martes, 14 de junio de 2011

VALOR DE LA MEMORIA en Don Segundo Sombra (1926) de Ricardo Güiraldes




Lo primero que nos encontramos al comenzar la lectura de Don Segundo Sombra es la dedicatoria y nos interesa el contenido de la última frase: “Al gaucho que llevo en mí, sacramente, como la custodia lleva la hostia”1. En esta Dedicatoria Ricardo Güiraldes muestra su simpatía, su predilección por el gaucho, quizá porque ya está desapareciendo de escena , como escribe en “El Cencerro de cristal” de 1915, “Al hombre que pasó”:
“Pero hoy el gaucho, vencido
Galopando hacia el olvido,
Se perdió”
Y pretende que sus valores pervivan, como apuntó Lugones en su elogioso artículo publicado en el diario bonaerense La Nación del 12 de septiembre de 1926, nada más publicarse la novela. Lugones viene a decir que la exaltación de las virtudes del gaucho era, en realidad, una exaltación de las virtudes y del espíritu nacionales, porque “el carácter gaucho se ha adaptado, como el país, a las nuevas condiciones de la civilización, lo cual prueba que es capaz de subsistir en ella”2; vemos, pues, un leve discurso nacionalista al que haremos referencia al final de este trabajo.
Pero para adentrarnos en la lectura de las memorias que escribe el gaucho, ya convertido en patrón estanciero, que constituyen la novela de aprendizaje, Don Segundo Sombra, veamos, de una forma somera, su argumento: Un muchacho innominado de 14 años, “guacho” (sin padre conocido), vive sin ilusiones en un pueblo de la pampa argentina y quiere vivir de verdad como un hombre libre, como un gaucho. El destino lo cruza con un gaucho de leyenda, Don Segundo Sombra, a quien el muchacho toma como padrino para que lo inicie en el duro aprendizaje de la vida gaucha. Pero este mismo destino que los unió, los separa, cuando con la muerte de quien se descubre que fue su padre (un rico estanciero), el gauchito innominado, ahora bautizado como Fabio Cáceres (hijo), tiene que asumir su nueva responsabilidad de estanciero y aceptar que Don Segundo se separe de él, empujado por su afán de soledad y de libertad.
Estamos ante una novela de iniciación o de aprendizaje (Un bildungsroman) en la que el narrador y protagonista es el mismo guacho, que habiendo heredado la estancia del padre, consigue adquirir cultura y competencia lingüística necesaria para contar su historia de aprendiz de gaucho, su proceso de guacho a gaucho.
Así pues, el momento del acto narrativo, el presente desde el que escribe sus memorias, es posterior a los hechos relatados: su adolescencia y juventud.
La voz narrativa, en primera persona, procede del Fabio “acajetillao” y esta voz emplea una lengua culta, que se separa de la lengua gauchesca de los diálogos. Sin embargo el que recuerda, no es el Fabio narrador, sino el Fabio de su periodo de guacho a gaucho, que rememora su vida ante un arroyo, un río y una laguna.
Por lo tanto la competencia lingüística es la de Fabio Cáceres, ya estanciero culto, pero la mirada, el que recuerda es el Fabio Cáceres contemporáneo de los hechos, es decir en su proceso de aprendizaje.
La voz y la mirada mantienen separados a los dos Fabios Cáceres entre los cuales se interpone la herencia de un nombre y de una estancia, la protección de don Leandro Galván y la amistad con Raucho, que reemplaza a Don Segundo en su nueva formación.
Esta escisión entre la voz y la mirada elude muchos conflictos a los que daría lugar una mirada culta en estas memorias.
Y aunque el final abierto de la novela no se narra la nueva vida del estanciero Fabio Cáceres, sin embargo queda representada en su propia escritura.
Pero el discurso narrativo, que relata las andanzas del joven Fabio Cáceres en compañía de su padrino, el gaucho idealizado, Don Segundo Sombra, se estructura en tres partes de diferente extensión:
1ª parte: Capítulos: I-IX; 2ª . X-XXIV; 3ª: XXV al final
Cada una de estas partes recoge los distintos periodos del pasado del narrador, que los va recordando y narrando en presente: “Gradualmente mis recuerdos habíanme llevado a los momentos entonces presentes. Volvía a pensar en lo hermoso que sería irse” (76), dice al final del primer capítulo, cuando todavía no se había encontrado con Don Segundo.
Estos dos tiempos pasado (el aprendizaje de gaucho) y el presente de la escritura correrán paralelos hasta encontrarse al final, cuando el narrador se identifique como patrón estanciero, que desde su presente comunica al lector la forma en que ha organizado sus memorias: “Está visto que en mi vida el agua es como un espejo en que desfilan las imágenes del pasado. A orillas de un arroyo resumí antaño mi niñez. Dando de beber a mi caballo en la picada de un río, revisé cinco años de andanzas gauchas. Por último, sentado sobre la pequeña barraca de una laguna, en mis posesiones, consultaba mentalmente mi diario de patrón” (309). En este párrafo del último capítulo resume el narrador-protagonista su vida, dando cuenta del profundo cambio que ha tenido lugar en su vida en virtud de la doble educación recibida: su transformación de “guacho” a gaucho, hombre cabal y libre, capaz de dominar la pampa y construir un futuro para su país.
En definitiva el “guacho” ha aprendido a ser hombre gracias a su maestro, padrino o preceptor, Don Segundo Sombra.
Terminado el aprendizaje de gaucho, el joven Fabio Cáceres retorna al pueblo de donde salió y bajo la tutela de dos nuevos maestros, Don Leandro Galván y su hijo Raucho, que sustituyen a Don Segundo, aprenderá, se formará en los nuevos quehaceres de su inesperada situación de patrón y narrador de su pasado.
En su nueva función de estanciero contará con la ayuda de don Leandro Galván, que será su tutor, pero en su proceder serán determinantes las enseñanzas morales de Don Segundo: “si sos gaucho en de veras no has de mudar, porque, andequiera que vayas, irás con tu alma por delante como madrina`e tropilla” (300).
Para poder escribir sus memorias el joven Fabio ha debido esperar unos años, hasta que mediante una educación libresca y viajera, tutelada por Raucho, se sienta capacitado para escribir sus memorias. En realidad todo este aprendizaje servirá para dar verosimilitud al discurso del narrador, pues no sería de recibo que, un gaucho, apenas letrado, se expresase con la corrección del Fabio Cáceres, ya gaucho “acajetillao”, como le dice Raucho.
Sin duda, Güiraldes, al haberse decidido por las memorias en la escritura de Don Segundo Sombra, logra la evocación de unos hechos en un hombre diferente del que los vivió, aún siendo gaucho.
Desde luego la doble naturaleza del narrador-protagonista- hombre culto/gaucho- es la que determina los diferentes tipos de lenguaje usados en la novela; por una parte una prosa literaria del narrador culto sin desechar las formas populares y gauchescas según la estrategia narrativa.
Fabio Cáceres evoca en sus memorias a Don Segundo Sombra, su padrino y narra su propia evolución desde la infancia hasta la juventud; su transformación de “guacho” en gaucho. Los tres núcleos narrativos, representan pausas retrospectivas, en las que Fabio, a los 14, 19 y 22 años hace el balance su progreso. En el transcurso de 8 años, que corresponden al periodo narrado, su personalidad va cambiando y cada fase nos muestra a un Fabio distinto, “guacho” a los 14, gaucho de oficio a los 19 y patrón estanciero a los 22.
El agua es el motivo estructural que enlaza los tres motivos en que se divide la evocación. La novela tiene una ajustada estructura externa: un primer capítulo que narra
la vida del futuro gaucho anteriores a su encuentro con Don Segundo; un capítulo final que presenta al protagonista ya hecho y con un patrimonio heredado de su padre, es decir proyectado hacia el futuro y 25 capítulos intermedios, los dedicados al aprendizaje de gaucho y a la búsqueda de su propia personalidad al lado de Don Segundo Sombra.
Y el motivo del agua- arroyo, río, laguna- preside su estructura externa. Cada nueva etapa de la vida del muchacho está señalada por la presencia de agua corriente en dos ocasiones y remansada al final.
En dos ocasiones el protagonista rememora su vida pasada junto a una corriente de agua: “En las afueras del pueblo, a unas diez cuadras de la plaza céntrica el puente viejo tiende su arco sobre el río” (69)- en el primer capítulo; y en la segunda parte, en el capítulo X, dice:”Mi vista cayó sobre el río, cuya corriente apenas perceptible hacía cerca de mí un hoyuelo, como la risa en la mejilla tersa de un niño” (143); y ya en el último capítulo: “La laguna hacía en la orilla unos flequitos cribados” (308), aquí es consciente que el agua es para él un símbolo del pasado, pero anuncia una nueva situación: el sedentarismo de estanciero rico, y por tanto la separación de su padrino, Don Segundo Sombra, la última prueba de esta novela de aprendizaje, su aceptación estoica de la ida de Don Segundo, su padrino, su Tata. Ahora tiene que pasar la más difícil de todas las pruebas y su rito de iniciación a la vida queda completo. Y el final abierto.
El retorno es un motivo básico, que hay que entender unido al mensaje que la novela se propuso, el retorno a la tierra argentina, al pago. Don Segundo retorna a su vida de gaucho, de cabalgar por el mar verde de la pampa, que muy pronto o ya estaba extinguido el oficio de gaucho por obra del progreso (los barcos frigoríficos permitieron exportar toneladas de carne a Europa). Don Segundo se pierde en el horizonte, como ya la había sucedido al gaucho Martín Fierro. Es la Argentina vieja, caduca que se va. Sin embargo Fabio Cáceres, forjado como gaucho, que conoce la pampa y sus necesidades, se establece como patrón y va a modernizar la explotación ganadera y por ende el futuro de la nación argentina. Este es, quizás, el mensaje nacionalista del cosmopolita Ricardo Gúiraldes.

BIBLIOGRAFÍA:
Barrera Trinidad (Coord), Historia de la literatura hispanoamericana, Tomo III. Siglo XX. Cátedra. Madrid, 2008.
Güiraldes Ricardo, Don Segundo sombra, (Edición de Sara Parkinson de Saz), Cátedra, Letras Hispánicas, (13ª edición), Madrid, 2009
-: Edición crítica de Paul Verdevoye Coord. Colección ARCHIVOS, Madrid, 1991
-: Edición de Ängela B. Dellepiane, Clásicos Castalia. Madrid, 1990


