miércoles, 22 de febrero de 2017




              LAS MUJERES  DE ANDRÉ BRETON
              (Simone Kahn, Jacqueline Lamba y Elisa Claro)



 
 
 
 
 
 
 
 
 
André Breton nació el 19 de febrero de 1896 en Trinchebray (Normandía). Era hijo único de Marguerite- Marie-Eugénie Le Gougès y de Louis-Justin Breton, policía.

Y efectivamente la primera mujer en el ámbito del ser humano es la madre, Margarita, que era profundamente religiosa, frente al ateísmo de su padre, Louis. Además las relaciones afectuosas entre madre e hijo fueron ‘deficitarias’.

Breton, años más tarde, describió a su madre como autoritaria, trivial, resentida y preocupada por la integración social y el éxito. A pesar de todo mantuvo contacto regular con sus padres, mediante cartas y visitándolos en verano; pero con su madre la relación estuvo marcada por el resentimiento.

El primer amor, la primera mujer de André Breton fue su prima, por parte de madre, Manon, quien, supuestamente, le inició en la sexualidad.

Madaleine-Marie-Loise Le Gougès, Manon, diminutivo que le puso el propio Breton, era un muchacha precoz, madura y provocativa y la relación que tuvo con su primo, no fue más que un flirteo.

El padre de Manon, Louis, único hermano de Marguerite, era médico de carrera y había prestado sus servicios en Argelia, Túnez y Bélgica, razón por la cual Manon era una jovencita mucho más viajada y sofisticada que la mayoría de las chicas de su edad. Además se había convertido a los 15 años en una morena seductora y la atracción no tardó en llegar.

Estamos en 1915 y Manon visitó a Breton en Nantes, se hospeda en una habitación contigua a la de Breton y pasan parte de la noche en el balcón contemplando las estrellas; después de cuatro horas el joven Breton no había podido superar la timidez. A la mañana siguiente, la joven decepcionada le escribió una carta reprochándole su timidez.

Breton en una carta a su amigo, André Paris, estudiante de Farmacología le dice:

“¡Bah! Dormí con Manon el domingo: Una noche entera. Ya no la amo más (…) Estoy educándome en pos de un platonismo absoluto. ¡La mujer es un apura belleza plástica!, que requiere una contemplación muy casta1.”

¿Cómo podemos interpretar esta confesión? ¿Mera fanfarronería o que la experiencia sexual no había estado a la altura de sus expectativas? Breton con 17 años no estaba preparado para una relación física con Manon. Sin embargo sigue con su fanfarronería y dice que le produjo más placer negándole la omnipotencia de su encanto, que haberla poseído.



 
 
 
                                                        Simone Kahn (1921-1929)
 
 
 
 
 
 
La primera esposa de Breton fue Simone Kahn y la conoció a finales de junio de 1921, mientras paseaba por los Jardines de Luxemburgo con Thèodor Fraenhel y su prometida, Bianca Maclés (ambos eran íntimos de Simone)

Simone era una muchacha morena y encantadora de 23 años. Había nacido en Iquitos (Perú), donde su familia, judíos alsacianos, había prosperado con la industria de explotación del caucho y luego regresaron a París e invirtieron su fortuna. Había pasado la mayor parte de su vida en París, asistiendo a prestigiosas escuelas y desarrollando una amplia cultura en filosofía y literatura.

Breton se fue de vacaciones a Lorient (lugar de residencia de sus padres) en julio y desde allí le escribió casi a diario. Las cartas consistían en una difusa exploración de sí mismo, un intento de presentar su persona. Simone le servía de espejo y volcó toda su interioridad en estas misivas.

El amor de Breton a Simone se incrementó con la visita que le hizo en septiembre en el pueblo de Sarreguimines, en la frontera alemana, donde Simone vacacionaba con su prima Denise. Durante varios días disfrutó de la compañía de Simone y les leyó a Lautreaumont y les habló de la poesía moderna con tal sensibilidad y convicción, que ambas quedaron cautivadas.

Cuando Breton regresó a Lorient, él y Simone ya se habían comprometido para casarse.

Pero Breton tuvo que vencer dos obstáculos que se le presentaban; por parte de sus padres, la novia judía (Marguerite era archicatólica), por parte de los Kahn la diferencia de clase, burgueses enriquecidos con el caucho de Perú. Y además el padre de Simone, Félix Kahn observaba que su futuro yerno no tenía el porvenir despejado y tampoco daba muestras de querer remediarlo. Sin embargo, Breton está empeñado en su amor y en su compromiso con Simone.

A finales de año, la señora Techarel le presentó al modisto y mecenas Jacques DOUCET, ya sexagenario, diseñador exitoso en competencia con Coco Chanel.

Doucet tenía una extensa colección de arte y de libros raros y necesitaba un experto que le asesorase y para ello contrató a Breton.

Breton, pues, ya tenía un sueldo mensual de 500 francos para subvenir los gastos de la vida en pareja y comenzó a escribir cartas-informes para Doucet sobre las futuras adquisiciones de las tendencias artísticas del momento.

Ya había pasado un año desde su compromiso y los padres de Simone quieren conocer al joven Breton. La velada consistió en una cena en las casa de los Kahn en la exclusiva zona de Avenue Niel. La bienvenida de los futuros suegros no fue más allá de la tibieza.

Finalmente Doucet le ofreció a Breton la dirección de la biblioteca a tiempo completo con un salario de 20.000 francos, que frente a los 6000 del principio, suponían una seguridad económica importante.

Con esta nueva situación los padres de Simone dieron el consentimiento, a regañadientes, para que se celebrara la boda en el registro civil del distrito 17ª de París, actuando de padrino Paul Valery. Louis Breton, su padre, asistió al enlace; pero su madre no se sintió con ánimos para ir.

Los Kahn, a pesar de las reservas con respecto al novio, asignaron a su hija un anticipo mensual contra la herencia. También le dieron a Simone una dote respetable, que ella invirtió en obras de arte. De esta forma, y con el salario de Breton, la estabilidad económica estaba asegurada.

Después de un breve periodo de luna de miel regresaron a París y vivían, bien en la casa de los Kahn en la avenue Niel o en el hotel de Breton en la rue Delambre.

Breton reeprendió su trabajo de asesor artístico del cauto mecenas Doucet. Cuando Breton quería que Doucet comprara una obra determinada, tenía que escribir una carta-informe elogiando la pieza y adulando el buen gusto del modisto. La perseverancia de Breton dio sus frutos, ya que durante los siguientes 5 cinco años enriqueció la colección de Doucet con obras de Rousseau, Picasso, De Chirico, Duchamp, Picaba y Miró.

Por esta época, diciembre de 1921, Breton se empeñó en adquirir la obra maestra de Picasso de 1907, Les Demoiselles d`Avignon, obra que marca el origen del cubismo. Dos años tardó Breton en convencer Doucet para que adquiriera Les Demoiselles en 1923. El precio de compra fue de 25.000 francos- muy por debajo de su valor de mercado- y en 12 pagos mensuales.

A final de año regresó a Lorient con Simone para buscar la tranquilidad, frente al frenesí parisino y aclararse las ideas frente al colapso de Dadá.

El 1 de enero de 1922 Breton y Simone alquilaron su primera casa, un apartamento de dos habitaciones en la rue Fontaine, 42, distrito 9, entre la Place Blanche y Pigalle y como anécdota en los bajos de la casa había un cabaret con el nombre de “Le Ciel et L`Enfer.

Esta dirección sería su domicilio en París el resto de su vida; si bien a fines de los años 40 se mudaría a un piso más amplio en los bajos de la rue Fontaine, 42. Así pues, este domicilio se convirtió en un símbolo y en él se desarrolló buena parte de la historia del surrealismo.

La pareja, junto con su domicilio estable, adquirió hábitos de vida estables: trabajo en la biblioteca de Doucet y reuniones diarias de café con el grupo; y a una hora prudente se retiraban a dormir.

Breton, por su parte, se dedicó amueblar y decorar el estudio con obras de Ernst, Picabia, Man Ray, Derain, Dichamp, Picasso, De Chirico, Braque y Seurat; y también con máscaras de África y Oceanía, muñecas fetiche y objetos insólitos encontrados al azar.

Durante toda su vida, Breton sería un ávido coleccionista de arte, comprando siempre que su economía se lo permitía o vendiendo una obra para adquirir otra.

El matrimonio de Breton estaba basado en el respeto y el afecto mutuos. Simone se sintió deslumbrada por la energía y la creatividad de Breton, la riqueza de su pensamiento y su habilidad para expresarlo y la especial personalidad de poeta, que la había atraído desde el principio.

Pero, a pesar de su complicidad intelectual y emocional, la unión de los Breton estaba marcada por separaciones frecuentes. En los primeros años estas separaciones fueron a causa de Breton, por razones literarias o editoriales (aislarse para escribir o supervisar la edición de una revista).

