martes, 4 de diciembre de 2018

EL TÓPICO DEL BEATUS ILLE EN LA LITERATURA ESPAÑOLA


EL TÓPICO DEL BEATUS ILLE1 EN LA LITERATURA ESPAÑOLA



                                                            Quinto Horacio Flaco
 
 
El Beatus ille, la composición más famosa de Horacio, es un elogio de la vida campestre, apartada de las molestias e inconvenientes de la ciudad.

El poeta expone una larga lista de ocupaciones que hacen deseable la vida en el campo, en contacto con la naturaleza que ofrece sus dones: sombra para el descanso, el canto de los pájaros, el susurro de los manantiales, la diversión de la caza y la curación de la angustia del espíritu.

Por otra parte, si a todo eso añadimos la compañía de una buena esposa a la vieja usanza: casta, trabajadora y buena cocinera; pues poco más se puede pedir.

Esta exposición, sin duda sincera del poeta, está encerrada dentro del marco de la ironía crítica, propia del género epódico al que pertenece el poema; pues por los cuatro versos finales (Haec ubi locutus faenerator Alfius) nos enteramos que todo este elogio de la vida campestre está puesto en boca del prestamista Alfio, quien, a pesar de sus alabanzas de una vida distinta, prefiere seguir con la rutina de siempre prestando su dinero a interés en la ciudad.

Desde luego la alabanza del labrador que vive en el campo cultivando las tierras que heredó de sus padres (paterna rura) está en la misma línea del O fortunatos nimium sua si bona novint/ agricolas, quibus ipsa, procul discordibus armis/ fundit humo facilem vietum justisima tellus.2 de las Geógicas II de Virgilio, que seguro que Horacio, al escribir el épodo (beatus=fortunatos), lo tuvo presente.

 
 
 
                                                          El Marqués de Santillana
 
El tópico tiene su eco en la alabanza de los oficios serviles que se hace en La comedieta de Ponça del Marqués de Santillana a finales de la Edad Media:

Benditos aquellos que con la açada

sustentan sus vidas y biven contentos,

y de quando en quando conocen morada,

y sufren pacientes las lluvias y vientos3

 
 
                                                            Garcilaso de la Vega
 
 
Y ya en la plenitud renacentista la canción del pastor Salicio en la II Égloga de Garcilaso de la Vega abunda en el tópico de la vida retirada:

SAL: ¡Cuán bienaventurado

aquel puede llamarse

que con la dulce soledad s’ abraza,

y vive descuidado

y lejos d’ empacharse

en lo que al alma impide y embaraza!

No ve la llena plaza

ni la soberbia puerta

de los grandes señores,

ni los aduladores

a quien la hambre del favor despierta

no le será forzoso

rogar, fingir, temer y estar quejoso.4



Dentro de la prosa didáctica y la literatura moral renacentistas la obra de Fray Antonio de Guevara, Menosprecio de corte y alabanza de aldea es un tratado de moral encaminado a destacar las ventajas de la vida retirada sobre la exposición en la ciudad. El libro ha sido considerado como una típica manifestación de las corrientes renacentistas que preconizaban el retorno a la naturaleza y ponían en valor la vida campestre.

Su elogio de la vida campesina no se basa en los criterios horacianos, sino en razones prácticas: comodidad, la calidad de la comida, el placer del vino. Y junto con ese elogio de la vida campestre, se desarrolla el menosprecio de la vida cortesana, fuente de todos los vicios. Fray Antonio de Guevara dirigía sus consejos a los modestos hidalgos urbanos, que habían emigrado del campo a la ciudad, cuyo éxodo intentaba detener o incluso hacer que volvieran a gozar las excelencias de la vida campesina.

El autor llevó siempre una vida cortesana por lo que hace pensar que su menosprecio de corte sea insincero y de esta forma conectara, además, con la ironía de Alfio del Beatus ille horaciano.

