lunes, 13 de junio de 2011

DEMETRIO MACIAS en Los de abajo de Mariano Azuela





La novela se inicia con el intento, por parte de tres soldados federales, de robo y violación del hogar de Demetrio. El héroe víctima de una injusticia sale al mundo a cumplir su destino; podía haber iniciado la revolución en su propia casa, fusilando a los tres federales, si hubiera hecho caso a su mujer:
-“¡Mátalos!”
-¿Por qué no los mataste?
- Seguro que no les tocaba todavía”- contesta Demetrio1
Aquí ya muestra un raro temple el personaje de Demetrio Macías.
La mujer y el hijo se refugian en casa del suegro y Demetrio huye a la sierra, mira a lo lejos y ve que su casa arde en llamas. Demetrio es un perseguido, que se ve obligado a separarse de su mujer y de su hijo e inicia su camino de revolucionario neófito.
Continúa la marcha el futuro héroe y va al encuentro de otros perseguidos, que lo reconocen como jefe natural al grito de: -“Viva Demetrio Macías” (82), unos 25 de “los de abajo”. Tienen una primera escaramuza frente a las tropas federales, a las que causan importantes bajas y ellos pierden sólo dos hombres. Demetrio es herido en una pierna.
Siguen avanzando por la escarpadura de la sierra y se encuentran con los campesinos que los acogen generosamente y les animan a seguir adelante: -“Dios les bendiga (…) Ahora van ustedes; mañana correremos nosotros, huyendo de la leva, perseguidos por esos condenados del gobierno” (89).
En el capítulo V aparece el curro Luis Cervantes, que ha desertado de los federales. El curro sería el intelectual de clase media que va a asesorar al instintivo Demetrio Macías. Cervantes al presentarse dice que es un estudiante de medicina y periodista ocasional; y le manifiesta al grupo, que persigue la misma causa que ellos, y le pregunta Demetrio: -¿”Pos cuál causa defendemos nosotros?” Cervantes no supo qué contestar. Sus compañeros son partidarios de fusilarlo. Demetrio manda que lo encierren en el corral y mañana veremos, dando muestras por segunda vez de un temple distinto.
El discurso del narrador, por su parte, nos informa de la personalidad de Cervantes, de su rápida transformación política, de reaccionario federal a revolucionario acomodaticio y futuro logrero.
Cervantes, en su calidad de estudiante de Medicina, cura a Demetrio y va ganando su confianza e intenta captar a los alzados para la causa de la Revolución. El curro ha intuido la talla, la personalidad de líder nato de Demetrio y quiere abrirse un hueco a su sombra, medrar, sacar provecho de la Revolución. El estudiante trata de encauzar la rebelión de “los de abajo” con la causa revolucionaria nacional, para que, a la hora de la victoria de la Revolución, el poder y la fortuna sean compartidos. Demetrio y los suyos sólo aspiran a ganar el derecho de volver en paz a su tierra. El asesor insiste en que la causa personal de la huida- el choque con el cacique don Mónico- debe integrarse en el movimiento social de reivindicación de los derechos del pueblo. Las palabras cargadas de demagogia del intelectual calan levemente en la mente del héroe y sus hombres. En cierta medida Cervantes proporciona a la guerrilla la ortodoxia revolucionaria.
Un segundo hecho de armas tiene lugar asaltando un destacamento de las tropas federales antes de llegar a Fresnilllo y la victoria es total.
Demetrio, ya con 100 hombres, se dirige a Fresnillo y es presentado al general revolucionario Pánfilo Natera, del ejército de Pancho Villa. Natera, que ya tenía noticia de las victorias de Demetrio, le saluda efusivamente y le llama una y otra vez “mi coronel”. El héroe se inserta en el mundo exterior, en la Revolución, que representa Natera, que le otorga el grado de coronel revolucionario.
Con el general Natera va el señor Solís, que conoce a Luis Cervantes y se extraña de verle con “los de abajo”, pues antes escribía soflamas políticas en la prensa tachando a los luchadores por la libertad de bandidos. Luis Cervantes le confiesa que está convencido de la necesidad de la revolución, mientras que Solís le muestra su escepticismo.