Con el tiempo, marido y mujer tomaban sus vacaciones por separado y esta actitud no supuso, en principio, distancia emocional.

Breton se apoyaba en Simone por su buen juicio y su penetrante intuición. Valoraba su amplia cultura, su capacidad de relación y su excelente ojo para el arte (después de la Segunda Guerra Mundial, dirigirá con éxito dos galerías de arte en París).

Simone en 1925 se fue de vacaciones a Megère, un pueblo cerca de la frontera suiza, con su hermana Janine y su amiga y confidente Morise. El motivo de la partida, además del disgusto por las tareas que se le asignaban en la oficina surrealista, fue, sobre todo, por el idilio-pasión de Breton con una morena de 26 años, llamada Lise Meyer.

Lise Meyer se había casado con Pierre Meyer, rico heredero y se había suicidado poco después de su matrimonio. Rica y bien relacionada, solía hospedar en el salón de su casa a los mecenas parisinos. Tenía ambiciones literarias y había publicado, bajo el pseudónimo de Lise Deharme, poemas, cuentos y novelas de contenido erótico.

En el aspecto personal era extremadamente coqueta y sabía cómo impresionar a los hombres con su encanto físico y personal. Lise, presintiendo una conquista fácil atrajo al líder surrealista a una pasión sin esperanzas. De hecho a ella le importaba mucho menos el amor verdadero que la conquista.

Lise, no cabe duda, se sintió halagada por el interés de Breton, a quien admiraba en el plano intelectual; pero no tenía intención de cambiar de vida y adaptarse a la del poeta. Por todo lo cual, Lise nunca llegó a ser amante de Breton.

Breton le confesó estos devaneos a Simone, quien pensó que este amor se marchitaría por sí solo.

Sin embargo la relación con Lise Meyer ya duraba dos años y medio y, lógicamente, estaba perjudicando la armonía matrimonial. Simone comprobó que no era una pasión pasajera.

En julio, para evitar los estados de ánimo de Breton, Simone abandonó la rue Fontaine por un pueblo de Normandía, en compañía de Ives Tanguy y su esposa, Max Morise y Marcell Noll. El detonante que motivó la partida fue una discusión sobre el ‘amor sublime’ de Breton por Lise.

Breton distanciado de su esposa y con ganas de olvidar sus sentimientos hacia Lise se va de vacaciones a la costa de Normandía cerca de Dieppe. Allí recibió las visitas de Aragon y Nancy Cunard, que estaban a 15 minutos de distancia de su hotel. Lise había alquilado una villa en Pourville y también visitó a Breton; pero éste no logró atraer los sentimientos de Lise; de hecho Lise se casó con su amante de turno, el pionero de la radio Paul Deharme y acabó el cortejo.

El resultado principal de la estancia de Breton en la costa de Normandía, no fue emocional, sino literario; porque allí fue donde redactó la mayor parte del libro que le tenía obsesionado los últimos ocho meses: la historia de su encuentro con Nadja; Nadja2.

Breton se reconcilió con Simone en 1928; pero una nueva joven entra en la órbita de Breton, se trata de Suzanne Fernande Muzard, nacida en el suburbio de Aubevilliers de París en 1900. La tal Suzanne era la amante del novelista y ensayista Emmanuel Berl, que estaba casado. Seducido por la belleza física de Suzanne y por su sensualidad, que contrastaba con el afecto casi platónico de Simone y los coqueteos distantes de Lise.

Breton se las arregló para tener un encuentro a solas y después hicieron una escapada al Midi. Suzanne dejó una nota de despedida a Berl. Y de todo ello Breton informó a Simone y de su estado de ánimo pletórico. Simone mostró de nuevo signos de aceptación: había sobrellevado la tormenta de Lise casi tres años y por lo tanto también podía superar la de Suzanne.

La relación con Suzanne, no obstante, fue bastante tumultuosa con idas con Berl y venidas con Breton. Suzanne quería garantías de seguridad emocional y le pidió a Breton que se divorciara de Simone.

Ante esta situación, primero Lise y ahora el devaneo con Suzanne, Simone informó a Breton, que Suzanne no era más que un amorío más, de tantos pasados y futuros y que su vida en común había llegado a su fin e iniciaron el proceso de divorcio.

Breton en una comida con Simona se enteró que su esposa había mantenido relaciones sexuales prolongadas con Max Morise, lo que le reprochó por la falta de claridad. Simone juró creer que Breton sabía lo de Morise; aunque siempre había pedido discreción a sus compañeros.

El 1 de diciembre de 1928 Suzanne se casó inesperadamente con Berl. Breton no se había dado cuenta que Suzanne estaba haciendo las mismas peticiones a los dos amantes. Berl, cuyo divorcio había concluido recientemente, estaba legalmente asequible antes que Breton.

No obstante Suzanne, cuyo matrimonio con Berl no había arreglado nada, regresó a vivir con Breton a la rue Fontaine, 42 en enero de 1929; y reordenó el estudio, cambiando el mobiliario, escondiendo pinturas, libros y manuscritos en un intento de establecer su dominio.

Suzanne después de pasar los primeros meses de su matrimonio en la rue Fontaine, 42, se fue una vez más con su marido Berl. Pero Breton persuadió otra vez a Suzanne para que regresara y se fueron de vacaciones a la Île de Sein (Bretaña).

Las relaciones con Suzanne siguieron siendo tempestuosas, casi imposibles, de tal forma que en septiembre se volvieron a separar provisionalmente, como en ocasiones anteriores; utilizándole como chantaje emocional contra su marido Berl.

El divorcio de Breton y Simona se falló en marzo de 1930 con todas las consecuencias legales a favor de su esposa. Simone se quedó con la mitad de la colección de arte y Breton se quedó con el estudio de la rue Fontaine, 42. Aunque Breton y Simone mantendrían una amistad duradera, más bien distante, la complicidad emocional e intelectual se había disipado.

También, por fin, terminó su relación con Suzanne, ruptura definitiva en enero de 1931.

Suzanne ofreció más tarde su propia versión de los problemas entre ella y Breton:

“Breton era demasiado obsequioso con sus amores, moldeaba a la mujer que amaba al punto de hacer que correspondiera a sus propias aspiraciones (…). Pero yo sólo era motivo de decepción porque no me adaptaba a lo que él quería de mí. Demasiado inquieta, solía ser presa de impulsos incontrolables de salir huyendo (…) No amaba a un hombre por la posibilidad que este tuviera de ocupar un sitio en la posteridad. Eso era demasiado para mí; mi objetivo era buscar sólo las emociones que estuvieran al alcance del corazón (…) Tal vez yo tenía la facultad de provocar amor, sin poseer el don mágico de hacerlo durar.3



 
 
 
                                                      Jacqueline Lamba (1934-1945)
 
 
 
 
                                                 Jacqueline Lamba y André Breton
 
 
 
 
 
En 1934 se produce el encuentro con Jacqueline Lamba en el “Café de la Place Blanche”. Tenía 24 años, catorce años más joven que Breton.

Jacqueline estaba desarrollando su talento como pintora (se había formado en la prestigiosa Ecole des Arts Dècoratives) y se ganaba la vida como bailarina desnuda bajo el agua en el café cantante COLISEUM de Montmartre. Esta ocupación tenía un carácter provisional, mientras ella se labraba una carrera artística.

Breton se enamoró de la imagen de la sirena desnuda, y siempre vio a Jacqueline como una ondine. Muchos años después Jacqueline contaría que Breton la presentó a sus amigos como una náyade, más que como una pintora en ciernes.

Las circunstancias del encuentro de Breton con Jacqueline las da a conocer de una forma detallada y literaturizada en su libro, El amor loco4, que elevó este encuentro a uno de los momentos más célebres de la mitología surrealista.

El encuentro, por otra parte, no fue tan fortuito como Breton parecía creer. Jacqueline estaba tratando de conocer al poeta; y frecuentó, con este propósito el “Café de la Place Blanche” durante varios días seguidos, sentándose en una mesa contigua a la de los surrealistas.

Este encuentro entre el poeta y la “ondine” se puede considerar un flechazo en toda regla; pues tres meses después de conocerse se casaron en el distrito noveno de París en agosto de 1934. Breton tenía 38 años y Jacqueline 24. Actuaron de testigos de la boda Éluard y Giacometti. Los familiares de los novios no asistieron a la ceremonia; en el caso de Jacqueline porque era huérfana.

Breton compuso para Jacqueline, la Ondine, una serie de 14 poemas de amor, bajo el título “El aire del agua”, en los que canta el renacimiento del amor conyugal, después de 10 años de incertidumbre y provisionalidad.

