miércoles, 26 de octubre de 2016

ACERCAMIENTO A LA CATIRA de Camilo José Cela.


    (En el centenario de CJC, Padrón (La Coruña), 1916- Madrid, 2016)




 
 
Camilo José Cela sale de España rumbo a Colombia “en el mes de mayo de 1953 en un avión de hélice, con cien pesetas en el bolsillo y un divieso en la nalga izquierda”- dice su hijo Camilo José Cela Conde1. El futuro Nobel deja España un poco contrariado por la prohibición de La colmena, que tuvo que publicar en Buenos Aires. Además el emigrante literario gallego buscaba el éxito a cualquier precio. Ya el año anterior había visitado Argentina y Chile, dando unas conferencias con mucho éxito, sobre todo en Chile, donde conoce a Curzio Malaparte, Alberto Moravia e Ilia Erenburg.

Cela, pues, traza un amplio programa para recorrer siete países (Colombia, Ecuador, Venezuela, Panamá, Puerto Rico, Cuba y la República Dominicana) dando conferencias, tal como informa al Director General de Relaciones Culturales, don Luis García de Llera; al final sólo se materializan las invitaciones oficiales para las conferencias de Colombia y Ecuador.

En Colombia es recibido con expectación por la prensa y pronuncia sus conferencias, siempre las mismas, ya sabemos que esto de la repetición de las conferencias en Cela será proverbial: “Cuatro figuras del 98, Unamuno, Valle-Inclán, Baroja y Azorín”, “Teoría de la novela” y “Consideraciones sobre el oficio literario”. Dicta sus conferencias en Bogotá, Popayán, Cali y Manizales, falla a última hora Cartagena de Indias. Las opiniones de la prensa se dividen,

No es un buen momento este para Colombia, a Cela le toca asistir el 13 de junio de 1953 a la caída del dictador Laureano Gómez y al ascenso al poder del teniente general Gustavo Rojas Pinilla, que gobernaría hasta 1957.

Pero la gran operación diplomática de Cela será conseguir una gran entrevista con el Presidente de Colombia, auspiciado por su anfitrión, Lucio Pavón Núñez, recién nombrado ministro por su apoyo al golpe. La entrevista, “Mi conversación con el Presidente de Colombia”, aparece en la primera plana de El Espectador de Bogotá. El 27/06/1953. En ella Rojas Pinilla expone sus primeras ideas políticas, sociales y económicas y pide paz y reconciliación entre los colombianos.

Toda la prensa se hace eco de esta entrevista, que es considerada como una especie de programa político anticipado y la popularidad de Cela se catapulta hasta cotas insospechadas. Hasta el embajador español le escribe a García de Llera el 1 de julio en estos términos: “Como último acto de su estancia en Colombia, obtuvo unas amplias declaraciones del nuevo Presidente de la República (…), dichas declaraciones se pueden calificar de sensacionales”2.

Después prosigue el viaje a Ecuador, el 7 de julio y es recibido por el Secretario del Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica y por el embajador español, Antonio de Villacieros. Al día siguiente el Presidente Velasco Ibarra le concede una audiencia y le encarga a su ministro de Educación que sea un buen anfitrión.

Dicta tres conferencias en Quito y la cuarta en Cuenca con público numeroso; pero en Guayaquil el director de la Casa de Cultura y un nutrido grupo de exiliados españoles boicotean la conferencia y tuvo que anularse. A pesar de este incidente la visita de Cela se pude considerar como un gran triunfo cultural para España.

Cela regresa a Bogotá el 20 de julio, asiste a las celebraciones del Día de la Independencia colombiana y dos días después se embarca para Caracas.

Estando en Ecuador nuestro novelista recibe una invitación del Centro Gallego en Caracas para dar una conferencia y también para dictar un ciclo de conferencias en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Venezuela. Aún contando con la ayuda de sus paisanos y la del embajador, el estatuto de Camilo José Cela en Venezuela es muy distinto del que tenía en Colombia y Ecuador. Aquí no es un invitado oficial del gobierno y huésped de honor, por el momento.

Camilo José Cela cumple con sus paisanos disertando en el Centro Gallego sobre “Tres facetas del alma gallega” y dos días después en el Teatro Nacional sobre “La morriña, la típica y especial nostalgia (saudade) gallega”. La prensa cubre ambas conferencias y también destaca el ciclo patrocinado por la Facultad de Filosofía y Letras en los salones de la Biblioteca Nacional.

Con toda esta actividad Cela se va abriendo paso. Cuenta con la colaboración de su paisano Silvio Santiago, director de actividades culturales del Centro Gallego en Caracas, persona muy conocida por la prensa y la política venezolana. También colabora la editora y escritora Amelia Góngora, española residente en Caracas, que tiene los contactos necesarios para hacer las presentaciones de rigor, dado que trabajaba en el turismo, cuyo desarrollo era esencial en los planes del gobierno de Pérez Jiménez.

Por estas u otras razones el 3 de agosto de 1953 el doctor Humberto Spinetti Dini, director de la Oficina Nacional de Informaciones y Publicaciones del Ministerio de Relaciones Interiores, ofrecerá un cóctel para agasajar al escritor español en los salones del club Paraíso. La fotografía de El Nacional reúne a cuatro de los protagonistas principales de esa velada: Spinetti Dini, Camilo José Cela, Amelia Góngora y Laureano Vallenilla Lanz hijo.

En este cóctel Cela conoce al hombre fuerte del régimen de Pérez Jiménez, a Laureano

Vallenilla Lanz y a los pocos días, deja de ser el prometedor novelista español, conferenciante invitado por el Centro Gallego para convertirse en protegido del Ministro del Interior y huésped de honor de la República.

Marcos Pérez Jiménez y su ministro del Interior Vallenilla Lanz pretendían impulsar el desarrollo de Venezuela mediante el turismo y la inmigración europea, y como se había demostrado con Brasil, país del futuro de Stefan Zweig, una obra de un autor consagrado podía ser un instrumento de propaganda bastante eficaz para lograr dichos objetivos. Hubo un rumor, entonces, que el ministro Vallenilla Lnaz pensó hacer el encargo, antes que a CJC, a Hemingway, a Camus o a Curzio Malaparte, rumor cuya veracidad no se ha confirmado. La única condición de la obra literaria era que tenía que ser de tema venezolano.

El encargo, pues, recayó en Camilo José Cela y por una suma importante, unos tres millones de pesetas según estimaciones, abonados en dos plazos. El género literario quedaba a disposición de CJC, que tardó en decidirse por la novela; barajó el ensayo o el libro de viajes. Decidió escribir una novela venezolana, cuya trama tiene como escenario el Llano: La catira.

Cela es invitado en auto oficial y con guías locales para recorrer el país. Incluso se le facilita una avioneta de la Fuerza Aérea para recorrer los estados del Sur y del Oriente. De tal forma que cuando termine la gira, el novelista conoce el territorio venezolano mejor que muchos venezolanos.

Y el mayor logro de don Camilo durante su estancia en Venezuela fue la audiencia que le concedió Marcos Pérez Jiménez el 1 de octubre de 1953, entrevista que se publica en El Universal un mes más tarde. No cabe duda que trata de repetir el éxito de Bogotá con Rojas Pinilla. El resultado, no obstante, es diferente, porque Venezuela no es Colombia, y Pérez Jiménez ya está bien asentado en el poder, mientras que Rojas Pinilla acababa de llegar.

Con todo, la entrevista forma parte del relanzamiento de las relaciones hispano-venezolanas.



GÉNESIS DE LA CATIRA

Evidentemente que la dictadura de Pérez Jiménez trataba de promover la imagen de Venezuela en el extranjero y, en especial, en la España de Franco, de donde procedían, por esos años, muchos emigrantes canarios y gallegos, sobre todo.

El encargo de La catira pretendía promocionar a un régimen que había llegado al poder por la fuerza en noviembre de 1948, derrocando al presidente escritor Rómulo Gallegos y había falseado descaradamente el resultado de las elecciones en 1952, que encumbró como presidente a Pérez Jiménez.

Camilo J. C. durante su estancia en Venezuela hizo abundante acopio de materiales para su novela: fotos, mapas, vocabulario, libros, material que se puede ver en la Fundación CJC en Iria Flavia; pero además también se dispone de los borradores manuscritos editados por la Fundación en 2004: un extenso manuscrito autógrafo digitalizado con fecha de comienzo de 9 de marzo de 1954.

La elección del género es del propio Cela, como se ha dicho, novela rural, regional (del Llano como epítome de Venezuela) y vernácula, intentando calar en la entraña venezolana. Opta por la novela pensando que es el género que puede tener mayor difusión en el mundo hispánico.

Pero la osadía de Cela no se basa sólo en La catira, sino que proyectaba escribir un vasto ciclo novelesco que comprendía otras cinco novelas, lo que le supondría 10 años de trabajo y llevaría el título de “Historias de Venezuela”, antetítulo de La catira.

En una carta que le envía al ministro Vallenilla Lanz, el 23 de marzo de 1954, Cela le traza las líneas de su proyecto, “siempre bajo el título genérico de “Historias de Venezuela” voy anotando datos y escenas para los siguientes libros (…):

La flor del frailejón, novela de los Andes; La cachucha y el pumpá, novela de Caracas; Oro chocano, novela de la Guayana; Las inquietudes de un negrito mundano, novela del Caribe y una última (…) sobre el mundo del petróleo (el Zulia)”3.

Sabemos que este ambicioso proyecto, que debía proyectar la imagen de Venezuela por toda Europa, no se llevó efecto; ya que la polémica de la presentación de La catira en Caracas en 1955, pondrá fin a la colaboración del novelista gallego con el gobierno del coronel marcos Pérez Jiménez.



FUENTES DE LA CATIRA

 
 
 
 
 
Tenemos primero el libro de Rafael Bolívar Coronado, El llanero, estudio de sociología venezolana, publicado en Madrid en 1918 y se sirve de él para rodear la ficción de detalles autóctonos, como las numerosas coplas que se citan en la primera parte de la novela.

Además Rafael Bolívar Coronado es el autor de la letra de la zarzuela, Alma llanera, que se estrenó en Caracas en 1914 con la compañía de Matilde Rueda. Del éxito de la zarzuela se desprendió un corrido, que interpretado hasta la saciedad con los instrumentos llaneros tradicionales: arpa, cuatro y maracas, acabó convirtiéndose en el segundo himno nacional venezolano:

Yo nací en esta ribera

del Arauca vibrador.

Soy hermano de la espuma,

de las garzas, de las rosas

y del sol, y del sol.

En el Llano, esa región central, se inicia la gran epopeya fundacional de Venezuela; en ese primitivo escenario, descrito como una tierra de nadie, donde crece el ganado salvaje, y adonde, en tiempos remotos, huían a esconderse los esclavos cimarrones, los indios que abandonaban las encomiendas y todos aquellos que tenían cuentas pendientes con la justicia colonial.