 
 
 
 
                                                       Fray Luis de León
 
 
Fray Luis de León, además de traducir el Beatus ille, lo adaptó y lo recreó- haciendo caso omiso de los cuatro versos finales de Alfio-, en su “Canción a la vida retirada”:

¡Qué descansada vida

la del que huye del mundanal ruido

y sigue la escondida

senda por donde han ido

los poco sabios que en el mundo han sido5



Claro que la vida retirada en el campo que canta Fray Luis no implica ser agricultor, sino evitar el tráfago de la vida universitaria salmantina, y si acaso cultivar un pequeño huerto para el consumo propio, así:

Del monte en la ladera

por mi mano plantado tengo un huerto

que con la primavera

de bella flor cubierto

ya muestra en esperanza el fruto cierto. vv. 41-45.



                                                                  Lope de Vega
 
 
Lope de Vega en Pastores de Belén roza el tópico, así:

Dichoso aquel que en un comprado

la vida solitaria apura

y entre las mieses y verdura

sin que tenga jamás parado.

Y más adelante:

¡Cuán bienaventurado

aquel puede llamarse justamente, sin tener cuidado

de la malicia de la gente

a la virtud contraria,

la suya pasa en vida solitaria!6

Asimismo el urbano Lope de Vega en El villano en su rincón, en una canción de la comedia trata el tópico, coincidente, por otra parte, con la segunda Égloga de Garcilaso citada:

MÚSICOS:

¡Cuán bienaventurado

aquel puede llamarse justamente,

sin tener cuidado

de la malicia y lengua de la gente,

a la virtud contraria

la suya pasa en vida solitaria!

Caliéntase el enero

alrededor de sus hijuelos todos,

a un roble ardiendo entero,

y allí contando diversos modos

de la extranjera guerra,

duerme seguro y goza de su tierra.7



Juan Labrador ( El villano…) o figuras semejantes como los protagonistas de Peribáñez, El alcalde de Zalamea o Fuente Ovejuna son campesinos ricos, que defienden con vehemencia su honor y su estatus, y que, en cierto modo, reflejan una realidad social. Este elogio del villano está en consonancia con el desarrollo económico de la España de entonces.

Lope de Vega, cantando las excelencias de la vida campesina, contribuyó a crear una buena imagen del labrador rico, por ser uno de los pilares más firmes del sistema político a través de los impuestos.

 
 
 
                                                          Luis de Góngora
 
 
Luis de Góngora parte de un refrán popular (Ande yo caliente y ríase la gente) y elabora un poema homenaje (letrilla burlesca) a la vida tranquila, alejada de las intrigas de la corte:

Traten otros del gobierno

del mundo y sus monarquías

mientras gobiernan mis días

mantequillas y pan tierno;

y las mañanas de invierno

naranjada y agua ardiente,

y ríase la gente.



Como en dorada vajilla

el Príncipe mil cuidados,

como píldoras dorados;

que yo en mi pobre mesilla

quiero más que una morcilla

que en el asador reviente,

y ríase la gente.8

En esta segunda estrofa notamos un eco, acaso voluntario, de la “Vida retirada” de Fray Luis de León:

A mi una pobrecilla

mesa, de amable paz bien abastada,

me baste; y la vajilla

de fino oro labrada

sea de quien la mar no teme airada. (vv. 71-75)

La dorada vajilla y la pobre mesilla revelan la influencia de Fray Luis de León, pero las píldoras, el asador y la morcilla son gongorinos. Sin duda Góngora leería las poesías del agustino durante los cuatro años de estudiante en Salamanca y Fray Luis catedrático.


A continuación ofrecemos el texto latino del Beatus ille horaciano:


>>Beatus ille qui procul negotiis,

tu prisca gens mortalium,

paterna rura bobus exercet suis,

solutus omni faenore,

neque excitatur classico miles truci,

neque horret iratum mare,

forumque vitat et superba civium

potentiorum limina.