Así cuenta Breton, en El amor loco, el encuentro en el Café de la Place Blanche:

“Era una persona muy joven (…) Ya la había visto entrar dos o tres veces en aquel lugar, el 29 de mayo de 1934, esta mujer estaba ‘escandalosamente’ bella… (…) Una intuición muy vaga, desde los primeros instantes, me había permitido considerar que el destino de esa muchacha pudiese un día (…) establecer un vínculo con el mío5.”

Breton y Jacqueline pasaron su primera noche juntos deambulando por París: por el mercado de la carne y las verduras de Le Halles6, por el Sena y por la Torre de Saint Jacques, “de un lado a otro como un girasol”.

Pero el mayor momento de revelación poética se produjo varios días después cuando Breton recordó inconscientemente los versos de un viejo poema de Claire de terre de 1923: “Girasol”, dedicado a Pierre Reverdy, que resultó ser un poema profético:

“La viajera que atravesó les Halles a la caída del verano caminaba de puntillas (…)

Algunos como esta mujer pareciera que nadan7

Y en el amor penetra un poco de sustancia

Ella los interioriza (…)

André Breton me dijo pasa8.”

Con lo cual este poema de 1923, en cierta medida, anuncia lo que sucedería en 1934, que luego Breton denominara “La noche del girasol”.

Y esto, a la vez, refuerza la fe de Breton en el ‘azar objetivo’; y, por otra parte, es muy sintomático que Breton casi siempre escribiera sobre una relación amorosa teniendo en cuenta los principios del surrealismo.

En 1935 publicó en Minotaure su ensayo la “Nuit du tournesol”, el relato del encuentro y paseo iniciático con Jacqueline, y los presagios contenidos en el poema “Girasol”.

Breton siguió con sus actividades dentro del surrealismo. Conferencias en Praga sobre el surrealismo (marzo-abril de 1935), donde había un grupo surrealista muy activo: Nezval, los pintores Jindrich Styrsky y Toyen, así como el crítico Karen Toyen. Este grupo ya había montado una exposición de arte surrealista y había traducido las obras principales del grupo, entre ellas, Nadja y Los vasos comunicantes.

Con el grupo checo fundó el bilingüe Boletín Internacional del Surrealismo (el 1º de 4 números).

Bretón regresó a París y viajó a las islas Canarias (España) como embajador del surrealismo9. Llegaron a Santa Cruz de Tenerife a primeros de mayo y otra vez las conferencias, entrevistas y exposición de pintura surrealista patrocinadas por la revista Gaceta de Arte y Óscar Domínguez con una duración de tres semanas.

El resultado de su estancia en Canarias dejó el segundo Boletín Internacional del Surrealismo en francés y español, lo que suponía una nueva proyección internacional del movimiento.

Regresan de Canarias y resulta que Jacqueline Lamba estaba embarazada; y a pesar del estilo de vida y la inseguridad económica, Breton aceptó el regalo que la vida le había dado.

El 20 de diciembre de 1935, Jacqueline dio a luz a la única hija de Breton en una clínica del 13º distrito. Le pusieron de nombre Aube, nombre bastante insólito entonces.

Pronto surgieron las fricciones propias de la crianza de un hijo; además de la precariedad financiera y las ambiciones frustradas de Jacqueline como pintora. Breton ni se ocupaba de su hija, ni reconocía el trabajo de Jacqueline, ni su deseo de progresar como artista independiente. Lo que esperaba de Jacqueline es que se portara como la musa de un gran hombre, no que tuviera una existencia creadora propia.

Ante esta situación y con una discusión previa, Jacqueline abandona la rue Fontaine, 42 y se va al campo. Breton le escribió varias cartas conciliadoras e incluso la alentó para que siguiera pintando.

Jacqueline abandonó a Breton, dejándole a su hija de 8 meses. Esta separación duró un mes; porque Jacqueline no aceptaba los roles que le asignaba Breton: musa, compañera, ninfa acuática y prosaica niñera.

De regreso a la rue Fontaine, Breton le dijo que iba a expresar sus reflexiones paternales en un texto final para El amor loco, que consistiría en una carta. “Querida Ecusette de Noireuil” y dice así:

“En la bella primavera de 1952 cumplirás 16 años y quizá te sientas tentada de hojear esta libro (…) Suceda lo que suceda hasta que puedas conocer esta carta (…), déjame pensar que entonces estarás dispuesta a encarnar este poder eterno de la mujer, el único ante el cual me he rendido (…). Déjame creer que estas palabras, el amor loco, tendrán algún día relación con tu propio delirio (…).

Te deseo que seas locamente amada10.”

Jacqueline salió para Ajaccio (Córcega) el 1º de septiembre. No obstante esta afirmación de amor y fe de Breton en el fruto de su matrimonio, dotó al El amor loco de una coda optimista.

Jacqueline regresó de Ajaccio a mediados de octubre, reconciliándose con su marido y liberándole del cuidado de su hija; pero la situación económica de la pareja seguía siendo muy precaria.

En vista de ello Breton solicitó al Ministerio Francés de Relaciones Exteriores dar una serie de conferencias en Méjico sobre la historia de la literatura y el arte franceses con una duración de 4 meses. Una vez concedida la solicitud Breton y Jacqueline se embarcaron en Cherburgo rumbo a Veracruz en 1938.

Dejaron a la pequeña Aube de dos años al cuidado de André Masson, su esposa y sus dos hijos, en el pueblo normando de Lyons-la- Fôret.

En Veracruz fueron recibidos por un desconcertado funcionario de la embajada francesa, sin tener nada previsto para su alojamiento. Fue gracias al pintor y muralista Diego Rivera, que había ido a Veracruz para encontrarse con los Breton, quien les ofreció su propia casa y, además, llevaba un mensaje de Leon Trotski, que invitaba a Breton a visitarlo.

Breton y Jacqueline quedaron impresionados con la casa de Diego Rivera y su esposa Frida Kahlo en el elegante barrio de San Ángel. Breton al ver los cuadros de Frida Kahlo, la declaró surrealista. A Kahlo, Breton, le pareció pomposo, arrogante y latosamente intelectual.

 
 
 
 
 
 
                                                         Breton, Rivera y Trotsky 
 
 
 
 
Trotsky recibió a los Breton, a principios de mayo, en La Casa Azul con suma cordialidad. Con anterioridad, Trotsky, ya se había informado sobre la obra de Breton y el surrealismo, que veía con buenos ojos. La conversación se llevó a cabo en francés sobre temas políticos como los Procesos de Moscú.

Breton dio su primera conferencia en la Universidad Nacional de Méjico con el título de “Las transformaciones modernas en el arte y el surrealismo”; pero el resto de las conferencias se canceló por problemas políticos internos.

Fruto de todas las visitas y viajes con Trotsky fue el manifiesto fechado el 25 de julio de 1938, titulado, “Por un arte revolucionario e independiente”, firmado por Breton y Rivera, aunque este último no participó en su elaboración. Este manifiesto concluyó con el doble mandato de André Breton: “Lo que queremos: la independencia del arte- para la revolución. La revolución-para la liberación definitiva del arte”11.

Comoquiera que sea este texto condensaba y aclaraba muchas de las discusiones sobre el arte y la política entre Trotsky y Breton, un teórico de la política y un teórico del arte.

El 1 de agosto, Breton y Jacqueline se embarcaron en Veracruz con las maletas llenas de máscaras, cerámica, muñecas, exvotos, calaveras y otros objetos del arte popular. Los Breton llegaron a Boloña el 18 de agosto, donde fueron recibidos por Aube y Divonne Raton y la niña hizo pucheros durante los primeros días.

Estalló la 2ª Guerra Mundial, Francia fue ocupada por los alemanes y la zona no ocupada localizó la capital en Vichy con Petain, un anciano mariscal de 84 años, como presidente.

Breton fue movilizado como personal sanitario; pero poco después fue licenciado definitivamente.

Los Breton, entonces toman el camino del exilio en 1941 y no sin dificultades de visa partieron de Marsella para La Martinica y de ahí para Nueva York

Al llegar a Nueva York con su esposa y su hija, se encuentra con Ives Tanguy y Kay Sage, que estaban esperándolos en el muelle. Se instalan en la ciudad e intentan llevar una vida normal en compañía de otros exiliados como Lévi-Strauss, Matta y el poeta griego Nicolaus Calamares. En Conneticut vivía André Masson con su esposa e hijos. Max Ernst y Peggy Guggenheim también saludaron a Breton en Nueva York.

Desde un principio, Breton reunió a los surrealistas exiliados e intentó adaptar el surrealismo a la realidad americana, lo cual no resultó nada fácil.

Se propuso crear una revista y como se encontró con muchos obstáculos pidió prestada la ya existente View, dirigida por el poeta Charles Henri Ford y el novelista Parker Tyler. Y ya bajo la órbita de Breton, el próximo número de View fue exclusivamente surrealista. Breton colaboró durante sus cinco años de exilio; pero no le gustaba View.