Madrid, 18 de mayo de 2011
Anastasio Serrano

lunes, 13 de junio de 2011

DEMETRIO MACIAS en Los de abajo de Mariano Azuela





La novela se inicia con el intento, por parte de tres soldados federales, de robo y violación del hogar de Demetrio. El héroe víctima de una injusticia sale al mundo a cumplir su destino; podía haber iniciado la revolución en su propia casa, fusilando a los tres federales, si hubiera hecho caso a su mujer:
-“¡Mátalos!”
-¿Por qué no los mataste?
- Seguro que no les tocaba todavía”- contesta Demetrio1
Aquí ya muestra un raro temple el personaje de Demetrio Macías.
La mujer y el hijo se refugian en casa del suegro y Demetrio huye a la sierra, mira a lo lejos y ve que su casa arde en llamas. Demetrio es un perseguido, que se ve obligado a separarse de su mujer y de su hijo e inicia su camino de revolucionario neófito.
Continúa la marcha el futuro héroe y va al encuentro de otros perseguidos, que lo reconocen como jefe natural al grito de: -“Viva Demetrio Macías” (82), unos 25 de “los de abajo”. Tienen una primera escaramuza frente a las tropas federales, a las que causan importantes bajas y ellos pierden sólo dos hombres. Demetrio es herido en una pierna.
Siguen avanzando por la escarpadura de la sierra y se encuentran con los campesinos que los acogen generosamente y les animan a seguir adelante: -“Dios les bendiga (…) Ahora van ustedes; mañana correremos nosotros, huyendo de la leva, perseguidos por esos condenados del gobierno” (89).
En el capítulo V aparece el curro Luis Cervantes, que ha desertado de los federales. El curro sería el intelectual de clase media que va a asesorar al instintivo Demetrio Macías. Cervantes al presentarse dice que es un estudiante de medicina y periodista ocasional; y le manifiesta al grupo, que persigue la misma causa que ellos, y le pregunta Demetrio: -¿”Pos cuál causa defendemos nosotros?” Cervantes no supo qué contestar. Sus compañeros son partidarios de fusilarlo. Demetrio manda que lo encierren en el corral y mañana veremos, dando muestras por segunda vez de un temple distinto.
El discurso del narrador, por su parte, nos informa de la personalidad de Cervantes, de su rápida transformación política, de reaccionario federal a revolucionario acomodaticio y futuro logrero.
Cervantes, en su calidad de estudiante de Medicina, cura a Demetrio y va ganando su confianza e intenta captar a los alzados para la causa de la Revolución. El curro ha intuido la talla, la personalidad de líder nato de Demetrio y quiere abrirse un hueco a su sombra, medrar, sacar provecho de la Revolución. El estudiante trata de encauzar la rebelión de “los de abajo” con la causa revolucionaria nacional, para que, a la hora de la victoria de la Revolución, el poder y la fortuna sean compartidos. Demetrio y los suyos sólo aspiran a ganar el derecho de volver en paz a su tierra. El asesor insiste en que la causa personal de la huida- el choque con el cacique don Mónico- debe integrarse en el movimiento social de reivindicación de los derechos del pueblo. Las palabras cargadas de demagogia del intelectual calan levemente en la mente del héroe y sus hombres. En cierta medida Cervantes proporciona a la guerrilla la ortodoxia revolucionaria.
Un segundo hecho de armas tiene lugar asaltando un destacamento de las tropas federales antes de llegar a Fresnilllo y la victoria es total.
Demetrio, ya con 100 hombres, se dirige a Fresnillo y es presentado al general revolucionario Pánfilo Natera, del ejército de Pancho Villa. Natera, que ya tenía noticia de las victorias de Demetrio, le saluda efusivamente y le llama una y otra vez “mi coronel”. El héroe se inserta en el mundo exterior, en la Revolución, que representa Natera, que le otorga el grado de coronel revolucionario.
Con el general Natera va el señor Solís, que conoce a Luis Cervantes y se extraña de verle con “los de abajo”, pues antes escribía soflamas políticas en la prensa tachando a los luchadores por la libertad de bandidos. Luis Cervantes le confiesa que está convencido de la necesidad de la revolución, mientras que Solís le muestra su escepticismo.
Ante la presencia de Demetrio, “Alberto (…) lo felicitó efusivamente por sus hechos de armas, por sus aventuras, que lo habían hecho famoso, siendo conocidas hasta por los mismos hombres de la poderosa división del Norte” (135).
Demetrio Macías, muy contento, le dice al curro Cervantes: -“Ya soy coronel de veras, curro… Y usted, mi secretario” (135). Y la primera actuación del nuevo coronel, después de la parranda de anoche, en la que aparecieron dos reclutas muertos, dijo: -“Psch!... Pos que los entierren” (136), con total impasibilidad.
Una nueva hazaña de los hombres de Demetrio asombró a los revolucionarios infligiéndole al enemigo múltiples bajas en la toma de Zacatecas.
El personaje de Solís sirve para desenmascarar al curro Cervantes y también para mostrar la carga de desilusión que sobre el desarrollo de la revolución tiene el narrador.
Solís vuelve a dar muestras de su acendrado pesimismo: ¡Pueblo sin ideales, pueblo de tiranos!... ¡Lástima de sangre!” y antes había dicho: “la psicología de nuestra raza, condensada en dos palabras: ¡robar y matar!” (143).
Al final de la primera parte Solís muere sin heroísmo, lo alcanzó una bala en el vientre y:”Después, oscuridad y silencio eternos” (144).
Comienza la segunda parte con la celebración de la victoria de Zacatecas, con los excesos de los vencedores: el saqueo (los avances), la borrachera, el lupanar… Demetrio participa en todo pero no llega al exceso, mantiene una cierta serenidad que lo preserva por encima de sus hombres. Sigue dando muestras de una personalidad diferente.
Luis Cervantes, ya su secretario, le comunica que le ofrecen un banquete para celebrar la victoria de Zacatecas y el merecido ascenso a general. El águila, insignia del grado de general, es figura emblemática del escudo nacional mejicano, en que un águila está a punto de devorar una serpiente. Y simboliza –en el escudo y en la actitud de Demetrio- ese anhelo de redención de la raza.
Luis Cervantes de los famosos “avances” obtiene un cuantioso botín (dos diamantes).
La tercera etapa de la aventura del héroe, es la del regreso, el retorno a la tierra, a Moyahua y la inicia Demetrio en plena gloria, rodeado de su Estado Mayor. Y este retorno tiene un objetivo aplicar la ley del Talión al cacique don Mónico, reparar el acto de injusticia que lo lanzó al mundo. Don Demetrio, ya general, da orden a Luis Cervantes. –“¡Que se le pegue fuego a la casa!” (164). No permitió el saqueo. Nadie comprendió el extraño proceder del general.
Luis Cervantes intenta abrirle los ojos sobre la actitud de Villa y Carranza (pura lucha por el poder), nada de ideales; mientras que Demetrio se ha levantado en defensa de los derechos del pueblo, pisoteados por el cacique.
Luis le propone salir fuera del país con el botín. Demetrio le contesta, que aunque no sabe qué causa defiende, que no es cosa de hombres dejar la revolución.
Pero ya se van viendo signos de descomposición de la convivencia del grupo, e incluso de degradación de la misma lucha: la única batalla que libran resulta una matanza de unos fanáticos religiosos: “un cura (…) con un centenar de ilusos (…) reunidos bajo la vetusta bandera de “Religión y Fueros” (172).
La misma descripción del paisaje presagia algo negativo: “la tristeza de las calles, el silencio de terror de los moradores”, la tristeza de Demetrio y su presentimiento: “a mí me va a suceder algo”.
Derrotado Huerta, la revolución continúa, ahora entre Villa y Carranza.
Le pregunta Demetrio a Cervantes: (…) ¿ yo qué pitos voy a tocar a Aguascalientes?” (184) y le contesta el curro que a dar su voto para Presidente provisional de la República y Demetrio manifiesta su desconocimiento y desinterés por la política (sigue como al principio). Demetrio llega a Aguascalientes y se entrevista con el general villista Natera y éste le dice: (…) ¡sigue la bola! ¡Ahora Villa contra Carranza!” (191). Natera le pregunta su opinión y Demetrio dice que se trata de seguir peleando, por mi lado no hay problema. –“¿Y de qué parte se va a poner?” Y Demetrio le viene a decir que estará a sus órdenes, se abraza al villismo.
Vemos, pues, que el héroe, que no entiende de política, abandona los motivos por los que dejó su jacal y se encamina a la derrota. Y aquí hay un cambio importante, quizá inconsciente, de su personalidad, se deja llevar por su valedor, el general profesional Natera.
La tercera parte comienza con una carta de Luis Cervantes, que ya se ha puesto a buen recaudo en El Paso, Texas con el botín conseguido. Villa es derrotado en Celaya y Carranza es el nuevo Presidente de la República.
Entra en escena el loco Valderrama, poeta romántico, que por loco y por vate dice verdades: -¿Villa?... ¿Obregón?...¿Carranza? (…) ¿Qué se me da a mí? ¡Amo la Revolución como el volcán que irrumpe! (Amo) a la Revolución porque es revolución” (198). Este parlamento del loco Valderrama deja pensativo al general. Después el vate Valderrama toma la vihuela y entona “El enterrador” y logra arrancarle las lágrimas al general, va de la bravura a la ternura.
Al héroe, su filiación política: el villismo, lo lleva a la derrota y él lo intuye. Crece el descontento entre la tropa de Demetrio, porque se ha llenado de federales advenedizos, que cubren las bajas de su Estado Mayor. La protesta la expone Anastasio y el general le dice que tiene razón, pero que no hay salida, que hay que dar ánimo a la gente, porque ha recibido una orden de regresar a Cuquío a detener una partida de “carranclanes”.
Entran en Juchipila y están tocando las campanas para el culto, no para recibirlos a ellos, como cuando se alzaron
Demetrio se encuentra con su mujer y su hijo, después de casi dos años de ausencia. Demetrio la encontró envejecida, como si hubieran pasado diez o veinte años. Sólo cuando miró a su hijo, notó su parecido, le dio un vuelco el corazón. La mujer le pide que se quede, que abandone la Revolución, que teme que le va a pasar algo, pero nuestro héroe trágico seguirá su destino. La mujer le pregunta: -“Por qué pelean ya Demetrio? Éste toma una piedrecita y la arroja al fondo del cañón y dice: -“Mira esa piedra cómo ya no se para” (207).
Emprenden la marcha con algazara y Demetrio, aún recuerda, cómo en esta misma sierra, con 20 hombres le causó 500 bajas a los federales. Enseguida comienza el tiroteo en el cañón y el enemigo con sus ametralladoras hace que los hombres de Demetrio caigan como espigas cortadas por una hoz.
Demetrio llora de rabia y de dolor cuando caen Anastasio Montañés, Venancio o Meco. Desmonta, se parapeta y empieza a disparar sin fin: “Y al pie de una resquebrajadura enorme y suntuosa como pórtico de una vieja catedral, sigue apuntando con el cañón de su fusil” (209). Actitud utópica de un revolucionario puro, de los de abajo, que se vio envuelto en los intereses políticos de los de arriba.

BIBLIOGRAFÍA:
Azuela Mariano, Los de abajo, Edición de Marta Portal, Cátedra, Madrid, 1980.
-: Edición crítica de Jorge Ruffinelli, Los de abajo, ACCA. Madid-París-Roma, 1988.
Dessau Adalbert. La novela de la Revolución mexicana. F. C. E.. Méjico, 1972.
Portal Marta. Proceso narrativo de la Revolución Mejicana. Espasa Calpe. Selecciones Austral. Madrid, 1980.
Valbuena Briones, Ángel. Literatura hispanoamericana. Gustavo Gili. Barcelona, 1967.

Madrid, 2 de marzo de 2011.