Ante la presencia de Demetrio, “Alberto (…) lo felicitó efusivamente por sus hechos de armas, por sus aventuras, que lo habían hecho famoso, siendo conocidas hasta por los mismos hombres de la poderosa división del Norte” (135).
Demetrio Macías, muy contento, le dice al curro Cervantes: -“Ya soy coronel de veras, curro… Y usted, mi secretario” (135). Y la primera actuación del nuevo coronel, después de la parranda de anoche, en la que aparecieron dos reclutas muertos, dijo: -“Psch!... Pos que los entierren” (136), con total impasibilidad.
Una nueva hazaña de los hombres de Demetrio asombró a los revolucionarios infligiéndole al enemigo múltiples bajas en la toma de Zacatecas.
El personaje de Solís sirve para desenmascarar al curro Cervantes y también para mostrar la carga de desilusión que sobre el desarrollo de la revolución tiene el narrador.
Solís vuelve a dar muestras de su acendrado pesimismo: ¡Pueblo sin ideales, pueblo de tiranos!... ¡Lástima de sangre!” y antes había dicho: “la psicología de nuestra raza, condensada en dos palabras: ¡robar y matar!” (143).
Al final de la primera parte Solís muere sin heroísmo, lo alcanzó una bala en el vientre y:”Después, oscuridad y silencio eternos” (144).
Comienza la segunda parte con la celebración de la victoria de Zacatecas, con los excesos de los vencedores: el saqueo (los avances), la borrachera, el lupanar… Demetrio participa en todo pero no llega al exceso, mantiene una cierta serenidad que lo preserva por encima de sus hombres. Sigue dando muestras de una personalidad diferente.
Luis Cervantes, ya su secretario, le comunica que le ofrecen un banquete para celebrar la victoria de Zacatecas y el merecido ascenso a general. El águila, insignia del grado de general, es figura emblemática del escudo nacional mejicano, en que un águila está a punto de devorar una serpiente. Y simboliza –en el escudo y en la actitud de Demetrio- ese anhelo de redención de la raza.
Luis Cervantes de los famosos “avances” obtiene un cuantioso botín (dos diamantes).
La tercera etapa de la aventura del héroe, es la del regreso, el retorno a la tierra, a Moyahua y la inicia Demetrio en plena gloria, rodeado de su Estado Mayor. Y este retorno tiene un objetivo aplicar la ley del Talión al cacique don Mónico, reparar el acto de injusticia que lo lanzó al mundo. Don Demetrio, ya general, da orden a Luis Cervantes. –“¡Que se le pegue fuego a la casa!” (164). No permitió el saqueo. Nadie comprendió el extraño proceder del general.
Luis Cervantes intenta abrirle los ojos sobre la actitud de Villa y Carranza (pura lucha por el poder), nada de ideales; mientras que Demetrio se ha levantado en defensa de los derechos del pueblo, pisoteados por el cacique.
Luis le propone salir fuera del país con el botín. Demetrio le contesta, que aunque no sabe qué causa defiende, que no es cosa de hombres dejar la revolución.
Pero ya se van viendo signos de descomposición de la convivencia del grupo, e incluso de degradación de la misma lucha: la única batalla que libran resulta una matanza de unos fanáticos religiosos: “un cura (…) con un centenar de ilusos (…) reunidos bajo la vetusta bandera de “Religión y Fueros” (172).
La misma descripción del paisaje presagia algo negativo: “la tristeza de las calles, el silencio de terror de los moradores”, la tristeza de Demetrio y su presentimiento: “a mí me va a suceder algo”.
Derrotado Huerta, la revolución continúa, ahora entre Villa y Carranza.