En enero de 1942 planea publicar una revista, que se llamará VVV y necesitaba un director de habla inglesa, que contaría con Max Ernst y Breton como asesores. El elegido fue David Hare, escultor y fotógrafo, de 25 años, apuesto y esbelto, que tenía afinidades con los surrealistas.

El otro problema era la financiación, que se solventó con la aportación de dos amantes del arte como Bernard Reig y Peggy Guggenheim. Salió VVV en junio, con una cubierta verde, obra de Max Ernst. Saldrían 4 números en total.

La relación con Jacqueline no iba hacia buen puerto; porque ella dedicaba todo el día a su propio arte y gozaba de relativa autonomía, ya que dominaba el inglés. Jacqueline no estaba conforme con ser la ondine, la musa de Breton.

Pero hubo un factor desencadenante del fracaso del matrimonio de Breton: en el verano Jacqueline mantiene relaciones sexuales con David Hare. Al principio se mantuvo en secreto; pero en octubre se lo comunicó a Breton y se marchó con su hija Aube al apartamento de Hare.

Breton siguió manteniendo relaciones con los dos para ver a su hija y con Hare trabajando en la revista VVV.



 
                                                         Elisa Claro (1945-1966)
 
 
 
 
                                                         Elisa Claro y André Breton
 
 
 
 
El breve exilio emocional de Breton acabó en diciembre de 1943, mientras almorzaba con Marcel Duchamp en el restaurante “Larre” y el ‘azar objetivo’ lo puso en contacto con Elisa Claro, chilena, de familia francesa, que había emigrado a los EE. UU., varios años antes. Tenía 35 años, cabello castaño, ojos claros e inteligentes. Había recibido una excelente educación, tocaba el piano y era políglota. Breton tenía 48 años. Se volvieron inseparables.

Elisa fue la musa ideal para Breton. Era vulnerable y apasionada y carente de ambiciones artísticas personales, al contrario de las otras dos esposas: Simone y Jacqueline. Elisa fue su compañera amante para el resto de su vida. Fue la musa del Arcano 17 (1944), que tiene que ver con el encuentro con Elisa y con la liberación de París.

Ante esta bonanza sentimental, Breton se divorció oficialmente de Jacqueline el 30 de julio de 1945 en Reno; y ese mismo día, en otra misma sala del juzgado, se casó con Elisa. Jacqueline se casó con David Hare y tuvieron un hijo.

En abril de 1946, Elisa y Breton regresan a Francia y en 1949 regresa de los EE. UU. su hija Aube, de 13 años para recibir una formación francesa. Breton, entonces, se mudó del piso cuarto a otro de la planta baja, que tenía una habitación más, pero siguió viviendo en la rue Fontaine, 42.

Breton a los 60 años, lógicamente, ya no tenía la energía de los 30; pero José Corti exdirector de Editions Surrealistas hizo una observación diciendo que el origen de cada obra de Breton está en el encuentro con una mujer (Nadja, El amor loco, Jacqueline…). Y desde luego desde que se casó con Elisa, ninguna mujer le sacudió emocionalmente

Jacqueline Lamba era de la opinión que la sacudida emocional de otra mujer, una nueva pasión, daría un nuevo libro de Breton.

Por entonces, a mediados de los cincuenta, entabló amistad con la cineasta Nelly Kaplan, que conoció a Breton en una exposición de arte precolombino. Breton se presentó él mismo y Kaplan le prometió enviarle una invitación para el estreno de la película, “Magirana”. Mantuvo amistad con la Kaplan durante 6 meses: paseos diarios, conversaciones en los cafés, visita al mercado de las pulgas, lo consabido. Pero la amistad de Breton con Kaplan llegó a su fin por una discusión a propósito de Philippe Soupault, amigo íntimo de Kaplan. Breton mostró una vez más su intolerancia. Breton le exigió la devolución de las cartas y la Kaplan se las devolvió hechas confetis.

También está el encuentro con Joyce Mansour, de 26 años, poeta, casada con un hombre de negocios . Joyce había publicado su primer libro de poemas, Cris en 1953. Breton encontró el libro por casualidad e invitó a su autora a visitarlo en París.

Joyce, una burguesa en toda regla, ingresó en el grupo surrealista y quedó deslumbrada por su jefe y durante una década realizó el ritual bretoniano por París. Algunos han dicho que éste fue su último gran amor; aunque más bien platónico.

Breton apreciaba a Elisa, pero con esas aparentes conquistas, creía que estaba evadiendo la vejez. Sin embargo la relación con Joyce no pasó de una mera amistad, con sus capas de coqueteo y complicidad, felicidad y melancolía.

Por supuesto, Breton no escribió el nuevo libro del impulso amoroso.

Pocos detalles hay de la vida con Elisa, su última y más duradera esposa. Sin duda ella participaba en las actividades surrealistas y acompañaba a Beton. Perece como si la edad hubiera serenado a Breton, ya que apenas tuvo dos escarceos amorosos con la cineasta Kaplan, muy breve y con Joyce más prolongado, pero eminentemente platónico.

Sí aparece su hija Aube, a quien apadrina en su boda con el poeta y pintor surrealista Ives Elléouet, por tanto su hija pasó a Aube Elléouet, que destacó en los años 70 con unos notables collages surrealistas.

La mujer como inspiración, como musa a la que se invoca (“Canta, oh musa…”). La mujer tiene la capacidad de estimular la creatividad del hombre.

La mujer como musa tiene su más alto paradigma en Gala, musa interesada. Primero de la poesía de Paul Eluard y luego musa (avida dollars) de la pintura de Salvador Dalí.

Las mujeres surrealistas, por su parte, tuvieron conciencia de sí mismas como sujetos no como objetos, sin embargo los hombres no tuvieron esa misma capacidad.

Las mujeres y los hombres surrealistas caminaron por el surrealismo por senderos paralelos y diferentes. Ninguna mujer formó parte del grupo director del surrealismo encabezado por Breton. Sólo en los años 40 (Arcano 17) Breton se da cuenta, que hay que dar a las mujeres un trato de igualdad con el hombre en todos los terrenos, también en el artístico.12

André Breton murió el 28 de septiembre de 1966 y fue enterrado el 1 de octubre en el cementerio de Batignolles. En la tumba de granito se inscribió su frase: “Busco el oro del tiempo”.

Jean Schuster, fue designado sucesor y albacea literario de Breton y se puso al frente del surrealismo.

Quizá el homenaje más notable le llegara en Mayo de 1968, cuando muchos de los lemas que cubrían las paredes tenían un cariz surrealista o prosurrealista: “La belleza será convulsiva o no será”, “Escojan, en cambio, la vida” o “Prohibido prohibir”. Pero una vez pasada la euforia general, una nueva ‘llamada al orden’ parece que se apoderó de la sociedad francesa y cuando faltó Breton nadie tuvo el prestigio, la autoridad y el carisma para señalar el rumbo del surrealismo. Jean Schuster oficialmente dio por cancelado el movimiento surrealista en 8 de febrero de 1969, lo que no quita que haya focos surrealistas repartidos por el mundo.

Hasta 2003, el estudio de Breton en la rue Fontaine, 42, permaneció intacto: los libros acumulaban polvo en los estantes, la mesa de escritorio sostenía los mismos manuscritos y las pinturas cubrían las paredes como las dejó su propietario. Elisa Breton, hasta su muerte en el año 2000, se opuso a mudarse o vender el valioso contenido del estudio.

Finalmente los herederos de Breton, incapaces de conservar en privado la colección, procedieron a subastarla.



 
 
 
                                                    Tournesol de Jacqueline Lamba
 
 
 
 
 
 
                                 André Breton en su gabinete de la rue Fontaine, 42
                      
 
 
 
BIBLIOGRAFÍA

Breton, André, Trotsky León, Rivera Diego, Por un arte revolucionario e independiente, (Edición de José Gutiérrez) El Viejo Topo, Barcelona, 1999

Breton, André, El amor loco, Alianza Literatura, Madrid, 2000

Caballero Guiral, Juncal, La mujer en el imaginario surreal. Figuras femeninas en el universo de André Breton, Publicaciones de la Universidad Jaime I, Castellón de la Plana, 2002.

Polizzotti, Mark, La vida de André Breton. Revolución de la mente, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2009.

Serrano, Anastasio, “El foco surrealista de Tenerife” en el blog: Erudición y Crítica, 2014

Madrid, 17 de febrero de 2017



Anastasio Serrano











1 . Polizzotti, Mark, La vida de André Breton. Revolución de la mente. Fondo de Cultura
Económica, Madrid, 2009, p. 40

2 . Como sabemos la relación creativa de Nadja con Breton no fue posible por la asociabilidad de ésta. Después Nadja fue ingresada en un hospital psiquiátrico con síntomas de alucinaciones y delirios de persecución. No había cumplido 25 años. Permaneció 14 meses en el hospital de los alrededores de París y luego fue trasladada en 1928 a un hospital de su Lille natal. Murió de fiebre tifoidea en 1941. No se sabe si leyó el libro que le dio fama perdurable a ella y a su autor.

