lunes, 18 de junio de 2012

LOS CANTARES DE GESTA: El Cantar de Roldán, Los Carros de Nîmes y El Cantar de Mio Cid



























TRAICIÓN, DERROTA, VENGANZA Y JUSTICIA EN 

EL CANTAR DE ROLDÁN, LOS CARROS DE NÎMES

Y EL CANTAR DE MÍO CID.

INTRODUCCIÓN:

La difusión de la épica primitiva de los cantares de gesta (Alborg, 1981, 38-42) está ligada a la persona del juglar. Los relatos épicos no se componían para ser difundidos por escrito, sino por vía oral. Los juglares recorrían los pueblos y castillos recitando relatos épicos o cantando canciones líricas acompañándose de instrumentos musicales y recibían una paga de sus oyentes.

Así pues, los juglares ofrecían, a la vez, una información y un espectáculo, aunque aquí lo que nos interesa es el juglar que se dedicaba al recitado de composiciones narrativas y su actuación vendría a ser algo así como una representación dramática de un solo personaje.

El oficio o arte de los juglares es lo que se conoce como “mester de juglaría”, es decir menester, ocupación o profesión.

Los relatos épicos que recitaban los juglares en las plazas, atrios de las iglesias o en los castillos reciben el nombre de cantares de gesta, que eran unos poemas de carácter heroico, que tenían por objeto narrar las hazañas de personajes heroicos o sucesos notables de la vida nacional, que merecieron ser divulgados y en este sentido la epopeya románica es la hermana mayor de la historiografía.

Estas gestas, con propiedad, reciben el nombre de cantar, porque no estaban destinadas a la lectura, sino al canto o la recitación.

Una característica importante de esta épica medieval es que va dirigida a todo el mundo sin discriminación, desde el rey hasta el más humilde de los lugareños y también que suele tratar de asuntos contemporáneos; por tanto inteligibles para el público sin especial información o preparación.

El juglar, como portavoz y recreador de la poesía que difundía, añade, suprime y modifica versos o pasajes completos según los gustos del auditorio, que, en definitiva, es quien paga. Todo esto es lo que ha propiciado las variantes que se encuentran en los diferentes manuscritos; así como, muchas veces, era la memoria del juglar el único documento; ya que las copias en pergamino eran muy escasas por el alto coste.

La única gesta castellana conservada es el Cantar de Mío Cid, de mediados del siglo XII, lo que no quiere decir que no existieran antes de él otros muchos cantares de gesta.

Referente al origen de los cantares de gesta tenemos dos teorías: la individualista, defendida por J. Bedier y la neotradicionalista defendida por Menéndez Pidal.

Bedier piensa que tanto la Chanson de Roland, como el Poema de Mío Cid son obra de poetas individuales y que fueron escritas varios siglos después de los sucesos y sus autores serían poetas cultos, de carácter clerical, que tomaron los datos de algún cronicón conservado en alguna abadía o monasterio.

Menéndez Pidal, por el contrario, piensa que el origen de los cantares de gesta es muy anterior a los textos conservados y que éstos no pueden ser explicados sin tener en cuenta una larga tradición de textos perdidos. Si el Cantar de Roldán y el Cantar de Mio Cid fueron las primeras obras escritas en francés y en español, serían un milagro literario; por lo tanto tuvo que precederles mucho tiempo de trabajo literario anónimo para que los textos alcanzaran la dignidad artística que poseen.

La teoría de Menéndez Pidal, largo tiempo sostenida y razonada, ha sido confirmada por el descubrimiento de Dámaso Alonso en 1954 de un pequeño texto llamado por él “Nota Emilianense” (por proceder del monasterio de San Millán1), en el cual aparece un breve relato de la derrota de Roncesvalles, que sigue en líneas generales la Chanson de Roland y da los nombres principales de la gesta. La “Nota Emilianense” ha sido fechada entre el año 1054 y 1076, es decir de 30 a 50 años antes de de la Chanson. Esto demuestra que la difusión del tema épico de Roldán fue mucho antes de la gesta conservada y por tanto la existencia de primitivas redacciones de la leyenda, es decir “la existencia de una actividad épica latente” (Menéndez Pidal en comentarios a la “Nota”).

Por último un rasgo fundamental de la poesía épica medieval es su carácter anónimo.

La crítica posterior matizará es tas dos posturas la individualista y la neotradicionalista.

EL CANTAR DE ROLDÁN:2 (Siglo XI)

El Cantar de Roldán está alejado 3 siglos de los hechos históricos a los que alude. En efecto, (Riquer Martín, 1982: 8.11) el 15 de agosto del año 778 era derrotada en Roncesvalles la retaguardia del ejército de Carlomagno, comandada por Roldán, que regresaba a Francia tras haber fracasado en la toma de Zaragoza a los sarracenos. Este desastre del ejército del emperador de la barba florida parece ser que impresionó a las gentes y se conservó no sólo en las crónicas, sino también en la tradición oral, en forma de breves cantos noticieros o “cantilenas”, que cumplían una función informativa y emocional al mismo tiempo. Estos cantos noticieros se mantuvieron en la memoria de las generaciones, trasmitiéndose oralmente de unas a otras, y constituyeron el repertorio de los juglares, que recitaban ante el público, tanto en los castillos y cortes como en las plazas, ferias y ante los peregrinos.

La cantilena de Roldán consta que fue recitada por un juglar antes de la batalla de Hasting, el 14 de octubre de 1066, con el fin de levantar el ánimo de los normandos para luchar contra los anglosajones. El Cantar de Roldán pervivirá durante varios siglos hasta alcanzar una trama novelesca muy alejada de lo ocurrido en la batalla de Roncesvalles.

La figura de Roldán, del que solo sabemos que fue prefecto de Bretaña y que murió en Roncesvalles al mando de la retaguardia del ejército de Carlomagno, fue creciendo hasta convertirse en un héroe épico de leyenda. Así se le adjudica el parentesco de sobrino de Carlomagno (error histórico) e hijastro de Ganelón, el traidor, personaje ficticio.

Roldán es un caballero valiente, pero de un heroísmo imprudente; la tradición le dio un compañero sensato y prudente, Oliveros, también ficticio; así como la mayoría de los personajes tanto francos como sarracenos, que figuran en el Cantar son novelescos.

Este Cantar de Roldán nacido de la oralidad y difundido por lo juglares, fue copiado en algunos manuscritos, gracias a los cuales han llegado hasta nosotros las diversas versiones que circulaban por Francia, Inglaterra y el norte de Italia en los siglos XII, XIII, XIV y XV. El más antiguo de estos manuscritos es el conservado en la Biblioteca Bodlediana de Oxford, el manuscrito Digby 23, escrito en lengua anglo-normanda, fechado en el siglo XII, que seguramente reproduce un texto de finales del siglo XI.

Como se ha dicho, el Cantar de Roldán está muy alejado temporalmente de los hechos sometidos a novelización, que pretende reflejar; además la fama del héroe se extendió por varios países, Inglaterra, Francia, Italia; por lo tanto podemos inferir que el Cantar fuera un vehículo de propaganda del imperio carolingio y de la Iglesia, que daba a éste, espíritu de conquista y carácter de Cruzada (la lucha contra el infiel).

En cuanto al autor (Victorio J. 2001, 15-17) podemos decir que es un clérigo, un eclesiástico, no un juglar, pero este clérigo aprovecha una materia anterior, como evidencian las diferentes versiones que se han conservado del Cantar (Venecia IV, Venecia VII, Chateaurroux, Lyon, Cambridge). Este clérigo hace una refundición más artística que mecánica de un texto anterior; por lo que no se trata de un mero copista. Autor, pues, clérigo, perteneciente al “mester de clerecía” según la terminología española. El último verso del Cantar dice: “ci falt la geste que Turoldus declinet” (v. 4002), según esto el autor sería Turoldo, refundidor y responsable de manuscrito de Oxford.

Ahora vamos a estudiar la traición, derrota, venganza y justicia en el Cantar de Roldán.

La traición (vv. 1-813):

Comienza el Cantar con la asamblea del rey musulmán Marsil de Zaragoza con sus principales, en la cual sopesan la inminente invasión de España por Carlomagno y para evitarlo Blancandrín propone enviar al rey Carlos una embajada con regalos muy valiosos y 10 ó 12 rehenes para darle confianza. Marsil elige a 10 hombres de entre los más felones para que se presenten a Carlomagno con sendos ramos de olivo y con la promesa de que en un mes el propio Marfil irá a verlo con 1000 vasallos y recibirá la ley de los cristianos.

El Emperador recibe en audiencia a Blancadrín, recoge los obsequios y se hace cargo de los rehenes.

Comienza entonces el consejo de Carlomagno y en el verso 178, ya hay una anticipación épica: “Ganelón también vino, el que hizo traición”. Continúa el consejo en el que Carlomagno expone a su caballeros principales, cuáles son las intenciones de Marfil y los caballeros franceses responden: “Debemos desconfiar” (v. 192).

Interviene Roldán, sobrino del Emperador, e informa que una embajada semejante ya mandó Marfil y que se le reenvió embajada con dos condes: Basán y Basilio y los mandó decapitar. Nada dicen el resto de los consejeros, excepto Ganelón/Judas, que en el verso 220 ya comienza a gestarse la traición de Ganelón y dice así: “¡Mala hora si creéis al bribón (…)”, Ganelón viene a decir que se acepten las condiciones de Marfil, que viene de buena fe.

Se ofrece el duque Naimón para llevar a cabo la embajada, también se ofrecen Roldán y el arzobispo Turpín, pero el Emperador manda callar.

Roldán propone como embajador a Ganelón y todos están de acuerdo. Vienen después unas palabras airadas e insultantes de Ganelón hacia Roldán por el peligro que suponía la embajada y correr la misma suerte que los condes Basán y Basilio. El antagonismo entre los dos personajes es patente. Ganelón tiene envidia de Roldán. Ganelón promete que si viene con vida de la embajada, se vengará de Roldán (vv. 289-291). El futuro traidor muestra su odio a Roldán, a Oliveros y a los Doce Pares de Francia.

El rey, por fin, el entrega el guante y el bastón a Ganelón para que vaya a Zaragoza y cuando va a tomar el guante, éste se cae al suelo y los franceses dicen si no será un mal augurio, a lo que dice Canelón: “Ya tendréis mis noticias” (v. 336).

Ganelón y Blancandrín cabalgan juntos y ambos van a tramar la muerte de Roldán.

Llegan a Zaragoza y Ganelón le trasmite el mensaje del rey Carlos, que lleva una oferta y una amenaza; la oferta, media España y la amenaza, si no abraza la ley cristiana, será llevado a Aix y ajusticiado.

Ganelón informa a Marfil de la potencia del rey Carlos con Roldán, Oliveros y los Doce Pares de Francia, que forman una vanguardia de 20.000 hombres. Marfil, por su parte, con un talante oriental quiere persuadir a Ganelón, ya totalmente entregado a la traición, que propone a Marsil: “Con sólo veinte rehenes que podáis enviarle/ hacia su dulce Francia se volvería el rey;/ sólo su retaguardia dejará de esa parte. /Ahí está Roldán, su sobrino, yo creo, / y también Oliveros, el noble y el cortés./ ambos pueden morir” (vv. 572-577).

La traición queda tramada, porque el rey con la confianza de los rehenes pasará a Francia y dejará en retaguardia a su sobrino Roldán, Oliveros y 20.000 hombres, que Marfil puede derrotar enviando 100.000 sarracenos. Marfil le hace jurar al traidor la muerte de Roldán a lo que accede Ganelón: “Sea como gustéis” (v. 606).

Regresa Ganelón con los regalos y los 20 rehenes; entrega las llaves de Zaragoza y manifiesta que los paganos se han embarcado para Oriente y en una tempestad han sucumbido todos y que Marfil en un mes irá a Francia a recibir la ley cristiana. El rey confiando en la información de Ganelón y con la garantía de los rehenes se encamina a la ‘dulce’ Francia.

Paralelamente Marsil prepara a sus huestes para dar la batalla a la vanguardia de Carlomagno, ahora en la retaguardia comandada por Roldán, que ha sido elegido para ello por los barones y sobre todo por Ganelón, que se va para Francia con el rey. Roldán no recibe de buen grado comandar la retaguardia, cuando siempre ha ido en la vanguardia del Emperador y le dice estas palabras a Ganelón: “¡Ah mal padre- le dice- de una puta familia!” (v. 763).

Entonces el rey le entrega el arco, que simboliza el mando de tropas y con 20.000 franceses conformará la retaguardia.

El Emperador emprende el regreso a Francia a través de Roncesvalles. La traición de Ganelón, pues, está servida, porque Roldán será atacado por 100.000 sarracenos.

La derrota (vv. 814-2396):

Camino de la dulce Francia el duque Naimón le pregunta al rey: “Señor, ¿qué es lo que os atormenta?” (v. 832) y el rey le responde que teme que Francia será destruida por la traición de Canelón, que un ángel se lo anunció en un sueño.

Entre tanto Marsil, rey de Zaragoza, se apresta a preparar un ejército de 100.000 hombres.

Poco después Oliveros se da cuenta que los sarracenos vienen a su encuentro y le dice Roldán: “Debemos mantenernos por nuestro rey aquí; /por el señor se deben sufrir todas las pruebas” (vv. 1009-1010), una prueba más del buen vasallo que es Roldán, de su fidelidad feudal.

Oliveros ante la inminencia del combate y la desigualdad numérica, que no de valentía, le dice a Roldán que toque el olifante: “Le responde Roldán: haría como un necio, / pues en la dulce Francia perdería mi fama”( vv.1053-1054), y le insiste, hasta tres veces, que toque el olifante para que el rey venga en su ayuda; pero el desmesurado Roldán defiende su honor y el de su familia y se niega.

Comienza la batalla con todos los bríos del conde, que se da cuenta de la traición de Ganelón, cuando ve tanta gente armada, dice Roldán a Oliveros. “Vos, señor compañero, lo sabíais muy bien/ que Ganelón a todos nosotros ha vendido: / por ello recibió oro, haberes y dinero” (vv. 1144-1146).