Cela durante el proceso de redacción (febrero-septiembre de 1954) pide a Caracas bibliografía de consulta como el Glosario de bajo español de Venezuela (1929) de Lisandro Alvarado; la Enciclopedia Larense (1941) de Rafael Domingo Silva Uzcátegui; El castellano de Venezuela (1949) del lingüista Julio Calcaño, Lengua y cultura de Venezuela (1954) del filólogo Ángel Rosenblat, varios catálogos de la flora y la fauna llanera y hasta un mapa en relieve del país. También maneja Cesarismo democrático y Disgregación e integración de Vallenilla Lanz padre.

Con todo este material Cela iba a redactar la novela más venezolana de entonces, la novela del Nuevo Ideal Nacional.

Y en resumen lo que se nos cuenta en la novela es la consolidación del liderazgo regional de una gamonal llanera, Pipía (Primitiva) Sánchez, conocida como la catira.



LA CATIRA, NOVELA LLANERA

 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
Portada de la primera edición, 1955
 
 
 

La catira ubica la trama en los Llanos de Guárico y Apure. El título es llanero, igual que los subtítulos de los capítulos: “Moquinga”, “El ojo del zamuro” etc y por supuesto las cuidadas ilustraciones de Ricardo Arenys de la edición príncipe (una serie de finos dibujos de los indómitos caballos llaneros), colocados al principio de cada capítulo por unidades, por parejas o por conjuntos.

La novela se compone de dos partes, de 5 capítulos la primera, titulada, “Viento Oeste, viento Barinés” y por subtítulo, “La guerra”; la segunda parte consta de 4 capítulos, que se titula, “La garza en el cañabraval”y se subtitula, “La paz”.

Los capítulos de dividen en secuencias, separadas por espacios en blanco, al modo de La colmena, aunque un poco más extensas.

Cela utiliza un lenguaje extraño: el habla popular de los Llanos venezolanos, esto dice:

La catira es, en mi intención, un canto arrebatado a la mujer venezolana. También a la tierra venezolana. (…) en la catira ensayé (…) la doble experiencia de la incorporación del mundo americano y su peculiar lenguaje la literatura española. Sé bien que su lectura no es fácil, tanto por el empleo de palabras no habituales en el español de España como por la figuración que me propuse de su fonética. En la edición incluyo un vocabulario de venezolanismos, de cuyas 896 voces hago aquí gracia al lector” (…) a La catira le fue otorgado del Premio de la Critica 1956, único galardón que recibí.4



Los hechos se desarrollan en el Llano venezolano y el tiempo avanza sin rupturas. La segunda parte discurre por el tiempo de la escritura de la novela (1954) y la primera dieciséis o dieciocho años antes (se hace alguna alusión a la guerra civil española).

La novela tiene como eje al personaje femenino que da nombre al texto, la catira, rubia, blanca, muy hermosa y mujer de mucho carácter, Primitiva Sánchez, “Pipía”, cuyo papel en la obra resalta el amor a la tierra y su valor como fuente de riqueza. La catira se consagra a mantener unidos y apaciguados sus hatos, para los que sueña un heredero de su propia sangre.

Pero veamos su argumento:

La catira Pipía Sánchez huye del hato del Pedernal y del dominio de don Froilán Sánchez, de quien pasaba por ser su hija sin serlo5, para casarse con don Filiberto Marqués en el hato de Potreritos. Don Froilán envía a sus hombres para que se la devuelvan. Tras el enfrentamiento entre los dos bandos la catira queda viuda y huérfana- ella misma mata a don Froilán- y dueña de ambos hatos y de sus problemas con un caporal rebelde, Aquiles Valle, homosexual, asesino y violador6, que es vencido por Juan Evangelista Pacheco.

Más tarde vuelve a casarse, ahora, con don Juan Evangelista Pacheco, el más fiel colaborador de su difunto esposa don Filiberto Marqués. Vuelve a enviudar, esta vez con un hijo, en el que tiene puestas sus esperanzas, ya que piensa que será el heredero de todas sus posesiones, a las que con la muerte de su segundo esposo se han añadido los hatos Primavera (por compra a sus primas, misia Marisela y misia Flor de Oro) y Coracero Largo (propiedad de don Juan Evangelista), que serán unificados con un solo hierro, bajo el nombre de La Pachequera.

El joven Juan Evangelista muere en un accidente de coche. La catira recibe ofertas de compra, a las que no accede por considerar que “hasta que el mundo reviente e la viejera, la tierra tié que se e mismitica que la apaciguó (pp. 356-357).

“Toos lo tenemos que entendé…La tierra quea, negra… La tierra que siempre…manque los cielos lloren, durante días y días, y los rios se agolpen…manque los alzamientos ardan, güeno, y mueran abrasaos los hombres…manque las mujeres se tornaran jorras, negra…” (2ª parte, IV, p. 356).

La catira como Doña Bárbara son dos novelas con mensaje nacionalista; pero existe entre ellas una diferencia notable en el modo de abordar la cuestión llanera. Por un lado la novela de Rómulo Gallegos es una ficción liberal e ilustrada sobre la posibilidad de transformar los llanos y someter la violencia al imperio de la ley. Con la acción del abogado Santos Luzardo, quien evita convertirse en un nuevo cacique llanero, todo puede cambiar.

La caudilla (gamonal), Doña Bárbara puede ser derrotada y rescatada de su infierno, aunque sea por amor. Sin duda Doña Bárbara fue una respuesta literaria al determinismo histórico que planteaban ensayos como Cesarismo democrático de Ballenillas Lanz padre, intelectual orgánico del gomezismo (del dictador Juan Vicente Gómez).

Camilo José Cela, influido por la lectura de Cesarismo democrático y por las ideas del ministro Vallenilla Lanz hijo sobre el país, escribe una novela sobre la necesidad de un caudillo (o caudilla) y sobre la fidelidad telúrica a la región. Por eso la novela resulta tradicionalista, aunque se aderece con escenas procaces y tremendistas como la violación y el asesinato del peón Gilberto Flores, que producirá tanto escándalo.

En realidad el encargo (pluma mercenaria) de La catira cumple con los objetivos del régimen perezjimenista; ya que exalta los valores conservadores de la tierra llanera: el culto al pasado, la lealtad al jefe, el arrojo personal, el machismo y la fuerza.

En el mundo de la Pipía , aunque hay autos americanos, nevera, y pronto llegará la radio y la televisión y tampoco se oculta el progreso de la industria del petróleo; esto dicen tres peones del el Pedernal, cuando abandonan el hato: “Nosotros nos vamos a dir pal petróleo, don; allá hay muy güena realera” (1ª parte, I, 60), nada cambia: los blancos son los dueños de los hatos, los indios poseen un olfato y un oído como los animales, los negros tienen instintos y los homosexuales son castigados por la propia naturaleza, como al capataz Aquiles Valle, que es devorado por los peces caribes (las pirañas).

En cuanto al lenguaje utilizado CJC comete el gran error de elevar el habla llanera (la oralidad) a la condición de lengua literaria venezolana, marchando en contra de la tradición y esto perturba al lector venezolano.

Y, además, el método que sigue Cela para recrear el habla llanera es muy poco serio. Primero redacta la novela en un castellano normal, y luego va colocando las frases con giros y expresiones supuestamente llaneras; mutila las palabras hasta convertirlas en unos extraños fantasmas verbales muy ‘llaneros’.

Por lo tanto las estructuras sintácticas de la novela siguen siendo básicamente las de un castellano peninsular, adornadas con venezolanismos y elementos del léxico llanero, pero que se emplean mal o se colocan fuera de su sitio habitual dentro de la frase venezolana.

Después el narrador se expresa en un castellano normativo, mientras que los llaneros tienen todos el mismo registro de voz, habla igual el cura, el licenciado, el capataz, el peón que el dueño del hato. Incluso Telefoníasinhilos y Saludable Fernández son de Maracaibo, pero se expresan en lenguaje llanero.



LA RECEPCIÓN DE LA CATIRA

La catira sale a las librerías españolas el 14 de marzo de 1955 publicada por la editorial Moguer y la crítica le es favorable (Antonio Vilanova, Juan Ramón Masoliver, José Mª Castellet, Martínez Cachero); sólo Manuel G. Cerezales, el esposo de Carmen Laforet, emite una opinión contraria en su reseña del diario Informaciones. Esto dice Manuel Cerezales: “Los personajes de La catira son solo fantoches, que, a veces parecen cobrar voz y vida propia”; también señala la ausencia de intención política, que separa el ejercicio lingüístico de Cela del de Valle-Inclán en Tirano Banderas, sigue: “la novela serviría (…) como confirmación del atraso, de la miseria y de las primitivas condiciones de existencia en que vive el pueblo venezolano, es decir, que lo que en Gallegos es denuncia, en Cela aparece como una prueba objetiva”.7

Cela viaja a Caracas el 22 de marzo de 1955 para presentar su novela. La recepción crítica de La catira, por el contrario, fue totalmente negativa en Venezuela, entre las más destacada está la del periodista de El Universal, Manuel García Hernández, adicto al régimen, que en fecha del 25/04/ 1955 dice lo siguiente:

La catira es sucia, inmoral y ofende a Venezuela (…) Ni como ficción (…), ni como simple estudio de caracteres regionales, ni como argumento representativo de la cultura que haya podido ver en el llano (…) puede considerarse esta desfiguración lingüística y civil de los habitantes venezolanos en una vasta región en que los criminales no encuentran sanción judicial y en que las víctimas son enterradas bajo los árboles o llevadas a la caribera para su exterminio total, o entregados a los zamuros para penalidad extrema8.



Elías Toro desde El Nacional, 27/04/1955, publica un artículo titulado simplemente “La catira”, y aparte de otras consideraciones sobre la génesis (el encargo del gobierno)), sobre el lenguaje dice claramente:

Nuestro novelista emplea en toda la obra una jerigonza incomprensible compuesta de refranes, modismos, expresiones truncas, palabras incompletas y giros mal usados que demuestran (…) que por más fascinado que estuviera y obedeciendo a la hermosa inspiración que suponíamos en él, no podía en su precipitación asimilar ni comprender al hombre de nuestros llanos.9



Mariano Picón Salas señala el desfase entre La catira y las expectativas de las letras venezolanas en 1955: “Mientras que los escritores venezolanos quieren, superando o meramente anecdótico y coloquial, conquistar los temas y la problemática más general del hombre, el novelista parece llevarnos a los días del costumbrismo, cuando cada página debía acompañarse de un glosario”10.

