo L. “Tres momentos astorganos en la vida de Leopoldo Panero”, artículo publicado en El Pensamiento Astorgano el 27 de agosto de 1963 de La ciudad entre mí, p. 248

14 . Alonso Luengo L. , “Esteban Carro Celada en el recuerdo” de La ciudad entre mí, p.273

15 . Gullón R., La juventud de Leopoldo Panero, Diputación de León, 1985, p. 57

16 . Huerta Calvo, J. , “Brindis en honor de Luis Alonso Luengo”, publicado en la revista ARGUTORIO, 20/19 (Primer semestre,2008) Astorga. Este texto-homenaje, pronunciado por Leopoldo Panero, tras una comida en la Casa de León en Madrid con motivo de la publicación de La invisible prisión en 1951

17 . Huerta Calvo J., “Recuerdo de Luis alonso Luengo”, en ARGUTORIO, 17/43 (2º semestre, 20069, Astorga

18 . LEÓN, Revista de la Casa de León, nº 195, octubre de 1970, Madrid. Editorial: “Luis Alonso Luengo. Medalla de Oro de la provincia de León”pp. 1 y 2.

19 .Carro Celada E.,”Alonso Luengo en marco de Oro”, en LEÓN. Revista de la Casa de León, nº 195, oct, 1970, Madrid, p. 27