Los franceses luchan con bravura y honor; pero la victoria se va decantando de lado de los sarracenos y es cuando Roldán accede a tocar el olifante, lo oiga el rey y acuda en su ayuda, así dice Roldán: “Sonaré el olifante, / así Carlos lo oirá, que aún está en los puertos” (vv. 1702-1703); y Oliveros en ese momento lo desaprueba, quizá ya no hay remedio y le recrimina que no lo hubiera tañido antes.

Interviene el arzobispo Turpín, le dice que cesen en la discusión y que suene el olifante. Oye Carlomagno el olifante y dice: “Nuestros hombres libran batalla” (v. 1758). Ganelón lo pone en duda. El duque Naimón dice: “¡Es un barón que sufre! / (…) Quien pide que sigáis es porque hizo traición” (vv.1790-1793).

El Emperador da orden de ir a socorrer a Roldán y hace prender al conde Ganelón: “¡Vigiladlo muy bien, cual merece el felón! / de mi noble mesnada, él ha hecho traición” (v. 1819-1820) .

El combate es encarnecido, Oliveros blande “Altaclara”, pero es herido de muerte y Roldán entona un planto por su compañero. Roldán tañe de nuevo el olifante y el rey entiende que su sobrino va a morir. Muere Turpín, el arzobispo, y muere también Roldán, que se arrepiente de sus pecados, entona un “mea culpa” y muere cristianamente.

La victoria (vv: 2396-3674):

Carlomagno vuelve a Roncesvalles y entona un sentido planto por su sobrino Roldán, Oliveros y los Doce Pares de Francia.

El duque Naimón, que actúa como hombre sensato, le dice al Emperador: “¡Vengad este dolor!” (v. 2428). Manda el Emperador emprender la marcha y pronto encuentran las huellas de los sarracenos y como el día termina, pide a Dios que se pare el sol y un ángel le aconseja que siga cabalgando, que luz no le faltará y que podrá vengarse de esa gente maldita. Así pues, Dios hizo un milagro para que el Emperador fuera hostigando a los paganos hasta Zaragoza y los ahogara en el Ebro.

Marsil, que había perdido una mano en combate con Roldán, se retira a Zaragoza y pide ayuda a Baligán, gran emir, que acude con navíos a socorrerle. Marfil, entonces, se declara vasallo del gran emir Baligán: “Señor emir, mis tierras todas os las entrego/ y Zaragoza y el feudo que le atañe” (vv. 2831-2832).

Por su parte Carlomagno manda celebrar las honras fúnebres por los héroes y a Roldán y a Oliveros los lleva a Francia.

El Emperador quiere volver a Francia, pero se da cuenta que los paganos le siguen y ordena dar la batalla a los sarracenos con los 100.000 hombres que tenía. Se encomienda a Dios para que pueda vengar la muerte de su sobrino Roldán. Comienza la contienda, de un lado y de otro se arenga a las huestes, prometiendo Baligán: “bellísimas mujeres, feudos, honor y tierras” (v. 3398). El Emperador arenga a sus mesnadas diciéndoles: “¡Vengad a vuestros hijos, hermanos y herederos / que en la de Roncesvalles murieron la otra tarde” (vv. 3411-3412).

La batalla se inclina del bando cristiano y, al final, el combate singular entre Carlomagno y Baligán. Baligán pretende engañar a Carlomagno diciéndole que se haga su vasallo y le dará riquezas sin par. Carlomagno le responde que se haga cristiano. No hay acuerdo y será la espada de Carlomagno, la que decida, abatiendo a Baligán con la ayuda del ángel.

Carlomagno, entonces, toma Zaragoza. El rey Marfil ha muerto y toma prisionera a su esposa Braminonda y se bautizaron más de 100.000 paganos.

La justicia (vv. 3675-4002):

El Emperador regresa a la dulce Francia, a su palacio en Aix y allí empieza el proceso del traidor Ganelón. Carlomagno manda que se juzgue a Ganelón según la ley y se le acusa de haber hecho peder la vida a 20.000 franceses. Ganelón reconoce la rivalidad y la envidia que sentía hacia Roldán, pero no acepta la culpa de traición; incluso acusa a Roldán de pretender su muerte, cuando fue enviado como mensajero ante Marsil.

Comienza el juicio con Pinabel, como abogado defensor y la parte acusadora Terrín, que pide que Ganelón muera en la horca y acepta un duelo con un pariente de Canelón. Pinabel está dispuesto al combate individual. Se celebra el duelo, con todo el ritual y Terrín abate a Pinabel, con lo cual Ganelón será ahorcado junto con sus parientes.

Ganelón fue condenado a morir de forma afrentosa: atan cuatro corceles a sus cuatro extremidades y así muere descoyuntado, haciéndose justicia por la vil traición a Roldán, Oliveros, los Doce Pares y a todos los 20.000 franceses que perecieron en Roncesvalles.

Además de hacerse justicia, el Emperador consigue la conversión al cristianismo de Braminonda, mujer de Marfil; por lo cual la victoria, no sólo es militar, sino también religiosa, recuélese el carácter de Cruzada de la guerra contra el sarraceno.

Por último, San Gabriel le anuncia nuevas empresas para propagar la fe cristiana; pero el Emperador está ya cansado.

Y hasta aquí la gesta que Turoldo transcribe.


 LOS CARROS DE NÎMES:3 (Siglo XII)

Entre 1150-60 se pondría por escrito (Cirlot, v. 1993, 29-49) el cantar de gesta francés Le Charroi de Nîmes, que se puede traducir por Los Carros de Nîmes o más bien, El acarreo de Nîmes.

Este cantar está dedicado al conde Guillermo, el de la nariz rota, de fuertes brazos y risa estentórea, que por valor y fidelidad al rey Luis, conquista a los sarracenos la ciudad de Nîmes con una astucia semejante a la de Ulises en la guerra de Troya.

El texto manuscrito que ha llegado hasta nosotros consta de 1846 versos, en el que se narra una etapa de la vida del conde Guillermo, llamada de la jovente, es decir aquel periodo vital marcado por el celibato, la carencia de una tierra en propiedad, la dependencia del rey, después de ser investido caballero, pero antes del matrimonio.

No obstante Charroi de Nîmes pertenece al Ciclo de Guillermo, una colección de ocho cantares de gesta en torno al héroe, cuyo comienzo estaría en la Chanson de Guillaume. Este ciclo de Guillermo se sitúa en el pasado carolingio y detrás de sus personajes hay figuras históricas. El conde Guillermo parece ser que el año 790 combatió en Septimania a los sarracenos y a quien Carlomagno concedió el condado de Tolosa y la tutoría de su hijo Luis.

Sin embargo este conde de Tolosa no conquistó Nîmes, aunque así figure en el Codex Calixtinus. Pues una cosa eran las historias transmitidas en los cantos juglarescos y otra la historia verdadera. El público, por su parte, recibía estas gestas como hechos históricos y verídicos, por lo tanto el conde Guillermo conquistador de Nîmes era tan ‘real’, como el conde asentado entierras tolosanas.

El cantar los Carros de Nîmes, perteneciente- como se ha dicho- al ciclo de Guillermo, nunca fue recibido como una obra independiente, y procedería de aquellos cantos noticieros creados en la oralidad (cantos noticieros o cantilenas), hasta que se decidió su escritura, que ha llegado hasta nosotros en varias versiones de los siglos XIII y XIV.4

Se trata de una obra anónima; no figura el copista, ni el refundidor.

La injusticia (vv. 1-655):

El cantar de gesta Los Carros de Nîmes comienza presentándonos a Guillermo, “marqués de la nariz rota” , cuando volvía de cazar y se encuentra con su sobrino Bertrán, que le pone en antecedentes del reparto de feudos que ha hecho el rey Luis, dejando a Guillermo sin asignación de feudo (VV. 1-40).

Entonces Guillermo decide ir a hablar con el rey para reclamarle el feudo, que le correspondía por los muchos servicios de armas que había realizado para el rey. El rey, con evasivas, le dice:”Cualquier día de estos morirá uno de vuestros pares;/ entonces os daré su feudo” (vv. 75-76). Guillermo responde: “¡Por Dios- dijo Guillermo- cuánto tiempo tiene que esperar aquí/ el caballero sin tierra que tiene mi edad”! (vv. 88-899.

Guillermo se encuentra ya en un periodo de su vida, que debe abandonar el celibato, adquirir un feudo y lo que hace es reclamárselo al rey. No hay acuerdo entre el rey y el vasallo; porque lo que le ofrece el rey son feudos con herederos y Guillermo no los acepta.

Guillermo sigue recordándole al rey todas las conquistas que hizo para su reino, como la batalla contra el emir Corsolt, que fue quien le cortó la nariz con la espada: “Guillermo el de la nariz rota” (v. 144). Le recuerda cómo contribuyó a su coronación y le va repitiendo al rey una y otra vez: “De este servicio no os acordáis/ ya que dais tierras sin pensar en mí” (v. 180-1819.

El enfado entre rey y vasallo va subiendo de tono; el rey le dice: “Señor Guillermo- dijo Luis el Valiente, / ya lo veo estáis lleno de rencor” (vv. 300-3019. A pesar de ello las nuevas ofertas no son aceptadas por el fiel Guillermo, porque tienen herederos, además el rey le ofrece tierras y viuda,

Por fin, el rey le ofrece la cuarta parte de Francia; Guillermo no lo acepta, porque, aunque el marqués es exigente con el rey, es un vasallo fiel: “Mirad a este Guillermo, el marqués del rostro enojado/ mirad cómo ha perjudicado a su señor legítimo” vv. 299-400), qué dirían los otros barones, los que sí recibieron tierras. No hay acuerdo entre rey y vasallo y éste sale del palacio.

Se encuentra con su sobrino, Bertrán, que representa la prudencia y le calma y le incita a la lealtad al rey: “Siempre debemos estimar la lealtad” (v. 443), nueva muestra de vasallaje. Bertrán, pues, le dice que vaya otra vez a hablar con el rey y le pida el reino de España en poder de los sarracenos y de esta forma extender el territorio del rey por Tortolosa, Nîmes, Orange.

El rey pretende retenerlo en su reino, ofreciéndole ahora la mitad de su reino, Guillermo le contesta: “No quiero reducir vuestro feudo, / al contrario lo aumentaré con el hierro y el acero/ sois mi señor, y no os quiero traicionar” (vv. 545-547). Al fin el rey accede y le dice: “Sed señor de España, recibidla por este guante” (v.585).

Reúne un ejército y con sentido de Cruzada parte a la conquista de España, que será Nîmes.

Hasta aquí el enfrentamiento con el rey por la injusticia en el reparto de los feudos entre los barones.

Hemos visto, pues, como Guillermo, héroe caballeresco, exige su libertad al rey, pero no rompe el vasallaje, su honor caballeresco no le permite aceptar las ofertas del rey, que él considera indignas (tierras con herederos) o desproporcionadas (la mitad de Francia).

Así pues, tres impulsos guían al marqués Guillermo: a) adquirir tierras a través del rey, esto es, un feudo y abandonar así el estado de jovente; b) expulsar a los sarracenos (espíritu de Cruzada: “Echaré de allí a esa puta gente pagana”, v. 511) y c) aumentar el poder de la corona.

El ambiente de Cruzada del siglo XII era muy común, porque fueron frecuentes las invasiones árabes en el sur de Francia. Guillermo transforma la conquista de un feudo en una empresa sagrada y abandona al rey.

Esta primera parte termina con el reclutamiento, formado por “povres bachelers” (pobres caballeros sin tierras), para una empresa sagrada y con el atractivo para unos guerreros valerosos, en busca de ascenso social, de conquistar tierra al infiel.

Salida (vv.667-1070):

Comienza la segunda parte con la despedida de Guillermo del rey Luis, que le da tres besos con mucha amistad. Guillermo le dice: “Me iré a recorrer España, / esta tierra será vuestra, señor, si la conquisto” (vv. 756-757. Guillermo como el Cid promete ofrecerle las nuevas conquistas al rey.

Después de rezar en la iglesia y dar tres marcos de plata, se dirigen hacia Nîmes. En el camino hacia Nîmes encuentran a un villano con un carro y un barril lleno de sal. El villano le habla de sus intereses, de precios etc. Guillermo le pregunta por la disposición de Nîmes, pero éste del aspecto estratégico nada le informa.

Guillermo y su ejército se encuentran con un ser exógeno al mundo caballeresco, un personaje que en escasas ocasiones hace aparición en los cantares del gesta, el vilain, que ya en el siglo XII, representaba a los habitantes de las ciudades y a los agricultores enriquecidos, situados ya fuera del control de los feudos.

Entonces Garnier, noble caballero de Guillermo, dijo: “Quien tuviera miles de barriles como estos/ (…) y los tuviera llenos de caballeros,/ los podía llevar por el camino de Nîmes/ y de esta manera podía tomar la ciudad” (vv.924-927).

Y con este ardid, semejante al del Caballo de Troya, reúnen numerosos carros con bueyes y barriles de los villanos de la zona, llenan los barriles de armas y guerreros; y tomando Guillermo y los otros aspecto de villanos mercaderes se dirigen hacia la amurallada Nîmes, donde antes de penetrar en la ciudad deben pagar unos aranceles por las mercancías que llevan para la venta.

Este ardid es un tipo de conducta reprobable para la moral nobiliaria; pero en este caso el engaño carece de tintes negativos, porque la astucia va dirigida contra los infieles, aunque no deja de producir comicidad, ya que Guillermo tiene que disfrazarse de mercader, de “vilain”. Pero bueno también los héroes griegos entraron en Troya mediante el ardid del caballo de madera. Además en la tercera parte, el disfraz de Guillermo servirá para desatar la risa entre el auditorio, hasta que, al final, al sentirse despreciado por los sarracenos, le da un puñetazo al rey y termina con las bromas.