Miguel Otero Silva, ante tanto malestar comenta a propósito del lenguaje:

Tal vez lo que produce mayor enojo a leer La catira es el léxico. Todos sus personajes- el cura, el poeta, el abogado (…) la criada, el peón- hablan al unísono una jerigonza incomprensible aun para el más curtido de los venezolanos. Es un dialecto singular, construido a base de regionalismos diversos, cubanismos, andalucismos, contracciones arbitrarias, giros inusuales en nuestro idioma, salpicados de obscenidades e indecencias.11



Camilo José Cela, ante tanta crítica,

no puede seguir callado y el 28 de abril contesta a las críticas en una entrevista en Últimas Noticias bajo el título “No acepto que mi libro ofende deliberadamente a Venezuela” y referente al lenguaje empleado en La catira dice:



Todas las voces usadas en La catira las saqué de autores venezolanos, desde el doctor Calcaño, hasta Ángel Rosenblat, Rómulo Gallegos, Arturo Uslar Pietro…El lenguaje empleado en mi novela es, (…) el del bajo, nobilísimo y valeroso pueblo llanero. Al incorporar los desgarrados popularismos venezolanos a mi labor, no he hecho otra cosa que seguir la trayectoria que me marqué en La colmena al intentar dar valor literario a los también desgarrados popularismos madrileños. En mi libro figura un glosario de venezolanismos que agrupa (…) 896 voces de este país. Esa es mi contribución a la filología venezolana y me considero muy satisfecho de ser corregido y discutido. La lengua la forma el pueblo y nadie más que el pueblo y a él nos debemos los escritores.12



Cela contrariado y molesto por las malas críticas a La catira abandona Caracas el 5 de mayo de 1955 sin despedirse del ministro Vallenilla Lanz.

La academia de Venezolana de la Lengua echa su cuarto a espadas y pone punto final a la polémica en torno al lenguaje de La catira en estos términos:

Esta Academia (…) juzga que la obra (…) publicada en España, intitulada Historias de Venezuela, La catira de Camilo José Cela, adolece del defecto de presentar como habla típica popular de la región llanera venezolana, algo que es una mera combinación según el gusto personal del autor, quien ha reunido y usado a capricho (…) voces y locuciones tanto de diversas regiones de Venezuela, como de alguna república americana y aun de España. De esta manera se ha querido presentar como real y típica del llanl una jerigonza que, aun hecha a base de venezolanismos, nada tiene que ver con la realidad de nuestra habla popular.13

Alonso Zamora Vicente refiriéndose a la lengua de La catira dice:

En América existe una enorme distancia entre la lengua hablada y la lengua escrita (…) Es indudable que las gentes que en América pueden hoy leer la novela (…) ni hablan ni escriben como se ve en La catira, exclusivamente. No, aquellas gentes se van haciendo, aún, su lengua literaria. Y tienen muy lejos el tiempo en que un tipo de literatura a base de vulgarismos o ruralismos o localismos se quiso convertir en prototipo de los nacional. Recordemos la falsía, ya superada, de lo gauchesco respecto as los países del Plata; lo mismo que (…) nosotros, hispanohablantes europeos, no podemos considerar típicamente nuestro, representativo literariamente hablando, el habla de Arniches o de José Mª Gabriel y Galán.14

RASGOS ESTILÍSTICOS


En cuanto a los rasgos estilísticos podemos destacar los siguientes aspectos: la repetición del nombre completo de un personaje, el humor a través de los nombres propios de algunos personajes, el sexo, lo real maravilloso y el tono lírico.

La repetición del nombre completo de un personaje (“Gilberto Flores no era catire. Gilberto Flores aún tenía las carnes tibias.Gilberto Flores tenía la boca amarga. Gilberto Flores no tenía el pecho latidor”); la repetición del nombre con una característica física (la catira Pipía Sánchez, el vereco Nicanor Poveda, el mocho Clorinda López) o algo que indica el origen o la raza (el indio Fortunato García, el mestizo Pedro Apóstol Taborda, la negra Cándida José). Estas repeticiones dan morosidad a la narración.

También tenemos el humor a través de los nombres propios de algunos personajes entre cómicos e inverosímiles. Podemos considerar esta onomástica de extravagante, así: Telefoníasinhilos de Vásquez R. y sus seis hijos: Sesquicentenario del Lago, Helicóptero y Superheterodino y los tres de su primer esposo, Libertad de Asociación Gutiérrez- Tucán, Televisay y Penicilina; y los hermanos de Telefoníasinhilos, Armisticio (beisbolero) y Saludable Fernández (rumbera), con el sobrenombre de El Ardiente Vendaval de Guanabacoa.

El sexo truculento también tiene presencia en La catira. Los peones Gilberto Flores y Nicanor Poveda violan a la india María: “cabalgándola como a una mansa potra esquiva y desesperada” (1ª parte, III, 97).

Aquiles Valle, el caporal rebelde, homosexual y necrófilo, mata y viola al peón Gilberto Flores.

La negra Mª del Aire, aquí sin tremendismos, se rinde apasionada a las pretensiones amorosas del caporal Feliciano Bufanda.

Y por último El Ardiente Vendaval de Guanabacoa, la rumbera Saludable Fernández, se pone amorosa con el sudor: “ –Ah, y que estoy toita sudá, pues, como le gusto a mi amó” (2ª parte, III, 295); o también: “Al El Tornado Cubiche (otro sobrenombre de Saludable Fernández), la presencia de la muerte (…), la ponía cachonda. Cachonda como la criada que degüella al pavo sujetándole el tibio gañote entre los muslos” (2ª parte, III, 318).

Lo real maravilloso o el realismo mágico se asoma a las páginas de la novela en los personajes de Moquinga o Guardajumo, denominaciones del demonio y en las supersticiones de los llaneros.

El tono lírico se pude observar en estos pasajes:

En el horizonte se pintaron, viejas y elegantes, las nubes de la tarde. Lo mismo que el día del peleón del Turpial. El llano, a veces, varía poco, muy poco” (1ª parte, IV, 172)



Don Juan Evangelista Pacheco, saliendo de decirle adiós a la catira, se llegó al ceibo que sombreaba los restos del amo Filiberto (…) y se estuvo con los ojos prendidos en la verde hierba, un tiempo raro y sin medida, un tiempo durante el que escuchó latir, como una sonorosa frágil esquila de cristal, al corazón (1ª parte, V, 193).



La negra Mª del Aire y el caporal Feliciano Bufanda se veían todas las noches, entre el verde y ruidoso maíz, a la alta luz de las estrellas (2ª parte, I, 238)

Y el tono lírico final se manifiesta en: “la tierra queda. La tierra queda siempre. Aunque los ríos se agolpen (…) Aunque los hombres mueran (…). La tierra se alimenta de muertos” (2ª parte, IV, 329).



VALORACIÓN

La catira, como obra de encargo del régimen dictatorial del coronel Marcos Pérez Jiménez, se enclava dentro de la literatura (comprometida) como instrumento al servicio del poder; por esa razón se movía entre dos aparatos propagandísticos: el nacionalismo perezjimenista (el Nuevo Ideal Nacional), que ya entonces se declaraba bolivariano, y el viejo concepto de la Hispanidad, estamos en 1953, que el régimen de Franco lanzaba en términos neoimperialistas.

El gran error CJC fue intentar transcribir el habla de los llaneros; pues fue ahí donde se centraron las críticas y el rechazo de la novela. El novelista gallego reivindicaba que el lenguaje de La catira era un fiel reflejo del habla llanera y adjunta 896 voces que lo prueban. Pero transcribir palabras para construir un lenguaje por mimetismo y pretender escribir una novela llanera venezolana es, incluso, muy difícil para un venezolano no originario de los Llanos, y mucho más para un gallego que pasó un pequeño periodo en el país. Por tal motivo La catira fue rechazada por el gobierno, los opositores y los críticos.

Pues si bien es verdad que el espacio y los personajes son llaneros, el autor es español y entonces el encargo del Nuevo Ideal nacional y la mentalidad natural de la Hispanidad franquista se encuentran, chocan y raras veces coinciden. El resultado nunca estuvo a la altura de las expectativas de los jerarcas del régimen pérezjimenista ni de la oposición.

La catira viene a ser una novela bronca con su taracea tremendista y procaz, en cuyas páginas el esencialismo llanero procedía del correlato carpetovetónico que CJC cultivaba a propósito del paisanaje español.

Una novela conductista, de personajes apenas esbozados, sin ideas; y en la que Primitiva Sánchez (Pipía) muestra su voluntad de poder, creando sus propias normas morales y de todo tipo y apegada a la tierra, que es lo que permanecer; para nada se impulsan reformas modernizadoras del Llano; todo debe permanecer inmutable, como el régimen que realiza el encargo.



 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
BIBLIOGRAFÍA

Cela Camilo José, Historias de Venezuela, La catira, Editorial Moguer S. A. Barcelona, 1955, 1ª edicion. Ejemplar de lectura y citas textuales.

- Mis páginas preferidas, Editorial Gredos, Madrid,

- Edición facsimilar del manuscrito de La catira, A xoubiña voadora, nº 4, Fundación CJC, Iria Flavia, Padrón (la Coruña), 2004.

Cela Conde, Camilo José, Cela, mi padre, Ediciones de Hoy, Madrid, 1989, 6ª edición

- Cela, piel adentro, Destino, Barcelona, 2016

Guerrero Gustavo, Historia de un encargo: la catira de CJC, Anagrama, Barcelona 2008

Platas Tasende, Ana Mª, Camilo José Cela, Editorial Síntesis, Madrid, 2004

Pryevalinsky, Olga, El sistema estético de CJC. Expresividad y estructura, Editorial Castalia, Valencia, 1960

Zamora Vicente, Alonso, Camilo José Cela (Acercamiento a un escritor), Editorial Gredos, Madrid, 1962





Madrid, 25 de octubre de 2016



Anastasio Serrano



1 .- Cela Conde Camilo José, Cela, mi padre, Ediciones Temas de Hoy, Madrid, 1989, 6ª edición, p. 67.

2 .- Nota tomada de Guerrero Gustavo, Historia de un encargo: La catira de Camilo José Cela, Editorial Anagrama, Barcelona, 2008, p. 50 (Obra en la que se basa la mayor parte de este estudio)

3 .- Carta de CJC, Pollensa, 23 de marzo de 1954. AFCJC, 95, V-C. Cita tomada de Historia de un encargo. P. 99

4 .- Cela Camilo José, Mis páginas preferidas, Editorial Gredos, Madrid, 1956, p. 179

5 . Esta es la conversación entre don Job Chapín (sacerdote) y don Juan Evangelista Pacheco, hombre de confianza de don Filiberto Marqués:
(…) ¡Usté sabe, don Froilán también, que la catira no era hija suya!
- Lo que pasa, güeno, es que don Froilán había andao con las venéreas, pu aquellas fechas, y tenía esatendida a misia Chabelonga, que era hembra muy amorosa. ( La catira, 1ª parte, II p.62).
Por lo tanto el supuesto padre de la catira es su tío, don Froilán Sánchez, con quien ha vivido hasta los 20 años, sin poder hacer nada sobre el asesinato de su padre real, don Servando Sánchez, ordenado por su tío. Como vemos el melodrama o folletín llanero está servido con la huída de Pipía Sánchez para casarse con el dueño del hato vecino.