Ergo aut adula vitium propagine

altas maritat populos,

aut in reducta valle mugientium

prospectat errantes greges

inutilisque falce ramos amputans

feliciores inserit,

aut presa puris mella condit amphoris,

aut tondet infirmas oves;

vel cum decorum mitibus pomis caput

Autumnus agris extulit,

tu gaudet insitiva decerpens pira

certantem et uvam purpurae,

que muneretur te, Priaqpe, et te pater,

Silvane, tutor finium.

Libet jacere modosun antigua ilice,

modo in teneci gramine;

labuntur altis interim ripis aquae,

querentur in silvis aves

frondesque lymphis obstrepunt manatibus,

somnos quod invitet leves,

at cum tonantis annus hibernus Jovis

imbres nivesque comparat,

aut trudit acres hinc et hinc multa cane

apros in obstantes plagas,

aut amite levi rara tendit retia,

turdis edacibus dolos,

pavidumque leporem et advenan laqueo gruem

jucunda captat praemia.

Quie no malarum, quas amor curat habet,

haec inter obliviscitur?

Quodsi pudica mulier in partem juvet

domum atque dulces liberos,

Sabina qualis aut perusta solibus

pernicis uxor Apuli,

sacrum vetustis exstruat lignis focum

lassi sub adventum viri

claudensque textis cratibus laetum pecus

distenta siccet ubera,

et horna dulci vina promens dolio

dapes inemptas apparet;

non me Lucrina juverint conchylia

magisve rhombus aut escari,

siquos Eois intomata fluctibus

hiems ad hoc vertat mare;

Non Afra avis descendadt in ventrum meum,

non attagen Jonicus

jucundior quam lecta de pingissimis

oliva ramis arborum

aut herba lapathi prata amantis et gravi

malvae salubres corpori,

vel agna festis caesa Terminalibus

vel haedus ereptus lupo.

Has inter epulas tu juvat pastas oves

videre properantes domum,

videre fessos vomerem inversum boves

collo trahentes languido

positosque vernas, ditis examen domus,

circum renidentes lares<<.

Haec ubi locutus faenerato Alfius,

jam jam futurus rusticus,

omnem redegit Idibus pecuniam,

quaerit Kalendis ponere.9

Traducción literal.

Feliz aquel que lejos de los negocios, como los antiguos, labra la hacienda heredada con bueyes propios, libre de toda usura (sin hipotecas); ni como soldado es despertado por el duro clarín, ni teme al mar embravecido, ni tiene que ir al foro, ni al altanero umbral de los señores poderosos.

Así pues, o enlaza a los empinados chopos los viejos pámpanos de la vides o contempla en el estrecho valle la errante vacada mugidora y podando con la hoz los ramos inútiles injerta otros más fecundos, o guarda la miel exprimida en ánforas limpias o esquila a las dóciles ovejas.

O bien cuando el otoño en los campos alza la cabeza adornada con las sabrosas manzanas; ¡cómo se alegra vendimiando los perales que él injertó y las uvas que compiten con la púrpura, con las cuales te obsequiarán a ti Príapo, o a ti padre Silvano, custodio de los campos!

Le agrada tumbarse bajo una vieja encina o bien sobre la grama viciosa; mientras tanto se deslizan las aguas de las elevadas riberas; gorjean las aves en los bosques y hacen ruido las hojas con las aguas que manan, lo cual invita a suaves sueños.

Pero cuando el invierno trae lluvias y nieves; o acomete por doquier con muchas perras a los crueles jabalíes hacia las redes fijas o tiende redes ralas con pértiga sutil, engaño para lo voraces tordos y caza con un lazo a la tímida liebre y a la inquieta grulla, alegre caza.

¿Quién entre estas cosas no se olvida de los cuidados enojosos que trae el amor?