La conquista (vv.1070-1486):

Entran en la ciudad de Nîmes y un pregonero anuncia que unos mercaderes han traído mercancías nuevas, pero colocadas en barriles. El propio rey Otrant y su hermano Harpín y con ellos 200 más van al mercado.

Guillermo comprueba que todos los guerreros están dentro de la ciudad.

En la lais XLIX hay una interpelación al auditorio. “Oíd señores, por el Dios de majestad/ cómo conocieron a Guillermo aquel día”( vv.1225-1226); en la cual el rey sarraceno Otrant reconoce a Guillermo, el de la nariz rota, hijo de Aymeri, pero Guillermo le cuenta una biografía fantástica y convincente, que se hizo ladrón y que unos mercaderes le cortaron la nariz y que luego se enmendó. Se hizo mercader y que había ganado dinero.

El mayordomo de Otrant protesta, porque la puerta del palacio está embotellada y le propone a Harpín, hermano del rey, que mate dos bueyes para preparar la comida y así lo hace.

El rey Otrant y Harpín comienzan a mofarse y a buscar querella con Guillermo, tirándole de los pelos del bigote y de la barba, éste no aguantó más, se subió a una escalinata y dio el grito de alarma a los suyos, que estaban dentro de los barriles, a la vez que abate de un puñetazo a Harpín. “El conde Guillermo se embocó el cuerno,/ lo toca tres veces, fuerte y flojo” (vv. 1393-1394) y los barones salieron de los barriles y al grito de “Monjoie” entran en combate.

La batalla fue dura, capturan al rey Otrant, pretenden que abrace la ley de Dios, pero Otrant la rechaza y es arrojado por una de las ventanas del palacio.

Los franceses liberan la ciudad, hacen sonar el olifante para que entre el resto del ejército francés, que estaba fuera de la ciudad y luego los villanos reclamaron sus carros, sus bueyes y el estipendio correspondiente.

Termina el cantar: “El conde Guillermo ha liberado Nîmes”.


EL POEMA DE MÍO CID (s. XII-XIII):

El Cantar de Mío Cid es un cantar de gesta anónimo que narra las hazañas heroicas inspiradas libremente en los últimos años de la vida del infanzón castellano Rodrigo Díaz de Vivar, llamado por los musulmanes Mío Cid Campeador (Mi señor batallador). Este héroe castellano de la Reconquista vivió entre los años 1048 y 1099.

El Cantar de Mío Cid o Poema de Mío Cid se conserva en un solo manuscrito, cuyo códice del siglo XIV, como se deduce por la letra, proviene de una copia efectuada por Per Abbat en 1207 y se encuentra en la Biblioteca Nacional; pero, ¿esta versión de Per Abbat fue la primera o representa un refundición de versiones más antiguas?

Menéndez Pidal, con su tesis neotradicionalista, vincula al autor de CMC al mester de juglaría. Y según él la versión definitiva del Cantar sería el resultado de la labor de dos juglares. La primera versión muy próxima a los hechos que narra, sería el trabajo de un juglar de San Esteban de Gormaz por la abundancia de topónimos que de esa región se mencionan en el “Cantar del destierro”. Asimismo los hechos narrados en esta primera versión serían los más históricos.

Un segundo juglar de Medinaceli, ya más alejado de los hechos históricos, introduce adiciones novelescas y sería el autor-refundidor del “Cantar de la bodas y el “Cantar de la afrenta de Corpes”.

La tesis individualista, por su parte, buscará las señas de identidad del CMC en el mester de clerecía. El “explicit” final: “Per Abbat le esxcrivio en el mes de mayo/en era de mill e CCXLV años (1345) se interpreta en sentido restringido, en el sentido de “componer”, de mero amanuense. A partir de aquí la crítica individualista sitúa al posible autor del CMC dentro de la clerecía secular, a un clérigo perteneciente al obispado de Burgos, o bien atribuyendo la autoría al propio obispo Jerónimo, que acompaña al Cid en sus conquistas e incluso participa en el combate.

Otra parte de la crítica, encabezada por Colin Smith5, opina que el autor del CMC sería un laico, perito en leyes. Smith rechaza la tesis de un autor del mester de clerecía, porque no hay en el Cantar indicios de propaganda a favor de determinados intereses eclesiásticos. Este hispanista inglés encontró un Per Abad en Carrión de los Condes, especialista en leyes, que vivió entre finales del siglo XII y principios del XIII y éste pudo haber sido el genial autor de CMC, primer poema épico que se escribió en castellano en torno a 1207 o poco antes. El CMC sería, pues, una obra innovadora, sin dependencia alguna de una tradición preexistene de poesía épica en castellano, según la tesis individualista.

Siguiendo con la autoría, el CMC (Juan Victorio, 2005, 21-24) se escribió por iniciativa de la Corona (Alfonso VI), que quería presentar un modelo de vasallo obediente a ultranza, aunque tuviese un mal señor. Se quería demostrar que, fuera de la obediencia regia, no había vida política. Y se eligió la figura del Rodrigo Díaz de Vivar, porque ya era conocido de otros textos épicos, en alguno de los cuales se había mostrado su rebeldía. Al tratarse de un encargo ‘oficial’ se recurriría para ello a un autor cualificado, experto en leyes. En efecto, el poeta autor despliega un gran conocimiento de leyes en la demanda civil y el reto contra los Infantes de Carrión, celebrada en Toledo en presencia del rey.

En cuanto a la fecha de composición del primer manuscrito, 1140, Menéndez Pidal se basa en los versos 3724-25: “oy los reyes d`Espña sos parientes son/ a todos alcanza ondra por el que en buen ora naçió”. Supone Pidal que el poema fue compuesto en el tiempo en que los descendientes del Cid llegan a ser reyes, 1140, cuando Blanca biznieta del Cid, se casa con Sancho, hijo de Alfonso VII, rey de Castilla y de León; pero el historiador Antonio Ubieto6 se opone a esta argumentación histórica de Pidal, la considera falsa, simple conjetura; pues el Cid no emparentó con las dinastías españolas hasta 1201; y se inclina por la fecha de 1207, que se lee en el “explicit”, sin la tercera “C” añadida por Pidal. En general la crítica postpidaliana se inclina a fechar el poema, a finales del siglo XII o principios del XIII y con un autor único, culto, con conocimientos jurídicos, pudiendo ser notario o letrado.

A este cantar de gesta castellano, que ha llegado hasta nosotros a través e la copia de Per Abbat, consta de 3730 versos, le falta la hoja del principio y dos del interior. Menéndez Pidal ha reconstruido el texto tomándolo de la prosificación del Cantar hecha en la Crónica de Veinte Reyes.

Las partes en que se divide el Cantar son tres:

I. El Cantar del destierro (vv. 1-1085):

El rey Alfonso VI de Castilla, dice la primera página prosificada por Menéndez Pidal, envió al Cid a cobrar las parias (tributos) del rey moro de Sevilla, que era vasallo y pechero del rey; el Cid, por su parte, se entera que el conde castellano García Ordóñez y Almudafar, rey de Granada, van a atacar a Almutamiz, rey de Sevilla y les envió unas cartas suplicándoles que no atacasen al rey de Sevilla, ya que era vasallo del rey Alfonso; pero ni el conde castellano ni el rey moro de Granada le hicieron caso y asolaron las tierras del rey de Sevilla.

Entonces el Cid reúne mesnadas de moros y cristianos, les da la batalla y los vence. Toma prisionero al conde García Ordóñez durante tres días y le mesó un mechón de su barba. Les retira el botín y se lo entrega al rey de Sevilla y desde ese momento le llaman, el Cid Campeador, que significa batallador.

Regresó, pues, el Cid a Castilla con los tributos para el rey Alfonso y éste le recibió muy bien, con mucha alegría, sintiéndose orgulloso de cuanto había hecho el Cid. Pero muchos nobles de más alcurnia tuvieron envidia del Cid y le buscaron grandes males para enemistarle con el rey. García Ordóñez acusa al Cid ante el rey de haberse quedado con parte de los tributos. Como consecuencia de estas intrigas (“Por malos mestureros de tierra sodes echado”, v.267) el rey le ordenó mediante una carta que saliera de su reino en nueve días.

Ya tenemos la causa del destierro, de la injusticia cometida contra el Cid: la envidia de la nobleza cortesana.

La copia de Per Abbat comienza en el momento en que el Poema vive una de sus cumbres dramáticas. El destierro del héroe y así comienza el Cantar del destierro:

“De los sos ojos tan fuertemientre llorando,
        Tornava la cabeza i estábalos catando.
        Vio puertas abiertas e uços sin cañados,
                                 (…)
        Sospiró mio Cid bien e tan mesurado:
        Grado a ti, señor padre que estás en lo alto!
        Esto me an buolto mios enemigos malos” (vv. 1-10)

Comienza el Cantar sin acusar al rey, no se cuestiona el vasallaje, sino a una nobleza envidiosa, nobleza de casta, frente a una pequeña nobleza- el Cid era infanzón- que luchaba por ganar privilegios ante el rey, a cambio de fidelidad y esfuerzo personal.

A partir de este momento el Cid enviará al rey noticia de sus conquistas y se reconocerá siempre vasallo y quiere ganar, restablecer la gracia del rey.

Tras el episodio de la niña de nueve años, relevante por su delicadeza en una obra tan primitiva:

“Una niña de nuez años a ojo se parava:
Ya Campeador en buena çinxiestes espada!
El rey lo ha vedado, anoch dél entró su carta,
(…)
Non vos osariemos abrir nin coger por nada;
Si non, perderiemos los averes e las casas,
E aun demás los ojos de las caras”. (vv. 40-45)

Viene un suceso puramente literario, el de las arcas de arena: dos judíos, Raquel y Vidas, dan a Martín Antolinez el dinero necesario para pertrechar a sus mesnadas. Los judíos toman como prenda un par de arcas llenas de arena, que, supuestamente, contienen las riquezas que el Cid robó y no puede sacar de Castilla. Comportamiento no caballeresco, hay engaño. El Cid utiliza la astucia. Raquel y Vidas representan a los prestamistas judíos, cuyas actividades el pueblo estaba más que harto de soportar. Es una muestra de antisemitismo, pero también censura la avaricia. También hay comicidad por falta de pago.

Parten para San Pedro de Cardeña, donde el Cid se despide de su esposa y de sus dos hijas, que quedan al amparo del monasterio, pues el Cid ha sido desposeído de todos sus bienes.

Salen de Castilla y empiezan las conquistas y cae como tributaria toda la región desde Teruel a Zaragoza. El Cid envía a Álvar Fáñez a Castilla con un don de 30 caballos para el rey:

“al rey Alfons que me a ayrado/ quiérol enviar en don treinta caballos” (vv. 815-816).

El Cid quiere ganar por medios legítimos la gracia del rey.

II. Cantar de las bodas de las hijas del Cid (v. 1086-2277).

Conquistada Valencia, después de haber librado una dura batalla con el rey moro de Sevilla, que pretende conquistarla; el Cid obtiene un cuantioso botín, que envía parte de él al rey Alfonso VI, reconociéndose una vez más su vasallo, de nuevo el héroe desterrado quiere recuperar la gracia del rey; habla el Cid:

“Si a vos plogiere Minaya, e no vos caya en pesar
enviar vos quiero a Castiella, do avemos heredades,
al rey Alfonso mio señor natural;
(…)
dar le quiero cient cavallos, e vos ídgelos levar
por mi mujier doña Ximena e mis fijas naturales,
si fore su merced quelas dexe sacar” (vv.1270-1278)

El rey castellano, que recibe los presentes por medio de Alvar Fáñez, da permiso para que éste se lleve a Valencia a la mujer y a las hijas del Cid. Y la comitiva avanza gozosa hasta ser recibida por Rodrigo, el Campeador, con la ternura que caracteriza a este valeroso caudillo, habla el Cid:

“vos dopña Ximena, querida mujier e ondeada,
e amas mis fijas mio coraçón e mi alma,
entrad conmigo en Valencia la casa,
en esta heredad que vos he ganado”. (vv. 1604-1609)

El Cid vuelve a enviar a Minaya con un tercer presente de 200 caballos y la voluntad de servirle mientras viviera y el rey ya se muestra benévolo con el Campeador, dice el rey: “todas estas nuevas a bien abrán de venir” (v. 1876).

Ante tanta riqueza conseguida surge el deseo de emparentar con el Cid, porque, aunque hidalgo infanzón, los nobles cortesanos le ven rico, temido por los moros y admirado por los cristianos. Y se presentan como pretendientes de sus hijas, los Infantes de Carrión. El rey aconseja el casamiento y las bodas de doña Elvira y doña Sol se celebran en medio de una gran suntuosidad:

“Quinze días complidos el las bodas duraron,
çerca de los quinze días ya van los fijos dalgo” (vv.2252-2252)

III. El Cantar de la afrenta de Corpes (vv.2278-3730):

Los infantes de Carrión, cobardes y cortesanos, no saben igualar en valentía al Cid y a sus mesnadas. Estos dos nobles, de alta alcurnia, están más acostumbrados a las intrigas cortesanas que al manejo de las armas.

Los infantes son sometidos a burlas: “Suéltase el león del Cid, Miedo de los infantes de Carrión, Vanidad de los infantes”; y como consecuencia de todo este ludibrio los infantes maquinan la venganza y piden al Cid que les deje partir con sus mujeres para tierras de Carrión y todo sucede como la habían planeado.

En el Robledal de Corpes atan a sus esposas, las azotan cruelmente y las dejan medio muertas, sin posibilidad de regresar con su padre y los infantes huyen:

“Por muertas las dexaron en el robredo de Corpes
quel una al otra nol torna recbdo” (vv. 2754-2755)

Sin embargo Félez Muñoz, primo de las hijas del Cid, sospecha de los infantes y vuelve en busca de doña Elvira y doña Sol. Las socorre y las lleva en su caballo a San Esteban de Gormaz, habla Félez Muñoz:

“mal se ensayaron infantes de Carrión!
A Dios plega que dent prendan ellos mal galardón! (vv. 2781-2782)

El Cid pide justicia al rey Alfonso por la deshonra que han sufrido sus hijas, no se toma la venganza él. Se celebra, entonces, en la corte de Toledo, en presencia del rey, un juicio de desagravio. El Cid reclama los presentes que hizo a sus yernos, que son declarados felones. Luego se exige una reparación del honor.