6 .- Este es el pasaje más tremendista de La catira: “Aquiles Valle se abalanzó sobre Gilberto Flores y los dos rodaron por el suelo (…) y Aquiles Valle fiero como un tigre rijoso, tumbó al peón de un tajo en el gañote (…) Aquiles Valle a carcajadas siniestras, gozó el cadáver del peón” p. 144

7 .- Cerezales Manuel, “la catira” en Informaciones, Madrid, 16/04/1955, p. 12. Nota tomada de Historia de un encargo, p. 215

8 .- O. Cit. p. 232

9 .- O. Cit, p. 235

10 .- O. Cit, p.237

11 .-O. Cit, p. 240

12 .- O. Cit, p. 243

13 .- O. Cit, p. 250

14 .- Zamora Vicente, Alonso, Camilo José Cela (Acercamiento a un escritor), Editorial Gredos, Marid, 1962, pp. 200-201

jueves, 30 de junio de 2016

VISITA INESPERADA


           



En pleno solsticio de verano y leyendo la autobiografía de RAMÓN Gómez de la Serna, que él titula, como es sabido, Automoribundia, oigo que tocan con los nudillos en una de las puertas de mi domicilio en Madrid. Me tomo las debidas precauciones; observo por la mirilla e inicio un breve diálogo a través de la puerta y antes de abrir, le pregunto, si es un hombre de bien, a lo que responde afirmativamente.

Le abro la puerta, se presenta, me dice su nombre: Enrique Merino, que vivió con sus padres en mi domicilio actual en los años 40 y que después fueron a vivir a Menorca por el destino de su padre y el piso lo ocupó su tía, Manuela Cano MERINO, a quien yo se lo compré hace ya 25 años.

Le muestro la casa, muy cambiada en cuanto a su morfología y él iba recordando el lugar e incluso el daño de alguno de los muebles de entonces.

Entre tanto iniciamos un diálogo fluido y le pregunto por su profesión, lugar donde vive, así como yo le digo la mía; me manifestó que era profesor emérito de Geología de la universidad de Bloomington (Indiana), que había estudiado Ingeniería de Minas en Madrid y el doctorado en Geología en EE. UU. Yo le manifesté que tenía alguna referencia de la universidad de Bloomington en el campo de las letras y en un momento dado llamó por el móvil a su mujer, que se quedó en la acera por no atreverse a ‘invadir’ un domicilio particular.

Se presentó con su nombre y apellido compuesto: Consuelo López-Morillas, y claro, yo le dije, si era hija del hispanista y catedrático Juan López-Morillas (Jódar, Jaén, 1913- Austin, Texas, EE. UU. 1997), me contestó que sí; le mostré un libro de su padre, cuando pasamos a mi gabinete: Kausismo: Estética y Literatura, Antología, Selección y Edición de Juan López-Morillas, E. Labor, Barcelona, 1973.

Ella, a su vez, me dijo que era profesora universitaria emérita del Departamento de Español y Portugués de la universidad de Bloomington y especialista en literatura aljamiada.

Y al preguntarle por la carrera universitaria de su padre, me dijo que había profesado en la universidad de Brown en Providence (Rhode Island) como catedrático de Literatura Española y Literatura Comparada hasta su jubilación en 1978. Después aceptó una invitación de la universidad de Texas en Austin para ocupar la cátedra de Ashbel Smith Profesor of Spanish y se jubiló en 1989 a los 75 años.

Después de jubilado se dedicó a traducir a los grandes novelistas rusos del siglo XIX, mientras que su mujer, Frances Mapes había traducido al inglés obras de Pérez Galdós, Camilo José Cela, Delibes y Jorge Luis Borges.

 
 
                                                           Juan López-Morillas 
 
 
 
 
 
 
El profesor hispanista Juan López- Morillas centró su campo de investigación en el movimiento krausista español, la Generación del 98 (Unamuno), la Institución Libre de Enseñanza (Francisco Giner de los Ríos) y la Literatura comparada.

Y como estamos en el tiempo de las cerezas (el temps de les cireres), si tomamos la imagen del puñado de cerezas cogido de un cesto de mimbre, tendríamos primero la ciudad de Bloomington en Indiana y en el mismo estado y a pocas millas, se encuentra la ciudad de Nashville, donde hay un museo dedicado a Dillinger (Enemigo público Número 1) con objetos y fotografías de víctimas, cómplices y secuaces.

Como es sabido, y coincidiendo con la gran depresión de 1929, Dillinger asalta bancos, secuestra y asesina a un total de 14 personas, por lo cual era considerado el enemigo público número 1, pero la Dama de Rojo (Anna Sage) le denunció con el fin de evitar su deportación, la siniestra rumana servirá de cebo al antihéroe en la emboscada que le costará la vida. Fue abatido por la policía en 1934.

Una urna de cristal contiene el canotié, las gafas rotas, las entradas del cine y las prendas de vestir manchadas de sangre.

 
 
 
                                                            Victoriano Crémer
 
 
 
 
 
 
Pues bien, el poeta leonés, nacido en Burgos, Victoriano Crémer (Burgos 1907- León, 2009) le dedica un poema al famoso gánster, tras la película de W S. Van Dyke, John Dillinger, emenigo público número 1 de 1934, titulado “Fábula de persecución y muerte de Dillinger”, el poema pertenece al libro: Tacto sonoro, León, 1944.

El poema comienza con una serie de metáforas irracionales e imágenes visionarias:

"Las plataformas de los rascacielos vuelan

en una embriaguez desorbitada de espejos y cristales",

en las que podemos sentir los ecos lorquianos de Poeta en Nueva York y cuando describe al personaje, resuena algo del Romancero gitano:

"¡Dillinger! –Vara de acero,

ojos de lagarto al sol-

entre un salva de balas

se quebró como una flor".

Además, el largo poema responde a una estructura cinematográfica con una puesta en escena de voces corales, cuyo objetivo es ensalzar al personaje, mostrar el espacio en que suceden los hechos e intensificar la proximidad de la tragedia; al final vuelve la irracionalidad poética y las imágenes surrealistas y termina el poema con la subasta del sombrero de Dillinger en el club del banquero Vanderville, como esguince irónico del orden establecido ( la noria del dinero que no se detiene):

"Y en el club del banquero Vanderville

-sudorosas papadas en reposo-

subastan un sombrero verdi-claro

en millares de dólares…"

 
 
 
 
                                                              Ricardo Gullón
 
 
 
 
Retirando otra cereza traería a don Ricardo Gullón (Astorga, 1908- Madrid, 1991), que precedió Juan López-Morillas como profesor en la universidad de Texas en Austin

Profesó de 1960 a 1975, pasando luego a la de Chicago, hasta su jubilación en 1983; y todavía con 80 años daba cursos de doctorado en la universidad de Davis (California).

Don Ricardo Gullón, además de escritor y crítico literario, como profesor centró sus investigaciones en la teoría de la literatura (estudios sobre la novela), galdosiano primigenio y estudioso de Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Unamuno y Cernuda.

Luego le tocaría el turno a Consuelo López Morillas, maestra en Jódar (Jaén) de varias generaciones, hija y nieta de maestros, fallecida en Jódar en 1993, toda una saga de docentes, que se prolonga ya más de un siglo.

Doña Consuelo era hermana del hispanista y catedrático Juan López-Morillas, suegro de Enrique Merino, inquilino de mi piso en los 40/40 y padre de su mujer, la también hispanista, Consuelo López-Morillas. Además el Instituto de Enseñanza Secundaria de Jódar lleva el nombre de “Juan López-Morilas”; y como hemos visto, la labor docente se lleva a cabo a uno y otro lado del Atlántico.

 
 
                                                         Luisa Sofovich y RAMÓN
 
 
 
 
 
 
Y ya por último para cerrar el círculo o gastar la última cereza prendida, por aquello de la lectura de Automoribundia de RAMÓN, sería la visita que Horacio J. Spinetto (Boletín RAMÓN, nº 20, 2010) realizó en 1989 a la casa que habitaron RAMÓN Gómez de la Serna y su esposa Luisa Sofovich en la calle Hipólito Irigoyen, nº 1974, 6º “LL” de Buenos Aires.

Pues el inquilino, que ocupaba el departamento de RAMÓN, Luis Francisco Borra, con su esposa e hijo, le mostró la casa y, orgulloso, le regaló un recibo del gas, que continuaba llegando a nombre de Ramón Gómez de la Serna.

Vemos, pues, que, pesar del paso del tiempo transcurrido (muere en 1963), el espíritu de RAMÓN continua rondando por el barrio de Balvanera.

Yo no puedo mostrar ningún recibo de los suministros de luz y gas, porque las compañías españolas, más eficientes, obligan a cambiar el nombre; lo que si heredé de Manuela Cano MERINO, fue el número de teléfono.

Hasta aquí este, ya prolongado, excurso, fruto de la grata visita inesperada.

Consuelo y Enrique, ¡Hasta la próxima!



Anastasio Serrano

Madrid, 29 de junio de 2016

jueves, 2 de junio de 2016

RELACIÓN PERSONAL y LITERARIA de Carmen de Burgos, COLOMBINE y RAMÓN Gómez de la Serna


 




Carmen de Burgos Seguí, la futura Colombine, nació en Almería en 1867 y murió en Madrid en 1932. Era hija de doña Nicasia Seguí (Níjar, 1852) y de don José de Burgos Cañizares (Almería, 1841), que tenía 11 años más que Nicasia. Se casaron en 1867, cuando doña Nicasia tenía 14 años de edad y tuvo a su hija Carmen, apenas cumplidos los 15 años.1Este dato tiene su importancia, porque Carmen de Burgos iba a repetir la actitud de su progenitora y se casará con un hombre 14 años mayor y con 16 años.

Nuestra autora pasó la infancia junto a su madre, más parecida a una hermana mayor.

El matrimonio tuvo 10 hijos y cuando murió don José de Burgos en 1922 con 81 años, vivían seis hijos: Carmen, Catalina (que la acompañó siempre), Francisco, Lorenzo, Manuel y Carlos. Sin suda las dolorosas pérdidas de los cuatro hijos no fueron recibidas como un hecho especial, sino como un fenómeno natural y constante en el entorno social de la época. Una vez casada Carmen sufrió la pérdida de 3 hijos.

Pasó la infancia en Rodalquilar, ella misma lo evoca en la revista Prometeo:

Me crié en un lindo valle andaluz (…), a la orilla del mar, frente a la costa africana. En esta tierra mora, en mi inolvidable Rodalquilar, se formó libremente mi espíritu y se desarrolló mi cuerpo (…). Pase la adolescencia como hija de la natura, soñando con un libro en la mano a la orilla del mar o cruzando a galope las montañas. Después fui a la ciudad y yo que creía buena a la humanidad toda, vi sus pequeñeces, sus miserias…2.

En esta etapa almeriense su padre, don José de Burgos fue nombrado Vicecónsul de Portugal en 1872, dependiente del consulado de Cádiz, cargo en el que se mantuvo, con algún cese, durante treinta y siete años. Este vínculo diplomático con Portugal tendría hondas repercusiones en la vida de Carmen, ya que mantuvo una estrecha relación cultural y vital con el país vecino durante casi toda su vida.