3 . O. C., pp. 353-354.- La vida de André Breton

4 . Breton, André, El amor loco (Versión de Juan Malpartida), Alianza Editorial, Madrid, 2000. En el cap. IV desarrolla literariamente, al modo surrealista, dicho encuentro

5 . Breton, André, El amor loco, Alianza Editorial, Madrid, 2000, pp. 54-55

6 . Sede actual del Centro Pompidou.

7 . Como la danza, bajo el agua, de Jacqueline en el cabaré Coliseum

8 . O. C., pp. 66-67

9 . Ver “El foco surrealista de Tenerife” en el blog: Erudición y Crítica de Anastasio Serrano, 2014

10 . O. C. pp. 127, 128 y 133.

11 . Breton, Trotsky, Rivera, Por un arte revolucionario e independiente, (Edición de José Gutiérrez), El Viejo Topo, Barcelona, 1999, p. 4 (Texto definitivo)

12 . Mujeres surrealistas: Leonora Carrington, Leonor Fini, Valentine Hugo, Jacqueline Lamba, Dora Maar, Valentine Penrose, Alice Rahon y Remedios Varo. Otras surrealistas. Hielen Agar, Frida Kahlo, Meret Oppenheim, Kay Sage, Dorotea Tanning

miércoles, 26 de octubre de 2016

ACERCAMIENTO A LA CATIRA de Camilo José Cela.


    (En el centenario de CJC, Padrón (La Coruña), 1916- Madrid, 2016)




 
 
Camilo José Cela sale de España rumbo a Colombia “en el mes de mayo de 1953 en un avión de hélice, con cien pesetas en el bolsillo y un divieso en la nalga izquierda”- dice su hijo Camilo José Cela Conde1. El futuro Nobel deja España un poco contrariado por la prohibición de La colmena, que tuvo que publicar en Buenos Aires. Además el emigrante literario gallego buscaba el éxito a cualquier precio. Ya el año anterior había visitado Argentina y Chile, dando unas conferencias con mucho éxito, sobre todo en Chile, donde conoce a Curzio Malaparte, Alberto Moravia e Ilia Erenburg.

Cela, pues, traza un amplio programa para recorrer siete países (Colombia, Ecuador, Venezuela, Panamá, Puerto Rico, Cuba y la República Dominicana) dando conferencias, tal como informa al Director General de Relaciones Culturales, don Luis García de Llera; al final sólo se materializan las invitaciones oficiales para las conferencias de Colombia y Ecuador.

En Colombia es recibido con expectación por la prensa y pronuncia sus conferencias, siempre las mismas, ya sabemos que esto de la repetición de las conferencias en Cela será proverbial: “Cuatro figuras del 98, Unamuno, Valle-Inclán, Baroja y Azorín”, “Teoría de la novela” y “Consideraciones sobre el oficio literario”. Dicta sus conferencias en Bogotá, Popayán, Cali y Manizales, falla a última hora Cartagena de Indias. Las opiniones de la prensa se dividen,

No es un buen momento este para Colombia, a Cela le toca asistir el 13 de junio de 1953 a la caída del dictador Laureano Gómez y al ascenso al poder del teniente general Gustavo Rojas Pinilla, que gobernaría hasta 1957.

Pero la gran operación diplomática de Cela será conseguir una gran entrevista con el Presidente de Colombia, auspiciado por su anfitrión, Lucio Pavón Núñez, recién nombrado ministro por su apoyo al golpe. La entrevista, “Mi conversación con el Presidente de Colombia”, aparece en la primera plana de El Espectador de Bogotá. El 27/06/1953. En ella Rojas Pinilla expone sus primeras ideas políticas, sociales y económicas y pide paz y reconciliación entre los colombianos.

Toda la prensa se hace eco de esta entrevista, que es considerada como una especie de programa político anticipado y la popularidad de Cela se catapulta hasta cotas insospechadas. Hasta el embajador español le escribe a García de Llera el 1 de julio en estos términos: “Como último acto de su estancia en Colombia, obtuvo unas amplias declaraciones del nuevo Presidente de la República (…), dichas declaraciones se pueden calificar de sensacionales”2.

Después prosigue el viaje a Ecuador, el 7 de julio y es recibido por el Secretario del Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica y por el embajador español, Antonio de Villacieros. Al día siguiente el Presidente Velasco Ibarra le concede una audiencia y le encarga a su ministro de Educación que sea un buen anfitrión.

Dicta tres conferencias en Quito y la cuarta en Cuenca con público numeroso; pero en Guayaquil el director de la Casa de Cultura y un nutrido grupo de exiliados españoles boicotean la conferencia y tuvo que anularse. A pesar de este incidente la visita de Cela se pude considerar como un gran triunfo cultural para España.

Cela regresa a Bogotá el 20 de julio, asiste a las celebraciones del Día de la Independencia colombiana y dos días después se embarca para Caracas.

Estando en Ecuador nuestro novelista recibe una invitación del Centro Gallego en Caracas para dar una conferencia y también para dictar un ciclo de conferencias en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Venezuela. Aún contando con la ayuda de sus paisanos y la del embajador, el estatuto de Camilo José Cela en Venezuela es muy distinto del que tenía en Colombia y Ecuador. Aquí no es un invitado oficial del gobierno y huésped de honor, por el momento.

Camilo José Cela cumple con sus paisanos disertando en el Centro Gallego sobre “Tres facetas del alma gallega” y dos días después en el Teatro Nacional sobre “La morriña, la típica y especial nostalgia (saudade) gallega”. La prensa cubre ambas conferencias y también destaca el ciclo patrocinado por la Facultad de Filosofía y Letras en los salones de la Biblioteca Nacional.

Con toda esta actividad Cela se va abriendo paso. Cuenta con la colaboración de su paisano Silvio Santiago, director de actividades culturales del Centro Gallego en Caracas, persona muy conocida por la prensa y la política venezolana. También colabora la editora y escritora Amelia Góngora, española residente en Caracas, que tiene los contactos necesarios para hacer las presentaciones de rigor, dado que trabajaba en el turismo, cuyo desarrollo era esencial en los planes del gobierno de Pérez Jiménez.

Por estas u otras razones el 3 de agosto de 1953 el doctor Humberto Spinetti Dini, director de la Oficina Nacional de Informaciones y Publicaciones del Ministerio de Relaciones Interiores, ofrecerá un cóctel para agasajar al escritor español en los salones del club Paraíso. La fotografía de El Nacional reúne a cuatro de los protagonistas principales de esa velada: Spinetti Dini, Camilo José Cela, Amelia Góngora y Laureano Vallenilla Lanz hijo.

En este cóctel Cela conoce al hombre fuerte del régimen de Pérez Jiménez, a Laureano
Vallenilla Lanz y a los pocos días, deja de ser el prometedor novelista español, conferenciante invitado por el Centro Gallego para convertirse en protegido del Ministro del Interior y huésped de honor de la República.

Marcos Pérez Jiménez y su ministro del Interior Vallenilla Lanz pretendían impulsar el desarrollo de Venezuela mediante el turismo y la inmigración europea, y como se había demostrado con Brasil, país del futuro de Stefan Zweig, una obra de un autor consagrado podía ser un instrumento de propaganda bastante eficaz para lograr dichos objetivos. Hubo un rumor, entonces, que el ministro Vallenilla Lanz pensó hacer el encargo, antes que a CJC, a Hemingway, a Camus o a Curzio Malaparte, rumor cuya veracidad no se ha confirmado. La única condición de la obra literaria era que tenía que ser de tema venezolano.

El encargo, pues, recayó en Camilo José Cela y por una suma importante, unos tres millones de pesetas según estimaciones, abonados en dos plazos. El género literario quedaba a disposición de CJC, que tardó en decidirse por la novela; barajó el ensayo o el libro de viajes. Decidió escribir una novela venezolana, cuya trama tiene como escenario el Llano: La catira.

Cela es invitado en auto oficial y con guías locales para recorrer el país. Incluso se le facilita una avioneta de la Fuerza Aérea para recorrer los estados del Sur y del Oriente. De tal forma que cuando termine la gira, el novelista conoce el territorio venezolano mejor que muchos venezolanos.

Y el mayor logro de don Camilo durante su estancia en Venezuela fue la audiencia que le concedió Marcos Pérez Jiménez el 1 de octubre de 1953, entrevista que se publica en El Universal un mes más tarde. No cabe duda que trata de repetir el éxito de Bogotá con Rojas Pinilla. El resultado, no obstante, es diferente, porque Venezuela no es Colombia, y Pérez Jiménez ya está bien asentado en el poder, mientras que Rojas Pinilla acababa de llegar.