Entre tanto vienen mensajeros de Aragón y de Navarra para solicitar en matrimonio a las damas ultrajadas y termina el Cantar manifestando la alegría del héroe por estos nuevos matrimonios, dignos de sus hijas, habla el juglar:

“Veed qual ondra creçe al que en buen ora naçió,
quando señoras son sues fijas de Navarra y de Aragón.
Oy los reyes d`España sos parientes son,
A todos alcança ondra por el que en buena naçió (vv.3722-3725).

Con lo cual queda plenamente restablecida la gracia del rey y su descendencia emparentada con los reyes de España.

Manifiesta el juglar el fallecimiento natural del Cid en la Pascua de Pentecostés y termina el Cantar en el verso 3730. Se cierra, pues, la historia del Cid muriendo en el lecho, en paz con el mundo, después de sus conquistas y del restablecimiento de su honor. Muerte natural, no muerte heroica como Roldán.

“Passado es deste sieglo mio Çid de Valençia señor
el día de çinquaesma; de Cristus aya perdón!” (vv. 3726-3727).

Per Abbat añadió este explicit:

“Quien escrivió este libro ¡de Dios paraíso, amen!
Per Abbat le escrivió en el mes de mayo
En era de e .ccxlv. años”.

También en el siglo XIV, pero con otro tipo de letra se añadió otro explicit:

“El romanz es leýdo, dat nos el vino; si no tenedes dineros
Echad allá unos peños, que bien nos lo darán sobr` los.”

El juglar, al final, pide al auditorio que se le recompense con un trago de vino para aclarar la voz, después de una larga lectura y reclama también el estipendio: dineros o peños (prendas).

 CONCLUSIONES:

En el Cantar de Roldán el conflicto inicial (Cacho Blecua J. M., 2009: 17-26)7 surge por el enfrentamiento entre Ganelón y Roldán, el primero tiene envidia del segundo; pero en este antagonismo hay un tercero en discordia, Carlomagno; ya que según la tradición Carlomagno había mantenido relaciones incestuosas con su hermana Gisela, como consecuencia de las cuales había nacido Roldán, con lo cual el emperador era, a la vez, tío y padre del héroe infortunado. La tradición literaria hace a Ganelón cuñado de Carlomagno, pues se había casado con Gisela como recuerda el Cantar: “Mas no lo olvidéis nunca: mi esposa es vuestra hermana” (v.312). Así pues, Ganelón queda convertido en padrastro de Roldán con la carga de desamor que este parentesco supone. Esta situación familiar explicaría aparentemente los comportamientos que desencadena la batalla de Roncesvalles.

Roldán propondrá a su padrastro como mensajero ante Marfil y Carlomagno la acepta, después de haber rechazado las iniciativas voluntarias de Naimón, Roldán, Oliveros y Turpín; sin embargo el emperador protestará ante la designación de Roldán como jefe de la retaguardia realizada por Ganelón. Ninguna de las dos propuestas era inocente y en ambas peligraban los implicados.

El emperador quiere preservar a los Doce Pares de Francia del peligro, porque los consideraba su principal instrumento político y guerrero. Estos caballeros eran unos profesionales de la guerra, desligados de sus feudos y transformados en caballería. No tenían territorios, tenían cargos políticos y de honor en pago a su fidelidad. Frente a estos Doce Pares estaban los poderosos vasallos como Ganelón con grandes feudos. Estas dos actitudes, con intereses opuestos, configuran las principales tensiones del Cantar de Roldán. El enfrentamiento entre Ganelón y Roldán, con la presencia de Carlomagno, reflejaba estas dos actitudes, más que las malas relaciones familiares proporcionadas por la leyenda.

Honor y venganza constituyen el núcleo germinal del Cantar de Roldán. La negativa del héroe a tañer el olifante para avisar a Carlomagno se explica como un caso de honor:

“Compañero Roldán, tañed, pues vuestro cuerno
(…) “Haría como un necio,
pues en la dulce Francia perdería mi fama” (vv. 1051-1055)

Y ante la insistencia de Oliveros contesta Roldán:

“No lo permita Dios (…)

que haya un hombre en el mundo que pueda decir
que a causa de paganos haya tañido el cuerno!” /vv. 1070-1075).

En una sutil gradación se pasa de la honra personal, a la familiar y colectiva (Francia) para terminar con el espíritu de Cruzada. Surge en Roldán su desmesura guerrera. Confía tanto en sus propias fuerzas, que no escucha el prudente consejo del sabio Oliveros.

El conflicto de Ganelón y Roldán giran en torno a la incidencia de la honra y de la venganza en la colectividad fiel al emperador; los dos morirán como consecuencia de sus actitudes, si bien de forma diferente: Roldán pagará su desmesura con una muerte honrosa, mostrando su valentía hasta el último aliento. Roldán pide perdón y ofrece su guante derecho a Dios, señal de humildad, de sumisión, contrapuesta a su desmesurado orgullo. Y San Gabriel recoge el guante y junto con él el ángel Querubín y San Miguel llevan su alma al paraíso.

La muerte de Ganelón será muy diferente. Ganelón y sus familiares, que serán entregados como rehenes, morirán ahorcados, y él recibirá la muerte que merece un felón probado: unidos sus pies y sus manos a cuatro corceles, será descuartizado de forma cruel y deshonrosa.

Todo este enfrentamiento, conflicto de intereses, que apunta o señala desajustes surgidos en la sociedad feudal del siglo XI, está inserto en la lucha contra el infiel. En efecto, la traición de Ganelón y la desmesura de Roldán propician el triunfo momentáneo de los sarracenos, pero luego el emperador perseguirá a Marsil ( a quien Roldán amputó el brazo derecho), le derrotará en Zaragoza, así como a su señor el gran emir Baligán, representante de todo el Islam.

Todo el desarrollo literario del Cantar de Roldán con las dos actitudes representadas por Ganelón y Roldán, así como la derrota del máximo caudillo de los sarracenos por parte del emperador, servirá para demostrar las ventajas de una monarquía fuerte; los traidores y lo guerreros con desmedido orgullo, que actúan individualmente, de manera imprudente y no solicitan la ayuda del emperador, provocan problemas y faltan a la lealtad, eje fundamental de la sociedad feudal.

En el seno de la monarquía cristiana, enfrentada al Islam en el siglo XI, surgen fuerzas individuales que cuestionan el poder del rey. Es la clásica oposición entre el rey y la alta nobleza, pues en la práctica algunos vasallos fueron considerados más poderosos que su soberano y actuaban como auténticos monarcas en sus feudos. Contra esta actitud luchaba la monarquía y El Cantar de Roldán pudo ser un medio de propaganda ideológica al servicio de la monarquía feudal.

*** ***

Los Carros de Nîmes: En este cantar destacamos la afirmación de la individualidad del conde Guillermo en un mundo tan cerrado como el feudal, donde el rey manda y los vasallos obedecen ciegamente.

El conde Guillermo denuncia ante el rey la injusticia por no haber recibido un feudo, que por edad y por los servicios prestados le corresponde. Pide al rey que valore su fidelidad, su vasallaje.

El rey Luis parece que quiere retenerle a su lado en la corte de París, por esta razón le ofrece feudos ocupados (tierras con herederos o viudas) o desproporcionados (la mitad de Francia).

Por fin el rey accede y le permite extender su reino con la conquista de España en poder de los sarracenos, que no es otra tierra que Tortolosa, Nîmes y Orange.

Parte, pues, Guillermo a un destierro voluntario, pero, a la vez, necesario para conseguir un feudo y ofrecérselo al rey (ensanchar su reino).

Luego ya viene el episodio, nada caballeresco, del ardid de los carros cargados de barriles con los guerreros dentro y los pormenores de a conquista de Nîmes. El disfraz de mercader del conde Guillermo y el trato despectivo que recibe del rey Otrant y de Harpín, tirándole del pelo de la barba y del bigote, hasta que Guillermo, no aguantando más, hizo sonar el cuerno de guerra y de un puñetazo abatió a Harpín.

Y se conquista la ciudad de Nîmes con el objetivo de ganar tierras, pero sobre todo para extender la cristiandad: “El conde Guillermo ha liberado Nîmes”.

*** ***

En el CMC se desarrollan los siguientes temas: el deshonor del destierro, el engrandecimiento del héroe mediante sus victorias y las riquezas que adquiere; el deshonor de sus hijas y el restablecimiento del honor.

El Cid es un héroe íntegro en el sentido cristiano, feudal y social. Con esta integridad se gana la adhesión de sus vasallos y recupera el favor del rey, aunque nunca rompió su vasallaje. Además es tierno y humano en el amor a la familia y a sus amigos; también es religioso, astuto, dispuesto y valiente en la lucha.

El autor del CMC presenta al héroe como ejemplo o dechado del hombre castellano de la época: un caballero, que con su esfuerzo personal, respetando las leyes del feudalismo, pasa de la deshonra injusta del destierro a la más alta glorificación.

Al lado del héroe están su mujer, doña Ximena y sus dos hijas, doña Elvira y doña Sol, personajes que sirven para realzar al héroe como esposo y padre ejemplar. Las hijas ensalzan al héroe como padre que busca para ellas un buen matrimonio.

El Cid, por otra parte, necesita dinero para mantener a su familia y para pertrechar a su mesnada. Y siempre en cada conquista se hará mención de la riqueza obtenida. Esta preocupación económica no aparece en los otros cantares de gesta coetáneos.

Las mesnadas del Cid son presentadas como hombres esforzados, valientes y dignos de servir al héroe.

Los dos personajes eclesiásticos también realzan la figura del Cid. El abad don Sancho, que acoge al Cid contraviniendo las órdenes del rey, que había prohibido que se diera hospedaje o comida al desterrado. El obispo Jerome participa, como el Cid, del ideal heroico participando directamente en la conquista de Valencia.

La caracterización negativa de los personajes recaerá en los enemigos del Cid. En el “Cantar del destierro”, el conflicto del rey con el Cid será debido a los “malos mestureros” y se personifica en la figura de conde García Ordóñez, el prototipo del antihéroe.

Los Infantes de Carrión serán el contrapunto de lo heroico. La codicia, la cobardía y la traición serán sus atributos. La vileza de los Condes de Carrión se pone de manifiesto en el pasaje del moro Abengalvon, donde la bondad y la ejemplaridad se atribuyen a un pagano.

Siempre encontramos el contraste entre la probidad y mesura del Cid con la cobardía y avaricia de sus yernos, los Infantes de Carrión; y también en el trato dado al Conde de Barcelona, ridiculizado, estando mucho más alto en el escalón nobiliario. Todo esto puede tener un trasfondo social, el ascenso de los hidalgos infanzones. El autor no nos dice en ningún pasaje el título de nobleza del Cid; sin embargo lo eleva por encima de aquellos personajes que presumen de nobleza heredada. Creo que late un conflicto social entre aquellos personajes que han conseguido su nobleza por sus acciones (gestas) y los que la han heredado.

El episodio de Vidas y Raquel, aunque nada caballeresco, sirve para presentar la astucia del héroe.

El humor también tiene presencia en el CMC con objeto de rebajar la tensión dramática en determinados pasajes y dotar de dimensión literaria al poema. Entre esas muestras de humor tenemos el episodio de “Vidas y Raquel” (hay comicidad por la falta de pago), la escena del león y la batalla contra el rey Búcar o el relato del conde de Barcelona, vanidoso y petulante, que se niega a comer, pero cuando el Cid le dice que si come le pondrá en libertad, se pone a comer con u apetito voraz.

Julio Rodríguez Puértolas califica al CMC como “arte propagandístico de feudalismo”8. Según Rodríguez Puértolas la épica sería el instrumento de propaganda de la clase dominante, y, a la vez, elemento corrector de las fuerzas revolucionarias que atentan contra el sistema feudal.

El CMC serviría de propaganda al sistema feudal para subsanar el desorden iniciado por un vasallo que se rebela contra el sistema en cuatro niveles:

1.Nivel político: enfrentamiento entre Castilla (el Cid y los suyos) y León (la vieja nobleza hereditaria, personificada en los Infantes de Carrión).
2.Nivel socioeconómico: enfrentamiento entre el pueblo y la oligarquía aristocrática, los primeros luchan por el ascenso social y los segundos por mantener sus privilegios; el autor del CMC toma partido a favor de la baja nobleza, los hidalgos infanzones, arraigada en el pueblo, por ello ridiculiza a la aristocracia (Infantes de Carrión y Conde de Barcelona).
3.Nivel individual: el héroe, el Cid, sería la personificación de los ideales del hombre castellano.
4. Nivel religioso: hay también una intención religiosa, cristianos frente a paganos, espíritu de Cruzada, aunque algo más atenuada que en los otros dos cantares estudiados ( CR y CN).

El nuevo orden al que se llega al final, después de las Cortes de Toledo, no coincide con el orden del comienzo, pues, si bien, no se altera el poder del rey, el sistema, el feudalismo se renueva con la savia de la nueva nobleza esforzada. No cabe duda que el poema es un canto al caballero, que por sus méritos personales alcanza grandes riquezas y prestigio social (“ondra”), y por ello quiere tener los mismos derechos que la nobleza hereditaria. En este sentido, el CMC es poesía comprometida, en tanto que el autor anónimo toma partido por la clase caballeresca en ascenso.

En el CMC asistimos a una glorificación progresiva del héroe, un hidalgo infanzón. Y el mundo que resulta del Cantar ya no es estático. En el nuevo orden resultante la alta nobleza ha perdido su prestigio y su papel representativo: El rey afianza su poder gracias al Cid. Esta prendida propaganda del Cantar ya no está al servicio del feudalismo, sino que se rebela contra el sistema y la clase dominante. Parece que está poniendo las bases para la aparición de la burguesía, que cobraría protagonismo un siglo más tarde.