LA EDAD ADULTA A LOS 16 AÑOS:

Carmen de Burgos se casó en 1883, si hacemos caso a RAMÓN que dice: “casada a los dieciséis años, como suele suceder en Andalucía- su madre se casó a los catorce-“3. Su marido fue Arturo Álvarez Bustos, catorce años mayor que ella y era hijo de don Mariano Álvarez, pionero de la prensa almeriense en la segunda mitad del siglo XIX. Fundó la revista quincenal El Pensil (1845) y La Campana de la Vela (1854). Y además de eximio periodista e impresor, su suegro intervino en la política de la ciudad.

Arturo Álvarez Bustos, el marido de Carmen de Burgos, era periodista como su padre, pero no heredó sus nobles cualidades con la pluma. Siguió un modelo de señorito calavera y ocioso, de moral poco escrupulosa; pero, a pesar de ello, Carmen se sintió fascinada por su atractivo personal y por el prestigio de su oficio de escritor. Esto confiesa Colombine a Rafael Cansinos-Assens: “Un señorito juerguista, un tenorio que me fascinó (…) Era escritor (…) me dedicaba versos (…), se pasaba la vida en tabernas y garitos (…) yo lo soportaba todo porque lo quería… lo creía un genio”4.

El matrimonio, desigual en edad, fue mal desde el principio. Tuvieron cuatro hijos. De los cuales, solo sobrevivió, su hija María que la acompañó siempre, que nació en 1895.

Quizá lo único positivo de su matrimonio con Arturo, además de su hija, fue el aprendizaje del oficio de periodista; esto recordó Carmen y, a la vez, da una visión crítica del periodismo de Arturo:

Ejercía un periodismo poco envidiable, tenía un periodiquito de esos para meterse con la gente con fines interesados… Se tiraba en la imprenta de mi suegro, y no se publicaba más que el primer número del mes y el último…, para justificar las subvenciones… En aquel periódico, para ayudar a sostener mi hogar, me vi precisada a trabajar de cajista; y como mi marido no se ocupaba del periódico más que para sacarle provecho, muchas veces, para poder componer original, me valía de la tijera y recortaba de otros periódicos; otras redactaba yo más cuartillas, y así fui adquiriendo el entrenamiento periodístico.5

La vida matrimonial fue un fracaso por la vida disoluta de su marido. Entonces Carmen tenía que romper el círculo, en que estaba encerrada y para ello se propuso obtener el título de maestra, que le proporcionase la independencia económica y la integración en la sociedad, algo que Carmen defendió siempre para lograr la emancipación de la mujer.

En junio de 1895 se presentó a las pruebas de reválida para Maestra de Primera Enseñanza en la Escuela Normal de Maestras de Granada. Prueba que supera con facilidad. Tres años más tarde se graduó en La Normal de Granada como Maestra de Primera Enseñanza Superior, título que necesitaba para presentarse a las oposiciones de Profesoras de Escuelas Normales de Maestras. En esta convocatoria no obtuvo plaza.

Ante este camino emprendido por Carmen, su marido se burlaba e intentaba poner obstáculos. Carmen, por su parte, pensaba que su marido era el paradigma de un orden social caducado, en el que la mujer está sumisa al varón, mientras que él puede gozar de total libertad, disponiendo de la esposa para su placer y servicio; y, además, la mujer se había resignado históricamente a ese destino, aceptando una situación legal en desventaja frente al marido.

Con todo esto Carmen de Burgos se separa de su marido en 1898; ya que en 1899 viven Carmen y su hija en el hogar de su padre, don José de Burgos. El trasunto de las circunstancias de la separación matrimonial aparece reproducido en su novela La malcasada, Sempere, Valencia, 1923.

Por fin en 1901 Carmen se volvió a presentar a las oposiciones y obtuvo plaza en la Escuela Normal de Maestras de Guadalajara, donde tomó posesión el 1 de junio como profesora numeraria en la Sección de Letras.

Así pues, en 1901 Carmen de Burgos deja Almería y se traslada a Madrid con su hija. Ha alcanzado la independencia económica (mil quinientas pesetas anuales) con su plaza de profesora de Normal. Tenía 33 años.

Carmen consigue permanecer en Madrid, evitando su destino en Guadalajara, para iniciar su carrera literaria. Consigue del Ministerio una Comisión de Servicios para seguir un curso de pedagogía en el Colegio nacional de Sordomudos y Ciegos de Madrid. Comisión que mantuvo hasta 1905.

En Madrid fijó su domicilio provisional en casa de su tío, don Agustín de Burgos Cañizares, en la calle Echegaray, 10, senador desde 1899. Don Agustín le manifestó un afecto poco familiar: intentó propasarse y Carmen tuvo que abandonar su casa.

El día 2 de noviembre de 1901, la autora visita la tumba de Larra en el cementerio de San Nicolás, futura fábrica de cervezas “El Águila” y hoy Biblioteca Joaquín Leguina (Biblioteca y Archivo de la Comunidad de Madrid), situada en la calle Ramírez de Prado. Esta misma iniciativa la había realizado el 13 de febrero del mismo año, un grupo de escritores que deseaban convertir su acción en símbolo de un nuevo pensamiento y actitud literaria, comprometida con los problemas de España; eran los hombres de la Generación del 98 con los cuales coincidía ideológicamente.

En 1919 publicaría una biografía de Larra, Fígaro, en la que evoca la visita al cementerio:

En la tarde del 2 de noviembre, una pobre muchacha que acababa de llegar de una remota provincia andaluza, y que no conocía aún el acto realizado por los más prestigiosos representantes de la Generación del 98, iba sola y enlutada al cementerio de San Nicolás en busca de la tumba del maestro.6

Carmen de Burgos comenzó a colaborar en los periódicos a partir de 1902; en La Correspondencia de España y El Globo con artículos sobre la situación de la mujer. Pero en enero de 1903, don Augusto Suárez de Figueroa, director del Diario Universal le abrió las puertas de su periódico, confiándole una columna diaria titulada: “Lecturas para la mujer” y se convirtió en la primera redactora de un periódico. Además, don Arturo la rebautizó con el pseudónimo de Colombine7, con el que hoy todavía se asocia a Carmen de Burgos.

En el periodismo lucha por la implantación de la ley del divorcio, por el voto femenino y por la República.

Colombine compagina el periodismo con la enseñanza en la Normal de Toledo (1908), donde coincidió con Dolores Cebrián, esposa de Julián Besteiro, catedrático, a la sazón del Instituto de Bachillerato de Toledo, futuro catedrático de Lógica de la Universidad Central (19129 y político socialista.

Participó en “La promoción del Cuento Semanal” (1907-1925), según la denominación de Federico Carlos Sainz de Robles con numerosos títulos de novelas cortas (El perseguidor, 17/02/1917 en La Novela Corta, cuyo director y fundador fue don José de Urquía).



ENCUENTRO CON RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
En abril de 1908 Carmen de Burgos, ya con prestigio literario, funda una tertulia literaria en su casa del calle San Bernardo, 76. Cita a los contertulios a las cinco de la tarde y les sirve un té. A dicha tertulia asisten tanto las jóvenes promesas como las figuras consagradas, esto dice Colombine al respecto: “Por mi casa de Madrid pasan escritores, periodistas, músicos, escultores, pintores y poetas… y cuantos artistas americanos y extranjeros nos visitan (…). Jóvenes y maestros (…) despiertan mi interés y me deleito en sus creaciones”8.

Nuestra autora tuvo varios admiradores, dentro de los asiduos a la tertulia, entre ellos Tomás Morales, Eduardo Barriobero, José Francés y hasta Rafael Cansinos-Assens se sintió atraído por Carmen, mientras que ella no le correspondía; esto dice Cansinos: “-Yo la amo a usted, la comprendo, la admiro y la amo. Pero me domino y me limito a decir: -Yo tampoco tengo ningún amor…9.

De todos aquellos admiradores destacó un joven inquietante llamado Ramón Gómez de la Serna con 21 años en 1909, que logró conquistar el corazón de la anfitriona, que tenía 20 años más que él.

Paralelamente a la tertulia Carmen decide crear una revista para dar cauce a los ideales compartidos por los jóvenes y maduros literatos: la Revista Crítica, nº 1, septiembre de 1908. Colaboraron Eduardo Zamacois, Salvador Rueda, Díez Canedo, Juan Ramón Jiménez, Hoyos y Vinent, Cansinos-Assens, Ramón Gómez de la Serna y Tomás Morales, entre otros. La revista, de vida efímera, publicó su último número en abril de 1909. Sacó 6 números.

Entre todo este tráfago literario, el amor de Carmen y Ramón se va consolidando.

El padre de Ramón Gómez de la Serna funda la revista Prometeo, Revista Social y Literaria, el nº 1 salió en noviembre de 1908, como vehículo de expresión de su hijo Ramón.

Y será en 1909 cuando comienza la relación de pareja íntima y literaria de Carmen y Ramón.

Mucho se ha hablado de la desigualdad de edad (Carmen tenía 20 años más) entre ambos, lo cual ha dado motivo para hablar de la inmadurez de Ramón (con 21 años); y por otra parte de la vida bohemia y de “femme fatal” de Carmen de Burgos, que buscaría el amor-pasión con un hombre mucho más joven. Todo esto suponía el estereotipo antiguo impuesto a la mujer que le impedía vivir el amor libremente. El caso contrario, la edad superior del hombre en la pareja era y es aceptada como hecho natural, casi siempre con el condicionante económico o el prestigio intelectual, como ejemplos recientes en el campo de las letras tenemos las parejas de Rafael Alberti y Asunción Mateos, Camilo José Cela y Marina Castaño y ahora Mario Vargas Llosa e Isabel Preysler.

Un caso semejante lo tenemos en la pareja formada por la maestra y escritora Concha Alós (1926-2011), doble ganadora del Premio Planeta con  Los Enanos (1962) y Las hogueras (1964) y el periodista, crítico y escritor bilingüe mallorquín, Baltasar Porcel (1937-2010), once años más joven que ella. Hay un cierto paralelismo, salvando todas las distancias, entre Concha Alós y Carmen de Burgos: casada a los 17 años con el periodista, Eliseo Feijóo, director del diario Baleares. Estudia magisterio,  ejerce como maestra en Mallorca y hace sus primeros pinitos literarios. En el diario Balerares conoce a Baltasar Porcel, tipógrafo y aprendiz de escritor, once años más joven, del que se enamora con el consiguiente escándalo en la isla. Se separa de su marido en 1959 y se instala en Barcelona con Baltasar Porcel, que pronto se convertirá en escritor con la ayuda de Concha Alós que traducirá sus obras al castellano. Años mas tarde Concha Alós se separó de Baltasar Porcel.