Con todo, la entrevista forma parte del relanzamiento de las relaciones hispano-venezolanas.



GÉNESIS DE LA CATIRA

Evidentemente que la dictadura de Pérez Jiménez trataba de promover la imagen de Venezuela en el extranjero y, en especial, en la España de Franco, de donde procedían, por esos años, muchos emigrantes canarios y gallegos, sobre todo.

El encargo de La catira pretendía promocionar a un régimen que había llegado al poder por la fuerza en noviembre de 1948, derrocando al presidente escritor Rómulo Gallegos y había falseado descaradamente el resultado de las elecciones en 1952, que encumbró como presidente a Pérez Jiménez.

Camilo J. C. durante su estancia en Venezuela hizo abundante acopio de materiales para su novela: fotos, mapas, vocabulario, libros, material que se puede ver en la Fundación CJC en Iria Flavia; pero además también se dispone de los borradores manuscritos editados por la Fundación en 2004: un extenso manuscrito autógrafo digitalizado con fecha de comienzo de 9 de marzo de 1954.

La elección del género es del propio Cela, como se ha dicho, novela rural, regional (del Llano como epítome de Venezuela) y vernácula, intentando calar en la entraña venezolana. Opta por la novela pensando que es el género que puede tener mayor difusión en el mundo hispánico.

Pero la osadía de Cela no se basa sólo en La catira, sino que proyectaba escribir un vasto ciclo novelesco que comprendía otras cinco novelas, lo que le supondría 10 años de trabajo y llevaría el título de “Historias de Venezuela”, antetítulo de La catira.

En una carta que le envía al ministro Vallenilla Lanz, el 23 de marzo de 1954, Cela le traza las líneas de su proyecto, “siempre bajo el título genérico de “Historias de Venezuela” voy anotando datos y escenas para los siguientes libros (…):

La flor del frailejón, novela de los Andes; La cachucha y el pumpá, novela de Caracas; Oro chocano, novela de la Guayana; Las inquietudes de un negrito mundano, novela del Caribe y una última (…)sobre el mundo del petróleo (el Zulia)”3.

Sabemos que este ambicioso proyecto, que debía proyectar la imagen de Venezuela por toda Europa, no se llevó efecto; ya que la polémica de la presentación de La catira en Caracas en 1955, pondrá fin a la colaboración del novelista gallego con el gobierno del coronel marcos Pérez Jiménez.



FUENTES DE LA CATIRA

 
 
 
 
 
Tenemos primero el libro de Rafael Bolívar Coronado, El llanero, estudio de sociología venezolana, publicado en Madrid en 1918 y se sirve de él para rodear la ficción de detalles autóctonos, como las numerosas coplas que se citan en la primera parte de la novela.

Además Rafael Bolívar Coronado es el autor de la letra de la zarzuela, Alma llanera, que se estrenó en Caracas en 1914 con la compañía de Matilde Rueda. Del éxito de la zarzuela se desprendió un corrido, que interpretado hasta la saciedad con los instrumentos llaneros tradicionales: arpa, cuatro y maracas, acabó convirtiéndose en el segundo himno nacional venezolano:

Yo nací en esta ribera

del Arauca vibrador.

Soy hermano de la espuma,

de las garzas, de las rosas

y del sol, y del sol.

En el Llano, esa región central, se inicia la gran epopeya fundacional de Venezuela; en ese primitivo escenario, descrito como una tierra de nadie, donde crece el ganado salvaje, y adonde, en tiempos remotos, huían a esconderse los esclavos cimarrones, los indios que abandonaban las encomiendas y todos aquellos que tenían cuentas pendientes con la justicia colonial.

Cela durante el proceso de redacción (febrero-septiembre de 1954) pide a Caracas bibliografía de consulta como el Glosario de bajo español de Venezuela (1929) de Lisandro Alvarado; la Enciclopedia Larense (1941) de Rafael Domingo Silva Uzcátegui; El castellano de Venezuela (1949) del lingüista Julio Calcaño, Lengua y cultura de Venezuela (1954) del filólogo Ángel Rosenblat, varios catálogos de la flora y la fauna llanera y hasta un mapa en relieve del país. También maneja Cesarismo democrático y Disgregación e integración de Vallenilla Lanz padre.

Con todo este material Cela iba a redactar la novela más venezolana de entonces, la novela del Nuevo Ideal Nacional.

Y en resumen lo que se nos cuenta en la novela es la consolidación del liderazgo regional de una gamonal llanera, Pipía (Primitiva) Sánchez, conocida como la catira.



LA CATIRA, NOVELA LLANERA

 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
Portada de la primera edición, 1955
 
 
 

La catira ubica la trama en los Llanos de Guárico y Apure. El título es llanero, igual que los subtítulos de los capítulos: “Moquinga”, “El ojo del zamuro” etc y por supuesto las cuidadas ilustraciones de Ricardo Arenys de la edición príncipe (una serie de finos dibujos de los indómitos caballos llaneros), colocados al principio de cada capítulo por unidades, por parejas o por conjuntos.

La novela se compone de dos partes, de 5 capítulos la primera, titulada, “Viento Oeste, viento Barinés” y por subtítulo, “La guerra”; la segunda parte consta de 4 capítulos, que se titula, “La garza en el cañabraval”y se subtitula, “La paz”.

Los capítulos de dividen en secuencias, separadas por espacios en blanco, al modo de La colmena, aunque un poco más extensas.

Cela utiliza un lenguaje extraño: el habla popular de los Llanos venezolanos, esto dice:

La catira es, en mi intención, un canto arrebatado a la mujer venezolana. También a la tierra venezolana. (…) en la catira ensayé (…) la doble experiencia de la incorporación del mundo americano y su peculiar lenguaje la literatura española. Sé bien que su lectura no es fácil, tanto por el empleo de palabras no habituales en el español de España como por la figuración que me propuse de su fonética. En la edición incluyo un vocabulario de venezolanismos, de cuyas 896 voces hago aquí gracia al lector” (…) a La catira le fue otorgado del Premio de la Critica 1956, único galardón que recibí.4



Los hechos se desarrollan en el Llano venezolano y el tiempo avanza sin rupturas. La segunda parte discurre por el tiempo de la escritura de la novela (1954) y la primera dieciséis o dieciocho años antes (se hace alguna alusión a la guerra civil española).

La novela tiene como eje al personaje femenino que da nombre al texto, la catira, rubia, blanca, muy hermosa y mujer de mucho carácter, Primitiva Sánchez, “Pipía”, cuyo papel en la obra resalta el amor a la tierra y su valor como fuente de riqueza. La catira se consagra a mantener unidos y apaciguados sus hatos, para los que sueña un heredero de su propia sangre.

Pero veamos su argumento:

La catira Pipía Sánchez huye del hato del Pedernal y del dominio de don Froilán Sánchez, de quien pasaba por ser su hija sin serlo5, para casarse con don Filiberto Marqués en el hato de Potreritos. Don Froilán envía a sus hombres para que se la devuelvan. Tras el enfrentamiento entre los dos bandos la catira queda viuda y huérfana- ella misma mata a don Froilán- y dueña de ambos hatos y de sus problemas con un caporal rebelde, Aquiles Valle, homosexual, asesino y violador6, que es vencido por Juan Evangelista Pacheco.

Más tarde vuelve a casarse, ahora, con don Juan Evangelista Pacheco, el más fiel colaborador de su difunto esposo don Filiberto Marqués. Vuelve a enviudar, esta vez con un hijo, en el que tiene puestas sus esperanzas, ya que piensa que será el heredero de todas sus posesiones, a las que con la muerte de su segundo esposo se han añadido los hatos Primavera (por compra a sus primas, misia Marisela y misia Flor de Oro) y Coracero Largo (propiedad de don Juan Evangelista), que serán unificados con un solo hierro, bajo el nombre de La Pachequera.

El joven Juan Evangelista muere en un accidente de coche. La catira recibe ofertas de compra, a las que no accede por considerar que “hasta que el mundo reviente e la viejera, la tierra tié que se e mismitica que la apaciguó (pp. 356-357).

“Toos lo tenemos que entendé…La tierra quea, negra… La tierra que siempre…manque los cielos lloren, durante días y días, y los rios se agolpen…manque los alzamientos ardan, güeno, y mueran abrasaos los hombres…manque las mujeres se tornaran jorras, negra…” (2ª parte, IV, p. 356).

La catira como Doña Bárbara son dos novelas con mensaje nacionalista; pero existe entre ellas una diferencia notable en el modo de abordar la cuestión llanera. Por un lado la novela de Rómulo Gallegos es una ficción liberal e ilustrada sobre la posibilidad de transformar los llanos y someter la violencia al imperio de la ley. Con la acción del abogado Santos Luzardo, quien evita convertirse en un nuevo cacique llanero, todo puede cambiar.