Pues si, además, una mujer púdica atiende por una parte la casa y los dulces hijos como la mujer Sabina o la esposa del Apulo activo, tostada por mil soles, que cuando llega el varón cansado, enciende el sagrado fuego con leña vieja (seca) y encerrando el alegre rebaño en el aprisco hecho de mimbre entrelazada, ordeña las ubres repletas y sacando vino nuevo de la dulce cuba prepara manjares caseros (no comprados); no me agradarán más las ostras del lago Lucrino ni el rodaballo o los escaros, si una tormenta de invierno tronando en las olas orientales trae algunos hacia este mar; no comeré gallina africana ni francolín jónico con más gusto que la aceituna recogida de las ramas repletas o que la planta de la acedera, que crece en los prados, o las malvas salutíferas para el cuerpo enfermo, o que una cordera sacrificada en las fiestas Terminales o que un cabrito arrebatado al lobo.

Entre estos manjares , cómo agrada ver que las ovejas apacentadas vuelven presurosas a casa, ver los bueyes cansados, que traen sobre su lánguido cuello el arado vuelto del revés, y los hijos de los esclavos, enjambre de casa rica puestos alrededor de los resplandecientes lares.

Habiendo hablado esto el usurero (prestamista) Alfio, ya pronto futuro campesino, recogió todo su dinero en los Idus y ya intenta ponerlo a interés en las Kalendas.



BIBLIOGRAFÍA

Fray Luis de León, Poesías, edición y notas del padre Ángel Custodio Vega, editorial Planeta, Barcelona, 1977.

Garcilaso de la Vega, Poesías castellanas completas, edición de elías L. Rivers, Clásicos Castalia, Madrid, 1972 (2ª edición)

Góngora Luis de , Letrillas, edición de robert James, Clásicos Castalia, Madrid, 1981.

Horati, Carmina Selecta, edición preparada por V. Zuloaga C.M.F:, Lauria,5, Barcelona, 1948.

Lope de Vega, El villano en su rincón, edición de Juan M.ª Marín, Cátedra, Letras Hispánicas, Madrid, 1999 (3ª edición).

- Pastores de Belén, edición de Antonio Carreño, cátedra, Letras Universales, Madrid, 2010.

Marqués de Santillana, Poesías Completas I, Serranillas, cantares y decires. Sonetos fechos al itálico modo, edición de Manuel Durán, Clásicos Castalia, Madrid, 1975

Virgilio, Las bucólicas y las geórgicas, La Crítica Literaria, Madrid, 2011.





Madrid, 23 de noviembre de 2018



Anastasio Serrano







1.- Pertenece a los Épodos, llamado así porque al verso largo, sigue uno corto; la estrofa es yámbica: se compone de un senario y cuaternario yámbicos

2.- Virgilio, Las bucólicas y las geórgicas, La crítica Literaria, Madrid, 2011: ¡Cuán felices son los labriegos si conocen todos sus bienes. Lo son, en efecto, lejos de la discordia y de las armas, cultivando la tierra, que siempre prodiga en justicia una subsistencia fácil!

3Marqués de Santillana, Poesías Completas I, Serranillas, Cantares y decires. Sonetos fechos al itálico modo, edición de Manuel Durán, Clásicos Casstalia, Madrid, 1975, p. 248

4Garcilaso de la Vega, Poesías castellanas completas, edición de Elías L. Rivers, Clásicos Castalia, Madrid, 1972, (2ª edición), p. 136, vv. 38-50

5Fray Luis de León, Poesías, edición y notas de Ángel Custodio Vega, editorial Planeta, Barcelona, 1977, p. 9, vv. 1-

6Lope de Vega, Pastores de Belén, edición de Antonio Carreño, Cátedra, Letras Universales, Madrid, 2010, pp. 131 y 166.


7Lope de Vega, El villano en su rincón, edición de Juan María Marín, Cátedra, Letras Hispánicas, Madrid, 1999 (3ª edición), p. 159

8Góngora Luis de, Letrillas, edición de Robert James, Clásicos Castalia, Madrid, 1981, pp. 115-116

9Horati, Carmina Selecta, edición de Zuloaga, C.M.F., Textos “Palesttra”, Laura, 5, Barcelona, 1948, pp. 81-85