Por otra parte, a Ramón la idea del matrimonio le da respeto; no quiere asumir una responsabilidad familiar, que le distraiga de su incipiente carrera de artista-escritor. Y además, Carmen de Burgos, mujer madura enfrentada a la sociedad pacata con sus ideas claras e independientes, no deseaba volver a casarse.

Contemplado con los ojos de hoy Carmen y Ramón fueron pioneros en la libertad de amar por encima de todo prejuicio social. Carmen y Ramón desde edades, formación y experiencias distintas estaban de acuerdo en una idea: el derecho de amar libremente, quizá englobado ese derecho en la divisa de la Revista Crítica: “Libertad, Arte, Amor”.

Ramón ha dejado testimonios de suma ternura de los largos años de relación (20 años): “Carmen era más párvula que una niña, entonces. Escribía, traducía y luchaba sin tener tiempo de nada”10.

“Es como si permaneciese vivo en ella su retrato de niña, ese retrato que desearíamos poner frente a todos, junto a su retrato actual para que se viera cómo el espíritu conserva los rasgos nativos genuinos y cándidos”, dirá Ramón en Pombo11. En las dos citas, Ramón, trata de buscar imágenes pueriles, como queriendo disminuir la edad de Carmen.

Ramón empezó a protegerla de la crítica de los colegas, cerrando la tertulia literaria (afán de posesión de Ramón) y juntos se refugiaron en sus trabajos de creación: “Pensábamos seguir, pasase lo que pasase, el escalafón rígido de ese vivir (…). Ella de un lado y yo del otro de una mesa estrecha escribíamos (…) largas horas y nos leíamos capítulos, crónicas, cuentos”12.

La valoración tanto de sus rasgos físicos como morales aflora una y otra vez de la pluma de Ramón: “Carmen es bella, con la recia y apretada belleza que se sostiene en la madurez. Es recia y alta, muy alta, y eso salva y acaba de hacer indiscutible su figura”13.

Años después, cuando ya Ramón es un literato reconocido, recuerda lo que Carmen ha significado en su vida:

Ella me ha alentado y se ha dado cuenta desde el principio, cuando la incomprensión arreciaba, de que era sencillo y bueno lo que me proponía (…). He podido resistir con paciencia esos quince años de inadmitido en la literatura, gracias a ese rato silencioso de comunicación y trabajo en su casa, del otro lado de su ancha mesa14.

 
 
 
 
Don Javier Gómez de la Serna, padre de Ramón, funda la revista Prometeo en noviembre de 1908, casi paralela a la Revista Crítica de Carmen de Burgos, pero logró sobrevivir más de dos años gracias a la generosidad de don Javier.

En un principio don Javier se reservó la dirección y algunas páginas para difundir sus ideas y sus actividades políticas; pero el objetivo sería dar cauce a la incipiente creación literaria de Ramón, que se encargaría de la edición. Publicó 38 números.

Carmen de Burgos no colaboró en los primeros números de Prometeo. En el número de Febrero de 1909 publica “Las mujeres de Blasco Ibáñez”, en cierta medida un último homenaje al escritor que había sido su modelo, glosando las protagonistas de las novelas del maestro valenciano.

Después participó con Ramón en la celebración no oficial del primer centenario del nacimiento de Larra, que Ramón publicó en Prometeo con el título: “Ágape organizado por Prometeo en honor de Fígaro”. El banquete estaba presidido por Mariano José de Larra (en una silla vacía) y rodeado de Carmen y Ramón los demás comensales.

El banquete se celebró en Fornos el 24 de marzo de 1909 a las nueve de la noche “con una brillantez inusitada”:

En la presidencia había un cubierto preparado para Fígaro (…) A su derecha estaba Colombine, la fermosa mujer y la garrida intelectual. Su gallardía espiritual (…), la consintió venir de Toledo para asistir al homenaje y brindar con todos en la copa de Fígaro.

A la izquierda Ramón Gómez de la Serna, satisfecho de la vida, y en particular de la noche, conversaba con mariano José, y hacía los honores a Colombine, cuidando al alargarle los entremeses, no pasar el brazo descortésmente por delante de Fígaro15.

Al final del banquete fue invitada a hablar Colombine, que procedió así:

Admirado maestro, queridos compañeros: No se conmemora con el esplendor que debiera hacerse el centenario del crítico inmortal, del hablista incomparable (…) No tenemos la sanción oficial, ni velada académica…¡Mejor así!...Aquí hay corazón, alma, entusiasmo, la sanción de una juventud de artistas que saben ser escépticos sin amargura (…) (Prometeo nº V).

Después el organizador del ágape, Ramón Gómez de la Serna en sus plenos 19 años dijo:

Admirado maestro Fígaro, queridos camaradas: Larra está con nosotros, vive (…) Piensa tan nihilísticamente como nosotros. Ha evolucionado. Está al corriente de nuestras quimeras y de nuestras rebeldías (…) Larra es uno de nosotros (…) Y si hubiera cambiado el panorama a lo menos (…) Este ambiente insidioso sigue haciendo de los grandes hombres pobres hombres. (Prometeo, nº V).

En este banquete Carmen de Burgos realizaba su segundo homenaje a Larra, después de aquella visita a su tumba en 1901, apenas llegada a Madrid. Aún le quedaba el tercer homenaje con su obra Fígaro en 1919, en la que también participará Ramón con el “Epílogo”.

Esta celebración no oficial del centenario de Larra se convirtió en el acto inaugural de la relación entre Carmen y Ramón, una especie de boda laica. Por otra parte el acto se convierte en un altavoz de todo lo que les unía: rebeldía frente a lo caduco, anhelo vitalista y pasión por el arte. Ramón era un joven brillante y Carmen se hallaba en la plenitud de su belleza y de su pensamiento.

Pero muy pronto vendrá una primera separación. Nombran a Ramón Secretario de la Junta de Pensiones de París, gracias a los contactos políticos de don Javier, que de esta forma consigue alejar a su hijo de Madrid y por tanto de la relación recién estrenada, que no ve con buenos ojos.

Las navidades de 1910 Carmen las pasa con Ramón en el Hotel Suez en pleno boulevard de Saint Michel; con escapadas a Londres y Nápoles.

Carmen de Burgos colabora en Prometeo con los “Diálogos triviales” con Ramón y otros escritores. Ramón publica en Prometeo, nº XIX, “Un manifiesto futurista sobre España” y con ello comenzaba la penetración de las Vanguardias (los –ismos) en España, todavía nacientes en Europa. Y en el nº XX Marinetti publica su “Proclama futurista a los españoles”. A Ramón le atrae la rebeldía contra todo, contra el pasado y el futurismo proclama la libertad sin dogmas.

Carmen de Burgos, por su parte, rechaza la trivialización futurista, defiende la cultura clásica y traduce y publica, Dafnis y Cloe de Longo en 1910.

En 1915 Ramón inaugura la tertulia del “Café Pombo” en la calle Carretas de Madrid.. Buscó un espacio público donde poder reunirse con artistas y amigos: “Busco y encuentro Pombo, inmediato a la Puerta del sol (…), a un paso de los tranvías y por tanto propicio a todas las citas. Siempre me pareció un café vetusto, pero tendrá gracia que en él se cobijen y alboroten los más modernistas” (Automoribundia, 96).

El antiguo “Café y Botillería de Pombo” será el café literario y está en la calle Carretas. El propio Ramón enumera a los fundadores, muchos de los cuales proceden del salón literario de Carmen de Burgos: Bartolozzi, Rafael y José Bergamín, Tomás Borrás, Bagaría, Gutiérrez Solana (que inmortalizaría la tertulia con su cuadro16), Rafael Cansinos Sáenz, Gustavo Maeztu y Diego Rivera.

 
 
 
 
 
 
La tertulia se consolidó en 1915 y Carmen procura favorecer su fama y prestigio en sus artículos. Compara la tertulia de Pombo con el “Club de los Vencidos de la Vida”, fundado por Eça de Queirós, en la que trató de aglutinar a los artistas portugueses solitarios y aislados. Evoca el círculo vanguardista del “Café Martinho” de Lisboa, donde se reunían, Leal da Cámara y sus fantasistas; esto dice Colombine en Peregrinaciones:

Estos cenáculos que son comunes en todas las ciudades y que en España no pasaron de camarillas o vulgares reuniones, hasta que Gómez de la Serna, el original e íntegro “Iniciador”, ha reunido a los artistas más libres y notables en el antiguo café y botillería de Pombo, (Nuñez , 2005, p. 421).

Carmen en 1916 reúne en el libro, Confidencias de artistas, las entrevistas publicadas durante años en El Heraldo, con “Prólogo” de Ramón y “Epílogo” de Peregrinaciones, en ambos textos Ramón nos da cuenta de sus sentimientos apasionados hacia Carmen. Así la describe:

Su morenez es la morenez extraordinaria que obedece al apasionamiento y al fervor del corazón (…), es bella, con la recia y apretada belleza que se sostiene en la madurez (…) Es de una belleza española (…).

Carmen es un caso de buena casta (…) un caso de humanidad extraordinaria y primero en esta España atormentadora. (Núñez, 2005, p. 403)

Por último, Ramón nos informa de la grave enfermedad que amenaza a Carmen: su corazón: “Su corazón, que está enfermo (…), que marcha tan desigual y al que es imposible salvar, porque su violencia y su abnegación son implacables”.( Núñez, 404).

Su hija María Álvarez de Burgos, que nunca se ha separado de ella y contra la voluntad de la madre, debuta en el teatro con la obra de Benavente, La princesa Bebé (27/X/1916).

Al año siguiente María A. de Burgos se casó con el actor Guillermo Mancha en la iglesia de Santa Teresa de Madrid y entre los testigos de la ceremonia figura su tío Lorenzo de Burgos, José Rocamora, director de El Heraldo de Madrid y Ramón Gómez de la Serna.

Proyecta Carmen una nueva sección que sustituya a la larga serie de “Confidencias de artistas”, que ya había publicado en libro. Y para ello viaja al pasado en busca de figuras, ya desaparecidas, pero aún tengan descendientes: esposas, hijos, nietos. Así creó la nueva sección: “Españoles de antaño. Confidencias familiares”.

En 1918 se propone encontrar a los descendientes de Mariano José de Larra. Ya hemos visto la atracción que la autora sintió por la figura de Fígaro: su visita al cementerio de San Nicolás en 1901 y el “Ágape en honor de Fígaro”, que presidió junto a Ramón en 1909 para conmemorar el centenario de su nacimiento.