La caudilla (gamonal), Doña Bárbara puede ser derrotada y rescatada de su infierno, aunque sea por amor. Sin duda Doña Bárbara fue una respuesta literaria al determinismo histórico que planteaban ensayos como Cesarismo democrático de Vallenillas Lanz padre, intelectual orgánico del gomezismo (del dictador Juan Vicente Gómez).

Camilo José Cela, influido por la lectura de Cesarismo democrático y por las ideas del ministro Vallenilla Lanz hijo sobre el país, escribe una novela sobre la necesidad de un caudillo (o caudilla) y sobre la fidelidad telúrica a la región. Por eso la novela resulta tradicionalista, aunque se aderece con escenas procaces y tremendistas como la violación y el asesinato del peón Gilberto Flores, que producirá tanto escándalo.

En realidad el encargo (pluma mercenaria) de La catira cumple con los objetivos del régimen perezjimenista; ya que exalta los valores conservadores de la tierra llanera: el culto al pasado, la lealtad al jefe, el arrojo personal, el machismo y la fuerza.

En el mundo de la Pipía , aunque hay autos americanos, nevera, y pronto llegará la radio y la televisión y tampoco se oculta el progreso de la industria del petróleo; esto dicen tres peones del el Pedernal, cuando abandonan el hato: “Nosotros nos vamos a dir pal petróleo, don; allá hay muy güena realera” (1ª parte, I, 60), nada cambia: los blancos son los dueños de los hatos, los indios poseen un olfato y un oído como los animales, los negros tienen instintos y los homosexuales son castigados por la propia naturaleza, como al capataz Aquiles Valle, que es devorado por los peces caribes (las pirañas).

En cuanto al lenguaje utilizado CJC comete el gran error de elevar el habla llanera (la oralidad) a la condición de lengua literaria venezolana, marchando en contra de la tradición y esto perturba al lector venezolano.

Y, además, el método que sigue Cela para recrear el habla llanera es muy poco serio. Primero redacta la novela en un castellano normal, y luego va colocando las frases con giros y expresiones supuestamente llaneras; mutila las palabras hasta convertirlas en unos extraños fantasmas verbales muy ‘llaneros’.

Por lo tanto las estructuras sintácticas de la novela siguen siendo básicamente las de un castellano peninsular, adornadas con venezolanismos y elementos del léxico llanero, pero que se emplean mal o se colocan fuera de su sitio habitual dentro de la frase venezolana.

Después el narrador se expresa en un castellano normativo, mientras que los llaneros tienen todos el mismo registro de voz, habla igual el cura, el licenciado, el capataz, el peón que el dueño del hato. Incluso Telefoníasinhilos y Saludable Fernández son de Maracaibo, pero se expresan en lenguaje llanero.



LA RECEPCIÓN DE LA CATIRA

La catira sale a las librerías españolas el 14 de marzo de 1955 publicada por la editorial Moguer y la crítica le es favorable (Antonio Vilanova, Juan Ramón Masoliver, José Mª Castellet, Martínez Cachero); sólo Manuel G. Cerezales, el esposo de Carmen Laforet, emite una opinión contraria en su reseña del diario Informaciones. Esto dice Manuel Cerezales: “Los personajes de La catira son solo fantoches, que, a veces parecen cobrar voz y vida propia”; también señala la ausencia de intención política, que separa el ejercicio lingüístico de Cela del de Valle-Inclán en Tirano Banderas, sigue: “la novela serviría (…) como confirmación del atraso, de la miseria y de las primitivas condiciones de existencia en que vive el pueblo venezolano, es decir, que lo que en Gallegos es denuncia, en Cela aparece como una prueba objetiva”.7

Cela viaja a Caracas el 22 de marzo de 1955 para presentar su novela. La recepción crítica de La catira, por el contrario, fue totalmente negativa en Venezuela, entre las más destacada está la del periodista de El Universal, Manuel García Hernández, adicto al régimen, que en fecha del 25/04/ 1955 dice lo siguiente:

La catira es sucia, inmoral y ofende a Venezuela (…) Ni como ficción (…), ni como simple estudio de caracteres regionales, ni como argumento representativo de la cultura que haya podido ver en el llano (…) puede considerarse esta desfiguración lingüística y civil de los habitantes venezolanos en una vasta región en que los criminales no encuentran sanción judicial y en que las víctimas son enterradas bajo los árboles o llevadas a la caribera para su exterminio total, o entregados a los zamuros para penalidad extrema8.



Elías Toro desde El Nacional, 27/04/1955, publica un artículo titulado simplemente “La catira”, y aparte de otras consideraciones sobre la génesis (el encargo del gobierno)), sobre el lenguaje dice claramente:

Nuestro novelista emplea en toda la obra una jerigonza incomprensible compuesta de refranes, modismos, expresiones truncas, palabras incompletas y giros mal usados que demuestran (…) que por más fascinado que estuviera y obedeciendo a la hermosa inspiración que suponíamos en él, no podía en su precipitación asimilar ni comprender al hombre de nuestros llanos.9



Mariano Picón Salas señala el desfase entre La catira y las expectativas de las letras venezolanas en 1955: “Mientras que los escritores venezolanos quieren, superando o meramente anecdótico y coloquial, conquistar los temas y la problemática más general del hombre, el novelista parece llevarnos a los días del costumbrismo, cuando cada página debía acompañarse de un glosario”10.

Miguel Otero Silva, ante tanto malestar comenta a propósito del lenguaje:

Tal vez lo que produce mayor enojo a leer La catira es el léxico. Todos sus personajes- el cura, el poeta, el abogado (…) la criada, el peón- hablan al unísono una jerigonza incomprensible aun para el más curtido de los venezolanos. Es un dialecto singular, construido a base de regionalismos diversos, cubanismos, andalucismos, contracciones arbitrarias, giros inusuales en nuestro idioma, salpicados de obscenidades e indecencias.11



Camilo José Cela, ante tanta crítica, no puede seguir callado y el 28 de abril contesta a las críticas en una entrevista en Últimas Noticias bajo el título “No acepto que mi libro ofende deliberadamente a Venezuela” y referente al lenguaje empleado en La catira dice:

Todas las voces usadas en La catira las saqué de autores venezolanos, desde el doctor Calcaño, hasta Ángel Rosenblat, Rómulo Gallegos, Arturo Uslar Pietro…El lenguaje empleado en mi novela es, (…) el del bajo, nobilísimo y valeroso pueblo llanero. Al incorporar los desgarrados popularismos venezolanos a mi labor, no he hecho otra cosa que seguir la trayectoria que me marqué en La colmena al intentar dar valor literario a los también desgarrados popularismos madrileños. En mi libro figura un glosario de venezolanismos que agrupa (…) 896 voces de este país. Esa es mi contribución a la filología venezolana y me considero muy satisfecho de ser corregido y discutido. La lengua la forma el pueblo y nadie más que el pueblo y a él nos debemos los escritores.12



Cela contrariado y molesto por las malas críticas a La catira abandona Caracas el 5 de mayo de 1955 sin despedirse del ministro Vallenilla Lanz.

La academia de Venezolana de la Lengua echa su cuarto a espadas y pone punto final a la polémica en torno al lenguaje de La catira en estos términos:

Esta Academia (…) juzga que la obra (…) publicada en España, intitulada Historias de Venezuela, La catira de Camilo José Cela, adolece del defecto de presentar como habla típica popular de la región llanera venezolana, algo que es una mera combinación según el gusto personal del autor, quien ha reunido y usado a capricho (…) voces y locuciones tanto de diversas regiones de Venezuela, como de alguna república americana y aun de España. De esta manera se ha querido presentar como real y típica del llanl una jerigonza que, aun hecha a base de venezolanismos, nada tiene que ver con la realidad de nuestra habla popular.13

Alonso Zamora Vicente refiriéndose a la lengua de La catira dice:

En América existe una enorme distancia entre la lengua hablada y la lengua escrita (…) Es indudable que las gentes que en América pueden hoy leer la novela (…) ni hablan ni escriben como se ve en La catira, exclusivamente. No, aquellas gentes se van haciendo, aún, su lengua literaria. Y tienen muy lejos el tiempo en que un tipo de literatura a base de vulgarismos o ruralismos o localismos se quiso convertir en prototipo de los nacional. Recordemos la falsía, ya superada, de lo gauchesco respecto as los países del Plata; lo mismo que (…) nosotros, hispanohablantes europeos, no podemos considerar típicamente nuestro, representativo literariamente hablando, el habla de Arniches o de José Mª Gabriel y Galán.14

RASGOS ESTILÍSTICOS


En cuanto a los rasgos estilísticos podemos destacar los siguientes aspectos: la repetición del nombre completo de un personaje, el humor a través de los nombres propios de algunos personajes, el sexo, lo real maravilloso y el tono lírico.