Le pregunta Demetrio a Cervantes: (…) ¿ yo qué pitos voy a tocar a Aguascalientes?” (184) y le contesta el curro que a dar su voto para Presidente provisional de la República y Demetrio manifiesta su desconocimiento y desinterés por la política (sigue como al principio). Demetrio llega a Aguascalientes y se entrevista con el general villista Natera y éste le dice: (…) ¡sigue la bola! ¡Ahora Villa contra Carranza!” (191). Natera le pregunta su opinión y Demetrio dice que se trata de seguir peleando, por mi lado no hay problema. –“¿Y de qué parte se va a poner?” Y Demetrio le viene a decir que estará a sus órdenes, se abraza al villismo.
Vemos, pues, que el héroe, que no entiende de política, abandona los motivos por los que dejó su jacal y se encamina a la derrota. Y aquí hay un cambio importante, quizá inconsciente, de su personalidad, se deja llevar por su valedor, el general profesional Natera.
La tercera parte comienza con una carta de Luis Cervantes, que ya se ha puesto a buen recaudo en El Paso, Texas con el botín conseguido. Villa es derrotado en Celaya y Carranza es el nuevo Presidente de la República.
Entra en escena el loco Valderrama, poeta romántico, que por loco y por vate dice verdades: -¿Villa?... ¿Obregón?...¿Carranza? (…) ¿Qué se me da a mí? ¡Amo la Revolución como el volcán que irrumpe! (Amo) a la Revolución porque es revolución” (198). Este parlamento del loco Valderrama deja pensativo al general. Después el vate Valderrama toma la vihuela y entona “El enterrador” y logra arrancarle las lágrimas al general, va de la bravura a la ternura.
Al héroe, su filiación política: el villismo, lo lleva a la derrota y él lo intuye. Crece el descontento entre la tropa de Demetrio, porque se ha llenado de federales advenedizos, que cubren las bajas de su Estado Mayor. La protesta la expone Anastasio y el general le dice que tiene razón, pero que no hay salida, que hay que dar ánimo a la gente, porque ha recibido una orden de regresar a Cuquío a detener una partida de “carranclanes”.
Entran en Juchipila y están tocando las campanas para el culto, no para recibirlos a ellos, como cuando se alzaron
Demetrio se encuentra con su mujer y su hijo, después de casi dos años de ausencia. Demetrio la encontró envejecida, como si hubieran pasado diez o veinte años. Sólo cuando miró a su hijo, notó su parecido, le dio un vuelco el corazón. La mujer le pide que se quede, que abandone la Revolución, que teme que le va a pasar algo, pero nuestro héroe trágico seguirá su destino. La mujer le pregunta: -“Por qué pelean ya Demetrio? Éste toma una piedrecita y la arroja al fondo del cañón y dice: -“Mira esa piedra cómo ya no se para” (207).
Emprenden la marcha con algazara y Demetrio, aún recuerda, cómo en esta misma sierra, con 20 hombres le causó 500 bajas a los federales. Enseguida comienza el tiroteo en el cañón y el enemigo con sus ametralladoras hace que los hombres de Demetrio caigan como espigas cortadas por una hoz.
Demetrio llora de rabia y de dolor cuando caen Anastasio Montañés, Venancio o Meco. Desmonta, se parapeta y empieza a disparar sin fin: “Y al pie de una resquebrajadura enorme y suntuosa como pórtico de una vieja catedral, sigue apuntando con el cañón de su fusil” (209). Actitud utópica de un revolucionario puro, de los de abajo, que se vio envuelto en los intereses políticos de los de arriba.

BIBLIOGRAFÍA:
Azuela Mariano, Los de abajo, Edición de Marta Portal, Cátedra, Madrid, 1980.
-: Edición crítica de Jorge Ruffinelli, Los de abajo, ACCA. Madid-París-Roma, 1988.
Dessau Adalbert. La novela de la Revolución mexicana. F. C. E.. Méjico, 1972.
Portal Marta. Proceso narrativo de la Revolución Mejicana. Espasa Calpe. Selecciones Austral. Madrid, 1980.
Valbuena Briones, Ángel. Literatura hispanoamericana. Gustavo Gili. Barcelona, 1967.

Madrid, 2 de marzo de 2011.