 
 
 
 
 
Pues con todos estos antecedentes se entrevistó con los descendientes del escritor, que le ofrecieron abundante material inédito y con ello escribió la biografía total de Fígaro. Colombine dedica  Fígaro a Ramón con este tenor: "A Ramón Gómez de la Serna, cuyo admirable epílogo sobre el Prado, hace que se destaque viviente, sobre n fondo elíseo, la figura de Fígaro. Colombine.
Ramón escribió el "Epílogo y en el "Prólogo al Epílogo" dice:
"¿Cómo epilogar este admirable libro de Carmen de Burgos? Yo hablaría de ella con esa fe que doce años de constante amistad han cuajado en mi espíritu, del espectáculo único que ha sido para mi su sensatez, su comprensión, su rebeldía. Pero no es eso lo que ella quiere."
Este va a ser el libro que quede sobre Larra, el que primero descubre lo que verdaderamente inédito quedaba de él y el que reúne todos los antecedentes dispersos de un modo vivo y "simpático". Todos (…) tendrán que referirse a él, que copiarle, que seguirle (...) Sentado frente a Carmen ante su amplia mesa de trabajo (...) he visto y he leído los documentos y he oído las cvuartillas de Carmen, saturándose de Fígaro, y sacando del cerrillero de él, que la familia ha dedicado a la escritora, las cerillas para mi pipa. Sólo porque era Caremn la autora de este libro no he sentido envidia de él (Fígaro por Carmen de Burgos, Colombine, Imprenta Alrededor del Mundo, Madrid, 1919, p. 303)

El libro se publicó en 1919 y fue muy bien acogido por la crítica. Doña Emilia Pardo Bazán dice.”El libro de la señora de Burgos es un servicio prestado a la historia de las letras y ojalá tuviésemos muchos tan abundantes en noticias sobre los escritores legítimamente consagrados” (Núñez, 2005, p. 462).

Fígaro, de hecho, fue la obra que consagró a Carmen de Burgos como gran polígrafa de nuestras letras.

El único inconveniente fue que durante la redacción del libro la salud de Carmen empezó a flaquear. Le surgieron los problemas del corazón.

En 1920 Carmen y Ramón se establecen en Estoril en el Hotel París. Carmen imparte un curso de Literatura española en la Universidad de Lisboa.

Fue durante esta larga estancia, cuando nació la idea de construir un chalet en Estoril, el futuro “Ventanal”.

La salud del padre de Ramón se agrava en febrero de 1921, estando en Portugal y Ramón acude a dar el último adiós a su querido padre. Después regresó muy afectado a Estoril (“a curarse a mi lado su herida”, dice Carmen). Traía la parte de la herencia que le había correspondido y con ella compra la parcela para construir el chalet. Aún tuvo que regresar Ramón a Madrid, porque le tocó el 2º premio de la lotería, que invirtió en la construcción del chalet. .

El chalet aparece documentado en 1923, cuando se describe la propiedad para pedir una hipoteca. Según Ramón “El Ventanal”se levantaba en el mejor pedestal de Estoril; y Carmen de Burgos pensaba: “Dejar el periodismo (…) Retirarme a Portugal, donde tengo un hotel rodeado de un bosque de pinos, a escribir novelas exclusivamente” (Núñez, 2005, p. 514).

En un principio al chalet le iban a llamar “El retiro”, pero como en portugués significa la taberna y entonces le llamaron El Ventanal, debido al gran mirador del piso alto.

Delante de la gran ventana instalaron una gran mesa de trabajo, desde donde veían pasar los transatlánticos.

También en 1923 Ramón publica, La Sagrada Cripta de Pombo, en la que escribe un sentido panegírico a Carmen: “es la liberal, la romántica, la que compromete su pluma y su vida cuantas veces es menester (…) Frente a mí ha escrito sus mejores obras: Últimos contrabandistas (…), esos Anticuarios en que se concreta una novela de espléndida picardía y su Fígaro, escrito con exaltación sincera”. 17

Tres lustros llevan ya de convivencia, sorteando las exigencias de una sociedad pacata, con una relación en libertad, continúa Ramón: “Este alarde de nuestro compañerismo ha sido tan seguro y sincero, que nos da miedo, y a veces nos decimos: ¡Es demasiado ludibrio para la envidia de la vida haber vivido tantos años en la firmeza optimista de una pura amistad!” (ob. cit. 698).

Las hipotecas de “El Ventanal” obligaron a Ramón a vender aquel amado paraíso. En la casa quedaron los muebles, muchos de ellos heredados por Ramón, y toda la biblioteca con numerosos libros dedicados. Esto sucedía en 1926.

Ramón y Carmen se trasladan a Nápoles y se alojan en la Riviera de Chiaia, 85, donde Ramón pensaba vivir allí para siempre. Nápoles fue un a de las ciudades más amadas por Ramón ( su novela La mujer de ámbar, 1927) y Carmen nos dejó testimonio en su libro de viajes, Por Europa de 1906.

En agosto (1926) regresan a Madrid con muchos textos y pocos recursos.

Carmen se mudó al que iba a ser su último hogar en la calle Nicasio Gallego, nº 1, un entresuelo, porque sus dolencias de corazón y su dificultad respiratoria le impedían subir escaleras. Y siguió con su labor periodística y creativa

Ramón lanza una gran broma macabra, anunciando su propia defunción en El Sol (15/09/1927) con la intención de observar las distintas reacciones del público. Por supuesto nadie le creyó dentro del mundillo literario, excepto Rita Suárez, la viuda del poeta canario “Alonso Quesada, que mandó un telegrama con sus condolencias. Enseguida Carmen y Ramón le mandaron una carta notificándole la broma urdida por Ramón: “Por fortuna la han engañado y está vivo y sano”.

Carmen, por su parte, prepara un nuevo viaje a América para encontrarse con su hija María. Se encontraron en Santiago de Chile, donde se estrenó la comedia en tres actos original de María A. de Burgos, titulada, Mi pobre muñeca, escrita y dedicada a Carmen en 1921.

Regresa a la península y se reúne con Ramón en el Hotel París de Estoril y no regresó a Madrid hasta mayo de 1928.

A finales de 1929, su hija María, ya divorciada del actor Guillermo Mancha, regresó de América para vivir con su madre. Durante la década que había permanecido alejada de su madre, María no había conseguido prestigio como actriz y, además, padecía dependencia de las drogas (de la heroína). Su madre invirtió un gran esfuerzo, incluso económico, para cuidar la salud de su hija, pero todo culminó en un gran desastre sentimental.

Ramón, un tanto descreído del teatro, ve la posibilidad de estrenar con libertad y escribe Los medios seres (1929), que se estrenó bajo su dirección el 7 de diciembre.

Parece ser que Carmen de Burgos propuso a su hija en el reparto de la obra. Su papel se redujo a ser la voz que recitaba “La casada infiel” de Federico García Lorca.

 
 
 
 
 
Y sucedió lo temido. Ramón cuenta cómo María lo sedujo durante los ensayos de Los medios seres, dando fin al asedio a que lo había sometido desde que era una jovencita:

Una interrupción de locura llenó los febriles días de los ensayos y oí el “siempre había esperado este momento” y en esas noches supe que ella tomaba cocaína y hubo una escena verdinegra que violentó más aquella pasión (Automoribundia, 511).

La noche del estreno Carmen se enteró de la relación entre su hija y Ramón. La madre sufriría los momentos más amargos de su vida, dado que el golpe se lo habían dado los dos seres, que más había amado. La pasión duró 25 días según Ramón

Ramón finaliza la relación con Carmen de Burgos y se traslada a París, como al comienzo de la relación, entonces instigado por su padre y ahora por pundonor. De esta manera, tan ramoniana, termina sus veinte años de amor con Carmen. Cuando regresó de París lo acogió de nuevo, pero en relación amistosa.

Muchos años después, evocaba Ramón el doloroso desenlace de su relación con Carmen:

¡Espléndido encuentro! Pero después habían de pasar muchos años sobre este gran premio que fue para mí encontrar mujer bella, noble y con talento, hasta que Los Medios Seres vinieron a ser un desenlace y me dejaron a mi mismo convertido en “medio ser” (Automoribundia, p. 548).

Su hija siguió su intermitente carrera de actriz y su adicción a las drogas dio lugar a que su madre tuviera que rescatarla y traerla a su lado en más de una ocasión, con el consiguiente desgaste para la salud, ya precaria, de nuestra autora.

Tras el advenimiento de la República, Carmen abraza la causa republicana y defiende sus ‘viejos’ ideales: el voto femenino, el divorcio, la abolición de la pena de muerte y la igualdad jurídica del hombre y la mujer. Se afilia al Partido Republicano Radical Socialista, que lideraban Marcelino Domingo y Álvaro de Albornoz.

 
 
Siguió en plena actividad política y escribiendo, lo que iría minando el ya debilitado corazón de la autora. Aún publica la novela corta: Puñal de claveles en la Novela de Hoy, el 13 de noviembre de 1931, cuyo corolario sería, amor y libertad.

En 1932 Ramón regresa de Argentina, donde se ha casado con Luisa Sofovich, más joven que él. Pasó algún tiempo ocultándose, pero por fin la visitaba los domingos por la tarde en su domicilio de la calle Nicasio Gallego, 1, como muestra de afecto y amistad.

El 8 de octubre de 1932 participaba en una mesa redonda, que organizaba el Círculo Radical Socialista, sobre la sexualidad, Carmen intervino en último lugar; se sintió mal y fue asistida por su amigo y médico personal Gregorio Marañón presente en la sala. Y estas fueron sus últimas palabras, según el cronista del diario El Sol:

Muero contenta, porque muero republicana. ¡Viva la República! Les ruego a ustedes que digan conmigo ¡Viva la República! (…) Se avisó a una ambulancia que trasladó a doña Carmen de Burgos a su domicilio donde falleció a las dos de la madrugada. (Núñez, 2005, p. 617).

Por su deseo expreso fue enterrada en el cementerio civil de Madrid.

Ramón, años después en Automoribundia da cuenta del profundo dolor que sintió por su muerte: “Quedé de luto por aquel gran corazón y pensé que desde que se va al otro mundo alguien a quien quisimos mucho, ya estamos denunciados por seguir viviendo”.

Rafael Cansinos-Assens dijo emocionado: “Su muerte, con el nombre de la república en los labios, es algo grande, apoteósico, que convierte el hecho natural de morir en un gesto heroico, de luchador que muere en la brecha” (Núñez, 2005, p. 620).

Se sucedieron las necrológicas en los días siguientes a su entierro y se rindió un homenaje a su memoria el 19 de noviembre en el Círculo de Bellas Artes organizado por la Liga y la Cruzada de Mujeres Españolas con la adhesión y representación de muchas organizaciones feministas, políticas y culturales.

La República siguió su camino azaroso y al terminar la guerra civil, el nuevo gobierno prohibió publicar la obra entera de Carmen de Burgos (Colombine).



CONCLUSIÓN

Carmen de Burgos (Colombine) fue una verdadera polígrafa, escribió novelas cortas y largas, estudios literarios, biografías y estudios sociales; hizo traducciones; primera mujer con columna fija en un periódico (publicó miles de artículos) y primera mujer corresponsal de guerra en 1909 en Melilla y profesora de La Normal de Maestras.

Defensora de la igualdad del hombre y la mujer; luchó contra las leyes discriminatorias; defendió el acceso de la mujer a la educación y al trabajo para conseguir la independencia económica.