Relación entre los tres cantares de gesta:

El Cid tiene problemas con el rey, porque unos nobles envidiosos le acusan y lo envía al destierro, se produce, pues, la injusticia.

Guillermo no ha recibido el feudo, que por sus servicios y por edad le corresponde, se produce la injusticia y se rebela.

El Cid parte al destierro con tristeza, pero con obediencia, es un buen vasallo y su objetivo será recuperar la gracia del rey.

Guillermo no acepta la sentencia del rey Luis, se rebela, es un héroe épico individualista, que reclama su libertad, aunque no rompa su vasallaje.

Los caballeros que acompañan a Guillermo (“povres bachelers”: pobres caballeros sin tierras) estarían en el mismo escalón que las huestes del Cid.

Ni Guillermo ni Roldán están pendientes de recuperar la gracia del rey como el Cid.

El Cid es marido y padre solícito y necesita dinero para mantener a los suyos; esta preocupación económica no había parecido antes en los cantares de gesta.

El Cid, a su vez, tendrá que recuperar el honor de sus hijas por la Afrenta de Corpes y luego el rey hará justicia y recuperará todo su honor ya que casa de nuevo a sus hijas con los hijos de los reyes de España.

La presencia femenina, tanto en el CR (doña Alda, la prometida de Roldán y Braminonda, esposa de Marfil) como en los CN, apenas es significativa. Tanto es así que Guillermo no tiene prometida.

En los tres cantares hay afán de conquista (extender las fronteras), pero, a la vez, espíritu de Cruzada, de convertir a los sarracenos al cristianismo, aunque más acusado ese espíritu en los dos cantares franceses.

Aunque el Cid sufre algunos reveses en sus conquistas, no sufre una derrota tan tremenda como Roldán en Roncesvalles, triunfa en la conquista de Valencia como Guillermo en Nîmes.

Guillermo y el Cid sobreviven a sus gestas y consiguen sus objetivos, mientras que Roldán muere heroicamente en Roncesvalles por la traición de Ganelón y por su desmesura.

El CR canta a la alta nobleza de los Doce Pares de Francia y las viejas hazañas de Roldán, sobrino de Carlomagno.

El CMC ensalza a un hidalgo infanzón de Vivar, que por méritos propios conseguirá la gracia del rey, injustamente perdida.

El CR noveliza las hazañas d Roldán y Ganelón 300 años más tarde

El CMC relata las hazañas del héroe castellano muy próximas en el tiempo.

Roldán es un héroe desmesurado e intrépido frente a la prudencia de Oliveros.

El Cid es mesurado y magnánimo, aún en los momentos más violentos.

Al final tanto en CR como en el CMC se celebra un juicio, no se recurre a la venganza personal y se hace justicia, se condena a Ganelón a una muerte afrentosa y los Infantes de Carrión son derrotados y declarados felones.

Por último podemos concluir que los tres cantares son una buena muestra de la poesía épica al servicio de la monarquía feudal.

BIBLIOGRAFÍA:

-Alborg Juan Luis, Historia de la Literatura Española, Tomo I. Edad Media y Renacimiento (Segunda edición ampliada), Editorial Gredos, Madrid, 1981

-Antología de textos literarios románicos medievales por Martín de Riquer, Segunda edición preparada por Francisco Noy, Universidad de Barcelona, Facultad de Filosofía y Letras, Sección de Filología Románica, Barcelona 1958, Edición no venal.

-Chansons de gest (extraits) par Robert Bossnat, Editorial Larousse, 1969

-El Cantar de Roldán, (traducción de manuscrito de Oxford por Martín de Riquer), Espasa-Calpe, Madrid, 1968

      -: Edición y traducción de Juan Victorio, Editorial Cátedra, Madrid, 2001

     -:  Versión de Benjamín Jarnés, Alianza Editorial, Madrid, 2009

-Le Charroi de Nîmes (prólogo y notas de Victoria Cirlot), Editorial Bosch, Barcelona, 1993.

-Menéndez Peláez Jesús (Coord), Historia de la Literatura Española, Vol I, Edad Media, Editorial Everest, León ,2007 (Segunda Edición)

-Menéndez Pidal Ramón, La Chanson de Roland y el neotradicionalismo (Orígenes de la épica románica), Espasa-Calpe, Madrid, 1959.

-Poema de Mío Cid, Edición de Colin Smith, Cátedra, Madrid, 1982, (9ª edición)

      -: Texto antiguo de Menéndez Pidal, Prosificación de Alfonso Reyes, Prólogo de Martín de Riquer, Espasa- Calpe, Madrid, 1976

      -: Introducción, transcripción y adaptación del Poema en prosa por Juan Victorio, BBVA, Patrimonios, Madrid, 2003.

      -: Estudio y edición crítica de Juan Victorio, UNED/ Ediciones, Madrid, 2005 (1ª reimpresión)

-Rodríguez Puértolas Julio, >>El Poema de Mio Cid: nueva épica y nueva propaganda<<, en Deyermond A. D. Mío Cid Studies, Tamesis Books Limited, London, 1977.

-Ubieto Arrieta Antonio, El Cantar de Mio Cid y algunos problemas históricos, Anubar Ediciones, Valencia, 1973


Madrid, 6 de junio de 2012











1 Menéndez Pidal Ramón, La Chanson de Roland y el neotradicionalismo (Orígenes de la épica románica), Madrid, 1959 (p. 353)

2 Cantar de Roldán (Edición y traducción de Juan Victorio), Editorial Cátedra, Letras Universales, Madrid, 2001. Todas las citas textuales serán de esta edición, señalando el número del verso.

3 Le Charoi de Nîmes/ Los Carros de Nîmes (Prólogo y notas d Victoria Cirlot, Traducción de Alain Verjat), Bosch, Casa Editorial, Barcelona, 1993. Ejemplar de lectura y citas textuales.

4 Ver “Nota a la tradición manuscrita” en obra citada, p. 49

5 Poema de Mío Cid, Edición de Colin Smith, Cátedra, Madrid, 1982. Ver >>Génesis del poema, su autor y fecha de composición<< (pp. 36-44)

6 Ubieto Arrieta Antonio, El Cantar de Mío Cid y algunos problemas históricos, Anubar Ediciones, Valencia, 1973

7 El Cantar de Roldán, Versión de Benjamín Jarnés, Introducción de José Manuel Cacho Blecua, Alianza Editorial, Madrid, 2009

8 Rodríguez Puértolas Julio, >>El Poema de Mio Cid: nueva épica y nueva propaganda<< , en Deyermond A. D. Mio Cid Studies, Tamesis Books Limited, London, 1977 (pp. 141-158)

lunes, 3 de octubre de 2011

ANÁLISIS DE LOS HIJOS DE MÁXIMO JUDAS (1950) de Luis Landínez (1911-1962)




La novela, Los hijos de Máximo Judas, se publicó por primera vez en Barcelona en 1950 en la editorial Miguel Arimany, Col. Aldebarán, 32, a quien dedica la novela: A Eladio Sanz y Miguel Arimany, que han seguido de cerca toda esta historia de los Judas. El autor la había presentado al premio Nadal de 1949, que ganó José Suárez Carreño con Las últimas horas. También concurrieron al premio Nadal, ese año, Ana Mª Matute y Darío Fernández Flórez. La novela figuró entre las finalistas y quizá esta circunstancia le dio la posibilidad de publicarla en otra editorial, donde tuvo una buena acogida y reseñas favorables, pero nunca fue reeditada y los estudiosos (Francisco Induráin, José Corrales Egea y Santos Sanz Villanueva) la citaban, ya en los ochenta, como una obra valiosa. Hoy con la perspectiva del tiempo se da uno cuenta que Los hijos de Máximo Judas es una novela de más calidad literaria que Las últimas horas de Suárez Carreño .
El autor Luis Landínez1 había nacido en La Fuente de San Esteban (Salamanca) en 1911 y su dedicación a la novela fue tardía, ya que antes había tentado otros géneros. Murió tempranamente en 1962, cuando se hallaba comprometido con la novela El aprendiz de genio de la que no ha quedado testimonio alguno.
Los hijos de Máximo Judas es un drama rural con tintes de tragedia griega. En la cubierta de la 1ª edición dice: “Nada tremendista, pero profundamente dramática”, frase quizá redactada por el propio autor o por el editor. Lo de nada tremendista será si consideramos la literatura de ese género como una “sanguinaria caricatura de la realidad” (CJC). Presenta el mundo campesino sin complacencia alguna, siguiendo un poco las Comedias bárbaras de Valle-Inclán, La casa de Bernarda Alba de García Lorca o La familia de Pascual Duarte de Cela. La novela hace un retrato de los miembros de la familia Judas y de otros habitantes del pueblo como Félix, Miguelín, don Isidro el boticario o el secretario Velones.
La codicia es el motor de la acción de la novela. Hilaria, primero asistenta y luego criada de los Judas, se casa con el patriarca de la familia, cuando éste enviuda, causando el rechazo de los siete hijos de Máximo Judas. Este hecho nacido de la avaricia de Hilaria, no del amor, encadena una serie de sucesos sórdidos que la van a conducir a la tragedia final: dos crueles asesinatos, un suicidio y su traslado a la cárcel como cómplice de los dos asesinatos. Los personajes actúan impulsados por móviles mezquinos. Máximo Judas se casa con Hilaria por conveniencia ( para que le cuide en la vejez). Hilaria procura ganarse a sus hijastros para mandar a su modo, para pasar de criada a dueña y señora. Tan solo se le resiste Anselmo, pero acabará por claudicar, con quien mantendrá una relación adúltera.
El matrimonio de Encarna (la menor de los Judas) con el valetudinario Agapito, también es un arreglo urdido por Hilaria: casar a la hija del mayor contribuyente del pueblo (el máximo Judas) con el hijo del segundo mayor contribuyente( el segundo máximo Judas) para engrandecer la hacienda. Como la pareja no tiene heredero, es Hilaria quien le propone a Encarna la relación mercenaria con Félix, el pastor, novio de Ángeles con quien ya tiene una niña (paternidad probada) y se casará más tarde.
Todos lo personajes de la novela, excepto Miguelín, están cegados por la codicia y la degradación moral. La misma Ángeles, ya casada con Félix, acepta una humillante situación pensando sólo en los beneficios que le reporta. El secretario Velones decide prestar ayuda al juez novato para esclarecer los crímenes con la promesa de un empleo fijo en el juzgado. En la reacción del pueblo contra la familia Judas hay, más que un deseo de justicia, una muestra de envidia y de rencor de los desheredados frente a la familia poderosa, porque la novela también contiene una denuncia de la miseria moral y material del campesinado en el primer tercio del siglo XX y en un lugar innominado de la sierra salmantina. El novelista, con el modelo de conducta rechazable de los personajes, no saca conclusiones morales; pero en su implacable severidad va incluida una lección evidente.
No hay, por otra parte, ningún atisbo de tomar la justicia por su mano ante los crímenes de Félix y Miguelín, si acaso un conato de linchamiento a la Hilaria.
Lo que pretende es esclarecer los orígenes de esos comportamientos desgraciados.
El desenlace de la novela termina con dos asesinatos, de Félix y Miguelín, éste parece ser porque pernoctaba ese día con Félix, el suicidio de Anselmo y la detención de la urdidora de toda la trama, juicio y posible ejecución en el garrote vil.
Pero, ¿cuál sería el móvil de estos crímenes? Porque aparentemente Félix, el pastor, había tenido unas palabras el día antes con uno de los Judas, con Alicio, pero este no tuvo nada que ver. Toda la decisión la tomó la madrastra, la Hilaria que no soportaba, que alguien pusiera en tela de juicio sus actuaciones y ya era moneda corriente que Agapitín era hijo de Félix y no de su padre, Agapito, recientemente fallecido.
Pero lo que de veras llama la atención del lector es el estilo narrativo, dotado de una prosa precisa y eficaz, que se limita a enunciar y sugerir. Los diálogos son secos y de frases cortas, como corresponde a la índole de los personajes. Una prosa funcional, sin ingredientes retóricos confiere a la novela un rigor de crónica. Por otra parte una lectura atenta descubre una equilibrada dosificación en el ritmo narrativo, de la secuencia de los hechos e informaciones que encamina la historia hacia un final trágico. La fuga de Anselmo narrada en el capítulo XXV es una muestra del poderío narrativo de Luis Landínez.
Los hijos de Máximo Judas es una novela de factura clásica y lenguaje conciso, cuyo descarnado realismo, próximo al tremendismo, no excluye el lirismo poético y es un claro antecedente de la narrativa social de los años siguientes.
La novela muestra la arraigada situación de desamparo del campo, la incultura ancestral de sus gentes y un primitivismo moral de consecuencias trágicas. Sin duda, con la presencia del progreso y con mayor cultura, esos campesinos reaccionaría de manera más civilizada. La miseria y la ignorancia padecidas históricamente por la sociedad rural serían, en parte, las responsables de los crímenes de la novela
La editorial ALCAYUELA de Salamanca ha reeditado la novela de nuevo en 1999 con una breve, pero incisiva introducción de Ricardo Senabre.