La repetición del nombre completo de un personaje (“Gilberto Flores no era catire. Gilberto Flores aún tenía las carnes tibias.Gilberto Flores tenía la boca amarga. Gilberto Flores no tenía el pecho latidor”); la repetición del nombre con una característica física (la catira Pipía Sánchez, el vereco Nicanor Poveda, el mocho Clorinda López) o algo que indica el origen o la raza (el indio Fortunato García, el mestizo Pedro Apóstol Taborda, la negra Cándida José). Estas repeticiones dan morosidad a la narración.

También tenemos el humor a través de los nombres propios de algunos personajes entre cómicos e inverosímiles. Podemos considerar esta onomástica de extravagante, así: Telefoníasinhilos de Vásquez R. y sus seis hijos: Sesquicentenario del Lago, Helicóptero y Superheterodino y los tres de su primer esposo, Libertad de Asociación Gutiérrez- Tucán, Televisay y Penicilina; y los hermanos de Telefoníasinhilos, Armisticio (beisbolero) y Saludable Fernández (rumbera), con el sobrenombre de El Ardiente Vendaval de Guanabacoa.

El sexo truculento también tiene presencia en La catira. Los peones Gilberto Flores y Nicanor Poveda violan a la india María: “cabalgándola como a una mansa potra esquiva y desesperada” (1ª parte, III, 97).

Aquiles Valle, el caporal rebelde, homosexual y necrófilo, mata y viola al peón Gilberto Flores.

La negra Mª del Aire, aquí sin tremendismos, se rinde apasionada a las pretensiones amorosas del caporal Feliciano Bufanda.

Y por último El Ardiente Vendaval de Guanabacoa, la rumbera Saludable Fernández, se pone amorosa con el sudor: “ –Ah, y que estoy toita sudá, pues, como le gusto a mi amó” (2ª parte, III, 295); o también: “Al El Tornado Cubiche (otro sobrenombre de Saludable Fernández), la presencia de la muerte (…), la ponía cachonda. Cachonda como la criada que degüella al pavo sujetándole el tibio gañote entre los muslos” (2ª parte, III, 318).

Lo real maravilloso o el realismo mágico se asoma a las páginas de la novela en los personajes de Moquinga o Guardajumo, denominaciones del demonio y en las supersticiones de los llaneros.

El tono lírico se pude observar en estos pasajes:

En el horizonte se pintaron, viejas y elegantes, las nubes de la tarde. Lo mismo que el día del peleón del Turpial. El llano, a veces, varía poco, muy poco” (1ª parte, IV, 172)



Don Juan Evangelista Pacheco, saliendo de decirle adiós a la catira, se llegó al ceibo que sombreaba los restos del amo Filiberto (…) y se estuvo con los ojos prendidos en la verde hierba, un tiempo raro y sin medida, un tiempo durante el que escuchó latir, como una sonorosa frágil esquila de cristal, al corazón (1ª parte, V, 193).



La negra Mª del Aire y el caporal Feliciano Bufanda se veían todas las noches, entre el verde y ruidoso maíz, a la alta luz de las estrellas (2ª parte, I, 238)

Y el tono lírico final se manifiesta en: “la tierra queda. La tierra queda siempre. Aunque los ríos se agolpen (…) Aunque los hombres mueran (…). La tierra se alimenta de muertos” (2ª parte, IV, 329).



VALORACIÓN

La catira, como obra de encargo del régimen dictatorial del coronel Marcos Pérez Jiménez, se enclava dentro de la literatura (comprometida) como instrumento al servicio del poder; por esa razón se movía entre dos aparatos propagandísticos: el nacionalismo perezjimenista (el Nuevo Ideal Nacional), que ya entonces se declaraba bolivariano, y el viejo concepto de la Hispanidad, estamos en 1953, que el régimen de Franco lanzaba en términos neoimperialistas.

El gran error CJC fue intentar transcribir el habla de los llaneros; pues fue ahí donde se centraron las críticas y el rechazo de la novela. El novelista gallego reivindicaba que el lenguaje de La catira era un fiel reflejo del habla llanera y adjunta 896 voces que lo prueban. Pero transcribir palabras para construir un lenguaje por mimetismo y pretender escribir una novela llanera venezolana es, incluso, muy difícil para un venezolano no originario de los Llanos, y mucho más para un gallego que pasó un pequeño periodo en el país. Por tal motivo La catira fue rechazada por el gobierno, los opositores y los críticos.

Pues si bien es verdad que el espacio y los personajes son llaneros, el autor es español y entonces el encargo del Nuevo Ideal nacional y la mentalidad natural de la Hispanidad franquista se encuentran, chocan y raras veces coinciden. El resultado nunca estuvo a la altura de las expectativas de los jerarcas del régimen pérezjimenista ni de la oposición.

La catira viene a ser una novela bronca con su taracea tremendista y procaz, en cuyas páginas el esencialismo llanero procedía del correlato carpetovetónico que CJC cultivaba a propósito del paisanaje español.

Una novela conductista, de personajes apenas esbozados, sin ideas; y en la que Primitiva Sánchez (Pipía) muestra su voluntad de poder, creando sus propias normas morales y de todo tipo y apegada a la tierra, que es lo que permanecer; para nada se impulsan reformas modernizadoras del Llano; todo debe permanecer inmutable, como el régimen que realiza el encargo.



 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
BIBLIOGRAFÍA

Cela Camilo José, Historias de Venezuela, La catira, Editorial Moguer S. A. Barcelona, 1955, 1ª edicion. Ejemplar de lectura y citas textuales.

- Mis páginas preferidas, Editorial Gredos, Madrid,

- Edición facsimilar del manuscrito de La catira, A xoubiña voadora, nº 4, Fundación CJC, Iria Flavia, Padrón (la Coruña), 2004.

Cela Conde, Camilo José, Cela, mi padre, Ediciones de Hoy, Madrid, 1989, 6ª edición

- Cela, piel adentro, Destino, Barcelona, 2016

Guerrero Gustavo, Historia de un encargo: la catira de CJC, Anagrama, Barcelona 2008

Platas Tasende, Ana Mª, Camilo José Cela, Editorial Síntesis, Madrid, 2004

Pryevalinsky, Olga, El sistema estético de CJC. Expresividad y estructura, Editorial Castalia, Valencia, 1960

Zamora Vicente, Alonso, Camilo José Cela (Acercamiento a un escritor), Editorial Gredos, Madrid, 1962





Madrid, 25 de octubre de 2016



Anastasio Serrano



1 .- Cela Conde Camilo José, Cela, mi padre, Ediciones Temas de Hoy, Madrid, 1989, 6ª edición, p. 67.

2 .- Nota tomada de Guerrero Gustavo, Historia de un encargo: La catira de Camilo José Cela, Editorial Anagrama, Barcelona, 2008, p. 50 (Obra en la que se basa la mayor parte de este estudio)

3 .- Carta de CJC, Pollensa, 23 de marzo de 1954. AFCJC, 95, V-C. Cita tomada de Historia de un encargo. P. 99

4 .- Cela Camilo José, Mis páginas preferidas, Editorial Gredos, Madrid, 1956, p. 179

5 . Esta es la conversación entre don Job Chapín (sacerdote) y don Juan Evangelista Pacheco, hombre de confianza de don Filiberto Marqués:
(…) ¡Usté sabe, don Froilán también, que la catira no era hija suya!
- Lo que pasa, güeno, es que don Froilán había andao con las venéreas, pu aquellas fechas, y tenía esatendida a misia Chabelonga, que era hembra muy amorosa. ( La catira, 1ª parte, II p.62).
Por lo tanto el supuesto padre de la catira es su tío, don Froilán Sánchez, con quien ha vivido hasta los 20 años, sin poder hacer nada sobre el asesinato de su padre real, don Servando Sánchez, ordenado por su tío. Como vemos el melodrama o folletín llanero está servido con la huída de Pipía Sánchez para casarse con el dueño del hato vecino.

6 .- Este es el pasaje más tremendista de La catira: “Aquiles Valle se abalanzó sobre Gilberto Flores y los dos rodaron por el suelo (…) y Aquiles Valle fiero como un tigre rijoso, tumbó al peón de un tajo en el gañote (…) Aquiles Valle a carcajadas siniestras, gozó el cadáver del peón” p. 144

7 .- Cerezales Manuel, “la catira” en Informaciones, Madrid, 16/04/1955, p. 12. Nota tomada de Historia de un encargo, p. 215

8 .- O. Cit. p. 232

9 .- O. Cit, p. 235

10 .- O. Cit, p.237

11 .-O. Cit, p. 240

12 .- O. Cit, p. 243

13 .- O. Cit, p. 250

14 .- Zamora Vicente, Alonso, Camilo José Cela (Acercamiento a un escritor), Editorial Gredos, Marid, 1962, pp. 200-201