Presidió organizaciones feministas nacionales e internacionales, a las que aportó el prestigio de su figura de intelectual progresista.

Pidió el voto femenino en 1921 a las puertas del congreso de los Diputados. Fue pionera en la petición de la ley del divorcio y pidió la abolición de la pena de muerte.

En cuanto a su vida personal, rompió con muchas convenciones de su tiempo. Primero se separó de su marido. Realizó sus estudios, consiguió empleo y vino a Madrid con su hija.

Vivió con Ramón Gómez de la Serna, durante 20 años, una historia de amor y literatura.

Efectivamente Carmen y Ramón mantuvieron una relación libre de 1909 a 1929, a pesar de la diferencia de edad (Colombine tenía 20 años más).

No cabe duda que primero la separación de su marido y esta unión libre suponía una actitud transgresora para las pautas pacatas de comportamiento de la época.

No obstante la relación (bien conocida en el mundillo literario) no se llevó a plena luz del día, sino que se procuraba esconder, llegando separados a los actos (15 minutos después); fue una relación un poco llevada a hurtadillas en Madrid. Solo se les conoce una foto juntos.

Ramón aparece empadronado en 1920 en Luchana, 20, domicilio de Carmen y de su hermana Catalina de Burgos Seguí.

Donde sí convivieron fue en París, en Nápoles y sobre todo en Estoril en el Hotel París y más tarde en el chalet “El Ventanal”.

El final abrupto de la relación, ya lo conocemos, produjo una honda herida en el ya lastimado corazón de Carmen por haberle sido infiel con su propia hija, pero, a pesar de todo, Carmen le perdonó y cuando regresó, ya casado de Buenos aires, la visitaba los domingos por la tarde.

¿Qué rasgos de la personalidad de Ramón, dada la diferencia de edad, le incitarían a la relación íntima con Carmen de Burgos?

¿Búsqueda de la madre protectora, que ya llevaba una buena carrera literaria y él era un primerizo?

Todos estos interrogantes y otros que podíamos plantear tienen difícil respuesta. El más plausible sería la búsqueda de una guía literaria o musa, dado el temprano empeño grafómono de Ramón.

Carmen es una mujer progresista, representa el pensamiento progresista radical de las tres primeras décadas del siglo XX desde la perspectiva fundamental de la mujer. Su pensamiento está influenciado por el krausismo con su impulso regeneracionista inicial y con nexos de unión con el noventayochismo. Su europeísmo y sus ideales racionalistas siempre estuvieron al servicio del bien común.

Pero, ¿cómo era Ramón? Pues Ramón en sus años juveniles sintió inquietudes políticas y ansias de reforma social. Fue rebelde e iconoclasta; cultivó el anarquismo nihilista. Pero luego perdió todo interés por la política; se entregó al arte puro y políticamente reaccionario.

Ramón fue siempre un hombre torrencial, de vanguardia, anticipado a su época, disidente e impar, una figura singular, imposible de incluirle en una generación. “Yo no tengo generación”-diría-, lo cual es cierto y Melchor Fernández Almagro ha hablado de la “generación unipersonal de Ramón Gómez de la Serna”.

Dentro de su militancia vanguardista fue el único en España que publicó los manifiestos futuristas de Marinetti en su revista Prometeo en 1910, añadiendo de minerva propia, ”Proclama futurista a los españoles”.

Gómez de la Serna en los 20 años de unión con Carmen supo mantenerse alerta a los –ismos, vio nacer el cubismo y organizó en Madrid la primera exposición de los pintores cubistas, bajo el epígrafe de “Los íntegros” y creó su propio –ismo, el Ramonismo.

Este Ramón torrencial, fragmentario, atomizador, vanguardista, cosmopolita, madrileñista y tertuliano de Pombo produce el gran hallazgo de la greguería, que será su mascota, su brújula y su ganapán en no pocas ocasiones.

 
 
 
 
Mediante la greguería ha logrado su propósito, que él mismo formuló en la tertulia de Pombo: “quitar empaque a las cosas, sembrar sonrisas, batir cataratas, desenlazar ideas, gestos, cosas”.

Nuestro autor logró convertir la greguería en la expresión más directa de su actitud ante la vida, una actitud humorística. Ramón se posiciona ante la vida como el verdadero homo ludens y a través de este juego constante logra percibir el significado de las cosas y se percata de lo serio que es el juego de la vida.

Cuando en 1910 Ramón enseñó a sus amigos la creación de las greguerías, Carmen de Burgos fue la madrina y la primera musa de Ramón.

Este Ramón contradictorio, iconoclasta y vanguardista se enamora de una mujer progresista, como hemos visto, siendo él conservador en lo político, de tal forma que abraza el justicialismo peronista en Argentina y el fascismo de Franco, con su innecesaria visita al Pardo incluida en su estancia en Madrid en 1949.

Por este motivo, Rafael Alberti, años más tarde, le dedicó este soneto, exento de verbos, pero tan definitorio de RAMÓN:

( A Ramón Gómez de la Serna)

por qué franquista tu torpe ramón

elefante ramón payaso harina

ramón zapato alambre golondrina

solana Madrid pombo pin pan pon

ramón senos ramón chapeau-melón

tío-vivo ramón pipa pamplina

sacamuelas trapero orina esquina

con con de en por si sobre tras ramón

ramón columpio múltiplo vaivén

descabezado ton ten sin ten

ramón orquesta solo de trombón

ramón timón tampón titiritero

incongruente inverosímil pero

pero ramón genial solo RAMÓN

(Roma, julio, 1978)

Carmen de Burgos fue pareja sentimental de Ramón. Nada le importó la diferencia de edad. El amor mutuo y la pasión por escribir fue lo que les mantuvo unidos.

Lo que no se imaginaba Carmen de Burgos es que Ramón terminaría enamorándose de su hija María. Carmen se sintió traicionada por los seres que más quería, por lo que le costó mucho superarlo

Entre las causas del enamoramiento de María Álvarez de Burgos y Ramón tendríamos la admiración, que sintió por el autor de la obra que están ensayando, aunque sea el amante de su madre. También la edad de María más próxima a la de Ramón.

Quizá también por chantaje inconsciente a la madre por haberla privado de una familia tradicional. O por rivalidad entre madre e hija, que es capaz de conquistar a la pareja de su madre.

Ramón a su regreso de Buenos Aires pidió perdón a Carmen y su hija también fue perdonada.

Pero lo que verdaderamente presidió la relación sentimental y literaria de Carmen de Burgos y Ramón fue el amor y la escritura incesante.





                                                                   Ramón, medio ser
 
 
 
 
 

                                                                                                       
                                                
                                 
 
 
 
 
 

                                              
                                          
                                 
 
 
 



BIBLIOGRAFÍA

Albert Juan Carlos, “Los domicilios de Ramón en Madrid”, en Boletín RAMÓN, nº 14, primavera de Madrid, 2007

Carmen de Burgos (Colombine), “Autobiografía” en Prometeo X, agosto de 1909

- “Autobiografía” en Al balcón, editorial Sempere s. a., Valencia, 1914

- Confidencias de artistas, Sociedad Española de Librería s. a., Madrid, 1916

- El último contrabandista, editorial Sopena s. a. Barcelona, 1918.

- Fígaro, Imprenta Alrededor del Mundo, Madrid, 1919.

Cansinos Sáenz, Rafael, La novela de un literato I, Alianza Tres, Madrid, 1982.

Ena Bordonada, Ángela, Novelas breves de escritoras españolas de 1900-1936, Castalia, Madrid, 1990. Incluye Los negociantes de la Puerta del Sol de Carmen. de Burgos

Gómez de la Serna, Ramón, Automoribundia (1888-1948), Guadarrama, Madrid, 1948

- Pombo, C. de Madrid, Visor Libros, Madrid, 1999 a

- La Sagrada Cripta de Pombo, C. de Madrid, Visor Libros, Madrid, 1999 b.

Núñez Rey Concepción, Carmen de Burgos, colombine en la Edad de Plata de la literatura española, Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2005. Premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografias 2005.



Madrid, 23 de mayo de 2016



Anastasio Serrano



1 . “Allí donde las mujeres se casan todas de quince o dieciséis años”, dirá Carmen de Burgos en El último contrabandista, Sopena, s. a., Barcelona, 1918.

2 . Carmen de Burgos, “Autobiografía” en Prometeo, nº X, agosto de 1909.

3 . Gómez de la Serna Ramón, “Prólogo” de Confidencias de artistas de Carmen de Burgos (Colombine), Sociedad Española de Librería, Madrid, 1916, p. 14

4 . Cansinos-Assens, Rafael, La novela de un literato I, Alianza Tres, Madrid, 1982, p. 257.

5 Entrevista con González Fiol, F. “Domadores de éxito”, en La Esfera, nº 442, 24 de junio de 1922. Nota tomada de Carmen de Burgos Colombine en La Edad de Platas de la literatura española, Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2005 de Concepción Núñez Rey, p. 74.

6 . Carmen de Burgos, Fígaro, Imprenta Alrededor del Mundo, Madrid, 1919, pp. 278-279

7 . Colombine era un personaje de la Comedia del Arte Italiana, que desde el siglo XVII está presente en el teatro europeo. Colombine era el arquetipo de la mujer frágil, caprichosa e inconstante en el amor, esposa de Arlequín; cosa que no casaba bien con la iconografía de Carmen de Burgos

8 . Carmen de Burgos “Autobiografía” en Al balcón, Sempere s. a. Valencia, 1914, p. XII

9 . Cansinos-Assens, Rafael, La novela de un literato I, Alianza Tres, Madrid, 1985.

10 . Gómez de la Serna R. “Prólogo a Confidencias de artistas, ob. cit., p. 16

11 . Gómez de la Serna, R. Pombo, Comunidad de Madrid, Visor Libros, Madrid, 1999, p. 196.

12 . Gómez de ls Serna R. Automoribundia, 1888-1948, Guadarrama, Madrid, 1974, p. 211

13 . Gómez de la Serna R, “Prólogo”, citado p. 10

14 . Gómez de la Serna R. Sagrada Cripta de Pombo, C. de Madrid, Visor Libros, Madrid, 1999, pp. 695-696

15 . Prometeo, nº V, marzo de 1909, pp. 44-58

16 . “La tertulia de Pombo” de José Gutiérrez Solana, cuadro que se colocó en la cripta de Pombo por el propio Solana y un carpintero, el 17 de diciembre de 1920., acordando con el dueño que no saldría nunca del café y cuando se cerrara, pasaría a propiedad de Ramón. En 1947, Ramón dona el cuadro al Museo de Arte Moderno de Madrid, procurando así una perfecta conservación. En la actualidad se puede ver en el Museo nacional Centro de Arte Reina Sofía, en la glorieta de Atocha .

17 . Gómez de la Serna R. La sagrada Cripta de Pombo, Comunidad de Madrid, Visor Libros, Madrid, 1999, p. 696