EL GENERAL AGUIRRE COMO HÉROE TRÁGICO EN La sombra del caudillo




Martín Luis Guzmán publicó La sombra del Caudillo en 1929 en la editorial Espasa-Calpe (Madrid-Barcelona), aunque antes la había publicado por entregas en la prensa norteamericana, del 20 de mayo de 1928 al 10 de noviembre de 1929, en “La Opinión” de Los Ángeles, en “La Prensa” de San Antonio (Texas), ciudades con numerosa población de origen mejicano, y en “El Universal de Méjico” D.F.
Pero en este trabajo nos vamos a ocupar de la figura del general Aguirre como héroe trágico. En efecto (Lorente, 2002, 50-60) las características de Ignacio Aguirre coinciden, en lo fundamental, con el héroe trágico según la Poética de Aristóteles:1.El personaje debe ser de noble cuna. 2. Tiene un rasgo de su personalidad que lo lleva a la caída. 3. Comete un error en el juicio. 4. El personaje, no debe ser ni bueno ni malo, pero el público debe ser capaz de identificarse con él. 5. Es responsable de su destino y en la caída se da cuenta de su error. 6. Se enfrentará a la muerte con dignidad y 7. La catarsis, que producirá en el público compasión y terror.
Ignacio Aguirre, protagonista de La sombra del Caudillo, no es de noble estirpe, pero tampoco es un ciudadano anodino, sino que es general y Ministro de la Guerra y tiene unos rasgos de su personalidad que lo llevan a la catástrofe: la indecisión, la soberbia y la ingenuidad, así como su extrema confianza en el valor de la amistad en un terreno minado como es el de la política mejicana post-revolucionaria. Actúa de corifeo el diputado Axkaná González (portavoz del autor) diciendo la verdad a Aguirre y a los demás; y de coro una discreta opinión pública, secretamente partidaria de Aguirre- en quien veía al valiente adalid de la oposición al caudillo, que significaba el continuismo. Y junto con él el antagonismo del candidato del Caudillo: Hilario Jiménez y sus partidarios. La tragedia está servida. En cuanto al final de la novela, si no se produce una catarsis plena: compasión y terror, sí, al menos, produce un tremendo terror.
La caracterización de Ignacio Aguirre se demora, evita caracterizarlo desde el principio como un héroe, dado que lo que quiere transmitir son las deficiencias de un sistema político, que prometiendo igualdad y libertad, promueve la corrupción, el asesinato y la mentira. Primero nos lo presenta seduciendo a Rosario y dejándose seducir por sus partidarios políticos. Es mujeriego, cínico y crápula, y manifiesta, una y otra vez, su desinterés por la presidencia de la República, pero en su interior tiene ambición de poder.
Entre todo esto la voz de la calle (el coro) sanciona las dos candidaturas: la de Ignacio Aguirre y la de su oponente, el general Hilario Jiménez, ministro de la Gobernación, candidato del Caudillo. Las tomas de posición de los políticos civiles (“aguirristas e hilaristas”) y la de los políticos militares (turbias, vacilantes y sospechosas) anuncian la tragedia, nuestro héroe trágico tiene que cumplir su destino.
Pero el ministro de la Guerra sigue sin decidirse (la indecisión) a aceptar la candidatura a la Presidencia por el “Bloque Radical Progresista”. Para Aguirre, por encima de todo está la lealtad y el respeto al Caudillo. Por eso cuando se entrevista con el Caudillo siente que hay desconfianza y falta de afecto en el trato, él confiaba en la amistad, pero de la entrevista sale herido y humillado; se mueve ya más por los sentimientos que por la razón.
Aguirre, aconsejado por Axkaná, su verdadero amigo y consejero áulico, se entrevista con el general Hilario Jiménez para conciliar la candidatura, pero Jiménez ante el tono arrogante (la soberbia), pero sincero de Aguirre, responde con un tono lacónico y desconfiado. Jiménez duda de la sinceridad del protagonista: por qué rechaza la candidatura que le ofrece la calle y el partido, por qué no la rechaza públicamente. Aguirre se da cuenta que es imposible convencer a Hilario Jiménez. Tiene delante la tragedia que el mismo ha creado y que le empuja a su destino fatal.
En el libro tercero (”Catarino Ibáñez”) el narrador centra la atención sobre otros personajes (Catarino Ibáñez, Protasio Leyva y Julián Elizondo) que amplía la visión del lector y confiere a la lucha política aires de tragedia según venimos diciendo. Así entran en acción Olivier Fernández, político hábil y carente de escrúpulos, dispuesto a cambiar de chaqueta política con tal de obtener poder; Catarino Ibáñez, hilarista y gobernador de Toluca; Hilario Jiménez, y, sobre todo, el poder del innominado Caudillo, presente, aunque casi mudo, en toda la novela bajo cuya sombra sólo se cobijan el crimen y la corrupción, que anula las iniciativas de Olivier para designar a Aguirre como candidato.
Olivier responde a la humillación sufrida en Toluca con la organización de un “bloque de diputados y senadores pro Ignacio Aguirre”, que le permite el dominio de las cámaras. Hilario Jiménez se muestra amenazador. Pero las pasiones políticas desbordadas parecen no afectar al protagonista, que acepta el soborno que le ofrece la “May-be” a través de su amigo Remigio Tarabana, personaje cínico que aprovecha la eminente posición del ministro de la Guerra para organizar pingües negocios, a cambio de permitir la expropiación de unos terrenos a favor de la multinacional petrolífera. El proceso de dignificación del héroe, que se estaba llevando a cabo, sufre un duro revés, aunque Aguirre reconoce que su actuación es inmoral: “¿Sabes por qué tomo este dinero? No porque me figure que tomarlo está bien hecho. No soy tan necio. Lo tomo porque lo necesito” (…)1.
La noticia del atentado contra Axkaná (desencadenante de la tragedia) le pone en acción y descubre al autor intelectual del delito: el coronel Zaldívar, jefe de la policía; y obtiene de éste un a confesión autógrafa: “fue una orden directa de mi general Hilario Jiménez” (p. 233). Con la declaración autógrafa de Zaldívar va a visitar al Caudillo, pero éste niega las evidencias que implicaban a Jiménez y cierra cualquier acuerdo con él. Nuestro héroe peca de ingenuo. Se ve obligado a dimitir de su cargo de ministro de la Guerra. El Caudillo designó como nuevo ministro al general Martín Aispuro, el que más odiaba a Aguirre y comandante de la plaza a Protasio Leyva, partidario de Hilario Jiménez, el candidato continuista, como sabemos.
Aguirre, por fin, acepta la candidatura que le ofrecían sus amigos los radicales.
En la Cámara de los Diputados comienza la contienda entre “aguirristas con Olivier a la cabeza e “hilaristas” de Ricalde. Olivier, en el parlamento, se atrevió a criticar la figura del Caudillo, hasta ahora intocable, como consecuencia de ello se produce la tragedia: un diputado mata a otro, y en la calle, los choques de las “porras” dejaban heridos y muertos.
En el libro quinto, entra en escena Protasio Leyva, recién nombrado por el Caudillo Jefe de las Operaciones del Valle y comandante de la plaza. Leyva se reunió con los diputados “hilaristas” Ricalde y López Nieto, que le explican cuál es la situación política: “los aguirristas” tienen mayoría, entonces Leyva toma la determinación de eliminar físicamente a los principales líderes del partido “Radical progresista” y así despejar el camino a la Presidencia de Hilario Jiménez; pero la conjura fracasa porque los partidarios de Olivier Fernández neutralizan a los enviados por Protasio Leyva. Aguirre, mientras tanto, no participa en la lucha política, aunque la opinión pública le es favorable.
Hay rumores de levantamientos armados con lo cual el Caudillo va ganándose con dádivas a los generales levantiscos y renuentes, mientras que Aguirre permanece estático y renuncia a levantarse en armas sin una justificación legal. El ex ministro manifiesta que no quería ser candidato, pero por “una serie de sucesos (el fatum) …vino a meterme en una contienda que no era mía (…); acepto gustoso ir hasta lo último” (287). Aguirre quiere ganar, pero con decoro, ganar bien, o perder bien. El general Elizondo, “aguirrista” ‘sincero’, aprueba la propuesta de Aguirre; pero el diputado Olivier sigue con la regla de oro mejicana: “en Méjico, si no le madruga usted a su contrario, su contrario le madruga a usted” (288).
En el local del “Grupo Radical Progresista” se celebró una reunión con la plana mayor del “aguirrismo” y en ella Aguirre pronunció un discurso espléndido. Llega Remigio Tarabana- el otrora conseguidor- y le avisa para que vaya a su casa a enterarse de lo que ocurría. Allí estaba el coronel Jáuregui, quien le informa que el general Protasio Leyva tiene previsto cogerlo preso a él y a sus partidarios, formarles un juicio sumarísimo y condenarlos a muerte. Sin contrastar la veracidad de la información (otra muestra de su ingenuidad) deciden ausentarse de Méjico capital y se acordó que lo más seguro era trasladarse a Toluca, donde contarían con la protección del fiel general Elizondo, sin advertir que éste se había pasado al bando “hilarista”.
Se produce la traición del héroe por su amigo más fiel. Aguirre y los suyos son encarcelados: ‘ya les habían madrugado’.
Aguirre pasó la noche en una celda del cuartel y cuando despertó, empezó a reflexionar sobre la actitud del general Elizondo, que será el próximo ministro de guerra de H. Jiménez. En esto le echan un periódico por debajo de la puerta de la celda: “El Gran Diario”. Se puso a leerlo y allí se des-informaba que había rumores de sublevaciones militares en Puebla y en Toluca, pero que el general Protasio Leyva las había sofocado. A su vez se insertaba un boletín firmado por el Caudillo en el que se acusaba a Ignacio Aguirre y a los suyos de sediciosos. Hilario Jiménez, en su calidad de candidato a la Presidencia, también insertaba un boletín acusando a Aguirre de la asonada.
Se produce la conducción de Toluca a Méjico y como a mitad de camino se entregan a Aguirre y a los suyos a los hombres de Manuel Segura y allí se procede al asesinato. Aguirre protesta por el trato deshonroso, pero Segura le insultó en estos términos: “usted habrá sido general y ministro, pero aquí no es más puro jijo de la tiznada” (320) y nuestro héroe murió con suma dignidad: “Cayó, porque así lo quiso, con la dignidad con que otros se levantan” (320). Todos fueron asesinados excepto Axkaná, que quedó herido, y cuando Segura y los suyos marcharon, bajó a la carretera y lo recogió Mr. Winter, el diplomático norteamericano del “Packard”. Axkaná es el único superviviente y testigo de los hechos. Y con este símbolo final se señala una posible vía de escape para el gran grupo de mejicanos que sentían traicionados los valores por los que lucharon durante los primeros años de la Revolución: justicia y libertad. Axkaná representa la honestidad y la pureza de ideales y la esperanza última de que la Revolución siga viva.
Por otra parte, Axkaná es el único ente de ficción en esta novela de clave, en la que todos los personajes tienen su correspondiente en la política mejicana del momento; pues bien esto es hace decir a Manuel Pedro González: “Solo un personaje entre la rica galería que avalora estas páginas, posee una conciencia limpia y se rige por una ética noble y levantada: Azkaná González. Axkaná González viene a ser, dentro de la tónica de la novela, algo así como la conciencia de la Revolución. Pues bien, Axkaná González es el único ente de ficción, el único que Guzmán creó porque no pudo encontrarlo en el ambiente que pintó”2 .
Termina, pues, la tragedia, pero a la representación se le añade una coda, un último capítulo titulado: “Unos aretes”. Al día siguiente los periódicos hablaban del levantamiento de Toluca. “El Gran Diario” traía un boletín oficial en el que se informaba del Consejo de Guerra en el Estado de Méjico en estos términos: El general Ignacio Aguirre, autor principal de la sublevación, fue capturado, junto con sus acompañantes por la fuerzas leales y se formó consejo de guerra sumarísimo y fueron pasados por las armas. Los cadáveres se encuentran en el Hospital Militar y viene la lista de los asesinados. No cabe duda que el boletín oficial pretende justificar ante la opinión pública (el coro) el asesinato del héroe y sus partidarios.
Dice el narrador a propósito del laconismo del periódico: “La ciudad vivía como siempre, pero sólo en apariencia. Llevaba por dentro la vergüenza y el dolor” (332).
Concluye la novela con Manuel Segura, el sobrino de Protasio Leyva, apeándose del Cadillac de Aguirre y entrando en la joyería “La Esmeralda” a comprar unos aretes por valor de 20.000 pesos, los 40 billetes de 500 pesos que Segura había expoliado a Aguirre. En la novela se dibujan los instintos más bajos de la cobardía y la traición que, con tremendo sarcasmo del autor y para aguijonear las conciencias, tiene el premio de unos aretes de brillantes, los más caros, pagados con billetes marcados con la sangre del crimen.
La sombra del Caudillo es una crítica al caudillismo, en la que el autor nos muestra la tragedia personal del protagonista, marcada por la fatalidad y el destino. Y todo ello teniendo como telón de fondo la corrupción y el cesarismo en el Méjico post-revolucionario, y bajo la vigilante y siniestra sombra del Caudillo, donde no hay lugar para los ideales.

BIBLIOGRAFÍA:
-Arango L. Manuel Antonio, Tema y estructura en la Novela de la Revolución Mejicana, Ediciones Tercer Mundo, Bogotá (Colombia), 1984
-Bidault Sophie L.”Aspectos estéticos en La sombra del Caudillo”, Neophilologus, 73 (1989) 548-559
-González Manuel Pedro, Trayectoria de la novela en Méjico, Ediciones Botas, Méjico, 1951
-Guzmán Martín Luis, La sombra del Caudillo, Edición de Antonio Lorente Medina, Clásicos Castalia, Madrid, 2002
-Portal Marta, Proceso narrativo de la Revolución Mejicana, Espasa-Calpe, Madrid, 1980


Madrid, 6 de mayo de 2011.

Anastasio Serrano

ESTRUCTURA Y SIGNIFICADO DE BALÚN CANÁN de Rosario Castellanos




INTRODUCCIÓN:

Rosario Castellanos Figueroa nació en 1925 en México, Distrito Federal, en la avenida Insurgentes y murió en 1974 en Tel Aviv (Israel) de un accidente doméstico, siendo embajadora de México en Israel. Está enterrada en la Rotonda de Hombres Ilustres del panteón de Dolores en México, D.F. Muy pronto su familia se trasladó a Comitán, ciudad fronteriza con Guatemala, en el estado de Chiapas, donde tenía fincas y donde Rosario pasó su infancia y adolescencia hasta los 16 años.
La infancia de la autora está marcada por un acontecimiento desgraciado, la muerte, con siete años, de su hermano Mario Benjamín, un año menor que ella. Rosario vivía postergada por el hecho de ser mujer, todas las atenciones eran para su hermano, que por ser varón y por tanto heredero, ocupó siempre un lugar preferente en el cariño de sus padres. La muerte del hermano le produjo un sentimiento de culpa por haber sobrevivido. Se refugió en la lectura en su etapa infantil; y poco a poco comenzó a escribir y en la escritura encontró su arma para una expresión ética y estética y para luchar contra la soledad.
Sus padres ante la muerte de Mario Benjamín se sumieron en el dolor y se olvidaron de su hija Rosario. De hecho hubieran preferido que hubiese muerto ella, en vez del varón. De esta forma, la infancia de Rosario Castellanos quedó marcada por la soledad, la muerte y el rechazo. Las caricias las recibía de su nana, Rufina y de una niña chamula de su misma edad, María Escandón, su cargadora, una niña indígena, compañera de juegos, ya que pertenecía a la clase acomodada.
A través de su nana Rufina, Rosario conoció el mundo indígena: sus rituales, sus creencias, sus relatos orales, que más tarde la autora utilizaría en su obra literaria.
El panorama histórico de México desde la Revolución hasta 1940, año en que concluye la presidencia del general Lázaro Cárdenas, es una etapa fundamental tanto para las reformas del país como para el desarrollo de la personalidad de Rosario Castellanos.
En efecto, el general Lázaro Cárdenas permanece en la Presidencia de la República de 1934 a 1940 y durante este sexenio se efectuó el mayor reparto agrario y en su gestión se vieron afectadas las haciendas de las zonas más prósperas del país. Además se encargó de poner en práctica las preocupaciones sociales de la Constitución de 1917, la de Querétaro: la propiedad de la nación sobre las tierras, minas y recursos naturales; mejorar las condiciones de vida de campesinos y obreros y la recuperación de riquezas naturales en manos de empresas extranjeras (la nacionalización del petróleo).
Como consecuencia de la Reforma Agraria impulsada por Lázaro Cárdenas, la familia Castellanos tuvo que repartir sus posesiones en Chiapas y regresar al Distrito Federal, donde Rosario, tras el bachillerato, comenzó a estudiar Derecho, para complacer a sus padres, que luego abandonó para estudiar Filosofía en la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México).
Su obra literaria abarcó diversos géneros: poesía, cuento novela, teatro, ensayo y crítica literaria, aunque, ante todo fue poeta. Su narrativa pertenece a lo que la crítica ha llamado “Ciclo de Chiapas”, en el que un realismo crítico se roza con el realismo mágico de los años 50 y 60. Su primera novela es Balún Canán (1957), seguida por los libros de cuentos Ciudad Real (1960), Los convidados de agosto (1964), Álbum de familia (1971) y su segunda novela, Oficio de tinieblas (1962), porque su tercera novela, Rito de iniciación, no la publicó.
Pues bien todo este contexto tiene enorme relevancia en Balún Canán , pues retrata los conflictos raciales y sociales derivados de las reformas legislativas hechas durante el sexenio cardenista (reparto de tierras, apertura de escuelas rurales, derecho al salario e igualdad ante la ley).

BALÚN CANÁN

Balún Canán, publicada en 1957, es la primera novela dentro de la producción literaria de Rosario Castellanos.
La novela tiene como escenario principal el pueblo de Comitán (Balún Canán en tzeltal: “los nueve guardianes”), situado en el estado de Chiapas. A través de un penetrante conocimiento de la realidad chiapaneca de mediados del siglo XX, Castellanos pone de manifiesto el conflicto ladino/indígena y revela las causas anteriores que originaron el actual levantamiento de los indígenas en Chiapas. Testigo presencial de la historia que narra y conocedora de la profunda sabiduría ancestral de los pueblos mayas que habitaron las tierras altas de Chiapas, la escritora nos cuenta la decadencia de la familia hacendada de los Argüello.
El tema que trata en la novela es el desmoronamiento de la antigua sociedad colonial, a causa de la Reforma Agraria promovida por el Presidente Lázaro Cárdenas y como consecuencia de ella, los enfrentamientos entre indígenas y ladinos (blancos), dos grupos étnicos que, sin haber llegado a entenderse, tratan de convivir. La sociedad reflejada en Balún Canán gira alrededor de un mundo todavía colonial, donde manda el patrón con su afán paternalista, pero con las nuevas leyes las relaciones amo/ criado deben ser abolidas, igualando a todos ante la ley, como seres humanos que son.
La idea central de la novela es el cambio de mentalidad que debe producirse en los ladinos para conseguir una sociedad más justa y no lo olvidemos más próspera, en la que todos, ladinos e indígenas puedan tener el mismo derecho a la vida, a la tierra y a la educación; y en la que la diferencia de raza no suponga superioridad del blanco frente al indígena.
La narradora-protagonista (1ª y 3ª partes), una niña de 7 años (reflejo de la propia autora) nos irá presentando el mundo de Comitán. Los señores y su servidumbre, los indios con una relación ya preestablecida y aceptada siglos atrás. Asistiremos al anuncio de la nueva ley promulgada por el Gobierno, que obliga a los patrones a dar una instrucción primaria a los niños indios de su hacienda ( los keremitos). Se produce el primer intento de revolución de los indios, que acaban matando al indio, que todavía quiere seguir siendo fiel al patrón don César Argüello.
Los Argüello son una de las principales familias de Comitán, aunque tienen una gran hacienda fuera de Comitán , llamada “Chactajal”, en la que sirven varias familias indias. Tras el anuncio de la nueva ley de Educación, don César decide interpretarla a su manera, y cuando piden un maestro, propone a Ernesto, su sobrino, para cubrir el expediente, pues Ernesto ni está preparado ni conoce la lengua indígena.
Más tarde aparece el indio fiel asesinado y don César decide ir con su familia a “Chactajal”. Una vez en la hacienda se presenta Felipe- el líder indígena- y sus ‘camaradas’ para pedirle una escuela y un maestro, a lo que según la ley tienen derecho. El maestro ya estaba dispuesto, sólo faltaba que ellos construyeran la escuela y así lo hicieron. Ernesto tuvo que dar clase, unas clases sin sentido, ya que él no hablaba tzotzil y los niños indios no comprendían el“castilla”. Pero la ley se estaba cumpliendo.
Pasaban los días hasta que entre el maestro improvisado y los alumnos se dieron una serie de incidentes (el maestro daba la clase ebrio) y los indios exigieron un cambio de maestro, negándose en tomar parte en los trabajos de recolección. Don César se impuso, pero sobrevino un accidente: la hacienda y los campos comenzaron a arder. Los indios se habían sublevado.
Ernesto se prestó de emisario para explicar el incidente al gobernador de Tuxtla, pero no llegó a su destino. En el camino lo estaban esperando y de un tiro, acabaron con su vida.
Don César comprendió que su familia corría peligro y decidió regresar a Comitán. Desde allí, él mismo iría a visitar al gobernador. Su amigo Jaime Rovelo, también hacendado, le acompañaría.
Mientras tanto, quedaron en Comitán los tres miembros de la familia Argüello : Zoraida y sus dos hijos : la niña y Mario, el varón, que estaba destinado a suceder a su padre en la administración de la hacienda. Pero los brujos de “Chactajal” (el elemento mágico) no podían consentirlo. Así se lo advirtió la nana de la hermana de Mario a una Zoraida fuera de sí: “-Con grandes aspavientos vino a anunciarme que los brujos de Chactajal se estaban comiendo a Mario. Que no se iba a lograr.”1 Por lo tanto Mario estaba condenado a la desaparición. Y ni los ruegos de la madre, ni los esfuerzos del médico, doctor Mazariegos, ni las pócimas milagrosas de Amalia fueron suficientes para conservarle la vida. Ni siquiera su padre, don César, volvería a tiempo para verlo.
De esta manera los indios de “Chactajal” se vengaban por no haber sido tratados como ordenaba la nueva ley del Presidente Cárdenas, sino con las pautas de un patrón despótico, que consideraba que los indios no tenían derecho a ser tratados como seres humanos.

ESTRUCTURA Y COMPOSICIÓN

Rosario Castellanos publicó Balún Canán en 1957, cuando ya contaba con una amplia experiencia como poeta, y su génesis se encuentra en el relato Primera Revelación, publicado en 1950 en “América. Revista antológica (Vol II, núm, 63).
Así explica Rosario Castellanos su acercamiento a la prosa:

En 1955, y como resultado de una plática con Emilio Carballido, comencé a escribir Balún Canán, que estuvo terminada en diez meses. A medida que avanzaba iba cobrando conciencia de cuál había sido la situación en que transcurrió mi infancia, de cuál era la clase a la que hasta entonces había pertenecido y de que el problema indígena, en el que jamás me detuve a pensar, demandaba ahora no sólo mi atención intelectual, sino una actitud moral determinada.2

Balún Canán está formada por tres partes, cada una de ellas precedida por la cita de un texto de la tradición maya. En la primera parte aparecen dos citas del Popol Vuh (maya quiché), libro sagrado que hace referencia a la creación: “Musitaremos el origen. Musitaremos solamente la historia, el relato. Nosotros no hacemos más que regresar (…) Pensad en nosotros, no nos borréis de la memoria, no nos olvidéis”. Libro del Consejo; y este texto enlaza con el de la nana, que narra una historia con resonancias míticas: .. “.Y entonces, coléricos, nos desposeyeron, nos arrebataron lo que habíamos atesorado: la palabra, que es el arca de la memoria “(…) (113).
La segunda parte va introducida por una cita de otro libro sagrado: Chilam Balam de Chumayel, escrito en maya yucateco y habla de augurios y profecías sagradas: “Toda luna, todo año, todo día, todo viento camina y para también” (…) (193).
Y la tercera parte va precedida de la siguiente cita del libro Anales de Xahil, escrito en maya cakchiquel y habla de presagios de muerte y perdición, en consonancia con el contexto de la tercera parte: “Y muy pronto comenzaron para ellos los presagios (…) ¡Moriréis! ‘Os perderéis! Yo soy vuestro augur.” (313).
Así pues, tanto el título, Balún Canán, como las citas de los textos sagrados de la cultura maya actúan de intertexto de la novela .
Dentro de esta estructura tripartita, la primera y tercera parte están narradas en primera persona con alternancia de diálogos y monólogos interiores; son recuerdos contados por una niña-narradora de siete años de edad, llenos de ingenuidad, es la hija de César Argüello, el patrón. Ambas partes se desarrollan en la ciudad de Comitán; mientras que la tercera parte se narra en tercera persona por un narrador omnisciente, que nos da una visión adulta de lo que sucede. Y el lugar de los acontecimientos es la hacienda propiedad de César Argüello, “Chactajal”, donde residen los indios y será el lugar del conflicto.
El cambio de punto de vista (1ª y 3ª persona) y la alternancia de tiempos verbales, presente primero, pasado después y conjugación de ambos en la tercera parte, rompen la unidad de composición de la novela y a este respecto la propia Rosario Castellanos dice:
A la novela llegué recordando los sucesos de mi infancia. Así caí sin darme cuenta, di principio a Balún Canán sin una idea general de conjunto, dejándome por el fluir de los recuerdos (…) Este hecho trajo consigo dificultades casi insuperables. Una niña de esos años es incapaz de observar muchas cosas y, sobre todo, es incapaz de expresarlas (…) Este mundo infantil es muy semejante al mundo de los indígenas, en el cual se sitúa la acción de la novela (…) Así, en estas dos partes la niña y los indios se ceden la palabra y las diferencias no son mayúscula.3

La estructura derivada de la narración en primera y tercera persona, desconcierta al principio, pero al final se comprende que la segunda parte no puede ser contada por una niña de 7 años, pues en ella se narran episodios que la niña no puede comprender: conflictos sociales y raciales, amores prohibidos e intentos de suicidio.
Balún Canán se estructura externamente en tres partes, cada parte consta de 24, 18 y 24 capítulos, hay pues simetría entre la primera y la tercera parte. En cuanto a la estructura interna la primera y la tercera parte están narradas por una niña de 7 años en primera persona y nos relata los sucesos de los que es protagonista. El mundo narrado es desde la perspectiva infantil de esta narradora-niña, que es testigo de lo narrado y crea una atmósfera favorable. La realidad que cuente esta niña se encuentra entre el mundo ladino y el mundo indígena, debido a su relación amable con la nana indígena.
En la segunda parte la niña protagonista desparece, casi como personaje. Un narrador omnisciente en tercera persona se encarga de transmitirnos lo que sucede. El narrador deja expresarse a los ladinos a través de monólogos interiores, entre los cuales podemos destacar el monologo de César Argüello, que representa la parodia del mundo colonial, el de Zoraida, esposa de Argüello, que es el discurso de una mujer de clase baja, que se ha casado con un hombre rico y tiene un matrimonio infeliz marcado por la incomunicación (constante a todos los niveles en la novela): “Y es que la familia de César me consideraba menos porque mi apellido es Solís, de los Solís de abajo y yo era muy humilde, pues”. Y se ufana de su descendencia, sobre todo del hijo: “Gracias a Dios tengo mis dos hijos. Y uno de ellos es varón” (208); también tenemos el monólogo de Ernesto que se queja de su condición por ser hijo bastardo del hermano de César, y por tanto, no aceptado completamente por su familia y por la sociedad.