BIBLIOGRAFÍA:
*Basanta Angel, EL CULTURAL de EL MUNDO, 20/09/2000
*Landínez Luis, Los hijos de Máximo Judas, Alcayuela, Salamanca, 1999.
*Nora Eugenio de, Novela española contemporánea, III (1939-1967), Editorial Gredos, Madrid, 1973 (2ª edición ampliada)
León 26 de julio de 2011

Anastasio Serrano

martes, 14 de junio de 2011

ANALOGÍAS Y DIFERENCIAS entre Huasipungo (1934) y El mundo es ancho y ajeno (1941)


En primer lugar tenemos la novela indigenista , Huasipungo, del ecuatoriano Jorge Icaza, que fue publicada en Quito por la Imprenta Nacional en 1934.
En Huasipungo ( Fernández, 1995: 318-319) se pone de manifiesto la explotación del indio por la oligarquía, que lo considera una simple fuerza productiva, casi animalizada. La narración recoge las injusticias sufridas por los huasipungueros del Cuchitambo hasta la sublevación final, como reacción al despojo del huasipungo, palabra de origen quechua- de “wasi (casa) y “punku” (entrada): casa a la entrada. Así pues, el huasipungo era un pedazo de tierra de cultivo, dentro de las posesiones del hacendado, para instalar su vivienda y sus animales, y para que desarrollasen una agricultura de subsistencia, todo ello a cambio del trabajo en la hacienda.
La tierra no constituye aquí el reducto mítico, que rige la existencia del indio sobre la base de sus creencias ancestrales, sino que es el signo de la explotación económica. El conflicto de la novela surge como consecuencia de un proyecto de explotación maderera en la hacienda de Cuchitambo, propiedad de don Alfonso, a instancias de una empresa norteamericana, cuya cabeza visible es míster Chapy, aunque, al final, se descubre que el verdadero interés es la explotación petrolífera.
La novela está presentada con extremada crudeza, de ahí el feísmo-expresionista de muchas de sus páginas. Las condiciones de vida de los indígenas son infrahumanas. Su utilización como fuerza de trabajo raya la animalización. El final de la novela da una visión totalmente negativa de la realidad social ecuatoriana: la animalización de los indios, la crueldad de los cholos, la codicia y la lujuria del clero y la ambición de los hacendados.
Nos presenta, todavía, un país con estructuras semifeudales y con un movimiento modernizador, donde lo único que cuenta es la ambición personal. El aguafuerte de denuncia que nos transmite Jorge Icaza, produce un desencanto radical: el mismo levantamiento final constituye un acto irreflexivo, una reacción ante la pérdida del único elemento de supervivencia, que aún les queda a los indígenas.
La aniquilación final constata que ningún cambio se ha producido. La brutal represión deja las cosas como estaban y la ‘civilización’ seguirá explotando los recursos. No se propone salida alguna.
Al final de la novela al reclamar el derecho consuetudinario al huasipungo, recurren a su idioma autóctono (el quechua) y al uso ancestral del cuerno. El grito: ¡Ñucantic hasipungo! (nuestro huasipungo) es el eco de insurrecciones pasadas, de rebeliones como la de Tupac Amaru, el héroe histórico, convertido en líder mítico, de tal forma que ha dado nombre a la guerrilla de Uruguay en los años 70: “Los tupamaros”
No faltaron las críticas a la novela por las deficiencias de estilo y por la degradación animalesca con que presenta a los indios, dejando de lado sus creencias y sus valores culturales hasta reducirlos a meras supersticiones, que lo dejaban indefenso ante los abusos. No obstante, Icaza parece ser que pretende criticar a los grupos de poder, a los hacendados y sus aliados, más que reivindicar la vida del indígena. Se trata pues de una obra literaria de denuncia y de combate del momento político.
También tuvo una crítica elogiosa y no cabe duda que Huasipungo convirtió a Icaza en un escritor de éxito; y también fue una novela premiada, obtiene el premio de novela latinoamericana, convocado por la “Revista América” de Buenos Aires.
Preguntado Icaza, 25 años más tarde, sobre la situación de los huasipungueros por el diario Clarín, ésta es su respuesta: “Tenía ilusión de que Huasipungo, con su protesta tremenda, contribuya a redimir al huasipunguero. Al hacerle conocer en su dolor, en su soledad, en su desesperanza. El indio en el Ecuador sigue en la misma situación. Huasipungo tiene una actualidad absoluta ahora mismo…Es mi gran éxito literario, pero es también mi gran amargura, algo así como el fracaso de una ilusión”1. Y estábamos ya en 1959 y las cosas no habían cambiado.


En segundo lugar tenemos El mundo es ancho y ajeno del escritor peruano Ciro Alegría, que la escribió en cuatro meses y en el exilio en Chile para presentarla al premio latinoamericano de novela de los 21 países de habla hispana, convocado por la editorial Farrar and Rinehart de Nueva York y representando a Chile. La novela resultó la ganadora del concurso y fue publicada por la editorial Ercilla en Santiago de Chile en 1941. Es su tercera novela.
En un contexto político de frecuentes asonadas y en plena irrupción del capital extranjero, un hijo de hacendados, que había abandonado su situación privilegiada para luchar por los desposeídos, escribió en el exilio chileno, El mundo es ancho y ajeno, novela indigenista, pero que traspasa los límites del indigenismo y hace uno de los retratos más certeros del Perú de las dos primeras décadas del siglo XX. Y todo ello sin detrimento de la calidad literaria, pues es una novela deslumbrante.
Alegría quiso demostrar que para el indígena andino, el centro del mundo era la comunidad y que, además, de esos asentamientos milenarios, había ciudades con obreros, haciendas de caña en la costa, plantaciones de coca en la selva con peones en régimen de semiesclavitud, caucheros enganchados, una minería explotadora de recursos y de hombres y un mundo marginal de alzados, que al fallarles sus jefes políticos, se volvieron bandoleros, que, a veces se unían a las comunidades para luchar contra el enemigo común: el gamonal.
Ciro Alegría puso en claro las características de una tierra extensa (el mundo es ancho) pero con dueños (y ajeno). Estamos, pues, ante una novela abarcadora de los tres espacios que conforman el Perú: la sierra, la selva, la costa y la ciudad.
El mundo… (Oviedo,2007: 463-466) es unas novela abarcadora de toda la vida del país e intenta ofrecer un mural narrativo de la realidad del Perú desde una vieja comunidad indígena. En ella se enfrenta la tradición contra la ley, el ayllu contra el latifundio, la solidaridad de la comunidad contra la codicia del terrateniente, la economía indígena contra la irrupción del capitalismo transnacional.
La novela sigue uno de los modelos narrativos de la época: la “novela-río”, en la que la narración recibe los materiales de los afluentes y los incorpora al relato con el fin de expresar la complejidad del mundo. Esta técnica novelística Alegría la tomó de Thomas Mann y Hermann Hesse, pues de esta forma consigue que la historia se cuente a través de otras peripecias que la enriquecen sin la intervención de un mediador. Se trata de una novela polifónica, que abarca desde un intimismo lírico hasta grandes escenas épicas, con muchos personajes, espacios, desplazamientos espaciales y temporales utilizando técnicas de la novela moderna (contrapunto, montaje o flash-back).
Pero lo que mueve al autor es su profunda convicción de usar la lengua literaria como un instrumento de adhesión con una causa: la posesión de la tierra y como un alegato contra el poder que intenta y logra aplastarla.
Estamos ante una novela social, con una tesis ideológica y con el propósito político de sacudir la conciencia del país. Y este proyecto lo lleva a cabo con equilibrio y convicción. Muestra las fuerzas en conflicto, la comunidad de Rumi contra la oligarquía terrateniente, encarnada en don Álvaro Abenámar, apoyado por el gobierno, el ejército, el clero y la justicia. Así tenemos el conflicto básico entre un mundo pequeño y propio (la comunidad) con un “mundo ancho y ajeno”.
Este equilibrio, del que venimos hablando, se percibe, también, en la creación de ambientes y personajes bien diferenciados, en la sabia combinación de testimonios documentales y de ficción, con episodios dramáticos y digresiones descriptivas que retardan la acción. El resultado es un friso vivo de la historia del Perú, en la que se entretejen los materiales más diversos: biografías, leyendas, tradiciones orales, relatos internos, símbolos etc.; y todo ello con un fin primordial narrar la epopeya de la comunidad de Rumi a comienzos del siglo XX, desde 1912 a 1928.
La historia se narra como una lucha constante por sobrevivir, de acuerdo a sus viejos principios de trabajo colectivo y de la tierra, como derecho básico a poseerla, frente a los intereses del latifundismo, aliado con los poderes capitalistas nacionales y extranjeros. El paso de la figura patriarcal del alcalde Rosendo Maqui, que resiste la desigual batalla por vías legales, a la del joven Benito Castro, que se convence que no hay otro camino que la lucha armada, es el recurso desesperado de los desheredados de la tierra.
La cuestión va más allá de una reivindicación socio-política para proclamar un profundo dilema cultural entre dos formas de vida distintas, una basada en la solidaridad y el ancestral apego a la tierra, y otra en el individualismo occidental y moderno. Este dilema es el que el indigenismo había traído al primer plano del debate intelectual. La batalla por la dignidad volverá a librarse porque tiene una fuerza moral que es superior a la fuerza física que sofoca la revuelta.
Un signo del progreso, la carretera, que según la ley vial, habían hecho los indios de la comunidad, facilitó la entrada de los camiones con un batallón de soldados que acaba con los miembros de la comunidad.
Benito Castro, el último alcalde, ante la pregunta de su mujer Marguicha le dice:
-Váyanse, váyanse- alcanza a decir el hombre (…)
-¿Adónde iremos? ¿Adónde?- implora Marguicha mirando con los ojos locos al marido, al hijo, al mundo , a su soledad.
Ella no lo sabe y Benito ha muerto ya” (p. 634).
El alcalde insta a su asustada mujer a salvarse y salvar a su hijo para mantener viva la llama de la dignidad humana.


Estamos ante dos novelas indigenistas, en las que el indio deja de ser un elemento folclórico y pasa a ser protagonista de la trama argumental, denunciando su situación o pretendiendo su incorporación a la modernización de su país.
Igualmente son dos novelas premiadas fuera de su país, El mundo… por la editorial Farrar and Rinehart de Nueva York y Huasipungo por la Revista “América” de Buenos Aires.
La temática que desarrollan las dos novelas es muy parecida, en ambos casos los indios se ven obligados a abandonar sus tierras por la fuerza de las armas, unas tierras tradicionalmente comunes o consentidas por el patrón.
En cuanto a los personajes en El mundo… hay tres personajes arquetípicos en los que se asienta la novela: el viejo alcalde Rosendo Maqui, que representa la tradición, la justicia, el apego a la tierra, frente al expoliador don Álvaro; y Benito Castro, hijo adoptivo de Rosendo Maqui, el nuevo alcalde que regresa a la comunidad, ya alfabetizado, portador de la modernidad, que acaba con las supersticiones de la comunidad y pretende insertarla en las corrientes modernizadoras del país. El otro personaje arquetípico el Fiero Vásquez, un bandido, que a veces, ayuda a la comunidad, un fuera de la ley del patrón y del estado por desesperación, algunos críticos han querido ver el germen de la guerrilla posterior.
Mientras que los personajes de Huasipungo, apenas están perfilados, don Alfonso Pereira (“el patrón grande su mercé”), el terrateniente-explotador, es, a la vez, intermediario entre su tío y míster Chapy, porque su mentalidad es tan feudal, que no es capaz de tratar directamente con el capital extranjero. Lo único que sabe es explotar y parece ser que con poca eficacia, pues está lleno de deudas y pretende, ahora, enriquecerse con la entrada de otro depredador. Andrés Chiliquinga y su mujer Cunshi, que muere por comer carne en mal estado, son personajes sin dimensión psicológica, sólo sirven para denunciar al poder político, sometido a los latifundistas.
Sin embargo don Álvaro Amenámar es un explotador que actúa aparentemente por cuenta propia y, además, da alguna supuesta oportunidad de defensa a la comunidad de Rumi, que con los manejos de la justicia, desplaza y por último la despoja y se produce la revuelta. En Huasipungo no hay ningún tipo de defensa, cuando se van cumpliendo los objetivos de la carretera, llega el despojo sin contemplaciones, siempre con la anuencia del poder.
En El mundo… en el primer proceso actúa el ‘tinterillo’ Bismark Ruiz y en el recurso entra en escena el abogado Arturo Correa Zabala, aliado del indigenismo, pues pertenece a la Asociación Pro-Indígena, Correa con su trabajo pretende influir en la burocracia palanquista para que cambie sus ideales materialistas y obsecuentes con el poder, por otros ideales más nobles que beneficien al país, incorporando a la masa indígena dentro de la vida político-económica del Perú. Y este sería uno de los mensajes de la novela de Ciro Alegría.
En cuanto a la función de la iglesia católica, en El mundo… don Gervasio es español y cuando Rosendo Maqui se entrevista con él, lo único que le dice es que tenga paz y resignación ante la injusticia. También combate por interés las supersticiones de la bruja Nasha Suro. Sin embargo el cura de Huasipungo es mucho más cruel, lascivo y explotador de las supersticiones de los huasipungueros.
En cuanto a la novela en su totalidad El mundo… es mucho más abarcadora y extensa, traza una radiografía de todos los ámbitos del Perú, también de la ciudad, con muchas situaciones, personajes, relatos orales, insertos; mientras que Huasipungo nos pone de manifiesto una realidad única, la de los huasipungueros de la hacienda de Cuchitambo con la finalidad de denunciar a los hacendados y al capital extranjero, en este caso causante del despojo.
Los recursos estilísticos utilizados por Alegría son mucho más numerosos. El mundo… (Villanes, 2000: 86-87) Utiliza, según H. Bonneville un “lenguaje hechicero”. En los primeros capítulos el lenguaje carga las tintas hacia el mundo comunero, pero a medida que avanza la novela se vuelve más socializado y reivindicativo. Hay relatos interpolados del narrador y relatos orales de algún personaje.
También están los particulares idiolectos de los personajes, según el hablante sea comunero, de la costa, de la sierra, de la selva o de la ciudad. La muestra sería el lenguaje de Benito Castro antes de salir de Rumi y el que utiliza cuando retorna a la comunidad, ya alfabetizado. Hay intromisiones del autor, en los que en tono confidencial, anticipa hechos al lector. Incluye textos periodísticos. En general los personajes se expresan con propiedad y mesura.
En Huasipungo Icaza, que era dramaturgo, hace que el relato parezca una rápida sucesión de cuadros dramáticos con abundantes diálogos estilizados, a veces y el discurso narrativo podría recordar las acotaciones teatrales. Si sus proyectos teatrales ofrecen una factura expresionista eso conlleva la presentación de una masa indígena animalizada y unos explotadores presentados en caricatura. Por último hay que destacar la fidelidad del habla de los indígenas, que carecen de capacidad para expresarse con soltura, y lo hacen con frases breves, entrecortadas e inconexas.
Todo este material literario de metáforas, caricaturas, ironías e hipérboles demuestran que Icaza puso en la novela un interés que conjugase la eficacia de la denuncia con la calidad artística.
BIBLIOGRAFÍA:
- Barrera Trinidad (Coord.), Historia de la literatura hispanoamericana, Tomo III, Siglo XX, Editorial Cátedra, Madrid, 2008
- Ciro Alegría, El mundo es ancho y ajeno, (Edición de Carlos Villanes Cairo), Ediciones de la Torre, Madrid, 2000
- Icaza Jorge, Huasipungo, (Edición de Teodosio Fernández), Cátedra, Letras Hispánicas, 8ª edición, Madrid, 2009.
- Oviedo José Miguel, Historia de la literatura hispanoamericana, Alianza Textos Universidad, 3ª reimpresión, Madrid, 2007