LOS PERSONAJES

En efecto, el protagonismo de Balún Canán recae en el enfrentamiento entre las dos razas, los ladinos y los indígenas, entre los que hay una separación, una incomunicación y una falta de entendimiento por el idioma: el “castilla”, (la lengua del poder) hablada por los ladinos y prácticamente prohibida a los indios, quienes hablaban entre ellos el tzetzal, lengua que muy pocos ladinos entendían a excepción del patrón César Argüello, que la usaba, como es lógico, para dar órdenes y para ejercer el paternalismo colonial. Sólo el líder de los indios, Felipe Carranza sabe hablar “castilla”, dice: “Yo me presenté hoy delante de César y le hablé en su propia lengua” (218). Sin embargo, y como muestra de la incomunicación, el primer día de clase de Ernesto dice el narrador: “Los niños lo escuchaban embobados, con la boca abierta, sin entender nada (…) Ellos no sabían hablar español. Ernesto no sabía hablar tzetzal. No existía la menor posibilidad de comprensión entre ambos” (252).
En la novela hay dos grupos de personajes que corresponden a los dos niveles sociales: los ladinos y los indios, siempre encontrados, incomunicados.
En el grupo ladino destacan don César Argüello y Zoraida, los padres de la niña y del niño, Mario. Los esposos se manifiestan en contra de los indígenas y de los derechos que la nueva ley de Reforma Agraria les concede.
César Argüello es el patrón, a quien sólo le interesa mantener sus tierras, sus propiedades, que un día serán de Mario, el heredero y la continuidad del apellido Argüello. Trata a los indígenas como inferiores, negándoles los derechos, que como seres humanos, les pertenecen. Se comporta como un verdadero emperador (césar) con los indígenas. Su hija le define así: “Es el que manda, el que posee” (141).
En la tercera parte César sólo aparece a través de dos cartas enviadas a su esposa desde Tuxtla, ciudad a la que ha ido a defender sus intereses. En ellas explica a Zoraida el fracaso de sus gestiones. Cuando muere Mario, su padre está muy lejos, defendiendo la tierra que en el futuro debería heredar Mario, pero que los brujos lo han impedido. Así pues, César Argüello está luchando por conservar algo que, una vez muerto Mario, ya no tiene sentido.
Zoraida, esposa de don César, madre de la niña innominada y de Mario, se presenta como la mujer orgullosa de su posición social, ya que ha emparentado con una familia de hacendados: los Argüello. Toda su preocupación se centra en proteger a Mario, su triunfo como mujer casada, que ha dado un heredero a su esposo. Desprecia a los indígenas y en cierta medida hace de menos a su hija, porque no le reporta nada a nivel social. Sin embargo no es feliz en su matrimonio, no tiene comunicación con su esposo.
En la tercera parte se manifiesta como una madre desesperada ante la posible pérdida de su hijo. Su desesperación la lleva a recurrir a soluciones de cualquier tipo para evitar la muerte del heredero, a la echadora de cartas, al médico y al sacerdote.
La niña es una Argüello, pero por ser mujer, su estatus en la familia es inferior al de su hermano Mario. Es un personaje entre dos mundos: pertenece al mundo de los ladinos, pero está marginada por se mujer. Junto con la nana es el único persona de quien no conocemos su nombre, simplemente es la niña. Su relación más afectiva la mantiene con la nana indígena, que le suplanta las carencias afectivas de la madre. La niña es el personaje-narrador de las partes primera y tercera.
Mario es el hijo varón de los Argüello, heredero de las propiedades familiares y continuador de la saga. Es el personaje central de la tercera parte. Para los indios es el símbolo de los ladinos, de su continuidad, ya que un día será sucesor del padre; por eso los brujos se vengarán de él.
Ernesto es el hijo bastardo de un hermano de don César Argüello, de quien se sirve para que ejerza de maestro de los niños indios de la hacienda de “Chactajal”, a pesar de que ni está preparado, ni sabe el idioma de los indios. Ernesto acepta la propuesta de don César, aunque sabe que es un fraude a la política educativa del presidente Cárdenas, para acercarse a quienes considera su familia, aunque separado de ella por su condición de bastardo y por la situación social inferior de la madre. Los indios lo rechazan como maestro y en el capítulo XVIII de la segunda parte muere a manos de un indio.
Matilde, Romelia y Francisca son las tres hermanas de César Argüello. Matilde es soltera y termina deshonrando el apellido Argüello. Mantiene una relación sentimental clandestina con Ernesto, por la diferencia social y de edad entre ambos, dicha relación termina trágicamente. Romelia es la separada, que poco después regresa con su esposo.
Francisca es la mujer que tiene el poder en la finca de Palo María, donde vive con sus hermanas. Representa a la mujer que se endurece para hacerse valer en un mundo de hombres. Cuando llega la Reforma de Cárdenas, ella decide permanecer en su finca: es la patrona y se resiste a abandonar sus posesiones. Vendría a ser una Doña Bárbara transplantada de su hato “El Miedo” a la hacienda de Palo María.
Jaime Rovelo es un amigo de don César y de su misma clase social. Él es quien informa a don César de la nueva ley de la reforma que cuestiona el poder de los hacendados. Su hijo, estudiante de leyes en la ciudad de México, es quien pone en antecedentes a su padre y además su hijo está a favor de las reformas y de los derechos de los indígenas. Por eso reniega de su hijo. Esta es la información: -“El gobierno aprobó una nueva disposición contra nuestros intereses (…)
>>Se aprobó la ley según la cual los dueños de las fincas con más de cinco familias de indios, tienen la obligación de proporcionarles medios de enseñanza, estableciendo una escuela y pagando de su peculio a un maestro rural (…) .-Mi hijo opina que la ley es razonable y necesaria; que Cárdenas es un presidente justo<< (168-169).
Tío David es un personaje pintoresco y aventurero, que dice ser cazador de quetzales y que no es pariente de la familia Argüello. Juega con los niños y les anuncia que llega una nueva ley de igualdad entre todos los hombres: “Que ahora vamos a ser todos igual de pobres” (150). Esto se lo anuncia a los niños, cuando los adultos no están presentes. También canta acompañado de la guitarra una canción nueva: “Ya se acabó el baldillito/ de los rancheros de acá” (149), y le preguntan los niños : “-Qué es el baldillito, tío David. Es la palabra chiquita para decir baldío. El trabajo que los indios tienen obligación de hacer y que los patrones tienen la obligación de no pagar” (150). Es decir trabajar de balde. Por su situación de pobre se sitúa del lado de los indígenas.
Gonzalo Utrilla es ahijado de César Argüello y representa al ladino que rompe con la figura autoritaria del hombre blanco. Trabaja para el gobierno y es quien inspecciona las haciendas de Chiapas para que se cumpla la ley. Defiende los intereses de los indígenas.
Los demás personajes ladinos, que aparecerán en la tercera parte son Amalia, el doctor Mazariegos y el sacerdote intentarán ayudar a Zoraida a salvar a Mario sin conseguirlo. Por lo tanto el conflicto ladino/indígena culmina con la venganza de los indios y a los ladinos sólo les queda la desesperación. Es el ocaso de una forma de vida.
En cuanto al grupo de personajes indígenas, hay que destacar a la figura de la nana, de quien tampoco sabemos su nombre. La nana es una india encargada de los hijos de los patrones y ella les cuenta relatos y leyendas de la cultura maya. La nana sí habla “castilla” y se siente entre dos mundos. Quiere a su pueblo, pero también quiere a los niños ladinos a los que ha cuidado con esmero.
Felipe Carranza es el indígena que reclama en voz alta los derechos de su pueblo. César no le escucha, sólo le da buenas palabras y ante esto su venganza será una venganza triple. El incendio de “Chactajal”, el asesinato de Ernesto y la muerte de Mario en la tercera parte por influjo de los brujos (el elemento del realismo mágico).
Felipe aprende castellano para hablar con el patrón en la lengua del poder. Se informa de los derechos que las nuevas leyes conceden a los indígenas y actúa como un verdadero revolucionario.
Juana, la esposa de Felipe, representa el sector más temeroso del mundo indígena, pues tiene miedo a las represalias de los amos. Juana encarna una doble resignación, como indígena y como mujer, y, además, dentro de su colectivo está marginada por ser estéril.
El resto de los personajes indígenas apenas están dibujados, sólo actúan cumpliendo órdenes como Vicenta y Rosalía, las cargadoras de los niños.

POLIFONÍA NARRATIVA

En Balún Canán Rosario Castellanos hace uso de recursos narrativos como la polifonía y la intertextualidad, mediante los cuales pretende devolver el lenguaje al otro, al indígena sin voz. La polifonía de voces narrativas, que aparece en Balún Canán, permite hablar a niños, indígenas, solteras e hijos ilegítimos. Rosario Castellanos rompe así con el protagonismo de los personajes que detentaban el poder, muy común en la novela anterior. La autora priva al patrón, César Argüello, de ser protagonista y cede la voz a los indígenas
Ya hemos apuntado que en la primera parte predomina la voz de la narradora-niña en primera persona, presentada como monólogo interior. Sin embargo también abundan los diálogos que mantienen la niña y su nana. La india cuenta relatos de la tradición indígena, que van impregnando la conciencia infantil de la narradora, creando así un intertexto de la cultura maya de sumo interés. A través de los diálogos entre los adultos se nos informa del contexto social de la novela, la época de la Reforma Agraria de Lázaro Cárdenas, la situación de explotación de los indígenas y la resistencia de los hacendados a cualquier cambio que disminuya sus privilegios
La segunda parte de la novela está narrada por un narrador omnisciente adulto, que nos cuenta la revuelta de los indios. El mundo colonial al que estaban acostumbrados los ladinos, se ve alterado por la Reforma Agraria, y la toma de conciencia de los indígenas de sus derechos como seres humanos. Este discurso adulto se representa en forma de diálogos, monólogos interiores de Zoraida, Matilde, César y Ernesto; y también con la transcripción del texto escrito por Felipe, el líder que encarna las reivindicaciones de sus ‘camaradas’: “- Me escogieron a mí, Felipe Carranza, para que fuera la voz” (213).
Y también en un pasaje que podía calificarse de memoria escrita indígena, en la que Felipe escribe acerca de la construcción de la escuela: “Para la construcción elegimos un lugar, en lo alto de la colina. Bendito porque asiste al nacimiento del sol (…) Esta es nuestra casa. Aquí la memoria que perdimos vendrá a ser como las doncella rescatada a la turbulencia de los ríos” (236-237).
En esta segunda parte, como sabemos, la acción tiene lugar en la hacienda de “Chactajal”, donde residen los indígenas.
En la tercera parte toma la palabra, otra vez, la narradora-niña, a modo de monólogo interior y en primera persona y la acción se traslada a Comitán (Balún Canán, según los antiguos pobladores mayas). Aparecen de nuevo los diálogos y las transcripciones de las
dos cartas que César Argüello le envía a su esposa desde Tuxtla, adonde ha ido a defender sus intereses ante las protestas de los indígenas empeñados en alterar su situación de privilegio.
Zoraida echa a la nana, cuando ésta la avisa de la inminente muerte de Mario, a quien en el imaginario cultural indígena los brujos de Chactajal no permiten que llegue a adulto. Serán, entonces, las cargadoras Vicenta y Rosalía quienes se encarguen de cuidar a la niña y narrarle cuentos de la tradición indígena.
El discurso hegemónico se desdobla en varias voces: el discurso patriarcal y racista de César Argüello y el de Jaime Rovelo, su amigo y con los mismos intereses; el discurso estatal ( la política agrarista de Lázaro Cárdenas, que pese a las promesas no logra mejorar las condiciones de vida del pueblo); el discurso de Gonzalo Utrillo, inspector del gobierno, y los discursos de las mujeres ladinas que aceptan su situación de inferioridad en el sistema patriarcal y cooperan a su mantenimiento (la esposa del patrón, la soltera y la beata).
Toda esta polifonía no logra la comunicación entre ladinos e indígenas, ni entre las relaciones entre sexos. Así, en cuanto al matrimonio de César y Zoraida, ésta representa a la mujer casada, rescatada de la soltería por César Argüello, con quien además asciende en la escala social. Su éxito vital queda marcado por sus dos hijos, uno de los cuales es varón. Sin embargo las relaciones con su esposo son frías.
La pareja de Matilde y Ernesto está marcada por la relación ilícita y la tragedia que tiene lugar. Matilde, prima de César Argüello, pertenece la clase social de los hacendados, pero su marginación proviene de su soltería; pues en la sociedad imperante, sólo el matrimonio y la maternidad dotan a la mujer de identidad. La relación ilícita que inicia con Ernesto será su perdición. Ernesto, como huérfano y bastardo es también un sujeto marginal. Unidos, quizá, por su sentimiento de exclusión, socialmente su unión es inaceptable, aunque es la única pareja que no se forma por conveniencia.
Junto a estas dos parejas (la legítima y la clandestina) hay otros tipos de mujer. Así tenemos a Francisca, hermana de Matilde, que es la mujer fuerte, que no acepta el papel femenino y ocupa el lugar del varón. También tenemos a Amalia, amiga de Zoraida, es la soltera que ha sacrificado su vida para cuidar a su madre. Es una beata resignada.
Los personajes femeninos de la novela representan modelos de mujeres infelices, insatisfechas, encorsetadas en un sistema que limita sus posibilidades de realización. Con su discurso aceptan el sistema imperante y acatan las reglas del juego social.