Madrid, 14 de abril de 2011

Anastasio Serrano

ARTURO COVA, PROTAGONISTA de La vorágine (1924) de José Eustasio Rivera




La vorágine es la lucha de Arturo Cova y sus compañeros con la naturaleza, la barbarie e incluso la injusticia en que se encuentran los caucheros.
El viaje por la selva es la vorágine de varios personajes por lo exótico, lo profuso, lo desenfrenado y lo fabuloso del entorno.
Vorágine según el diccionario significa remolino muy fuerte que se forma en el agua del mar o de un río y es sinónimo de vórtice. El significado se refiere a un hecho de la naturaleza inanimado, pero a la vez implica la acción de engullir y por lo tanto representa a la naturaleza como un ente capaz de realizar actos amenazantes y asombrosos. Al final será la selva quien devore al protagonista y a sus compañeros.
La novela, La vorágine, se presenta dividida en tres partes, precedidas de un prólogo firmado por José Eustasio Rivera y un fragmento de una carta de Arturo Cova y al final de la novela un epílogo, es, pues, un relato enmarcado.
Para dar verosimilitud al relato, el prólogo dirigido al Ministro informa de la existencia de unos manuscritos de Arturo Cova y José Eustasio Rivera que firma el prólogo, manifiesta que es el mero editor de ese material narrativo, de tal forma que ha respetado hasta las incorrecciones. A su vez el editor queda a la espera de recibir nuevas noticias del grupo perdido en la selva antes de la publicación del manuscrito para adicionarlo a guisa de epílogo.
A continuación transcribe en cursiva un fragmento de la carta de Arturo Cova para reafirmar su existencia. Al final un breve epílogo- un cablegrama del cónsul de Colombia en Manaos dirigido al señor Ministro y relacionado con Arturo Cova y su grupo- comunica que no han sido encontrados: “Hace cinco meses búscalos en vano Clemente Silva.
Ni rastro de ellos.
¡Los devoró la selva!1
La expedición deja el manuscrito de Cova y una carta para Clemente Silva en el barracón de Manuel Cardoso; y le dice que no le esperan en el barracón, que se guarecerán en la selva hasta que él llegue: ”Aquí desplegado en la barbacoa, le dejo este libro, para que en él se entere de nuestra ruta por medio del croquis, imaginado, que dibujé. Cuide mucho estos escritos y póngalos en manos del Cónsul. Son la historia nuestra, la desolada historia de los caucheros. ¡Cuánta página en blanco, cuánta cosa que no se dijo!”(383) .Sin embargo según de desprende del epílogo, Silva ha encontrado los documentos, pero no consigue dar con los expedicionarios
Después de esta breve trama narrativa que sirve de marco a la novela y que pretende infundir veracidad a las memorias, diarios o cartas de Arturo Cova y su grupo de acompañantes y narradores de relatos insertos, toma la palabra Arturo Cova, un hombre que es poeta de cierto renombre y procede de la ciudad y una de sus primeras manifestaciones será su carácter violento, lo dice al comienzo de la novela: “Antes que me hubiera apasionado por mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me ganó la Violencia” (79); así pues, la mujer, el azar y la Violencia (con mayúscula) serán los ejes de la lectura de la novela.
La vorágine se presenta como una novela autobiográfica en la que Cova escribe sus memorias en 1ª persona, tal como van trascurriendo al hilo del viaje, por lo que actúa de narrador-protagonista.
Del inicio de la redacción del manuscrito nos enteramos en el capítulo 20 de la tercera parte: “Va para seis semanas que, por insinuación de Ramiro Estévez distraigo la ociosidad escribiendo las notas de mi odisea, en el libro de caja que el Cayeno tenía sobre su escritorio como adorno inútil y polvoriento” (345). A partir de este momento el libro adquiere las características de un diario, cada vez más deshilvanado, hasta que el grupo es devorado por la selva. Por lo tanto todo lo anterior desde su salida de Bogotá hasta su instalación en las barracas del Guarucú, debe ser considerado como una larga retrospección (las memorias). A medida que se acerca al final los capítulos se hacen más breves y la narración aparece en presente: “Esto lo escribo aquí en el barracón de Manuel Cardoso; donde vendrá a buscarnos Clemente Silva. Ya libré a mi patria del hijo infame. Ya no existe el enganchador.¡Lo maté! ¡Lo maté!” (381).
En esta última etapa del diario, que corresponde al último tramo del viaje, el relato se hace más incoherente y acelerado, de tal forma que se convierte en una metáfora del vértigo, vórtice, remolino o vorágine. Los tres últimos fragmentos del diario, se convierten en cartas o llamadas de auxilio a Clemente Silva, el rumbero.
Arturo Cova escribe su historia siguiendo la cronología del viaje, que comienza con la salida deBogotá y dura 7 meses. El mundo dejado atrás es ya un recuerdo o deseo de regreso. Pero la escritura se produce en un momento difícil, mientras esperan el rescate y además tiene una relación conflictiva con una mujer a la que teme, desea y desprecia, la turca Zoraida Ayram. El tono de desesperanza influye en todo el relato.


Cova personaje-protagonista:
Arturo apellida Cova porque manifiesta la oquedad de su ser, es cueva; así como Alicia es aliciente del varón que la seduce, la pierde y la idealiza para luego perseguirla y rescatarla.
Cova se realiza como persona a fuerza de conflictos; y a través de los círculos de la selva verde purifica su amor por la mujer. Alicia llega a transformarse en símbolo patriótico de liberación. Cova con la muerte de Barrera, hace frente a la realidad opresiva y de esclavitud de millares de compatriotas: “Ya libré a mi patria del hijo infame, ya no existe el enganchador. ¡Lo maté! ¡Lo maté! (381).
Arturo Cova, personaje de gran complejidad psicológica, contradictoria, poeta de renombre, pero fracasado, movido por un ideal abstracto que no logra conciliar con su realidad sentimental, violento y melodramático, oscila entre una visión ideal de sí mismo, que lo lleva a atribuirse el papel de redentor de los caucheros o héroe satánico dada su filiación romántica.
Es un personaje paradójico, en constante confrontación consigo mismo y sus ideales; muchas veces se muestra inseguro y frágil, pero, a la vez, tiene una gran vitalidad como narrador.
Cova es un intelectual romántico, frustrado y declamador entre un turbión de hombres de presa. Es un ministro de la violencia: habiendo echado su corazón a las tablas del azar, se lo ganó la Violencia, dice al comienzo de la novela. Tiene un carácter psicopatológico inestable y exaltado y pertenece a la estirpe de los personajes artistas de la novela modernista.
Tiene afán histriónico y exhibicionista de sus más íntimas emociones.
Como romántico la idea del suicidio le ronda, pero no tiene valor.
Muestra síntomas de demencia: melancolía, alucinaciones, delirios, pérdida de sentido y hasta proyectos criminales. Podemos interpretar la locura de Cova como una identificación de la selva con su mente y todo el viaje de Cova sería hacia su propia vorágine. Esta interpretación se basa en que las crisis más agudas, los delirios, las alucinaciones y dudas sobre su estado mental, tienen lugar en la selva, que, en definitiva, es el medio hostil que le causa sus desvaríos.
Otro rasgo del carácter de Cova es la violencia que lo gana y no es otra que su propia violencia y la que ejerce el hombre sobre sus semejantes, apoyada por su ideología que Cova arrastra lleno de contradicciones: una superioridad basada en la raza, clase, sexo, origen urbano, e incluso, en su condición de poeta, hábil en manejar el lenguaje, aunque lo que diga no sea más que “ruido y desolación”, definición que Cova da de sí mismo en el fragmento de la carta del principio: (…) “el destino implacable me desarraigó de la prosperidad incipiente y me lanzó a las pampas, para que ambulara vagabundo, como los vientos, y me extinguiera como ellos sin dejar más que ruido y desolación.” (77).
Arturo Cova cuenta su experiencia del viaje por el llano y sobre todo por la selva (el infierno verde), pero el verdadero personaje central de su narración es la selva. Y es presentada como un antagonista, no sólo de su persona, que le causa perturbaciones, sino de todos los seres humanos que se atreven a dañarla o a intentar dominarla. La selva personificada es una diosa cruel y vengativa que impone su ley.
La selva, como se ha dicho, es el personaje central, que se convierte en metáfora del mundo: espacio maldito, trampa cruel para el hombre, que se ve impelido a abandonar sus ilusiones. Mundo primario y telúrico en que los personajes son acosados y tragados por la selva. Los tres mundos, hombres, animales y vegetales, forman un todo hermético, prisioneros unos de otros en un círculo infernal de mutua destrucción.
Toda la narración es una marcha trágica hacia la muerte. Pero antes de matarlos la selva desquicia a los hombres, les provoca enfermedades, alucinaciones y locura.
El tema de la situación injusta de los caucheros está claramente subordinado a la historia de la huida del protagonista y a la persecución de Barrera. Cova desde la primera página se construye a sí mismo siguiendo el modelo de un poeta maldito, es, pues, un modelo literario.
Otro rasgo de su carácter, ya apuntado, es su histrionismo, en efecto Cova ha manifestado una y otra vez su falta de afecto por Alicia y cuando es raptada por Barrera, sólo el papel de representar celos y venganza justifica su persecución.
Ese carácter histriónico se manifiesta representando el papel de poeta maldito, que encuentra en la selva el contexto para su personalidad ganada por la violencia. La selva se convierte en el lugar donde lo raro y lo asombroso tienen lugar y en donde la poética maldita (el malditismo), esa aspiración a vivir artísticamente por encima de las normas morales, puede experimentar sus consecuencias.
Sin embargo, el personaje no deja de ser contradictorio cuando manifiesta sus deseos burgueses y tradicionales de casarse con Alicia y tener hijos: “Hasta tuve deseos e confinarme para siempre en esas llanuras fascinadoras, viviendo con Alicia en una casa risueña (…) Allí en esos en esos campos soñé quedarme con Alicia, a envejecer entre la juventud de nuestros hijos” (236).
Cuando entra en escena Clemente Silva, personaje definido de manera opuesta a él, por el que siente gran admiración, esconde su egolatría y le cede la palabra durante varias páginas en un relato inserto.
El testimonio de Clemente Silva da un giro al relato y lo dirige a denunciar la situación penosa de los caucheros. Su nombre parece indicar el lado clemente de la selva (silva clemente). Pero, además, Silva es un narrador diferente, altruista y confiado, inmune al delirio ególatra de la narración de Cova. Las motivaciones de sus actos son opuestas. Mientras que Cova huye de Bogotá y desprecia a la mujer que rapta para luego asumir el papel de venganza, la búsqueda de Clemente Silva es por un principio básico: el enterrar a su hijo. Mientras que Cova se basa en valores ya anacrónicos como el honor manchado que ha de limpiarse con la sangre del ofensor, Silva se ubica dentro de lo mítico.
La densidad testimonial del relato de Silva crea un desajuste con el esteticismo del poeta maldito, con el que Cova se aproximaba a la experiencia de la selva. Después del relato de Silva, a la obsesión de hallar a Barrera se suma en Cova el deseo de escribir este relato que contribuirá a imponer la justicia a los caucheros.
A pesar de las contradicciones de las que hace gala Cova, se siente con suficiente autoridad para escribir la historia de este relato reivindicativo. Le dice a Silva: “Sepa usted (…) que soy por idiosincrasia el amigo de los débiles y de los tristes”(290). Esta declaración parece impostada, pero forma parte de la personalidad contradictoria y poco definida del personaje, que es, a la vez, maldito y solidario, seductor y amante leal.
Cova, en fin, es un personaje conflictivo que no es capaz de dilucidar sus propias contradicciones.

BIBLIOGRAFÍA:
* Barrera Trinidad (Coord.) Historia de la literatura hispanoamericana. Tomo III. Siglo XX, Edit. Cátedra. Madrid, 2008. La vorágine de Marina Gálvez (pp. 90-98)
* Oviedo José Miguel, Historia de la literatura hispanoamericana, Alianza Universidad Textos. Madrid, 2001. Artículo: Rivera y la fascinación de la selva (228-234)
* Perus Françoise, De selvas y selváticos. Ficción autobiográfica y poética en Isaac y José Eustasio Rivera, Universidad Nacional de Colombia y Plaza Janés, Santa Fe de Bogotá, 1998.
* Rivera José Eustasio, La vorágine, (Edición de Montserrat Ordóñez), Cátedra, Letras Hispánicas.(6ª edición), Madrid, 2006
-: Edición de Juan Loveluck, Biblioteca Ayacucho. Caracas, 1988
-: Edición de Carlos Herrera Molina, Edit. Pontificia Universidad Javeriana. Santa Fe de Bogotá, 2005.
* Página web: WWW.biblioteca nacional.org:
La vorágine. Exposición: Biblioteca nacional de Colombia. Noviembre 2009 a marzo 2010.