El palimpsesto maya

Dora Sales (2004, 85-90), a quien estoy siguiendo en gran medida en este trabajo, habla del palimpsesto maya dentro de la polifonía narrativa que venimos describiendo.
Así el discurso indígena se hace notar en el título de la novela, Balún Canán, cuyo significado explica Carlos Basauri:

En la parte occidental de la ciudad de Comitán; sobre el camino que conduce a San Cristóbal de las Casas, y formando una fila bien alineada existen nueve cerrillos cónico y bien determinados, que no son sino otras tantas pirámides cubiertas por los siglos.4

Estos nueve cerros han dado nombre a Balún Canán, “nueve estrellas o nueve guardianes”, que es el nombre que los mayas dieron al actual Comitán, en el estado de Chiapas.
Por otra parte, también contribuyen al discurso indígena cada uno de los epígrafes que preceden a las tres partes de la novela y cuyo contenido tiene relación con el significado de cada parte. Tenemos un fragmento del Popol Vuh al comienzo de la primera parte; una cita del Chilam Balam de Chumayel en la segunda y otra cita de los Anales de los Xahil en la tercera. Rosario Castellanos recurre a los textos de la tradición maya para dar la voz al mundo indígena.
Al discurso indígena también coopera la “memoria indígena escrita” intercalada en la primera parte, que son papeles sobre la propiedad de la tierra, que la niña encuentra en la biblioteca de su padre: “Yo soy el hermano mayor de la tribu. Su memoria. Estuve con los fundadores de las ciudades ceremoniales y sagradas (…) Aquí en el lugar llamado Chactajal, levantamos nuestras chozas; aquí tejimos la tela de nuestros vestidos; aquí moldeamos el barro par servirnos de él” (178).Y en la segunda parte está el texto de Felipe sobre la construcción de la escuela, ya citado.
En alguna medida se puede leer la novela como un palimpsesto en el que el discurso predominante (la cultura occidental ladina) no ha logrado borrar la cultura prehispánica local.

RELACIONES ENTRE LADINOS E INDIGENAS

El entorno social de la novela, el macro-contexto está presidido por la Reforma Agraria de Cárdenas y las reacciones que ésta provocó entre ladinos e indígenas. La ley agraria dotó a los indígenas de ejidos, tierras de propiedad comunitaria, que se podían cultivar bien individualmente o en colectividad. Además de los ejidos, las familias recibieron pequeñas propiedades individuales. Esta política agraria de Cárdenas terminó con la hacienda de tipo feudal, aunque no con el latifundismo. Y como queda reflejado en la novela, la ley obligaba a los hacendados a dar educación a los indígenas que trabajaban para ellos.
A los patrones todas estas disposiciones del gobierno les parecen de lo más irracional: “porque ningún indio vale setenta y cinco centavos al día. Ni al mes” (168). La resistencia de los hacendados a la Reforma Agraria es enorme, veamos cuál es su actitud ante el salario mínimo en una conversación entre César Argüello y Jaime Rovelo: “¿Te acuerdas cuando impusieron el salario mínimo? A todos se les fue el alma a los pies. Era el desastre. ¿Y qué pasó? Que somos lagartos mañosos y no se nos pesca fácilmente. Hemos encontrado la manera de no pagarlo” (168). Mientras los indígenas con Felipe Carranza a la cabeza, exigen que se cumpla la ley; aunque también dan muestras de violencia: asesinan a un indio porque prefiere quedarse con el patrón, matan a Ernesto, sobrino bastardo de César Argüello e incendian “Chactajal”.
En realidad Rosario Castellanos piensa que los indígenas son iguales a los ladinos, como seres humanos, sólo que unos son siervos y los otros amos.
El micro-contexto de la novela está formado por el núcleo familiar de los Argüello, al que pertenece la narradora-niña, que se ve afectada por los acontecimientos externos, que terminan con la muerte de su hermano pequeño, Mario. A la niña le han enseñado que los indígenas son distintos a los blancos y que, además, está a su servicio. Eso no impide que las relaciones afectivas con la nana sean intensas y suplan la carencia de afecto maternal, ya que su madre sólo se preocupaba de su hijo varón.
Así pues, tanto la niña, la nana como los indígenas ocupan un lugar subalterno en la ficción novelesca. La niña por ser mujer, la nana estará marginada por su grupo por mostrar cariño a la niña ladina, y los indígenas, por ser considerados inferiores por los blancos.
En la segunda parte de la novela la nana no aparece, se ha quedado en Comitán y la niña aparece en contadas ocasiones y en ningún momento se menciona su nombre, mientras que el varón se llama Mario. En la escena que aparece la niña es para decir: “Quiero irme con mi nana” (250), mostrando donde está su cariño.
En la tercera parte cuando la nana le advierte a Zoraida de la amenaza de muerte de los brujos de Chactajal contra su hijo Mario, la madre la echa de casa y deja a la niña desamparada. La niña seguirá pensando en el único ser humano que le demostró cariño: “Cuando cierro los ojos en la noche se me representa el lugar donde mi nana y yo estemos juntas” (336). Por lo tanto esta relación afectiva que mantienen la nana y la niña puede traer un poco de esperanza para la comunicación entre ladinos e indígenas.

A MODO DE CONCLUSIÓN

La novela (Gil Iriarte, 1999, 153-161) retrata el proceso de conocimiento de una niña de 7 años que lo primero que tiene que aprender es que los indígenas no son iguales a los ladinos, que no hay posibilidad de entendimiento y que, por tanto, el diálogo entre las dos razas es imposible.
Dos discursos actúan en la novela, que sólo logran unificarse en unos pocos momentos y siempre en el personaje de la niña, que hace de intermediaria entre las dos culturas. Por una parte tenemos el discurso indígena, manifiesto en el mismo título de la novela- Balún Canán- y en los epígrafes que encabezan cada una de las tres partes o la aportación de los relatos orales y creencias de la nana.
Por otra parte tenemos el discurso hegemónico de los ladinos, que se divide en varias voces. Por un lado el discurso patriarcal del patrón, que ostenta la razón de la fuerza y manifiesta su superioridad racial. Luego vendría el discurso patriarcal del estado, representado por la política agrarista de Lázaro Cárdenas (1934-1940), discurso fallido ya no logra mejorar las condiciones de vida del pueblo indígena. Y por último el discurso del patriarcado en los personajes femeninos, que asumen su condición inferior de mujer y cooperan con su opresión.
La incomunicación no sólo se produce entre las dos razas, también afecta al entendimiento entre sexos. La niña no se comunica con su hermano, Mario; los amores que traspasan las fronteras de las clases sociales son siempre imposibles, como es el caso de Ernesto y Matilde (bastardo y hacendada); pero tampoco hay felicidad en la pareja canónica de Zoraida y César. También la pareja indígena formada por Felipe y Juana sufre la incomunicación por mujer y por estéril.
En la novela se critica la aplicación de la Reforma Agraria y también se critica la injusticia social, que cometen los hacendados contra el pueblo indígena. En efecto la reforma agraria del periodo cardenista proponía un reparto de tierras más justo, contemplaba el derecho al salario y a la educación de los indígenas, y quería acabar con el poder omnímodo de los hacendados.
También se censura el modo en que se llevaron a cabo las reformas, que si bien prometía un futuro más justo para los campesinos, al no ser aplicada la ley por personas eficientes, sino estando presente, a menudo, la corrupción, el fracaso era palmario. El ejemplo es la creación de la escuela. César Argüello, que no concibe que los indios necesiten educación más allá de las enseñanzas basadas en la fuerza, propone como maestro a Ernesto, su sobrino bastardo, que ni está preparado, ni sabe hablar la lengua de sus alumnos.
La primera referencia a la política agraria aparece en el capítulo VIII de la primera parte. El tío David, personaje extraño y aventurero, es el primero en vislumbrar que la situación de los hacendados está cambiando. Para explicar la nueva situación el tío David entona una canción y vaticina los cambios que van a venir: “Templa la guitarra, carraspea con fuerza y suelta su voz cascada, insegura. Ya se acabó el baldillito/ de los rancheros de acá… (…)- Pues ahora se acabó. Si los patrones quieren que les siembren la milpa, que les pastoreen el ganado, su dinero les costará. ¿Y saben que cosa va a suceder? Que se van a arruinar. Que ahora vamos a ser todos igual de pobres” (150).
El primer indicio del conflicto es la lucha interna de los propios indígenas, que se dividen en dos bandos, los fieles al patrón y los rebeldes. Los indígenas fieles al patrón son obedientes por miedo y porque desconfían de las leyes dictadas por otros hombres blancos. La corrupción entre hacendados y funcionarios es tan común que los indígenas más viejos no creen que el estado promulgue leyes en su defensa. En realidad existía un pacto no escrito entre los hacendados y los funcionarios, que aplicaban las leyes favoreciendo siempre al ranchero y castigando al indio que se rebelaba contra la autoridad del patrón.
Por lo tanto la reforma agraria no sólo tuvo que vencer la oposición de los hacendados y funcionarios corruptos, sino, incluso, luchar con la desconfianza de un sector muy numeroso de indígenas. Pero hay otro sector indígena, el rebelde, liderado por Felipe Carranza, que conoce la lengua del poder y sirve de puente entre los buenos propósitos de la ley y el recelo de su pueblo. Felipe ha escuchado a Cárdenas en Tapachula y sus palabras le sirven para no temer al patrón.
La novela se muestra pesimista en cuanto al triunfo de las reformas. Al final el poder del hacendado se anula por la muerte prematura de Mario, que impedirá que el poder de los Argüello continúe; además el otro hacendado que aparece en la novela es Jaime Rovelo y su hijo, representante de los intelectuales, que no quiere seguir explotando a los indígenas, se incorpora a la modernidad del país.
Así pues, Rosario Castellanos apunta en su novela que el triunfo de los ideales revolucionarios necesita no sólo una buena educación de los indígenas, sino también de las clases acomodadas que carecen de una formación intelectual que les permita comprender los procesos de cambio.
El ladino pretende prolongar su poder haciendo creer al indígena que su superioridad racial es de orden natural. Y esa ilusión de supremacía racial se basa en tres pilares: hablar castellano es sólo propio de ladinos, la posición social y la religión católica frente a la idolatría indígena.
El patrón se comporta ante sus peones con una autoridad despótica y basa la continuidad de su poder en la ignorancia indígena. Por ello el conflicto que provoca el enfrentamiento entre ladinos e indígenas es, precisamente, la creación de la escuela y el derecho a la educación, no el reparto de tierras. La construcción de la escuela es la promesa de un futuro mejor, por ello Felipe escribe el documento fundacional, semejante al que tiene el patrón, por el cual tiene la posesión de las tierras y el dominio sobre los indígenas.
Al comienzo de la novela las palabras de la nana hablan de cómo se les arrebató la palabra, la memoria y con ellas las tierras; pues ahora Felipe, al restaurar la memoria colectiva y devolver la palabra a su pueblo, da el primer paso para recuperar las tierras arrebatadas por los blancos. Precisamente Felipe, su calidad de líder, su ejercicio de la libertad, le viene dado por su educación: habla “castilla” y sabe leer y escribir.
Allí en “Chactajal”, que significa lugar donde mana el agua, tiene que comenzar una nueva etapa para los indígenas, porque son esas tierras las que fueron arrebatadas al pueblo tzetzal por los Argüello. Es importante señalar que en los dos textos la idea de propiedad está ligada a los conceptos de palabra, memoria y cultura. Así comienza el título de propiedad de “Chactajal”: “Yo soy el hermano mayor de mi tribu. Su memoria” (178); y así termina el texto escrito por Felipe que registra la construcción de la escuela. “Esta es nuestra casa. Aquí la memoria que perdimos vendrá a ser como doncella rescatada de la turbulencia de los ríos (…) (237). Los indígenas reclaman, sobre todo, el derecho a su propia cultura.
El tema de la incomunicación es medular entre ladinos e indígenas y no es sólo culpa del patrón, la niña ha aprendido, que los indios que aman a los blancos son castigados por los brujos y ella que había estado ubicada entre las dos culturas, que había actuado de intermediaria, comprende que no puede seguir formando parte de los dos mundos. Al final de la novela, cuando afirma no conocer a su nana, porque “todos los indios tienen la misma cara”, vemos que se decanta por el mundo ladino. Ante esta incomunicación la salida que ofrece la novela es la propuesta educativa indígena, que le enseñe a conocer y respetar su propia cultura, y de este modo podrá conocer la cultura del otro.
El último tema que subyace en Balún Canán es el aspecto político, que se refiere a la lucha entre los intereses de la rancia oligarquía latifundista contra la naciente burguesía mejicana. La expropiación de tierras a rancheros no refleja sólo una medida política para beneficio del indígena, sino que tiene el trasfondo de los intereses de la nueva burguesía, a la que interesa disminuir el poderío latifundista por retardatario. Si al final de la novela los Argüello no pueden continuar por falta de heredero, tendrán que integrarse en la nueva clase burguesa, que ha triunfado sobre un sistema caduco. Estamos asistiendo a un proceso de transformación capitalista de la economía mejicana y al gobierno pos-revolucionario no le interesaba mantener el sistema latifundista, que lastraba el crecimiento económico del país.
Esta pugna entre oligarquía y burguesía lleva aparejada otra dicotomía de tradición/ modernidad latente en la novela. Los indígenas son, realmente, los encargados de materializar el cambio, pues deben rechazar el poder del patrón (la tradición) y aceptar una serie de reformas (modernidad), que ellos ni siquiera comprenden, puesto que, otra vez, son meros instrumentos de las dos clases que realmente compiten, la oligarquía y la burguesía.
Según lo expuesto parece que el mensaje de la novela no se limita a la reivindicación de los indígenas, sino que intenta crear una conciencia de clase solidaria entre los diversos sectores sociales.

BIBLIOGRAFÍA:
Basaurí Carlos (1940), La población indígena de México, Etnografía II, Secretaría de Educación Pública, México.
Carballo Emmanuel (1965), Diecinueve protagonistas de la literatura mejicana del siglo XX, Empresas Editoriales, México.
Castellanos Rosario (1966), Los narradores ante el público, Joaquín Mortiz, México
-: Balún Canán (2004), Edición de Dora Sales, Cátedra, Madrid.
Gil Iriarte Mª Luisa (1999), Testamento de Hécuba. Mujeres indígenas en la obra de Rosario Castellanos. Universidad de Sevila, Sevilla.
Mejías Alonso Almudena (1983), La obra narrativa de Rosario Castellanos, Editorial de la Universidad Complutense, Madrid.


Madrid, 18 de mayo de 2011

sábado, 4 de diciembre de 2010

ESTUDIO CRÍTICO DE PLENILUNIO DE Antonio Muñoz Molina

Antonio Muñoz Molina, Úbeda (Jaén) , 1956

Antonio Muñoz Molina publicó su novela “Plenilunio” en 1997 en la editorial Alfaguara de Madrid. La novela se presenta con tapas duras y en la portada aparece “El Coloso” de Francisco de Goya y la luna llena en el lomo. Lleva una dedicatoria: “Para Elvira , que tenía tantas ganas de leer este libro”; para la también escritora Elvira Lindo, su mujer, suponemos, que va dedicada la novela. A partir de ahí comienza la narración: “De día y de noche por la ciudad buscando una mirada. Vivía nada más para esa tarea “.
En cuanto a la génesis de “Plenilunio”, según una entrevista realizada por Justo Serna publicada en WWW.ojosdepapel.com, el novelista manifiesta: “Las primeras pistas sobre (…) “Plenilunio” las tuve en 1987. Muñoz Molina ha declarado que reparó en una fotografía publicada en un periódico americano de un individuo de rostro bondadoso acusado de un crimen horrible cuando estaba con “El jinete polaco”, a raíz de una noticia concreta que me impresionó”. Esto le llevó a cuestionarse si los rasgos del rostro y muy especialmente de la mirada, delatan la conciencia del mal.

Pero veamos cuál es su argumento: Un innominado inspector de policía que ha estado destinado muchos años en el País Vasco (Bilbao) en la época de más asesinatos de la banda terrorista ETA con la consiguiente vida angustiosa marcada por el miedo y las amenazas, obtiene destino en la ciudad donde pasó su adolescencia en un internado de los jesuitas. El inspector busca la tranquilidad y la seguridad que no había tenido en Bilbao. El contacto con el dolor y la muerte provocados por el terrorismo y la relación distante con su mujer le han convertido en un individuo infeliz y escéptico.
En su nuevo destino vuelve a encontrar otro tipo de violencia irracional, la que protagoniza un asesino y violador de menores, un hombre de aparente vida normal, pero perturbado, que se dedica a violar o asesinar niñas en las noches de luna llena (Plenilunio).
Alrededor de las investigaciones policiales se describe la vida de los personajes que mantienen relación estrecha con el inspector: su mujer (innominada), la maestra Susana Grey, el padre Orduña, el médico forense Ferreras y el propio asesino. El eje de la novela no es la acción, secundaria y dosificada, sino la reflexión sobre las vidas de estos personajes, condenados a la derrota y al fracaso.
El inspector dedica todo su tiempo a la búsqueda del criminal, que esperaba conocer por la mirada y que logra detener gracias a la constancia y a la perspicacia policial. Como contrapunto a esta historia criminal el inspector vuelve a encontrar el amor con una maestra 20 años más joven que él, que le devuelve la ilusión de vivir.
De fondo la sombra del terrorismo que padeció en el Norte planea de nuevo sobre él. Al final es víctima de un atentado de ETA, del que sale mal parado.

Los personajes de “Plenilunio” son individuos desilusionados que ya no esperan nada importante de la vida. El inspector ha llevado una vida dura en Bilbao, que ha provocado la enfermedad mental de su mujer. El asesino muestra su frustración familiar y vital. El padre Orduña acusa el fracaso de sus ideales y el olvido a que está sometido. Susana Grey, la maestra, lleva una vida solitaria provocada por el fracaso matrimonial y por el abandono de su hijo en la adolescencia. Susana es el único personaje que lucha contra su vida gris. Ella lleva la iniciativa en la relación amorosa con el inspector y además toma la determinación de abandonarlo todo para un cambio de vida en Madrid.
Sólo el final de la novela abre un camino a una vida más halagüeña, que la relación de Susana y el inspector se consolide, que la fe religiosa del asesino sea sincera y que el forense Ferreras consiga la felicidad.
Veamos ahora las características de los personajes:
El inspector: Lo primero que se nos hurta es el nombre y de su aspecto físico sólo nos dice que tiene el pelo gris, mediana edad y ropa más bien del norte que de su nuevo destino. Es un policía normal, con problemas amorosos, que hasta hace poco abusaba del alcohol, del tabaco y visitaba los prostíbulos. Ha llegado a esta situación por la vida traumática ( atentados, amenazas, llamadas telefónicas) que ha llevado en el País Vasco, que ha destrozado psíquicamente a su mujer. En el nuevo destino intenta rehacer su vida y entabla relaciones con Susana Grey, con quien va a descubrir la pasión y el amor; pero siente culpabilidad por la enfermedad de su mujer y esto le impide romper con el pasado.
El inspector tiene un pasado de espía, de policía social durante la dictadura. Aunque era hijo de un preso político, cuando era joven se ganaba la vida en la universidad pasando informes sobre los estudiantes politizados: “me han contado que este cabrón empezó de social, cuando Franco, denunciando gente” (pág. 174), escribe el terrorista que vigila al inspector, lo que nos da idea de la amenaza de atentado.
En el aspecto profesional es un policía concienciado y entregado a su trabajo. Él es el que lleva el peso de la investigación del crimen con obsesión. El inspector tiene elementos de la novela negra: una vida difícil, un sentimiento de desarraigo y la búsqueda de la verdad en un contexto violento.
El asesino,también innominado. Se puede considerar el antagonista del inspector. Al principio el narrador va dosificando la información sobre el sospechoso, algo habitual en las novelas policíacas. Reitera que el asesino debe llevar el mal impreso en la mirada. Después nos va dando los primeros datos: es un joven moreno, con una mano herida y con una profesión manual.
Luego nos va revelando la identidad del asesino a través de sus actos y pensamientos. Se trata de un personaje atormentado, frustrado y acomplejado por el diminuto tamaño de sus órganos sexuales , por su impotencia, por su oficio de pescadero y por su origen humilde. De su aspecto físico destaca el gran tamaño de sus manos, sus uñas sucias y rotas y sobre todo el olor a pescado que impregna toda su ropa.
En el aspecto moral desprecia a sus padres, consume películas pornográficas y es un reprimido a nivel social, sexual y profesional. Como no es capaz de tener relaciones con chicas normales busca su desahogo atacando a prostitutas o abusando de menores.
Susana Grey es la maestra de la niña asesinada, Fátima, pero su papel es singular, porque va a ser el centro de la trama amorosa con el inspector. Su vida insatisfactoria procede de un fracaso matrimonial con un hombre con el que nunca fue feliz y por la frustración que supone el hecho de que su hijo decida irse a vivir con su padre cuando llega a la adolescencia. Susana es una mujer decidida que lucha por conseguir la felicidad. Ella es la que lleva la iniciativa en la relación amorosa con el inspector. Estamos ante una mujer culta, amante de la literatura y de la música. Frente a los demás personajes, Susana se muestra sensible, culta e inteligente. Ella es el nexo de unión que une a todos los personajes, pues es amante del inspector, amiga del forense Ferreras, profesora de la niña asesinada y cliente del asesino.
El ex marido de Susana muestra el fracaso de unos ideales progresistas mal asimilados y peor llevados. Sólo Susana abandonada por el marido y por el hijo muestra una capacidad efectiva para sobreponerse al fracaso y al miedo a la soledad.
El Padre Orduña, este personaje, viejo sacerdote jesuita y ex profesor del inspector, sirve para poner de manifiesto el contraste entre el franquismo y la transición democrática. Aparece caracterizado como un cura obrero empeñado en conjugar el cristianismo con el comunismo. Es una figura arquetípica de los últimos años de la dictadura. Se trata de un hombre de otra época, la realidad le ha desbordado y no encuentra su sitio en la nueva sociedad.
Su papel en la novela consiste en explicar la infancia del inspector, hijo de un represaliado en la guerra civil al que, como profesor, no ha conseguido transmitir sus ideales. También cumple la función de escuchar al inspector en una confesión laica mediante la que conocemos sus frustraciones y debilidades.
El forense Ferreras tiene dos funciones en la novela, la primera la propia de su profesión: el informe sobre la muerte y la violación de las niñas. Es un profesional cuidadoso y riguroso con su trabajo. La segunda función es la de informarnos del pasado de Susana recién llegada a la ciudad, pues era amigo de su marido hasta que se fuga con su novia.
En cuanto a su carácter se muestra jovial, impulsivo y charlatán.
La mujer del inspector: Este personaje ayuda a comprender la soledad del inspector. Su matrimonio no ha sido feliz y se agrava con los problemas psiquiátricos como consecuencia de la violencia sufrida en el País Vasco. Esto hace que el inspector se sienta responsable de su estado y no se decida a terminar su relación con ella. Ella es el principal escollo para que el inspector sea feliz con Susana Grey. Al final sólo sabemos que los médicos le van a dar el alta.
Fátima es la niña asesinada que el inspector conoce después de muerta por el testimonio de la maestra y por las fotos y vídeos domésticos. Procede de una familia obrera y es la mejor alumna de la clase.
Paula es la segunda niña atacada que sobrevive milagrosamente. Se muestra valiente y con la ayuda del inspector será capaz de afrontar la situación con entereza. El inspector va a establecer una relación muy cercana con ella, que choca un poco con la imagen dura y problemática que tenemos de él. Esto es un síntoma del cambio que se está produciendo en el inspector a raíz de su relación con Susana Grey.

En cuanto al tiempo, en “Plenilunio”, no hay ninguna referencia al año en que suceden los acontecimientos; sin embargo la novela se publica en 1997, por lo tanto los hechos que se narran serán anteriores a esta fecha y posteriores a 1975, porque todas las referencias al franquismo son en pasado. Hay algunos indicios que nos aproximan a la fecha de la acción, por ejemplo el asesino manifiesta que ha visto varias veces la película “El silencio de los corderos”, estrenada en 1990. También Susana Grey compara la muerte de la niña, Fátima, con las violaciones y asesinatos realizados por los militares servios en la guerra de Bosnia. Esta guerra tuvo lugar entre los años 1991 y 1995. Así pues los hechos que se narran sucederán en los cinco primeros años de la década de los 90.
Por lo que se refiere al tiempo interno de la novela, la acción se desarrolla a lo largo de un año. El narrador aporta algunas referencias temporales: el inspector ha llegado a la ciudad “sólo unos meses antes, a principios de verano”; el crimen de Fátima sucede a finales del otoño o a principios del invierno; la violación de Paula se produce cuando faltaban dos semanas para las vacaciones de Navidad; el inspector (acostumbrado al Norte) dice que añora el frío y la lluvia del lejano invierno y el narrador dice que han pasado siete meses desde la muerte de Fátima. Con todos estos datos podemos afirmar que la novela se desarrolla siguiendo un orden lineal entre la primavera y el otoño de un año entre 1990 y 1995.
La mayor parte de la novela se desarrolla en un ambiente nocturno. Tanto el asesinato de la niña como la relación de Susana con el inspector suceden por la noche. Sólo los tres últimos capítulos se desarrollan a la luz del día, que simboliza la superación del temor tras la detención del asesino.