Madrid, 24 de marzo de 2011
Anastasio Serrano


EL SIMBOLISMO NOMINAL en Doña Bárbara (1929) de Rómulo Gallegos





“Un bongo remonta el Arauca bordeando las barrancas de la margen derecha”1. Así comienza la novela cuyo simbolismo nominal y político trataremos de analizar. Pues bien, los nombres de los trabajadores del hato “Altamira” son normales, sin tintes peyorativos, si acaso Juan Palacios, apodado “Pajarote”, que puede expresar cierto cariño, porque tocaba el cuatro y era un hábil contador de cuentos: “-Echa el cacho, Pajarote” (183); “María Nieves”, “un catire, llanero marrajo, hasta en el nombre que parece de mujer. Ya se irá dando cuenta de la clase de hombre que es” (170) y Balbino Paiba, mayordomo ladrón de “Altamira”, que no rinde cuentas al doctor Luzardo y que luego pasa a prestar sus servicios a Doña Bárbara.
En cambio los nombres de los peones de Doña Bárbara tienen connotaciones peyorativas, así tenemos a Juan Primito, “era el recadero de Doña Bárbara, un bobo con alternativas de lunático furioso, aunque no desprovisto de atisbos de malicia” (275). Juan tenía gran cariño a Marisela, le hacía regalos y le llevaba la comida (las sobras de la peonada de “El Miedo”) al palmar de “La Chusmita”. Melquíades Gamarra, el “Brujeador” (persona práctica en cazar bestias bravías, persiguiéndolas día y noche sin dejarlas pastar ni dormir), es el peón de conjuros de Doña Bárbara. Sabe oraciones y conjuros para sanar a las reses, también es el espaldero preferido de la Doña. Ño Pernalete, que además de la aféresis de Niño, el apodo hace referencia a alguna característica anatómica que no le favorece. Es el Jefe Civil y tiene de Secretario a un obsecuente Mujiquita, que permiten los manejos legales de Doña Bárbara. Los Mondragones, que eran tres, apodados por su bravura y fechorías como el Onza, el Tigre y el León, habían sido ladrones de ganado y luego entraron al servicio de Doña Bárbara.
Guillermo Danger, Míster Danger, es un americano del norte, nacido en Alaska, hijo de un irlandés y de una danesa buscadores de oro, se hace llamar Míster Peligro. Ayudó a Doña Bárbara a desprenderse del coronel Apolinar y en pago de su silencio le permitió construir unos corrales en tierras de “La Barquereña” y pasó de cazador de caimanes a ganadero o ladrón de ganado. Este personaje simboliza la presencia corruptora incipiente de los yanquis en el plano sociocultural y económico. Míster Danger propicia la degradación de Lorenzo Barquero por las garrafas de alcohol que le suministra; además es contrabandista de ganado y soborna al Jefe Civil Ño Pernalete y por último, su degradación llega a querer comprar a Marisela para satisfacer su lujuria. Es un personaje muy negativo, todavía en la actualidad, el Presidente de Venezuela, Hugo Chavez, al referirse a Georges Bush hijo, le llama “Mister Danger”.
Pero vayamos, ahora, a examinar el nombre del hato “Altamira”, que había fundado “en años ya remotos, don Evaristo Luzardo” (131). La fundación del hato puede remontarse a los tiempos de la conquista española y ese terreno fue arrebatado a los indígenas. El nombre de Altamira procede de la cueva del mismo nombre, situada en Santillana del Mar (Cantabria) y contiene las pinturas más importantes de la Prehistoria y es considerada la “capilla sextina” del arte rupestre. En una hipérbole cronológica la antigüedad del hato es semejante a la de la Cueva de Altamira.
Pero el nombre Altamira también puede connotar modernidad: la “alta mira” reformadora y modernizadora que el doctor Luzardo pretende para su propiedad, una vez que decide quedarse. Como vemos dos conceptos nos aporta la palabra Altamira: tradición y modernidad, que habrá que conjugar.
Tenemos, por otra parte, el hato de Doña Bárbara llamado “El Miedo”, y claro este sustantivo ya denota la actitud de su propietaria, que quiere intimidar a peones, a los hatos vecinos como el de “Altamira” e incluso a las fuerzas políticas. Es como si en el hato de “El Miedo” se respirara una atmósfera de venganza.
Pues bien, el dueño de “Altamira”, como se ha dicho, se llama Santos Luzardo, de su nombre podemos deducir santidad, luz y ardor y simboliza el bien frente a Doña Bárbara, autoridad matriarcal, barbarie: el mal. Santos Luzardo, doctor en Derecho, que acude al llano para vender el hato y marchar a Europa, llanero, al fin, es seducido por su tierra. Y primero lleva a cabo una serie de acciones para recobrar la extensión de terreno y reses, que le había arrebatado Doña Bárbara y tiene una idea clara: modernizar la explotación ganadera. Se encuentra con Marisela, hija ilegítima de Doña Bárbara y de su tío Lorenzo Barquero y comienza su labor educativa, que la saca de su rustiquez, actúa de verdadero Pigmalión y luego se enamora de ella. Con la educación de Marisela pretende conciliar la modernidad (lo urbano) y la vehemencia (lo telúrico) del llano para enriquecerse mutuamente. Entre los proyectos reformadores de Luzardo están la cerca de “Altamira”, las queseras e incluso el ferrocarril.
Toda esta actitud reformadora de Santos se enfrenta a las fuerzas del mal de Doña Bárbara y el triunfo no se logra por el imperio de la ley, sino por el amor: se enamora de su hija natural (Marisela), que tuvo con Lorenzo Barquero, a quien destruyó en el pasado. Ante su situación amorosa Doña Bárbara, que rivaliza con su hija por el amor no correspondido del doctor, recordando a Asdrúbal, le cede el terreno a su hija y se retira de la escena sin hacer ruido, pero será al final.
De esta forma el bien se sobrepone al mal y se lleva a cabo la labor educadora y reformista que propone el autor, se legitima el sistema de propiedad y el progreso transformará el llano y su forma de vida libre. Un llano presidido por la “santidad” (rectitud legal), por la “luz” de la ciencia y por el “ardor” del esfuerzo de los llaneros, todo ello como trasunto del pueblo venezolano, como dice al final de la novela: “¡Llanura venezolana! ¡Propicia para el esfuerzo, (…) tierra de horizontes abiertos, donde una raza buena, ama, sufre y espera” (468).
Frente a todo lo anterior tenemos al personaje central de Doña Bárbara, que no en vano da nombre a la novela, su nombre es sinónimo de barbarie. Es el arquetipo del latifundista y, además, una especie de “Femme fatale”, seductora y destructiva, una bruja, “la devoradora de hombres”, “la esfinge de la sabana”. Para subrayar ese poder omnímodo a su hato le puso el nombre de “El Miedo” y uno de los hombres a su servicio es el norteamericano Mr. Danger (Míster Peligro).
Doña Bárbara, personaje complejo, es una precursora de estas hembras que se rebelan contra un mundo dominado por los hombres. De niña fue víctima de una violación y ahora todo lo que busca es venganza, poder y control sobre los hombres. En la vida de Doña Bárbara hay dos hitos importantísimos, el primero en su adolescencia, joven inocente que se enamora de Asdrúbal (ni siquiera su nombre es hispano, sino cartaginés). Barbarita es una guaricha mestiza: ¡De más allá de Cunaviche, de más allá del Cinaruco, de más allá del Meta! (…) De allá vino la trágica guaricha” (141), y era hija de india y de blanco aventurero, que perdió a sus padres, apenas adolescente, navega en una piragua con seis hombres haciendo contrabando. El viejo piloto Eustaquio (también nombre no hispano) la protege, porque es hija de una mujer de su tribu y el resto de la tripulación la desea, así se truncó la posible vida feliz de Barbarita, que sí tuvo una ráfaga de felicidad al enamorarse de Asdrúbal: “¿Fue el canto agorero del aire o el propio gemido mortal de Asdrúbal? Fue la descarga repentina de la prolongada tensión nerviosa (…) de un golpe mortal que en aquel momento recibía otro cuerpo: el tajo de “El Sapo” en el cuello de Asdrúbal.
Lo demás sucedió sin que ella se diese cuenta, y fue: el estallido de la rebelión, la muerte del capitán y en seguida la de “El Sapo” (…), y el festín de su doncellez para lo vengadores de Asdrúbal” (142).
Eustaquio y Barbarita vagan por los grandes ríos y ella aprende todas las artes de la brujería. Años después en el recodo de un río encuentra a Lorenzo Barquero, tío de Santos Luzardo, y ya su venganza está disparada. Seduce a Lorenzo Barquero, tiene una hija con él y mediante argucias legales y utilizando un nuevo amante, la devoradora de hombres, logra hacerse con su propiedad y echa al padre y a la hija de sus tierras, así como despide al nuevo amante.
Doña Bárbara pasa de mestiza, que vagaba por los ríos, a propietaria del hato “La Barquereña”, que ella bautizó como “El Miedo” para imponer autoridad, y de parte de otras tierras colindantes como las de “Altamira”. Ella no hace otra cosa que lo que hicieron los antepasados de los actuales propietarios, que se las habían arrebatado al indio durante la conquista. Pero lo hace de modo pacífico, aunque al margen de la ley (ensancha los límites de “El Miedo” a costa de “Altamira” y roba ganado), se sirve de sus amantes e influye en la justicia local. Ella actúa como un verdadero cacique del llano, como una gamonal.
Doña Bárbara, ya poderosa, a los cuarenta años, “era todavía una mujer apetecible, pues si carecía (…) de delicadezas femeniles, en cambio el imponente aspecto de marimacho le imponía un sello original de hermosura: algo de salvaje, bello y terrible a la vez. Tal era la famosa Doña Bárbara: lujuria y superstición, codicia y crueldad, y allá en el fondo del alma sombría una pequeña cosa pura y dolorosa: el recuerdo de Asdrúbal, el amor frustrado que pudo hacerla buena” (154).
La bella marimacho, a los cuarenta años se fascina con el educado doctor Santos Luzardo, pero éste en vez de reparar en ella, se preocupa de rescatar de la pobreza y del alcoholismo a Lorenzo Barquero y a redimir de la ignorancia a la bella Marisela, repudiada por su madre.
La Doña para adquirir sus propiedades no procede de una forma bárbara, sino de un modo pacífico: no hace una guerra de conquista, sino que se sirve de sus armas de mujer, de los resquicios de la ley y de la corrupción, de esta forma restituye a su parte mestiza guaniba las tierras que su madre perdió.
Santos Luzardo, por su parte, aparentemente innovador, modernizador, es simplemente restaurador del orden alterado, no permite que la propiedad pase a manos de advenedizos. Sin embargo la actitud de Doña Bárbara es innovadora, pervierte con sus manejos de la legalidad del poder y altera el plan inamovible que como mestiza la relega a la pasividad.
La novela, Doña Bárbara, presenta tres tipos de relaciones distintas con el llano: una es colonial e idealizada, cristalizada en la herencia de los Barquero y los Luzardo; otra la de Doña Bárbara, que es transversal y moderna, que no utiliza la guerra para adquirir la propiedad sino las argucias legales y la tercera relación es la restauradora del orden antiguo a través de Santos Luzardo. Mientras Doña Bárbara quiere dar protagonismo a los originarios pobladores del llano, Santos Luzardo (el innovador) promueve la devolución de antiguos privilegios de clase sin que se ponga en cuestión el modo en que se adquirieron.
Hay un último hito definitivo que termina la trayectoria vital de Doña Bárbara con un acto de generosidad, un final romántico, un poco contradictorio con lo que venimos diciendo, que es cuando Doña Bárbara entrega a la memoria de Asdrúbal su propiedad y su dominio de la tierra, inmolándose a favor de la hija y del antiguo orden colonial, sin duda un acto de amor, del verdadero amor que sintió por Asdrúbal. Así lo relata el narrador en la escena final en la que Doña Bárbara, decidida a quedarse con Santos Luzardo, apunta al corazón de Marisela, recuerda a Asdrúbal y enfunda el revólver: “Así llegó a las fundaciones de Altamira (…) vio a Luzardo sentado a la mesa con Marisela. Doña Bárbara avanzó hasta el alcance de un tiro de revólver. Detuvo el caballo (…) y con fruición asesina, sacó el arma y apuntó al pecho de su hija, que hacía blanco a la luz de la lámpara. (…) el arma bajó sin haber disparado y , lentamente volvió a la cañonera de la montura. Puesto el ojo en la mira que apuntaba al corazón de la muchacha embelesada, Doña Bárbara se había visto de pronto, a sí misma, bañada en el resplandor de una hoguera que ardía en una playa desierta y salvaje, pendiente de las palabras de Asdrúbal, y el doloroso recuerdo le amansó la fiereza.
Se quedó contemplando largo rato, a la hija feliz, y aquella ansia de formas nuevas que tanto le había atormentado tomó cuerpo en una emoción maternal desconocida para su corazón.
- Es tuyo. Que te haga feliz” (463-463).
Esta Doña Bárbara, violenta y dominante, no es capaz de olvidar su amor frustrado de juventud, que cuando ve a Santos Luzardo siente renacer. Desde luego no es Santos Luzardo quien derrota a Doña Bárbara, sino que ella impulsada por el sentimiento amoroso, intenta con sus concesiones atraerlo y al no poderlo conseguir abandona “El Miedo” y deja como única heredera a su hija Marisela.
El éxito final de Santos Luzardo no es tanto fruto de su acción civilizadora como el resultado del amor que despierta en Doña Bárbara y Marisela. Le peripecia novelesca se impone al mensaje de la novela.
BIBLIOGRAFÍA:
Gallegos Rómulo, Doña Bárbara, (Edición de Domingo Miliani), Cátedra. Letras Hispánicas. (10ª edición). Madrid, 2010.
-: Prólogo de Carmen Boullosa. Edit. Siruela. Madrid, 2010
-: Introducción de José Carlos González Boixo. Espasa-Calpe. Madrid, 1991
-: Prólogo de Nora Catelli. Círculo de Lectores. Barcelona, 1996
-: Prólogo de Juan Liscano. Biblioteca Ayacucho. Caracas, 1985
-: Introducción de Rene L. Durand. Librería Española. París, 1968



Madrid, 28 de marzo de 2011


Anastasio Serrano