No se nombra la ciudad donde transcurre la acción de la novela, sólo se dice que es una ciudad “alta e interior”. Cuando la acción sucede fuera de la ciudad se describe el paisaje con elementos de ciudades andaluzas: olivares, cortijos, el color pardo o rojizo de la tierra, y además hay varias referencias al río Guadiana. Todo ello nos hace suponer que la ciudad donde suceden los hechos es Mágina, designación literaria de su Úbeda natal; pues encontramos el parque de la Cava, las plaza con la estatua del general, el hospital de Santiago y la parte antigua renacentista.
Los espacios exteriores tienen su importancia en la novela, ya que tanto el inspector como el asesino pasean a menudo por la noche por las calles de la ciudad. El inspector para detener al criminal y el asesino para gozar de la sensación de impunidad.
Los espacios interiores sirven para conocer mejor a los personajes, pues reflejan su personalidad y su modo de vida. La casa del inspector se describe como un piso vacío y este vacío físico no es más que una proyección de su estado de ánimo. El antiguo colegio donde vive el Padre Orduña nos ayuda a comprender mejor al personaje, pues se define como anticuado y decrépito. Las casas de las víctimas se caracterizan por la modestia propia de una familia trabajadora y por las abundantes fotografías de las niñas.
La decoración de la casa de Susana Grey refuerza su imagen de mujer culta e independiente.
La casa del asesino da una sensación de vulgaridad y opresión. Vive con sus padres, pero se encierra en su desordenada habitación, donde pasa las horas viendo películas pornográficas.
La cafetería de la plaza, el Monterrey, se describe desde la perspectiva del inspector. Su instinto de protección le hace sentarse en una mesa frente al ventanal que da a la plaza.
Estas precauciones hacen que sintamos el peligro de sufrir un atentado.

En “Plenilunio” nos encontramos con un narrador omnisciente en 3ª persona, que nos transmite con objetividad lo que ve, pero también lo que piensan o recuerdan los personajes. No los juzga, simplemente transmite lo que hacen o piensan.
Pero a pesar de que la tercera persona es el punto de vista predominante, aparece la confesión personal en 1ª persona inserta dentro de un diálogo. Por ejemplo cuando Susana cena por primera vez con el inspector le cuenta las vicisitudes de su fracaso matrimonial o cuando el inspector habla con el Padre Orduña sobre la búsqueda del asesino y sobre su vida en el colegio.
En cuanto a las técnicas narrativas tenemos varios hilos narrativos: el primero y primordial, la trama policial; el segundo las vivencias del inspector en el País Vasco y el temor a un atentado terrorista y el tercero, en contrapunto ante tanta desolación, la historia de amor entre el inspector y Susana.
En el desarrollo de la trama cada capítulo suele estar dedicado a un personaje. A veces en un mismo capítulo, de forma alterna, a personajes o acontecimientos distintos. Esta forma de narrar parece que tiene influencia del cine o de las series de televisión.
También utiliza la técnica del suspense para despertar el interés del lector. Se interrumpe el relato en momentos de máxima tensión dejando al lector con la intriga de lo que sucederá. Así en el capítulo 20 el asesino ha seguido a la 2ª niña, Paula, hasta el ascensor de su casa y una vez dentro, la narración se para de forma abrupta cuando golpea con fuerza el botón de stop. Tendremos que esperar hasta el capítulo 22 para saber qué ha pasado.
El suspense en la novela se construye sobre la oposición entre el avance de la investigación del crimen sexual y la planificación silenciosa del atentado de ETA contra el inspector. Sabemos que el asesino de la niña está libre y puede volver a actuar y sabemos, también, que un asesino acecha al policía, porque ha visto su imagen en televisión y sabe dónde encontrarlo. Pero estas dos líneas de suspense culminan al final de la novela, el asesino es puesto a disposición judicial y el terrorista conseguirá su objetivo: atentar contra el inspector.
Desde el propio título (Plenilunio) la luna está presente en casi todos los capítulos de la novela y en los momentos de clímax como luna llena. La luna actuaría a modo de elemento cohesinador. Veamos algunos ejemplos:
El inspector busca la mirada del asesino de noche, bajo la luz de la luna; los ataques se producen siempre con la luna en fase de luna llena; la luna es el único testigo del primer encuentro íntimo del inspector y Susana; la luna llena será la clave para la resolución del crimen. El inspector intuye que el asesino volverá al lugar del crimen esa noche.
Todo este protagonismo de la luna se basa en la creencia que la luna llena incita a las personas al mal.
Dentro del estilo podemos destacar el uso del polisíndeton y la abundancia de verbos para aumentar la tensión: “tropieza , cae entre dos coches y no llega a tiempo a adelantar las manos y su cara golpea contra las losas”.
En la presentación de los personajes aparecen la anáfora y el paralelismo para reforzar los rasgos que nos quiere transmitir: “las manos limpias, las manos blandas de tanta humedad, las manos rojas del trabajo y del frío, las manos con dedos grandes, con uñas cuarteadas de filos ásperos y córneos, las uñas siempre con un borde negro”.

SIGNIFICACIÓN:
Además del crimen y su investigación, “Plenilunio”, es una novela en la que el autor reflexiona sobre temas de actualidad como la violencia, el terrorismo, el mal, el amor, la insolidaridad de la sociedad actual y sobre el sensacionalismo de los medios de comunicación.
La violencia se manifiesta en los abusos sexuales a menores y en el asesinato de Fátima. También tenemos otro episodio, que recuerda el padre Orduña, sobre el abuso y asesinato de uno de los niños del internado a manos de un fraile perturbado. En ningún momento el narrador se muestra moralista, sino que se limita a contarnos los acontecimientos de forma objetiva. Pero el lector rechaza el mal y toma partido por las víctimas.
La otra violencia que planea por la novela es el terrorismo de ETA, que no sólo asesina con tiros en la nuca o coches bomba, sino que extiende su violencia al ámbito privado (policías y sus familias o empresarios extorsionados) con amenazas verbales, llamadas telefónicas a altas horas o con las pancartas en la calle. La mujer del inspector es víctima de esa otra violencia, que ha deteriorado su matrimonio y la ha llevado a un hospital psiquiátrico. La misma actitud desolada y escéptica del inspector es fruto de la amenaza del terrorismo.
Todos los personajes muestran su extrañeza sobre la existencia del mal y no son capaces de comprender los motivos que llevan al asesino a cometer los abusos sexuales y el crimen.
La insolidaridad de la sociedad se manifiesta en la impunidad con que actúan los asesinos. El secuestro de las niñas, el traslado hasta el parque, los restos de sangre no despiertan la sospecha de ningún ciudadano. Tanto los terroristas de ETA como el asesino pescadero logran cometer sus delitos ante la indiferencia, cuando no inhibición de los ciudadanos.
Otro tema presente es el del amor en una doble vertiente. Por un lado, el amor conyugal del inspector hacia su esposa, que es un amor roto, desgastado por el paso de los años y en el que no hay pasión. Pero el inspector no es capaz de romper el vínculo con su esposa, porque él se siente responsable de sus problemas psíquicos. La situación vivida en Bilbao, la presión y el acoso de ETA, son las causas de su internamiento en un psiquiátrico. Esto le impide iniciar una nueva vida con Susana Grey, que queda en adulterio.
La otra vertiente del amor la encontramos en la historia de amor del inspector con Susana Grey. La maestra aparece como la salvadora que le hace descubrir la auténtica pasión. Susana es el único personaje positivo de la novela. Se muestra como una mujer culta, aficionada a la literatura y a la música. Mujer divorciada, que ha tenido que criar a su hijo sola, que luego se va con su padre. Es una mujer independiente, que con 40 años, decide rehacer su vida tomando la iniciativa, algo impensable en décadas anteriores. Susana, la maestra, representa a la mujer moderna y liberada de las ataduras de la época de la dictadura.
También cabe destacar el sensacionalismo de los medios de comunicación, tan presentes en nuestra vida diaria. En efecto cuando se da la noticia del asesinato de Fátima, la plaza se llena de cámaras y de antenas móviles para transmitir al minuto, llegando incluso a los telediarios. En esta actitud de los medios parece que pesa más el morbo para lograr audiencia que la información. Prueba de ello es el abandono de todos los medios cuando pasa el momento y la investigación no avanza. Consciente de ello el inspector quiere evitar que la noticia del ataque de Paula llegue a la prensa. Este hecho va a ser fundamental para detener al asesino. También asombra la aceptación silenciosa de la violencia y del terror suministrados a diario por los medios de comunicación.
Muñoz Molina muestra al asesino como una figura despreciable sin que quepa ninguna coartada estética ni relativista y vuelca toda su piedad solidaria con el dolor de las víctimas y de su entorno.
En “Plenilunio” se hace un claro homenaje a las víctimas, frecuentemente abandonadas en el sistema jurídico español, si bien los asesinos tienen todo tipo de garantías procesales.
El autor parece buscar una reacción extrema de rechazo a la violencia. Como si la escritura tuviera una función catártica. Enfrenta al lector con detalles de unas descripciones que pueden herir su sensibilidad y su conciencia moral: “Los muertos hablan, decía Ferreras (…), muestran sin palabras todo lo que fueron (…), el hígado hinchado por el alcohol, las caries, el alquitrán en los pulmones (…), la irritación en los esfínteres por falta de higiene, los efectos del trabajo en las manos, las huellas de la nicotina”. (págs. 163-164).
La novela fue bien recibida por la crítica (Juan A. Masoliver en “La Vanguardia”, Ricardo Senabre en el “ABC Cultural” y García-Posada en “El País”) y por el público lector y recibió varios premios nacionales e internacionales: Premio Euskadi de Plata (19979; Premio Femina Etranger a la mejor novela extranjera publicad en Francia; Premio de la revista “Elle” y Premio “Crisol” en 1998.
En el año 2000 Imanol Uribe estrenó la adaptación al cine de “Plenilunio”. Colaboró en la adaptación Elvira Lindo en calidad de coguionista. Interpretó al policía Miguel Ángel Solá, al Padre Orduña Fernando Fernán-Goméz y al asesino y violador Juan Diego Botto.

Ediciones de “Plenilunio”:
Alfaguara, 1997 (1ª edición);Círculo de Lectores, 1997; Suma de Letras, 2000;Punto de Lectura, 2008.

Novelas de Antonio Muñoz Molina:
Beatus ille (1986), El invierno en Lisboa (1987), Beltenebros (1989) El jinete polaco (1991), Ardor guerrero (1995), PLENILUNIO (1997), Carlota Fainberg (1999), En ausencia de Blanca (1999), Separad. Una novela de novelas (2001), Ventanas de Maniatan (2004), El viento de la luna (2006) y La noche de los tiempos (2010)

BIBLIOGRAFÍA:
. Alarcos Llorach, Emilio. “Antonio Muñoz Molina: la invención de la memoria” en Historia y crítica de la L. E. Vol. 9. “Los nuevos nombres”, 1975-1990.
. Andrés-Suárez Irene y Casas Ana (coods.). “Cuadernos de narrativa Antonio Molina”. Grans Seminaire de Neuchâtel. Coloquio intenacional Muñoz Molina, 5-6 de junio de 1997. Edit Arco/Libros S. L. Madrid, 2009.
. Bejines Hormigo, José Manuel. “El tratamiento de la víctima en “Plenilunio y Sefarad” en “Guerra y Literatura”. Actas de XIII Simposio internacional sobre narrativa contemporánea. El Puerto de Santa María (Cádiz), 2006.
. Díaz Castro, Francisco. “Novela española de fin de siglo”. Lleonard Muntaner Editor. Palma de Mallorca, 2001.
. Soria Olmedo Andrés. “Una indagación sobre la obra de AMM.” Alfaguara. Madrid, 1998.

Revistas:
- “Clarín, nº 9, 1997. “Plenilunio de Antonio Muñoz Molina” de Ana Rodríguez Fisher
- “Letras de Deusto”,Vol. XXXI, nº 92. Bilbao, 2001: “La narrativa de Antonio Muñoz Molina: de Beltenebros a Plenilunio” de Marta Beatriz Ferrari.
- “Taller de Letras, nº 31, 2002: “Plenilunio de Antonio Muñoz Molina: trasfondo político-literario de un crimen sexual” de H. Neira.